Las maldiciones y la garantía de la alianza

Las expresiones que utiliza Yejezkel para describir los pecados del pueblo crean una comparación con el pasaje de las bendiciones y maldiciones en Vaikrá. De esto se puede aprender sobre la magnitud de la calamidad, pero al mismo tiempo también sobre la fuerte alianza entre Dios e Israel, que no permitirá una ruptura entre ellos.

Más de ochenta veces protesta Yejezkel en su profecía por la existencia de idolatría en el pueblo, mientras denomina el culto extranjero con términos diversos y variados.

Las descripciones en el capítulo 6 de Yejekzel utilizan las mismas expresiones idiomáticas con las que se describen los pecados en el pasaje de las bendiciones y maldiciones en el capítulo 26 de Vaikrá. Estas expresiones idiomáticas no son comunes en en el texto bíblico, y por ello, tras su mención, resuena en los oídos de la audiencia de Yejezkel el capítulo 26 de Vaikrá y los castigos enumerados en él.

El mensaje profético es que en esta época el pueblo es castigado por las acciones que realizó y que están detalladas en Vaikrá 26, y por tanto es castigado ahora con los castigos que se enumeraron allí como retribución por estas acciones.

Parece que hay que añadir a esta conexión un eslabón adicional, más optimista. En este capítulo de Vaikrá se menciona la alianza entre Dios y su pueblo cerca de su reproche por sus duras acciones. Esta alianza está ausente de la profecía del duro reproche que aparece en el capítulo 6 de Yejezkel. La técnica que utiliza el profeta crea una complementación importante que permanece en el trasfondo, aunque no se mencione explícitamente. El capítulo 26 en su inicio trata de la bendición reservada para Israel si caminan por los caminos de Dios:

"Si en mis fueros se van a encaminar... Y estableceré mi tabernáculo entre vosotros, y no los repudiaré a ustedes. Estableceré Mi Residencia entre vosotros,  yo seré vuestro Dios, y ustedes serán mi pueblo" (Vaikrá, capítulo 26, versículos 3-13)

'El aborrecimiento del alma' ciertamente expresa la magnitud de la repugnancia a la que se puede llegar en el caso en que el pueblo no camine por los caminos de Dios. Pero aquí esta expresión severa viene acompañada por la fórmula de la alianza que da cuenta de la profundidad de la relación entre Dios y su pueblo. Este mensaje también se repite en la conclusión de Vaikrá capítulo 26, donde se enfatiza que incluso cuando las acciones del pueblo pueden causar una ruptura entre ellos y Dios, la alianza establecida entre ellos permanecerá para el pueblo y los protegerá también en sus horas difíciles:

"Rememoraré Mi pacto con Iaacov, también mi pacto con Itzjak, y también Mi pacto con Abraham rememoraré, y a la tierra rememoraré... Y también aun esto, al estar ellos en tierra de sus enemigos, no los he despreciado, ni los he repudido para exterminarlos, para abolir mi pacto con ellos; ya que yo soy Hashem, su Dios" (Levítico 26, 42-45).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica Har Etzion.

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El final de los cultos de la muerte

Cuando Yejezkel menciona la ecuación "vuestros cadáveres" = "los cadáveres de vuestros ídolos" - todos saben a qué se refiere. Yejezkel basa su profecía en nuestro capítulo en la dura reprimenda del libro de Vaikrá, y cuando esta se combina con eventos históricos conocidos por él y sus oyentes - todos entienden lo que está destinado a suceder.

La guerra contra el culto en los sitios altos pasa como hilo conductor a través de este tipo de reprimenda en el libro de Vaikrá hasta las palabras de los profetas. La Torá describe lo que sucederá a los sitios altos y a los adoradores de los lugares altos: "Demoleré vuestros lugares de culto y destruiré vuestros recintos de adoración; y haré caer vuestros cadáveres junto a los cadáveres de vuestros fetiches y Yo los repudiaré" (Vaikrá, capítulo 26, versículo 30).

"Y hare caer vuestros cadáveres junto a los cadáveres de vuestros fetiches" - ¿quiénes son vuestros cadáveres, y quiénes son los cadáveres de vuestros fetiches, ídolos? Vuestros cadáveres - su significado es conocido. Una forma de despreciar a los muertos es llamarlos "cadáver". ¿Y quiénes son los cadáveres de vuestros ídolos? Aquí hay un juego de palabras: vuestros ídolos - son obviamente los cultos de adoración extranjera. Estos ídolos no están vivos. Por tanto, también ellos son "cadáveres". Y la Torá conecta ambos cadáveres juntos: vuestros cadáveres y los cadáveres de vuestros ídolos se fusionarán en uno, en una especie de celebración de muerte en la que el adorador y lo adorado son cortados juntos.

Yejezkel toma este versículo difícil de la parashá Bejukotai, y lo amplía y lo describe con descripción plástica. Pero lo hace basándose en eventos históricos, conocidos por él, y conocidos también por sus oyentes.

Yarovam construyó un altar en Bet-El, para alejar al pueblo del servicio a Dios en Ierushalaim. Y un hombre de Dios vino de Iehudá a Bet-El, y clamó en los oídos de Yarovam ocupado en el culto sacrificial sobre el altar que había construido:

"¡Altar, altar! Así ha dicho el Señor: He aquí que un hijo ha de nacer a la casa de David, del nombre de Yoshiahu; el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los altos que queman incienso sobre ti; y huesos de hombres serán quemados sobre ti" (Melajim I, capítulo 13, versículo 2).

Y pasan los años, y Yoshiahu recibe el poder, y se dedica a purificar la tierra de los cultos de adoración extranjera:

"E hizo pedazo las estatuas, y cortó las  Asheraes, y llenó aquellos sitios con huesos humanos... Entonces volviendo Yoshiahu el rostro, echó de ver los sepulcros que había allí en el cerro, y envió y sacó los huesos de los sepulcros y los quemó sobre el altar, y así lo profanó, conforme a la palabra del Señor, que había proclamado aquel varón de Dios que anunció estas cosas... Sacrificó también a todos los sacerdotes de los altos que había allí, sobre los mismos altares, y quemó sobre ellos huesos humanos y se volvió a Ierushalaim" (Melajim II, capítulo 23, versículos 14-20).

¿Estaban los sepulcros que había junto a las estatuas allí por casualidad, o eran parte del culto? No lo sé. Pero el Rabino Iosef Albo, en el Sefer HaIkarim (3:8), hace una conjetura interesante. Él pregunta cuál es la conexión entre el culto cristiano y los sepulcros. ¿Por qué las iglesias sirven también como lugar de sepultura? ¿Por qué el patio de la iglesia es también un cementerio cuidado? Y responde que esto tiene su origen en influencias idólatras sobre el cristianismo. La adoración de ídolos incluía obligatoriamente cultos de muerte: postración ante los muertos, pernoctar en el cementerio, consultar a los muertos e invocar espíritus.

Sobre este trasfondo habla Yejezkel. Cuando menciona la ecuación "vuestros cadáveres" = "los cadáveres de vuestros ídolos" - todos saben a qué se refiere. Y efectivamente, Yejezkel menciona la reprimenda, y cuando esta se integra con las descripciones del libro Melajim sobre la destrucción del altar de Yarovam hijo de Nabat - todos entienden lo que está destinado a suceder.

El culto de adoración extranjera se convierte de consulta a los muertos, en un culto donde los adoradores son ellos mismos los muertos. Yejezkel describe una desintegración general, un apocalipsis incomprensible - y todo esto para disuadir al pueblo de lo que le espera.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

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La conclusión del incumplimiento de la profecía de Jananiá

¿Cuál es la conclusión del incumplimiento de la profecía de Jananiá, el hijo de Azur? Depende de la elección de la persona.

"Y estaban de pie delante de ellos setenta varones de los ancianos de Israel, con Yaazaniahu, hijo de Shafán, que estaba en medio de ellos, cada uno con su incensario en la mano; e iba subiendo una nube espesa de incienso. Entonces Él me dijo: "¿Has visto, oh hijo del hombre, lo que los ancianos de la casa de Israel están haciendo en las tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes? porque dicen: ¡El Señor no nos ve! ¡El Señor ha abandonado la tierra!"" (Yejezekel, capítulo 8, versículos 11-12)

Shafán fue el escriba del rey Yoshiahu en la generación anterior a la destrucción, y fue compañero de Yoshiahu el justo, en el arrepentimiento que hizo ante Dios con todo su corazón y todo Iehudá junto con él (Melajim II, 22-23). El hijo de Shafán, Ajikam hijo de Shafán, salvó a Irmiahu del pueblo que quería matarlo por orden de los sacerdotes y los falsos profetas (Irmiahu, capítulo 26). Ahora Yaazaniahu, hijo de Shafán y hermano de Ajikam, está de pie en el Templo a la cabeza de setenta ancianos, quemando incienso a imágenes idolátricas de abominaciones y animales. ¡¿Es posible?!

Jananiá, el hijo de Azur, el falso profeta, habló sobre romper el yugo del rey de Bavel, Babilonia y sobre el retorno de los utensilios del Templo que fueron exiliados a Ierushalaim (Irmiahu, capítulo 28). Dos años después, quedó claro que su profecía no se cumplió (sobre esto lean también en el post del capítulo anterior). La situación solo empeoró, como dijeron los verdaderos profetas, Irmiahu y Yejezkel.

¿Hacia dónde llevará el pueblo la inevitable decepción del incumplimiento de la profecía optimista y convincente de Jananiá?

Se puede llevar a la conclusión de fe: mientras no haya arrepentimiento y corrección de las acciones por parte del pueblo y la persona, no se cumplirá ninguna profecía de redención.

Se puede llevar a la conclusión personal: Jananiá es un falso profeta, e Irmiahu y Yejezkel son verdaderos profetas.

Se puede llevar a la conclusión 'religiosa': el Señor ha abandonado la tierra, ya no se interesa en ella y no está comprometido con el cumplimiento de 'su profecía' que estaba en manos de Jananiá.

¿Cuál es la conclusión preferible? Esta es la función del libre albedrío del ser humano. Yaazaniahu hijo de Shafán y sus compañeros toman la tercera conclusión: el Señor ha abandonado la tierra. Ya no se interesa en ella, y debemos buscar ayuda de sus fuerzas secundarias, las fuerzas de la naturaleza, y quemar incienso para ellas.

¡Qué lástima por la conclusión errónea! Pero no hay sustituto para la elección de la persona en su camino y para asumir la responsabilidad de lo que sucederá, solo sobre ella misma.

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El vendedor no volverá a lo vendido

En vísperas de la destrucción profetizan dos profetas: Yejezekel en Bavel, Babilonia e Irmiahu en Ierushalaim. Ambos contemplan con terror el futuro. Ambos ven la tierra de Israel cambiando de dueños: en lugar de agricultores judíos, la tierra es entregada a extranjeros. Y ambos se refieren a este triste fenómeno. Pero cada uno desde su punto de vista particular.

La tierra es la fuente de vida del pueblo, y no se vende tierra sin necesidad existencial. Así se describe en el libro Vaikrá el proceso de venta de tierras: "Cuando se empobreciere tu hermano y vendiere parte de su posesión, vendrá su redentor -el cercano a él- y habrá de redimir la venta de su hermano" (Vaikrá, capítulo 25, versículo 25)

El vendedor vende porque es pobre y no tiene capacidad de subsistir. Su redentor - su pariente - está obligado a ayudarle a redimir el campo de manos del comprador. Notemos el hermoso concepto que usa la Torá: el redentor no compra de nuevo, no anula la venta. El redentor - redime el campo. Un campo que no está en manos de sus dueños es un campo esclavizado. Cuando vuelve a sus dueños - es redimido. Y no en vano fue la definición de adquisición de tierras en la Tierra de Israel "redención de tierras", y el lema "redención darán a la tierra".

En vísperas de la destrucción profetizan dos profetas: Yejezekel en Bavel e Irmiahu en Ierushalaim. Ambos contemplan con terror el futuro. Ambos ven la tierra de Israel cambiando de dueños: en lugar de agricultores judíos, la tierra es entregada a extranjeros. Y ambos se refieren a este triste fenómeno.

Yejezekel es el profeta de la desesperación, y así dice en nuestro capítulo: "¡Vino el tiempo; llegó el día! El comprador no se alegre, ni se duela (lamente) el vendedor; porque (viene) la ira sobre toda su muchedumbre. Porque el vendedor no volverá (en el jubileo) a lo vendido, ni aun cuando quedare con vida; porque la visión contra toda su muchedumbre no volverá vacía, y cada uno, a causa de su pecado, su alma no se fortalecerá" (versículos 12-13)

Ha llegado el día. Y ahora, se han invertido las leyes del comercio: "el comprador no se alegre ni se duela (lamente) el vendedor". Un hombre vendió su campo - y que no se lamente. Porque no hay valor en los campos. Tampoco espere nada bueno: "porque el vendedor no volverá a lo vendido ni aun cuando quedare con vida ". No hay posibilidad de que el vendedor vuelva a su campo. No habrá redentor. No habrá redención.

Y en contraste, en Ierushalaim, se encuentra Irmiahu el profeta en la prisión, y allí viene su tío a venderle un campo en Anatot, que ya había sido conquistado por los caldeos (Irmiahu 32). Irmiahu está en Ierushalaim, ve la destrucción, y continúa siendo profeta del consuelo. Compra un campo en un lugar que ya está bajo el dominio de los enemigos de Israel. Y guarda la escritura de compra por muchos días, porque planea materializar la compra, a pesar de las difíciles condiciones en las que se encuentra.

Mientras que Yejezekel, desde la distancia, ya no ve esperanza: "el vendedor no volverá a lo vendido ni aun cuando quedare con vida " (versículo 13). Y solo más tarde se anima también Yejezekel, y pasa a profecías de consuelo para el pueblo al que la destrucción acecha cada día.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio DAAT.

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La violencia ha crecido

 

Israel descendió tanto que según el Midrash, incluso su propia maldad no quiere ser parte de ellos y desea separarse de ellos.

Yejzekel reprende al pueblo por sus malas acciones y las describe de diversas maneras. Y así dice en nuestro capítulo: "la violencia ha crecido hasta ser vara de maldad. Nada (quedará) de ellos, ni de su multitud, ni de su ruido; no habrá quien se lamente de ellos" (versículo 11). Lo que distingue a este versículo es la acción asociada con el acto malo: "La violencia ha crecido". Y esto es lo que identifica el Midrash:

"Dijo Rabí Iojanán: Ven y ve cuán grande es el poder de la violencia (“jamás”, en hebreo), pues la generación del diluvio transgredió todo y no se selló sobre ellos el decreto hasta que extendieron sus manos al robo, como está dicho 'porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos, y he aquí que yo los destruiré con la tierra' (Bereshit, capítulo 6, versículo 13). Y está escrito “la violencia ha crecido hasta ser vara de maldad. Nada (quedará) de ellos, ni de su multitud, ni de su ruido; no habrá quien se lamente de ellos” (Yejzekel, capítulo 7, versículo 11). Dijo Rabí Elazar: Esto enseña que se irguió como un bastón y se paró ante el Santo, bendito sea, y le dijo: 'Señor del universo, no soy de ellos, ni de su multitud, ni de su riqueza, ni hay lamento en ellos'" (Talmud Bavlí, Sanhedrín 108a).

El comienzo del Midrash está en las palabras de Rabí Iojanán que trata sobre la época de Noaj y el diluvio, y explica que a pesar de todos los pecados de los malvados en aquella época, solo el “jamás” (=el robo/violencia) fue lo que trajo el decreto severo: el diluvio.

El exégeta cita el versículo en el libro de Bereshit donde Dios anuncia que debido a la violencia que llena la tierra, "he aquí que los destruiré con la tierra". El comentarista no se conforma con este versículo y añade el versículo de nuestro capítulo: "La violencia ha crecido hasta ser vara de maldad" - de todos los pecados, el “jamás” es el pecado más destacado, es el pecado que se enfrenta al malvado.

La continuación del Midrash agudiza la idea. Rabí Eliezer, discípulo de Rabí Iojanán, presta atención a la expresión "la violencia ha crecido". La violencia (o quizás el dinero que viene como resultado de la violencia), dice Rabí Eliezer, literalmente se levanta, se para ante Dios y proclama: no quiero ser parte de ellos, parte de la comunidad de los violentos.

La transformación del acto negativo en un hablante testifica cuánto descendió Israel, y que incluso su propia maldad no quiere ser parte de ellos y desea separarse de ellos.


Gentileza sitio 929.

 

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El fuego de entre los querubines

Los querubines son los guardianes de la Torá, y por eso cuando el pueblo peca, es precisamente el fuego de entre los querubines el que destruye la ciudad.

"Y él habló al varón vestido de lino diciendo... y llena el cuenco de tus manos de brasas de fuego de en medio de los querubines, y espárcelas sobre la ciudad" (versículo 2)

¿Qué es ese fuego que arde entre los querubines? ¿Por qué destruye la ciudad?

En su primera mención en el texto bíblico, los querubines aparecen como guardianes del camino al árbol de la vida, que es la Torá, junto con la espada que rotaba (Bereshit, capítulo 3, versículo 24).

También en el Mishkán, el Tabernáculo y en el Templo los querubines sirven como protectores sobre el Arca donde se deposita el testimonio. Y como está dicho: "Me reuniré allí contigo y habré de hablar contigo de por sobre el propiciatorio: desde entre los dos querubim que están sobre el Arca del Testimonio; todo lo que habré de ordenarte a ti, para los hijos de Israel" (Shemot, capítulo 25, versículo 22).

Después de que fue entregada la Torá escrita desde el monte Sinai como un cuerpo cerrado y unificado, continuó la relación de Moshé con Dios para aprender sus leyes también en la realidad emergente y cambiante. La palabra de Dios se escucha a Moshé de entre los querubines y su propósito es guardar la Torá; esta es la palabra de Dios que ordena a Moshé las leyes que se renuevan - una especie de Torá oral.

Esa misma palabra de Dios es también la espada flamígera que se revuelve - se revuelve entre misericordia y juicio: "Si lo merece se convierte para él (la Torá) en elixir de vida, si no lo merece se convierte para él en elixir de muerte" - si Israel no observa y cumple la Torá, la Torá misma se convierte para ellos en elixir de muerte. Esto es lo que sucedió en la época de Yejezkel.

La Torá oral traza el camino correcto para implementar los mandamientos de la Torá en la tierra. Cuando el pueblo guarda la Torá de esta manera, y aprende las sutilezas del cumplimiento de los ideales de la Torá de forma correcta y de acuerdo con la realidad cambiante - merece llegar al árbol de la vida: "Y vivirás por ellas" (Vaikrá, capítulo 18, versículo 5). Pero cuando ignoramos la necesidad de las dosis y las orientaciones que enseñan los portadores de la palabra de Dios, y cumplimos en este mundo los mandamientos de la Torá tal como son, sin consideración por el presente, esa misma Torá se convierte en el fuego que destruye todo, como dice Yejezkel en otro lugar: "Y además, les he dejado andar en estatutos que no eran buenos, y en preceptos en los cuales no podrían vivir" (capítulo 20, versículo 25).

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El exilio de la divinidad y el exilio del Sanhedrín

 

Durante la profecía de Yejezkel es como si presenciáramos el recorrido de la Shejiná (Presencia Divina) que pasa de lugar en lugar hasta su abandono total de la ciudad. La descripción de los viajes de la Shejiná y su partida es paralela en los versículos a la descripción del deterioro de Israel, y es comparada en las palabras de los Sabios al exilio del Sanhedrín de su lugar.

El capítulo 9 comienza con la descripción de la partida de la Shejiná: "Entonces la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa " (capítulo 9, versículo 3). En el capítulo 10 se repite la descripción una vez más: "Entonces la gloria del Señor se elevó de encima del querubín, al umbral de la casa; y se llenó la casa de la nube, y el atrio se hinchó del resplandor de la gloria del Señor" (versículo 4) - la gloria de Hashem como que abandona el querubín hacia el umbral de la casa y de allí pasa al atrio, y el atrio se llena del resplandor de la gloria de Hashem. Más adelante en el capítulo 10 la descripción continúa y se desarrolla: "Entonces salió la gloria del Señor de encima del umbral de la casa, y se puso encima de los querubines. Luego los querubines alzaron sus alas, y se remontaron de sobre la tierra delante de mi vista, cuando salieron, y las ruedas de consumo con ellos, y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental de la casa del Señor; y la gloria del Dios de Israel estaba por encima, sobre ellos" (versículos 18-19). Y en el capítulo 11 continúa la descripción: "Se Subió, pues, la gloria del Señor de en medio de la ciudad, y se puso sobre el monte que está al oriente de la ciudad" (capítulo11, versículo 23).

Esta descripción del exilio de la Shejiná es como paralela a la descripción del deterioro de Israel. Cuanto más se multiplican los pecados de Ierushalaim, tanto más se aleja la Shejiná de su lugar. Cuando Ierushalaim es destruida - está vacía de su contenido espiritual; ya no mora en ella la Shejiná.

La Guemará en el tratado de Rosh Hashaná resume los peregrinajes de la Shejiná, y así habló:

"Diez traslados realizó la Shejiná... y correspondiendo a ellos se exilió el Sanhedrín... Diez traslados realizó la Shejiná: del propiciatorio al querubín, y del querubín al umbral, y del umbral al atrio, y del atrio al altar, y del altar al techo, y del techo al muro, y del muro a la ciudad, y de la ciudad al monte, y del monte al desierto, y del desierto ascendió y se sentó en su lugar. Como está dicho: 'Iré y volveré a mi lugar' (Hoshea capítulo 5, versículo 15)".

La Guemará compara el exilio de la Shejiná con el exilio del Sanhedrín. El Sanhedrín, que es la autoridad judicial y en cierta medida también la autoridad legislativa en Israel, perdió su poder al final de los días del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo. El acontecimiento que simbolizó más que nada el socavamiento de la autoridad del Sanhedrín fue cuando el Sanhedrín abandonó la Cámara de Piedra Tallada, su lugar fijo, y se trasladó a otro lugar en el Monte del Templo. En este traslado el Sanhedrín renunció a su autoridad para juzgar casos capitales y ejecutar a asesinos que fueron condenados a muerte. Después de la destrucción el Sanhedrín se trasladó a Yavne - allí estableció Rabí Iojanan ben Zakai su centro, y después continuó peregrinando a Usha, y nuevamente a Yavne, y nuevamente a Usha, y de allí a Shefaram, y a Beit Shearim, y a Tzipori, y a Tiberias.

Al comparar los diez exilios de la Shejiná con los diez exilios del Sanhedrín, es como si el exégeta comparara dos períodos; dos deterioros: Dios abandona su ciudad cuando el Sanhedrín abandona su lugar. Tzión - con justicia será redimida.


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No hay Tzadikim

La gloria del Señor aparentemente ya ha abandonado el Templo, y por lo tanto no le preocupa su impureza. Además, Yejezkel se horroriza al descubrir que no hay justos en la ciudad, y por lo tanto no habrá remanente.

Al comienzo del capítulo 9, Yejezkel ve a seis hombres que llegan con instrumentos destructores en sus manos desde el norte (conocido como el lugar de donde viene la calamidad). La función del escriba es marcar, mediante una señal en la frente, a aquellos que expresan dolor por las abominaciones que se cometen en la ciudad para que sean perdonados, mientras que para todos los demás se da la orden de golpearlos sin piedad. La descripción detallada y tangible ilustra que la realidad descrita no es teórica.

Este acto constituye otro elemento de la concepción de la retribución individual en Yejezkel. Incluso en una generación en la que no se puede cambiar el decreto de destrucción, la justicia divina se manifiesta en que el justo vivirá por su rectitud y solo el malvado morirá por sus pecados. Sin embargo, se enfatiza que todos los pecadores serán asesinados ("¡Al anciano, al joven, y a la doncella, y a los niños, y a las mujeres, mátenlos, hasta exterminarlos!", versículo 6).

Paralelamente a la llegada de los hombres, la gloria del Dios de Israel comienza sus desplazamientos fuera del Templo.

Posteriormente, se describe la matanza de los ancianos en los atrios del Templo. En estos versículos, la causa de la impureza del Templo es la orden del Señor de matar seres humanos en sus atrios, un acto sin precedentes en el texto bíblico. ¿Cómo ordena el Señor realizar un acto cuyo resultado es la profanación del Templo, contrariamente al mandamiento de preservar su santidad? La respuesta radica en que la Casa ya había sido profanada como resultado de las acciones del pueblo, encabezadas por la clase dirigente. La profanación del Templo por parte del Señor atestigua que ya en el sexto año del exilio de Yehoiajín, unos siete años antes de la destrucción, la gloria del Señor ya no se encuentra en él.

Yejezkel no permanece indiferente ante la visión: "Y aconteció, mientras ellos iban matando y yo quedé solo, que caí sobre mi rostro, y clamé, diciendo: "¡Ah Señor Dios! ¿Vas a destruir a todo el residuo (remanente) de Israel, derramando Tu ardiente indignación sobre Ierushalaim?" (versículo 8).

Su reacción enseña que él no ve (en la visión divina) personas que sean perdonadas porque sus frentes estén marcadas con la señal. Se puede inferir entonces que no se encontraron justos dignos de ser salvados en el momento de la destrucción.

De la reacción de Yejezkel también aprendemos sobre su implicación personal, que se expresa en la alarma que siente cuando las palabras de la profecía se materializan ante sus ojos y existe el temor de que efectivamente no quede ningún sobreviviente de los habitantes de Ierushalaim.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica Har Etzion.

 

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Seré el que seré

 

Una figura de la cual "una semejanza de mano" es enviada y toma el mechón de la cabeza de Yejezkel. El lector que recuerda las prohibiciones sobre imagen y figura, puede retroceder. ¿Cómo aparecerá Dios sobre la tierra, aunque sea una semejanza de mano?

Una y otra vez Dios se dirige a Yejezkel con el apelativo "hijo de hombre", y las palabras enfatizan los encuentros entre el cielo y la tierra que ocurren a lo largo del libro. Dios de un lado y el hijo del hombre del otro como suspendidos el uno del otro, mientras el resto de los seres humanos permanecen fuera del drama, no participan del encuentro.

Nuestro capítulo se abre con la declaración de Yejezkel: "cuando cayó sobre mí allí mismo la mano del Señor Dios” (capítulo 8, versículo 1). La expresión "mano del Señor" aparece más de una vez en el texto bíblico como expresión del espíritu del Señor o como expresión de su poder. Pero aquí la expresión adquiere un significado diferente. Inmediatamente en el versículo siguiente se describe una figura de la cual "una semejanza de mano" es enviada y toma el mechón de la cabeza de Yejezkel. El lector que recuerda las prohibiciones sobre imagen y figura, puede retroceder. ¿Cómo aparecerá Dios sobre la tierra, aunque sea una semejanza de mano?

El Midrash en Shemot Rabá (Parashá 3) inserta el versículo de Yejezkel en el marco de una lista de versículos e intenta calmar la reticencia ante la visión de la figura: "Ehyeh Asher Ehyeh" (Seré el que seré)... Dijo Rabí Ananiel hijo de Rabí Sasón: Dijo el Santo, Bendito sea: Cuando deseo, uno de los ángeles que es un tercio del mundo extiende su mano desde los cielos y llega a la tierra. Como está dicho (Yejezkel capítulo 8, versículo 3): "Y extendió la forma de una mano, y me cogió por una guedeja (mechón) de mi cabeza Y cuando lo deseé, hice que tres de ellos se sentaran bajo el árbol. Como está dicho (Bereshit, capítulo 18, versículo 4): "Y reclínense bajo el árbol". Y cuando deseo, mi gloria llena todo el mundo. Como está dicho (Irmiahu capítulo 23, versículo 24): "¿No lleno yo los cielos y la tierra? dice el Señor". Y cuando lo deseé, hablé con el cielo desde la tempestad. Como está dicho (Iyov capítulo 40, versículo 6): "Y el Señor respondió a Iyov de en medio de la tempestad". Y cuando deseo, desde la zarza.

Esta enseñanza aparece sobre el versículo en el que Dios se presenta ante Moisés "Ehyeh Asher Ehyeh" (Shemot, capítulo 3, versículo 14). Esta expresión, según la enseñanza, expresa los innumerables ropajes de Dios. El 'juego' del Midrash comienza ya con la presentación del nombre del orador - Rabí Ananiel. ¿Fue realmente ese el nombre del orador o fue presentado así para el propósito de la enseñanza? El nombre Ananiel es el que expresará los diferentes encuentros entre el morador de los cielos, morada de las nubes, y los habitantes de la tierra.

La mano dirigida a Yejezkel es la mano de un ángel, mensajero de Dios. El ángel es una de las formas en que Dios se comunica con los habitantes de abajo. En lugar de un Dios que tiene figura y morada, Dios se convierte en morador de todo, que puede aparecer en cualquier forma a través de sus ángeles. Cinco manifestaciones diferentes de Dios trae el Midrash. El tercer ejemplo que aparece en el medio (dos ejemplos antes y dos después), expresa toda la idea: "Su gloria llena el mundo", "Yo lleno los cielos y la tierra". El Midrash a su manera purifica todo el libro de Yejezkel: no hay figura para Dios, ni rostro ni cuerpo. Cada vez que el ser humano sea expuesto a un fragmento de divinidad, descubrirá que solo está atrapado en un momento de engaño divino: Ehyeh Asher Ehyeh (Seré el que seré).

Gentileza sitio 929.

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¡Ah!

La señal de salvación fue marcada en las frentes de los que sufrían en Ierushalaim con tinta - quizás porque las palabras de los profetas se escribían con tinta. Y de aquí en adelante, esta sería la forma de salvación de los judíos en todas las vicisitudes del exilio.

En el Pesaj de Egipto, la sangre del cordero pascual era una señal "en las casas en donde vosotros están" (Shemot, capítulo 12, versículo 13), para que "el destructor" en Egipto pasara de largo la entrada, y los que ofrecían el sacrificio pascual se salvaran.

Cuando la gloria de Dios salió de Ierushalaim, los seis destructores causaron una gran matanza sin distinción (como en una plaga), pero el atributo de la justicia divina requería salvar a "los que gimen y suspiran  a causa de todas las abominaciones" (versículo 4) - estos son los temerosos de Dios, los discípulos de los profetas, que fueron perseguidos por los funcionarios de Yehoiakim y Tzidkiahu (como en los días de Menashé), y el profeta Irmiahu entre ellos. Por eso se ordenó al "varón vestido de lino el cual traía el tintero de escriba (ceñido) a sus lomos" (versículo 3) marcar "una señal en las frentes de los hombres que gimen y suspiran...", para que se salvaran en la plaga.

La letra 'Tav' significa una señal marcadora, y su forma en la escritura hebrea antigua era - X - (exactamente como la marca convencional hasta hoy, que recibió el nombre de equis al pasar el alfabeto a la escritura griega y latina). La señal de salvación fue marcada en las frentes de los que sufrían en Ierushalaim, con tinta - quizás porque las palabras de los profetas se escribían con tinta, y de aquí en adelante, escribir la palabra del Señor "en el libro con tinta" (Irmiahu capítulo 36, versículo 18) sería la forma de salvación de los judíos en todas las vicisitudes del exilio.

Al profeta Irmiahu (capítulo 39, versículos 11-14; capítulo 40, versículos 1-6), perseguido y sufriente, también lo marcó Nevujdnetzar después de la destrucción, para que nadie se atreviera a hacerle daño, pero la marca que vio Yejezkel en las visiones proféticas precedió a la destrucción por unos 5 años (capítulo 8, versículo 1; "en el año sexto", de Tzidkiahu), y ciertamente incluía a muchas personas que no eran conocidas por el enemigo.

Cuando Yejezkel vio la matanza de los ancianos distinguidos de Ierushalaim, que no fueron marcados con la señal de salvación, brotó de su boca un grito de "¡Ah!" sobre "el remanente de Israel" (capítulo 9, versículo 8; y otra vez, capítulo 11, versículo 13) - este es el grito de la oración profética, especialmente en Irmiahu (capítulo 4, versículo 10; capítulo 32, versículo 17) - pero esto fue en la 'visión profética' y en Ierushalaim .En el exilio, él clamó por sí mismo (capítulo 4, versículos 14; capítulo 21, versículo 5).

Gentileza sitio 929.

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