El Shabat en el libro Yejezkel

 

La profecía de Yejezkel eleva el estatus del Shabat: al observarlo, el pueblo testifica y manifiesta el hecho de que Hashem es su Dios.

Un lugar de honor está reservado para el mandamiento del Shabat en el libro  Yejezkel.

Parece que la innovación de Yejezkel no es solo mencionar el Shabat más veces que otros profetas, sino que lo ve como una señal – no de la creación del mundo, sino de la particular santidad de Israel: "para que sepan que Yo soy el Señor vuestro Dios" (capítulo 20, versículo 20). De hecho, se mencionan dos razones en Ezequiel para que el Shabat sea una 'señal':

"Y les di también Mis Shabatot, para que fuesen una señal entre Mí y ellos, a fin de que supiesen que Yo soy el Señor que los santifico" (versículo 12);

"Y santifiquen Mis Shabatot, los cuales serán una señal entre Mí y vosotros, para que sepan que Yo soy el Señor, vuestro Dios" (versículo 20).

La primera razón ya existe en el libro Shemot:

"Pero Mis Shabatot habrán de observar, ya que un signo es entre Mí y entre ustedes para vuestras generaciones, para que se haya de saber que Yo soy Hashem el que los consagra a ustedes" (Shemot, capítulo 31, versículo 13), pero la segunda razón, según la cual el Shabat testifica que "el Señor es vuestro Dios", es una innovación de Yejezkel, y no tiene paralelo en la Torá. Parece que de esta manera la profecía de Yejezkel eleva el estatus del Shabat: al observarlo, el pueblo no solo preserva su santidad, sino que también testifica y manifiesta el hecho de que el Señor es su Dios, y la profanación del Shabat rompe este testimonio. Sin embargo, ya desde que se dio el Shabat en la generación del desierto, el pueblo lo profanó, y con ello declaró públicamente que no es fiel a su Dios, y prefiere adorar a otros ídolos. Por esta razón, en la profecía de Yejezkel, pronunciada en la generación de la destrucción, el Shabat ocupa un lugar especial y único – este es un testimonio claro de la distancia entre el pueblo y su Dios, que finalmente llevó a la impureza del Templo y su destrucción. Esta es también la razón por la cual, además de las referencias al Templo en este capítulo, el Shabat también se menciona en otros capítulos (capítulo 22, versículo 8; capítulo 23, versículo 38) entre las causas de la destrucción. El Shabat se menciona en Yejezkel nuevamente solo en los capítulos que tratan sobre la visión futura, en los cuales el Templo también está en pie, y está ausente de los capítulos de restauración de Yejezkel (34-39) que preceden a la visión del Templo futuro. Parece que la razón de esto es porque la existencia del Shabat como testimonio de que el Señor es el Dios del pueblo, es relevante solo cuando el pueblo ya no peca más y reconoce a su Dios. Esta situación se cumplirá solo cuando el Templo vuelva a estar en pie, no en su destrucción, ni durante la permanencia del pueblo en el exilio.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Gentileza sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”

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Las hechicerías del rey de Bavel

El proceso de toma de decisiones respecto al avance de su ejército hacia Ierushalaim o Rabat Amón fue resuelto por el rey de Bavel, Babilonia mediante actos de adivinación que eran comunes en su época.

"Para usar de adivinación: sacudió las flechas; preguntó a los ídolos domésticos; inspeccionó el hígado (de las víctimas). "

El proceso de toma de decisiones respecto al avance de su ejército hacia Ierushalaim o Rabat Amón fue resuelto por el rey de Bavel mediante actos de adivinación que eran comunes en su época. Él 'agitó las flechas' cuyo significado es:

"Llenar un carcaj (estuche o vaina para llevar flechas) con flechas, sobre las cuales están escritas diferentes soluciones. El adivino agitaba las flechas, y la primera flecha que caía del carcaj era la que se consideraba como la respuesta de los dioses". (Kesher, Yejezkel I-XXIV, pág. 426)

Además, él 'consultó a los ídolos domésticos’, que es la consulta del futuro mediante ídolos.

También se menciona que 'examinó el hígado'. Esta mención es particularmente interesante porque concuerda con hallazgos arqueológicos y textuales de los cuales aprendemos que en el pasado las personas solían "examinar el hígado". Es decir, adivinar el destino y el futuro según el estado del hígado tomado de un animal que fue sacrificado como ofrenda. Así, por ejemplo, escribió Eti Kuriat-Aharón sobre un hallazgo encontrado en Meguido:

"Parece que la costumbre de examinar el hígado tiene su fundamento en la concepción de que el hígado, como sede del alma, refleja el alma del dios que acepta favorablemente la ofrenda, y la adivinación en el hígado del sacrificio puede revelar la voluntad oculta del dios. El hallazgo de un modelo de hígado que fue descubierto en Meguido arrojó luz y enseñó sobre el proceso de examen, que era realizado por un Cohen, sacerdote, comenzando con la inspección de las entrañas del animal, después de lo cual el hígado era separado del resto de los órganos y colocado sobre la palma izquierda del Cohen o sobre el altar. El Cohen observaba cuidadosamente el hígado y según su forma y las líneas que se formaban en él, adivinaba o resolvía una pregunta determinada. Para enseñar a los Cohanim, sacerdotes, el oficio de examinar el hígado, los hígados eran reproducidos en moldes hechos de arcilla, y a veces incluso se grababan explicaciones manuscritas sobre estos moldes. En numerosos sitios arqueológicos en todo el Antiguo Oriente Próximo se han descubierto moldes de arcilla [como estos]..."

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La violación del pacto

 

Nevujadnetzar está lejos de ser justo. Pero traicionarlo a él y al juramento hecho en su nombre está fuera de cuestión desde la perspectiva del profeta:

"¿Acaso prosperará? ¿Acaso escapará el que tales cosas hace? Y el que rompió el pacto, ¿escapará?

¡Vivo Yo! dice el Señor Dios, que ciertamente en el lugar donde habita el rey que le puso sobre el trono, cuyo juramento él despreció, y cuyo pacto quebrantó, allí mismo con él en medio de Bavel, morirá.
Pues despreció el juramento, quebrantando el pacto, cuando he aquí que había dado la mano, y ha hecho todas estas cosas; no escapará.
que ciertamente Mi juramento que despreció y Mi pacto que quebrantó, los traeré sobre su misma cabeza".

La sombra del capítulo 17 nos ha acompañado desde el principio del libro, y ahora ha llegado al pecado explícito: el desprecio del juramento y la ruptura del pacto. Tzidkiahu, hermanastro de Yehoiakim, fue nombrado rey por Nevujadnetzar cuando este llevó a Yehoiajín hijo de Yehoiakim prisionero a Bavel, Babilonia. Tzidkiahu fue nombrado solo después de jurar por Dios ser fiel al rey de Bavel en la lucha turbulenta entre el rey de Bavel y el rey de Egipto por la hegemonía en la región. En el cuarto año de Tzidkiahu, todos los reyes de las naciones de la región lo visitaron para convencerlo de rebelarse, con respaldo y apoyo de Egipto, contra el rey de Bavel. La importancia de Tzidkiahu en la lucha regional era grande, porque solo a través del reino de Iehudá era posible mantener contacto entre Egipto y Edom, Moav, Amón, Tiro y Sidón, que participaron en la rebelión.

Tzidkiahu, el joven rey, fue tentado por esto bajo el consejo de sus príncipes y el consejo de los falsos profetas encabezados por Jananiá hijo de Azur, y se rebeló. Rompió el juramento en nombre de Dios y violó el pacto que había firmado. Y así escribió el Rambán sobre Iosef, quien se niega a las seducciones de la esposa de Potifar para traicionar a su amo que confía en él. Iosef ve en esto un pecado contra Dios. Y así escribió el Rambán:

"Porque sus ojos (de Dios) están sobre los fieles de la tierra, y ante Él no entrará el traidor"

Nevujadnetzar está lejos de ser justo. Pero traicionarlo a él y al juramento hecho en su nombre está fuera de cuestión desde la perspectiva del profeta. El profeta ve tres pecados en el acto de Tzidkiahu:

La traición misma y la falta de lealtad básica a la que todo hombre, y más aún un rey, está obligado.
La profanación del Nombre (de Dios) en el hecho de que precisamente un rey judío actuó con falta de integridad, incluso después de jurar por su Dios.
El profeta enfatiza (en el capítulo anterior) que la ruptura del pacto con Nevujadnetzar recuerda la culpa de que Israel también rompió su pacto con Dios. También lo traicionaron a Él y a Su bondad al ir tras otros dioses y abandonar la Torá.

Y hay un mismo juicio en boca del profeta para ambas rupturas del pacto, hasta que Dios establezca con nosotros un pacto eterno.

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La recompensa para los últimos reyes de Iehudá

La doctrina de la retribución descrita en el capítulo 18 no es teórica, sino dirigida específicamente a los cuatro últimos reyes de Iehudá.

Cinco personajes son juzgados en las dos partes del capítulo. Tres en la primera parte: el padre justo (5-9), su hijo perverso (10-13), el nieto justo (14-18). Dos en la segunda parte: el malvado que se arrepiente de sus pecados (21-23), el justo que se aparta de su rectitud y se corrompe (24-26).

Suponiendo que se trata de personas no identificadas, el juicio de los primeros cuatro es simple, quizás incluso demasiado simple. El juicio del quinto es difícil e indignante. ¿Por qué no se recordarán al justo que se apartó de su rectitud todas sus buenas obras? ¿Acaso no falla en esto la medida de la justicia? Si Dios desea perdonar con su medida de misericordia al malvado que se arrepiente de su maldad, está bien. Pero ¿por qué sufrirá quien fue justo todos sus días por sus acciones en los últimos días y no se recordarán en absoluto sus obras justas?

Parece inevitable identificar a estas personas por sus nombres. El padre justo es Yoshiahu, quien estableció un pacto entre el pueblo y Dios con todo su corazón e hizo justicia y rectitud todos sus días. Su hijo perverso, derramador de sangre, es Yehoiakim, quien practicó la idolatría, derramó sangre inocente y sangre de profetas, construyó su casa sin justicia y sus aposentos sin rectitud, y fue odiado por el pueblo. Su hijo es Yehoiajín, quien fue exiliado a la prisión babilónica antes de que pudiera hacer nada, y allí, aparentemente, según los Sabios, se volvió a Dios con todo su corazón. Él, según el profeta, no cargará con la iniquidad de su padre y está destinado a ser liberado de su prisión, como efectivamente sucedió después de la muerte de Nevujadnetzar, cuando Evil-merodaj lo sacó de la cárcel y le habló amablemente.

Yehoiajín es también la cuarta figura en nuestro capítulo, el malvado que se volvió a Dios y cuyos pecados no serán recordados. De su descendencia continuará el reinado de Israel en la figura de Zerubabel hijo de Shaltiel, gobernador de Iehudá en la época del retorno a Tzión y la construcción del segundo Beit HaMikdash, el Segundo GranTemplo, a pesar de que el progenitor de la dinastía es Yehoiakim el malvado.

Tzidkiahu es la quinta figura. Tzidkiahu comenzó su reinado como servidor de Dios. Las esperanzas de los profetas al inicio de sus días eran grandes. Sobre él dijo Irmiahu: "El aliento de nuestras narices, el ungido del Señor... de quien dijimos: a su sombra viviremos entre las naciones". Pero Tzidkiahu se apartó de su camino, y en el cuarto año, siguiendo la seducción de Jananiá hijo de Azur, abandonó el camino de Irmiahu, y Ierushalaim se hundió en el abismo de la idolatría y la corrupción hasta la destrucción.

No hay duda de que Tzidkiahu recibirá la recompensa de sus obras justas en el día del juicio ante el Juez de toda carne. Pero ahora, en la conducción divina de su pueblo por los caminos tortuosos de la historia, la retribución vendrá según la conducta de Tzidkiahu en sus últimos siete años, una retribución de calamidad, y no de él surgirá la dinastía real futura.

 

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Los leones, la vid y los reyes de Iehudá

 

La parábola de la leona y sus cachorros enseña que los reyes de Iehudá irán al exilio en Bavel, Babilonia, mientras que la parábola de la vid enseña que se selló el destino de todos los reyes de Iehudá.

La profecía de Yejezkel sobre los reyes de Iehudá en este capítulo se transmite mediante dos parábolas: en la primera parábola, la familia real de Iehudá se asemeja a la familia de leones, y en la segunda parábola, la familia real se asemeja a una vid. Parece que el origen de estas parábolas e incluso la conexión entre ellas se encuentra ya en la bendición de Iaacov a Iehudá en Bereshit capítulo 49:

"Iehudá, tú, te loarán tus hermanos... Cachorro de león eres tú, Iehudá; De la presa devorada, hijo mío, has ascendido. Se ha postrado y yace cual león y cual leona, ¡Quién habrá de levantarlo! No habrá de apartarse el cetro de Iehudá, ni el bastón del legislador de entre sus pies, hasta que venga Shiló y a él obedecerán los pueblos. El ata a la vid de su asna y a la cepa el pollino de su asna, lava en vino su vestimenta y en sangre de uvas su manto. El, de ojos bermejos, por el vino, él, de dientes blancos, por la leche " (versículos 8-12).

En la primera parábola se mencionan dos cachorros: la interpretación común es que el primer cachorro es Yehoajaz. En cuanto a la identificación del segundo cachorro, las opiniones están divididas. Una comparación entre el capítulo 19 y la descripción en Melajim y Divrei Haiamim enseña que probablemente se trata de Yehoiakim.

Los actos de los cachorros: "Y aprendió a arrebatar presa, devoró hombres", deben interpretarse como una imagen de hacer el mal ante los ojos de Dios por parte de ambos reyes. ¿Y quién es la leona? Es posible que sea una parábola de los factores terrenales que coronan reyes (constituyendo inconscientemente los emisarios de Dios): primero el pueblo de la tierra que corona a Yehoajaz, y luego el rey de Egipto que corona a Yehoiakim.

Yejezkel describe la captura de ambos reyes y su traslado a Bavel.

El profeta refuerza sus palabras mediante una parábola adicional, la parábola de la vid fructífera, que posteriormente es derribada, se seca y es quemada. Esta parábola es más dura que la anterior, ya que mientras el resultado de la primera parábola es la captura de los cachorros-reyes, en esta parábola no queda nada de la vid: primero se seca completamente, y como si eso no fuera suficiente, también es consumida por el fuego. Solo el final de la parábola revela que la expresión 'cetros de gobernantes' al principio es una descripción de sus líderes a quienes les fue imposible cumplir su función: "Y no hubo en ella vara fuerte, cetro para gobernar". Si hubieran guiado al pueblo como se esperaba, quizás habrían evitado las consecuencias de la combustión del fuego en los reyes de Iehudá.

Esta parábola no está dirigida específicamente a ninguno de los reyes de Iehudá, y sella el destino del reinado de todos los reyes de Iehudá.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía del sitio VBM de la Academia Rabínica Har Etzion

 

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Responsabilidad personal

 

El capítulo 18 presenta una discusión explícita sobre la responsabilidad del individuo por sus actos. El argumento común entre la gente de esa generación era que si la destrucción estaba predeterminada e inevitable, entonces sus actos individuales no tenían consecuencias. El profeta sostiene que aunque la destrucción está cerca, a pesar de ello cada persona debe asumir responsabilidad por sus acciones.

Varios capítulos en Yejezkel tratan la doctrina de la retribución. La particularidad de este capítulo radica en el carácter de los pecados enumerados en él. Parece que el lugar de las injusticias sociales y morales quedó relegado a los márgenes del libro, quizás debido a la escasez de profecías que traten este tema.

El capítulo comienza con la percepción del pueblo: "Los padres comen el agraz (uvas agrias), y los dientes de los hijos sufren la dentera" (versículo 2). Y tras ella la respuesta del profeta: "El alma que pecare, esa es la que  morirá" (versículo 4). Posteriormente se detallan las acciones del justo, que incluyen la abstención de la idolatría (versículo 6), la abstención de prohibiciones en el ámbito de las relaciones entre hombre y mujer (versículo 6) y una larga lista de acciones y abstención de transgresiones en el ámbito social (versículos 7-8). En este sentido, esta lista es similar al detalle de las acciones de su hijo malvado que viene después (versículos 10-13) y así también son las acciones de su nieto justo (versículos 14-17). Tras describir las acciones atribuidas a cada una de las tres generaciones, Yejezkel enfatiza que el hijo malvado será castigado por sus actos (versículo 18) y resume con lo que abrió: "El alma que pecare, esa morirá" (versículo 20).

La unidad profética se cierra enfatizando la responsabilidad de cada persona por sus actos, durante toda su vida, mediante la referencia a una persona que cambió del camino que había comenzado a seguir; así, un malvado que se arrepiente vivirá (versículos 21-23), mientras que un justo, un Tzadik que peca será castigado (versículo 24). De la cita de las palabras del pueblo en boca del profeta: "Y diréis: No es recto el proceder del Señor" (versículo 25, 29), parece que la distinción que hace Yejezkel entre el pueblo en su conjunto –que con sus acciones causó que la destrucción del Templo y el exilio fueran decretados y sean irreversibles y ni siquiera dependan de las acciones del pueblo– y la responsabilidad del individuo por sus actos y sus consecuencias –si vivirá o morirá– no les resulta comprensible. Y por eso es enfatizada en las palabras del profeta a lo largo de todo el capítulo, varias veces.

El profeta resume su destino enfatizando que el argumento del pueblo de que el hijo muere por los pecados del padre no es correcto y que:

"El hijo no cargará con la iniquidad del padre, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo" (versículo 20).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 21

Nuestro capítulo aborda un tema: la espada del rey de Bavel.

La destrucción y la espada sobre Ierushalaim (Versículos 1-12)

El primer pasaje de la profecía comienza con una parábola: "Y dirás al bosque del Mediodía: ¡Oye la palabra del Señor! Así dice el Señor Dios: He aquí que voy a encender en ti un fuego, que devorará en ti todo árbol verde y todo árbol seco; no se apagará la llama del incendio, y serán quemados en ella todos los rostros, desde el sur hasta el norte " (versículo 3). Yejezkel clama sobre la palabra de Dios: “Entonces yo dije: ";Ah Señor Dios! Ellos dicen de mí: Él no habla sino parabolas” (versículo 5) – él pide a Dios que ponga en su boca profecías más comprensibles y no parábolas.

A partir de aquí la parábola se interrumpe y Dios explica: "Y dirás a la tierra de Israel: Así dice el Señor: Heme aquí contra ti, y sacaré Mi espada de su vaina, y cortaré de ti al justo y al inicuo" (versículo 8). Dios incluso ordena al profeta gemir "con quebrantamiento  de lomos (caderas) y con amargura gemirás a la vista de ellos", y explicar a los que pregunten por qué gime: "Y será que cuando te pregunten: "¿Por qué gimes?", contestarás: "A causa de la nueva, porque viene, y se disolverá todo corazón, y se debilitarán todas las manos, y decaerá todo espíritu, y todas las rodillas se disolverán como el agua: he aquí que viene; y esto será hecho" (versículo 12).

La espada (Versículos 13-22)

En este pasaje el profeta describe la preparación de la espada del rey de Bavel, Babilonia: "Di: ¡Una espada, una espada ha sido afilada y también está acicalada! ¿debemos, pues, alegrarnos? La vara (el castigo), de Mi hijo, desprecia a todo otro árbol! " (versículos 14-15). Dios expresa dolor porque la espada golpea a su pueblo: "¡Clama y aúlla, oh hijo del hombre, porque ella viene contra Mi pueblo! ¡Ella (viene) contra todos los príncipes de Israel! ¡Entregados a la espada están juntamente con Mi pueblo! Date, pues, con tu mano golpes en el muslo" (versículo 17). Así el profeta es ordenado batir palma contra palma, y también Dios: "¡Tú, pues, oh hijo del hombre, profetiza, y bate una mano con otra!” (versículo 19); "Y también Yo batiré Mis palmas, una con otra, y desahogaré Mi indignación. Yo, el Señor, lo he dicho " (22).

La espada elige causarle daño a Ierushalaim, pero también le hará daño a Amón (Versículos 23-37)

Dios ordena al profeta realizar un acto simbólico y dibujar dos caminos por los cuales pasará la espada del rey de Bavel: un camino conduce a Amón y otro camino conduce a Ierushalaim. Luego se describe cómo el rey de Bavel examinará mediante adivinación en qué tierra golpear, en Amón o en Ierushalaim, y Ierushalaim es elegida: "En su mano derecha fue la adivinación sobre Ierushalaim" (versículo 27). El profeta se dirige directamente al "príncipe de Israel", que es Tzidkiahu, y le dice: "¡Quita la tiara (turbante), y depone la diadema real! Esto no será más así: ¡elevaré al bajo y al alto humillaré!" (versículo 31), la realeza no será elevada y sublime, sino humillada.

Aunque antes parecía que Amón se salvaría de la espada, después de que la espada golpee a Ierushalaim, también golpeará a Amón: "Y derramaré sobre ti Mi indignación; y con el fuego de Mi ira soplaré contra ti; y te entregaré en manos de hombres brutales, hábiles para destruir" (versículo 36). Cabe señalar que según Josefo (Kadmoniot X, 9, 7), el rey de Bavel salió contra Amón cinco años después de la destrucción de Ierushalaim.

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 20

El capítulo se abre con la descripción de los ancianos de Israel sentados ante Yejezkel (versículo 1), y el Señor se reveló a Yejezkel para "juzgarlos" por sus acciones: "¿Quieres acaso juzgarlos, oh hijo del hombre? ¿Los quieres juzgar? Hazles, pues, conocer las abominaciones de sus padres ". Así, Yejezkel repasa la historia del pueblo de Israel en dos partes.

Tres generaciones antes del ingreso a la Tierra (Versículos 5-29)

En la primera parte, Yejezkel examina tres generaciones: Israel en Egipto (versículos 5-9), los que salieron de Egipto (10-17) y la generación del desierto (18-26). El profeta presenta cómo en cada ocasión Dios dio al pueblo leyes, pero Israel se rebeló contra Dios y no le escuchó. Como consecuencia de la rebelión, Dios pensó destruir a Israel, pero en Su misericordia y por Su nombre no lo hizo.

Así, por ejemplo, en Egipto Dios advirtió a Israel que no adorara ídolos: "Y les dije: ¡Desechen cada uno sus cosas detestables de delante de sus ojos, y no se contaminen con los ídolos de Egipto; (pues) Yo soy el Señor, vuestro Dios! " (versículo 7), pero el pueblo de Israel no escuchó a Dios, y aun así Dios sacó a Israel de Egipto. Más adelante, Yejezkel menciona los mandamientos de manera general, y específicamente el mandamiento del sábado: "Y diles también Mis Shabatot, para que fuesen una señal entre Mí y ellos, a fin de que supiesen que Yo soy el Señor que los santifico " (versículo 12), pero también entonces Israel se rebeló contra Dios: "Pero se rebeló contra Mí la casa de Israel en el desierto; en Mis estatutos no anduvieron, sino que despreciaron Mis preceptos, en los cuales vivirá el hombre que los hiciere, y profanaron en gran manera Mis Shabatot " (versículo 13). La conclusión de este pasaje es que cuando Dios dio a Israel leyes, en realidad les dio "estatutos no buenos y decretos por los cuales no podrían vivir" (v. 25), ya que el pueblo de Israel no guardó los mandamientos de Dios, y en lugar de que Israel guardara los mandamientos "y viviera por ellos", se rebelaron contra Dios y fueron castigados.

Tres generaciones desde el ingreso a la Tierra (Versículos 27-44)

En este párrafo, nuevamente Yejezkel examina tres generaciones: la generación que entra a la tierra (27-29), la generación de Yejezkel (30-32) y la generación de la redención futura (33-44).

Yejezkel acusa a la generación que entró a la tierra del pecado de idolatría: "Pues Yo los traje a la tierra que había jurado darles; mas cuando pusieron los ojos en todo collado alto, y en todo árbol frondoso, ofrecieron allí sus sacrificios, y presentaron allí su ofrenda para provocarMe a ira, y pusieron allí sus olores gratos, y derramaron allí sus libaciones" (versículo 28), y también a su propia generación, Yejezkel la acusa de idolatría: "Nosotros seremos como las (otras) naciones, como las (demás) familias de las tierras, sirviendo a palo y a piedra" (versículo 32).

Después de estas acusaciones, Yejezkel pasa a describir la redención. Dios sacará a Israel de entre los pueblos y los traerá a juicio: " y los traeré al desierto de los pueblos, y allí entraré en juicio con vosotros cara a cara” (versículo 35). Así como Dios hizo un pacto con la generación del desierto, así Dios renovará el pacto en el tiempo de la redención: " Y los haré pasar debajo de la vara, y los haré entrar en los vínculos del pacto" (versículo 37). Después de esto, Israel servirá solo a Dios: "Y conocerán que Yo soy el Señor, cuando los haya traído al suelo de Israel, a la tierra que alcé Mi mano, jurando que la daría a vuestros padres" (versículo 42), pero aun entonces Israel recordará sus malas obras, y el hecho de que Dios no destruyó a Israel por causa de Su nombre.

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 19

El capítulo se inicia con un llamado al profeta para que pronuncie "una lamentación (canto fúnebre) sobre los príncipes de Israel". El capítulo incluye dos parábolas: la parábola de la leona y los cachorros, y la parábola de la vid. El profeta no interpreta explícitamente estas parábolas alegóricas.

La parábola de la leona y los cachorros (Versículos 1-9)

La parábola presenta a la leona en un rol positivo: "Entre los leones se acostó; en medio de los leoncillos crío sus cachorros” (versículo 2). La leona enseñó a uno de sus cachorros a convertirse en león joven y él aprendió a cazar presa, e incluso logró devorar a un hombre. Como consecuencia de las hazañas del león joven, buscaron capturarlo, y así fue: "en su hoyo fue cogido; y le llevaron con argollas de nariz a la tierra de Egipto” (versículo  4). La leona perdió su esperanza respecto al primer cachorro y crió a otro "tomó otro de sus cachorros, y le puso a él por leoncillo" (versículo 5), pero también este causó daño: "y demolió sus palacios, y asoló sus ciudades; y quedó desolada la tierra, y cuanto había en ella, a causa del estruendo de su rugido " (versículo 7). Como consecuencia de sus actos vinieron "naciones de alrededor, de las provincias" y lo capturaron, esta vez para Bavel, Babilonia "Y le pusieron en una jaula, con argollas de nariz, y le llevaron al rey de Bavel; y le metieron en las fortalezas, para que no fuese oída más su voz sobre las montañas de Israel " (versículo 9).

¿Y cuál es la aplicación? Es posible que la leona sea una madre real, pero parece más probable que represente a la casa real, el reino de la casa de David. Existe un consenso bastante amplio respecto a la identificación del primer cachorro como Yehoajaz, quien fue exiliado a Egipto. Respecto al segundo cachorro existe debate y los comentaristas han propuesto tres posibilidades: Yehoiakim, Yehoiajín o Tzidkiahu.

La parábola de la vid (Versículos 10-14)

Esta parábola trata sobre el destino del reino de Iehudá. El profeta probablemente habla a Tzidkiahu, el último rey de Iehudá, y dice "Tu madre era como una vid, a tu semejanza, plantada junto a las aguas: fecunda era, y abundante en sarmientos, a causa de las muchas aguas" (versículo 10), es decir, el reino de Iehudá estaba en buena posición, pero fue arrancada y destruida: "Mas ella ha sido arrancada con furor, en tierra ha sido echada, y el viento solano ha secado su fruto: han sido quebradas y marchitadas sus fuertes varas; el fuego las ha devorado" (versículo 12). La vid fue quemada "Y ahora está plantada en el desierto, en una tierra seca y sedienta” (versículo 13).

El profeta concluye las dos parábolas con la frase "¡Endecha (una elegía) es ésta, y servirá de endecha " (versículo 14). Es decir: se trata de parábolas que son también lamentaciones sobre la triste situación del reino de Iehudá.

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 18

Apertura (Versículos 1-2)

Nuestro capítulo trata sobre la teoría de la retribución. A raíz de las palabras del pueblo "Los padres comen el agraz (uvas agrias), y los dientes de los hijos sufren la dentera” (versículo 2), el profeta explica al pueblo dos principios en la teoría de la retribución: "el alma que peque, esa es la que morirá" y que es posible cambiar la retribución de la persona incluso durante su vida y transformarse de malvado a justo y viceversa.

El alma que peque, esa es la que morirá (Versículos 3-20)

Yejezkel describe tres generaciones: un padre justo "en Mis estatutos anda, y guarda Mis juicios para obrar rectamente; justo es” (versículo 9); un hijo malvado "Mas si engendra a un hijo violento, derramador de sangre, el cual comete contra su hermano cualquiera de esas injusticias, y no hace ninguno de aquellos deberes" (versículos 10-11); y un nieto justo "Mas he aquí que éste engendra un hijo, el cual ve todos los pecados que ha cometido su padre, y considera, y no hace conforme a ellos" (versículo 14). En contraste con el pensamiento del pueblo de Israel de que "Los padres comen el agraz (uvas agrias), y los dientes de los hijos sufren la dentera ", Yejezkel anuncia que cada uno de ellos recibirá su retribución únicamente según sus propias acciones: "El alma que pecare, ésa morirá: el hijo no cargará con la iniquidad del padre, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo; la justicia del justo estará sobre él, y la maldad del malo sobre él estará " (versículo 20).

Un malvado que se convirtió en justo y un justo que se convirtió en malvado (Versículos 21-32)

Después de que Yejezkel aclaró que la retribución se determina para cada persona, sin relación con las acciones de sus padres, ahora explica que también durante su vida una persona puede cambiar su destino. Así, por ejemplo, un malvado puede arrepentirse de sus pecados y no morir: "Y si el malo se volviere de todos sus pecados que ha cometido, y guardare todos Mis estatutos, y obrare según el derecho y la justicia, ciertamente vivirá; no morirá" (versículo 21), o alternativamente, un justo que corrompió sus caminos y se volvió malvado – morirá: "Mas cuando el justo se volviere de su justicia y cometiere la iniquidad, si conforme a todas las abominaciones que hace el malo, hace él, ¿(en tal caso) vivirá?, (Al contrario), ninguna de sus justicias que ha hecho será traída en memoria; en su prevaricación que ha hecho, y en su pecado que ha cometido, en ellos morirá" (versículo 24).

La conclusión general es: "Por tanto Yo los juzgaré a cada uno conforme a sus caminos, oh casa de Israel, dice el Señor Dios. ¡Vuelvan, y apártense de todas vuestras transgresiones, para que la iniquidad no sea vuestra ruina!... Porque no Me complazco en la muerte del que muere, dice el Señor Dios: ¡Vuelvan, pues, y vivan! (versículos 30-32).

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