Síntesis del capítulo, Zejariá 3

La cuarta visión: la visión de Yehoshua, el Cohen Gadol, ante Dios

Nuestro capítulo está dedicado a la visión extraordinaria entre las visiones de Zejariá, en la que el profeta ve a Yehoshua, el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote de pie ante la corte celestial. Tal como Zejariá ve, Yehoshua está de pie “delante del ángel del Señor, y el Satán estaba a su derecha para acusarlo” (versículo 1). El ángel del Señor pide a Dios que reprenda al Satán para que no continúe con su acusación, ya que Yehoshua es “un tizón arrebatado (rescatado) del fuego” (versículo 2) — sobreviviente de la destrucción del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo. El profeta describe que Yehoshua vestía “ropas sucias” (versículo 3) como símbolo de los pecados. En respuesta a la petición del ángel, Dios ordena quitar las ropas sucias y vestirlo con ropas limpias: “Que le pongan un ‎turbante limpio en la cabeza. Y le ‎pusieron un turbante limpio en la ‎cabeza y le vistieron con ropas de ‎gala” (versículo 5). Es posible que las ropas limpias con las que se viste a Yehoshua sean vestiduras sacerdotales.

Desde aquí el ángel pasa a hablar directamente a Yehoshua y le plantea una condición: Así dice el Señor de los ‎ejércitos: “Si anduvieran en Mis ‎caminos, y si guardaran Mis ‎ordenanzas, también tú ‎gobernarás Mi casa; además ‎tendrás a tu cargo Mis atrios y te ‎daré libre acceso entre éstos que ‎están aquí parado” (versículo 7).

El ángel continúa diciendo que además del sacerdocio de Yehoshua, “He aquí que yo voy a traer a Mi siervo el retoño” (versículo 8), es decir, el ángel alude al surgimiento de un rey de la casa de David, y después habrá prosperidad en Iehudá: “Aquel día, declara el Señor de ‎los ejércitos, invitarán  cada uno a ‎su prójimo bajo su parra y bajo su ‎higuera” (versículo 10).

Como se infiere de la visión misma, parece que su significado es la regulación del papel de Yehoshua como Cohen Gadol, una alusión a la coronación de un rey en Iehudá y la redención del pueblo.

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Síntesis del capítulo, Zejariá 2

La segunda visión: la visión de los cuernos y los orfebres (Versículos 1-4)

El profeta ve cuatro cuernos y pregunta al ángel: "¿Qué son éstos?". El ángel le responde: "Estos son los cuernos que dispersaron a Iehudá, a Israel y a Ierushalaim" (versículo 2). No queda claro si Zejariá vio cuernos de una bestia real, o armas de guerra utilizadas para embestir las murallas durante un asedio, simbolizadas por los cuernos. Zejariá continúa viendo cuatro orfebres —herreros del hierro—. Nuevamente Zejariá pregunta por su significado, y el ángel responde: "Aquellos son los cuernos que dispersaron a Iehudá, de modo que nadie ha podido levantar la cabeza; pero estos orfebres han venido para aterrorizarlos, para derribar los cuernos de las naciones que alzaron sus cuernos contra la tierra de Iehudá para dispersarla" (versículo 4). Las palabras del ángel son enigmáticas, pero la intención general es clara: las naciones que dañaron a Iehudá serán castigadas y dispersadas al exilio.

La tercera visión: la visión del medidor (Versículos 5-9)

El profeta ve "un hombre con un cordel de medir (herramienta antigua que consistía en una soga, cuerda o hilo para medir longitudes, terrenos y dimensiones de los objetos) en la mano" (versículo 5). En lugar de preguntarle al ángel, el profeta le pregunta directamente al hombre adónde va, y él le responde a Zejariá: "A medir a Ierushalaim para ver cuánta es su anchura y cuánta su longitud" (versículo 6). Otro ángel detiene al hombre que mide Ierushalaim y le dice que no es necesario medirla, puesto que "Sin muros será habitada Ierushalaim, a causa de la multitud de hombres y de ganado dentro de ella" (v.ersículo 8), es decir: Ierushalaim será tan grande y poderosa que no necesitará estar encerrada dentro de una muralla. Quien la protegerá será el Señor: "Y Yo seré para ella, declara el Señor, una muralla de fuego en derredor, y con gloria habitaré en medio de ella" (versículo 9).

Una profecía de redención (Versículos 10-16 )

Esta profecía interrumpe la secuencia de visiones y se divide en dos partes.

En la primera parte (10–13), el profeta llama a quienes moran en el exilio a salir de Bavel, Babilonia y ascender a Ierushalaim: "He aquí, agitaré Mi mano contra ellas, y serán despojo para sus esclavos" (versículo 13). La segunda parte (14–16) se dirige a los habitantes de Iehudá y los alienta: "Canta de júbilo y alégrate, oh hija de Tzion; porque he aquí, vengo, y habitaré en medio de ti, declara el Señor" (versículo 14). En ambas partes de la profecía, el profeta repite que el Señor lo ha enviado: "Entonces sabrán que el Señor de los Ejércitos me ha enviado" (versículo 13); "y sabrás que el Señor de los Ejércitos me ha enviado a ti" (versículo 15).

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Síntesis del capítulo, Zejariá 1

Como se desprende del encabezado del libro, Zejariá profetizó en paralelo a Jagai "En el octavo mes del año segundo de Darío, Dariavesh" (1). El libro de Zejariá se divide en dos partes. En los capítulos 1-8 aparecen las visiones que contempla Zejariá, que tratan sobre los desafíos de su época. Los capítulos 9-14 son diferentes en su carácter. Comentaristas e investigadores han debatido sobre la naturaleza, la época y el contexto de estos capítulos.

Una profecía de reprimenda (Versículos 2-6)

El libro de Zejariá comienza con una profecía de reprimenda y un llamado al arrepentimiento: "Así dice el Señor de los Ejércitos: Retornen a Mí declara el Señor de los Ejércitos y Yo me volveré a vosotros, dice el Señor de los Ejércitos. No sean como vuestros padres, a quienes los antiguos profetas proclamaron, diciendo: Así dice el Señor de los Ejércitos: 'Retornen ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras.' Pero no Me escucharon ni prestaron atención, declara el Señor" (3-4). Zejariá recuerda al pueblo la lección que deben aprender de la historia: sus padres pecaron y no escucharon las reprensiones de los profetas, y a consecuencia de ello fueron castigados con la destrucción y el exilio. Es posible que esta profecía constituya una introducción al libro en general y en particular a las visiones de Zejariá, a fin de vincular el cumplimiento de las visiones con el comportamiento del pueblo de Israel.

La primera visión: la visión de los caballos (Versículos 7-17)

Las visiones en el libro de Zejariá suelen presentarse siguiendo un esquema fijo: primero viene la descripción de la visión, luego el profeta solicita una explicación del significado de la visión y finalmente el ángel le explica su sentido.

Aquí la visión ocurre de noche, y Zejariá ve "a un hombre que iba montado en un caballo rojo; él estaba entre los mirtos que había en la hondonada, y detrás de él, caballos rojos, castaños y blancos" (8). Zejariá pregunta al ángel: "¿Quiénes son éstos, mi Señor?" (9). En este caso, en lugar de que el ángel responda, es el hombre que está entre los mirtos quien responde: "Estos son los que el Eterno ha enviado a recorrer la tierra" (10), e inmediatamente después los enviados/caballos añaden: "Hemos recorrido la tierra, y he aquí, toda la tierra está en paz y tranquila" (11), es decir, el mundo entero, o al menos el imperio persa, está en calma (a diferencia de la desolada Iehudá). A raíz de esto el ángel eleva una plegaria: "¿hasta cuándo seguirás sin compadecerte de Ierushalaim y de las ciudades de Iehudá, contra las cuales has estado enojado estos setenta años?" (11), es decir, el ángel se pregunta cuándo se cumplirá la profecía de que tras setenta años las naciones serán castigadas y Iehudá será redimida. El Señor responde al ángel: "He aquí que Yo he celado con gran celo por Ierushalaim y por Tzión, y de gran manera estoy Yo enojado contra las naciones que están confiadas; porque cuando Yo estaba un poco enojado, ellas contribuyeron al mal" (14-15). El Señor castigará a las naciones y traerá la reconstrucción del Templo: "Me volveré a Ierushalaim con compasión; en ella será reconstruida Mi casa, declara el Señor de los Ejércitos... nuevamente el Eterno consolará a Tzin>, y nuevamente escogerá a Ierushalaim" (16-17).

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Síntesis del capítulo, Jagai 2

La gloria del Segundo Templo será mayor (Versículos 1-9)

Esta profecía, como las demás del libro de Jagai, se abre con una fecha: "El día veintiuno del mes séptimo, vino la palabra del Señor por medio del profeta Jagai, diciendo." En esta profecía, Jagai vuelve a alentar a Israel a construir el Templo: "Pero ahora, esfuérzate, Zerubabel —palabra del Señor—, esfuérzate tú también, Yehoshua, hijo de Yehotzadak, sumo sacerdote, y esfuércense todos ustedes, pueblo de la tierra —palabra del Señor—, y hagan, porque Yo estoy con ustedes —palabra del Señor de los Ejércitos." (versículo 4). Los ancianos que vieron el Primer Beit HaMikdash en su esplendor sienten que el Segundo Beit HaMikdash será menos significativo: "¿no es como nada a vuestros ojos?" (versículo 3). Sin embargo, el Señor promete que la gloria del Segundo Beit HaMikdash será mayor que la del Primero: "La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera —dice el Señor de los Ejércitos—, y en este lugar daré paz —declara el Señor de los Ejércitos." (versículo 9).

La no construcción del Templo provoca impureza y maldición (Versículos 10-19)

Esta profecía tiene dos partes. En la primera (versículos 11-14), el profeta formula a los Cohanim, sacerdotes preguntas sobre las leyes de pureza e impureza, y tras recibir sus respuestas declara: "Así es este pueblo y así es esta nación delante de Mí —declara el Señor—, y así es toda obra de sus manos; y lo que allí ofrecen, impuro es." (versículo 14). Este pasaje es difícil de comprender, y los comentaristas debatieron a qué se refería el profeta, ofreciendo diversas respuestas. El Radak (Rabí David Kimhi) explica que "aunque ellos (los Cohanim, sacerdotes) conocen las leyes de pureza e impureza, todo lo que ofrecen ante Mí es como si fuera impuro, dado que se muestran negligentes en la construcción del Templo... pues solo los reprende por el asunto del Templo a lo largo de todo el pasaje... La expresión 'así es este pueblo' se refiere a los Cohanim, y 'así es esta nación' se refiere a Israel. Dice: todos son culpables por lo que respecta a la construcción del Templo, pues los Cohanim debían haber advertido al pueblo que construyera. Y así como dijeron que algo queda impuro, así toda obra de sus manos es impura ante Mí, y así también lo que los Cohanim ofrecen es impuro ante Mí, pues ofrecen en el altar sin Templo y no les preocupa Mi honor."

En la segunda parte de la profecía (versículos 15-19), Jagai vuelve a vincular la difícil situación de la tierra —el hambre y la sequía— con el estado de la construcción del Templo. La profecía concluye con la promesa de que desde el momento en que comiencen a construir el Templo, la bendición se derramará sobre todas sus obras: "pero desde hoy Yo os bendeciré." (versículo 19).

La coronación de Zerubabel (Versículos 20-23)

El libro de Jagai concluye con una profecía dirigida a Zerubabel, el líder político de la época: "Yo haré temblar los cielos y la tierra, y volcaré el trono de los reinos y destruiré el poder de los reinos de las naciones... En aquel día —declara el Señor de los Ejércitos— te tomaré a ti, Zerubabel, hijo de Shealtiel, siervo mío —declara el Señor—, y te pondré como anillo de sello, porque Yo te he escogido —declara el Señor de los Ejércitos." (versículos 21-23). Según las palabras de Jagai, el Señor ha elegido a Zerubabel y está destinado a la grandeza.

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Allí estaba mi casa

La pregunta sobre cómo se vería y sería recibido el Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo a los ojos de quienes vivieron y contemplaron el Primer Beit HaMikdash en todo su esplendor es una pregunta plenamente vigente también para nuestra generación, que vivió la terrible expulsión de Gush Katif.

¿Qué le ocurre a una persona que ha vivido toda su vida en un lugar determinado, que ve cómo echa raíces y florece, y de repente, un día aciago, su mundo se derrumba y toda su vida cambia irreconociblemente? Puede ser en el ámbito del trabajo, la familia, la salud, el lugar de residencia: el centro de la vida de esa persona.

El profeta Jagai aborda en el capítulo 2 la pregunta de cómo se vería y sería recibido el Segundo Beit HaMikdash, especialmente para quienes vivieron y vieron el Primer Templo en su esplendor: "¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto este templo en su gloria primera? ¿Y cómo lo ven ahora? Tal como está, ¿no es como nada a vuestros ojos?" (versículo 3)

La respuesta llega unos versículos más adelante: "La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera —dice el Señor de los Ejércitos—, y en este lugar daré paz —declara el Señor de los Ejércitos." (versículo 9)

Mi familia y yo tuvimos el mérito de ser parte de la gran comunidad de los asentamientos de Gush Katif. Durante 16 años fuimos construyendo, paso a paso, un asentamiento y una comunidad: cada etapa con su propio desafío, cada etapa con su precio en sangre pagado en ataques y atentados terroristas, en muertos y heridos. Ante cada dificultad pudimos y nos fortalecimos, crecimos y nos afianzamos. Para una dificultad no estábamos preparados: para que el gobierno y la sociedad en Israel nos volvieran la espalda, para la declaración y el terrible acto del desarraigo.

Y aquí nos encontramos ante las preguntas: ¿Lograremos reconstruir nuestro hogar como familia, como comunidad y como asentamiento? ¿Será la nueva casa en el interior del pequeño Estado de Israel como nada a nuestros ojos? ¿Y es esta casa la última? Así también pensábamos cuando vinimos a asentarnos en Gush Katif.

Los comentaristas debaten cuál es el significado de "la postrera". ¿Se refiere al Segundo Beit HaMikdash, que es el último respecto al primero (el Rashba y otros)? ¿O "postrera" no significa definitiva, habiendo aún otra después, como en algunos ejemplos en Iaacov y en Moshé? ¿O acaso hablamos de la última en sentido absoluto, el Tercer Beit HaMikdash?

En nuestro mundo ya hemos comprobado que el ser humano no sabe qué es "lo último". Nuestra limitación para saber qué guarda el futuro es una limitación humana. Pero nuestro camino consiste en preguntarnos si somos capaces de renovarnos. Aunque el futuro no sea exactamente como lo que tuvimos o como lo que imaginamos, ¿puede ser más grande y más significativo en misiones, en desafíos, en el espíritu que puede irradiar? Este camino depende de nosotros: "¿Y cómo lo ven ahora?" (versículo 3). A todos nos une una gran esperanza en un Tercer Beit HaMikdash que abarca y da sentido a las construcciones anteriores.


Gentileza sitio 929.

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Asuman la responsabilidad

Tras casi dos décadas, ha llegado el momento de interiorizar: así se ve la redención. Depende de manos humanas, no transforma el orden del mundo, y se requiere esfuerzo humano para construir el Templo. Asuman la responsabilidad, dice el profeta. Es vuestra.

Casi dos décadas han pasado. Asuman la responsabilidad. Casi dos décadas desde que los primeros cautivos de Tzión regresaron al oír la proclamación de Koresh, Ciro. Casi dos décadas desde que colocaron los cimientos del Templo y construyeron el altar. Casi dos décadas en las que se preguntan a sí mismos: ¿es realmente este el momento de construir el Templo en ruinas? ¿Así se cumplen las profecías de los profetas sobre la redención del pueblo? ¿Mora el Señor entre ellos? ¿Por qué quedaron tantos atrás? ¿Por qué en la tierra la sequía, la pobreza, la miseria y la humillación se ven en cada rincón? Casi dos décadas en que la cosecha es escasa y el fruto del campo, que a sus ojos refleja la bendición de Dios y Su presencia, les dice que Él no está. Y casi dos décadas en que esperan una señal del cielo.

Y entonces llegan los profetas Jagai y Zejariá, y cada uno a su manera pregunta: “¿Acaso es tiempo para que ustedes habitens en vuestras casas revestidas mientras esta casa está destruida? “(capítulo 1, versículo 4). Es cierto que la realidad no se parece a la que soñaron, el Templo no descendió de los cielos, y el comienzo les parece "como nada" (versículo 3), y no hay reconocimiento nacional ni internacional de la grandeza del Señor.

Sin embargo, tras casi dos décadas, ha llegado el momento de interiorizar: así se ve la redención. Depende de manos humanas, no transforma el orden del mundo, y se requiere esfuerzo humano para construir el Templo. El espíritu del Señor permanece en medio de ustedes aunque no ocurran milagros.

Pero, concluye Jagai, habrá un día en el futuro en que se cumplirán las palabras de los profetas tal como las soñaron, y la Casa del Señor, el lugar de Su morada en la tierra, será grande y honorable, no menos que la del Primer Beit HaMikdash, el Primer Gran Templo, y diferente de su forma actual.

Pero ahora que ya han pasado casi dos décadas: asuman la responsabilidad. Es vuestra.


Gentileza sitio 929

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¿Esto es lo que soñamos?

En su profecía, Jagai intenta cambiar la percepción errónea del pueblo de que aún no había llegado el momento de construir la Casa del Eterno. Pero, ¿qué los llevó a esa percepción equivocada?

El capítulo 1 de Jagai se ocupa en su totalidad del intento de cambiar la percepción errónea del pueblo de que "No ha llegado el tiempo, el tiempo de que la casa del Señor sea reedificada" (2).

¿Qué está en la base de la actitud del pueblo? La profecía de Irmiahu sobre un exilio de setenta años era bien conocida. Habían transcurrido 70 años, entonces ¿por qué el pueblo que habitaba en Tzión no creía que había llegado el momento de construir?

Al parecer, los hijos de Israel creían que el exilio debía terminar con señales y prodigios. Que, como en la primera entrada en tiempos de Yehoshua, las aguas del Iardén, el Jordán se dividirían ante ellos. Que en la tierra habría abundancia y paz. Y he aquí que llegan a Ierushalaim y descubren una tierra desolada, rodeada de enemigos; y si eso no fuera suficiente, la lluvia no cae, el grano no crece, la tierra retiene su fruto. ¿Acaso es esto lo que soñamos todos estos años?

Los errores en el cómputo de los 70 años ya habían ocurrido antes (véase por ejemplo en Daniel, o en la interpretación de los Sabios sobre los banquetes de Belshatsar y Ajashverosh). Los judíos permanecen sentados, contemplando su situación, con un pensamiento rondando su mente: ¿quizás también nosotros nos equivocamos? ¿Hemos violado el juramento de "no subir como un muro"? ¿Tal vez la declaración de un rey extranjero no es suficiente, y deberíamos haber esperado el descenso de un Templo desde el cielo?

Frente a ellos viene Jagai y les explica la realidad simple. En el regreso a la tierra no hay lugar para los temores propios del exilio. Ahora los hijos de Israel están llamados a levantar una nación y a renovar sus días como antaño. Cada problema que surge en un período así tiene por objetivo llevar a un paso adelante, y no a la desesperación y a rendirse. Y por supuesto, deben recordar siempre: "Yo estoy con vosotros dice el Eterno" (versículo 13).

Los referentes que escriben en esta sección son miembros de la organización Najat-Jóvenes amantes del Tanaj, un Centro de Estudios de Tanaj para la juventud

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Porque estoy con ustedes

El Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo fue construido en secreto, con materiales improvisados, con prisa, sin planificación ordenada y sin cuidar la belleza ni la dignidad. Precisamente por eso, Dios promete Su ayuda en la construcción de esta Casa.

"El día veintiuno del mes séptimo, vino la palabra del Señor por medio del profeta Jagai, diciendo: Habla ahora a Zerubabel, hijo de Shealtiel, gobernador de Iehudá, y al Cohen Gadol, Sumo Sacerdote Yehoshua, hijo de Yehotzadak, y al remanente del pueblo, diciendo: ¿Quién ha quedado entre ustedes que haya visto este templo en su gloria primera? ¿Y cómo lo ven ahora? Tal como está, ¿no es como nada a vuestros ojos? Pero ahora, esfuérzate, Zerubabel —palabra del Señor—, esfuérzate tú también, Yehoshua, hijo de Yehotzadak, el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote, y esfuércense todos ustedes, pueblo de la tierra —palabra del Señor—, y hagan, porque Yo estoy con ustedes —palabra del Señor de los Ejércitos." (versículos 1-4)

Unas siete semanas después de la profecía de reprimenda de Jagai en el capítulo 1, sobre la interrupción de la construcción del Templo, Jagai profetizó una profecía de consuelo y aliento para los constructores. El pueblo, bajo el liderazgo de Zerubabel y Yehoshua, había escuchado la reprensión de Jagai, la aceptó y se dispuso de inmediato a la construcción. Pero pocas semanas después del inicio de la nueva construcción (que duró cuatro años y medio), ¿cómo podían ver ya que el Segundo Beit HaMikdash no luciría tan hermoso como el Primero? ¡Pues precisamente de eso los está consolando Jagai!

Al parecer, la sensación de pequeñez durante la construcción del Segundo Beit HaMikdash no estaba necesariamente relacionada con el esplendor del edificio, sino ante todo con la manera en que fue construido. Durante la construcción del Primer Beit HaMikdash trabajaron decenas de miles de canteros, decenas de miles de cargadores y expertos sidonios en la tala profesional de maderas, y mucho más. El Segundo Beit HaMikdash fue construido en secreto, por temor a que lo viera el ojo del gobierno y el de los delatores; fue construido por ello con materiales improvisados, con prisa, sin planificación ordenada. Una construcción al estilo de "muro y torre" jamás cuidará en exceso la belleza ni la dignidad.

Jagai promete al pueblo la ayuda del Señor para la construcción "ilegal". En efecto, ese mismo año estallaron nueve rebeliones en todo el Imperio Persa, y Dariavesh, Darío no tuvo tiempo en absoluto de ocuparse de "nimiedades" como la construcción del Templo en Ierushalaim. Incluso dos años después, cuando las autoridades vinieron a verificar los permisos de construcción, los constructores lograron disuadirlos con un pretexto endeble, y el corazón de Dariavesh estaba precisamente del lado de los constructores.

Muchos son los caminos de Dios, para ayudar a Su pueblo. ¡Y si tan solo lo desean, esto no es una leyenda!

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Lo importante es construir el Templo

Los ancianos que comparan la Casa actual, en proceso de construcción, con la Casa anterior que fue destruida, pueden llegar a la desesperación. Y por ello el profeta los fortalece. La misión del pueblo no es embellecer el Templo, sino ante todo y principalmente construirlo.

La fecha de la profecía que abre nuestro capítulo es: "El día veintiuno del mes séptimo" (versículo 1). El mes séptimo es el mes de Tishrei, y el veintiuno de él es el último día de la fiesta de Sucot, el día que llamamos Hoshana Rabá. La Torá no señala este día de manera especial ni lo establece como día sagrado, a diferencia del séptimo de Pesaj, pero quizás en la época de Jagai ya había comenzado a ser marcado como un día especial, tal como se acostumbra hoy, y alrededor del altar que construyeron los cautivos de Tzión se congregaba una gran multitud.

La fecha es cuatro semanas después del inicio de las obras. El profeta se dirige a Zerubabel hijo de Shealtiel, gobernador de Iehudá, a Yehoshua hijo de Yehotzadak, el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote, y al remanente del pueblo, es decir, a los ancianos que tuvieron el privilegio de ver con sus propios ojos el Primer Templo que construyó el rey Shlomó, y dice: "¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto este templo en su gloria primera? ¿Y cómo lo ven ahora? Tal como está, ¿no es como nada a vuestros ojos?" (versículo 3).

Los ancianos que comparan la Casa actual, en proceso de construcción, con la Casa anterior que fue destruida, pueden concluir que su gloria es como nada frente al esplendor del Primer Templo. A partir de esta comparación pueden llegar a la desesperación, o incluso a menospreciar, Dios no lo quiera, el honor de la Casa. Por ello el profeta los fortalece: "Pero ahora, esfuérzate, Zerubabel —palabra del Señor—, esfuérzate tú también, Yehoshua, hijo de Yehotzadak, el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote, y esfuércense todos ustedes, pueblo de la tierra —palabra del Señor—, y hagan, porque Yo estoy con ustedes —palabra del Señor de los Ejércitos." (versículo 4).

Es cierto que la Casa no es espléndida, pero no desesperen: el Señor guardará Su alianza, la alianza que selló con el pueblo en el monte Sinai, al salir de Egipto, y hará morar Su Shejiná también en esta Casa: "Conforme a la promesa que les hice cuando salieron de Egipto, Mi Espíritu permanece en medio de ustedes; no teman." (versículo 5). Sus palabras aluden, al parecer, a lo dicho en la Torá en el libro de Shemot, capítulo 25: "Y me harán un santuario, y Yo moraré en medio de ellos."

La misión del pueblo no es embellecer el Templo, sino construirlo. No importa el tamaño ni el esplendor del edificio: lo que importa es su construcción. Cuando se complete la obra, las naciones traerán sus tesoros y llenarán de gloria la pequeña y modesta Casa, hasta que su gloria supere incluso la del Primer Beit HaMikdash. La riqueza en manos de las naciones pertenece a Dios, y cuando Él lo quiera, las naciones la traerán a la Casa del Señor: "Y haré temblar a todas las naciones; vendrán entonces los tesoros de todas las naciones, y Yo llenaré de gloria esta casa... Mía es la plata y Mío es el oro —declara el Señor de los Ejércitos—. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera —dice el Señor de los Ejércitos..." (versículo 7-9).

Las palabras de aliento y fortaleza de Jagai surtieron efecto, y el pueblo se animó y continuó con las obras de construcción:

" Y los ancianos Iehudá edificaban y prosperaban, cumpliéndose la profecía de Jagai el profeta, y de Zejariá hijo de Iddo. Edificaron, y acabaron, conforme al mandato del Dios de Israel..." (Ezrá, capítulo 6, versículo 14).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio Daat.

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Llegó el momento

Jagai profetizó al cumplirse los 70 años del exilio babilónico, y por ello se consideraba a sí mismo portador de un nuevo mensaje sobre el comienzo de una nueva época.

Los problemas relacionados con la cronología de los inicios del período del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo y las profecías de Jagai, así como las comparaciones con los libros de Ezrá-Nejemiá, han generado diversas teorías sobre las distintas etapas del Retorno a Tzión. La más difícil de las preguntas es: ¿cómo es posible que Jagai y Zejariá no mencionen en absoluto la primera Aliá en tiempos de Koresh, Ciro? ¿Por qué no consideran la construcción del Templo como la continuación del cumplimiento del designio divino que había comenzado en el pasado?

Parece que podremos responder a esto si profundizamos en la situación que se había instalado en Ierushalaim con la paralización de la construcción. Los olim habían llegado llenos de entusiasmo mesiánico, los ancianos aún recordaban el esplendor del pasado, y he aquí que de las alturas de la disposición para grandes gestas se había llegado al día de las pequeñeces, y no solo eso: crisis económica, inseguridad, provocaciones por parte del pueblo de la tierra, y sobre todo, la paralización de las obras. Es fácil imaginar cuán difícil era la posición del profeta al llamar a sacudirse el polvo de la pequeñez que los había envuelto durante unos dieciocho años.

El punto clave para la fe en la redención se encontraba en las palabras de Irmiahu enviadas a los exiliados de Bavel, Babilonia: “Cuando se hayan cumplido setenta años para con Bavel, Yo los visitaré, y cumpliré para con vosotros Mi buena promesa de hacerlos volver a este lugar” (Irmiahu, capítulo 29, versículo 10). Esos setenta años concluyeron en el primer año de Koresh. Sin embargo, entre el ascenso de Bavel y la destrucción de Ierushalaim transcurrieron dieciocho años, es decir, que hasta la declaración de Koresh solo habían transcurrido cincuenta y dos de los setenta años previstos, y aún faltaban dieciocho años para el cumplimiento de la profecía sobre la restauración de Ierushalaim.

Jagai vio por tanto en el ascenso de Dariavesh, Darío en el año 520, dieciocho años después del año 538, el fin del período del doble exilio: en Bavel bajo el dominio babilónico, y en la tierra de Iehudá bajo el terror del pueblo de la tierra. E intencionalmente ignoró todo lo que había sucedido antes. Se veía a sí mismo como portador de un nuevo mensaje sobre el comienzo de una nueva época, cuyo gran símbolo sería la última Casa del Señor, cuya gloria sería incluso mayor que la de la primera.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Extraído de “Iyunim bePirkei HaMikrá”, que fueron emitidos por Kol Israel.

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