El grito

Mediante la descripción de las visiones divinas que se le revelan, el profeta Zejariá grita sus mensajes y espera que de este modo, quizás, alguien le escuche.

Las visiones de Zejariá son un grito.

Es difícil transmitir mensajes de Dios sin electricidad, pantalla, radio o teléfono. Es aún más difícil convencer a los retornados a Tzión de que la presencia de Dios en la tierra depende de los actos del hombre, sin realizar algún acto milagroso que demuestre la veracidad del mensaje profético.

Zejariá intenta lograrlo (también) mediante la descripción de las visiones divinas que se le revelan. Cada visión con su mensaje particular, y juntas siete visiones que describen un cuadro completo: una realidad en la que Ierushalaim parece abandonada, tan encogida que en un instante se puede recorrer de un extremo al otro. Las personas que habitan en ella pecan y los líderes visten ropas impuras. Los utensilios del Templo no expresan presencia divina. Y en conjunto, la realidad parece pequeña y despreciable.

Mediante la visión del rollo que vuela y recorre los confines de la tierra, el profeta nos recuerda que no bastará con volver a construir el edificio físico del Templo; hay que volver también a construir el edificio en su dimensión espiritual. El juramento (¿escrito en el rollo?) sale a surcar la tierra, demostrando un uso puro y digno del Nombre de Dios. Su función es recorrer toda la tierra, observar y evaluar la situación, y arrojar fuera de la tierra, hacia la tierra de Shinar, la maldad y a quienes no deben tener lugar en Ierushalaim en el tiempo de la construcción del Templo.

Una visión extraña y desconcertante, a la que pueden darse distintas interpretaciones. Quizás precisamente de este modo logra el profeta transmitir sus mensajes; quizás así grita sus mensajes y espera que de este modo alguien le escuche.

Gentileza sitio 929

Volver al capítulo

El ayuno no es la pregunta principal

En las palabras del profeta no hay una respuesta clara a la pregunta sobre los ayunos, y esta es la respuesta más profunda: no hay que ocuparse de preguntas de importancia secundaria, como los ayunos, mientras que las preguntas morales primarias aún no han encontrado su solución.

En la base de los capítulos 7-8 de Zejariá se encuentra la pregunta que fue dirigida al profeta: ¿Acaso debe continuarse con la tradición de los ayunos aun después de la renovación del servicio del Templo?

Sin embargo, es sorprendente que el profeta no tenga una respuesta clara. En lugar de una respuesta práctica, el profeta aprovecha esta oportunidad para una reprimenda moral. Zejariá detalla en su profecía-respuesta las causas históricas que condujeron a la destrucción y, consiguientemente, al ayuno: "Pero ellos rehusaron escuchar... entonces vino una gran furia de parte del Señor de los ejércitos... y la tierra fue desolada tras ellos" (capítulo 7, versículos 11-14). Escuchamos también palabras de consuelo sobre la gloria futura de Ierushalaim, pero en todo ello no hay respuesta a la delegación que pregunta: "¿Debemos llorar en el mes quinto?" (capítulo 7, versículo 3).

Aquí se nos presenta el problema de la moral y el culto en toda su agudeza. Según la fe israelita, el culto no es un favor del hombre hacia el Creador, sino un favor del Creador hacia el hombre; de ello resulta que el ayuno no es por el bien del Creador: "Cuando ayunaban y se lamentaban en el quinto y el séptimo mes durante estos setenta años, ¿Acaso tiene que ver conmigo el ayuno? Y cuando comen y beben, ¿Acaso no comen y beben para ustedes mismos?" (capítulo 7, versículos 5-6).

En los capítulos 7-8 el profeta trata sobre el ayuno, sobre la verdad y la paz, sobre el consuelo de Ierushalaim, sobre la construcción del Templo y sobre el reconocimiento de Dios por parte de los pueblos. Dicho de otro modo: el hecho mismo de incluir el sermón sobre la fundación del lugar del Templo para el culto entre los sermones morales, y como respuesta a una pregunta cultual (relativa al culto), enseña que en el pensamiento del profeta no hay asuntos principales y secundarios. Sin embargo, en sus palabras sí hay un orden de precedencia. Los actos cultuales son deseables únicamente si previamente los preceden los actos morales apropiados.

Quizás en el hecho mismo de que no haya una respuesta clara en las palabras del profeta a la pregunta sobre los ayunos se encuentre la respuesta más profunda. No hay que ocuparse de preguntas de importancia secundaria mientras que preguntas primarias aún no han encontrado su solución. La verdad, el juicio de paz, el odio al mal y el alejamiento del juramento falso — todos estos son condiciones primarias para los actos que son deseados ante Dios.

Mientras estos no hayan sido rectificados, no hay lugar para tratar la pregunta sobre el ayuno. Y aun el cierre de esta profecía puede interpretarse de varias maneras: "El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto mes, el ayuno del séptimo mes y el ayuno del décimo mes se convertirán para la casa de Iehudá en gozo, alegría y fiestas alegres; Amen, pues, la verdad y la paz" (capítulo 8, versículo 19). ¿Serán las festividades alegres una respuesta, con la condición de que se preserven la verdad y la paz? ¿Continuará el ayuno también en el presente, mientras tanto se debe cuidar la verdad y la paz, y entonces en el futuro los ayunos se convertirán en buenas festividades? — Todo esto permanece oscuro, queriendo decir: todo es secundario frente al principal requerimiento de Dios.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Extraído de la serie “Iyunim bePirkei HaMikrá”, que fue emitida por Kol Israel

Volver al capítulo

El Mashiaj y el Cohen

En el tiempo por venir, habrá dos líderes para el pueblo, que gobernarán juntos en colaboración y en paz: el rey Mashiaj, y el Cohen, el sacerdote que estará ante él.

En el capítulo 6 continúa Zejariá describiendo las relaciones entre el sacerdocio y la monarquía.

Zejariá construye dos coronas. ¿A quién la corona de plata y a quién la de oro? Según el orden de las cosas, queda claro que la plata es para Yehoshua ben Yehotzadak el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote, mientras que el oro está reservado para el rey. Pero, ¿cuál es el nombre del rey? "He aquí un hombre cuyo nombre es Tzemaj (retoño), porque detrás de él brotará y reedificará el templo del Señor" (versículo 12).

¿Es Tzemaj Zerubabel? En la figura de Tzemaj se fusionaron dos personajes: Tzemaj es Zerubabel, el gobernante actual, existente en los días de Zejariá. Pero también es el rey futuro, el rey Mashiaj. En las profecías de Yeshaiahu e Irmiiahu se menciona "Tzemaj" como el rey Mashiaj. El profeta Zejariá menciona a Tzemaj ante los oídos de Yehoshua el Cohen Gadol: "Escucha pues, Yehoshua, sumo sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan delante de ti, porque son hombres que son señal; pues he aquí, yo traigo a mi siervo Tzemaj" (capítulo 3, versículo 8).

Ahora podemos comprender la profecía de las dos coronas. Zejariá llama al Cohen Gadol y le explica el orden de la monarquía futura. Habrá dos coronas: una corona de plata para el Cohen Gadol, y una corona de oro para el gobernante. Y el gobernante no es Zerubabel el hombre, sino el que saldrá de él, que es Tzemaj, que es el rey Mashiaj.

La actuación del rey Mashiaj se presenta en detalle:

"He aquí un hombre cuyo nombre es Tzemaj (retoño), porque detrás de él brotará y reedificará el templo del Señor. Y él reedificará el templo del Señor, y él se llenará de gloria y se sentará y gobernará en su trono. Y habrá un (sumo) sacerdote constituido" (versículos 12-13).

El rey Mashiaj se llenará de gloria. Él construirá el Templo. Y el Cohen — portador de la corona de plata — se situará ante el trono del rey Mashiaj. Y el profeta no puede ignorar el temor de que los celos rompan esta idílica imagen, y continúa: "y habrá consejo de paz entre ellos dos" (versículo 13). Un Cohen y el rey conducirán a Israel. El rey Mashiaj, y el Cohen que está ante él.

 

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio Daat

Volver al capítulo

El líder, el Cohen, y el consejo de paz entre ellos

Zerubabel y Yehoshua son como Moshé y Aharón, y el profeta debe dividir entre ellos las competencias para que conduzcan juntos al pueblo.

"Toma plata y oro, haz coronas y ponla en la cabeza del Sumo Sacerdote Yehoshua hijo de Yehotzadak. Y háblale, diciendo: "Así dice el Señor de los ejércitos: He aquí un hombre cuyo nombre es Tzemaj (retoño), porque detrás de él brotará y reedificará el templo del Señor. Y él reedificará el templo del Señor, y él se llenará de gloria y se sentará y gobernará en su trono. Y habrá un (Sumo) Sacerdote constituido y habrá consejo de paz entre ellos dos" (versículos 11-13)

En nuestra profecía hay una alusión que se suma a una serie de alusiones en los capítulos 3-4 y a las alusiones en el libro de Ezrá sobre la tensión entre Zerubabel, del linaje de los reyes de Iehudá — destinado a conducir a la nación que resurge de sus cenizas y a continuar así la dinastía de sus antepasados — y Yehoshua ben Yehotzadak el Cohen, del linaje de los Sumos Sacerdotes, destinado a dirigir el Templo, su servicio y la Torá que emana de él hacia el pueblo. Los dos en sus funciones son una suerte de Moshé y Aharón en el éxodo de Egipto: líder y Cohen Gadol, Sumo Sacerdote. Pero no todo par de líderes son hermanos que se aman y se respetan como Moshé y Aharón. Los problemas del pueblo que resurge de sus cenizas no son simples: el Templo, que se encuentra ahora en etapas de construcción, se está edificando sin autorización de las autoridades. Los delatores y los enemigos vigilan al pueblo con ojos bien abiertos, la situación económica no es buena, y lo mismo ocurre con la situación religiosa y el nivel espiritual. Los dos jefes del pueblo conducen al pueblo cada uno a su manera, los caminos chocan a veces, y sin unidad de filas la empresa puede desmoronarse.

El profeta reconcilia en nombre de Dios a los dos, y divide entre ellos las competencias en la construcción del Templo, de manera similar a lo que ocurrió en los días de Moshé y Aharón. El "Retoño de David" — es decir, Zerubabel — conducirá al pueblo y construirá el Templo, como Moshé que construyó el Tabernáculo. En su cabeza estará una de las coronas. La corona de Yehoshua, el Cohen Gadol, no quedará disminuida, y él conducirá el Templo y su lugar espiritual una vez que sea construido, como Aharón en el Tabernáculo. El consejo de paz entre los dos nos recordará nuevamente el versículo y su Midrash:

"Dijo Hashem a Aharón: Ve al encuentro de Moshé al desierto. Fue él y lo encontró en la montaña de Elohim y él le besó" (Shemot, capítulo 4, versículo 27)

"Esto es lo que está escrito: 'La bondad y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron' (Tehilim, Salmos, capítulo 85, versículo 11). Bondad — este es Aharón... y verdad — este es Moshé... justicia — este es Moshé, como se dice: 'hizo la justicia del Señor' (Devarim, capítulo 33, versículo 21), y paz — este es Aharón, como se dice: 'en paz y en rectitud caminó conmigo' (Malají, capítulo 2, versículo 6)" (Shemot Rabá 5, 10)

Volver al capítulo

¿Acaso he de llorar en el quinto mes?

La pregunta sobre el ayuno no es únicamente una pregunta halájica, sino que es una pregunta profética: ¿tendrá éxito la construcción? ¿Terminará la destrucción y comenzará la redención?

"¿Debemos llorar en el mes quinto, absteniéndonos como lo hemos hecho durante tantos años?" (versículo 3)

Una delegación de personas le pregunta a Zejariá el profeta en nuestro capítulo si se debe continuar lamentando en el nueve de Av, como era la costumbre desde la destrucción del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo, o si en la época del Retorno a Tzión había llegado el momento de cesar el duelo por la destrucción, y alegrarse por el renovado Retorno a Tzión y por la construcción.

Dos interrogantes pueden surgir acerca de la pregunta misma:

a. ¿Qué sentido tiene continuar lamentando por la destrucción en la época del Retorno a Tzión? ¿Acaso no es evidente que el duelo es temporal, hasta la nueva construcción?

b. Parecería que esta pregunta debería dirigirse a los sabios de la generación y a los decisores halájicos, y no a los profetas. Rabí Iehudá HaLeví, en su libro El Kuzarí, ve ciertamente a los profetas como continuadores de la entrega de la Torá que Moshé inició, pero Maimónides estableció categóricamente que el profeta no está destinado a clarificar cuestiones de Torá y halajá, sino únicamente para la profecía: "Sabe que la profecía no sirve para la reflexión sobre las interpretaciones de la Torá y el aprendizaje de las leyes mediante las trece reglas hermenéuticas" (Introducción de Maimónides a la Mishná).

Un estudio en el libro de Ezrá (capítulo 5) puede arrojar luz sobre la pregunta de la continuación del ayuno. Ese capítulo comienza con la profecía de Jagai y Zejariá sobre la necesidad de continuar construyendo el Templo (Segundo) a pesar de que no había permiso para hacerlo, después de que Koresh, Ciro hubiera cancelado su construcción como consecuencia de la carta de denuncia de los adversarios de Iehudá. Zerubabel y Yehoshua efectivamente se levantaron y construyeron el Templo sin permiso del rey. En ese capítulo se relata que Tatnai, el sátrapa gobernante de toda la región del otro lado del río por parte del emperador persa, vino con su ayudante y observó la construcción del Templo. Les preguntó a los constructores quién les había dado permiso para continuar construyendo el Templo, y tomó los nombres de los líderes de la construcción para poder llevarlos a juicio cuando llegara el momento. Los ancianos judíos le propusieron que consultara al rey si podían continuar construyendo basándose en la declaración de Koresh antes de que fuera cancelada. Aún no habían recibido respuesta, pero la sombra de un nuevo decreto planeaba en el aire.

Los retornados a Tzión ya habían sido defraudados una vez en sus esperanzas de la renovada construcción del Templo, luego de que la carta de denuncia de los adversarios de Iehudá surtiera su efecto. ¿Continuarían lamentando por la primera destrucción siendo que el nuevo proceso de construcción no era más que una ilusión, o bien Dios aceptaría su construcción y la época de la construcción reemplazaría a la época de la destrucción? ¡Esta es una pregunta para el profeta!

El final de la larga respuesta del profeta es:

"Así ha dicho el Señor de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto mes, el ayuno del séptimo mes y el ayuno del décimo mes se convertirán para la casa de Iehudá en gozo y alegría y fiestas alegres; Amen, pues, la verdad y la paz" (capítulo 8, versículo 19).

Volver al capítulo

También el rey necesita equilibrios

Zejariá viene a enseñarnos que se necesitan equilibrios, incluso en el poder, la grandeza y la fuerza del rey, y que también hay ventajas en un rey que sea "humilde, montado en un asno" (versículo 9).

"Regocíjate sobremanera, hija de Tzión. Da voces de júbilo, hija de Ierushalaim. He aquí, tu rey viene a ti, justo y dotado de salvación, humilde, montado en un asno, en un borrico, hijo de asna" (versículo 9).

El rey que describe Zejariá es esencialmente diferente a todos los reyes que conocemos. Cuando Shmuel amenaza al pueblo con la ley del rey, les dice: — "tomará a vuestros hijos y los pondrá en sus carros y entre su caballería, para que corran delante de su carro" (Shmuel I, capítulo 8, versículo 11). Parte de la descripción de la grandeza de Shlomó incluye el detalle de la cantidad de caballos que tenía (Melajim I, capítulo 5, versículo 6), y es evidente que el simple hecho de montar a caballo y poseerlos expresa poder, gobierno, autoridad y dominio.

¿Por qué entonces promete Zejariá que el rey que el Señor enviará será humilde (¿modesto, o realmente muy pobre?) y montará en un asno? ¿Acaso queremos realmente un líder débil? ¿Pobre? ¿Montado en un asno? ¿Se puede dirigir así a un pueblo? ¿A un Estado? Seguramente todo es una cuestión de proporciones.

En la época del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo hubo en el reino de Iehudá e Israel muchos reyes que montaban a caballo. Reyes ricos, hijos de ricos, que hacían grandes esfuerzos por ser fuertes y parecer fuertes. No eran pobres ni tampoco humildes. Todos sabemos cómo terminó eso.

Zejariá propone aquí una alternativa: no más "líder fuerte", no más "gran rey que se hace un carro y caballos y tiene hombres corriendo delante de él". Un líder que es uno del pueblo, pobre, modesto, montado en un asno. ¿Ocurrió esto en la realidad? Es dudoso. ¿Puede ocurrir? Es muy dudoso. Si es así, ¿cuál es el propósito de las palabras de Zejariá?

Quizás viene a enseñarnos que se necesitan equilibrios, incluso en el poder, la grandeza y la fuerza del rey. Y que también hay ventajas en un rey que sea "humilde, montado en un asno."

Gentileza sitio 929

Volver al capítulo

El exilio de las diez tribus

"Y dije ¿qué es? Esta es la efá que sale. Y añadió: Estos ojos por toda la tierra. Y he aquí una tapa de plomo fue levantada, y abía una mujer sentada dentro de la efá.  Entonces dijo: esta es la maldad. Y la arrojó al interior de la efá y arrojó la tapa de plomo sobre su abertura " (Zejariá, capítulo 5, versículos 6-8)   

Le mostró el exilio de las diez tribus que ya habían sido exiliadas, que están sumidas en el exilio, y le mostró una efá que es una medida, queriendo decir que Dios les midió medida por medida, pues así como ellos obraron prolongando muchos días en su maldad desde el día en que se dividió el reino hasta el día en que fueron exiliados, y no hubo entre todos sus reyes ninguno que los hiciera volver al buen camino sino que todos anduvieron por mal camino, y así como ellos prolongaron en el mal, así estarán en el exilio muchos días — esta es la medida por medida. Por ello el profeta vio la efá, que es una medida.

Además el ángel le explicó y le dijo "estos ojos por toda la tierra", queriendo decir que esta efá que ves indica que hay un ojo sobre ellos que ve sus actos, y así ve en toda la tierra, como se dijo más arriba: "los ojos del Señor recorren toda la tierra" (Zejariá, capítulo 4, versículo10). ... Y la tapa de plomo indica que se les agravará y se les hundirá en el exilio.

Radak — Rabí David ben Iosef Kimji, vivió en el sur de Francia entre los años 1160-1235. Se hizo célebre como gramático a través de su obra Mijlol, y se dedicó extensamente a la filosofía y las ciencias. Escribió un comentario al Tanaj sobre los libros de Bereshit, Neviim Rishonim, Neviim Ajaronim, Tehilim-Salmos y Divrei Haiamim-Crónicas. Su comentario trata extensamente cuestiones de lengua, vocalización, masorá e interpretación de las palabras. También aborda la cuestión de la composición de los libros y la época de los profetas, preguntas históricas y geográficas, así como polémicas con la interpretación cristiana de las Escrituras.

Volver al capítulo

En elogio de la verdad

La exigencia central de Zejariá al pueblo durante la construcción del Templo no gira en torno a los sacrificios, sino en torno a la cualidad de la verdad. Así también en la Akedat Itzjak (el sacrificio de Itzja), el Señor no pidió la ofrenda — a Itzjak —, sino el corazón de Abraham, para probar si era verdadero.

El capítulo 8 trata extensamente la respuesta detallada del profeta a la pregunta de si continuar llorando en el mes de Av por la destrucción, o si había llegado el tiempo de la redención. El núcleo de su respuesta, como continuación de la respuesta de Yeshaiahu (58) a una pregunta similar sobre el ayuno de Yom Kipur, es que lo esencial del "ayuno" no es la abstención de comer y beber, sino la corrección de los actos que causaron la destrucción, y así el ayuno quedará rectificado. La exigencia central de Zejariá al pueblo:

"Estas son las cosas que deben hacer: digan la verdad unos a otros, juzguen con verdad y con juicio de paz en vuestros portones. No tramen en vuestro corazón el mal uno contra otro, ni amen el juramento falso; porque todas estas cosas son las que odio, declara el Señor" (versículos 16-17)

Nótese: Zejariá no advierte al pueblo del terrible pecado de la idolatría, y pareciera que de aquí deducen los Sabios (Yomá 69b) que en los días del Segundo Beit HaMIkdash, el Segundo Gran Templo el impulso hacia la idolatría fue anulado del pueblo. Zejariá tampoco habla, al tratar la construcción del Templo, en elogio de los sacrificios, sino en elogio de la verdad.

Pareciera que en sus palabras hay una nueva lectura del relato de la Akedá, el acontecimiento que santificó el monte Moriá para todas las generaciones bajo la proclamación de "El Señor proveerá" (Bereshit, capítulo 22, versículo14). Con el mandato de "no extiendas tu mano sobre el joven" (Bereshit, capítulo 22, versículo 12) quedó revelado que el Señor no pedía la ofrenda, a Itzjak. Pedía el corazón de Abraham, para probar si era verdadero. Si la disposición de Abraham a servir al Señor era plena y auténtica, o si acaso había en ella alguna falsedad que detuviera la fidelidad de Abraham a su Dios en el momento en que esto se tornara difícil.

Tanto sobre Abraham en el monte Moriá como sobre la exigencia de Zejariá al pueblo durante la construcción del Templo, pareciera que podemos leer el versículo:

"¿Quién subirá al monte del Señor, y quién estará en Su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro, que no ha alzado su alma a la vanidad ni ha jurado con engaño" (Tehilim, Salmos, capítulo 24, versículos 3-4)

Volver al capítulo

¿Crítica o consuelo?

¿Cuándo fue pronunciada la profecía del capítulo 9? ¿Y cuál es el sentido de la profecía "He aquí tu rey viene a ti... humilde, montado en un asno" en su contexto?

Zejariá profetiza en el año segundo de Dariavesh, Darío (522 a.e.c.), pero la profecía del capítulo 9 es difícil de leer en ese período. El capítulo comienza con la mención de los lugares Damasco, Aram, Tzor y Tzidón. Aram y Damasco son mencionadas al comienzo de la profecía, pero en el año 732 a.e.c. los asirios exiliaron Damasco y la destruyeron, de modo que en la época de Zejariá no debería existir Damasco. Lo mismo ocurre con Tzor y Tzidón, que fueron destruidas por los asirios en el año 720 a.e.c., 200 años antes de la época de Zejariá. Y no solo eso, sino que Zejariá solicita en la profecía lo que ya había ocurrido: — "He aquí, el Señor la despojará, arrojará al mar su ejército y ella será consumida por el fuego" (versículo 4). También la división que crea Zejariá entre el reino de Israel y el reino de Iehudá (versículo 10) resulta extraña para el período en que profetiza Zejariá y no se corresponde con el tiempo de su profecía.

Es probable que la profecía que tenemos ante nosotros sea una profecía antigua de los días de Amós y Hoshea. El período en que estos acontecimientos tienen lugar está próximo al tiempo de la profecía de esos profetas, y es razonable que Zejariá haya citado una profecía conocida de los días de Yarobam ben Yoash.

Ahora es posible comprender las palabras de la profecía sobre el rey descrito como— "humilde, montado en un asno" (versículo 9) de dos maneras:

Cuando las palabras fueron pronunciadas en la época de Amós, el profeta pretendía criticar a los estratos superiores del pueblo, que son— "los que ansían el día del Señor" (Amós, capítulo 5, versículo 18) y habitan en casas de marfil. El profeta de la época de Yarobam ben Yoash profetiza que el rey que traerá la paz es precisamente un rey pobre, que vendrá montado en un asno — las casas de marfil y la riqueza desmedida no redimirán al pueblo de Israel, sino todo lo contrario. Esta crítica encaja perfectamente con la profecía de Amós: -"Los que se acuestan en camas de marfil y se arrellenan en sus divanes, que comen corderos del rebaño y terneros del establo... por eso ahora irán al frente de los que van al exilio" (Amós capítulo 6, versículos 4-7).

Zejariá, en cambio, utiliza esta profecía con un propósito completamente opuesto. En el contexto de los días del Retorno a Tzión se trata de una gran profecía de consolación. Aun cuando la situación económica es precaria y existe la sensación de que el proceso de redención que había comenzado se ha detenido, precisamente entonces Zejariá proclama que el rey que nos redimirá es un rey pobre, uno del pueblo que montará en un asno, animando así al pueblo a ver en ello la redención que se aproxima.

Resumido y editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído de la clase dictada en las jornadas de estudio de Tanaj

Volver al capítulo

En la senda de los primeros profetas

Muchos han señalado las diferencias entre los profetas del período del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo y los profetas "primeros". Sin embargo, resulta que aquí Zejariá continúa precisamente el camino de los profetas del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo.

El pueblo le pregunta a Zejariá en el capítulo 7 sobre la abolición de los ayunos de la destrucción, y Zejariá responde en nuestro capítulo con una respuesta compleja: "Estas son las cosas que deben hacer: digan la verdad unos a otros, juzguen con verdad y con juicio de paz en vuestros portones. No tramen en vuestro corazón el mal uno contra otro, ni amen el juramento falso; porque todas estas cosas son las que odio, declara el Señor" (versículos 16-17).

Zejariá sostiene que la abolición de los ayunos no está relacionada únicamente con la construcción del Templo y el retorno a Tzión, sino también con la conducta moral del pueblo, y así también cierra sus palabras: "Amen, pues, la verdad y la paz" (versículo 19). Zejariá sigue aquí el camino de los "profetas primeros" (capítulo 7, versículo 12), quienes criticaron el cumplimiento del culto sin un comportamiento moral básico (Amós, capítulo 5, versículos 21-25; Mijá, capítulo 6, versículos 7-8; Yeshaiahu, capítulo 1, versículos 10-20; y otros).

En el capítulo 8, Zejariá emplea expresiones que recuerdan notablemente las profecías de Irmiahu: " He aquí que confían en palabras mentirosas, que no (las) pueden aprovechar. ¿Hurtan, matan y cometen adulterio, juran en falso y queman incienso a Báal, y andan tras otros dioses que no conocen; y luego vienen y se ponen delante de Mí, en esta casa que es llamada de Mi Nombre, y dicen: "Ya somos librados"; para seguir practicando todas esas abominaciones? (Irmiahu, capítulo 7, versículos 8-10). Y también: "Cuídese cada uno de su prójimo, y ninguno confíe en su hermano; porque todo hermano seguramente engañará, y todo prójimo andará chismeando. Engañan cada cual a su prójimo, y no dicen la verdad; han avezado su lengua a hablar mentiras; han agotado sus fuerzas con sus iniquidades " (Irmiahu, capítulo 9, versículos 3-4).

Zejariá continúa la línea ideológica de los profetas "primeros" y no innova nada que sus predecesores no hubieran dicho. Zejariá utiliza intencionalmente las profecías de Irmiahu, el último profeta que el pueblo recuerda y conoce. Las utiliza para alentar al pueblo a escuchar sus palabras y recordar qué le ocurrió a la generación que no escuchó a Irmiahu, y qué está destinado a acontecer en la generación actual: "Tal como me propuse hacerles mal cuando vuestros padres Me hicieron enojar, dice el Señor de los ejércitos, y no Me he arrepentido; así me he propuesto en estos días volver a hacer bien a Ierushalaim y a la casa de Iehudá. ¡No teman!" (14-15)

Volver al capítulo

Pages

x