לעילוי נשמת של החייל אילן משה כהן ז"ל En recuerdo de Ilan Moshe Cohen z"l
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Una clave para decodificar las profecías de Irmiahu

La Meguilá (el rollo) del libro contenía las primeras profecías de Irmiahu. La cuarta profecía (capítulo 4), que menciona por primera vez al enemigo del norte, es la cuarta columna de la Meguilá, y por eso despertó la ira de Yehoiakim, hasta el punto de que la rasgó y la quemó.

Este capítulo constituye una clave necesaria para descifrar las primeras profecías de Irmiahu (2 hasta 8 + 11 hasta 20); prestemos atención a los siguientes puntos:

1.     La Meguilá de las reprensiones incluía profecías desde los días de Yoshiahu hasta el quinto año de Yehoiakim (capítulo 36, versículos 2,9); y efectivamente, las primeras profecías de Irmiahu (capítulos 2 y 3) son de los tiempos de Yoshiahu;

2.     La Meguilá estaba destinada a ser leída en público en la casa del Señor en día de ayuno, para causar conmoción (Capítulo 36, versículos 6-8); por tanto, no podían incluirse en la misma pasajes personales y persecuciones; y efectivamente, estos pasajes aparecen solo en los capítulos 11 hasta 20, que aparentemente fueron añadidos en la segunda escritura (capítulo 36, versículo 32);

3.     El profeta ya estaba siendo perseguido, detenido y oculto (después del juicio, y después de las torturas); y efectivamente, las profecías del capítulo 7 están explícitamente relacionadas con el juicio (que está en el capítulo 26), y con las torturas (que están en el capítulo 20);

4.     En la cuarta columna de la Meguilá se escribió por primera vez, al parecer, una profecía sobre la venida esperada del rey de Bavel, Babilonia, del norte – "Y sucedió que como Yehudí acabase de leer tres o cuatro columnas, (el rey Yehoiakim) cortó el rollo con una navaja de escribano, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió en el fuego que en el brasero estaba..." (Capítulo 36, versículo 23);

Y efectivamente, al comienzo del capítulo 4 está escrita ante nosotros tal profecía, con una correspondencia extraordinaria – "... porque voy a traer un mal desde el norte, y gran destrucción;...Y sucederá en aquel día, dice el Señor, que desfallecerá el corazón del rey y el corazón de los príncipes (Capítulo 4, versículos 6-9). Y de aquí parece deducirse que esta profecía en el capítulo 4 es la cuarta columna de la Meguilá de las reprensiones que despertó la ira de Yehoiakim.

Cuando leemos el capítulo 4, y pensamos en Yehoiakim, que fue puesto como rey por los egipcios y la mayor parte del tiempo permaneció fiel a ellos, entendemos muy bien por qué Yehoiakim se enfureció tanto; por qué rasgó y quemó un rollo profético, y persiguió a los profetas, que amenazaban el núcleo de su política anti-babilónica.

Los príncipes, muchos de los cuales crecieron y se formaron con Yoshiahu, "temieron" mucho las palabras de la profecía escritas en el libro (como un rollo de la Torá), y algunos de ellos trataron de impedir la quema de la Meguilá(capítulo 36, versículos 12, 16, 25) – ¡pero quién puede enfrentarse al furor desatado de un gobernante que conduce al desastre con ceguera absoluta!

Cortesía sitio 929.

 

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La Meguilá del libro

El libro de Eijá, el Rollo (la Meguilá) de Lamentaciones es el libro que fue escrito y leído al pueblo por Irmiahu y Baruj hijo de Neriá en los días de Yehoiakim, y fue quemado por Yehoiakim. Todo lo que estaba escrito en él podía Yehoiakim soportarlo, hasta que el asunto lo tocó a él y a su trono.

En el capítulo 36 del libro de Irmiahu se cuenta sobre una Meguilá que Irmiahu dictó a Baruj hijo de Neriá, su escriba. Irmiahu ordenó a Baruj que leyera la Meguilá a oídos del pueblo en un día de ayuno que se estableció en el mes de Kislev. Baruj lee la Meguilá, y el asunto llega rápidamente a los príncipes que piden escuchar la Meguilá directamente de boca de Baruj. Baruj vuelve a leer la Meguilá ante ellos, y ellos, alarmados, transmiten las palabras al rey Yehoiakim. Irmiahu y Baruj se esconden, y un hombre judío lee la Meguilá ante el rey. "Y sucedió que como Yehudí acabase de leer tres o cuatro columnas, (el rey) cortó el rollo con una navaja de escribano, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió en el fuego que en el brasero estaba" (Irmiahu, capítulo 36, versículo 23). El rey resuelve el problema de la Meguilá de la manera que ciertos reyes resuelven los problemas: ignora las palabras y las quema en el fuego.

Primero debemos entender la época y el trasfondo del acontecimiento. Yehoiakim fue entronizado por el Faraón Nejó. 4 años después de su reinado ocurre la batalla de Carquemis, sobre el río Éufrates, Egipto es derrotado en la batalla, y Nevujadnetzar toma el control de toda la región. Un año después, en el quinto año de Yehoiakim, declaran ayuno en Ierushalaim, e Irmiahu lee ante el pueblo la Meguilá que causó tan gran consternación. ¿Cuáles eran esas palabras misteriosas que infundieron tanto terror en el corazón del pueblo, y que despertaron la ira del rey hasta tal punto que él mismo arrancaría el rollo página tras página y lo quemaría en el fuego?

Según la tradición de nuestros Sabios (Tratado Moed Katán 26a), la Meguilá que fue leída en ese día de ayuno era la Meguilá de Eijá, el Rollo de Lamentaciones. El pueblo se reúne lleno de ansiedad debido a la victoria parcial de Nevujadnetzar rey de Babilonia, Bavel, que tomó Ashkelón, e Irmiahu lee a sus oídos la Meguilá de la destrucción - ¡destrucción que vendría en 17 años más!

Irmiahu describe un pueblo y una tierra en descomposición. Moral baja, impuestos altos, llanto e inseguridad en todas partes. La gente se traiciona unos a otros. Emigran de la tierra por pobreza y dificultades de vida. Los caminos de Tzión están de luto, no hay seguridad en los caminos, los Cohanim, sacerdotes gimen por el templo desolado. El pueblo y los príncipes se alarman, mientras que el rey - desconectado de la realidad, escucha todo esto en la atmósfera íntima de su oficina climatizada, y no se conmueve. No por los caminos enlutados, no por el descenso al exilio, no por las puertas desoladas y los Cohanim, sacerdotes que gimen. Tampoco por las vírgenes dolientes.

Pero, según las palabras de nuestros Sabios en el mismo Midrash, cuando el rey escucha que "sus adversarios han venido a ser cabeza" (Eijá, capítulo 1, versículo 5) - que el poder pasará de él a sus enemigos, esto ya no puede soportarlo. Y borra el nombre de Dios, quema la Meguilá, y oculta su rostro para no ver la realidad que lo rodea.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio DAAT.

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Destruir y volver a empezar

Después de los graves pecados de la víspera de la destrucción del Templo, es necesario desmantelar completamente el establishment corrupto y establecer una nueva generación.

Mientras Ierushalaim estaba sitiada y el pueblo se preocupaba y temía, el profeta Irmiahu se dirigió al pueblo y al rey Tzidkiahu e intentó convencerlos de salir de las murallas de Ierushalaim y rendirse al rey de Bavel, Babilonia.

La reacción de los líderes del pueblo al llamado de Irmiahu era predecible: temían que sus palabras debilitaran las manos del pueblo.

Y efectivamente, las palabras de Irmiahu no son claras: ¿por qué Irmiahu trata de convencer al pueblo de rendirse al enemigo? Aparentemente, esta profecía contradice el mensaje del heroísmo judío en el que todos creemos, según el cual hay que confiar en la gracia de Dios y en Su providencia sobre Israel. ¿Por qué Irmiahu no llama al pueblo a mejorar sus caminos y les promete que permanecerán en su tierra si se arrepienten?

Resulta que Irmiahu estaba seguro de que Ierushalaim sería destruida, y no veía valor en la continuación del reino de Israel tal como era. Esta fue la diferencia notable entre la profecía de Irmiahu y la profecía de los falsos profetas: los falsos profetas profetizaron sobre una redención cercana, mientras que Irmiahu profetizó que la redención comenzaría solo setenta años después de la destrucción. Irmiahu enfatiza repetidamente que la redención no es inminente, y que el pueblo puede establecerse de manera casi permanente en las tierras a las que será exiliado.

Los setenta años de exilio son el tiempo necesario para que mueran todos los miembros de la generación que recuerdan a Ierushalaim en su degradación.

Después de los graves pecados de la víspera de la destrucción del Templo, es necesario desmantelar completamente el establishment corrupto y establecer una nueva generación. Similar a la generación que salió de Egipto, que murió completamente en el desierto, también la generación que vio el Primer  Beit HaMikdash, el Primer Gran Templo debe morir antes de que se establezca el Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo.

La profecía de Irmiahu no contiene un llamado al arrepentimiento y la corrección, sino que profetiza destrucción, ruina y renacimiento. Su profecía se refiere al establishment - que debe ser destruido y crecer de nuevo, y no a los individuos - que ciertamente deben arrepentirse y salvarse. Irmiahu llama a la rendición al rey de Bavel, Babilonia, para que el establishment se desintegre. Dios no ha rechazado a Israel, pero solo después de que el pueblo regrese y establezca un gobierno de justicia - solo entonces podrá volver a gobernar en Ierushalaim.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Gentileza sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

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Y todo para evitar la destrucción

Irmiahu intenta con todas sus fuerzas evitar la destrucción, pero sin éxito.

En nuestra concepción, el sitio es la etapa en la que ya casi no hay vuelta atrás, pero cuando los eventos se desarrollan, las cosas suceden de manera diferente. Tzidkiahu se dirige a Irmiahu con pánico y le pide consejo. Irmiahu le dice cosas sorprendentes: "Si  tú salieres, luego a los príncipes del rey de Bavel entonces vivirá tu alma, y esta ciudad no será quemada a fuego, y vivirás tú y tu casa. Pero si no salieres a los príncipes del rey de Bavel, entonces esta ciudad será entregada en manos de los kasditas (caldeos) y ellos la quemarán a fuego, y tú no escaparás de mano de ellos" (capítulo 38, versículos 17-18).

Ya habíamos escuchado antes a Irmiahu llamar a Tzidkiahu a rendirse ante Bavel: "He aquí que pongo delante de vosotros el camino de la vida y el camino de  muerte. Aquel que permaneciere en esta ciudad, morirá a espada, y de hambre y de peste: mas el que saliere y se pasare a los kasditas que los asedian, vivirá" (capítulo 21, versículos 8-9), y así también se dice en el capítulo 37. Pero en ambos lugares está muy claro cuál es el destino de la ciudad: "...  y pelearán contra esta ciudad, y la tomarán, y la quemarán a fuego" (capítulo 37, versículo 8). ¿Cómo puede Irmiahu condicionar la prevención del incendio de la ciudad a la rendición de Tzidkiahu ante los babilonios?

Resulta que Irmiahu intenta mostrar al pueblo y al rey que siempre existe la posibilidad de anular el decreto de destrucción. En los días de Yoshiahu y Yehoiakim, Irmiahu llamó al arrepentimiento en diferentes ocasiones. El pueblo no se arrepintió, por lo que Irmiahu recuerda al pueblo el camino de la vida y el camino de la muerte. Cuando esto no sirve, Irmiahu intenta en la última oportunidad salvar la ciudad: Tzidkiahu debe rendirse, eso es todo.

Pero Tzidkiahu se comporta con egoísmo: "Tengo miedo a los judíos... no sea que éstos me entreguen en sus manos y ellos me escarnezcan (se burlen de mí)" (capítulo 38, versículo 19). Tzidkiahu no está dispuesto a rendirse y salvar la ciudad, solo por el miedo de que se burlen de él. Irmiahu enfatiza: "Obedece, te lo ruego, a la voz del Señor, respecto de lo que te digo, para que te vaya bien y para que viva tu alma” (versículo 20). Todo esto no sirve, y el capítulo termina con las palabras escalofriantes: "y estaba aún allí cuando Ierushalaim fue tomada..." (versículo  28). La destrucción está llegando.

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La limitación de la libertad de expresión-con criterio

La limitación de la libertad de expresión, similar a la que encontramos también en nuestro capítulo, debe hacerse, a diferencia de nuestro capítulo, con gran discreción y moderación.

La libertad de expresión es el alma de la democracia. Literalmente "el pájaro del alma". Por esta razón, un régimen democrático contemporáneo digno de ese nombre evita criminalizar actos que consisten principalmente en expresión verbal, cuando no se les une una acción.

En efecto, la libertad de expresión no es libertad absoluta. Partiendo del supuesto - que lamentablemente y con dolor de corazón ha encontrado expresión en la realidad en nuestros días - según el cual "las palabras pueden matar", cuando el discurso va acompañado de incitación, sedición y otras maldades, puede constituir un delito penal.

También el legislador israelí incluyó en el código penal diversos delitos de expresión, como incitación a la violencia, incitación al racismo, sedición, insulto a funcionario público, y otros similares. Aparentemente, el intento de hablar de "libertad de expresión" en el mundo bíblico parece bastante anacrónico, ya que el régimen monárquico estaba muy lejos de un gobierno democrático contemporáneo. Y sin embargo, las palabras de los profetas y su desafío contra los actos de injusticia y corrupción gubernamental son percibidos como ejemplo y modelo de la importancia de la libertad de expresión cuyo propósito es la reparación del mundo y la sociedad.

En nuestro capítulo hay eco y testimonio de que también en tiempos antiguos el poder buscó tomar medidas punitivas contra expresiones que no fueron de su agrado. Al principio, enfatiza el texto, a pesar de sus palabras duras y correctas, "E Irmiahu entraba y salía en medio del pueblo, pues no le habían aún puesto en la cárcel" (versículo 4).

En efecto, este idilio no duró mucho tiempo: "Y los príncipes estallaron en ira contra Irmiahu, y le golpearon, y le pusieron en la cárcel, en la casa de Iehonatán, el secretario; porque a ésta la habían convertido en cárcel. Cuando hubo entrado Irmiahu en la casa de la mazmorra y en las bóvedas, y cuando había permanecido allí muchos días" (versículos 15-16). Golpes, prisión prolongada ("muchos días"), e incluso alusión al calabozo ('casa del pozo'), hasta el punto de peligro de muerte ("Y no me hagas volver a la casa de Iehonatán el escriba, el secretario,no sea que muera allí"; versículo 20), fueron una respuesta apropiada, según el poder, a palabras que no fueron de su agrado. Sin juicio, sin justicia.

Solo a la luz de la protesta de Irmiahu, el rey Tzidkiahu se convenció y endulzó un poco la píldora amarga, la prisión. En lugar de prisión "en la casa del pozo" se decretó para Irmiahu un castigo más moderado: una especie de 'custodia semi-abierta' en el patio de la guardia, donde se le dio alimento en cantidad razonable: "y pusieron preso a Irmiahu en el patio de la cárcel, y le dieron diariamente un bollo de pan, de la calle de los panaderos, hasta que se consumió todo el pan en la ciudad. Y así se quedó Irmiahu en el patio de la cárcel" (versículo 21).

El encarcelamiento de una persona, e incluso su detención, solo por palabras, incluso palabras duras que queman el corazón y lastiman el oído, requiere gran discreción y moderación. Y mientras sea posible lograr el objetivo - reducir el temor al daño a las personas - por otros medios, deben preferirse.

Cortesía sitio 929.

 

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La grandeza de Irmiahu

Irmiahu reclamó tanto el honor del Padre como el honor del hijo - reprendió al pueblo pero al mismo tiempo también pidió el perdón de Dios, por eso mereció que su profecía se duplicara - "y además les fueron añadidas muchas otras palabras semejantes" (versículo 32).

Irmiahu dicta a su ayudante la profecía que leerá ante el pueblo. El rey, también él, escucha las palabras y quema la Meguilá (el rollo), pero Irmiahu no se rinde y por orden de Dios vuelve a escribir la Meguilá, e incluso le añade más (32).

¿Por qué mereció Irmiahu una profecía doble? En su respuesta a esta pregunta, los Sabios comparan a Irmiahu con dos profetas: Eliahu y Ioná – que también se enfrentaron con su audiencia:

Se encuentra que dices que son tres hijos: uno reclamó el honor del Padre y el honor del hijo. Otro reclamó el honor del Padre y no el honor del hijo. Y otro reclamó el honor del hijo y no el honor del Padre. Irmiahu reclamó el honor del Padre y el honor del hijo como se dice: "Nosotros hemos pecado, y hemos sido rebeldes, (lo cual), Tú no has perdonado" (Eijá, Lamentaciones, capítulo 3\, versículo 42) Por eso se duplicó su profecía como se dice: "y además les fueron añadidas muchas otras palabras semejantes " (Irmiahu, capítulo 36, versículo 32). Eliahu reclamó el honor del Padre y no el honor del hijo como se dice: "Muy celoso he sido por causa del Señor, el Dios de los Ejércitos " etc. (Melajim I, capítulo 19, versículo 10) ¿y qué se dice allí? "Entonces le dijo el Señor: "Anda, vuélvete por tu camino al desierto de Damesek... también a Yehú, hijo de Nimshi, le ungirás por rey de Israel; y ungirás a Elishá, hijo de Shafat...por profeta en tu lugar" (Melajim I, capítulo 19, versículos 15-16) que no hay enseñanza para decir 'profeta en tu lugar' sino que no puedo (= no soy capaz) con tu profecía. Ioná reclamó el honor del hijo y no el honor del Padre (como se dice: "Y se levantó Jonás para huir" etc.; Ioná, capítulo 1, versículo 3) ¿qué está escrito? "Y fue la palabra del Señor por segunda vez a Ioná, diciendo” (Ioná, capítulo 3, versículo 1) por segunda vez se habló con él, no por tercera (Mejilta de Rabí Ishmael, Masejta de Pesaj, Parashá 1).

Los tres profetas son modelos de comportamiento. Irmiahu, que no ocultó el pecado pero pidió perdón a Dios, mereció que su profecía se duplicara y se añadiera a lo existente. Eliahu, que se regocijó por el pecado pero no estaba dispuesto a apoyar al pueblo pecador, fue castigado y su profecía fue interrumpida. Mientras que Ioná, que trata de justificar a su pueblo y por eso no está dispuesto a profetizar sobre otro pueblo, también su profecía se interrumpe.

El Midrash a su manera presenta la grandeza de Irmiahu – reprende al pueblo pero también sabe pedir el perdón de Dios. Y por eso su profecía continúa y se duplica.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio 929.

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Entre dos ruegos

¿Cuál es el sentido de la extraña petición de Irmiahu a Tzidkiahu y por qué derrama sus súplicas ante él? Parece que en tiempos de crisis, Irmiahu prefiere fortalecer la posición de Tzidkiahu como gobernante mediante el reconocimiento de su poder.

El capítulo comienza en la época del inicio del reinado de Tzidkiahu, e inmediatamente después se describe la petición de Tzidkiahu a Irmiahu para que ore por el pueblo: "Yel rey Tzidkiahu envió... al profeta Irmiahu diciendo: Ora por nosotros, te ruego, al Señor, nuestro Dios" (versículo 3). Tzidkiahu y el pueblo se encuentran en apuros y por eso eligen dirigirse al profeta. Irmiahu transmite la respuesta de Dios: "Pues aunque hubieran derrotado a todo el ejército de los kasditas que pelean contra vosotros... y quemaran a fuego esta ciudad" (versículo 10). Tzidkiahu espera escuchar maravillas del profeta, pero escucha lo contrario.

El capítulo termina con una escena similar a esta, solo que esta vez los papeles se invierten. Irmiahu se encuentra en la cárcel, después de que los príncipes de Tzidkiahu lo encarcelaron allí por su dura profecía. Irmiahu es quien ahora se encuentra en tiempo de angustia y por eso extiende sus súplicas ante el rey: "¿En qué he pecado contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me hayan puesto en la cárcel?... te ruego que sea aceptada mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a la casa de Iehonatán, el secretario, no sea que muera allí" (versículos 18-20). Esta situación es tan irónica. El profeta con quien está Dios, suplica ante Tzidkiahu para ser liberado de la cárcel, mientras que el mismo rey está destinado a ser asesinado por los babilonios. Irmiahu sabe que no tiene sentido confiar en el hombre: "Maldito aquel que confía en el hombre..." (capítulo 17, versículo 5), y sin embargo se dirige a Tzidkiahu pidiendo ayuda – ¡¿por qué no se dirige a Dios?!

Parece que Irmiahu sabe y entiende que Tzidkiahu es un rey débil, como también se desprende de la intervención descarada de los príncipes en el reino de Tzidkiahu. En lugar de aprovecharse de la debilidad de Tzidkiahu, como lo hacen los príncipes, Irmiahu le suplica que lo libere de la prisión. La súplica de Irmiahu fortalece la posición de Tzidkiahu como gobernante. Los príncipes de Tzidkiahu acusaron a Irmiahu de que "Tú vas a desertar a los kasditas" (=te has rendido) (versículo 13), pero la verdad es lo contrario, en este momento Irmiahu se "rinde" precisamente al poder de Tzidkiahu y con ello lo fortalece.

 

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דברי הימים ב ל"ו

מתוך פרויקט 'התנ"ך היומי' של ישיבת הגולן

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