Los sacrificios en el futuro venidero

El profeta Malají dice en nuestro capítulo: "Entonces será grata al Señor la ofrenda de Iehudá y de Ierushalaim, como en los días de antaño y como en los años de antes" (versículo 4). Las palabras del Rav Avraham Itzjak HaCohen Kuk, de bendita memoria, en su obra Olat Reaiá, explican el significado del énfasis específico en la ofrenda vegetal que será presentada en el futuro venidero.

Olat Reaiá, vol. I, p. 292

Los animales que son ofrecidos en el altar experimentan en sí mismos la rectificación mediante su elevación al convertirse en ofrenda para el Señor; dado que carecen de entendimiento, no alcanzan esta elevación sino a través del acto que se realiza en ellos al elevar ante el Señor su sangre y su grasa, que son la sede principal del alma. No así el hombre, quien con su corazón comprensivo puede entender el acto del sacrificio y acercarse al Señor mediante su conocimiento. Pero en el futuro venidero, la abundancia del conocimiento se extenderá y penetrará incluso en los animales: "No obrarán mal ni destruirán en todo Mi santo monte, porque estará la tierra llena del conocimiento del Señor" (Yeshaiahu capítulo 11, versículo 9). Y la ofrenda que entonces se presentará, la ofrenda vegetal del reino vegetal, será grata al Señor como en los días de antaño y como en los años de antes.

El Rav Avraham Itzjak HaCohen Kuk nació en Griva, Latvia, en el año 5625 (1865) y falleció en Ierushalaim en el año 5695 (1935). Como primer Gran Rabino ashkenazí de la Tierra de Israel, el Rav Kuk fue una figura de influencia central en la historia del nuevo asentamiento judío en Eretz Israel. Su amor por los pioneros, incluso por los incrédulos entre ellos, es conocido y célebre. Su legado literario y en materia de Torá es vastísimo — Cabalá, filosofía, Halajá, comentarios al Talmud, responsa y poesía — tanto manuscrito como impreso.

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El testamento de la profecía

Con el fin de la profecía, existe un gran temor de corrupción del pueblo, pero también hay una promesa de que el vínculo entre Israel y Dios jamás será cortado.

La profecía de Malají en el capítulo 3 clausura los libros proféticos, y por ello debemos considerarla como referida a un amplio conjunto histórico y como una orientación general para las generaciones venideras que carecerán de la voz profética.

El profeta describe un clima espiritual de corrupción moral y religiosa, que se manifiesta en el avasallamiento del débil, la explotación de los desventurados por parte de los poderosos, el colapso del sistema judicial en la sociedad, todo ello en una actitud de indiferencia hacia el Santo, bendito sea, como si no existiera ni velara sobre la creación. El fenómeno del egoísmo y el hedonismo de las élites económicas y sociales es el que subyace a esta dura realidad.

La imagen que emerge de la profecía recuerda mucho a los capítulos finales de la Torá. También Moshé Rabenu, al situarse en el umbral del cierre de la Torá, describe una realidad similar de hedonismo e indiferencia hacia el Señor. Tanto Moshé como Malají temen el olvido del Santo, bendito sea, la adoración del placer y del hombre, y la explotación de los débiles con ese propósito, a raíz de la retirada de su profecía. Así como el abandono del escenario histórico por parte de Moshé y la interrupción del nivel profético que acompañó a su liderazgo engendrarán estos fenómenos, así también Malají advierte contra los fenómenos que acompañarán al cierre de la profecía en general. Ya sea por una caída en la tensión espiritual como reacción a la retirada de la profecía, ya sea porque la naturaleza humana en sí misma dictamina el temor ante este tipo de conducta que inevitablemente llegará, el profeta está obligado a advertir contra los males espirituales que encontrarán a Israel en los últimos tiempos. Moshé lo declaró explícitamente:

“Pues yo sé -después de mi muerte- que dañar van a dañar, y se van a desviar del camino que yo les había encomendado a ustedes. Les acontecerá a ustedes el mal, en la postrimería de los días, ya que habrían hecho lo malo a ojos de Hashem, para enfurecerLo, con la obra de vuestras manos” (Devarim, capítulo 31, versículo 29)

Y esta es la postura que subyace a las palabras de Malají.

Sin embargo, esta visión pesimista no es la imagen completa, y existe una segunda dimensión en las palabras de Moshé y de Malají. Más allá de la indiferencia y el pecado en su momento, existe una relación más fundamental que vincula a Israel con su Padre celestial. Incluso en tiempos de ocultamiento del rostro divino, el vínculo más profundo entre el Santo, bendito sea, y Su pueblo continúa existiendo. "Porque Yo, el Señor, no cambio; y ustedes, hijos de Iaacov, no han sido consumidos" (versículo 6). Por un lado, esto genera el castigo y la ira, pero también la continuidad del vínculo. El Santo, bendito sea, continúa manteniendo Su relación con Israel y no lo abandona a causa del pecado.

Los versículos finales expresan cabalmente los mensajes fundamentales del judaísmo: el cumplimiento de la Torá y los preceptos, y la esperanza en la salvación, y son dirigidos al pueblo como testamento espiritual de la profecía. Los valores de "tratar con honestidad en los negocios", "aguardar la salvación" y el estudio de la Torá, que el Talmud en Shabat (31a) presenta ante el hombre como el parámetro con el que es juzgada su vida, emergen de los versículos de la profecía, pues son en verdad cardinales para llevar una vida de valores espirituales.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio VBM de la Ieshivá “Har Etzion”.

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El servicio a Dios-máxima prioridad

El servicio a Dios, y con él toda acción espiritual, debe ocupar el primer lugar, la máxima prioridad. El hombre debe dedicarle lo mejor de su tiempo y energía, su pensamiento y sus fuerzas.

Es costumbre en el mundo que una persona quiera guardar para sí lo mejor, mientras que a los demás les deja lo "menos bueno".

Con palabras penetrantes, el profeta Malají advierte contra personas que eligen contribuir al servicio de Dios, pero cuyo mundo espiritual se compone únicamente de sacrificios de "saldo" comprados a bajo precio en almacenes de excedentes del puerto, de "donaciones de segunda categoría".

"Ofrecen sobre mi altar pan inmundo... Y cuando presentan un animal ciego para el sacrificio, ¿no es eso algo malo? Y cuando presentan uno rengo o enfermo, ¿no es malo?", clama-grita el profeta. "¿Por qué no se lo ofreces a tu gobernador?" — veamos cómo le presentas semejante regalo a tu jefe en el trabajo — "¿Se agradaría de ti o te concedería gracia?" (Versículos 7-8).

El servicio a Dios, y con él toda acción espiritual, no debe ser una "opción predeterminada", una donación de segunda categoría hecha de desechos y sobras. Una acción espiritual de ese tipo no es digna ni honrosa — ni para su propósito ni para quienes la realizan. Al contrario, los deshonra.

El servicio a Dios — y con él toda acción espiritual — debe ocupar el primer lugar, la máxima prioridad, fruto de la voluntad y la elección libre, y no el resultado de la obligación y la imposición.

Este principio se convirtió en un principio fundamental en el mundo de la Torá de Israel. Cuando se llega a los asuntos del espíritu, a los actos de mitzvá (precepto), el judío debe apartarse de todos sus negocios y "embellecer y destacar el precepto" — adquirirse un lulav (rama de palmera datilera) bello, construirse una sucá hermosa y comprar un rollo de la Torá precioso. No conformarse con lo ordinario, lo disponible, lo común, sino esmerarse y buscar lo mejor en el servicio a Dios.

Así con los objetos de la mitzvá, y así con toda la acción espiritual. No dejar el ocuparse de los "asuntos del espíritu" y el mejoramiento del mundo para un momento casual que se liberó por accidente, para un tiempo de transición, para una hora "muerta" en la que de todos modos "no hay nada que hacer", sino hacerlo de manera permanente, dedicándole lo mejor del tiempo y la energía, el pensamiento y las fuerzas.

Gentileza sitio 929

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La relación entre Dios y el pueblo de Israel

La relación entre el Santo, bendito sea, y el pueblo de Israel se describe en el Tanaj mediante tres imágenes diferentes: padre e hijo, esposo y esposa, esclavo y señor

El llamado de Malají en el capítulo 2: "¿Acaso no tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?” (capítulo 2, versículo 10) brinda la oportunidad de tratar la relación entre el Santo, bendito sea, y el pueblo de Israel.

La descripción de la relación del Santo, bendito sea, con Su pueblo como la relación de un padre con su hijo ya se encuentra en el libro de Devarim (14): "Hijos son del Señor vuestro Dios".

Moshé en el Canto de Haazinu (Devarim, capítulo 32) dice: “Ciertamente El es tu Padre que te ha formado. El te ha hecho y te ha establecido".

En el capítulo 31 de Irmiahu se dice: "Porque (ahora) soy un padre de Israel, y Efraim es Mi primogénito".

El profeta Yeshaiahu en el capítulo 63 clama: "Tú, pues, eres nuestro Padre, porque Abraham no nos conoce, e Israel no nos reconoce: Tú, oh Señor, eres nuestro Padre: "Redentor nuestro desde la eternidad," es Tu nombre".

La relación entre padre e hijo es una relación de amor. Malají abrió su profecía en el capítulo 1: "Yo los he amado dice el Señor..." (capítulo 1, versículo 2). Y el hijo honra a su padre: "El hijo honra a su padre" (capítulo 1, versículo 6).

En ocasiones, la relación entre el Santo, bendito sea, y Su pueblo se compara con la relación entre esposo y esposa.

El profeta Hoshea habla de un desposorio: "Y te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia, y en derecho, y en misericordia y en compasiones; También te desposaré conmigo en fidelidad, y tu conocerás al Señor" (Hoshea, capítulo 2, versículos 21-22).

La época del desierto, el inicio de la relación entre Dios y Su pueblo, la compara Irmiahu con el amor de las nupcias: “Me acuerdo del cariño tuyo (a Mí) en tu juventud, del amor de tus desposorios” (Irmiahu, capítulo 2, versículo 2).

En este sistema de imágenes el Santo, bendito sea, es el novio y la congregación de Israel es la novia: “y de la manera que el novio se regocija en la novia, así tu Dios se regocijará en ti” (Yeshaiahu, capítulo 62, versículo 5).

Otra descripción de la relación entre Dios y Su pueblo es la de esclavos y el amo.

En la porción de Behar (Vaikrá, capítulo 25) se dice: “Pues para Mí son los hijos de Israel servidores: Mis servidores son los que saqué de la tierra de Egipto. Yo soy Hashem vuestro Dios”.

Yeshaiahu en el capítulo 44 dice: "Mas ahora, escucha, oh Iaacov, siervo Mío, y tú, oh Israel, a quien he escogido", "¡Acuérdate de estas cosas, oh Yaacov, e Israel, porque tú eres Mi siervo! ¡Te he formado, Mi siervo eres tú; oh Israel, tú no serás olvidado de Mí!".

La relación del esclavo con su señor es una relación de temor. El esclavo debe servir a su amo: " A Hashem, tu Dios., habrás de venerar y a El habrás de servir, yen Su Nombre podrás prestar juramento” (Devarim, capítulo 6, versículo 13). " Y ahora, Israel: ¿Qué es lo que Hashem tu Dios. demanda de ti? Sino que: venerar a Hashem tu Dios, encaminarte por todas Sus Sendas, y amarlo, y servir a Hashem tu Dios, con todo tu corazón y con todo tu ser” (Devarim, capítulo 10, versículo 12).

Y así profetiza Malají (capítulo 1, versículo 6):

"El hijo honra a su padre, y el siervo a su amo.

 Pues si Yo soy padre, ¿dónde está mi honor?

 Y si Yo soy amo, ¿dónde está mi temor?

 dice el Señor de los Ejércitos"

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio Daat

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¿Quién es Malají y sobre qué profetizó?

¿Cuándo vivió Malají? ¿Por qué profetiza una profecía de ira contra Edom? ¿Y por qué exige mejorar el servicio de los sacrificios?

El versículo de apertura del libro de Malají no nos cuenta cuándo ni en tiempos de quién profetizó Malají. El orden de los profetas lo sitúa junto a los profetas del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo, Jagai y Zejariá, y después de ellos, al final de los Doce Profetas. También los Sabios lo consideraron uno de los tres profetas del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo. Si adoptamos el cálculo cronológico aceptado de los reyes de Persia (y la mayoría de las opiniones de los Sabios discreparon de ello), parece que Jagai y Zejariá vivieron en tiempos de Darío el Grande, durante la construcción del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo, que comenzó unos dieciocho años después del regreso a Tzión en tiempos de Koresh, Ciro. Malají fue posterior a ellos en sesenta años o más, probablemente en tiempos del rey Artajerjes I, y aquí en la tierra en tiempos de Ezrá y Nejemiá. Sobre esto discutiremos, con la ayuda de Dios, en el próximo capítulo.

Nuestro capítulo trata dos temas: se ocupa primero del rechazo de Dios hacia Edom. Tras la destrucción del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo, Edom comenzó a expandirse desde su tierra natal en el sur, en las montañas de Edom y en el monte del Néguev, hacia los asentamientos abandonados de Israel en el Néguev septentrional y en el monte de Hebrón, llegando hasta Beit Lejem y Ierushalaim. La familia de Herodes el Idumeo, por ejemplo, vivía cerca del Herodión en la región de Beit Lejem. Oprimieron las fronteras de los que subieron de Bavel, Babilonia en tiempos de Koresh, así como de los de la llegada de Ezrá en tiempos de Artajerjes, y la ira del profeta contra ellos en nombre de Dios se percibe claramente en la profecía:

"Aunque Edom dice: Hemos sido destruidos, pero volveremos y edificaremos las ruinas, el Señor de los Ejércitos dice así: Ellos edificarán, pero Yo destruiré. Y los llamarán frontera del impío y pueblo contra quien el Señor está indignado para siempre" (versículo 4)

El profeta continúa ocupándose de la deplorable situación del Templo y de su mengua, que se expresa también en la pobreza de sus sacrificios y en la negligencia en su servicio:

"Ofrecen sobre mi altar pan inmundo. Y ustedes dicen: ¿En qué Te hemos deshonrado? En que decís: La mesa del Señor es despreciable" (versículo 7)

Hasta que Herodes no construyó su magnífico edificio, el Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo se hallaba en una evidente miseria e inferioridad frente al Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo, con su grandeza y esplendor. Su precariedad era especialmente clara antes de que Nejemiá construyera las murallas de Ierushalaim, cuando el monte Moriá estaba expuesto a todo transeúnte, judíos y no judíos por igual.

Malají exige en su profecía devolver también sacrificios de amor a Dios en correspondencia con Su amor hacia nosotros, como dice:

"¿No era Esav hermano de Iaacov? declara el Señor. Sin embargo, Yo amé a Iaacov" (versículo 2)

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Fracaso en la prueba

Cuando la doctrina de la retribución se traslada a un mundo futuro, más lejano e incomprensible en el aquí y ahora, la profecía, basada principalmente en la retribución divina, no puede continuar. Aquí concluye la época de la profecía.

"Acuérdense de la Ley de Mi siervo Moshé, que Yo le ordené en Horeb para todo Israel, los estatutos y las ordenanzas. He aquí, que Yo les envío al profeta Eliahu antes que venga el día del Señor, el grande y tremendo" (versículos 22-23)

Llegamos al último capítulo de Malají, que es el último capítulo de la profecía en general, tras el cual no tenemos profecía hasta el día de hoy. Su mensaje final es recordar la Torá de Moshé y aguardar la renovación de la revelación cuando Eliahu vuelva a manifestarse, un día antes de la llegada de la redención. ¿Por qué concluyó la época de la profecía y no fuimos merecedores de su continuación?

El profeta propone, de manera excepcional, poner a prueba a Dios, para ver si cumplirá Su promesa de estar del lado de quienes guardan Sus mandamientos y de hacer caer a los que obran mal:

"Traigan todo el diezmo al tesoro, para que haya alimento en Mi casa; y pónganme ahora a prueba en esto..."

"Han dicho: 'En vano es servir a Dios. ¿Qué provecho hay en que guardemos (cumplamos) Sus ordenanzas y que nos privemos de cosas a causa del Señor de los Ejércitos?' Como consecuencia de eso, consideramos dichosos a los malvados. Viendo prosperar a los que hacen el mal, que desafían a Dios y escapan impunes" (versículos 10-15)

Incluso sin entrar en los detalles de lo sucedido, queda claro que la prueba de credibilidad de la doctrina de la retribución fracasó. Los que obraban mal pusieron a prueba... y escaparon del castigo. El profeta se ve obligado a prometer recompensa a los temerosos de Dios en forma de inscripción en un Libro Memorial para un futuro vago y lejano, en el que se otorgará el galardón al justo:

"Entonces los que temían al Señor, hablaron unos a otros, y el Señor prestó atención y escuchó, y fue escrito en el Libro Memorial delante de Él, para los que temen al Señor y para los que meditan en Su Nombre. Y ellos serán Míos dice el Señor de los Ejércitos, para el día especial que Yo tengo preparado... Entonces se volverán y se distinguirán entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no Le sirve." (versículos 16-18)

Y mientras tanto, lejos de ellos sea, como dijeron: "En vano es servir a Dios." ¡¿Cómo es posible?!

Cuando la doctrina de la retribución se traslada a un mundo más lejano e incomprensible en el aquí y ahora, la profecía, basada principalmente en la retribución divina, no puede continuar. ¿Qué causó la pérdida de la doctrina de la retribución inmediata? Estas páginas son demasiado breves para responder aquí. La respuesta está vinculada al pacto sellado entre Ezrá, Nejemiá y los hombres de la Gran Asamblea con el pueblo — "y al sabio, dale y aumentará su saber."

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Ingratitud

Frente al amor de Dios por Israel, resalta la ingratitud de Israel que se manifiesta en el desprecio por el Templo

Malají abre con la descripción del amor de Dios por el pueblo de Israel, describiéndolo como un amor eterno que no depende de las acciones. En contraste con este amor se subraya Su odio hacia los hijos de Esav, que se manifiesta en la heredad de Esav desolada y desértica.

La heredad es la que simboliza la elección de Dios y la herencia que heredó Iaacov —y no Esav— de Abraham y de Itzjak. El profeta alienta a los que regresan a Tzión a prestar atención a la hermosa heredad a la que han vuelto, a la elección continua de ellos y de sus padres, frente a la desolación de sus adversarios y perseguidores de su heredad. El regreso a Tzión y su reconstrucción muestran al pueblo de la manera más clara la elección de Dios hacia ellos.

Pero entonces Malají continúa describiendo la respuesta del pueblo hacia su Dios: desprecio hacia Dios y presentación de sacrificios viles y repugnantes con defectos. La situación es tan grave que, desde la perspectiva del profeta, sería preferible que el pueblo no ofreciera sacrificios en absoluto: "¡Oh, si hubiera entre ustedes quien cerrara las puertas para que no encendieran Mi altar en vano!" (versículo 10).

Cabe destacar que en la época de Malají el Templo era nuevo, recién construido; por lo que no se trata de un proceso de deterioro gradual, sino de un desprecio intrínseco hacia el Templo y los sacrificios desde sus mismos comienzos. (A diferencia del deterioro progresivo que ocurrió en el pasado, tal como se describe en el libro de Yeshaiahu capítulo 1 y en el libro de Shmuel I en los capítulos 2 y 3).

El pecado comienza con la declaración: "La mesa del Señor es despreciable" (versículo 7). El desprecio no comienza con el acto de sacrificar un animal defectuoso, sino en un lugar más profundo: cuando en la conciencia de las personas reside el pensamiento de que el Templo de todos modos ya no es tan honorable y glorioso como lo fue, y que también se puede menospreciar los sacrificios y reservar la calidad para las necesidades personales.

Los que ofrecen sacrificios le dan a Dios menos honor del que le darían a un padre, a un gobernador o a un señor, siendo que Dios es mucho más honorable que cualquiera de ellos: "Porque desde la salida del sol hasta que se pone, Mi Nombre es grande entre las naciones" (versículo 11) — todas las naciones en toda la tierra honran a Dios, y solo el pueblo de Israel, el amado de Dios, desdeña Su ofrenda.

Malají crea un contraste que resalta la ingratitud: frente al amor de Dios por el pueblo de Israel, mencionado al comienzo del capítulo, resalta el gran desprecio de Israel hacia Dios.

Los referentes que escriben en esta sección son mimebros de la organización Najat-Jóvenes Amantes del Tanaj, un Centro de Estudios de Tanaj para la juventud

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La problemática de los diezmos en el período del retorno a Tzión

Las dificultades económicas de la época del Retorno a Tzión llevaron al pueblo a abstenerse de separar los diezmos. ¿Cómo enfrentaron este fenómeno los líderes de la época — Ezrá y Nejemiá, y el profeta Malají? Ezrá impone una multa; Nejemiá sella un pacto; y Malají promete abundancia y riqueza.

La propuesta del profeta Malají: "Traigan todo el diezmo al tesoro, para que haya alimento en Mi casa; y pónganme ahora a prueba en esto dice el Señor de los Ejércitos, si no les abriré las ventanas del cielo, y derramaré para ustedes bendición sin límite" (versículo 10), suscita una pregunta halájica. La propia Torá prohíbe tal prueba, como está dicho: "No habrán de probar a Hashem" (Devarim, capítulo 6, versículo 16), y la respuesta de Rabí Hoshayá: "Excepto en esto, como está dicho: '...y pónganme ahora a prueba en esto'" (Malají, capítulo 3, versículo 10) (Taanit 8b). Es decir, en el cumplimiento del precepto del diezmo está permitido esperar una recompensa tangible, y así también interpretaron los Jajamim, los Sabios, la expresión "aser teaser" (Devarim, capítulo 14, versículo 22) — "diezma para que te enriquezcas" (Taanit 8b).

Este problema de la separación de las terumot y los maasrot en los comienzos del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo ocupó al profeta como resultado de la precaria situación económica; y en efecto, los Jajamim encontraron los intentos de rectificar este precepto, que era débilmente observado, en el pacto de Nejemiá (Nejemiá, capítulo 10). Así expusieron en el Midrash Shojer Tov (Tehilim, Salmo 57): "En cuanto regresaron en los días de Ezrá, cumplieron los diezmos por propia iniciativa, pues dijo Rabí Iojanán: 'las primicias de nuestra masa y nuestras terumot... y el diezmo de nuestra tierra para los Leviim, los levitas' (Nejemiá, capítulo 10, versículo 38), 'y a pesar de todo esto nosotros sellamos un pacto' (Nejemiá, capítulo 10, versículo 1), ¿qué significa 'a pesar de todo esto'? Que tanto si somos exiliados como si no lo somos, cumplimos el precepto de los diezmos". Sin embargo, surgieron brechas en el cumplimiento del precepto, y en palabras de los Jajamim, los Sabios: "Ustedes decretaron sobre Mí por causa de los diezmos y llegué a un acuerdo con ustedes, y después se retractaron y se apoderaron de Mí, y los anularon, como está dicho: '¿Acaso puede robar el hombre a Dios?'" (Malají, capítulo 3, versículo 8). ¿Qué significa "robar"? Dijo Rabí Leví: "Todo aquel que quiera decirle a su prójimo: ¿por qué me robas, que le diga: ¿por qué te apoderas de mí?" (Midrash Shojer Tov, Salmo 58).

En el marco del debate sobre la distribución de los diezmos a los cohanim y a los leviim, encontramos en las palabras de los Jajamim en el tratado Yevamot (86b) una referencia a la multa que Ezrá impuso a los leviim. Allí aparece la interpretación de Rabí Iosef, uno de los Baalei HaTosafot, sobre el versículo "Traigan todo el diezmo al tesoro" (versículo 10): que el beit haotzar era una cámara que instituyó Ezrá para depositar allí la ofrenda de los cohanim — idea que se apoya en el texto del pacto en el libro de Nejemiá capítulo 10: "Y los levitas llevarán el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras, a la sala del tesoro, pues a las cámaras traerán los hijos de Israel..." (Nejemiá, capítulo 10, versículos 39-40); y así también se relata sobre la cámara que se hizo para sí el Cohen Eliashiv: "Y le hizo una gran cámara, donde anteriormente solían depositar la ofrenda de cereal y el incienso" (Nejemiá, capítulo 13, versículo 5).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Extraído de las clases de “Iyunim bePirkei HaMikrá” que fueron emitidas por Kol Israel

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Un ser humano ángel

A diferencia de otras culturas, pareciera que uno de los rasgos más destacados del ángel bíblico es precisamente su carácter de "ser humano". Este es el ángel que el profeta Malají presenta como modelo, signo y ejemplo para el líder espiritual.

"¿Mi marido? ¡Es un verdadero ángel!", le dice una mujer a su amiga. "Sí, el mío tampoco es un ser humano común...", le responde su amiga...

Basándose en lo dicho en nuestro capítulo: "Pues los labios del Cohen, el sacerdote deben guardar la sabiduría, y los hombres deben buscar la instrucción de su boca, porque él es el emisario del Señor de los Ejércitos" (versículo 7), los Sabios del Talmud (Moed Katán 17) interpretaron: "Si el maestro se asemeja al ángel del Señor, que busquen la Torá de su boca; y si no, que no busquen la Torá de su boca."

La comparación del rabino, guía del camino y líder espiritual con el "emisario del Señor de los Ejércitos" puede suscitar interrogantes. Así ocurre ciertamente en nuestra generación, que alberga —con razón— sospecha hacia toda clase de "ángeles" maravillosos que pretenden acceder a secretos celestiales, conocer lo que depara el futuro, hacer milagros y comportarse de manera que no es "conducta humana".

El estudio del texto bíblico revela que está repleto de "ángeles" de toda clase y tipo. Pero ¿cuál es la naturaleza de este "ángel" descrito en el texto bíblicá? ¿Es acaso una criatura maravillosa y sobrenatural, con aureola en la cabeza y alas de cisne blancas como la nieve, flotando en las alturas? ¿O bien su figura es la de un ser humano corriente que actúa en misión divina y anuncia buenas noticias?

Decenas de ángeles llenan el espacio del mundo bíblico. Desde el ángel destructor —con la espada llameante que gira en su mano— apostado a la entrada del jardín del Edén desde la expulsión, como temible "guardián"; pasando por el ángel que busca disuadir a Abraham de sacrificar a su amado hijo; ángeles que funcionan como una especie de "ecografía" o médico partero, anunciando a Abraham y Sará, y a Manoaj y su esposa, que les nacerá un hijo; ángeles anárquicos que "voltean" Sdom, Sodoma y los ángeles del sueño de Iaacov que suben y bajan por la escalera; el ángel que busca desviar a la burra de Bilam del camino, y el ángel que convence a Guidón de que él, y solo él, salvará a Israel — y muchos más.

A diferencia de otras culturas, pareciera que uno de los rasgos más destacados del ángel bíblico es precisamente su carácter de "ser humano", un ángel que no es "angelical" en apariencia. No una criatura maravillosa con alas que flota en las alturas, sino una especie de persona común que va y viene, habla y actúa, sube y baja por la escalera sin volar por los cielos.

Este es el ángel que el profeta Malají presenta como modelo, signo y ejemplo para el líder espiritual. No hacer milagros, no predecir el futuro, sino impartir una "verdad de la Torá" y educar en valores; alguien en cuyas "labios no se hallaba iniquidad" (versículo 6), poseedor de rectitud e integridad, que habla verdad en su corazón y cuyo interior refleja su exterior. No alguien que "hace noticias" ni distribuye amuletos y aguas sagradas; no un "señor de las guerras", hombre de riña y discordia; no un ángel de muerte, sino uno que camina "en paz y rectitud" (versículo 6), y que ve su misión en guardar el conocimiento, hacer justicia, reparar el mundo y "apartar a muchos del mal camino".

Solo un ángel así —merece ser emisario del Señor de quien "los hombres deben buscar la instrucción de su boca" (versículo 7).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Gentileza sitio 929.

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Traición a la mujer de la juventud

Casarse con mujeres extranjeras no es solo una transgresión, sino que también constituye una traición a las mujeres judías, quienes atravesaron grandes penalidades en su camino desde el exilio de regreso a la Tierra.

"Y, segundo, esta otra cosa hacen: cubren el altar del Señor de lágrimas, llantos y gemidos, porque Él ya no mira la ofrenda ni la acepta con agrado de vuestra mano. Y ustedes dicen: '¿Por qué?' Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto. ¿Acaso no hay uno que haya hecho así y que tenga él espíritu? Aquel buscaba una descendencia de parte de Dios. Presten atención, pues, a vuestro espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud." (versículo 13-15)

El profeta habla en esta profecía sobre un problema que surge con toda su agudeza en aquella generación: el problema de los matrimonios con mujeres extranjeras, no judías. Los líderes que se enfrentan a este problema son Ezrá —el Cohen, sacerdote y líder espiritual— y Nejemiá —el gobernador y líder militar y político—. Ezrá estableció un pacto con el pueblo para expulsar a las mujeres extranjeras que los retornados de Tzión habían tomado al llegar a la Tierra, y también Nejemiá presionó al pueblo, y especialmente a los Cohanim en este punto, para separarse de las mujeres extranjeras e incluso de los hijos que habían tenido con ellas (Ezrá 9-10).

Ezrá en su plegaria (9-10) se ocupa principalmente de la transgresión de la prohibición de casarse con una mujer extranjera, algo similar a lo que hizo Zimri ben Salú en Baal Peor. El profeta Malají en nuestra profecía aborda esto desde un ángulo diferente: la traición a la mujer de la juventud israelita, que acompañó a su marido en todo el largo y penoso camino desde el exilio en Bavel, Babilonia de regreso a la Tierra.

La referencia del pueblo al "uno que así hizo" ("¿Acaso no hay uno que haya hecho así?"; 15) evoca el caso de Abraham nuestro padre, quien también emprendió una difícil travesía desde Ur de los Caldeos y desde Jarán hacia la tierra de Quenahan, con Sará su esposa a su lado. Sará no era joven cuando inició su largo camino, y el largo viaje generalmente no favorece el rostro ni la apariencia del cuerpo de una mujer. Abraham llega a la Tierra, y al cabo de algunos años toma también por esposa a la joven criada de su esposa, Hagar, que es más joven, más lozana, y puede darle hijos.

Por supuesto, la historia de Abraham, Sará y Hagar es completamente diferente para todo aquel que examine los versículos originales. Pero puede servir como historia encubridora y pretexto para los retornados de Tzión que toman mujeres jóvenes y extranjeras de entre los pueblos que habitan la Tierra, traicionando así a sus esposas judías —mujeres de su pacto— con quienes subieron del exilio, que son mayores, y quizás debido al agotador viaje lucen exteriormente menos atractivas que las jóvenes locales.

Malají juzga a los esposos no solo por el matrimonio con una extranjera, sino ante todo por la traición misma a la mujer de su juventud.

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