Shmuel no dirigió un discurso frío y distante, planificado previamente y muy bien construido y estructurado, sino que habló desde lo más profundo de su corazón, con la emoción particular de un líder preocupado.
El discurso de Shmuel está colmado de frases problemáticas y obstruidas, que sobresalen por su excepcionalidad en el contexto de lenguaje claro de todo el libro.
Por ejemplo: Shmuel enfatiza ante el pueblo que el futuro del mismo depende de encaminarse en la senda de Dios.