Infografía y síntesis del capítulo, Éxodo 8

La plaga de las ranas (Versículos 1-11)

Después que “Tendió Aharón su mano sobre las aguas de Egipto” (Versículo 2) las ranas llegan a Egipto. Paró no logra soportar esta plaga y le solicita a Moshé y a Aharón que le recen a Dios para que quite las ranas. Paró, por supuesto, agrega que a cambio de la plegaria para erradicar a las ranas él liberará al pueblo de Israel para que puedan elevar una ofrenda a Dios. Moshé le reza a Dios y las ranas mueren. Pero cuando Paró vio “que hubo alivio hizo pesado su corazón y no les escuchó a ellos” (Versículo 11).

La plaga de los piojos (Versículos 12-15)

La tercera plaga, la de los piojos, llega rápidamente, y sin ningún alerta. “Extendió Aharón su mano con su vara y golpeó el polvo de la tierra, y hubo piojos sobre el hombre y sobre la bestia. Todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos en toda la tierra de Egipto” (Versículo 13). Esta vez los magos vuelven a intentar imitar la plaga pero en esta ocasión ellos argumentan que  se trata de “Obra de Elohim” (Versículo 15) y aún así Paró no está dispuesto a liberar al pueblo de Israel.

La plaga de las fieras salvajes (Versículos 17-28)

La cuarta plaga, la plaga de las fieras salvajes, llega tras un alerta a Paró “Pues si tú no liberas a Mi pueblo, he aquí que Yo voy a hacer enviar contra ti, contra tus servidores y contra tu pueblo y en tus moradas, fieras salvajes” (Versículo 17). ¿Qué son las fieras salvajes? Una pregunta curiosa. Por primera vez, en las plagas de Egipto vemos una diferenciación entre Egipto y la tierra de Goshen, lugar de residencia de Israel. Las fieras salvajes aparecen y y nuevamente Paró está dispuesto a acordar que los hijos de Israel le eleven una ofrenda a Dios, no lejos de Egipto, y pide que la plaga sea interrumpida. Moshé le reza a Dios, Dios quita a las fieras salvajes y una vez más Paró se retracta de inmediato.

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Infografía y síntesis del capítulo, Éxodo 7

La respuesta de Dios a Moshé (Versículos 1-7)

El capítulo anterior finalizó con la resistencia de Moshé para ir a presentarse ante Paró.Como en la primera misión, Aharón es la solución “Mira, te he designado como Enviado (de Elohim) para Paró y Aharón, tu hermano, será tu profeta” (Versículo 1). Comparen con: “él habrá de ser para ti por boca y tú serás para él como Enviado (de Elohim)” (Capítulo 4, versículo 16). Dios advierte que Paró no está dispuesto a escucharlos, pero en forma paralela Dios multiplicará sus signos y señales en Egipto, con el objetivo de: “Y tendrán conocimiento los egipcios de que Yo soy Adonai, cuando extienda Yo Mi poder sobre Egipto y libere a los hijos de Israel de en medio de ellos” (Versículo 5).

 

La señal de la serpiente (Versículos 8-13)

 

En la primera misión le fueron dadas a Moshé tres señales y ahora hay una adicional: “Cuando hablare a ustedes Paró diciendo: Proporcionen ustedes algún portento ... Dirás a Aharón: toma tu vara y arrójala delante de Paró . Se convertirá en serpiente” (Versículo 9). Moshé se presenta ante Paró y ejecuta esa señal y resulta que también los sabios egipcios logran hacer lo mismo pero aún así la señal de Moshé y Aharón es más impactante: “pero tragó la vara de Aharón a las varas de ellos” (Versículo 12). Pero a pesar de ello, Paró no se convence.

 

La plaga de sangre (Versículos 14-24)

 

De aquí en adelante estamos a punto de leer sobre "las señales y los milagros” que Dios trajo sobre Egipto, desde la plaga de sangre hasta la de los primogénitos. La primera plaga viene acompañada de una advertencia e incluso es realizada a los ojos de Paró; “Levantó la vara y golpeó el agua que había en el Río Nilo, a ojos de Paró y a ojos de sus servidores, y se trocaron todas las aguas que había en el Río Nilo, en sangre” (Versículo 20). Resulta que la sangre no está solamente en el Nilo sino “a través de toda la tierra de Egipto” (Versículo 21). Los egipcios intentan excavar alrededor del Nilo “ya que ellos no pudieron beber de las aguas del Río” (Versículo 24). Paró, por supuesto no se convence. 

Alerta sobre la plaga de ranas (Versículos 26-29)

.

La próxima plaga está en camino. Dios le ordena a Moshé que se dirija a Paró y lo alerte sobre las ranas que azotarán Egipto “Y pululará el Río Nilo con ranas, y subirán y entrarán a tu morada y en tu alcoba y sobre tu lecho y en la casa de tus servidores y en tu pueblo y en tus hornos y en tus recipientes” (Versículo 28). Acerca de la plaga y sus consecuencias leeremos en el próximo capítulo.

 

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Aprendiendo a los golpes

Las diez plagas
Las diez plagas fueron: 1) Sangre, 2) Ranas, 3) Piojos, 4) Fieras salvajes, 5) Peste, 6) Sarna, 7) Granizo, 8) Langostas, 9) Oscuridad, 10) Muerte de los primogénitos. 
Preguntas
• ¿Por qué Dios manda las plagas a Egipto?
• ¿Qué significan estas plagas?
• ¿Por qué tienen este orden?
• ¿Cuál es la finalidad y motivo de las plagas?
Vamos a analizar ¿cuál es la estructura de las diez plagas, cuál es el orden y por que estas?
Respuestas:
En la Torá no se refiere a estas señales como plagas, sino que las llama: “Otot u moftim” “señales y maravillas” así como tampoco nunca dice literalmente que fueron diez.
Orden de las plagas: 
Comienza de lo más débil a lo más fuerte de la naturaleza. Se ataca a toda la geografía de Egipto. Primero el agua, luego las ranas que son anfibios, piojos que ya están sobre la tierra, animales salvajes, peste y sarna, se ataca a lo que está encima de la tierra; a los animales, con el granizo, langosta oscuridad, se ataca desde el aire y en el aire; y por último  la muerte de los primogénitos, es decir la raza humana que es la superior en el planeta. En Egipto el primogénito era consagrado para los dioses. En resumen, agua, tierra, animales, aire, cielos, ser humanos, dioses paganos. El mensaje es claro: Dios domina en todos lados y por sobre todos.
El número tres es bastante importante, vemos que tres hijos tuvo Adam y Noaj, los patriarcas son tres. Cuando algo ocurre tres veces determina una tendencia. El Tanaj se divide en tres partes, el estudio de la Torá se divide en tres partes.
También en las plagas vemos que hay tres grupos de tres, en cada uno de estos grupos hay tres plagas y en cada grupo en la primera hay una advertencia fuerte, en la segunda la advertencia es más leve y en la tercera no hay advertencia.
En salmos 78 nombra todas las plagas menos tres: piojos, sarna y oscuridad y en lugar de ello dice: Enojo de Dios. Faltan la tercera, la sexta y la novena, y precisamente el factor común en estas es que son golpes psicológicos. Es decir Dios enviaba dos plagas corporales y la tercera era un golpe que causaba un daño psicológico. Pues los piojos no causan muerte, solo es una molestia psicológica como así también la sarna y la oscuridad. 
Las plagas comienzan desde lo más lejos en el agua, se acercan más, lo anfibio, luego en el aire, luego los animales que son las propiedades, luego las personas, su piel, las langostas atacan la fuente de su subsistencia, la oscuridad lo inmoviliza, por último llega a causar la muerte.
Vemos que las diez plagas se dividen en tres grupos de tres cada una.
Lo que tienen en común es que la primera plaga de cada una de las series de tres, Dios le dice a Moshé que se presente ante al Faraón en la mañana cuando éste sale al Nilo, en la segunda le dice que se presente ante el Faraón en su palacio (¿al mediodía?)
Y en la tercera es sin advertencia previa y generalmente se trata de un golpe o molestia psicológica.
En las primeras tres Dios le dice que el objetivo es para que sepan que Dios existe: “Con esto sabrás que Yo soy el Eterno...” (7:17) Comienza con el Nilo, que los egipcios adoraban, y cuando el Faraón iba a sumergirse en él, pues de esa manera creía que adquiría los poderes del Nilo, en ese momento se presenta Moshé, como diciéndole que ni siquiera el Nilo lo iba a poder salvar. Más aun, al convertirse el Nilo en sangre, es como que le dice que eso que ellos consideran que les da la vida y se las conserva, en realidad esta siendo la causa de su perdición (idolatría), pues la sangre corriendo es el símbolo de la muerte. El ámbito de esta plaga, como es obvio, es el agua, esta será una constante en las plagas, agua, tierra, aire, es decir, Dios le demuestra al faraón que Él domina en todos los ámbitos.
Luego se presenta ante el faraón en el palacio, ya no en la mañana sino que ahora será cuando ya el sol está en su apogeo, es decir, cuando reina el dios Rah, la otra gran divinidad Egipcia. La primera plaga en el Nilo, fue un duro golpe pues es lo que ellos creían que era el producto de su manutención, en él (el Nilo) depositaban su confianza y rendían pleitesía.
Con las ranas, se va acercando más a ellos, es el producto del Nilo. El ámbito de esta plaga es la tierra, la rana si bien es anfibio, pasa la mayor parte de su vida en la tierra. 
Luego de la plaga de las ranas, el faraón los llama y accede a enviarlos a condición de que retire las ranas, antes en la plaga anterior por cuando que la advertencia no fue para que envíe a los hebreos, el faraón no supo cómo pararlo, pero ahora ya sabía el motivo, es por eso que los llama y les dice que accederá a su pedido, así que ya puede acabar esa plaga.
La tercera plaga, con los piojos, es más bien una molestia psicológica, se puede vivir con piojos, no es algo que es imposible, como lo era con la sangre, que no tenían lo qué beber o con las ranas que estaban en todos lados y era imposible caminar o comer, pues se metían en los hornos también. Ahora la plaga se está acercando más, no es algo que estaba fuera de ellos, ahora ya está en su propia piel. El ámbito de esta plaga es el aire, tal como Dios le dijo a Moshé que arroje ceniza al aire y se convertirá en piojos. Esta plaga le termina de demostrar lo que Dios quería, hasta el punto que los mismos magos y brujos le dicen que todo eso es causado por Dios.
Comienza ahora el segundo grupo, cuyo objetivo será el demostrarle que no sólo existe Dios, sino que Él sabe y controla lo que pasa en el mundo, es decir la idea de la Hashgajá – Providencia Divina.  “para que sepas que Yo soy el Eterno en medio de la tierra” (Shemot 8:18) Por eso se trata de hacer algo en donde no les afecte a todos; al pueblo de Israel no les va a afectar, sino sólo en donde habitan los egipcios, es decir, que Dios sabe en donde están los hebreos. 
Con los animales, las plagas comienzan nuevamente desde afuera y acercándose más a los egipcios, esta vez a diferencia de las anteriores, comenzarán a causar mayor daño, hasta muerte. El ámbito, es la tierra. Una vez más el faraón para revertir la plaga, acepta y permitirá a los judíos servir a Dios, pero como ya vio que ese Dios no es como los demás dioses, tal como el dios del agua o del campo, sino que domina todos los ámbitos, entonces no hace falta que lo vayan a servir lejos, pueden servirlo desde allí. Si el motivo es por el tema de que sacrificarán los animales que para los egipcios son sagrados, entonces que salgan un poco de la ciudad pero que no se alejen. (Veremos que en el futuro los hebreos tomaran el cabrito que era uno de los ídolos egipcios y lo tienen varios días frente a los egipcios para luego sacrificarlo, pero para ese entonces, ya los mismos egipcios se dan cuenta que sus dioses no son tales, o en el mejor de los casos que el Dios de los hebreos es más poderoso que los dioses egipcios, por lo tanto no se atreven a hacer nada en contra de los hebreos que están sirviendo a su Dios)
Luego será el turno de la muerte del ganado, es decir, no sólo que Dios cuida a los hebreos, sino que también conoce cuales son sus pertenencias. Las plagas vuelven a acercarse más, ahora se trata de dañar las posesiones de los egipcios. El ámbito vuelve a ser la tierra.
La tercera de este grupo será la sarna. Esto es similar a la de los piojos, que causa gran  molestia, pero no causa un daño. Nuevamente las plagas se acercan hasta la piel de los egipcios. El ámbito de esta plaga es el aire.
Una vez que el faraón sabe que Dios existe y que se relaciona con lo que sucede en la tierra, podría ocurrir que piense que existen otros poderes además de Dios que también tienen influencia, para ello viene  el tercer grupo, en donde el objetivo será demostrarle que no existe nada similar a Dios, o que tenga poder fuera de Dios: “Para que sepas que no hay como Yo en toda la tierra” (Shemot 9:14)
La primera de esta serie será el granizo, donde se mezclan los 4 elementos agua, fuego tierra y aire, con un poder tremendo que mata y destruye. El ámbito es el aire, el granizo no es más que agua congelada. Nuevamente las plagas comienzan desde lejos, pero cada vez causando mayor daño, ya no es como la sangre en el Nilo que era la primera de las de lejos que no causó muertes, ahora el granizo causará daños y muerte.
Luego será el turno de la langosta, es decir esa diminuta criatura de Dios, tendrá el poder de doblegar al faraón. Todo esto, como dijimos tendrá como objetivo demostrarle al faraón que sólo Dios es el que manda, tanto en los cielos como en al tierra y sobre todas las cosas o elementos. Las plagas nuevamente se acercan, ahora están sobre las posesiones egipcias pero cada vez causando mayor daño. El ámbito es la tierra y el aire.
La última de esta serie será la plaga de la oscuridad, esta también tiene un efecto psicológico, más que dañino es molesto. No obstante esto le demuestra al faraón que está perdiendo la capacidad de ver la realidad, es decir todo aquello que dios le quiso mostrar. Esta plaga ya ocupa todos los ámbitos, y está más cerca, rodea a los egipcios por todos lados y hasta la pueden palpar.
Por último, vendrá la plaga de la muerte de los primogénitos, cuyo mensaje final será que aun la vida o la muerte del ser humano están en manos de Dios. El mensaje ahora ya es claro para el faraón, que siempre albergaba la idea de que él también disponía de un poco de poder.
Esta plaga además demuestra algo que  sólo Dios podría saber, es decir, quién es primogénito y quién no; pues no existe ningún indicio físico que diferencia quién es primogénito y quién no. Es por eso que en la Hagadá de Pésaj al referirse a esta plaga dice que fue realizada por Dios mismo (“Ani velo Malaj” Yo y no un ángel). El sentido es que esta plaga era algo que rompía completamente con las leyes naturales, por un lado, las pestes y epidemias son algo que afectan a todos por igual, pero esta sólo afectaba a los primogénitos. Pero como si esto fuera poco, no solo distinguía entre las personas comunes y los primogénitos, sino que también diferenciaba entre los primogénitos de Egipto y los de Israel, era como un milagro dentro de otro milagro, es por eso que lo especifica diciendo “Ani velo Malaj” Yo y no un ángel.
En esta plaga se junta un resumen de las tres series. Por un lado le demuestra que Dios existe, que es el principio de toda vida, segundo le demuestra que Dios sabe y controla lo que ocurre en la tierra, pues no mata indiscriminadamente sino que es una selección muy minuciosa que ni siquiera un ser humano podría realizar y por último que sólo Dios domina y que no existe ninguna otra fuerza (a las que de seguro el faraón habrá recurrido para evitar perder a su primogénito, incluyendo dioses, magos y brujos egipcios).
Existe una famosa parábola: Cierta vez, el señor feudal,  había mandado a comprar al mercado, un buen pescado para agasajar a un importante invitado.
Grande fue su sorpresa, al regresar su servidor, pues el olor del pescado hacía notar que se trataba de un pescado en mal estado. 
Obviamente el vendedor, pensó en aprovecharse del humilde y sencillo servidor, pero el potentado señor feudal le haría pagar caro semejante mala actitud.
En persona se dirigió hasta el mercado, escoltado por varios de sus hombres armados. Al llegar frente a la pescadería al ruin comerciante no le quedó más remedio que reconocer su mala intención.
El señor fiscal le dio para elegir qué castigo iba a recibir: comerse aquel pescado podrido, ser azotado o pagar 10 monedas de plata.
El comerciante especuló que lo mejor y más barato sería comerse el pescado, así que optó por la primera opción.
Pero luego de dos bocados, el asco fue tal que no pudo seguir comiendo y pidió el segundo castigo, por lo menos no tendré que perder dinero, pensó.
Luego del cuarto azote, imploró que paren pues no podía soportar el dolor y finalmente acepto pagar las 10 monedas de plata.
Así fue como este mezquino vendedor de pescado recibió todos los castigos, comió del pescado podrido, recibió unos buenos azotes y terminó pagando la multa.
Al faraón le pasó lo mismo, sufrió plagas que devastaron su país y su economía, luego su propio cuerpo sufrió, pagó con la vida de su hijo y luego aceptó la existencia de Dios y Su voluntad.
El faraón y el pueblo egipcio precisaron aprender todo esto a los golpes, pero nosotros podemos aprenderlo sin tener que llegar a eso.
Este orden también es válido para ir aleccionando a una persona que no sabe nada acerca de Dios. Es decir, primero debemos hablarle y enseñar
le acerca de la existencia de Dios, luego hablarle de que Dios sabe y domina lo que pasa en la tierra y por último que sólo Él es el que controla, castiga y recompensa. 
En los Diez mandamientos notamos también estos tres puntos, el primero de los Diez mandamientos nos habla acerca de la existencia de Dios. El segundo nos habla de que no hay otro fuera de Él y los demás tratan acerca de cómo debemos comportarnos y la recompensa, es decir, él sabe lo que cada uno hace y le importa lo que sucede en la tierra, no es que él creó todo y lo dejó al azar sino que le importa qué es lo que se hace en la tierra y cómo.
En los trece principios del judaísmo vemos también estos tres puntos y también el orden figura tal como en las diez plagas, los cinco primeros nos hablan acerca de Dios y Su existencia, luego otros cinco nos hablan acerca de cómo Él se relaciona con el mundo y el hombre (por medio de la profecía, nos da la Torá para que la cumplamos y el décimo principio donde nos dice literalmente que conoce aun los pensamientos más íntimos del hombre) luego los últimos tres principios nos hablan acerca de la recompensa y el castigo.
Con respecto al Pueblo de Israel, una vez aclarado estos tres puntos: saber que existe un Ser único y superior de quien todo depende, que controla y sabe lo que sucede en la tierra, lo que hace hasta lo que piensa el hombre; saber que no existe ninguna otra fuerza fuera de Él, ni siquiera una fuerza del mal, entonces ahora ya poseen el nivel mínimo para ser llamados el pueblo de Dios y ahora ya están listos, para recibir el legado de Dios, Su voluntad, el manual de la vida, las instrucciones para hacer trascender al hombre y su alma, es decir, recibir la Torá.
 

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Los Hechiceros del pasado y del presente

Como sucede con casi todos los versículos de la Torá, el relato del Exilio y de la Redención, obliga a más de una lectura para descubrir mensajes que a veces nos pasan desapercibidos.

Encontramos en el texto a los “jartumim”, magos, taumaturgos, alquimistas, brujos, nigromantes, sabios y hechiceros de Egipto, por primera vez en Bereshit (41: 8, 41:24), cuando su incapacidad para resolver los sueños de Faraón hace que él saque a Yosef de la mazmorra, poniendo en marcha el proceso que llevó a los hijos de Israel a descender a Egipto.

Recientes investigaciones afirman que la palabra jartumim, es una variación hebrea del término egipcio traducido como “lector-sacerdote y experto”.

En Vaerá, los hechiceros aparecen en relación con diversas plagas en las primeras etapas de la redención. Ya sea transformando varas en culebras (Shemot 7: 11-13), o exacerbando las plagas en un esfuerzo por probar sus habilidades (Shemot 7:22, 8: 3, 8:14, 9:11). Los brujos egipcios a pesar de sus extrañas habilidades y sus hazañas pasmosas, quedan pálidos frente a la evidente superioridad de los acontecimientos que los desbordan, pero Faraón y la mayoría de los egipcios siguen profesando y confiando ciegamente en sus artes y actividades.

Los egipcios creían firmemente en Heka, deidad mitológica personificación de la magia y la fuerza divina del universo. Desde el punto de vista mitológico, podía ser considerado también un dios creador una fuerza cósmica percibida como eficaz, capaz de manipular la realidad en este mundo y en el próximo.  

Las diez plagas pueden relacionarse con las creencias específicas de los egipcios y del ritual de sus jartumim. Incluso el endurecimiento (literalmente, hacer pesado) del corazón de faraón (Shemot 7:3) alude sutilmente a la creencia egipcia de que su corazón debe sopesarse contra Maat la pluma de la verdad, para concederle la entrada a la vida futura, la personificación de la justicia y el orden cósmico. Creían que la ceremonia de juicio de los muertos se centraba en el peso del corazón del difunto en una balanza equilibrada por Maat (en su jeroglífico, la pluma de avestruz), como prueba de conformidad con los valores adecuados.  

Hoy, como antes, personas creen en los efectos apotropaicos, -el mecanismo de defensa mágico o sobrenatural evidenciado en determinados actos, rituales, objetos o frases formularias-, consistente en alejar el mal o protegerse de él, del mal de ojo, de los diabólicos espíritus o una acción mágica maligna en particular. Para muchos, esa fe en curanderos, sanadores, chamanes y en sus actos mágicos, es más fuerte que la que tienen en Dios. No en vano recurren a talismanes y supersticiones para protegerse y alejar el daño, sanar dolencias, inducir amor, producir lluvia, dañar a los enemigos nacionales e incluso animar a los muertos en el más allá, cuando están desesperados y las emociones dominan la inteligencia y el raciocinio. Son los jartumim de nuestro tiempo. Son los maestros de antiguas tradiciones literarias y rituales de poder percibido que también en nuestro tiempo tienen muchos discípulos que los siguen ciegamente. La Torá, los retrata como profesionales de élite que poseen habilidades considerables para impresionar a la gente. A ellos recurren los incautos y los desesperados. Las autoridades políticas de más de un país recurren a actos mágicos y a rituales para conservar su poder o se rodean de modernos jartumim para oír sus consejos y desentrañar sus sueños y fantasías.

Uno de los objetivos principales de los milagros asociados con la redención de Egipto fue mostrarle al mundo entero, comenzando por los hijos de Israel, que el Santo, bendito sea Él, es el omnipotente Señor del Universo, el único que supervisa providencialmente lo que sucede. Lo que es imposible de acuerdo con los poderes de magos y hechiceros, es común en las leyes de la naturaleza creada por nuestro Dios. Moshé y Aarón no siguieron las leyes de la ciencia o la naturaleza, porque se guiaron por el verdadero Maestro.

El objetivo de la redención futura será lograr que el mundo entero reconozca la soberanía del Señor, como se afirma en muchos pasajes proféticos sobre la redención, como por ejemplo, al final de Mijá (7: 15-16): “Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto. Las naciones verán, y se avergonzarán de todo su poderío; pondrán la mano sobre su boca, ensordecerán sus oídos”.

Así como en la primera redención de Egipto era necesario reconocer que “lo que parece imposible según las leyes de la naturaleza es procedente según las leyes del Señor”, así también, ello se producirá en la redención final.

En la Haftará de este shabat, tomada de Yejezkel, leemos: “Y sabrán todos los moradores de Egipto que yo soy .A.”

Esta, por supuesto, es la conclusión que Parashat Vaerá nos enseña como el objetivo de las plagas, que no es la subyugación militar, ni humillar a sus pobladores, ni siquiera convencer a Faraón, sino llevar a todos a reconocer a Dios.

El denominador común entre la reunión de los exiliados de Israel y Egipto se encuentra en este punto de intervención Divina, y esto explica por qué se utiliza la misma redacción para los dos procesos. Todo esto se afirma explícitamente en la haftará en el verso: “Y no será ya más para la casa de Israel apoyo de confianza, que les haga recordar el pecado de mirar en pos de ellos; y sabrán que yo soy .A. el Señor” (Yejezkel 19:16). No menos de cuatro veces en el transcurso de la haftará el profeta repite la oración clave: “Y sabrán que yo soy el Señor”, porque la profecía de Yejezkel está dirigida al elemento teológico en la lucha con Egipto, y por lo tanto sirve como el corolario más apropiado para Parashat Vaerá. Así nos recuerda que pese a los aparentes poderes de la jartumim del pasado y del presente, no son ellos los que nos salvarán, sino el Creador.

Entonces viviremos la última redención.

 

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Moshé y Aharón

Moshé y Aharón tienen roles de liderazgo diferentes que están relacionados con su carácter-Moshé es una figura en el ámbito de las relaciones entre el hombre y Dios, mientras que Aharón lo es en el contexto de las relaciones humanas. Shmuel es el que une a los dos personajes.

Dijo Adonai a Moshé: Mira, te he designado como Enviado (de Elohim) para Paró; y Aharón, tu hermano, será tu profeta” (Versículo 1).

Moshé y Aharón-uno, Moshé, habla con Dios, y el segundo, Aharón, habla con Paró y con el pueblo.

Esta división no es absoluta, ya que Aharón también profetiza y también Moshé habla con Paró y con el pueblo, así parece, pero es que ésta es la principal división de tareas.

Y esta división es típica de ellos-Moshé que es apodado aquí como “Enviado de Elohim”, impartió justicia al pueblo, tal como lo vemos en la sección de Itró, y el Juez, conocido como “Elohim”, como es sabido, está desconectado del pueblo y se halla por sobre el mismo, mientras que Aharón es el “Kohen Gadol” (“Sumo Sacerdote”) y de esa forma tiene un contacto permanente con el pueblo. Así también en el pecado del becerro de oro, Moshé asciende al monte Sinaí para recibir la Torá de Dios y Aharón se queda con el pueblo y así es arrastrado al pecado del becerro.

Por lo tanto, se puede señalar que en forma general, Moshé se vincula con los preceptos del hombre para con Dios, mientras que Aharón se hace cargo de los preceptos del hombre para con el prójimo. Y es así que se menciona sobre Moshé, que era el más humilde entre los hombres, el cual es un nivel relacionado con el vínculo con Dios, mientras que Aharón, como fue mencionado en “Pirkei Avot” (“Ética de nuestros Padres”) es “amante de la paz y perseguidor de la paz, ama a las criaturas y las acerca a la Torá” (Pirkei Avot 1,12). Y tal vez, a nivel comparativo podríamos decir que Beit Shamai (los miembros de la escuela de Shamai) se asemejan a Moshé mientras que Beit Hilel se encolumnan detrás de Aharón

Pero finalmente, son iguales, como lo explica Rashi en el versículo-“ Este es Moshé y Aharón” (Capítulo 6, versículo 27), que a veces aparecen en este orden (Moshé y Aharón) y en otras se invierte el orden (Aharón y Moshé), para enseñarnos que ambos son equivalentes en su valor.

Shmuel es el que une la senda de Moshé con la de Aharón, tal como está escrito-“Moshé y Aharón entre sus Sacerdotes y Shmuel entre los que invocan Su Nombre“ (Tehilim, Salmos 99,6), y también está citado-“Y el joven Shmuel iba creciendo y era aceptado por Dios y por los hombres“ (Shmuel I, capítulo 2, versículo 26). Y al respecto se señala-“ así hallarás gracia y buena opinión a los ojos de Dios y de los hombres“ (Mishlei, Proverbios capítulo 3, versículo 4)
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Gentileza del sitio "Hanivut BaTanaj"

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¿Puede ser convincente una señal?

  Cuando os hablare el Faraón y dijere: “Mostrad en favor vuestro un milagro”, entonces dirás a Aharón: “Toma tu vara,  y échala delante del Faraón,   y se torna cocodrilo.” Shemot 7, 9  Estas fueron las instrucciones que Moshé recibió antes de su segunda entrevista con el Faraón. Recordemos que en la primera vez se presentaron ante él (ibid. 5, 1) sin proponerle señal o maravilla alguna, sólo invocaron el nombre “del Eterno, el Dios de Israel” y le plantearon Su exigencia: “Deja ir a Mi pueblo”. Atónitos ante la respuesta del Faraón: “No conozco a ese Eterno, ni tampoco dejaré ir a Israel”, no supieron qué responderle. El Faraón reaccionó haciendo más pesado aún el yugo, agravando la esclavitud y la crueldad. Esta vez aparecerán, por segunda vez, los emisarios del Eterno y propondrán señales y milagros. Pero, ¿está acaso interesado el Faraón en señal alguna? Objetando al respecto Abravanel:

¿Para qué les pedirá el Faraón tal prueba? Puesto que ya vimos que no quiso escucharles ni ver sus milagros, como les dijo (en la primera entrevista): “Id a vuestras cargas”. ¿Cómo es entonces que les dijo el Señor: “Cuando les hablare el Faraón” y os pidiese “mostrad en favor vuestro un milagro”? Como si estuviera interesado en ello.

 En realidad la pregunta es más grave aún. Comparemos este caso con la actitud de Ajaz, rey de Yehuda, al negarse a recibir la señal que le propuso Yeshaya como prueba del cumplimiento de la promesa de Dios. En el Midrash Tanjuma, párrafo 92, parashá Vayetze, leemos el siguiente comentario:

Díjole Yeshaya (7, 11): “Pide para tí una señal de parte del Señor, tu Dios; en lo profundo pídela” – que resuciten los muertos – “o en lo alto arriba” – que descienda Eliyahu del cielo. Respondióle Ajaz: “Yo sé que puede hacerlo, pero no quiero que se glorifique por mi mano el nombre del Señor”. Así fue dicho: “No (la) pediré, ni tentaré al Señor” (ibid. 7, 12).

Si Ajaz, rey de Yehuda, fue capaz de conducirse así, con más razón aún era de esperar tal conducta del Faraón, rey de Egipto. ¿Acaso él sí estaría interesado que se glorifique el nombre del Señor por su mano; y que se demuestre el poder del Creador ante los ojos de todos sus sabios y hechiceros, por medio de señales y milagros?

 Nos parece acertada la opinión de los comentaristas que sostienen que el Faraón estaba muy seguro que estos dos ancianos extranjeros no fueron ni serían capaces de mostrar señal alguna. Precisamente, por esto motivo, les exigiría una señal. Pasemos revista a los acontecimientos ocurridos entre la primera entrevista (5, 1-4) y la segunda. Agravóse el yugo de la esclavitud, aumentaron y agravaron sus sufrimientos; los capataces de entre los hijos de Israel, viendo a sus hermanos en desgracia se dirigieron al Faraón para implorarle piedad para ellos y para sus hermanos. Pero como sus ruegos no tuvieron éxito, se dirigieron a Moshé y a Aharón viendo en ellos – no en el Faraón – la causa de sus sufrimientos. Puesto que fueron ellos los que irritaron al Faraón, con sus entrevistas desprestigiaron al pueblo a sus ojos; también fueron ellos la causa de la intensificación de las desgracias. El Faraón había conseguido su propósito. La ira de los sojuzgados ya no se dirigirá contra él, sino contra sus propios dirigentes. La agravación del decreto no aumentó el odio hacia él, sino que creó en el corazón del pueblo la desconfianza y hasta el descontento contra sus dirigentes. Ahora sólo resta hacer pública la vergüenza de estos dos. Es necesario demostrar su total impotencia, e inmediatamente estos dos ancianos quedarán aislados y expuestos al escarnio, no sólo de los hechiceros y sabios, sino también de su propio pueblo. Por eso diría el Faraón:  “Mostrad en favor vuestro un milagro.” 7, 9 No diría – como es habitual – “mostradme (a mí) un milagro” (como por ejemplo leemos [Devarim 13, 2]: “Si se levantare en medio de tí profeta … que te propusiere (a ti) una señal o maravilla”), pues él mismo no necesitaba señal alguna, el sabía por anticipado que no hay nada serio en su misión. Pero dijo: ¿Quieren Uds. Mostrar vuestro poder?, como no. Mostrad en favor vuestro un milagro, y veremos.

 Alshej, que acostumbra interpretar el término lémor como indicación que lo que se dice se ha de transmitir a otros, se encuentra en aprietos  para explicar la expresión lémor que figura aquí. Lo habitual es explicado – según Alshej – como por ejemplo en el versículo tan comun en la Torá: “Y habló el Señor a Moshé, (‘lémor’=) diciendo”; es decir, para que Moshé lo transmita a su vez a los hijos de Israel. Pero aquí, en el verso: “Cuando os hablare el Faraón (‘lémor’=) y dijere …”, explicó de la siguiente manera:

Dijo: “lémor”. Puesto que el Faraón no les iba a pedir un milagro, para que le merezcan fe, sino para poder hablar después en contra de ellos, cuando todos verían que no pueden realizar milagro alguno. Este es el sentido de “lémor” aquí: cuando el Faraón diga “mostrad en favor vuestro un milagro”, lo hará con la intención de poder decir sus argumentos en vuestra contra, no para creerles.  Y debido a que esta señal infligirá un golpe decisivo al Faraón, y no ha de servir para la sola demostración de la veracidad de la misión encomendada, se ordenó la demostración de una señal distinta a la que fue mostrada a los mismos israelitas, respecto a quienes leemos:

 Y El dijo: “Echala a tierra”, y él la echó a tierra, y convirtióse en una serpiente.  4, 3

  Mientras que frente al Faraón: “Toma tu vara y échala delante del Faraón, y se tornará cocodrilo.”        7, 9

 Esta diferencia fue interpretada de un modo muy indefinido por Casuto, en su comentario a Shemot: En lugar de la serpiente, propia del desierto, donde le fue comunicada la señal a Moshé, aparece aquí el cocodrilo, que es más apropiado a la fauna egipcia. Evidentemente Casuto no captó la mordacidad de la variante, tal como lo vió el Midrash:

Dijo el Santo, alabado sea: “Este malvado se envanece y se denomina a sí mismo, cocodrilo, como leemos (Yehesqyel 29, 3): ‘El Faraón, rey de Egipto, el grán cocodrilo que yace en medio de sus ríos’. Ve y dile: Observa esta vara, es un trozo de madera seca, se ha convertido en un cocodrilo y posee espíritu y alma, se traga todas las varas, pero finalmente tornaráse en un trozo de madera seca.

También tú, te formé de una gota maloliente, te dí poder y te envaneciste y dijiste (ibid.): ¡¡Mío propio es mi río (el Nilo), pues yo me lo hice! Pues he de tornarte a la informidad y al vacío. Tú te has tragado las tribus de Israel, he aquí, pues, que saco el bocado de tu boca”   Pero con todo esto, vemos que la ejecución de la señal – que simboliza la derrota de Egipto – tampoco hizo mella en el Faraón.

  Y se endureció el corazón del Faraón, de manera que no los escuchó.

¿Cómo es posible?

 El Midrash responde a esta pregunta explicando como logra el Faraón liberarse de la prueba demostrativa que implica el milagro. Cómo busca y encuentra enseguida una explicación cómoda a fin de evitar todo temor, toda impresión que puede haberle causado la señal:

Shemot Rabá 9, 4: Entonces el Faraón también llamó a los sabios y a los hechiceros. En ese momento comenzó el Faraón a hacer escarnio de ellos, y les decías: “¿Estas son las señales de vuestro Dios? … Es usual que los mercaderes ofrezcan sus mercaderías en los lugares donde son requeridas, ¿acaso se le ocurriría a alguien … echar agua a la mar? ¿No saben Uds. Que todos los hechizos están a mi disposición?” De inmediato mandó traer a niños de su escuela que lograron hacer lo mismo. No sólo eso, llamó también a su esposa y también ella lo hizo …

Dijeron Yojaní y Mamre – dos de los hechiceros más importantes de Egipto – a Moshé: ¿Paja Uds. traen a Ofaraim? (Refiriéndose a una ciudad donde abundaban los cereales).

 

    Resulta entonces: La señal o el milagro no convencen sino a quien está predispuesto a convencerse. También Eliyahu que en su ira y su celo por Dios, trató de ir por este camino de convencer por medio de maravillas, pero se dió cuenta de lo pasajero de su influencia.1

 ¿Acaso no conocía también el Faraón la inutilidad de la hechicería de Egipto? Por ello, no podía ser esto lo que conmovería al Faraón, que aseveró: “No conozco a este Eterno” ¿Cuándo se conmovió su soberbia? Al final de la parashá, después de la plaga del granizo escuchamos decirle por primera vez:

 Y el Faraón envió y llamó a Moshé y Aharón, y les dijo:  “He pecado esta vez el Eterno es el justo y yo y mi pueblo somos los malvados”. 9, 27    Notamos aquí un cambio en su manera de pensar. Su seguridad se conmovió. Mas, no fue la señal lo que lo conmovió. ¿Cuál fue entonces el factor que produjo este gran cambio, hasta el punto de llevarlo a tal confesión? Nuestros Sabios en el Tanjuma (Vaerá 20) lo explican de la siguiente manera:

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1 Según la opinión de los Sabios, aún en el instante que requirió del Señor una señal para demostrar la verdad, aún en el momento que esperaba un cambio de rumbo de los corazones por medio de la señal, al mismo tiempo sabía fehacientemente que la señal no es convincente.

 Por lo que dijeron los Sabios en el Talmud, tratado Berajot 9b:  Leemos (Melajim I, 18, 37): “¡Respóndeme, oh Señor, respóndeme!” Dijo Rabí Abahud: “¿Con qué motivo repitió Eliyahu el vocablo ‘respóndeme’ dos veces? De lo cual deducimos que Eliyahu dijo al Señor: ‘¡Señor del mundo, respóndeme!’ y que caiga fuego del cielo y consuma el holocausto. Y además ‘respóndeme’ y que se descuiden, para que no se los ocurra decir que es obra de magia”. (Explicando Rashí: “Que se descuiden, y no penetre en sus corazones el mal designio de los inicuos de rebatirme y decir: Por medio del arte de la magia has conseguido este fuego).

Dijeron nuestros Sabios: En ninguna de las plagas dijo el Faraón: “El Eterno es el justo”, salvo en la plaga del granizo, ¿porqué? Cuando alguien le hace la guerra a otro, lo ataca de improviso, lo mata y lo despoja, pero el Santo, alabado sea, no obró así, sino dijo al Faraón (ibid. 9, 19): “Ahora, pues, envía y haz que se ponga a cubierto tu ganado, y todo lo que tienes en el campo, porque  sobre todos los hombres y animales que fueren hallados en el campo, y que no estuvieren bajo techo, caerá granizo, y morirán”.   No lo influenciaron la señal ni la maravilla, sólo Su misericordia que fué una novedad en el mundo pagano del Faraón, extraño al espíritu de su imperio, denominado “la Casa de los Esclavos”. Pero, aún este doblar de cabeza ante la misericordia del Eterno fue sólo momentáneo.

Tomado de:  “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibowitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la  Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986  págs. 77 – 82.

 

 

 

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La desaparición de la serpiente

La señal a través de la cual la vara se convierte en serpiente, no viene a demostrar las habilidades mágicas de Moshé y Aharón. Esta señal simboliza representa el significativo proceso a punto de ocurrir: el “árbol seco” Israel se convertirá en vivo, y “la gran serpiente Egipto desaparecerá.

La gran serpiente es Paró. El deseo de la serpiente es tragar al pueblo de Israel, un pueblo débil y humillado. Las señales dejarán bien en claro cuál es el poder real de la serpiente. En un principio, queda en claro que el pueblo de Israel, que parece un árbol pobre y seco, está a punto de cobrar vida, e incluso en un ente vital capaz de lidiar con Paró- la serpiente. Tal como la vara tiene la capacidad de convertirse en serpiente, así también el pueblo de Israel, en el futuro, resurgirá. En la fase siguiente, la vara de Aharón tragará a las varas de Egipto. El orgullo de la serpiente se quebrará, y es el pueblo de Israel el que lo habrá de quebrar. El pueblo de Israel resurgirá a la vida, mientras que el gran la gran serpiente desaparecerá.

Se puede trazar un paralelismo entre la señal de la serpiente y los sueños de Paró: en el sueño de Paró hemos visto que las espigas finas tragaron a las espigas saludables, y las vacas de poca carne se tragaron a las vacas gordas. Algo del mismo tenor sucede aquí: la vara de Aharón, una vara contra muchas varas de los hechiceros, representa al pueblo de Israel, un pueblo débil contra el pueblo fuerte de Egipto. La moraleja, es que en el futuro, la vara del pueblo de Israel tragará a Egipto. 

Además, la clara y fuerte sensación de seguridad puede transformarse en un instante, ser tragado y desaparecer.

Cuando Paró ve que las varas de los hechiceros son tragadas por la vara de Aharón, se supone que debía recordar su sueño, en el cual queda claro que la actual situación de saciedad puede desaparecer, y se supone que debería comprender que la actual situación de “saciedad” de Egipto, su poderoso gobierno, también puede desaparecer.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Gentileza del sitio VBM de la Academia Rabínica "Har Etzion"

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El endurecimiento del corazón

“Mas Yo endureceré el corazón de Paró” (Versículo 3)- ¿Cómo es posible que Dios castiga a Paró endureciendo intencionalmente su corazón, y de esa manera, impide que libere  al pueblo de Israel?

Y es posible que la persona cometa un pecado grave o numerosos pecados, hasta que se presente en el juicio ante el Juez de la Verdad y que ese sea el costo por aquellos pecados que cometió voluntaria y conscientemente…los que le impiden el retorno (Teshuvá) y no le permiten retractarse del mal, para morir y perderse en el pecado…

Por ello está escrito en la Torá “Yo fortaleceré el corazón de Paró”, ya que en un principio él pecó por voluntad propia, y agravó la condición de los judíos que vivían en su tierra tal como está citado: “Vamos, actuemos con astucia respecto a él” (Capítulo 1, versículo 10)-y fue el veredicto impedirle el retorno (Teshuvá) hasta que no pague por el mal cometido, por eso Dios endureció su corazón.

¿Y por qué le enviaba a Moshé para decirle “deja salir a mi pueblo y retorna de las malas acciones”, si ya le dijo Dios que no los dejará salir, tal como está escrito: “pero tú y tus servidores, yo sé que todavía no temen ante Adonai Elohim. ” (Capítulo 9, versículo 30) “pero, por causa de esto te he mantenido en pie” (Capítulo 9, versículo 16)

Para comunicarles a todas las criaturas, que mientras Dios le impide al pecador la acción del retorno-no tiene posibilidad de retornar, sino que morirá en su maldad, la misma que cometió voluntariamente en un inicio.

Esto significa, que Dios no decretó que Paró le acarreara  el mal a Israel, ni le impuso a Sijón que pecara en su tierra, ni a los canaanitas para que cometieran abominación, ni que el pueblo de Israel cayera en la idolatría, sino que todos han pecado por sí mismos y todos fueron sentenciados a que les sea impedido el retorno. (Rambam, Hiljot Teshuvá (Leyes de Teshuvá) 6,3.

Rabí Moshé ben Maimón nació en España en el año 1135. Se trasladó a Egipto, donde se desempeñó como Rabino, dirigente y médico. Rambam, el más grande de los Poskim y filósofos judíos. Redactó el libro “Mishné Torá” en el cual, compiló, definió y ordenó todas las Halajot (las leyes religiosas) y también escribió el libro “Moré Nevujim” (“Guía de los perplejos”)-un libro de filosofía. Falleció en el año 1204.

 

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El elogio de la diversidad

“Y sacaré a Mis ejércitos; a Mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto” (Capítulo 7, versículo 4).

 

Israel no es denominado “el ejército de Dios”, sino “ejércitos de Dios”, y en el mismo espíritu también se lo denomina “comunidad de pueblos” y no solamente “pueblo”.

 

La explicación es que, Israel representa una multitud multifacética de diferentes características nacionales, una pluralidad que da cuenta del hecho, de que la Torá, el arte del judío, no está relacionada a un determinado segmento social o a una cualidad nacional en particular. Por el contrario, ella invita a la humanidad toda, en todos sus matices, a aceptar la autoridad de Dios.

 

De aquí también “Cuando Israel salió de Egipto…Israel sus dominios” (Tehilim, Salmos 114, versículos 1-2)-“sus dominios”, está mencionado, y no “su dominio”: “Israel estará compuesto de diversos círculos de diferentes matices y en todos regirá la palabra de Dios”, siendo que es la voluntad que guía a todos.

 

 


 

Rabí Shimshon Rafael Hirsch-Rabí Shimshon Rafael Hirsch vivió en Alemania entre los años 1808-1888. Encabezó la lucha contra los reformistas, pero junto a ello enarboló la bandera de la modernización, a partir del enfoque “Torá im Derej Eretz”, “Torá con cultura general”. Fue autor de muchos libros y entre ellos su comentario sobre la Torá.

 

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¿Cuándo se endureció realmente el corazón del Faraón?

Estos materiales fueron publicados en el Jumash producido por la Editorial ‎Ner, www.kehot.com.ar    
Reproducido con autorización de Editorial Ner [email protected]   ‎
Copyright, derechos reservados y reproducción prohibida de los mismos RASHI: Dios dijo: “Ahora que el Faraón se ha comportado con perversidad y se ha opuesto a Mí premeditadamente, sé que entre estas naciones no hay buena voluntad que las guíe a arrepentirse de todo corazón. Por lo tanto, es una buena idea endurecer su corazón para que Yo pueda aumentar Mis milagrosas señales contra él y tú podrás reconocer Mi poder...”. Sin embargo, durante las primeras cinco plagas la Torá no menciona que Dios endureció su corazón. Más bien, declara que su corazón se endureció. RAMBÁN: El endurecimiento del corazón del Faraón por parte de Dios era claramente un castigo por pecados previos. Sin embargo, podría haber ocurrido en dos momentos diferentes: a) Antes de comenzar las plagas (o sea, en este momento). Esto hubiera sido un castigo por su injustificada esclavización del pueblo judío. O, b) Dios sólo endureció el corazón del Faraón después de las primeras cinco plagas, como castigo por ignorar Sus pedidos. Así, en este momento,
cuando Dios dice “Yo endureceré el corazón del Faraón” (7:2, y asimismo antes, 4:21), meramente informaba a Moshé de un suceso futuro. GUR ARIÉ: Dios endureció el corazón del Faraón cinco veces con las últimas cinco plagas como medido castigo por las cinco veces que el Faraón intencionalmente ignoró la voluntad de Dios durante las primeras cinco plagas. NAJALÁT IAACOV: Rashi nunca dijo que Dios no endureció el corazón del Faraón durante las primeras cinco plagas. Todo lo que escribe es que la Torá no menciona que Dios endureció su corazón. Pero, de hecho, Dios endureció el corazón del Faraón en todas las diez ocasiones. La única diferencia es que durante las últimas cinco plagas
Dios endureció el corazón del Faraón directamente. En cambio, durante las primeras cinco plagas, hizo que factores circunstanciales influyeran sobre el Faraón para no dejar libre al pueblo judío. Por ¿ ejemplo, en la primera plaga, sangre, Dios permitió a los hechicerosegipcios duplicar el milagro para confundir al Faraón y hacerle pensar que Moshé y Aharón podían ser meros magos. RAMBÁM: El Faraón fue castigado con la remoción de su libre elección como castigo por su anterior esclavización del pueblo judío. Pero, si Dios ya había decretado que el pueblo judío sería esclavizado (véase Bereishit 15:13), ¿por qué fueron castigados los  egipcios? ¡Estaban cumpliendo la voluntad de Dios! Sin embargo, Dios sólo decretó que una nación estaba destinada a esclavizar al pueblo judío. Cada egipcio individual, así, era suficientemente libre como para elegir cómo actuar, y por eso fue castigado en  consonancia si eligió hacer mal a los judíos (Hiljot Teshuvá, cap. 6).

Torat Menajem
PROBLEMAS CON RASHI (V. 3) Rashi escribe aquí que Dios endureció el corazón del Faraón como castigo a un mal comportamiento previo (como también explican Rambán y Rambám). Sin embargo luego, en el vers. 14, la Torá declara que Dios dijo a Moshé antes de la plaga de sangre: “El corazón del Faraón es pesado”. Rashi insiste en que la implicación correcta allí es que el corazón del Faraón era pesado por sí mismo, y no había sido hecho pesado en una oportunidad previa. Esto parece contradecir la declaración de la Torá aquí, que fue Dios quien hizo pesado el corazón del Faraón: “Yo endureceré el corazón del Faraón” (v. 3). Entonces, ¿qué sucedió exactamente? ¿El corazón del Faraón era
naturalmente duro (como implica el v. 14), o Dios lo endureció? [Rashi parecería sugerir que al Faraón no se le quitó la libre elección hasta después de la quinta plaga, lo que explicaría por qué su corazón era naturalmente duro durante las primeras cinco. Sin embargo, Najalát Iaacov demuestra que esta interpretación de Rashi no puede probarse].
PROBLEMAS CON RAMBÁM
Rambám escribe que Dios decidió que el pueblo judío sería esclavizado, pero no decretó sobre ningún individuo que lo hiciera. Por lo tanto, cualquier egipcio que participó en la persecución del pueblo judío merecía castigo. Sin embargo, mientras esta respuesta explica bien por qué cada egipcio fue castigado, no parece ser una respuesta para el Faraón mismo. Pues, según Rambám, el decreto de Dios no era sobre individuo alguno, sino sobre la nación como un entero. Pero, cada nación debe tener un rey o líder. Por lo tanto, un decreto sobre la nación en general también se refiere a su líder en particular. La pregunta, así, vuelve: Si Dios había destinado que el Faraón esclavizara al pueblo judío, ¿por qué fue castigado? LA EXPLICACIÓN Por lo tanto, estamos forzados a inferir (según Rambám) que estaba decretado por Dios que el Faraón esclavizaría al pueblo judío. Sin embargo, el Faraón mismo no esclavizó al pueblo judío a fin de cumplir la voluntad de Dios sino, más bien, para satisfacer sus propios deseos perversos. Por lo tanto, fue castigado. Similarmente, según Rashi, podemos comprender que Dios “endureció el corazón del Faraón” antes de las diez plagas, como castigo por su anterior conducta malvada. Sin embargo, Dios dijo a Moshé de todos modos que “el corazón del Faraón es pesado” por sí mismo pues tenía una tendencia natural a oprimir al pueblo judío, sin importarle cualquier intervención Divina. (Basado en Likutéi Sijot, Vol. 31, págs. 28-31; Vol. 27, págs. 184-5;

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