La decisión de ser libre

Shemot capítulo 12

La orden de pintar los dinteles de las casas con sangre es como una solicitud para decidir el lugar de pertenencia de la persona. No se puede redimir a una persona contra su voluntad. La decisión de salir a la libertad debe tomarla por sí misma.

A los hijos de Israel se les ordenó tomar ovejas (que en la cultura egipcia eran utilizadas como deidades), mantenerlas en las casas durante cuatro días (frente a la mirada perpleja de los vecinos egipcios), faenarlas y con su sangre pintar los marcos de las puertas de sus casas. La causa formal de esta orden era la de permitirle al ángel asignado para golpear a Egipto, distinguir entre los egipcios y los judíos.:” Yo veré la sangre y Me apiadaré  de ustedes: y no habrá en ustedes muerte para destruir” (Versículo 13). Pero esta explicación despierta numerosos interrogantes. Dios realiza milagros poderosos como las plagas de sangre y ranas, ¿y el ángel requiere de señales para diferenciar entre los judíos y los egipcios?

Puede ser que la orden de faenar las ovejas y esparcir su sangre como señal en la casa sea esencialmente una señal para nosotros y no para Dios. Un pueblo de esclavos sumido en la esclavitud y en los problemas cotidianos. Muchos ni siquiera tienen confianza en la capacidad de salir del círculo de sufrimiento y opresión. Otros se preguntan a sí mismos: ¿Tal vez se trata de otra ilusión mesiánica que terminará en tragedia? Otros grupos sospechan de lo que habrán de decir los egipcios, que por cierto no están dichosos y felices mientras los ex esclavos faenan a sus dioses en sus narices. Todos estos miedos y las dudas son más que comprensibles, sin embargo, después de que Dios le sirviera al pueblo todo en una bandeja de plata y en su beneficio provocó nueve plagas que dañaron severamente la economía egipcia y a los mismos egipcios, es como si le dijera al pueblo, “Yo ya hice mi parte, y ahora es el turno de que hagan la suya”.

No se puede redimir a una persona contra su voluntad. Se lo puede ayudar en materia económica. Se requiere y es recomendable brindarle herramientas, autoestima y más. No se puede decidir por él que sea libre. Esta decisión debe tomarla por sí mismo. La orden de pintar los dinteles de las viviendas con sangre es como un pedido para que la persona decida su lugar de pertenencia, a quién se siente conectado. Eso no es mucho pero es lo mínimo requerido para salir del círculo de la esclavitud.

No es casual que la Mezuzá se convirtió en uno de los sellos distintivos de los judíos a lo largo de las generaciones. No es un precepto más o menos importante que otros, pero pide definir  la identidad del hogar. La dimensión interior que es el viento que sopla en el acto de pintar los dinteles es doble. La persona tiene que hacer algo para sí mismo, y no puede confiarse sólo en el otro, y aún si se trata de Dios. Además de ello, el inicio de la redención del pueblo es una manifestación de voluntad de pertenecer a esta nación. Aquel que comprende que tiene parte en su redención, y que debe manifestar públicamente su pertenencia a su pueblo, puede salir hacia el camino de la redención.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Parashá baktaná" publicado por "Maguid"

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Entre segregación y humanismo

La estructura de relaciones entre Israel y los pueblos, se basa, por un lado, en la creencia de que todos los seres humanos fueron creados a imagen de Dios, y por el otro lado, en la singularidad del pueblo de Israel.

 “Esta es la ley del sacrificio de Pesaj; ningún extraño  habrá de comer de él” (Versículo 43)

Los versículos que cierran el capítulo 12 del libro Shemot están bien pintados con los colores de la particularidad judía:

El sacrificio del Pesaj está destinado solamente a los hijos de Israel, y todos los que conviven con ellos- por ejemplo, el esclavo o el extranjero, no pueden tomar parte en la fiesta de la libertad, que se lleva a cabo cada año en el mes de la primavera.

Las leyes del Pesaj pertenecen a un amplio continuo de la relación entre Israel y los pueblos. Un polo de la secuencia es el enfoque del pueblo elegido, un enfoque de disociación y disuasión de los gentiles, mientras que el otro polo es el reconocimiento que el hombre por haber sido creado a imagen de Dios es valioso y digno a los ojos de su Creador.

¿Cómo pueden convivir estos dos polos bajo un mismo techo?

En su libro “Judaísmo y Derechos Humanos, entre la imagen Divina y el pueblo santo”, explica el Rabino Profesor Iehuda Brandes que “los valores de santidad del pueblo de Israel y su singularidad” no se contradicen con “los valores humanistas y universales. Ambos son parte de la concepción del mundo de valores del judaísmo, y la tensión que puede surgir entre ambos es desafiante, pero también sumamente productiva.

El Rabino Brandes no desea eliminar la tensión entre “la imagen Divina” y el “pueblo santo” o resolverla, está persuadido, que se trata de un contraste que es la esencia del judaísmo:

“La hipótesis es que no se trata de una tensión y contradicción entre la Torá y la cultura exterior y ajena, sino que se trata de una tensión interna, que emana de la existencia de dos centros, ubicados uno al lado del otro en la misma Torá”.

La confrontación y la definición entre los dos polos opuestos es el alma del pensamiento talmúdico. Se basa en el enfoque “que tanto unos conceptos como otros son palabras de Dios” ambas partes son verdaderas  y es imposible tomar una decisión completa y general. La controversia habrá de continuar, y las definiciones son particulares según las diferentes circunstancias y casos. Algunas son definiciones únicas y otras son definiciones permanentes por generaciones.

“Este es el arte de la jurisprudencia de los hombres de la Halajá, que tienen en su poder un sistema de herramientas, vitales y procedurales, para definir en cuestiones de Halajá práctica en casos de controversia, duda y conflicto”. (Iehuda Brandes, “Judaísmo y Derechos Humanos: entre la imagen Divina y el pueblo santo, página 12).

Gentileza de la asociación "Iesodot"-Centro para el esclarecimiento de temáticas de Torá y Estado, del Instituto Académico Herzog

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Preguntas de Abarbanel, Éxodo 12

1   "Y Pasaré por la tierra de Egipto en esta noche y daré muerte a todo primogénito...    Y habrá de ser la sangre para ustedes como signo en las casas en donde ustedes estén, y miraré la sangre y Pasaré sobre ustedes y no habrá muerte... "

(Éxodo 12, 12-13)

Pregunta:   ¿Acaso D-s Todopoderoso necesita una señal para acordarse de salvar a los primogénitos judíos? ¿Necesitaba el pueblo de Israel un distintivo para que D-s los reconozca? ¿No fueron salvos en las plagas previas también, sin tener que poner algún signo? 

Respuesta:   Por definición misma, D-s Todopoderoso no necesita ningún signo ni señal;  ni tampoco necesita algún recordatorio para saber que no debe dar muerte a los primogénitos del pueblo de Israel.

Entonces: ¿para quién es esta señal? - La respuesta es: para el pueblo mismo.  Símbolo inequívoco de que la influencia Egipcia de adorar al cordero no había penetrado a ese hogar.

La Torá relata que la obligación de tomar a este animal era el décimo día del mes de Nisán, esperando para luego ser sacrificado el día catorce.  El Midrash complementa la historia diciendo que debía estar amarrado en las casas judías y cuando los Egipcios preguntaran ¿Para qué es eso?,  ellos contestarían que sería sacrificado y comido en unos días.  ¡¡¡Matarían a su dios como parte de una festividad judía !!!

¡¡¡Qué prueba tan fuerte para un pueblo que fue oprimido tantos años y luego puede contestar eso a sus ex-amos !!!

Realmente, todas las plagas anteriores eran un castigo al pueblo de Egipto, por todas las maldades y atrocidades cometidas. Sin embargo, esta última plaga, además de dar el golpe de gracia a los Egipcios, representaba también una prueba para el pueblo de Israel: Seguirían todavía las costumbres del lugar temiendo el "qué dirán"  o demostrarían su elevación de espíritu al cumplir la ordenanza del verdadero y único Amo Celestial.   

Por el mérito de haber cumplido esta difícil Mitzvá, D-s salva a los primogénitos del pueblo de Israel "saltando" sobre sus casas y les otorga una santidad especial (la cual es recordada hasta hoy en día al realizar el "Pidión Bejor" -la redención del primogénito).

Muchos filósofos judíos afirman que la Mezuzá que hoy en día ponemos en nuestras casas tiene su raíz simbólica en ese suceso histórico en el cual no fue la sangre del dintel la que salvó sino la devoción y compromiso judío con un D-s el cual se acuerda de los que se acuerdan de EL.

 

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Yo y no un enviado

Después de la plaga de la oscuridad Paró le advirtió a Moshé que no verá su rostro y Moshé se comprometió a ello. A la luz de la orden de Dios, ellos volvieron a encontrarse. ¿Cómo se entiende? ¿Cuál es el mensaje que podemos asimilar de ello en relación al proceso de la redención?

Al finalizar la plaga de la oscuridad Paró alcanza un nuevo récord en su trato negativo para con Moshé. Paró le advierte a Moshé: “¡Vete de mi presencia! ¡Cuídate, no vuelvas a ver mi rostro; pues el día en que tú veas mi rostro, habrás de morir!” (Capítulo 10, versículo 28). Parece que también Moshé contempló la gravedad de esta reacción y por ello le dijo a Paró: “¡Correcto has hablado! No voy a volver más a ver tu rostro” (Capítulo 10, versículo 29).

No obstante, inmediatamente después, en nuestro capítulo, Dios le anuncia a Moshé que aún no han culminado las plagas: “Una plaga más voy a traer sobre Paró” (Versículo 1). Luego, es relatado que Moshé se dirige a Paró y le anuncia la plaga de los primogénitos, que en su final: “Y habrán de bajar todos tus servidores, éstos, hasta mí y se prosternarán ante mí diciendo: Sale tú y todo el pueblo que va en pos de tus pasos. Y después de esto, habré de partir” (Versículo 8). Pero este anuncio que presagia la plaga de los primogénitos, aparece como contradiciendo lo dicho por Moshé después de la plaga de la oscuridad, de que no volverá a ver nunca más el rostro de Paró!! ¿Cómo pueden explicarse los conceptos de Moshé con la orden de la plaga de los primogénitos?

El Midrash señala que se registró otra revelación de Dios a Moshé en relación a la plaga de los primogénitos en ese mismo episodio, y en forma excepcional en la casa de Paró, para que sea posible la adición de una plaga más sin que ello provocara que no se cumplieran las palabras de Moshé: “Dijo Dios: aún me resta anunciarle a Paró una plaga más!! De inmediato salto Dios sobre él, como ingresando al palacio de Paró por Moshé que le dijo no volveré a ver tu rostro, y para que no quede como un farsante” (Shemot Rabá).

De aquí se infiere que los conceptos de Moshé estaban fuera de lugar, y aparentemente lo obligaron a Dios a ingresar a la casa de Paró y anunciar allí la plaga adicional prevista. El mensaje que se desprende de este episodio es que la salida de Egipto fue un proceso milagroso maravilloso, totalmente dirigido por Dios, y ninguna persona de carne y hueso-ni siquiera Moshé- puede avizorar el camino de este proceso.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Nekudat Ptijá" publicado por el Instituto "Tzomet"

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Infografía y síntesis del capítulo, Éxodo 11

Nuestro capítulo está íntegramente dedicado a la plaga más poderosa de todas, la plaga de los primogénitos:

A Moshé se le ordena pedir prestados los utensilios: “Habla ahora a oídos del pueblo y que pidan cada hombre de su prójimo y cada mujer de su compañera objetos de plata y objetos de oro” (Versículo 2) a fin de que se cumpla la promesa transmitida a Abraham “Después de lo cual saldrán con grandes pertenencias” (Bereshit, capítulo 15, versículo 14).

La plaga se producirá como  a la medianoche y morirá todo primogénito “desde el primogénito de Paró que está sentado sobre su trono, hasta el primogénito de la esclava que está detrás de los molinos, y todo primogénito de animal” (Versículo 5).

La diferenciación mencionada en algunas de las plagas anteriores es decisiva e importante en esta plaga “para que sepan que va a hacer distinción, Adonai, entre Egipto e Israel” (Versículo7)

El texto justifica las plagas producidas hasta ahora y explica por qué también es necesaria esta plaga: “y Moshé y Aharón realizaron todas estas maravillas ante Paró. Fortaleció Adonai el corazón de Paró y no expulsó a los hijos de Israel de su tierra” (Versículo 10).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj


 

 

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Humildad-sí, desaliento-no

 

Según el comentarista Rashi y el Midrash, Moshé fue preciso en su lenguaje al definir que los hijos de Israel saldrán “como a la medianoche” y no “en la mitad de la noche”. Debemos reconocer que no tenemos la capacidad de poder comprender e internalizar todo. Pero no podemos permitirnos que dicho reconocimiento nos conduzca al desaliento de  intentar entender lo máximo posible.

Moshé declara en nombre de Dios: “Al promediar la noche yo voy a salir en medio de Egipto, Y morirá todo primogénito en la tierra de Egipto” (Versículos 4-5). A diferencia de ello, cuando finalmente Dios golpea a Egipto, el texto es un tanto diferente: “Era la medianoche y Adonai causó la muerte a todo primogénito en la tierra de Egipto” (Capítulo 12, versículo 29). Rashi explica que Dios puede precisar una hora exacta: “a la medianoche”. A diferencia de ello, cuando Moshé transmite su mensaje, él alude a una hora estimativa: “como a la medianoche”, o sea-aproximadamente a la medianoche.

Dios conoce la verdad precisa y total. Pero nosotros, las personas, vivimos en la confusión. Tal como nos enseñara Moshé, no podemos endilgarle nuestros errores a Dios. Muchas veces, la lógica o el sentimiento nos trasladan a sitios que aparentemente contradicen la palabra de Dios. En esos casos, es importante recordar nuestras limitaciones naturales. Los logros de la ciencia moderna fueron posibles solamente cuando la ciencia renunció a la pretensión de explicarlo todo, una pretensión que caracterizó a la ciencia aristotélica de la antigüedad y la Edad Media, y pasó a enfocarse en un segmento muy limitad de la realidad.

En la “Hagadá de Pesaj”, narración de Pesaj está descripto el diálogo con los cuatro hijos. Uno de ellos es el que no sabe preguntar. Este hijo ya se desanimó por completo: ni siquiera intenta formular preguntas. Pero aquí la Torá tiene un mensaje importante: “Y le contarás a tu hijo” (Capítulo 13, versículo 8). Están aquellos que sostienen: si el hijo no pregunta, pues ¿para qué empezar a complicarlo? La Torá no quiere que renunciemos a la aspiración de entender.

En el mundo post-moderno, somos dolorosamente conscientes de nuestra incapacidad de llegar a comprender todo lo que sucede. Esta postura tiene ventajas: la misma nos educa a la humildad, a reconocer nuestras limitaciones. Ella nos abre los portones de la fe. Pero la Torá enfatiza que la humildad se transformará en desánimo. Debemos tratar de comprender todo lo que podamos, acumular más y más conocimientos y sabiduría, vivir en el mundo como personas y no como sombras.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Perashot" publicado por "Maaliot"

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Una mezcla de diversos orígenes

Moshé le exige a Paró la liberación de todos. Incluso se lleva con él al vulgo. Moshé no puede abandonar en Egipto a ninguna familia mixta, en la que había algún miembro de Israel, porque la salida de Egipto, como la concentración de las diásporas de nuestros tiempos, debe incluir a T-O-D-O-S.

En primer lugar, Dios le dijo a Moshé que le pidiera a Paró algunos días libres para servir a Dios en las afueras de Egipto (“habremos de ir a tres jornadas de camino por el desierto”-Capítulo 3, versículo 18; capítulo 5, versículo 3). El gran objetivo de la Aliá (inmigración) a la tierra de los Patriarcas  le fue revelado sólo a Moshé (Capítulo 3, versículos 6-8) y a los ancianos de Israel (Capítulo3, versículos 16-17).

No obstante, Paró comprendió muy bien que Moshé no tiene intenciones de regresar, y que la liberación de los hijos de Israel será irreversible. Por ello exigió garantías. Ante nosotros está el precedente de Iosef y sus hermanos que ascendieron para enterrar a su padre en la tierra de Kenaan, “solamente sus infantes, sus ovejas y sus vacunos dejaron en la comarca de Goshen” (Bereshit, capítulo 50, versículo 8). También Paró (el del nuevo régimen) exigió exactamente la misma garantía-las mujeres y los niños, antes de la plaga de  langostas (Versículo 11) y después de los días de oscuridad “Pero vuestras ovejas y vuestras vacas que sean dejadas” (Versículo 24).

Pero Moshé se mantuvo firme en su postura-“ Con nuestros jóvenes y con nuestros ancianos hemos de ir, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir, pues sacrificio festivo ante Adonai es para nosotros” (Versículo 9)-“ no habrá de quedar ni tan sólo una pezuña” (Versículo 26), y una exigencia más, que no fue dicha en voz alta, sólo fue ejecutada en la práctica-“ y también una mezcla numerosa de personas ascendió con ellos” (Capítulo 12, versículo 38).

El término “Erev Rav” fue explicado únicamente en el libro Nejemiá (Capítulo 13, versículo 3)-familias mezcladas a partir de casamientos mixtos con mujeres gentiles-"Y  separaron a todo no judío de Israel”. El gran reclamo de los Sabios de la Torá contra las mujeres no judías y contra las familias mixtas, es escuchado desde la época de Ezrá y Nejemiá hasta la actualidad, y nos debemos preguntar: ¿Por qué los llevó Moshé al salir de Egipto? ¿Acaso Moshé Rabeinu no comprendió entonces lo que entendieron Ezrá y Nejemiá y los Sabios de la Torá (desde entonces y hasta la actualidad), acerca de los graves problemas que se generarían a raíz de las familias mixtas?

No obstante, Moshé que al estar frente a Paró le dijo: “no habrá de quedar ni tan sólo una pezuña” (Versículo 26) no puede dejar en Egipto a ninguna familia mixta, en la que había algún miembro de Israel, porque la salida de Egipto, como la concentración de las diásporas de nuestros tiempos, debe incluir a T-O-D-O-S.

Gentileza del sitio 92

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La Oscuridad

Encontramos en esta parashá un elemento común entre varias plagas que asolaron a Mitzraim, algunas de ellas a los hijos de Israel y todas a los súbditos de Faraón. Aprendemos ello de la plaga de los tábanos, ante la cual la Torá nos enseña que “haré distinta en aquel día la tierra de Goshén sobre la cual está situado mi pueblo, para que no exista allí tábano alguno; a fin de que sepas que yo soy .A. en medio de la tierra.  Y   fijaré una demarcación entre mi pueblo y tu pueblo” y es la oscuridad.

En la plaga de la langosta:

“Y fueron cubriendo la superficie visible de todo el país y el país se oscureció; y siguieron comiéndose toda la vegetación del país y todo el fruto de los árboles que el granizo había dejado; y no quedó nada verde en los árboles ni en la vegetación del campo en toda la tierra de Mitzraim…” (Shemot 10:15)

“Entonces .A. dijo a Moshé: “Extiende tu mano hacia los cielos, para que ocurra oscuridad sobre la tierra de Mitzraim, y la oscuridad pueda palparse”.  Inmediatamente extendió Moshé su mano hacia los cielos, y empezó a acaecer una oscuridad tenebrosa en toda la tierra de Mitzraim por tres días” (Shemot 10: 21-22).

“Y la morada de los hijos de Israel, que habían morado en Mitzraim, fue de cuatrocientos treinta años.  Y aconteció al cabo de los cuatrocientos treinta años, sí, aconteció en este mismo día, que todos los ejércitos de .A. salieron de la tierra de Mitzraim.   Es noche de observancia con respecto a .A. por haberlos sacado de la tierra de Mitzraim. Con respecto a .A., esta noche es una de observancia de parte de todos los hijos de Israel durante todas sus generaciones”. (Shemot 12: 40-42)

ParashatBó nos lleva al corazón de la oscuridad. Se abre el enjambre de langostas que oscurecieron la tierra. Entonces Mitzraim se ve envuelto en el joshejafelá, una “densa oscuridad” (Shemot 10:15) tan palpable que hace que los egipcios sean incapaces de moverse durante tres días. Todo este terror oscuro se acumula hasta la plaga final cuando, a la medianoche, .A. ataca al primogénito en cada hogar egipcio. Por fin, como todo Mitzraim gime en la oscuridad, Faraón en seguida   llamó a Moshé y Aharón de noche y dijo: “Levántense, salgan de en medio de mi pueblo, tanto ustedes como los hijos de Israel, y vayan, sirvan a .A., tal como han declarado'” (Shemot 12:31).

La oscuridad de Bó es inseparable de la devastación y la muerte. Es, por lo tanto, una fuente de trepidación intensa, no solo para los egipcios, sino también para nuestros antepasados israelitas, y para nosotros. 

Cuando, nos encontramos arrojados a lugares oscuros, tendemos a alcanzar desesperadamente la luz. El descenso de la oscuridad rompe nuestras ilusiones de control y nos recuerda nuestra propia mortalidad.

ParashatBó nos recuerda que la oscuridad también es la incubadora de la esperanza, el lugar donde nace la redención.

En Mitzraim, el pueblo judío se convierte en una nación. Somos concebidos en la oscuridad de la esclavitud y entregados en medio de la eterna noche de vigilia de Dios.

Es natural temer a la oscuridad. El anochecer es aterrador. Sin embargo, si nosotros, como nuestros antepasados, deseamos crecer a partir de nuestras experiencias, debemos aprender a abrazar el poder liberador de la oscuridad.

En la medianoche egipcia, nuestros aterrorizados antepasados vieron por primera vez la libertad. En nuestras propias madrugadas, nosotros también comenzamos a ver, pero sólo si encontramos la fe para mantenernos firmes a pesar de nuestro miedo, esperar pacientemente en las sombras en lugar de correr prematuramente en busca de la luz.

El término arameo para la ceguera es saguinaor, literalmente, “demasiada luz”. Así, el lenguaje de nuestro Talmud revela una verdad fundamental: para crecer, necesitamos la oscuridad no menos que la luz del día. El profeta Yeshayahu elogió a Dios como YotzerOr, “Creador de la Luz” y como Hacedor de la Oscuridad”. Y nuestra tradición siempre ha reconocido que así como nuestros meses comienzan en las noches más oscuras, en la Neomenia, roshjodesh que celebramos bajo la luna nueva, cuando únicamente aparece un leve destello, también nuestras almas pueden encontrar sustento en las sombras, si tan solo podemos reunir el valor para detenernos allí.

Tres meses después del Éxodo descrito en ParashatBó, los israelitas llegan al Monte Sinaí. Allí, también, se encuentran con una espesa oscuridad, en forma de arafel, la “nube densa” que cae sobre la montaña (Shemot 19:16). La Torá nos dice que aquí es precisamente donde se encuentra Dios. Moshé entra dos veces valientemente en esa oscuridad divina. Él vuelve portando las tablas.

Mientras Moshé y Aharón luchan por convencer a Faraón de que libere a los israelitas, las plagas aumentan en severidad y se oscurecen más y más. La plaga de la oscuridad trae “una oscuridad que se puede tocar”, una “oscuridad espesa”, de modo que “la gente no se podía ver, y durante tres días nadie podía moverse” (Shemot 10: 21-23). Y, por supuesto, la más oscura de todas es la plaga final, la muerte del primogénito, que ocurre “en el medio de la noche” (Shemot 12:29) y trae oscuridad total a cada hogar en Mitzraim.

Vayehibajaztihalaila, “En el medio de la noche”, todo Mitzraim fue despertado a la hora del tiempo de los sueños o las pesadillas, (Shemot 12:29). Incluso Faraón se levantó de su cama real. VatehitzaakáguedolábeMitzrayim, kieinbayitasherein-shammet, “Hubo un fuerte clamor en Mitzraim, porque no había casa donde no hubiera alguien muerto” (Shemot 12:30). Sí, esta fue la plaga más oscura de todas, afectando a todas las familias, a todos los hogares, ricos y pobres, altos y bajos, culpables e inocentes. Toda familia estaba conmovida por la muerte, unida en la hermandad de la conmoción y la tristeza. En su comentario sobre Shemot, el profesor UmbertoCassuto escribió: “Y Faraón llamó a Moshé y Aharón de noche, a pesar de su orgullo y advertencia a Moshé para que nunca más volviera a ver su rostro, ahora se ve obligado a humillarse y convocar a su palacio a los mismos que hace un momento lo desterró de allí. Y todo esto en la oscuridad de la noche, porque el tiempo es apremiante y no se atreve a esperar hasta la mañana. En tres versículos consecutivos, la primera cláusula termina con la palabra noche, como un triple eco que subraya el terror de ese momento de maravilla… Cuando ellos (Moshé y Aharón) aparecieron ante él, Faraón les habló lacónicamente y de manera irregular, en palabras [que tenemos en el texto hebreo] de una o dos sílabas solamente, como uno agarrado por un terrible temor, que no puede hablar con calma”. (U. Cassuto, Un comentario sobre el Libro del Shemot [Jerusalén: TheMagnesPress, 1967], p. 145)

El mismo lenguaje refleja el drama de la historia, tanto en la repetición de la palabra laila, “noche” (en Shemot 12:29, 30 y 31), como en el lenguaje staccato, con una serie de notas muy breves articuladas por separado, del faraón traumatizado. El texto de la Torá quiere transmitir ese drama y traernos a la historia. Sentimos el dolor de aquellos cuyos muertos yacen ante ellos, incluso nuestros enemigos, los opresores.

Una cosa que todos los seres humanos tienen en común es la mortalidad. Sabemos que todos deben morir, sin embargo, seguimos lamentando y llorando cuando la muerte se lleva a quienes amamos. Eso es universal, una verdad de la que no podemos escapar. VateitzaakáguedolábeMitzrayim, kieinbayitasherein-shammet, “hubo un gran clamor en Mitzraim, porque no había casa donde no hubiera alguien muerto”. Leemos estas palabras y reconocemos ese llanto.

Nuestro texto de la Torá nos da presenta la oscuridad soportada por los egipcios como resultado de la terquedad de Faraón, y también de la oscuridad que nuestro pueblo soportó en su camino hacia la liberación. Pero también vemos la luz de esperanza para aquellos cuyos años de esclavitud estaban llegando a su fin, cuando comenzaron a avanzar hacia la libertad.

 

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Propósito de que Moshé fuera el Faraón

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¿Cuál era el propósito de que Moshé fuera al Faraón si
Dios ya había endurecido su corazón?
RASHI (V. 1-2): Dios dijo a Moshé que advirtiera al Faraón de la
próxima plaga (si bien su corazón había sido endurecido) para
ridiculizar a Egipto. Así, la palabra hitalálti/התעללתי(v. 2) debe
entenderse como “Me mofé” o “ridiculicé” (sajákti/שחקתי).
OR HAJAÍM: La anterior plaga de granizo fue absolutamente
horrenda, y con todo no logró que el Faraón cambiara de opinión.
Esto debilitó el ánimo de Moshé, pues parecía que nada convencería
al Faraón de liberar al pueblo judío. Por lo tanto, Dios dijo a
Moshé (aquí, en el vers. 1): “Ven al Faraón, pues Yo he endurecido
su corazón”, como diciendo, “¡No te preocupes! ¡Aún vale la pena
ir al Faraón para informarle de la siguiente plaga! La única razón de
que no escuchó la última vez es que Yo endurecí su corazón.
Cuando quite la dureza, él los dejará ir”.
SFORNO: Dios dijo a Moshé: “Yo he endurecido su corazón, y el
corazón de sus sirvientes, a fin de poner estos milagros Míos en su
medio”. O sea, el propósito de ir al Faraón no era que él escuchara
a Dios, pues Dios ya había endurecido su corazón. Más bien, era
para que el Faraón se rehusara a dejar salir al pueblo judío,
proveyendo a Dios de esa manera la oportunidad de realizar
milagros adicionales de proporción histórica.

 

Torat Menajem
DIFICULTAD CON OR HAJAÍM (V. 1-2)
La apertura de nuestra Parshá parece presentar una contradicción. Por
un lado, a Moshé se le dice: “Ven al Faraón”, y luego se le dice: “pues Yo
he endurecido su corazón”, lo que parece una buena razón para no ir al
Faraón.
Or HaJaím explica que Dios reconfortó a Moshé diciéndole que el
que el Faraón no lo escuchara no representaba un fracaso suyo sino, más
bien, era resultado de la intervención Divina.
Sin embargo, esta solución es difícil de aceptar porque, mientras tanto
continúe la intervención Divina —como lo hizo con esta plaga— sigue
pareciendo inútil que Moshé visite al Faraón. Cuando Dios dijo a Moshé
“Ven al Faraón”, ¿qué consuelo sería saber que el corazón del Faraón
seguía siendo endurecido? ¡Seguramente sólo confirmaría la convicción
de que toda la visita era inútil!
Por lo tanto, la interpretación de Sforno parece más aceptable en el
plano literal, o sea, que las palabras de Moshé al Faraón, y la plaga
resultante, pretendían ser puramente una exhibición adicional del poderío
de Dios.
PREGUNTAS SOBRE SFORNO
Sin embargo, la interpretación de Sforno presenta una serie de
dificultades:
1. Según Sforno, la meta de la visita de Moshé al Faraón era lograr un
resultado específico: aumentar los milagros de Dios. El método preciso
con que este resultado se logró (el endurecimiento del corazón del
Faraón) no era de importancia primaria. Por lo tanto, el versículo podría
haber dicho simplemente: “Ven al Faraón, para que Yo pueda poner estos
milagros Míos ante él”. La declaración “Ven al Faraón pues Yo he
endurecido su corazón”, parece acentuar más el método que el resultado.
2. Esta no es de ninguna manera la primera vez que la dureza de corazón
del Faraón se menciona en la Torá. Incluso antes de la primera plaga
(sangre), Dios prometió a Moshé “Yo endureceré el corazón del Faraón”
(Vaeirá 7:3), y antes de la plaga de llagas (la sexta) se nos cuenta que Dios
efectivamente lo hizo: “Dios endureció el corazón del Faraón” (ibíd. 9:12).
Sin embargo, ello jamás se dio como una razón para la visita de Moshé al
Faraón. ¿Por qué encontramos que súbitamente, con esta plaga (la octava),
se dice a Moshé: “Ven al Faraón pues Yo he endurecido su corazón”?
3. Similarmente, el concepto de incremetar los milagros de Dios
endureciendo el corazón del Faraón también parece ser una repetición
aquí. Antes de comenzar las plagas, Dios dijo a Moshé: “Yo endureceré el
corazón del Faraón [para] incrementar Mis milagros y portentos en la
tierra de Egipto” (Vaeirá 7:3). ¿Qué agrega la declaración de Dios a
Moshé ahora, siete plagas después, que “Yo he endurecido su corazón...
para que pueda mostrar estas señales Mías ante él”?
LA SOLUCIÓN DE RASHI
La anterior plaga de granizo fue la primera ocasión en que, de hecho,
“Dios endureció el corazón del Faraón” (9:12).
Con la plaga siguiente, que leemos aquí, Rashi escribe que Moshé fue
enviado al Faraón “a advertirle” de la plaga que se avecina. Esto contrasta
con la plaga previa (granizo) donde no se dio advertencia alguna al Faraón.
Se le dijo: “Deja ir a Mi pueblo para que puedan adorarme” (ibíd. 13), pero
no se le advirtió qué consecuencias tendría ignorar a Dios.
Así, la plaga actual (langostas) presentó un escenario sin precedentes
en la sucesión de plagas: Fue la primera en la que: a) el corazón del
Faraón fue efectivamente endurecido; b) se ordenó a Moshé advertirle las
consecuencias de sus acciones.
Por consiguiente, enfrentamos la pregunta por primera vez: ¿Qué
sentido tenía advertir al Faraón si su corazón había sido endurecido?
Para explicar esta paradoja Rashi escribe que el simultáneo
endurecimiento del corazón del Faraón junto con una advertencia logró
el efecto de “ridiculizar” o “burlarse” de Egipto. El Faraón y sus sirvientes
habrían enfrentado el terror de un inminente ataque, y aún así serían
impotentes para protegerse de él, pues la libre elección del Faraón fue
reducida. Esto debe haber llevado a Egipto a un estado de máximo
alboroto, pues eran incapaces de evitar una decisión que sabían tendría
consecuencias desastrosas.
LA RESPUESTA DEL FARAÓN (V. 7-11)
Con lo dicho en mente, podemos explicar una dificultad en la
respuesta del Faraón a la advertencia de Moshé:
En los vers. 7 a 11 leemos cómo, después de que Moshé y Aharón
abandonaron al Faraón, sus sirvientes argumentaron que el pueblo judío
debía ser liberado, pues estaban asustados de las consecuencias de otra
plaga. El Faraón sucumbió a sus quejas, convocó de regreso a Moshé, y
ofreció permitir salir al pueblo judío si dejaban a sus niños en Egipto.
Moshé, sin embargo, exigió la liberación incondicional del pueblo judío,
a lo que el Faraón no accedió.
La pregunta es obvia: Con las plagas anteriores, cuando el corazón del
Faraón aún no fue endurecido, no encontramos que estuviera dispuesto
a ninguna concesión; y aquí, la primera vez que el Faraón es advertido y
su corazón es endurecido, ¡es más generoso que nunca! De hecho, su
corazón parece tan apreciablemente suavizado que está dispuesto a dejar
salir al pueblo judío (si los niños se quedan).
Sin embargo, en base a la citada explicación de Rashi, este problema
puede resolverse:
El propósito de la advertencia de Moshé al Faraón era lograr la 
ridiculez y humillación de Egipto. El máximo ridículo posible ocurre si: a)
el Faraón realmente quiere liberar al pueblo judío y con todo b) es
incapaz de hacerlo.
Por lo tanto, es precisamente el endureciendo del corazón del Faraón
en el momento mismo en que está dispuesto a ceder que se logra la
máxima humillación de Egipto.
(Basado en Likutéi Sijot, Vol. 6, pág. 57 y ss.)

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Calendario hebreo - Estudio y acción

"Ve a Paroh", es el mandato divino, "porque yo he agravado su corazón y el corazón de sus   siervos" (X,1). Moshé y Aarón son los enviados divinos, cuya misión es sacar a los judíos de   Egipto. Paroh sin embargo no dejará salir a los judíos de Egipto, y aquí vemos nuevamente a la   Hashgajá, la Providencia. La salida de Egipto se convertiría en la unión de Israel con el Señor,   el pacto divino entre Ds' y su pueblo, y por lo tanto debía ser un magno acontecimiento, donde   hasta los elementos naturales fuesen trastornados.

 El feroz Faraón sería castigado, y con él,   Egipto todo y sus dioses. Más no solo ello Paroh pierde toda individualidad, toda personalidad.   Se convierte en un juguete en manos del Destino. Sus consejeros le dicen: "Aún no sabes que Egipto está perdida" (X,7). Y sin embargo Paroh no puede ya razonar ni pensar, su obstinación  crece con su furia, echa a Moshé y Aarón y lleva a la destrucción al Egipto todo. Ni siquiera   son ya dueños de sus actos, ciegos instintos los guían, pero el gran día se avecina el día de la Redención.

Las plagas de Egipto fueron la liberación material del pueblo judío, y la destrucción de la   fortaleza Egipcia. Como hemos hecho notar, no sólo Egipto sufrió de ellas, sino; también sus dioses. La primera de las diez plagas fue la de la sangre. Las aguas del Nilo enrojecieron de pronto y con ellas Egipto comenzó a trastabillar. Más aquí el sentido es doble, no se trata solamente de una acción material, es, podríamos decir, una revolución espiritual. El Nilo era considerado por los antiguos egipcios sagrado, y he aquí que se convertía en fuente de males y calamidades por su pueblo, primero la “sangre” y luego las "ranas": Tzfardea.

 Las plagas destruyeron pues el orgullo egipcio, y en cierta manera el sacrificio de Pesaj era también una demostración contra las supersticiones de aquel pueblo. Ya en los tiempos de Josef los egipcios no pudieron comer con los hijos de Israel, ya que estos comían carne, cosa abominable para los egipcios, que creían en “animales sagrados". El Korban-Hapesaj fue en ese sentido la liberación espiritual del pueblo judío, como nos muestra el Talmud al decir que la sangre del Pesaj, fue la causa de la redención. La sangre del Pesaj fue pues, lo que distinguía a los idólatras egipcios, de los  judíos que habían abandonado esas supersticiones.

El Korban-Pesaj se convirtió en un precepto eterno, y el Seder es el que lo eterniza luego de la destrucción del templo y la Diáspora.                                     

En esta Parashá encontramos el primer precepto al pueblo judío. El del Pesaj, comienza pues el periodo legislativo de los hijos de Israel.

El Pesaj está unido sin embargo a otro precepto, el del Jodesh. Y nos detendremos aquí brevemente para analizarlo.

Las festividades judías están unidas al calendario judío que se diferencia del uso civil. Pesaj, Shavuot y Sucot debían coincidir con determinados periodos climatológicos, primavera, verano y otoño (crecimiento, cosecha y recolección), pues el carácter histórico religioso de estas festividades está unido a su carácter naturalista. Este concepto está unido al año solar, pues para que coincidan las dos festividades, deben transcurrir entre ellas un año solar (365 días).

El calendario religioso sin embargo está unido también al Shabat, a la semana y al mes lunar. El año es solar y el mes lunar y de aquí la particularidad del año hebreo que teniendo 12 meses, tiene 354 días, y por ello cada cuatro años aproximadamente, es agregado otro mes, Jodesh Haibur. El calendario hebreo tiene de acuerdo a este método las ventajas del año lunar y del solar con los conceptos exactos de año y mes, concepto este último que en el calendario solar es arbitrario.

El Jodesh mes de Nisan se habría de convertir en el primero de los meses judíos, indicando con esto el comienzo de la vida judía, de la redención. El Jodesh Nisan, es el mes de la liberación, y este sentido se lo debe especialmente a la festividad de Pesaj que eterniza este recuerdo. Pesaj no es solamente un recuerdo, es una impresión vívida que deja rastros indelebles en el alma humana, cumpliendo el precepto de los Jajamim. "Cada hombre debe verse como si él hubiese salido de Egipto”.

Los sucesos de Egipto son la unión con el pueblo de Israel, y esta unión se renueva en cada precepto y Mitzva. Es por ello que en los principales preceptos vemos el “Zejer Litziat Mitzraim, Recuerdo de la salida de Egipto”.

En esta Parashá encontramos pues los primeros preceptos, entre ellos de los Tefilin, las filacterias: “Y serán señal en tu brazo y recuerdo entre tus ojos", para que la Torá del Señor esté siempre en tus labios. Este precepto, es pues el de los Tefilin, Tefilin. Shel lad (de la mano), y Tefilin Shel Rosh (de la cabeza). La tefilá (oración) de Hanajat-Tefilin, nos habla del sentido y significado de las filacterias. En efecto, los 2 Tefilin simbolizan los dos principios de la vida humana, teoría y práctica, pensamiento y acción. Además el de la mano, se coloca frente al corazón, agregando así el sentimiento. Es decir los Tefilin nos muestran la senda del entendimiento, sentimiento y acción. En este doble principio del entendimiento y acción está por otra parte oculto uno de los principios máximos del judaísmo.

El Talmud luego de una pequeña disputa entre los sabios judíos, llega a su clásica decisión:

“תלמוד גדול שהתלמוד מביא לידי מעשה"

“Grande es la teoría (Talmud), pues la teoría lleva a la práctica”.

La discusión entre los sabios del Talmud era sobre cuál de los dos principios, el estudio (teoría), ó las acciones era más importante. Y he aquí que llegamos a esta paradójica conclusión. El estudio es más importante porque lleva a la práctica”.

Sin embargo el sentido es bien sencillo.

Un Midrash nos relata que la destrucción y el Galuth fueron causados por una sencilla razón: “los judíos no bendecían antes de leer la Torá”.

“מפני שלא ברכו בתורה תחילה"

Uno de los comentadores observó que aquí se encuentra realmente nuestro principio. La base    de la Torá indudablemente se halla en la práctica. Teóricamente puede un hombre ser puro y santo, es decir puede un hombre acumular innumerables e inapreciables conocimientos, pero a la verdadera altura humana, a su verdadera dignidad nunca llegará si no realiza prácticamente aquello que predica. La moral jesuita del: "Haz lo que yo digo, más no lo que yo hago" es tan    falsa como cómoda, e indica una perversión moral y una degradación humana. La persona no se "mide” por lo que "sabe", o “dice”, sino por lo que hace. La “lectura de la Torá", nos simboliza realmente la acción. Lo que antes era espíritu se va materializando y practicando.

Más he aquí un segundo principio. Una acción es en sí también perjudicial. Los proverbios de nuestros Jajamim, Pirkei Abot, nos dicen: “Velo Am-Haaretz Jasid". Es cierto, los Jajamim nos muestran que aún en las personas más ignorantes, pueden existir fuerzas insospechadas capaces de revolucionar al Universo todo. Los Jajamim nos muestran innumerables casos de personas desprovistas de los más elementales conocimientos y que por sus actos poseían poderes elevados y sobrenaturales. Sin embargo una de las principales condiciones en la práctica es la “teoría”, mejor dicho la "conciencia".

 Los Mitzvot, los preceptos no deben ser ejecutados mecánicamente, por costumbre: “Kemitzvat Anashim Melumada”, sino con la conciencia de que son verdaderos preceptos divinos, plenos de significado.

Antes de la lectura de la Torá, es necesaria la “Beraja”, la invocación divina, y este es el sentido del Midrash, la Beraja-Tejila nos habla de la conciencia de los preceptos, que sin ella pierden su sentido y significado.

Este es el sentido también de las palabras Talmúdicas sobre el Talmud y el Maase. El estudio de la Torá es más importante, pues lo lleva a la práctica. Lo que realmente es más importante, no es la teoría o el estudio en sí, ni la "práctica", sola, lo más trascendental es la “conciencia”, la intención, la “Kavana”, en los sentimientos, pensamientos y actos.

De aquí el extraordinario valor de Talmud-Torá, del estudio de la Torá. Solamente esta conciencia puede asegurar la supervivencia y continuidad del espíritu judío. El estudio (Talmud) lleva a las Mitzvot y las Mitzvot llevan a la Torá:

“נר מצוה ותורה אור"

Las Mitzvot son comparadas por los Jajamim a las velas que mantienen la luz. La misma Torá que lleva a las Mitzvot es el producto de ellas, y las Mitzvot hacen desarrollar en nosotros el verdadero espíritu humano. La llama sola sin embargo, sin una vela que la alimente no se puede mantener, termina por apagarse y desaparecer. La Torá sola, la teoría sin la práctica no tiene razón de ser y muere también.

La verdadera senda es aquella que une estos dos principios, el Talmud y el Mesase, la verdadera senda es aquella señalada por los dos Tefilin, Shel Iad y Shel Rosh, la senda del entendimiento y la acción.

 

 

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