El precepto del “Tamid” (el sacrificio perpetuo): una luminaria y pan (Versículos 1-9)

“y un hombre, cuando infligiere lesión a su prójimo…” (Versículo 19)-hay una prohibición severa de que la persona le cause daño a otra persona. Pero, ¿cuál es la ley en relación a los médicos que en algunas ocasiones, en el cumplimiento de sus funciones pueden, Dios no lo permita, llegar a provocar algún daño?

¿Qué llevó al blasfemoa comportarse de un modo tan humillante y maldecir a Dios? ¿Y por qué la Torá optó por destacar el nombre de su madre y fijar su nombre en la memoria nacional para horror de todo el mundo?

El presente capítulo finaliza el conjunto de capítulos de santidad en el libro Vaikrá, concerniente también a la santidad del pueblo de Israel. El triste relato del blasfemo es aquí traído como ejemplo de las graves derivaciones de los matrimonios mixtos que son nocivos para la santidad del pueblo de Israel.

Nuestro capítulo aborda las celebraciones y festividades alrededor del calendario hebreo. El texto comienza con el Shabat, pasa a Pesaj y recorre las festividades en el transcurso del año hasta Sucot. Prestemos atención que todo pasaje se inicia con el encabezamiento “Y habló el Señor a Moshé diciendo“ (Versículos 1;9;23;26;33)

Shabat y Pesaj (Versículos 1-3)

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Todas las festividades tienen una fecha definida, con excepción de la festividad de Shavuot, a la que arribamos a través de un conteo. No se puede pasar de Pesaj, fiesta en la que fuimos redimidos por Dios, a Shavuot, la fiesta del tiempo de entrega de nuestra Torá, sin el esfuerzo humano adecuado, esfuerzo cuya manifestación es el conteo.

A la finalización del mandato de festejar Shavuot, que se asocia con la entrega de la Torá, aparece este mandamiento: “Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás” (23:22). ¿Acaso no parece racional, que ayudemos al pobre y al extranjero sin necesidad que la Torá nos lo ordene? A principios del siglo XX el mundo creía que la mente racional llevaría a realizar actos racionales y significativos, tales como la protección de los necesitados.

Precisamente dentro de la sección de las festividades, la Torá aborda las leyes de regalos para los pobres. De ese modo la Torá nos enseña la enorme importancia de la justicia social.

Los preceptos de los regalos a los pobres figura dentro de la sección de las festividades: “y cuando seguen la cosecha de vuestra tierra no habrás de concluir de segar el rincón de tu campo ni habrás de espigar en tu cosecha. Para el pobre y para el extranjero los habrás de dejar... Yo soy El Señor vuestro Dios” (Versículo 22).

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