“Y residió Iaakov en la tierra de su padre, en la tierra de Canaán” (XXXVII).
Iaakov se establece al fin en la tierra que fue habitada por su padre Itzjak, la tierra prometida de Israel. Y al entrar en la tierra sacra, Iaakov ya no es más Iaakov, símbolo del Galuth, que debe inclinarse ante el más fuerte, sino Israel que lucha con los poderosos y los vence.
