Síntesis del capítulo, Zejariá 6

La octava visión: la visión de los carros (Versículos 1-8)

La última visión en el libro de Zejariá se conecta directamente con la primera visión. También aquí, como en la primera visión, el profeta ve caballos de colores, y esta vez con carros: "Del primer carro tiraban caballos rojos, del segundo carro caballos negros, del tercer carro caballos blancos y del cuarto carro caballos manchados" (versículos 3-4). Zejariá pregunta al ángel el significado de la visión, y él explica: "Estos son los cuatro vientos del cielo que salen después de presentarse ante el Señor de toda la tierra" (versículo 5). La visión concluye con el grito del ángel a Zejariá: "Mira, los que salen hacia la tierra del norte aplacan Mi espíritu en la tierra del norte" (versículo 8). Si bien no hay explicación sobre el significado de aplacar el espíritu del Señor en la tierra del norte, se desprende que la intención es la ira de Dios que se desatará en la tierra del norte, tal como interpretaron algunos exegetas, entre ellos el comentarista Baal HaMetzudot: "Ellos apaciguaron mi enojo que tenía en la tierra de Bavel, pues al vengarse de ella mi enojo se calmó."

El acto de las coronas (Versículos 9-15)

El profeta es ordenado a tomar plata y oro "de Jeldai, de Tobiá y de Yedaiá", los hijos del exilio que vinieron de Bavel, para convertir la plata y el oro en coronas, y colocarlas en la cabeza de Yehoshua el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote. Este acto simbólico va acompañado de la profecía: "He aquí un hombre cuyo nombre es Tzemaj (retoño), porque detrás de él brotará y reedificará el templo del Señor. Y él reedificará el templo del Señor, y él se llenará de gloria y se sentará y gobernará en su trono. Y habrá un (sumo) sacerdote constituido y habrá consejo de paz entre ellos dos" (versículos 12-13), es decir, en paralelo a Yehoshua surgirá un redentor que traerá la construcción del Templo, y habrá consejo y paz entre ellos. No queda claro si el profeta se refiere a Zerubabel o a un líder futuro de la casa de David. El profeta cierra la profecía con una visión futura respecto al Templo, con una advertencia junto a ella: "Y los que están lejos vendrán y reedificarán el Templo del Señor. Entonces sabrán que el Señor de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Cuando escuchen obedientemente la voz del Señor vuestro Dios" (versículo 15).

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Síntesis del capítulo, Zejariá 5

La sexta visión: la visión del rollo que vuela (Versículos 1-4)

El profeta ve un rollo que vuela. El ángel pregunta a Zejariá "¿Qué ves?", y el profeta responde: "Veo un rollo que vuela; su longitud es de veinte codos y su anchura de diez codos" (versículo 2). El profeta no pregunta el significado de la visión, y el ángel explica de inmediato: "Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra" (versículo 3), es decir: esta es la maldición que sale de la tierra y llegará a quienes roban y juran en falso. La maldición morará en la casa de los pecadores: "y pasará la noche dentro de su casa y la consumirá junto con sus maderas y sus piedras" (versículo 4).

La séptima visión: la visión de la efá (Versículos 5-11)

La visión de la efá (una Antigua unidad de medida para productos secos, equivalente a 22 litros) se divide en dos partes. En primer lugar, el profeta ve una efá (un recipiente con una medida de volumen de una efá) que sale de la tierra, y una mujer sentada dentro de la efá. El ángel explica a Zejariá el significado de la visión: "Esta es la Maldad. Y la arrojó al interior de la efá y arrojó la tapa de plomo sobre su abertura" (versículo 8). En la siguiente etapa de la visión, Zejariá ve dos mujeres que tienen alas como las de una cigüeña, "y alzaron la efá entre la tierra y el cielo" (versículo 9). El profeta pregunta al ángel adónde llevan las mujeres la efá, y el ángel responde: "A la tierra de Shinar para edificarle allí una casa; que ya está preparada, y será asentada allí sobre ese lugar" (versículo 11). El significado de la visión es que se "tapa la boca" de la Maldad y se la traslada de la tierra de Israel a Bavel, Babilonia.

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La pelea interna entre la pereza y la diligencia. Parashat Tzav

Preguntas para debatir y realizar una actividad adaptada al tema:

Actividad de la excusa y la respuesta: Divídanse en parejas. Piensen en una situación en la que hay que hacer algo: estudio de Torá, tefila, honrar a los padres, visitar a un enfermo u otro ejemplo. Uno de los integrantes de la pareja representa a "la pereza" y presenta una excusa razonable (lluvia, cansancio, falta de tiempo), y el otro representa a "la diligencia" e intenta encontrar una buena respuesta a cada excusa.

En el video mencionamos a Abraham avinu y a Rivká imenu, que corrieron a hacer un acto de bondad. ¿Qué creen que los impulsó a apresurarse? ¿Fue el temor a perder la oportunidad, o el amor por la acción? ¿Cómo podemos generar ese "motor" en nosotros?

"La acción exterior despierta la interior": ¿Les ha pasado que comenzaron a hacer algo sin ganas (como entrenar o preparar las clases), y precisamente en movimiento sintieron que la energía llegaba? ¿Cómo se puede usar esta técnica en momentos de crisis?

De cara a Pesaj: "mitzvá haba'a leiadja al tajmitzenah" — "si se te presenta una mitzvá, no la pierdas". La palabra tajmitzenah está relacionada también con jametz (algo que fermenta y se echa a perder con el tiempo). ¿Cuál es la relación entre postergar una acción y su "deterioro"?

 

Fuentes:

Bereshit (Génesis 18:6)

Bereshit (Génesis 24:20)

Vaikrá (Levítico 6:2) — (Rashí allí)

Zvajim 35 a

Mesilas Iesharim, capítulos 6-9 (La virtud de la diligencia)

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Cooperación

¿Cuál debe ser la relación entre el líder político y el líder espiritual? ¿Y cuál es el objetivo de estos dos líderes en la época del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo?

Yehoshua es el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote, mientras que Zerubabel es el líder político ("Gobernador de Iehudá"). Zejariá transmite a Zerubabel un mensaje según el cual el liderazgo político debe estar subordinado al liderazgo espiritual, y que no la bravura ni la fuerza, sino el Espíritu es lo esencial. Este es un mensaje fundamental en el judaísmo y la esencia de la profecía.

La visión que Zejariá contempla en este contexto es la visión del candelabro con sus siete lámparas y los dos olivos. Los dos olivos son recipientes de aceite colocados sobre el candelabro que gotean aceite hacia su interior. Tal como lo interpretaron los comentaristas a la luz de los versículos posteriores, los dos ungidos — es decir, los olivos — aluden a la realeza y al sacerdocio, es decir, Yehoshua y Zerubabel. Tanto el líder político como el Cohen Gadol son ungidos con aceite, razón por la cual la metáfora les es apropiada. El significado de la visión es que ambos deben actuar juntos hacia un objetivo común. Así como los dos olivos se encuentran a ambos lados del mismo candelabro y le alimentan el aceite conjuntamente — un olivo a la derecha de la vasija y el otro a la izquierda — así también el sacerdocio y la realeza deben actuar en armonía y sin tensiones. No como polos de conflicto, sino mediante la cooperación entre los dos líderes. También Jagai en su profecía (Jagai 2) los ve actuando conjuntamente y profetiza sobre ambas figuras en la misma profecía.

Ahora bien, si examinamos hacia qué objetivo actúan — tanto en la profecía de Jagai como en la de Zejariá — la respuesta será que la construcción del Templo es la meta por la cual Yehoshua y Zerubabel trabajan. Las manos de Zerubabel han puesto los cimientos de esta casa, y sus manos la acabarán. El significado del asunto es que también al líder político le corresponde un papel central en la construcción del Templo. Y en efecto, ya nuestros Sabios nos enseñaron que el nombramiento de un rey es un precepto preliminar a la construcción del Santuario, y lo dedujeron de David en relación con la implicación del rey en este asunto.

Asimismo, observemos que solo este objetivo aparece en el contexto de su labor. Y en efecto, la construcción del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo difiere esencialmente de la construcción del Primer Templo en que el núcleo de la redención se centra en el Templo. En el Primer Beit HaMikdash, el Primer Gran Templo, se estableció una entidad política independiente: Israel entró a la tierra, la habitó y estableció en ella un hogar nacional. Solo después de más de cuatrocientos años fue construido el Templo. En el Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo, en cambio, no hay independencia política sino solo una autonomía parcial bajo el amparo de reyes extranjeros, no hay realeza de la casa de David, ni siquiera la congregación de las diásporas, y lo único que existe es la construcción del Templo.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica Har Etzion.

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¿Quién es el Satán?

"Entonces me mostró al Sumo Sacerdote Yehoshua, que estaba delante del ángel del Señor, y el Satán estaba a su derecha para acusarlo" (Zejariá, capítulo 3, versículo 1)

¿Acaso el Satán es una figura humana, a semejanza de los enemigos que oprimen a Israel? ¿O acaso es un ser supremo, fiscal en el tribunal celestial? Si observamos a los comentaristas, veremos que existen distintas opiniones.

Radak (Rabí David Kimhi): El Satán es una alegoría de Sanbalat y sus compañeros, que los hostigaban y les interrumpían su labor.

Malbim (Meir Leibush ben Yehiel Michel Wisser): Vio en la profecía cómo Yehoshua estaba de pie ante el ángel del Señor, que lo juzgaba por sus acciones, y el Satán, que es el fiscal, estaba a su derecha para acusarlo, pues el que alega en contra se sitúa a la izquierda del ángel juez, que es la derecha de Yehoshua, quien está de frente a él. Y aquí se explica que había sobre Yehoshua dos tipos de juicios: un juicio sobre sí mismo, por el que había alguna acusación en su contra, y esta acusación ya existía en el momento en que fue arrojado al horno de fuego (lo cual ocurrió en tiempos remotos), cuando fue sometido a juicio para determinar si merecía que se le hiciera un milagro por medio del ángel, y entonces el Satán lo acusó... También vio que había sobre él un segundo juicio: si serviría en el sumo sacerdocio. Y explicaron los Sabios que esto se debía a que sus hijos habían tomado mujeres extranjeras.

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¿Cuál es la fuente de la energía?

¿Por qué le resultó difícil a Zejariá comprender la visión de la Menorá, el candelabro, cuyo propósito aparente es enseñar sobre la reinauguración del Templo? De un análisis cuidadoso del texto se puede ver que Zejariá se asombró principalmente por la manera en que la Menorá de la visión alumbra — sin intervención de mano humana. El ángel le enseña que la energía nacional se toma de una fuente superior.

Zejariá describe la visión de la Menorá de oro que se le revela: "He aquí, que he visto un candelabro todo de oro con la vasija en la parte superior, y sus siete lámparas encima, con siete tubos para las lámparas que tiene arriba; y junto a él dos olivos, uno a la derecha de la vasija y el otro a la izquierda" (versículos 2-3). El propio Zejariá no comprende el significado de su sueño y pregunta al ángel que habla con él: "¿Qué es esto, señor mío?" (versículo 4), y aun después de la 'reprimenda' del ángel: "¿Acaso no sabes qué es esto?" (versículo 5), insiste nuevamente: "No, señor mío" (versículo 5.).

En apariencia no está claro: ¿en qué se dificultó tanto Zejariá? La solución del sueño es sumamente sencilla, y su propósito es anunciar que al final, a pesar de todos los retrasos y las crisis, el Templo será inaugurado y en él arderá la Menorá de oro para honor y gloria.

Pero si analizamos cuidadosamente los textos, descubriremos que la pregunta de Zejariá "¿Qué es esto, señor mío?" no se refiere al candelabro en sí mismo — sobre el cual habría sido correcto preguntar: "¿Qué es éste?" — sino a los detalles que se le añaden: la gulá (vasija), que es el recipiente de aceite colocado sobre el candelabro; los mutzakot (tubos), que son los conductos que hacen fluir el aceite desde la vasija hacia las lámparas; y sobre todo, los dos olivos que se exprimen por sí solos y derraman su aceite hacia la vasija.

Zejariá se pregunta entonces cuál es el significado de esta "construcción automática" que permite a la Menorá arder por sí sola sin intervención de mano humana, y cuál es su equivalente en la Menorá de oro del Templo, que era encendido, como es sabido, por los Cohanim, los sacerdotes hijos de Aharón y no por el cielo.

Y quizás hay algo aún más profundo: en el asombro de Zejariá se oculta la pregunta: ¿cuál es la fuente de energía? ¿De dónde se toma la fuerza para superar todos los obstáculos? ¿Cómo es posible merecer inaugurar el Templo y encender el candelabro, cuando tantos buscan apagar su luz?

Ahora se comprende la respuesta del ángel: "No por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos" (versículo 6). El ángel responde que la energía nacional para la realización del objetivo no puede tomarse de una fuente personal y privada, sino únicamente de una fuente superior, del mismo modo que la luz de la Menorá emana de la fuente de la santidad. Debemos esforzarnos y encender la Menorá con la fuerza de la energía que fluye sobre nosotros y corre en nosotros, desde el espíritu del Señor que está sobre nosotros.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído de la serie “Meat Min Haor”, editorial Biblioteca Beit El en cooperación con el movimiento Orot.

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Hacia Roma y de regreso

Exactamente dos meses después de la fundación del Santuario del Señor, Zejariá profetizó una larga profecía cuyo núcleo es el retorno del carro de la Shejiná (la divinidad) a Ierushalaim.

Cuando Jagai pronunció sus profecías ("En el año segundo de Darío... en el sexto mes..."), aparentemente Zejariá ya estaba a su lado y era partícipe de su profecía; dos meses después, Zejariá pronunció una profecía que continúa la de Jagai — "En el octavo mes del año segundo de Darío..." (capítulo 1, versículo 1) — exactamente como maestro y discípulo en profecía.

Y exactamente dos meses (el veinticuatro de Shvat) después de la fundación del Santuario del Señor (descrita al final de Jagai), Zejariá profetizó la profecía de las visiones (Zejariá, capítulo 1, versículo 7 hasta capítulo 6, versículo 8) — una larga profecía de consuelo y salvación, cuyo núcleo es el retorno del carro de la Shejiná a Ierushalaim con la conclusión de la construcción del Templo. Esta profecía incluye una serie de visiones — "He visto esta noche" — en cuyo centro se halla: " ‎un candelabro todo de oro con ‎la vasija en la parte superior, ‎y sus siete lámparas encima... y junto a él dos olivos " (capítulo 4, versículos 2-3).

La primera visión es la visión de los caballos que recorren la tierra — "rojos, castaños y blancos" (capítulo 1, versículos 8-11) — mientras que la última visión (capítulo 6, versículos 1-7) es la de los cuatro carros con caballos de colores similares — "rojos... negros... blancos... overos-alazanes." Estos colores se ven en el cielo, y se pasean por la tierra, únicamente al amanecer y al atardecer. Las visiones de Zejariá describen un amanecer.

La clara conexión entre las visiones, la primera y la última, me llevó a organizar todas las visiones que vio Zejariá en la profecía como una estructura de la menorá (candelabro) del Templo — los caballos y los carros como los dos brazos en los dos extremos, que se unen en el cuerpo de la menorá.

Un Shabat me encontré con el Rav Mordejai Breuer z"l — en respuesta a mi pregunta: ¿qué hay de nuevo? Me contó sobre su visita al Arco de Tito, en Roma. Le pregunté: ¿y qué viste? — Frente a la menorá que los judíos derrotados cargaban hacia Roma, ¡están representados caballos! Símbolos del dominio del emperador sobre el mundo — y he aquí que yo, Mordejai Breuer, estoy allí parado y veo nuevamente las visiones de Zejariá — después de miles de años, los caballos volvieron al "Señor de toda la tierra" (capítulo 6, versículo 5), y la menorá volvió a Ierushalaim como símbolo del Estado de Israel.


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Mirar hacia adelante y no desesperar

La figura de Yehoshua, el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote puede servir de modelo, señal y ejemplo para todos los sobrevivientes. En lugar de atrincherarse y hundirse en los abismos del dolor, la desesperación y la pérdida por el mundo que fue, Yehoshua, el Cohen Gadol, elige mirar hacia adelante, hacia el futuro, sin desesperar.

En la conciencia del aficionado promedio al Tanaj, el nombre Yehoshua se asocia con Yehoshua bin Nun. Pero junto a él destaca en el texto bíblico la figura de Yehoshua ben Yehotzadak, el Cohen Gadol que vivió en los días del profeta Zejariá, en los albores del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo. Yehoshua es un sobreviviente, "un tizón arrebatado del fuego" (versículo 2), hijo de la "segunda generación" de la catástrofe de la destrucción del Primer Beit HaMikdash, el Primer Gran Templo. Es posible que su padre, Yehotzadak, haya estado entre los exiliados que vieron y vivieron en carne propia la primera destrucción (Divrei HaIamim, Crónicas I, capítulo 5, versículo 41).

Su figura puede servir de modelo, señal y ejemplo para todos los sobrevivientes. En lugar de atrincherarse y hundirse en los abismos del dolor, la desesperación y la pérdida por "el mundo que fue", de llorar sin fin a todos los que perecieron en la gran destrucción y de perder toda esperanza, Yehoshua el Cohen Gadol elige mirar hacia adelante, hacia el futuro.

El Satán, el Satán de la desesperación y la pérdida de la fe, todavía "estaba a su derecha para acusarlo" (versículo 1), reprochándole que "todo está perdido", que "ya no tiene sentido", tentándolo a abandonar su herencia que se ha revelado como vana y que conduce a la perdición.

Pero Yehoshua no cede. Se quita "las ropas sucias" (versículo 4) (que según la tradición de los Sabios y las traducciones se expresaban en la asimilación de sus hijos), aparta a un lado el pasado terrible y se viste con galas nuevas, limpias, puras. Con la ayuda de sus compañeros, "hombres dignos" (versículo 8), busca construir una nueva casa que se rija sobre los cimientos de la justicia y la rectitud ("Si anduvieran en Mis caminos, y si guardaran Mis ordenanzas, también tú gobernarás Mi casa; además tendrás a tu cargo Mis atrios"; versículo 7), y que sea luz para las naciones.

Yehoshua el Cohen Gadol reconstruye, junto a Zerubavel, el Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo, y trabaja con él en armonía para el asentamiento de la tierra, el establecimiento de sus instituciones y la creación de un mundo nuevo y mejor. Siguiendo sus pasos, subirá con el tiempo a la tierra de Israel también su sobrino, Ezrá el escriba, y renovará la herencia espiritual del pueblo, que incluso en el exilio nunca perdió la esperanza de regresar a la tierra de Tzión y Ierushalaim, y de fundar en ella una sociedad ejemplar que sea luz para las naciones.


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No despreciar el día de las pequeñeces

Zejariá le enseña al pueblo algo que en el futuro será la clave para la existencia del pueblo judío tanto en el exilio como en su retorno a la tierra: no se debe despreciar el día de las pequeñeces, porque de muchos días pequeños como esos termina brotando algo grande.

"Pues aquellos que han menospreciado el día de las pequeñeces, se alegrarán cuando vean la piedra de la plomada en la mano de Zerubabel" (versículo 10).

¡Cuán difícil es el largo y prolongado proceso cuya única meta es algo imperfecto, que quizás no llegue a prosperar del todo! Los profetas del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo y sus líderes tuvieron que enfrentarse a dificultades enormes.

La mayor parte del pueblo permaneció en el exilio, donde el éxito material era, al parecer, considerable. Aquí, en la tierra, estaban los más humildes del pueblo. Ellos sabían que eran los más humildes, sabían que les resultaba difícil y que quizás en Bavel, Babilonia era más fácil. Debían enfrentarse a las dificultades cotidianas — el sustento, enemigos internos, enemigos externos. No era fácil aquí en esta tierra.

También sabían que aquí había existido en el pasado algo glorioso, a cuyo nivel probablemente nunca lograrían llegar. Les decían que aquí había sido hermoso antes de que ellos nacieran, y que todo había sido simplemente maravilloso unas décadas atrás. Pero Zejariá no se deja impresionar por nada de esto.

Zejariá exige al pueblo que tome en serio "el día de las pequeñeces". El día en que Zerubabel comienza las mediciones con la piedra de la plomada. Mediciones que al final darán lugar a un Templo en el corazón de Ierushalaim. Un Templo probablemente menos glorioso que el que aquí existió alguna vez. También el culto en él no alcanzará el nivel del Primer Beit HaMikdash, el Primer Gran Templo, y aún se esperan muchas dificultades — y sin embargo.

Zejariá le enseña al pueblo algo que en el futuro será la clave para la existencia del pueblo judío tanto en el exilio como en su retorno a la tierra: no se debe despreciar el día de las pequeñeces, porque de muchos días pequeños como esos termina brotando algo grande — el nacionalismo hebreo en la tierra de Israel.


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No en el cielo

El libro de Zejariá constituye una etapa intermedia entre la profecía antigua y la profecía de los libros externos (textos antiguos de temáticas bíblicas que no fueron incluidos en el canon). Si bien Zejariá contempla visiones de la corte celestial, el foco central es la redención de Israel en la tierra.

El profeta Zejariá es uno de los profetas del Segundo Beit HaMikdash, el segundo Gran Templo, y su profecía difiere de la de los profetas del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo. Intentaremos presentar su profecía y su lugar en la historia de la profecía.

Pareciera que el gran mensaje de los profetas del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo es: ¡Dios habla con el hombre! Y he aquí que en los tiempos del Segundo Templo surge una profecía diferente: "Entonces dije: ¿Quiénes son éstos, mi Señor? Y el ángel que hablaba conmigo me dijo: Te mostraré quienes son éstos" (versículo 9), y también: "Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué son éstos? Y él me dijo" (capítulo 2, versículo 2). Zejariá, en su mayor parte, no habla directamente con la Divinidad sino a través de un ángel intermediario. Esto no puede describirse simplemente como un nexo técnico. El significado del ángel intermediario es la expresión de una sensación de distanciamiento del hombre y del profeta respecto a su Dios. Junto con este cambio vienen otros cambios adicionales.

La profecía de Zejariá es una secuencia de visiones, la primera de las cuales aparece en nuestro capítulo:

"He visto esta noche a un hombre que iba montado en un caballo rojo; él estaba entre los mirtos que había en la hondonada, y detrás de él, caballos rojos, castaños y blancos. Entonces dije: ¿Quiénes son éstos, mi Señor? Y el ángel que hablaba conmigo me dijo: Te mostraré quienes son éstos. Y el hombre que estaba entre los mirtos respondió y dijo: Estos son los que el Eterno ha enviado a recorrer la tierra. Y ellos respondieron al ángel del Eterno que estaba entre los mirtos y dijeron: Hemos recorrido la tierra..." (versículos 8-11).

En la profecía de los profetas del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo, casi no hay visiones. El profeta Yeshaiahu contempla ciertamente en la visión de su consagración al Señor en Su templo, pero esto no tiene mayor presencia en sus profecías. Irmiahu tiene visiones, pero no son visiones místicas sobre lo que ocurre en los cielos, sino visiones sobre lo que acontecerá en el futuro cercano. En el libro de Yejezkel ya existen visiones, y este libro es cercano en tiempo y contenido a la profecía de Zejariá. Intentaremos describir la profecía de Zejariá dentro de la secuencia de la historia de la profecía.

En los tiempos del Segundo Beit HaMikdash, hubo quienes sostuvieron que la revelación continuaba, y en aquellos días se escribió una vasta literatura que los hombres de la Gran Asamblea consideraron indigna de permanecer en el acervo de libros del pueblo judío. Entre esos libros ocupa un lugar central la literatura de Janoj (textos apócrifos y místicos atribuidos a Janoj). La literatura de Janoj se centra en las visiones de la corte celestial, y los ángeles y su mundo tienen un lugar preponderante en dicha literatura. Pareciera que la literatura de Janoj es, en su esencia, lo opuesto a la doctrina de la profecía antigua. Los profetas antiguos casi no describen lo que hay en los cielos, ni tampoco describen experiencias místicas. ¡Ellos proclaman al hombre la palabra de Dios sobre la tierra! Claman contra la maldad y la injusticia, y llaman a no escapar hacia una religiosidad de vivencias y misticismo.

La literatura de Janoj es una huida del hombre de la realidad hacia la ilusión celestial, y en eso es lo opuesto de la doctrina de la profecía antigua. Cuando los hombres de la Gran Asamblea y Jazal, nuestros Sabios de Bendita Memoria, arrojaron esta extensa literatura al baúl de la guenizá (una especie de depósito para almacenar objetos y materiales sagrados en desuso), continuaron con la tradición de la profecía antigua, de un judaísmo cuyo centro está en la tierra, y con ello pusieron al judaísmo sobre sus pies, permitiendo con su espíritu santo que el judaísmo continuara otros dos mil años de exilio.

El libro de Zejariá constituye una etapa intermedia entre la profecía antigua y la profecía de los libros externos. El profeta Zejariá se ve a sí mismo como continuador de los profetas del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo, y así lo expresa en las palabras de apertura del libro: "No sean como vuestros padres, a quienes los antiguos profetas proclamaron, diciendo: Así dice el Señor de los Ejércitos: 'Retornen ahora de vuestros malos caminos'" (versículo 4). Si bien Zejariá contempla visiones de la corte celestial, el foco es la redención de Israel en la tierra. La profecía de Zejariá comienza con visiones y un ángel intermediario, pero siempre concluye con la palabra del Señor como los profetas del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo, y así concluye nuestro capítulo: "Así dice el Señor de los Ejércitos: He aquí que Yo he celado con gran celo por Ierushalaim y por Tzion... Por eso, así dice el Eterno: 'Me volveré a Ierushalaim con compasión; en ella será reconstruida Mi casa...'" (14-16).

¡Los hombres de la Gran Asamblea consideraron que la profecía de Zejariá pertenecía aún al Libro de los Libros del pueblo de Israel!


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