La demanda moral no tiene inmunidad

La confesión de Iehudá que salvó a Tamar, que debía recibir la pena de la hoguera, tal como lo establecía la ley de esa época, nos enseña que la demanda bíblica no se conforma con que el hecho “esté en orden” desde el aspecto legal y el encuadre, sino que demanda una exigencia suprema de asumir la responsabilidad por una conducta ética y moral.

Desde el punto de vista formal, y acorde a la ley imperante en ese tiempo, a Tamar le correspondía el veredicto de “Sáquenla y que sea quemada” (versículo 24). Tamar era lo que en esa época se denominaba “Shomeret Iabem” (Levirato: práctica que consiste  en que una viuda pasa a ser la esposa de uno de los hermanos del marido difunto)), y a pesar de que el “Iebum” de esa época era diferente al que finalmente ordenó la Torá, he aquí que la sentencia es similar a la sentencia de una hija de Cohen. Así lo explicó Rashi. No obstante el Rambán enfatizó el hecho que se tratan de leyes totalmente diferentes, ya sea que emanan del status especial de Iehudá como “Oficial de policía y gobernante en la tierra”, o ya sea que se trate de que en esa época se le concedía al marido el derecho de juzgar a su esposa en caso que ella haya cometido adulterio. La postura de todos los comentaristas es unánime según la ley de aquella época – por lo tanto tenía asidero el hecho de quemar a Tamar.

¿Y por qué motivo finalmente Iehudá no actuó de esa manera? Iehudá no actuó de ese modo por el hecho que existen otros aspectospara afrontar una situación compleja. La ley y el juicio no son los únicos elementos puestos en debate, sino también la moral y la justicia. Según el Rambán, en este caso, Iehudá dijo que “a través de sus acciones, ella estuvo más en lo cierto que yo, porque ella es la justa y yo he pecado contra ella, por no concederle a mi hijo Shelá”

Es decir: hay una brecha entre la postura formal y la posición moral esencial. Desde el aspecto formal Tamar ha elegido en su libre albedrío, acostarse con Iehudá cometiendo así una grave transgresión, mientras que por su parte, Iehudá fue confundido por quien consideraba que ella era una prostituta, y por ende, él no es culpable. Desde el aspecto esencial el cuadro es inverso: Iehudá es la causa esencial que hizo que Tamar actuara en base a la desesperanza en la que se desenvolvía, y él es el verdadero culpable en este episodio.

Este hecho nos muestra que el sistema jurídico legal es sólo uno de los aspectos de la cuestión. Una persona puede estar a la altura de todas sus exigencias, y aún así será considerado “Nabal birshsut haTorá” (se refiere a una persona que aún realizando acciones que están permitidas, se envilece); puede ser que desde el aspecto formal la persona no sea culpable en absoluto, pero en el nivel esencial, la Torá interior le demandará asumir la responsabilidad de ello, y por supuesto que, desde el punto de vista formal, no puede juzgar a quien fue perjudicado por él, aunque haya actuado fuera de la ley.

Esta cuestión nos enseña una y otra vez las limitaciones existentes en el sistema jurídico. Todo sistema judicial se ocupa de los aspectos formales, los cuales son de suma importancia, pero no una importancia exclusiva. En el sistema público de nuestros tiempos hay una indefinición de valores en este ámbito. Como consecuencia de la vasta  judicialización son muchos los que sostienen que si la persona no fue acusada por el sistema judicial, pues no puede haber contra él ninguna crítica en relación a su conducta inmoral y no ética. El episodio de Iehudá y Tamar nos enseña una vez más que se trata de  niveles diferentes, diversos y complejos.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj
Gentileza del sitio de la Academia Rabínica "Orot Shaul"

 

Volver al capítulo

La maledicencia

“Cuando sus hermanos llegaron aver que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, empezaron a odiarlo, y no podían hablarle pacíficamente” (Bereshit, 37:4).

La palabra crea, revela y redime, es expresión de conjuros y símbolo, lenitivo que calma y construye realidades, vehículo y herramienta del pensamiento, hacedora de sentimientos.

Las frases son el puente estrecho sobre el ancho abismo entre los seres humanos, y la inconmensurable distancia entre ellos y Di-os.

Por más que sea atormentado hablar del dolor, es más peligroso no hacerlo. Yosef y sus hermanos podrían haberse reconciliado en su momento, y haberse salvado del sufrimiento. Pero, no tuvieron la capacidad de hablarse. Tampoco de confesar su dolor. El lenguaje libera de la soledad y repara las relaciones dañadas, pero cuando no existe, no se puede resolver ningún drama, y menos la rivalidad entre hermanos que siempre conduce al mismo desierto donde una tragedia solamente es superada por la siguiente.  

¿Qué nos dice el versículo?

Que no tenían palabras amables que no podían hablar sin pelearse. Se aborrecían tanto que no podían superar el silencio. No pudieron expresarle a Yosef sus celos ni sus angustias. Se quedaron en el chisme y el cotilleo. Rambán escribió que

“los que odian tienden a ocultar su odio en su corazón”.

La falta de expresión de los sentimientos es el preludio de la venganza más violenta. El Talmud (Berajot 26a) aprende del versículo

“Ytzjak estaba afuera a fin de meditar (en el texto hebreo leemos “lasuaj”–conversar, platicar) en el campo como al caer la tarde” (Bereshit 24, 63),

que einsijáelatefilá, que podríamos traducir como, “la conversación es una forma de oración”, porque abrimos nuestro corazón a otra persona, nos prepara para el acto de abrirnos a lo Divino. Que la plegaria es una conversación con Di-os.

El salmista (102:1), lo reafirma diciendo “Una oración del afligido en caso de que se ponga endeble y derrame su preocupación delante del Señor mismo. Eterno, oye mi oración; y llegue a ti mi propio clamor por ayuda”. 

El judaísmo tiene un Dios que no se ve, que sólo puede ser escuchado. El Dios que creó el universo con su palabra.

Nuestros sabios fueron más que elocuentes al hablar sobre los peligros de la calumnia, la denigración, la difamación, el libelo y el vilipendio. El lashón hará es una falta imperdonable. La palabra, cuando se utiliza mal, tiene la posibilidad de fracturar las relaciones y destruir la confianza y la buena voluntad.

Pero, en ciertas circunstancias, callar causa los mismos problemas que hablar mal. Incluso más.

Eso es lo que nos enseña el versículo que anuncia la tragedia por la que iba a atravesar la familia de Yaakov que bien pudo haberse evitado si hubieran intentado dialogar a tiempo.

Volver al capítulo

Los sueños de Iosef

Estos materiales fueron publicados en el Jumash producido por la Editorial ‎Ner, www.kehot.com.ar    
Reproducido con autorización de Editorial Ner [email protected]   ‎
​Copyright, derechos reservados y reproducción prohibida de los mismos

¿Por qué contó Iosef sus sueños a sus hermanos si sabía
que lo odiaban? (vs. 5-11)
ROSH: Según la ley judía, la persona tiene prohibido retener una
profecía que recibe (Sanhedrín 89a). Por lo tanto, Iosef estaba obligado
a transmitir su sueño profético, que describía cómo él gobernaría
sobre sus hermanos, a pesar de las posibles consecuencias.
ABARBANEL: Los acontecimientos vaticinados en un sueño solo se
materializan según cómo se los interpretan (Berajot 55b). Como Iosef
sabía que sus hermanos lo odiaban, quiso darles la oportunidad de
apaciguar su odio permitiendo que ellos interpreten sus sueños.
SFORNO: Iosef era inmaduro, y dio un paso imprudente.
RADAK: Quería enfurecer aún más a sus hermanos porque ellos le
habían demostrado odio.
JIZKUNI: Iosef intentaba mostrar que sus hermanos no debían estar
enojados con su padre por demostrarle favoritismo, porque la grandeza
de Iosef era, de hecho, Divinamente decretada, como lo evidencia
el sueño profético.
SHAJ AL HATORÁ: A menos que un sueño se relate a otros, no se materializa
(Berajot 55b). Como Iosef quería que el sueño se cumpliera, lo
contó a sus hermanos, pero inevitablemente, esto hizo que lo odiaran
más.
OR HAJAÍM: Iosef quiso indicar a sus hermanos que era insensato
odiarlo pues algún día ellos lo necesitarían.

Torat Menajem
¿POR QUÉ CONTÓ IOSEF SUS SUEÑOS? (VS. 5-11)
Cuando Iosef tenía 17 años, podemos suponer que era una persona
extremadamente sabia, como escribe Rashi que “Todo lo que [Iaacov]
había aprendido de Shem y Éver se lo transmitió a él” (v. 3). Entonces,
¿por qué contó el sueño a sus hermanos, que “las gavillas de ustedes se
reunieron en derredor y se prosternaron ante mi gavilla” (v. 7), cuando ya
sabía que ellos lo odiaban?
Luego, tras ver que “lo odiaron aún más” (v. 8), Iosef persiste y relata
otro sueño provocativo más a sus hermanos: “¡El sol, la luna y once estrellas
se prosternaban ante mí!” (v. 9).
E incluso entonces Iosef no está satisfecho, y cuenta el sueño por tercera
vez, en presencia de su padre y sus hermanos.
¿Cuál pudo haber sido la lógica de Iosef detrás de todo este ejercicio?
A simple vista, uno podría argumentar que Iosef no se dio cuenta de que
sus hermanos lo odiaban. Sin embargo, Rashi disipa esta idea con su
comentario sobre las palabras “no podían hablarle de manera pacífica” (v.
4) – “De lo que se dice en su descrédito podemos aprender algo a su favor:
ellos no decían una cosa con su boca y pensaban diferente en sus corazones”.
Aquí vemos explícitamente que, según la interpretación literal de Rashi,
Iosef era bien consciente de los malos sentimientos que sus hermanos
albergaban hacia él. ¿Por qué insistió entonces en contarles sus sueños?
LA EXPLICACIÓN
Cuando Iosef vio que sus hermanos estaban celosos de él porque Iaacov
le había hecho una bata especial y le había enseñado la sabiduría de Shem
y Éver, Iosef habría buscado un medio de reducir la envidia de estos.
Obviamente, no podía negar haber recibido la bata o la sabiduría, pues
eran hechos indiscutibles, pero habría buscado constantemente algún tipo
de plan que pudiera aplacar el enojo de sus hermanos.
Cuando tuvo el primer sueño, Iosef cayó en la cuenta que ahora tenía
un método perfecto de calmar la ira de sus hermanos, suponiendo que
ellos tomarían el sueño al pie de la letra.
Todos los sueños mencionados en la Torá hasta este momento se cumplieron
de forma literal. Cuando Iaacov soñó con ángeles, los ángeles lo
acompañaron concretamente (28:12 y Rashi allí). Luego, cuando soñó que
sus ovejas se multiplicarían (31:12), eso es precisamente lo que sucedió.
Similarmente, cuando Avraham soñó que sus descendientes irían a exilio
durante 400 años (15:12-13), efectivamente ocurrió, como escribe Rashi
(ibíd.) que los 400 años comenzaron inmediatamente con el nacimiento de
Itzjak. De esto, el estudiante de las Escrituras habrá entendido que los
sueños deben interpretarse en forma literal.
Por lo tanto, Iosef supuso que cuando dijera a sus hermanos “las gavillas
de ustedes se reunieron en derredor y se prosternaron ante mi gavilla” (v.
7), ellos interpretarían la cuestión literalmente, es decir, que las gavillas de
él serán más fuertes y valiosas que las de sus hermanos. Esto, pensó Iosef,
haría apaciguar su enojo pues ellos verían que su superioridad no era más
que una cuestión de éxito en la obtención de mejores cosechas.
Sin embargo, como el odio tiende a impedir que la persona sea racional,
los hermanos no tomaron el sueño literalmente, sino que lo vieron a
la luz de su propio prejuicio contra Iosef: “[¿Acaso esto significa que] reinarás
constantemente sobre nosotros o nos gobernarás todo el tiempo?”
(v. 8).
Cuando Iosef tuvo el segundo sueño, pensó que este ciertamente calmaría
a sus hermanos, pues demostraba de manera más clara cómo ellos
no tenían razón alguna para estar celosos. En este sueño, quedaba claro
que Iosef no estaba destinado a tener ninguna ventaja física sobre sus
herma-nos. Más bien, es solo que “el sol, la luna y once estrellas se prosternaban
ante mí” (v. 9), es decir, que eran solo las estrellas, que representan
a los mazalot (sombras espirituales) de los hermanos (véase Rashi
sobre 15:5) las que se prosternaban ante Iosef, y no los hermanos mismos.
Sin embargo, cuando también este plan fracasó, Iosef pensó en una
solución más: contaría de nuevo el sueño a sus hermanos en presencia
de Iaacov, con la esperanza de que su padre les explicara la interpretación
correcta, literal, del sueño.
No obstante, tampoco esto tuvo éxito y, por el contrario, Iaacov se
enojó.
Así, en la conclusión final, vemos que Iosef sí siguió un camino lógico
porque esperaba que todos tomaran sus sueños en forma literal, tal como
lo había hecho él. Entonces sus hermanos habrían visto que si bien Iosef
había recibido algo de favoritismo genuino, no había nada de qué estar
celoso.
(Basado en Sijat Shabat Parshat Vaiéshev 5734)

*Estos materiales fueron publicados en el Jumash producido por la Editorial Ner, www.kehot.com.ar 
Reproducido con autorización de Editorial Ner, [email protected]  
Copyright, Derechos Reservados y Reproducción Prohibida de los mismos

Volver al capítulo

¡¡Tiempo de hablar!!

¿Cuál fue la raíz del pecado de los hermanos? ¿Cómo es que alcanzaron tal nivel de odio? Este relato nos alecciona acerca de la necesidad de una comunicación abierta que no es “guardada en el estómago”, a fin de que el enojo y los miedos no pierdan proporción.

 

Sobre el versículo “los hermanos comenzaron a odiarlo, no podían hablarle apaciblemente” (Capítulo 37, versículo 4), el comentarista Rashi señala citando el Midrash de Jaza”l (Nuestros Sabios de Bendita Memoria): “A partir de su reproche descubrimos lo que los destacaba, no tenían un doble discurso”, es decir, que no simulaban amarlo y hablaban con él apaciblemente de la boca para afuera.

De aquí inferimos: que es precisamente el “derecho a guardar silencio” que se auto adjudicaron los hermanos de Iosef lo que causó la terrible crisis en la familia de Iaacov. Los hermanos ignoraron otra interpretación de una jurisprudencia religiosa, la cual impone hablar y no callar: “No odies a tu hermano en tu corazón. Debes reprender a tu prójimo y no cargues una falta por él” (Vaikra, capítulo 19, versículo 17).

 

La profundidad literal del texto bíblico en este versículo es: si tu amigo te hizo daño y te provocó humillación y pesar “No odies…en tu corazón”, y guardes “en el estómago” la crítica hacia él, sino “Debes reprender a tu prójimo”, habla con él abiertamente y repréndelo por su conducta contigo, y de todos modos, existe una probabilidad de blanquear los puntos  y corregirlos. Entonces, de todos modos, será modificada también la crisis de relación entre ellos “y no cargues una falta por él”, el pecado del odio en el corazón.

.

Si los hermanos se hubieran comportado de este modo y lo hubieran reprendido a Iosef en su cara seguramente hubieran descubierto que los actos de juventud de Iosef y la maledicencia contra su padre son fruto de la etapa de la juventud y no surgen a partir de su voluntadde transformarse en acosador de sus hermanos e instalar el odio entre ellos y su padre.

Mas ellos “ no podían hablarle apaciblemente” (Versículo 4) (y la imaginación de ellos hizo “horas extra” para pintar dibujos de pesadillas y retratar su imagen ante sus propios ojos, como una víctima que se halla impotente frente a un hermano arrogante que urde un plan para ser el heredero electo y quitarlos de su camino.

El estruendoso silencio de los hermanos transformó el mutismo (“Ilamot”) en violencia (“Alimut”) y derivó en el estallido de un odio ciego. Si tan sólo hubieran sabido “hablarle apaciblemente”, hubieran logrado prestar atención y escuchar la voz de Iosef, quien estaba llamándolos desde lejos: “Estoy buscando a mis hermanos” (Versículo 16).

 

Editado por el equipo del sitio del Tanaj de la serie "Meat min Haor", publicada por la Biblioteca Beit El con la colaboración de la organización "Orot"

 

Volver al capítulo

Sueños tridimensionales

A través de los sueños, que influyen en la trama en tres niveles, uno puede aprenderacerca de las tres dimensiones en las que se desarrolla el relato.

Tres pares de sueños aparecen ante nosotros en el curso del relato de Iosef, y no cabe duda que a fin de comprender íntegramente el significado de las historias de Iosef, debemos comprender el papel de los sueños en el relato.

A través de los sueños, que influyen en la trama en tres niveles, uno puede aprender acerca de las tres dimensiones en las que se desarrolla el relato:

En un nivel, todos los sueños de la historia anticipan lo que habrá de ocurrir en el futuro, y de hecho todo lo que acontece ya es conocido en líneas generales, en forma anticipada, a través de los sueños. Desde este aspecto, los sueños crean una impresión del curso de los acontecimientos cuyo final fue programado desde su inicio. Este nivel da cuenta de la dimensión determinista del suceso, donde todo está previsto. En esta dimensión no hay una sucesión de causa y consecuencia, y todos los sucesos forman parte de un gran plan Divino en el cual cada uno de los participantes actúa sólo como un actor.

En otro nivel, los sueños representan un factor en el desarrollo real de la trama: Iosef le cuenta sus sueños a sus hermanos y con ello despierta la envidia que derivó en su descenso a Egipto; a través de la interpretación de los sueños de los ministros en la cárcel, su nombre llegó a Paró (al faraón), quien en su momento también requirió sus servicios como intérprete de sueños; los sueños de Paró también le permitieron a Iosef demostrar su sabiduría práctica, e hicieron posible su designación como Segundo del rey de Egipto.

En este nivel se refleja la dimensión real, en la cual los eventos se dan en forma sucesiva, y una elección lleva a otra elección, y las personas tomanel destino en sus manos.

En el tercer nivel, los sueños constituyen un factor significativo en la recompensa moral. Iosef utiliza los sueños para provocar a sus hermanos, y en dos oportunidades despiertalos celos en forma exacerbada a través de la historia de los sueños. Como contrapartida, en dos oportunidades Iosef  fue arrojado al pozo sumiéndolo en un estado de impotencia y totalmente opuesto al de sus sueños.

El mensaje principal del relato, como se infiere del papel de los sueños en él, es que estos tres niveles, que desde el aspecto teórico son totalmente diferentes, tienen lugar de hecho, en los mismos sucesos sin distinción. El plan Divino determinista se constituye a partir del encadenamiento real de hechos preservando la legalidad moral de recompensa y castigo.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Gentileza del sitio VBM de la Academia Rabínica "Har Etzion"

Volver al capítulo

Buscando la armonía

Esta parashá nos permite reflexionar acerca del libre albedrío, la precognición y la responsabilidad.

Cuando nos detenemos a analizar los sueños de Yosef, vemos como están íntimamente ligados a temas más profundos.

Yosef primero tiene sus propios sueños y sólo después interpreta las visiones de los demás.

La pregunta que la   plantea a nosotros -y hasta cierto punto a su padre, Yaakov- es si los sueños   representan sus ambiciones personales o si deberían ser vistos como una fina cortina del velo que esconde un drama mayor del cual también nosotros somos parte.

Sigmund Freud se limitó a verlos sueños dentro del contexto del mundo empírico y el de las emociones. Pero rechazó que los sueños están relacionados con el futuro y la capacidad de predecirlo. No consideró que podamos tener acceso a una visión más amplia que trascienda nuestros deseos personales.

En tiempos bíblicos, la adivinación de cualquier tipo estaba mal vista. Ello nos obliga también a recordar que el judaísmo rechazó, a diferencia de otros credos, que haya una concepción que se encuentra entre el libre albedrío y el determinismo: el del destino.

El libre albedrío sugiere que nosotros y las otras fuerzas en este mundo somos los únicos determinantes tanto del significado como del valor de nuestras acciones.

El determinismo sugiere que lo que “es” no podría haber sido de otro modo, es decir, simplemente estamos viviendo en un drama prescripto.

El destino funciona de manera muy diferente: ni nos controla ni nos ignora. Más bien, nos invita a vivir una vida más allá del concepto estrecho de interés propio. Podemos vivir nuestras vidas haciendo lo que hacemos, sin reflexionar sobre ningún todo más grande en el que podamos estar participando. Pero si se levantara el velo, como lo hiciera Yosef, nuestras vidas estarían imbuidas de significado y dignidad.

No se nos coacciona ni se nos engaña para que reflexionemos sobre nuestro destino, apenas somos invitados. Y con esta invitación viene la posibilidad de pasar de una vida “accidental” a una que esté en armonía con la bondad de la creación original.  

La esposa de Potifar es presentada como la persona que deseó seducir y, por lo tanto, poner a prueba a Yosef y para ser la causa inmediata de su lanzamiento al calabozo.  También sirve para ejemplificar a una persona que no puede ver más allá de sus propios deseos inmediatos. Yosef no es un ejemplo moral para ella, sino una tentación. Una vez que Yosef haya reconocido su propio destino, fácilmente podría haberle dicho a la esposa de Potifar lo que más tarde les diría a sus hermanos: “En cuanto a vosotros, teníais pensado un mal contra mí. Dios lo tenía pensado para bien, con el propósito de obrar como sucede hoy, para conservar viva a mucha gente” (Bereshit 50:20).

Es un buen judío aquel que elige por su propia conciencia hacer acciones correctas.

Soñar no cuesta nada, pero, los sueños no deciden la realidad. Las circunstancias las deciden únicamente nuestras acciones.

 

 

 

Volver al capítulo

Iosef y los hermanos – recompensa y castigo

“Y residió Iaakov en la tierra de su padre, en la tierra de Canaán” (XXXVII).

Iaakov se establece al fin en la tierra que fue habitada por su padre Itzjak, la tierra prometida de Israel. Y al entrar en la tierra sacra, Iaakov ya no es más Iaakov, símbolo del Galuth, que debe inclinarse ante el más fuerte, sino Israel que lucha con los poderosos y los vence.

La aparición de Iaakov pone fin a los relatos sobre Esav. En la Parashá anterior Vaishlaj, la Torá reseña brevemente la genealogía de la tribu de Esav y sus descendientes. Más la reseña es súbitamente interrumpida, y ya no volveremos a encontrarlos más.

Esta es una de las características generales de la Torá, que abandona la parte histórica general, para dedicarse  totalmente a detalles. Rashi el clásico exegeta expresa esta peculiaridad en una de sus bellas parábolas:       

“משל למרגלית שנפלה בין החול. אדם ממשמש בחול וכוברו בכברה עד שמוצא את המרגלית, ומשמא הו משליך הצרורות מידו ונוטל המרגלית" (ל"ז א')

“Cual la perla que cayó en la arena. El hombre busca en ella, la tamiza hasta que encuentra la perla, y al encontrarla arroja de sí todas las escorias”

Sumariamente nos reseña la Torá las generaciones que vivieron entre Adam y Noaj, y al llegar a éste los hace a un lado, lo mismo ocurre con las diez generaciones que transcurren entre Noaj y Abraham, y otro tanto con Ishmael, y solo ocasionalmente volvemos a escuchar algo de ellos.

El relato se va concentrando pues, cada vez más en el centro espiritual, en los que habrían de heredar el espíritu judío. La familia de Israel se va concentrando cada vez más. Abraham abandona a su familia en Caldea, Ishmael se separa de Itzjak y Esav se separa de Iaakov, hasta que con este comienza la verdadera historia del pueblo judío, de los hijos de Israel.

Las últimas Parashot del Sefer Bereshit tienen un único fin, el mostrarnos como los hijos de Israel llegaron a Egipto. Esta es la idea central, todo lo demás son detalles. El primer Galuth, la Diáspora del pueblo judío en Egipto, habría de ser el cumplimiento de la profecía hecha a Abraham: “Cuatrocientos años serán tus hijos extraños, en tierras que no les pertenecerán”. La disposición divina hubo de cumplirse y para ello debían los hijos de Israel abandonar la tierra de Canaán e ir al Egipto de los Faraones “de donde nunca esclavo alguno escapó” y la profecía se cumplió.

Muchos son los caminos de la providencia. Todo parecer la indicar que el día está aún lejano, y sin embargo todo se va realizando inexorablemente.

Lejos estaban los hijos de Iaakov de imaginar que al vender a Iosef a los mercaderes que se dirigían a Egipto sellaban con esto su propio destino, más sin embargo fue así:

Todo comenzó por causas insignificantes. Iaakov se establece en la tierra de sus padres y quiere "vivir en paz”

“ביקש יעקב לישב בשלוה קפץ עליו רוגזו של יוסף"

“Quiso Iaakov vivir en paz, más levantóse sobre él el furor de Iosef".

Sobre este Midrash (citado por Rashi) se detiene el KLI IAKAR. “RUGZO”, el furor es para él el pecado de Iosef.

Los sufrimientos de Iaakov no fueron sino una expiación por sus faltas y culpas. Iaakov abandonó a sus padres para dirigirse a Aram y Iosef abandona a Iaakov para ir a Egipto. En general esta es una de las ideas máximas de la Torá. La de la Providencia que encadena los hechos en sus causas y efectos. Iaakov abandona a Itzjak, Iosef abandona a Iaakov, y si Iaakov prefiere a Iosef ante sus hermanos, el más querido de sus hijos le es arrebatado. Esta es la idea de Sajar Vaonesh, de la "recompensa y castigo", del hecho y sus consecuencias.

Esta idea es expresada también de manera muy singular. Iosef tiene diecisiete años al ser vendido por sus hermanos. Diecisiete años fueron también los años que vivió Iaakov en Egipto. Sí diecisiete años vivió el hijo bajo el padre, otros tantos apoyó y mantuvo el hijo al padre. No hay acción que se pierda, todo se conserva y transforma.

Cuáles fueron las causas inmediatas de la venta de Iosef? Los primeros versículos de esta Parashá nos hablan sobre ello y sobre ellos han dicho los Jajamim en el Talmud. “Prohibido le es a un padre preferir a uno entre sus hijos, pues el manto especial de Iosef causa el exilio de Egipto”. Iosef era el querido entre los hijos, fue el más esperado, y fue hijo de su ancianidad: "pues le había tenido en su vejez " (XXXVII, 3). Iosef era también el hijo de su querida esposa Rajel de la cual sólo él y Biniamin, quedaban. Iosef era aún muy joven, solo diecisiete años tenía, y sus actos eran también dictados no por su razón y entendimiento, sino por sus impulsos e instintos juveniles" Y notificaba Iosef a su padre la mala fama de ellos". (XXXVII, 2) Iosef contaba a su padre lo que se hablaba de sus hermanos.

 Al leer este versículo vemos inmediatamente una particularidad. No dice la Torá "su padre" Aviv (de él) sino Avihem (de ellos). Con esto la Torá nos muestra que el padre no “recibió”, la maledicencia, y su amor por Iosef no le hizo olvidar su amor hacia los demás hijos. Estos impetuosos y juveniles actos de Iosef no importaron en demasía a los hermanos de Iosef, la Torá no nos relata en absoluto las consecuencias que tuvieron. La importancia de estos actos reside en su significación moral.

Iosef es por ellos castigado. Rashi siguiendo al Midrash nos muestra que todo aquello que sucedió a Iosef, su venta, su esclavitud, la prueba a que fue sometido en la casa de su amo, Potifar, todos fueron hechos que nos recuerdan lo que Iosef relataba a su padre sobre sus hermanos.

He aquí la causa espiritual y moral de lo que habría de ocurrir. Inmediatamente nos relata la Torá las causas inmediatas de sus desventuras. Las verdaderas causas son realmente el odio o la envidia de sus hermanos, son los motivos físicos. Más el hombre sólo ve aquello que está al alcance de sus ojos, y la Torá nos muestra aquello que quedará oculto. Habrá causas físicas, causas inmediatas, pero vano es la obra del hombre si va contra la Providencia. En todos los actos del hombre se encuentra la acción divina que dirige y encamina la historia por sus sendas morales. Los hermanos creían que vendían a Iosef. En efecto lo vendían, pero tras esta venta se ocultaba la Providencia, ella significaba las desventuras de Iaakov y Iosef, significaría la supervivencia de la familia durante los años de hambre, y habla de ser el prólogo de la profecía divina a Abraham. "Extraños han de ser tus hijos en tierras que no les pertenecerán..."

La preferencia de Iaakov a Iosef fue la primera y principal de las causas de odio de sus hermanos. "Y no podían hablarle en paz" es la expresión que la Torá emplea para definir las relaciones entre Iosef y sus hermanos. Según algunos comentaristas los hermanos temían que Iaakov los desherede, eligiendo únicamente a Iosef. Los sueños de Iosef les parecían frutos de sus pensamientos y delirios de grandeza que quizás, en secreto debían ser alentados por su padre. Iosef al relatar el sueño a sus hermanos se dirige a ellos con altivez: “Escuchad este sueño mío…” Y su sueño y sus palabras despertaron no ya el odio, sino la "envidia" de sus hermanos. Quizás él será el único elegido, y nosotros los desheredados?

Y Iosef fue vendido a los mercaderes, enviado a Egipto, y luego de su breve estadía en la casa de Potifar, es encarcelado en la tétrica prisión de donde habría de salir convertido en el virrey de Egipto.

Por otra parte los sueños de Iosef habrían de cumplirse. Y los hermanos que lo vendieron se arrodillarán ante él y sufrirán por él y por sus culpas.

Amplio y magno es el sentido moral de estos pequeños relatos y la enseñanza que significan para el hombre. Más es quizá aún más interesante observar ciertos pequeños detalles que ampliarán nuestra visión sobre Iaakov y lo que representaba.

Errados estaríamos al ver en ellos una sucesión de pecados. El “pecado”, depende del que lo comete, es “proporcional" a él, y de ello depende también su responsabilidad. Y los grandes son cotizados como nos dice el Talmud, aún por sus faltas más leves. Observemos su comportamiento y sus actos. Iosef el orgulloso y el altivo, prefiere en sus compañías a los hijos de Bila y Zilpa menos preciados quizás por su origen. Iaakov que prefiere a Iosef ante sus hermanos, le amonesta severamente por sus altivos sueños “Vendremos acaso, yo y tu madre y tus hermanos a arrodillarnos ante ti”. Iosef obedece a su padre que le envía a ver a sus hermanos, a pesar que conoce bien los sentimientos de estos y así sucesivamente. Más sus instantes supremos nos muestran el verdadero carácter de los hijos de Iaakov.

El primero lo notamos el leer los versículos que nos relatan la venta de Iosef. Los hermanos se proponen matarlo. "Se ingeniaban para matarle” (XXXVIII,18), derramar su sangre era para ellos el peor de los crímenes y aún en su mayor ofuscación buscaban el medio de aquietar sus corazones. Rubén les propone que lo arrojen a uno de los pozos, y para ello elige expresamente uno vacío. "Y el pozo estaba vacío, sin agua” (24), y la Torá nos dice que se proponía salvarlo para retornarlo a su padre” (22). Yehuda por otra parte desconociendo los motivos que impulsaron a su hermano a tomar esa decisión, induce a los hermanos a vender a Iosef: “Que provecho tendremos al matar a nuestro hermano y tapar su sangre". Venid vendámosle a los, ismaelitas y nuestra mano no sea sobre él, pues hermano de nuestra propia carne es” (26,27). La Torá nos dice inmediatamente: "Y le escucharon sus hermanos” (27). Yehuda nos ofrece aquí la idea moral de la responsabilidad eterna. A pesar que la sangre de nuestro hermano permanecerá oculta, “que tendremos de ello”. Habríamos dejado de cometer el mal?. "Nuestra mano no sea sobre él”. Asesino es todo aquel que mata, que causa la muerte o que deja matar, y no lo seremos! Rubén a su vez no estaba presente durante la venta de Iosef, al ver que Iosef había sido separado para siempre quizás, de su hogar, de sus padres y hermanos, desgarra sus vestimentas y exclama con dolor al sentir responsable por su pequeño y desventurado hermano: “Y el niño no está, dónde he de ir?” Si grande habría de ser el dolor de Iosef, grande era también el dolor de sus hermanos, grande han sido sus culpas, más en sus culpas vemos su grandeza.”

El segundo episodio acontece a Yehuda con Tamar su nuera. Esta debía ser quemada viva, y sólo Yehuda podía salvarla, pero a costa de su honor. Nada obligaba a Yehuda a descubrirse, Tamar callaría, por lo demás nadie la creerla, y todos ignorarían el secreto. Más Yehuda exclama: "Con ella es la justicia”, y se descubre para salvar una vida inocente.

El tercer episodio ocurre en Egipto. Iosef es tentado por la esposa de Potifar su amo que todo lo ha dejado en sus manos, menos “el pan de su boca”. Iosef dice entonces: "Cómo haré esta gran maldad y pecaré ante el Señor" (IXL,9). Nadie había en la casa, el pecado habría de quedar impune ante la ley humana. Negarse por el contrario sería malquistarse el favor de su ama, y el religioso desdén podría causar su ruina y su muerte.

Esto último no ocurrió porque al parecer según observa acertadamente Sforno, Potifar no creyó a su mujer, más no pudo dejar de castigar levemente a Iosef para salvaguardar su honor. Peligraba pués su vida y su destino, más él bien triunfó nuevamente. Estos tres pequeños detalles que pasan inadvertidos para el lector superficial, nos muestran el principio moral que Abraham y sus descendientes, los herederos del judaísmo introdujeron en el Universo.

Existe un ser supremo, una ley suprema que actúan allí donde el hombre pierde toda jurisdicción, y poder, y los mismos hijos de Iaakov, al experimentar los sufrimientos que el destino les depara por culpa del desconocido virrey del Egipto sienten que este es el castigo divino por sus pecados y se achacan mutuamente sus culpas, hasta el punto de emocionar al mismo imperturbable virrey, el irreconocible Iosef.

Volver al capítulo

Y halló un hombre

Comenzaremos en esta sección una narración, extensa y compleja que se extiende a lo largo de tres secciones – Vayéshev, Mikétz y Vayigash – relato maravilloso, donde a cada paso nos encontramos con una dualidad en la acción, una faz, - humana, la otra – divina. La actividad humana, impulsada por móviles naturales y la providencia divina, que guía a la primera, paso a paso, hacia la meta fijada por Dios. Aparentemente los hombres ordenan y son mandados; aparentemente, caminan de acuerdo con sus intereses, tropiezan, caen, se levantan, escalan las alturas para volver a caer y nuevamente a levantarse y subir; mas es evidente que el Eterno manda y guía, hace descender y vuelve a levantar al caído hacia la prominencia.

    Estudiaremos el relato que trata la misión que le encomendó Yaakov a Yosef y que comienza con los términos siguientes:

            Así lo envió desde el valle de Jevrón                                                             37, 14

y que termina con las palabras que Yosef dirigió a sus hermanos después que también ellos fueron enviados a Egipto:

            Así que ya no fuisteis vosotros quienes me enviasteis acá, sino Dios.         45, 8

    Este versículo es la clave para la comprensión de todo el relato. Contiene la ideas de las dos misiones; una, visible para todos: Yaakov envía a su hijo, a Yosef, desde el valle de Jevrón hacia Shejem para ver como están sus hermanos, y como se halla el ganado; la otra, oculta, hasta que Yosef  la devela en el versículo citado. Dios es quien envía a la simiente de Abraham a Egipto para morar como extranjeros en tierra lejana.

    Esta dualidad la señala el Midrash que Rashí cita en su comentario a las palabras que abren el relato:

¡¿Pero si Jevrón está en la montaña?! … No es, sino, por causa del consejo profundo del justo que reposa en Jevrón, a fin de realizar lo que le fue revelado a Abraham en su pacto con Dios (Bereshit 15, 13): “Tu descendencia será extranjera”.

    Rashí no ve en la constatación del punto de partida tan sólo un dato geográfico, sino mas bien la enunciación de una causa. Aquel que es la causa de todas las causas y que dirige los pasos del hombre, es quien hace saber a Yosef de su causa de acuerdo con aquel consejo profundo – el plan comunicado a Abraham – plan de profundas razones, difíciles de comprender. Esta misma idea de la dualidad de la acción – humana y visible, divina y velada a un mismo tiempo – también la percibe Rambán en el extraño encuentro entre Yosef y el “hombre”, narrado inmediatamente después del comienzo de la misión de Yosef:

 

Así lo envió desde el valle de Jevrón y él fue a Shejem.                                   37, 14

Y andando él errante por el campo, hallóle un hombre; y le preguntó aquel hombre diciendo: “¿Qué estás buscando?”                                                    37, 15

Y contestó: “A mis hermanos estoy buscando, ruegote me digas donde están apacentando”.                                                                                                 37, 16

Y dijo el hombre: “Se han ido de aquí, porque les oí decir: “Vamos a Dothan”. Yosef, pues, fue tras sus hermanos y los halló en Dothan.                                   37, 17

    Esta pequeña conversación está situada entre dos mundos: Entre el mundo apacible y guardado de la casa de su padre amante y solícito, y el mundo de la fraternidad derrumbada, lleno de sufrimientos después del encuentro con sus hermanos. Los comentaristas expresan su asombro ante este breve diálogo. Tratan de comprenderlo y de determinar su importancia. No es habitual en la Torá la multiplicación de detalles a fin de adjudicar un tinte realista a un relato ni es común poner en escena a un personaje accesorio a fin de lograr ese realismo. Es por esto, que los Sabios del Midrash Rabá no vieron en este “hombre” misterioso – aparecido súbitamente, no sabe uno de donde, que abre la conversación sin que se le pida, y que lo sabe todo – un simple viandante encontrado al azar, sino un ángel. Rambán interpreta el Midrash de la manera siguiente:

Las escrituras se han extendido en este asunto para enseñarnos que el decreto divino es verdad y que la ingeniosidad humana es mentira. Pues este guía fue títere inconsciente en manos de Dios, quien lo proveyó en el momento oportuno para hacer caer a Yosef en manos de sus hermanos. Esta es la idea que nuestros maestros tenían en mente cuando dijeron que estos hombres (el de éste y de otros relatos en las Escrituras) eran ángeles, pues el relato no fue insertado en vano sino para enseñarnos que “el propósito de Dios es el que se cumplirá”.

    Rambán opina que la intención de nuestros Sabios al decir “ángel” fue que se encontró con un viandante, pero no con un ser sobrehumano que lo guió en su camino y cumplió así, sin saberlo, con una misión encomendada por Dios. El guía pensó que al indicar el camino a Yosef lo enviaba a sus hermanos, mas no sabía que su acto conduciría al pueblo de Israel al exilio en Egipto, y luego al éxodo, y finalmente al gran acto del Monte Sinaí. “El relato no fue insertado en vano, sino para enseñarnos que: “El propósito del Señor es el que se cumplirá” (Mishlé 19, 21).

    Lo que expresaron nuestros Sabios – y en pos de ellos Rashí – de una manera pintoresca: “el ángel Gabriel”, fue traducido por Rambán a términos conceptuales; una misión que es llevada a cabo por su realizador sin tener conciencia de ello.

    Yaakov no sabe hacia donde envía a su hijo: Yosef, que busca a sus hermanos, no sabe hacia donde en realidad lo conducen sus pasos: el “hombre” que le indica el camino no sabe hacia donde lo orienta. Tampoco sus hermanos comprenden la acción que ellos realizan, en toda su trascendencia. Mas hay algo de lo cual Yosef está seguro: que no está solo en este mundo, sin padre ni madre, ni hermanos ni amigos. Dios está con él.

    Examinaremos el texto con atención. ¿Cuales son las palabras de Yosef a partir del momento en que deja a su padre, hasta el encuentro con sus hermanos en Dothán? A lo largo de este relato veremos que durante la estadía con sus hermanos, en su encierro en el pozo, en el momento en que es vendido y también después, el texto no menciona ninguna palabra de Yosef. Como si hubiera enmudecido. Lo mismo ocurre durante su viaje a Egipto, durante su venta a Potífar y durante su desempeño en la casa de su amo y durante su ascensión de grado en grado (Cáp. 39). Está como enmudecido. No abre su boca. Yosef  “es de bella figura y de hermoso semblante” (Ibíd. 39, 6) y cuanto su amo poseía lo puso a su cargo hasta el punto de desentenderse por absoluto de la administración de su casa; pero, seguimos sin escucharlo.

    Sólo cuando llega el momento de la gran prueba, al luchar contra sus instintos – después que le explicó a su ama los argumentos apropiados de manera que los comprendiese – termina sus palabras diciendo:

            “Como, pues, he de hacer esta gran maldad, y pecar contra Dios”.                 39,9

    Lo volvemos a escuchar una vez más, estando ya en prisión; habiendo la Providencia enviado ya a los emisarios que habrían de sacarlo de allí. les habla así:

            ¡Sólo de Dios son las interpretaciones! Ruégoos me lo contéis.                      40, 8

    Yosef, esclavo hebreo en tierra ajena, porta en alto la bandera de su fe. En el Egipto idólatra, no se descorazona en presencia de los grandes, ni de los cortesanos ni siquiera del mismo Faraón.

Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibowitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la  Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986  págs. 52 – 55.

 

 

 

Volver al capítulo

Misión Real

Dos personas fueron enviadas para ver cómo estaban sus hermanos, luego ambos ascendieron a la grandeza y fueron coronados por la Gracia Divina. ¿Cuál es la relación entre la misión y la monarquía?

Un padre envía a su hijo menor para ver cómo se encuentran sus hijos quienes están en un sitio peligroso. El hijo, a pesar de que tanto él como su familia saben que está destinado a la monarquía, realiza un esfuerzo especial para ejecutar la misión que le fue encomendada, y se topa con un trato hostil de los hermanos celosos de él por su destino.  A raíz de la misión, surge otra misión, más importante aún, y en última instancia, después de dificultades, el hijo menor asciende al poder y se convierte en un símbolo de gobierno israelí y de redención.

Este relato se repite en dos ocasiones en el texto bíblico, en las crónicas de dos figuras centrales del poder en la tradición judía-Iosef y David. (Bereshit capítulo 37; ShmuelAlef capítulo 17).

Este dato nos lleva a sugerir que existe un nexo educativo entre la misión en cuestión y el destino de los emisarios. Visto y considerando que estas figuras están destinadas al poder, deben someterse a una educación especial que los capacite para ello, y la historia de la misión de Iosef y David es un modelo para esta educación.

Iosef y David cumplieron con la voluntad de sus padres de ir a ver la situación de sus hermanos, a pesar de tener conciencia de su futuro status y el trato hostil de los hermanos. Como consecuencia de ello, se integró en una observación general básica: que por encima del líder está el verdadero rey del mundo y que el gobierno tiene una meta y un objetivo-servir y educar al pueblo judío.

Iosef y David hicieron la voluntad de sus padres en beneficio de sus hermanos. Después de que internalizaron esta cualidad, en la continuidad-en una mirada más amplia- cumplieron la voluntad de su Padre Celestial en favor de sus hermanos, todo el pueblo de Israel.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj de la publicación "Megadim", Editorial "Tevunot"

Volver al capítulo

La controversia también trae bendición

¿Acaso la controversia es necesariamente un fenómeno negativo? La disputa entre Iosef y los hermanos también tiene un lado positivo que revela los diferentes matices de las personas.

En nuestro capítulo nos encontramos con los hijos deIaacov. Hasta el momento, el pueblo de Israel se ha encarnado en un solo hombre: Abraham, Itzjak, Iaacov. En este capítulo, la bandera pasa a todo un grupo. Esta transformación no tuvo lugar sin problemas. Las tensiones reinantes entre los hermanos y las diferencias en sus personalidades derivaron en la venta de Iosef. Los hijos de Iaacov definieron la idiosincrasia del pueblo de Israel a través de las generaciones: el pueblo de Israel se dividió en tribus, y tal como cada hijo de Iaacov tenía su carácter particular, del mismo modo, cada una de las tribus.

Así escribió sobre este tema el Rabino Soloveichk: “toda la tensión reinante entre los hijos de Iaacov, que tuvo su punto más álgido en el episodio de la venta de Iosef, se origina en la diferencia  y en los contrastes y la diversidad de características impresas por el Creador en la unidad de las tribus de Israel. Aparentemente Él prefiere una unidad completa, adaptada       y compleja, por sobre una unidad simple y aburrida” (“IemeiZikarón”, página 61)

La controversia no es un fenómeno negativo, sino una situación deseable. En ese espíritu escribió el autor del libro “ArujHashulján” (en su introducción al tomo “JoshenMishpat”), y señala que justamente la multiplicidad de controversias en el Talmud es la que le concede su encanto particular; al igual que el coro, donde la diversidad de voces enriquece su actuación.

El fenómeno de la controversia garantiza una mirada crítica profunda, e incrementa las posiblidades de alcanzar la verdad. Además, hay preguntas que no tienen una respuesta única. En estas áreas, una cultura de pluralismo y controversia permite a toda persona la concreción de su singularidad personal.

Las diferencias en el carácter de los hijos de Iaacov demandaron un alto precio del pueblo de Israel. También a lo largo de generaciones, la división en tribus, a menudo condujo a fricciones y disputas, pero el beneficio, en este caso, justifica el perjuicio. La apertura a una diversidad de opiniones y rasgos a menudo conduce a la fricción. Pero sólo ella nos garantiza que toda persona puede concretar su destino personal, que es diferente al de su amigo. Debemos tratar de reducir los conflictos entre nosotros, a fin de que la diversidad sólo depare bendición.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Perashot" publicado por "Maaliot"

Volver al capítulo

Pages

x

Lee el Tanaj cómodamente. ¡Instala nuestra App en tu pantalla de inicio!

📲 Instala nuestra App

Toca el botón de Compartir (el icono de un cuadrado con una flecha hacia arriba) en la barra de Safari, desliza hacia abajo y selecciona 'Agregar a la pantalla de inicio'.