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Nuestra parashá, la última del tercer libro del Pentateuco, comienza con promesas de abundancia ‘Si andan en Mis estatutos y guardan Mis mandamientos para ponerlos por obra, Yo les daré lluvias en su tiempo, de manera que la tierra dará sus productos y los árboles del campo darán su fruto. Ciertamente, su trilla les durará hasta la vendimia, y la vendimia hasta el tiempo de la siembra. Comerán, pues, su pan hasta que se sacien y habitarán seguros en su tierra. Daré también paz en la tierra, para que duerman sin que nadie los atemorice.

Las maldiciones que se registran en nuestro capítulo se describen en detalle. Aquel que observa los versículos descubrirá que hay una gradualidad en la descripción de las maldiciones. Parece ser que viene a indicarnos acerca de la misericordia de Dios al dar el castigo y así abrirnos una puerta para la comprensión de la naturaleza de la persona pecadora que se deteriora lentamente.

En la “Tojejá” (los conceptos de la reprimenda) hay varios versículos que se repiten reiteradas veces, y uno de ellos es “ y se encaminarán conmigo con obstinación”. Rashi y otros comentaristas explican esto como un pecado de recibir los hechos como “algo casual”; una persona dice: ha ocurrido un suceso, esto y esto ha sucedido, ocurren todo tipo de cosas-¿Entonces, qué?

El acta de matrimonio en la boda ancla el vínculo y el pacto entre el marido y la mujer, tanto de las obligaciones como de los derechos. El episodio de la maldición y la bendición también tiene como objetivo establecer y estabilizar nuestra relación con Dios y enseñarnos que el vínculo que se establece en el amor, también contiene el lenguaje de los deberes.

La Torá asegura que habrá paz en la tierra y que ninguna espada pasará por nuestra tierra. Esta promesa viene a enseñarnos que no es suficiente con la quietud de los enemigos externos sino que se requiere también de una paz interior en el seno de la sociedad. Es sumamente importante la educación para impedir la violencia a todo costo.

1   “Si en Mis leyes anduvieres y cumplieres Mis preceptos, os brindaré lluvias a su tiempo y la tierra dará su producto y el árbol del campo dará su fruto, y vuestra trilla se prolongará hasta la vendimia y la vendimia hasta la siembra, y comeréis vuestro pan hasta saciaros...”

“Mas si no Me escuchareis y no cumpliereis estos Mis mandatos y os burlareis de Mis preceptos...  echaré sobre vosotros el terror, la tisis y la fiebre que consume los ojos y entristece el alma, y sembrareis vuestra simiente en vano...”

(Levítico 26, 3)

Seis años sembrarás tu campo, y seis años podarás tu viña y recogerás su producto;            Vayikrá 25, 3

mas en el año séptimo la tierra tendrá descanso absoluto, descanso consagrado al Señor; no sembrarás tu campo, ni podarás tu viña.         25, 1

Y servirá el fruto espontáneo del descanso de la tierra como alimento para vosotros; así para ti como para tu siervo, y para tu sierva, y para tu jornalero, y para tu foras­tero que habita contigo.             25, 6

Nuestro capítulo comienza con las palabras de Dios a Moshé “en el monte Sinaí” (Versículo 1). El tema central que es tratado en el capítulo es el año del Iovel (Jubileo) y la redención de las tierras o siervos.

Shmitá (Año Sabático) (Versículos 2-7)

 

Piensen cómo se vería el mundo si hubiera un punto cero a partir del cual se podría volver a comenzar.

Aquí, en el capítulo siguiente figura la ley del Iovel (Jubileo) como modelo ideal de la sociedad israelí, en la cual cada uno tiene una parcela de tierra de Dios en la tierra que le pertenece solamente a Él. Él es quien la creó, y se la entregó al pueblo de Israel tras la salida de Egipto.

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