El simple hecho de ocuparse de las necesidades de la comunidad, como la construcción del Templo, lleva a la persona a atribuir menos importancia a sus propias necesidades, y en consecuencia todo lo que tiene le parece suficiente y bueno — y esa es la bendición.
Jagai reprende al pueblo de Israel por no haber construido el Templo, y les dice que sus dificultades económicas y agrícolas son consecuencia del retraso en su construcción: