Recordar y no olvidar

 

La mayoría de los exiliados carecían de influencia, y no querían escuchar en absoluto las profecías duras de la "casa rebelde". ¿Cuál es el significado del hablar a los montes de Israel y en qué se enfoca la profecía?

Las profecías de Yejezkel no estaban dirigidas a reyes y príncipes que pudieran decidir, ni a un público que pudiera influir. Entre los exiliados había quienes aún enviaban cartas a Ierushalaim (Irmiahu, capítulo 29), pero la mayoría de los exiliados carecían de influencia, y no querían escuchar en absoluto las profecías duras de la "casa rebelde" (capítulo 2, versículos 6-8). Por eso la profecía clamó desde la distancia "a los montes de Israel". Las profecías de Yejezkel estaban destinadas desde el principio al recuerdo de la conciencia histórica en retrospectiva – "sin embargo han de conocer que un profeta ha habido en medio de ellos" (capítulo 2, versículo 5).

Los 390 y otros 40 años de "la iniquidad de la casa de Israel" (capítulo 4, versículos 4-5) los explicamos por el derramamiento de sangre de las guerras fratricidas, desde la masacre en tiempos de Iftaj (Shoftim, capítulo 12, versículos 4-6) y la concubina en la Guibá (Shoftim, capítulos 19-20), pasando por la división del reino hasta las persecuciones de Menashésy Yehoiakim.

Pero la profecía "a los montes de Israel" se focaliza en la idolatría "sobre cada collado elevado, en todas las cumbres de las montañas, y debajo de todo árbol frondoso” (Devarim, capítulo 12, versículo 2; Hoshea, capítulo 4, versículos 11-13; Yejezkel, capítulo 6, versículo 13). La palabra del Señor "a las montañas y a los collados, a los torrentes y a los valles" (capítulo 6, versículo 3) traerá sobre ellos espada que destruirá los altares y los ídolos (=estatuas de ídolos), y purificará la tierra de Israel de los adoradores de abominaciones – la desolación de la tierra debido a las guerras será un proceso de purificación de la idolatría y exterminio de sus partidarios – "El que estuviere lejos, de peste morirá, y el que estuviere cerca, a espada caerá; y el que quedare y estuviere sitiado, de hambre morirá" (capítulo 6, versículo 12), porque las pestes y el hambre se extienden en las guerras y especialmente en el asedio.

Después de generaciones de "desolación y devastación... en todas sus moradas", en toda la tierra de extremo a extremo, la profecía volverá y restaurará la tierra desolada, después de que esta se purifique de todas las abominaciones – entonces el profeta se dirigirá nuevamente "a las montañas de Israel" (capítulo 36, versículo 1 – el capítulo 36 es paralelo y complementario al capítulo 6), y clamará "a las montañas, a los collados, a los torrentes y a los valles" (capítulo 36, versículo 6) que despierten y florezcan de nuevo, porque el pueblo de Israel está a punto de regresar a su heredad.

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Viaje profético a Ierushalaim

 

La lista de abominaciones del culto idólatra en los sótanos está detallada como en un testimonio judicial. La gran pregunta es ¿de cuándo data este testimonio incriminatorio?

Un ser humano vivo es una unión maravillosa de cuerpo y alma, materia y espíritu; así el pueblo de Israel vive cuando habita en su tierra y la gloria de Dios mora en su seno - para eso se construyó el Templo para la morada de la gloria de Dios. En el momento en que el profeta se sentó en su casa en el exilio y voló a Ierushalaim "en visiones divinas" (capítulo 8, versículos 2-3), cuando "la forma de una mano" extendida desde "una figura como apariencia de fuego" toma "el mechón" de su cabeza - está claro que se acerca la separación entre la materia y el espíritu, y el espíritu ya vuela hacia la 'libertad' del mundo material - en una palabra: ¡muerte!

Dios organizó para Yejezkel un recorrido guiado por la Casa de Dios en 'visión profética', incluyendo 'cavar en la pared' para pasar de una sala a otra (capítulo 8, versículos 7-8) - él lo vio todo, y nadie lo vio a él; la lista de abominaciones del culto idólatra en los sótanos está detallada como en un testimonio incriminatorio - la figura y el profeta, como dos testigos.

"La imagen del ídolo", que Menashé erigió (Divrei Haiamim II, Crónicas II, capítulo 33, versículo 7) en la entrada norte (capítulo 8, versículo 5); "figuras de reptiles y animales, cosas detestables y todos los ídolos de la casa de Israel" (capítulo 8, versículo 10), y 70 ancianos quemando incienso; "las mujeres sentadas llorando por Tamuz"* (capítulo 8, versículo 14); prosternación al sol al amanecer con "sus espaldas hacia el santuario del Señor" (capítulo 8, versículo 16), exactamente lo contrario de la idea original en el Templo de Dios, según la cual el sol se prosterna ante el Creador;

La gran pregunta es ¿de cuándo data este testimonio incriminatorio? En los días de Menashé estos cultos abominables eran públicos, mientras que aquí se describen como realizados "en la oscuridad, cada uno en las cámaras de sus imágenes" (capítulo 8, versículo 12), con la 'creencia' de que Dios ya "ha abandonado... la tierra" - mientras que Yoshiahu erradicó completamente estos cultos, especialmente en la Casa de Dios (y Shafán el escriba fue su mano derecha).

Aparentemente, en los días de Yehoiakim y Tzidkiahu había grupos en la élite jerosolimitana ("y Yaazaniahu hijo de Shafán... en medio de ellos"; capítulo 8, versículo 11), que volvieron secretamente a los cultos extranjeros, cuando la mano fuerte de Yoshiahu fue cortada en Meguido.

*Ídolo de fertilidad sumerio-babilónico similar al Baal cananeo. (Nunca entendí cómo nuestros Sabios permitieron usar el nombre del ídolo en la fecha hebrea que subió de Bavel, Babilonia).


Gentileza sitio 929.

 

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 10

Yejezkel capítulo 10

Descripción del incendio de la ciudad (Versículos 1-7)

Junto con la destrucción que llega sobre la ciudad, Yejezkel vuelve a ver la "Merkavá" (carroza divina) que vio en el capítulo 1: "Entonces miré, y he aquí que en la expansión que estaba sobre las cabezas de los querubines, fue vista por encima de ellos una como piedra de zafiro, como si fuese la apariencia de la semejanza de un trono" (versículo 1). El hombre vestido de lino recibe la orden de acercarse a una de las ruedas que está debajo de uno de los querubines en la "Merkavá" y llenar sus manos con brasas y arrojarlas sobre la ciudad: "Entonces extendió el querubín su mano de en medio de los querubines, al fuego que estaba en medio de los querubines, y tomó (de él) y lo puso en el cuenco de las manos del que estaba vestido de lino, el cual (lo) tomó, y salió" (versículo 7).

La Divinidad abandona Ierushalaim (versículos 8-22)

En los versículos 8-17 el profeta describe nuevamente la visión de la Presencia Divina, tal como ya describió en el capítulo 1, con ligeros cambios, pero esta vez el profeta representa cómo la Presencia Divina abandona Ierushalaim: "Entonces salió la gloria del Señor de encima del umbral de la casa, y se puso encima de los querubines. Luego los querubines alzaron sus alas, y se remontaron de sobre la tierra delante de mi vista, cuando salieron, y las ruedas de consumo con ellos, y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental de la casa del Señor; y la gloria del Dios de Israel estaba por encima, sobre ellos" (versículos 18-19).

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 9

Después de que en el capítulo anterior Dios mostró al profeta los pecados de Israel en Ierushalaim, en nuestro capítulo aparece la sentencia

La sentencia (Versículos -7)

Dios llama con gran voz en los oídos del profeta: “¡Acérquense, los encargados del castigo de la ciudad, cada uno con su arma de destrucción en su mano!” (versículo 1). Y he aquí que llegan seis hombres, ángeles, y entre ellos un hombre 'vestido de lino y con un tintero de escriba (ceñido) a sus lomos (cintura)’, y se paran junto al altar de bronce. Dios llama al hombre vestido de lino y le dice que pase por Ierushalaim y marque las frentes de los hombres 'que gimen y suspiran a causa de todas las abominaciones' (versículo 4). A los demás destructores Dios les ordena pasar y matar a todos los que no estén marcados en su frente: “Comenzaron, pues, por los ancianos que estaban delante de la casa.  Y les dijo: "¡Contaminen la casa, y llenen los atrios con los muertos! ¡Salgan!" Salieron, pues, y mataron en la ciudad” (versículos 6-7).

Este pasaje es del libro de Yejezkel, capítulo 9, donde se describe la visión del juicio divino sobre Ierushalaim, diferenciando entre los justos (marcados) y los pecadores.

Las reacciones del profeta y la respuesta de Dios (Versículos 8-11)

Mientras los hombres golpeaban, el profeta clama a Dios: “caí sobre mi rostro, y clamé, diciendo: "¡Ah Señor Dios! ¿Vas a destruir a todo el residuo de Israel, derramando Tu ardiente indignación sobre Ierushalaim?" (versículo 8). Dios responde al profeta y le explica que ' La iniquidad de la casa de Israel y de Iehudá es sobremanera grande: de modo que la tierra se ha llenado de homicidios, y la ciudad está atestada de perversidad: porque ellos dicen: "Ha abandonado la tierra el Señor, y el Señor no lo ve. Después de esto, el hombre vestido de lino informa a Dios que ha cumplido Su mandato."

 

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 8

 

"En los próximos capítulos (8-11) se describe la visión del viaje de Yejezkel a Ierushalaim. Yejezkel ve en la visión los pecados de Ierushalaim, describe el abandono de la Presencia Divina (Shejiná) del Templo y de Ierushalaim, y el castigo por los pecados de Ierushalaim. En la segunda parte del capítulo 11 aparece una profecía de consuelo para los exiliados."

Apertura (versículos 1-4)

Yejezkel describe una revelación adicional: “cuando cayó sobre mí allí mismo la mano del Señor Dios. Y miré, y he aquí una semejanza como la apariencia de fuego: desde la apariencia de sus lomos para abajo era fuego; y desde sus lomos para arriba, como la apariencia de un resplandor, semejante al Jashmal (metal refulgente; o bronce; o ámbar)” (versículo 2). Esta vez el espíritu lleva a Yejezkel a Ierushalaim 'en visiones divinas', directamente a la entrada del Templo."

Descripción de los pecados en Ierushalaim (versículos 5-17)

Yejezkel ve cuatro tipos diferentes de idolatría, realizados en distintos lugares del Templo por los ancianos del pueblo (no necesariamente ocurridos en la misma época, sino a lo largo de los años): el símbolo de los celos - un ídolo (versículos 5-6), figuras en las paredes e incienso quemado ante ellas (versículos 7-13), mujeres llorando por Tamuz (versículos 14-15), y postraciones ante el sol (versículos 16-17). Cada visión ocurre en un lugar más interior y sagrado que el anterior, y cada visión es más grave que la anterior, como se enfatiza mediante la frase repetida: “Pero verás aún abominaciones más grandes que éstas” (versículos 6, 13, 15, 17).

El capítulo termina con la declaración de que las abominaciones cometidas en toda la tierra son aún más graves que las abominaciones cometidas en el Templo: “¿Es acaso cosa liviana para la casa de Iehudá el hacer las abominaciones que cometen aquí? Pues han llenado la tierra de violencia, y luego se vuelven para provocarme a ira y ¡he allí, cómo aplican el ramillete a la nariz!” (versículo 17).

 

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 7

En nuestro capítulo hay una profecía de calamidad sobre el fin que está destinado a llegar sobre Israel. La profecía se divide en tres partes, de modo que cada parte acerca el fin cada vez más.

El final llegará (versículos -4)

Dios proclama que “(Viene) un fin, viene el fin sobre los cuatro cabos de la tierra... Y Mi ojo no se compadecerá de ti, ni tendré piedad, porque cargaré tu conducta sobre ti, y tus abominaciones quedarán en medio de ti (sin ser perdonadas), y conocerán que Yo soy el Señor” (versículos 2-4)

El final es inminente (versículos 5-9)

En el párrafo anterior solo se informó que vendría el fin, y en este párrafo Dios ya insinúa que el fin es inminente “¡Un mal, he aquí que viene un mal! (versículo 5). Dios describe cómo volcará su furia sobre Ierushalaim “derramaré Mi indignación sobre ti; desahogaré Mi ira en ti, juzgándote conforme a tus caminos, y trayendo sobre ti todas tus abominaciones” (versículo 8).

Ya llega el día, es inminente (versículos 10-27)

En el tercer párrafo, el profeta declara que el final está llegando literalmente “hoy”: “¡Vino el tiempo; llegó el día! El comprador no se alegre, ni se duela el vendedor; porque (viene) la ira sobre toda su muchedumbre” (versículo 12). La profecía describe el castigo “¡La espada por fuera, y por dentro la peste y el hambre! El que está en el campo, a espada morirá; y el que está en la ciudad, el hambre y la peste le devorarán” (versículo 15). El enemigo heredará las casas de Israel e incluso sus santuarios. No habrá a quién acudir en busca de ayuda: “y ellos buscarán la paz, mas no la habrá...  entonces buscarán visión del profeta, mas la ley se habrá ya alejado del sacerdote, y el consejo de los ancianos” (versículos 25-26). Como se repite frecuentemente en el libro de Yejezkel, el capítulo concluye con el estribillo: “y conocerán que Yo soy el Señor” (versículo 27).

 

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 6

En nuestro capítulo hay dos profecías sobre los pecados de Israel en materia de idolatría.

Una profecía alusiva a las montañas de Israel (Versículos 1-10)

La profecía se dirige a las montañas de Israel: "He aquí que Yo, sí, Yo voy a traer sobre vosotros la espada, y destruiré vuestros altos. Y vuestros altares serán desolados, y serán quebradas vuestras imágenes solares, y haré caer vuestros muertos a espada delante de vuestros ídolos" (versículos 3-4). Dios acusa a Israel del pecado de idolatría. Como consecuencia de sus pecados, Israel será castigado y destruido: "Y esparciré vuestros huesos alrededor de vuestros altares" (versículo 5). De aquellos mismos que serán destruidos, Dios dejará un remanente y ellos recordarán a Dios: "Y conocerán que Yo soy el Señor: no en vano dije que les había de hacer este mal (versículo 10).

Golpea con tu mano y patea con tu pie (Versículos 11-14)

Dios se dirige al profeta y le dice: "Golpea con tu mano, y patea con tu pie y di: ¡Ay!, a causa de todas las terribles abominaciones de la casa de Israel; porque a espada, de hambre y de peste caerán” (Versículo 11). Dios castigará a Israel como consecuencia de sus pecados: "Y extenderé Mi mano contra ellos, y pondré la tierra más desolada y devastada que el desierto de Divlatha, por todas sus habitaciones", y finalmente el objetivo es "y conocerán que yo soy el Señor" (versículo 14).

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La impureza del pueblo, el templo y la tierra

 

Yejezekel enfatiza muchas veces que los pecados del pueblo causaron la impureza del pueblo, el Templo y la tierra. ¿Cuál es el significado de esto?

La descripción más detallada de los pecados del pueblo en nuestro capítulo coloca ante nuestros ojos el capítulo 4 del libro Devarim (y especialmente los versículos 15-19 allí). Los términos comunes a nuestro capítulo y a Devarim 4 son: ídolo (de los celos), figuras de reptiles y animales, y prosternación al sol. A ellos hay que añadir los ídolos que aparecieron también en el libro Vaikrá y el llanto por Tamuz que es una descripción única de Yejezkel.

El contexto en cuyo centro se encuentran las advertencias sobre la prohibición de idolatría en Devarim capítulo 4 es el mandamiento al pueblo de cumplir los preceptos de Dios, y la advertencia contra el olvido del pacto con Dios. Esta advertencia explícita está en contradicción con la conducta del pueblo, y enfatiza los pecados del pueblo hacia su Dios en la época de Yejezkel.

El resultado de la idolatría en la que se ocupa el pueblo, como se dice en el libro de Devarim, es el exilio. Sin embargo, en la profecía de Yejezkel se repite y se enfatiza el hecho de que estos actos del pueblo causaron la impureza del pueblo, la tierra y el Templo, un resultado que no se menciona en el libro Devarim. En cambio, en el libro de Vaikrá se encuentra en dos contextos que la impureza se causa precisamente como resultado de la ocupación en la idolatría:

"No se dirijan a los nigromantes ni a los sortílegos. No los consulten para impurifícarse con ellos, Yo soy Hashem vuestro Dios" (Vaikrá, capítulo 19, versículo 31)

"pero Yo dirigiré Mi furor contra aquel hombre y lo truncaré del seno de su pueblo. Ya que de su descendencia él ha ofrecido al molej, para impurificar Mi Santuario, y para profanar el Nombre de Mi santidad (Vaikrá, capítulo 20, versículo 3)

Similar a estos versículos, también en Yejezkel el pueblo y el Templo se contaminan, pero se les añade también la impureza de la tierra, que no se menciona explícitamente en la Torá como resultado directo de la idolatría en la que se ocupó el pueblo. Además de esto, existe también una diferencia cuantitativa entre nuestro capítulo y los versículos del libro de Vaikrá: mientras que en Vaikrá solo dos versículos mencionan que la idolatría causa la impureza del pueblo y el Templo, en Yejezkel este tema se repite en treinta (!) versículos. La necesidad de repetir y enfatizar este asunto en la época de Yejezkel se hace comprensible en el contexto de la voz de los falsos profetas que profetizan que no solo el Templo no será destruido, sino que también los utensilios de la Casa de Dios que fueron exiliados volverán al Templo en Ierushalaim (Irmiahu, capítulo 27, versículo 16), y también que en un plazo breve de tiempo los exiliados también volverán a su tierra (Irmiahu, capítulo 28, versículo 3-4).

Editado por el equipo del sitio de Tanaj.

Gentileza sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

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El pecado de la tierra

 

La tierra no tiene libre albedrío. Pero es compañera del hombre y de sus actos, del pueblo y de sus actos. Junto con él está destinada a rendir cuentas ante su Creador.

"y dirás: ¡Oh montañas de Israel, oigan la palabra del Señor Dios! Así dice el Señor Dios a las montañas y a los collados, a los torrentes y a los valles: He aquí que Yo, sí, Yo voy a traer sobre vosotros la espada, y destruiré vuestros altos. Y vuestros altares serán desolados, y serán quebradas vuestras imágenes solares, y haré caer vuestros muertos a espada delante de vuestros ídolos" (versículos 3-4)

En esta profecía Yejezkel no se dirige a los hijos de Iehudá, a los hombres, sino a los montes y a los valles, a la tierra. El pecado no es solo el pecado del hombre, es también el pecado de la tierra. Así fue acusada la tierra (Bereshit, capítulo 4) en el acto de Cain, por abrir su boca para absorber la sangre de Hevel y así ocultar el acto del asesinato. Así fue acusada la tierra (Vaikrá, capítulo 26) por no haber reposado en el año sabático cuando Israel estaba en su tierra.

Aquí Yejezkel acusa a los montes de haber albergado sobre sí los altares a los ídolos. La desolación de la tierra de Israel en el exilio es debido a su pecado. También las buenas nuevas de consolación está destinado Yejezkel (36) a compartir entre los exiliados de Iehudá y las desolaciones de su tierra.

La tierra no tiene libre albedrío, pero es compañera del hombre y de sus actos, del pueblo y de sus actos. Junto con él está destinada a rendir cuentas ante su Creador:

"La tierra se había impurificado e hice caer su iniquidad sobre ella" (Vaikrá, capítulo 18, versículo 25).

Junto con él está destinada, como se dice, a consolarse cuando llegue la redención.

"Por tanto, profetiza respecto de la tierra de Israel, y di a las montañas, a los collados, a los torrentes y a los valles... mas vosotras, ¡oh serranías de Israel!, darán vuestro ramaje y llevarán vuestro fruto para Mi pueblo Israel, porque un poco más, y ellos volverán (a su tierra)" (Yejezkel, capítulo 36, versículos 6-8).

 

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Los montes de Israel-Memoria y testimonio

 

Los montes de Israel expresan la dimensión del recuerdo y el testimonio. Se erigen a lo largo de las generaciones para recordar lo que hubo aquí en tiempos de esplendor, lo que quedó en tiempos de destrucción, y hacia qué hay que anhelar y esperar en tiempos del retorno a Tzión.

La referencia profética a las montañas en general y a las montañas de Israel en particular, puede ser por diversas razones. En primer lugar, el lugar de nuestro Templo es "la montaña de Dios" y Ierushalaim en general tiene "montañas alrededor de ella". Sin embargo, más allá de esto, la sensación es que en las montañas hay una dimensión que trasciende el tiempo, y quizás también cierta trascendencia de las limitaciones del lugar, ya que se elevan por encima de la llanura y por encima de los valles.

Las montañas de Israel están relacionadas con buenas nuevas por un lado, y con el gran fracaso de la idolatría por el otro. Y efectivamente el profeta Yejezkel menciona todos los instrumentos del culto extranjero que se adhirieron en manos de los pecadores a las montañas y colinas, a los arroyos y valles. Todo lugar que tenía belleza y esplendor fue capturado por la inclinación hacia el culto extranjero. Ese terrible fracaso de la gente del Primer Beit HaMikdash, el Primer Gran Templo, que trajeron sobre sí mismos la destrucción.

Sin embargo, en mi opinión, las montañas de Israel expresan también la dimensión del recuerdo y el testimonio. Se erigen a lo largo de las generaciones para recordar lo que hubo aquí en tiempos de esplendor, lo que quedó en tiempos de destrucción, y hacia qué hay que anhelar y esperar en tiempos del retorno a Tzión.

El profeta menciona aquí a los sobrevivientes de la espada que permanecerán como testigos. "Y dejaré, sin embargo, un resto, de modo que tengan entre las naciones algunos que escapen de la espada, cuando fueren esparcidos entre los países. Y los que de vosotros escaparen se acordarán de Mí en medio de las naciones, adonde fueren llevados cautivos, cuando haya Yo quebrantado su corazón infiel que se apartó de Mí..." (versículos 8-9).

Y efectivamente, comenzando desde el cántico "Escuchen" de Moshé, nuestro maestro, los cielos y la tierra son testigos permanentes y fieles de la palabra profética. Y aquí en nuestro profeta no solo los sobrevivientes de carne y hueso permanecen y testifican, sino que también las montañas que "hospedaron" el culto idólatra, encontrarán el camino para transmitir tanto el fracaso como su reparación.


Gentileza sitio 929

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