Ya conocemos el final del reino de los Jashmonaim, sus sacerdotes y sus reyes, la mayoría de los cuales no eran dignos de sus coronas ni de su función. Zejariá, desde su lugar, aún no puede ver todo esto, ni hacia dónde se desarrollará. Solo puede aspirar a la siguiente estación que él conoce: el retorno a Tzión, la restauración de la monarquía de Iehudá y del sacerdocio del Templo a su lugar. Este es, en esencia, el triste relato de los sueños del hombre.