Yehoshua en el horno de fuego

El Talmud relata la historia que sirve como trasfondo a la visión que contempla Zejariá: Yehoshua, el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote fue arrojado al horno de fuego y por poco perece en él.

La visión de Yehoshua, el Cohen Gadol suscita varias preguntas: ¿Por qué el Señor reprende al Satán? ¿Qué relación tiene Yehoshua, el Cohen Gadol con la reprensión divina al Satán? ¿Y por qué el Cohen Gadol está vestido con ropas sucias?

El Talmud (Sanhedrín 93a) vincula la visión que contempla Zejariá en el capítulo 3 con los versículos de Irmiahu (capítulo 29, versículos 21–23):

"Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel, acerca de Ajav, hijo de Kolaiá, y de Tzidkiahu, hijo de Maaseiá, que les profetizan mentira en Mi Nombre: He aquí que los entregaré en mano de Nevujadretzar, rey de Bavel, el cual los matará delante de vuestros ojos: Y de ellos se derivará una execración para todos los cautivos de Iehudá que están en Bavel, diciendo: "Te haga el Señor como a Tzidkiahu y como a Ajav, a quienes asó a fuego el rey de Bavel." Por cuanto hicieron la villanía (infamia) en Israel, y cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos, y hablaron en Mi Nombre palabras mentirosas, que Yo no les había mandado (decir); pues soy Yo el sabedor de esto y el testigo, dice el Señor”.

El Talmud relata que Tzidkiahu hijo de Maaseiá y Ajav hijo de Kolaía se dirigieron a la hija de Nevujadretzar alegando haber recibido una profecía del Señor según la cual ella debía yacer con ellos. La hija informó del asunto a su padre, Nevujadretzar, quien les dijo que en el pasado había consultado a Jananiá, Mishael y Azariá, y ellos le habían respondido que cosas de ese tipo estaban prohibidas. Los dos respondieron que Jananiá, Mishael y Azariá no eran profetas y por eso habían dicho que estaba prohibido, pero que ellos sí eran profetas y el Señor les había ordenado proceder así.

Nevujadretzar decidió actuar y les dijo: "Yo sé que Jananiá, Mishael y Azariá son justos, pues los arrojé al horno de fuego y salieron con vida; los arrojaré también a ustedes, y si salen con vida, recibirán a mi hija." Los dos aceptaron, pero pidieron que se uniera a ellos un tercero para ser tres, como Jananiá, Mishael y Azariá, y solicitaron que Yehoshua el Cohen Gadol entrara con ellos al horno de fuego.

Naturalmente, Ajav y Tzidkiahu, los malvados falsos profetas, murieron, mientras que Yehoshua el justo sobrevivió, aunque sus vestimentas quedaron quemadas.

La visión que contempla Zejariá en el capítulo 3 es como una mirada desde lo alto sobre ese relato: ¿cómo fue que Yehoshua el Cohen Gadol se salvó del horno de fuego? Cuando Yehoshua se hallaba en el horno junto a Ajav y Tzidkiahu, el Satán acusó para que también Yehoshua muriera. El Señor reprendió al Satán que quería dar muerte igualmente al justo Yehoshua junto con Ajav y Tzidkiahu, y Yehoshua se salvó del fuego — "un tizón arrebatado del fuego" — aunque con todo sus vestimentas quedaron quemadas.

Los referentes que escriben en esta sección son miembros de la organización Najat-Jóvenes amantes del Tanaj-un Centro de Estudios de Tanaj para la juventud.

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La profecía de los caballos

La visión de los caballos descripta en nuestro capítulo alude a la abundancia económica que había en la tierra de Iehudá y que, a raíz de la destrucción, pasó a manos de las naciones. Esta abundancia económica, promete Dios, está destinada a volver a Iehudá con la construcción del Segundo Templo.

Al comienzo del libro de Zejariá aparecen varias visiones, con numerosos detalles que requieren explicación.

En el capítulo que tenemos ante nosotros, el profeta describe: "He visto esta noche a un hombre que iba montado en un caballo rojo; él estaba entre los mirtos que había en la hondonada, y detrás de él, caballos rojos, castaños y blancos" (versículo 8).

La combinación de estos tres colores — rojo, castaño y blanco — aparece una vez más en el Tanaj, en la bendición de Iaacov a la tribu de Iehudá (Bereshit, capítulo 49, versículos 11-12):

"Lava en vino su vestimenta y en sangre de uvas su manto" — rojo. "El ata a la vid su asna y a la cepa el pollino de su asna" — castaño. "El, de ojos bermejos, por el vino, de dientes  por  la leche" — blanco.

De acuerdo con esto, los caballos simbolizan la bendición y la abundancia económica en la tierra de Iehudá: vino, uvas y leche. Cuando fue destruido el Templo, el Señor envió a estos "caballos" "a recorrer la tierra" (versículo 10), es decir, la abundancia pasó a las naciones. Iehudá quedó vacía y desolada. Sin embargo, incluso después de que los hijos de Israel regresaron a la tierra en los días de Koresh, Ciro, la situación económica en el país seguía siendo difícil; la abundancia aún no había regresado. En cambio, en el resto del mundo la situación era buena, tal como dicen los jinetes: "Hemos recorrido la tierra, y he aquí, toda la tierra está en paz y tranquila" (versículo 11) — todas las naciones habitan en calma y gozan de bienestar.

Ante esto, el ángel clama al Señor: "¿hasta cuándo seguirás sin compadecerte de Ierushalaim y de las ciudades de Iehudá...?" (versículo 12). ¿Hasta cuándo gozarán todas las naciones de la abundancia económica que pertenece a Iehudá, mientras Iehudá permanece desolada?

El Señor le promete que pronto la situación mejorará: el Señor quitará la abundancia de las naciones ("y de gran manera estoy Yo enojado contra las naciones que están confiadas..."; 15), luego será construido el Templo ("Me volveré a Ierushalaim con compasión; en ella será reconstruida Mi casa..."; 16), y después también volverá la abundancia económica ("Nuevamente rebosarán Mis ciudades de bienes..."; 17).

Una profecía similar profetizó Zejariá en el capítulo 8 (versículos 9-13). Esta profecía fue pronunciada después de la construcción del Templo, como se desprende del versículo 9: "Esfuércense las manos de los que en estos días oyen estas palabras de boca de los profetas, desde el día en que fue puesto el fundamento de la casa del Señor de los Ejércitos, el templo que ha de ser edificado." Dice el profeta en su profecía: "Porque antes de estos días no había salario para los hombres ni paga para los animales..." (capítulo 8, versículo 10) — antes de que construyeran el Templo había escasez económica. Pero: "Mas ahora no trataré al remanente de este pueblo como en los días pasados..." (capítulo 8, versículo 11) — ahora, después de que fue construido el Templo, la situación económica mejorará, y Iehudá volverá a disfrutar de la bendición económica que le pertenece: "Porque habrá semilla de paz; la vid dará su fruto, la tierra dará su producto, y los cielos darán su rocío... y serán bendición" (capítulo 8, versículos 12-13).


Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Extraído de la publicación “Megadim”, editorial Tevunot.

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La ampliación de Ierushalaim

"Y le dijo: corre, habla a ese joven y dile: sin muros será habitada Ierushalaim, a causa de la multitud de hombres y de ganado dentro de ella. Y Yo seré para ella, declara el Señor, una muralla de fuego en derredor y con gloria habitaré en medio de ella " (Zejariá, capítulo 2, versículos 8-9)

  Que anuncie al profeta que esta muralla será (solamente) temporal, pues esta redención no es la redención verdadera.

Vendrá un tiempo al final de los días en que "Ierushalaim habitará sin murallas", ya que la muralla estrecha no podrá contenerlos; por eso se expandirá en todo momento hacia todos lados.

Y tampoco necesitarán muralla para su protección, pues "Yo seré para ella... muralla de fuego alrededor" — y Yo seré el guardián como una muralla ante la cual temerán acercarse a causa del fuego devorador que la rodea, que consumirá a todo aquel que los toque.

Malbim — Rav Meir Leibush ben Yejiel Mijal (1809–1879), nacido en Polonia y fallecido en Rusia. Durante la mayor parte de su vida deambuló por Europa del Este y se desempeñó como rabino en diversas ciudades. En su comentario a la Torá, "HaTorá VeHaMitzvá", recoge los Midrashim halájicos y los analiza comparándolos con el sentido literal de los versículos, con especial atención a la gramática bíblica.

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La invasión

Durante el período en que Israel estuvo en el exilio, los pueblos vecinos invadieron la tierra y se establecieron en ella. La visión de los cuernos describe esta invasión extranjera, y la visión de los orfebres describe la reversión de la situación: los extranjeros serán expulsados de la tierra e Israel retornará a ella.

¿Quiénes son los cuernos que obran el mal sobre la tierra? Son los pueblos circundantes: Edom, Amón, Moav y Pleshet-Filistea, que durante los años del exilio expandieron sus fronteras y se apropiaron de cada parcela fértil de las tierras de Iehudá y Efraim. Debemos subrayar que aquí no se habla de personas, sino de la tierra de Iehudá y Ierushalaim.

Ecos de esta situación los encontramos en las palabras de Irmiahu y Yejezkel.

Sobre el robo de las tierras de Iehudá por parte de los amonitas, dice Irmiahu: "¿Israel acaso no tiene hijos? ¿Por ventura no tiene heredero? ¿Por qué pues, Moloc (o Milcom)  ha heredado a Gad, y su pueblo se ha asentado en las ciudades de éste? (Irmiahu, capítulo 49, versículo 1).

Estos actos de los vecinos —Amón, Moav y Edom— llegaron también a oídos de los exiliados, y Yejezkel los amenaza (Yejezkel 25):

"Y dirás a los hijos de Amón: Oigan la palabra del Señor… Por cuanto dijiste: ¡Ajá! sobre mi santuario cuando fue profanado, y sobre la tierra de Israel cuando fue asolada, y sobre la casa de Iehudá cuando fueron al cautiverio", y convirtieron su tierra en tierra de nadie. Los hijos del oriente subirán sobre la tierra de los amonitas, "y la daré en herencia [a ellos], para que los hijos de Amón no sean más recordados entre las naciones" (Yejezkel 25, versículos 3–10).

El castigo que aguarda a Moav por el robo de tierras de Israel es su destrucción a manos de las tribus del desierto:

"He aquí, yo abriré el costado de Moav… a los hijos del oriente…" (Yejezkel 25, versículos 9–10).

Las palabras de Yejezkel sobre Edom son muy severas:

"Y exterminaré de él hombres y bestias, y lo convertiré en desolación" (Yejezkel 25, versículo 13).

Es posible que el profeta, hallándose en el exilio, no supiera que esta profecía sobre Edom ya se había cumplido. Los nabateos conquistaron el monte Seír y expulsaron de allí a los edomitas. (Sobre esto se puede leer en la próxima entrega.)

Los filisteos también expandieron sus fronteras, y sobre ellos dice el profeta:

"Y exterminaré a los kretitas, y destruiré el resto de la costa del mar" (Yejezkel 25, versículo 16).

De acuerdo con esto, interpretaremos las palabras "dispersaron" (versículo 2), "para dispersarla" (versículo 4) como: se convirtieron en asentamientos de extranjeros. Este mismo destino aguardaba también a Ierushalaim: también ella se convertiría en una ciudad extranjera.

El cambio para bien lo ve el profeta en los cuatro orfebres. ¿Qué es un orfebre? Tiene en sus manos herramientas de trabajo con las que puede cortar los cuernos del toro, es decir, vencer al enemigo.

Estos "cuatro orfebres" se levantaron para derribar a los invasores que se habían instalado en Iehudá e Israel, "de modo que nadie ha podido levantar la cabeza" (versículo 4), cuando no había aquí autoridad alguna y cada uno hacía lo que le venía en gana.

Al finalizar la visión viene la descripción de Ierushalaim en la imaginación del profeta, en todo su esplendor. Ya no será más una ciudad extranjera; "Sin muros será habitada" por la multitud de hombres y ganado, y el Santuario del Señor estará en medio de ella.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio Daat.

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La realidad está a punto de cambiar

Desde siempre hubo naciones que intentaron obstaculizar los pasos del pueblo que mora en Tzión y en Ierushalaim, pero eso ya no será así. Vendrán días en que la realidad cambiará por completo. También Ierushalaim está destinada a expandirse y ya no necesitará murallas para protegerse de sus enemigos. Y quienes reconozcan la grandeza del Señor podrán unirse al pueblo de Dios.

Desde siempre hubo naciones que intentaron obstaculizar los pasos del pueblo que mora en Tzión y en Ierushalaim, pero eso ya no será así. Vendrán días en que la realidad cambiará por completo. El profeta Zejariá describe cuatro cuernos, que constituyen una suerte de símbolo de los grandes reinos que intentaron embestir como cuernos y dañar al pueblo de Israel durante su asentamiento en su tierra. Hasta ese momento ya era posible enumerar a Egipto, Ashur,Asiria, Bavel, Babilonia y Persia. Y he aquí que llega la sorpresa: frente a esos cuernos aparecen cuatro carpinteros con poder para serrar los cuernos y embotar sus puntas, a fin de que no dañen más a Israel y su poder mengüe en el mundo.

Otra visión que ve Zejariá es la de un joven que viene a medir Ierushalaim para determinar cuál es su anchura y cuál su longitud. Pretende expresar su pequeñez y su sometimiento bajo manos ajenas. Sin embargo, un ángel le revela que Ierushalaim está destinada a expandirse sin límite. No necesitará murallas de piedra que la protejan de los enemigos y delimiten su territorio, sino que Dios morará en su interior, y en virtud de ello tendrá protección frente a sus enemigos. Ierushalaim estará rodeada de murallas de fuego que quemarán a todos sus enemigos en derredor, y solo quien reconozca la grandeza y la excelencia del Señor podrá unirse al pueblo de Dios y merecer la vida.

Esta profecía recuerda mucho a la profecía de Mijá sobre el fin de los tiempos (Mijá 4–5), que precede a la de Zejariá en aproximadamente doscientos años. También allí habla Mijá sobre la expansión de Ierushalaim hasta Migdal Eder (la zona de la ciudad de Efrat). Y también él menciona a quienes se unirán al pueblo de Dios por reconocimiento y comprensión de que de Tzión saldrá la Torá y la palabra del Señor de Ierushalaim.

Es interesante notar que, a diferencia de lo que aparece al comienzo de la profecía de Mijá —donde la salida del Señor de Su lugar trae calamidad sobre Israel (Mijá, capítulo 1, versículo 3)—, en nuestro capítulo el Señor se despierta de Su santa morada para salvar a Israel.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Gentileza sitio 929.

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Redención-no como la pediste

El ser humano no debe hacer cálculos celestiales. Dios, es quien determina cómo se verá la redención, aunque hubiésemos esperado algo diferente. Solo nos corresponde cantar y agradecer.

El Talmud en Sotá (48b) dice: "Dijo Rabí Elazar: ¿Qué está escrito? 'Pues aquellos que han menospreciado el día de las pequeñeces' (Zejariá, capítulo 4, versículo 10) — ¿Qué causó que los justos dilapidaran su mesa en el mundo venidero? La pequeñez que había en ellos, que no creyeron en el Santo, bendito sea'". Justos por un lado, y sin embargo, no creyeron en Dios — ¿cómo puede entenderse esto?

Si miramos el versículo en su contexto, comprenderemos. Precisamente los justos tropiezan en la falta de fe. ¿De qué se habla allí? "Las manos de Zerubabel han puesto los cimientos de esta casa" — dice el profeta Zejariá — "y sus manos la acabarán" — él también la terminará — "Entonces sabrán que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ustedes. Pues aquellos que han menospreciado el día de las pequeñeces, se alegrarán cuando vean la piedra de la plomada en la mano de Zerubabel; estos siete son los ojos del Señor que controlan toda la tierra" (Zejariá, capítulo 4, versículos 9-10). Dice el comentarista Rashi: "'Pues aquellos que han menospreciado el día de las pequeñeces' — que se fundara la casa que se empequeñeció a sus ojos, como está dicho 'y muchos de los Cohanim, sacerdotes... que habían visto la primera casa, lloraban en voz alta cuando se ponían los cimientos de esta' (Ezrá, capítulo 3, versículo 12)... '¿No es como nada ante vuestros ojos?' (Jagai, capítulo 2, versículo 3)". Precisamente aquellos justos que aguardan grandes cosas desprecian el día de las pequeñeces, desprecian la construcción de Zerubabel, y llegan, Dios no lo permita, a la falta de fe en Dios, y olvidan: "Entonces sabrán que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ustedes" (Zejariá, capítulo 4, versículo 9) — el Santo, bendito sea, envió. Todo lo que se hace en esta tierra fue enviado de boca del Poderoso. Cuando se difuminan las diferencias entre la obra humana y la obra de nuestro Dios, se llega a esa pequeñez que los Sabios definen: "¿Quiénes son los que menospreciaron el día de las pequeñeces? — los que causaron que los justos dilapidaran su mesa en el mundo venidero" (Sotá 48b), toda su riqueza se dilapida por no haber creído en Dios.

El primer fundamento es la fe simple. Pues si una persona se acerca con cálculos e intenta luego determinar los caminos de la Providencia, y fija el orden de la redención — cómo debe Dios, salvar a Israel — no podrá cantar ni agradecer.

Y sobre esto dicen nuestros Sabios que Jizkiahu habría merecido entonar un canto por la caída de Sanjerib, pues está escrito: "pero Jizkiahu no correspondió según el bien que le había sido hecho" (Divrei Haiamim, Crónicas II, capítulo 32, versículo25) — ¿por qué? "Porque su corazón se enalteció" (Divrei Haiamim, Crónicas II, capítulo 32, versículo25). ¿Su corazón se enalteció? Dicen nuestros Sabios en el Midrash: "¿Jizkiahu era rey y justo, y tú dices 'su corazón se enalteció'? Sino que su corazón se enalteció para no decir cántico" (Shir HaShirim Rabá 4:8).

¿Qué significa que su corazón se enalteció? Que las cosas no transcurrieron exactamente como él quería, como él había imaginado, como él pensaba, como él entendía los caminos del Creador. Y por eso se abstuvo de entonar el canto. La redención no era según su gusto, por eso no cantó.

El primer fundamento del cántico — "y creyeron en sus palabras, entonaron su alabanza" (Tehilim, Salmos, capítulo 106, versículo 12) — es una fe simple y completa. Sin cálculos. Estuviste en aprietos y el Santo, bendito sea, te ayudó — no hagas cálculos. Existe una halajá: si murió su padre y heredó sus bienes — bendice tanto "Daian HaEmet" como "Shehejeianu". ¿Recibiste bien? "Cántale, entónale alabanzas" (Tehilim, Salmos, capítulo 105, versículo 2).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio VBM de la Ieshivá “Har Etzion”.

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En las visiones nocturnas

"He visto esta noche a un hombre que iba montado en un caballo rojo, él estaba entre los mirtos que había en la hondonada y detrás de él, caballos rojos, castaños y blancos” (Zejariá, capítulo 1, versículo 8)

 "He visto esta noche" — Las visiones de Zejariá son muy herméticas, como las visiones de Daniel, y no como las visiones del resto de los profetas, porque el poder de la profecía fue menguando gradualmente desde los días del exilio; por eso no explicaron sus palabras ni comprendieron las visiones tal como eran. Y dijo "He visto esta noche" — en las visiones nocturnas vi esta visión que contemplé.

Radak — Rabí David ben Iosef Kimji, vivió en el sur de Francia entre los años 1160-1235. Se hizo célebre como gramático a través de su obra Mijlol, y se dedicó ampliamente al estudio de la filosofía y las ciencias. Escribió un comentario al Tanaj sobre los libros de Bereshit, Neviim Rishonim, Neviim Ajaronim, Tehilim y Divrei HaIamim. Su comentario se ocupa extensamente de cuestiones de lengua, vocalización, masorá e interpretación de las palabras. También aborda la cuestión de la autoría de los libros y la época de los profetas, preguntas históricas y geográficas, así como debates con la interpretación cristiana de las Escrituras.

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Un tizón arrebatado del fuego

Las tres palabras: "un tizón (un palo a medio quemar) arrebatado del fuego" (versículo 2), escritas en el capítulo 3 de Zejariá, encendieron en mí recuerdos de infancia de la época de las tinieblas: el Holocausto.

Las tres palabras: "un tizón arrebatado del fuego" (versículo 2), escritas en el capítulo 3 de Zejariá, encendieron en mí recuerdos de infancia de la época de las tinieblas: el Holocausto. Ya siendo un niño de cinco años y medio me enfrentaba al sufrimiento cotidiano: el hambre, las enfermedades, el frío, el terror y todo lo demás.

Ahora soy un sobreviviente del Holocausto de ochenta años, miro hacia atrás a los años de la infancia y veo el tizón, la brasa que arde lentamente, negándose a apagarse. Cerca de una llama que no enciende a su vecina la brasa. Y a pesar de las chispas que salen del fuego y del calor abrasador, el peligro de que la hoguera se encienda no se concreta, pero continúa latente y presente.

Por eso yo, y así muchos sobrevivientes del Holocausto, me veo como un tizón arrebatado del fuego, y hago todo lo que puedo para transmitir a la generación joven un mensaje sobre lo que vivimos. Lo hago como una misión para despertar la conciencia de que no se olvide el recuerdo de los millones de víctimas que fueron torturadas y luego asesinadas por su única culpa: ser judías. Esta es también la razón por la que escribo estas líneas, para lograr el objetivo: "¡No olviden!".

Yo, el tizón que sobreviví, arrebatado del fuego, llegué a la tierra de Israel, mi patria, en 1951, y en ella logré rehabilitarme y realizar mis esperanzas y anhelos para el futuro. Me eduqué en el kibutz Nizanim, trabajé y estudié de joven en el marco de la "Aliat Hanoar-Aliá de la Juventud" y completé estudios en condición de libre en la ciudad de Tel Aviv. A los diecisiete años y medio me alisté en las Fuerzas de Defensa de Israel y serví en el batallón de reconocimiento de la brigada Givati durante 3 años. Participé en las guerras de Israel, desde la Operación Sinai hasta la Primera Guerra del Líbano.

Fui bendecido con una familia maravillosa: una esposa, tres hijos y nueve nietos. Soy miembro del club "Amjá" de Jolón, que nos brinda una actividad amplia, cotidiana, variada e interesante. Doy gracias a Dios por haber merecido vivir y documentar mi historia para las generaciones venideras.

Me dirijo a los hijos de mi pueblo en el Estado de Israel: ustedes están en una tierra prometida y segura. Tienen un futuro sin temor ni miedo a ningún enemigo. La herencia y la seguridad serán nuestra porción también para las generaciones venideras y por siempre. ¡Sean bendecidos!

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Gentileza sitio 929

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¿Piedra u ojos?

¿Qué tipo de redención habrá: una redención de "piedra", que brinda refugio a los "tizones arrebatados del fuego", o una redención de "ojos", la materialización de procesos positivos significativos? Depende de ustedes.

En la generación de Zejariá, Israel asciende a la tierra desde Bavel, Babilonia y es redimido. Sin embargo, en sus manos está la elección de qué tipo de redención se concretará: ¿será un proceso limitado en el que la presencia Divina en el Templo será mínima y la realidad política se reducirá a la tranquilidad de parte de los pueblos vecinos y a la salvación de los tizones arrebatados del fuego? ¿O acaso será una redención completa que haga realidad la profecía del profeta Jagái sobre que "la gloria de esta última Casa será mayor que la de la primera" (Jagai, capítulo 2, versículo 9), y que establezca el reino de Israel con plena seguridad y esplendor? El potencial para ello existe, pero la llave está en manos de Israel. Esta es la esencia del mensaje del ángel a Yehoshua: no es suficiente ser redimidos como tizones arrebatados del fuego, pues si así fuera, sería un proceso limitado que satisface las necesidades de los sobrevivientes y nada más. El potencial de ser contado entre los hombres ejemplares y de propiciar la llegada del rey Mashiaj, "Mi siervo, el retoño" (versículo 8), existe, pero depende del grado de justicia social y de fortaleza religiosa para que los hombres de esa generación puedan alcanzarlo.

Aparentemente, este es el significado metafórico de la piedra mencionada en la profecía:

"Porque he aquí la piedra que he puesto delante de Yehoshua, sobre esta única piedra hay siete ojos. He aquí, Yo tallaré sobre ella adornos, declara el Señor de los ejércitos, y quitaré la iniquidad de esta tierra en un solo día." (versículo 9)

La piedra simboliza el potencial de la construcción; a nivel particular, la piedra está relacionada con la construcción del Templo como edificio construido de piedras, pero a un nivel más simbólico señala la totalidad de la construcción espiritual. Lo que se le dice a Yehoshua es que la piedra de la construcción tiene el potencial de extraer de ella distintos ornamentos y de expresar a través de ella diferentes ideas, donde cada ojo representa una dirección distinta y un potencial adicional, de modo que se pueden fundamentar sobre ella siete principios y procesos diferentes. Si la labran correctamente y como es debido, de ella brotarán siete ojos; si la labran parcialmente, tendrá dos o tres ojos; y si no aprovechan el potencial en absoluto, entonces ni siquiera un ojo brotará de la piedra. Ella dará refugio por la materia misma de la que está hecha a los tizones arrebatados del fuego, pero los principios y valores que deberían expresarse a través de su elaboración artística como portadora de ojos no llegarán al mundo en absoluto.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio VBM de la Ieshivá “Har Etzion”

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Síntesis del capítulo, Zejariá 4

La quinta visión: la visión de la Menorá (candelabro): (Versículos 1-5)

La apertura de la visión actual es singular: "Entonces el ángel que hablaba conmigo volvió, y me despertó como a un hombre que es despertado de su sueño" (1). El ángel pregunta a Zejariá qué ve, y el profeta responde: "He aquí, que he visto un candelabro todo de oro con la vasija en la parte superior, y sus siete lámparas encima, con siete tubos para las lámparas que tiene arriba; y junto a él dos olivos, uno a la derecha de la vasija y el otro a la izquierda" (2-3). El profeta pregunta al ángel cuál es el significado del candelabro y de las ramas de olivo a su alrededor, y el ángel pregunta a su vez: "¿Acaso no sabes qué es esto?" (5), a lo que Zejariá responde negativamente.

Profecías sobre el estatus de Zerubabel (Versículos 6-10)

Estas dos profecías interrumpen la continuidad de la visión, y es razonable suponer que la interrupción tiene por fin aclarar la importancia de la visión. Las dos profecías que tenemos ante nosotros tratan un mismo tema: la posición de Zerubabel. La primera profecía (6-7) se dirige directamente a Zerubabel: "No por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos", es decir, debe actuar mediante el espíritu del Señor y no mediante la guerra, y aun si tropieza con un obstáculo como "el gran monte", ante Zerubabel se convertirá "en llanura" (7). La segunda profecía (8-10) se dirige al pueblo: "Pues aquellos que han menospreciado el día de las pequeñeces, se alegrarán cuando vean la piedra de la plomada en la mano de Zerubabel; estos siete son los ojos del Señor que controlan toda la tierra" (10), es decir, el profeta reprende a quienes desprecian o se sienten decepcionados de Zerubabel, y promete que Zerubabel alegrará al pueblo.

Continuación de la visión de la Menorá (Versículos 11-14)

Este párrafo retoma la visión del candelabro. El profeta pregunta cuál es el significado de los dos olivos a ambos lados del candelabro, y el ángel responde: "Estos son los dos ungidos que están de pie delante del Señor de toda la tierra" (14), es decir, estos son los dos líderes ungidos con aceite — el Cohen Gadol y el líder político (el gobernador o el rey), Yehoshua y Zerubabel. Aun después de esta explicación, la visión no ofrece una interpretación del significado de la Menorá en sí misma.

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