¿Por qué acostumbraron los judíos a bendecir a los hijos como “Efraim y Menashe”? ¿Por qué no bendecirlos en el nombre de los padres de la nación? El Rabino Neria Z”l, de Bendita Memoria, nos enseñó que en esta costumbre reside un mensaje educativo profundo: así como Iosef logró educar exitosamente a sus hijos en una tierra extranjera, así también nosotros podemos educar a nuestros hijos en cualquier situación.

1   “...y dijo (Jacob) a José: ...  Y ahora tus dos hijos Efraín y Manases, que te nacieron en la tierra de Egipto...  míos son; como Rubén y Simeón, serán míos...  Porque cuando yo venía de Padán Aram, se me murió Raquel en la tierra de Canaan, en el camino, como media legua de tierra viniendo a Efrata; y la sepulté ahí en el camino de Efrata, que es Belén.”

(Génesis 48, 3-7)

En el cuadro de Rembrandt, al igual que en el Midrash, surge una diferencia entre Efraim, el hombre espiritual y Menashé, el hombre realista. Efraim extiende su cuerpo hacia adelante, sus manos están ubicadas sobre el pecho, sus ojos cerrados con una expresión de elevación. A diferencia de él, Menashé se halla en el mundo de la realidad, y sus ojos abiertos.

 

Cuadro de Rembrandt, Iaacov bendiciendo a los hijos de Iosef, Holanda, 1606-1669

¿Cuál es el mérito de Efraim y Menashé que no tuvieron Iehudá y Biniamín y los otros hermanos? ¿Por qué justamente fueron sus nombres los que quedaron grabados en el corazón de la nación como hijos benditos a los que todos quieren parecerse?

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“ Dijo Iaacov a Paró: Los días de los años de mi peregrinaje  son ciento treinta años; pocos y aciagos han sido los días de los años de mi vida y no han alcanzado a los días de los años de la vida de mis padres, en los días del peregrinaje de ellos” (Capítulo 47, versículo 9)

 

 

 

En nuestro capítulo vemos cómo Iosef se ocupa de sus hermanos en Egipto para conseguirles un lugar de residencia, comida y una ocupación adecuada. La historia de la venta culmina con el reflejo de un valor significativo en la Torá, y es la base de la fraternidad y la solidaridad en la familia.

¿Por qué en un comienzo Iosef accedió al pedido de los egipcios y los compra como esclavos, pero pasado un tiempo los convirtió en trabajadores en sus campos a cambio de la alimentación? La experiencia de vida de Iosef le enseñó que el poder y el gobierno también tienen un precio.

 

 

Es más fácil entender los sentimientos la tristeza por dejar la tierra de los antepasados   como sucede con todos los migrantes, pero ¿por qué temer allí, en la nueva tierra de promisión? Yaakov no las tenía todas consigo frente a esos brazos abiertos de bienvenida que le había preparado Paró. Tal recepción podría poner a la familia en peligro.

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