Los tres líderes

Las bendiciones de Iaacov a sus hijos deja a todos los hijos como parte de la familia de Iaacov, y conjuntamente con ello señalan a los tres líderes de la familia: Iehudá, Dan y Iosef.

Una de las conclusiones más importantes que oyen los hijos antes de la muerte de su padre es que “Todas estas son las tribus de Israel” (Versículo 20), todos son continuadores de la casa de Iaacov, nadie es postergado.

No obstante, son tres los hijos que reciben cierta preferencia con relación al liderazgo de la familia.

Iaacov comienza a bendecir a Reuvén el primogénito, pero de hecho, en lugar de una bendición, Reuvén escucha una reprimenda manifiesta, que lo posterga a él como líder de la familia y para recibir los derechos del primogénito. La reprimenda está relacionada con el temprano deseo de Reuvén de definirse como líder, cuando se acostó con la concubina de su padre. De todos modos, el bastón del liderazgo pasa al hijo siguiente.

No obstante de inmediato escuchamos una nueva tanda de reproches dirigida a Shimón y Leví. Esta crítica, relacionada con su accionar en Shjem tras la violación de Diná, los posterga a ellos para ser líderes de sus hermanos.

Ahora, sube al escenario Iehudá, y finalmente él recibe el bastón de mando: “¡Iehudá, tú, te loarán tus hermanos!...Habrán de prosternarse ante ti los hijos de tu padre…No habrá de apartarse el cetro de Iehudá,ni el bastón del legislador de entre sus pies” (Versículos 8-10) Iehudá es elegido como líder de los hermanos. Después de la bendición a Iehudá escuchamos las bendiciones otorgadas a Isajar y Zebulún, y en las mismas no hay contenido alguno relacionado con el liderazgo.

Sin embargo, inmediatamente después de los hijos de Leá, el texto pasa a Dan-el primogénito de las sirvientas- y allí escuchamos: “Dan, habrá de juzgar a su pueblo,como uno, las tribus de Israel”(Versículo 16). Aparentemente, esta bendición debe ser entendida en el contexto de que Dan es hijos de sirvienta y no forma parte del estatus superior de las tribus de Israel- los hijos de Rajel y Leá. En este contexto, Iaacov le dice a Dan que él será: “como uno de las tribus de Israel”, a pesar de su condición de hijo de sirvienta!! Los hijos de las sirvientas tampoco son postergados  de ser parte de la familia de Israel, y más aún, Dan recibe un cargo de liderazgo determinado relacionado con el gobierno de Israel: “Dan habrá de juzgar a su pueblo”

El tercer hijo que escucha una bendición que oculta en su seno una supremacía por sobre sus hermanos es Iosef: “Recaigan sobre la cabeza de Iosef y sobre la mollera del elegido entre sus hermanos!” (Versículo 26), una expresión que da cuenta de supremacía, aún cuando Iaacov no define explícitamente su contenido. El estatus especial de Iosef se refleja también por el hecho de que sus hijos pertenecen a las tribus de Israel como el resto de los hijos de Iaacov, y desde ese aspecto Iosef tiene el mérito de recibir el doble de los demás-como la ley del primogénito a quien le corresponde el doble de la herencia de su padre.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Gentileza del sitio VBM de la Academia Rabínica "Har Etzion".

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El ajuste de cuentas de Iaacov

¿Qué es lo que aprende el Rambán de los conceptos de Iaacov a Shimón y Leví? ¿Y qué podemos aprender nosotros de las palabras del Rambán?

Un instante antes de que la vida prosiga sin él, no está claro si Iaacov bendice a sus hijos o los proyecta hacia el futuro con una profecía sellada. Con parte de ellos ajusta cuentas, con otros es más bondadoso, a todos nosotros nos ha dejado estas inteligentes palabras, que se pronuncian cuando ya está a punto de irse de este mundo a fin de que reflexionemos sobre ellas una vez más. En esta oportunidad optamos por leer los conceptos de Iaacov a Shimón y Leví: “En su conciliábulo no esté mi ser, En su congregación no se reúna mi persona, pues con su furor han matado a hombres y con plena voluntad han desgarrado toros” (Versículo 6). A la luz del comentario de Rambán, comentario en el que encontramos gran parte de la verdad, tan relevante para nuestros tiempos:

“Shimón y Leví son hermanos: ellos son fraternales, por el intenso amor que sienten por su hermana, eso les adjudica un mérito, ya que debido a sus celos fraternales hicieron lo que hicieron, quiere decir, que no les corresponde un castigo grave, y el pecado no es el adecuado para perdonarles, ya que es violencia. Y considero que es correcto decir que Shimón y Leví son hermanos muy parecidos y se vinculan uno con el otro a partir de sus ideas y actos. Y ya he explicado (en el capítulo 34), que Iaacov se encolerizó con Shimón y Leví cuando mataron a los hombres de la ciudad por haber cometido un acto de violencia, ya que ellos no realizaron pecado alguno e ingresaron al pacto y se circuncidaron, e incluso tal vez retornen a Dios y sean todos parte de la casa de Abraham y de la gente que acercaron a la fe monoteísta. Y más aún lo enojó que no vayan a decir que la acción fue ideada por él y sea una profanación del nombre de Dios que el profeta cometa un acto de violencia y saqueo, y ese es el sentido de  “En su conciliábulo no esté mi ser”-una disculpa por el hecho de que no formaba parte de ese conciliábulo al haber provocado muertes en forma engañosa (capítulo 34, versículo 13) y no seremos parte de su congregación, porque llegaron a la ciudad para matarlos, y por ello maldecirá su furor y su saña.”

Algunos principios importantes en la exégesis del Rambán:

Primero, sentimientos fraternales-un nexo con la comunidad y un profundo compromiso con ella, no justifican los actos de violencia, ni atenúan su gravedad. El asesinato es un crimen, aún si está arraigado en sentimientos elevados. Y más aún, “tal vez retornen a Dios” escribe el Rambán en relación a los hombres de Shjem y en ello ve el potencial del cambio y la reparación que hay en cada uno, un punto de vista que es un pilar en el manejo de conflictos y en la búsqueda de cómo solucionarlos.

Finalmente, la acción de uno mancha a sus allegados, ya sea que los mismos están interesados en ello o no. Con esta concepción del Rambán pueden ser planteadas preguntas no menos importantes, sobre la reacción de las comunidades en función de actos lamentables de individuos, acaso asumen la responsabilidad o se desentienden de esos hechos y cuál es el costo o el beneficio de una u otra reacción.

Gentileza de la asociación "Iesodot"-Centro para el esclarecimiento de temáticas de Torá y Estado, del Instituto Académico Herzog.

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¿Cuándo se producirá el final de los días?

 

Iaacov desea revelarles a sus hijos lo que les acontecerá en el final de los días. De hecho, no encontramos en sus palabras ninguna profecíaapocalíptica, sino conceptos sobre temas concretos en la casa de Iaacov. ¿A qué final de los días se refiere Iaacov? ¿Y qué es lo que podemos aprender también para nuestra época?


 

 

La profecía de Ieshaiahu “En el final de los días” (Ieshaiahu, capítulo 2) fija en nuestra conciencia el pensamiento de que esta expresión es de carácter apocalíptico, que alude al final de la historia en base a las leyes por nosotros conocidas. El final de los días es un tiempo en el cual la diversidad entre los diferentes componentes del mundo queda anulada, y todo se transforma en un llamamiento de Dios en un idioma claro.


 

 

Por eso nos preguntamos acerca de la aparición del término en nuestro capítulo. Cuando leemos los conceptos emitidos porIaacov, no hallamos una visión apocalíptica, sino conceptos sobre temas concretos de la casa de Iaacov- el liderazgo interno de Reuvén, Shimón y Leví del liderazgo y la elección de Iehudá) la división de las parcelas heredadas (“Zebulún, en la ribera de los mares, habrá de morar…”)y otros.

 

 

 

Rashi, que estaba atento a la brecha entre el título del mensaje de Iaacov y el contenido de las bendiciones, escribió que efectivamente hay una brecha entre la primera intención y lo que de hecho sucedió. Efectivamente, la intención era ocuparse del final de los días en el aspecto  apocalíptico de la palabra, sin embargo se alejó de Iaacov el espíritu sagrado que es una condición para esta visión de futuro, y por ello abordó cuestiones de dimensión inferior a la misma. A fin de explicar su comentario, Rashi se vio forzado a dejar de lado que existía una brecha entre la primera intención y lo finalmente sucedido.

 

 

Otros comentaristas resolvieron esta contradicción explicando el vocablo “final de los días”. Según su argumento, esta expresión no alude a un futuro oculto y lejano, sino a la tendencia próxima posible.Efectivamente, Iaacov diseña la continuidad del camino de su familia, y él determina cómo se manejará, y cuál será el sistema de relaciones en el seno de la familia. El sistema de relaciones incluye el reparto de funciones para cada tribu, una definición esquemática del mapa de los asentamientos, y otros diversos factores que modelan a la familia. Sin embargo, estos primeros conceptos deben responder al sentido del término “final de los días”, ya que si de hecho en el libro Bereshit hace alusión a la concretización de la familia, pues es necesario también explicarlo en el libro Ieshaiahu.

 

 

Y efectivamente, por esta vía será explicada la visión que aparece en el inicio del libro Ieshaiahu. En principio, esa visión tampoco fue expresada, en referencia a días lejanos, sino para delimitar un destino posible de concretar.Así lo aprendieron nuestros Sabios de Bendita Memoria al decir que Dios solicitó que Jizkiá fuera el Mashiaj y SanjerivGog y Magog. Dios abrió los portones del cielo con la profecía de Ieshaiahu, y convocó a adherir al objetivo de concreción de posibilidades del advenimiento de la redención en sus días. El final de los días significa la tendencia existencial próxima. Sin embargo, esa visión no se concretó porque no se realizaron los preparativos adecuados, y Jizkiahu quien no pronunció el cántico impidió la aparición de la visión de la redención.

 

 

 

Pues este es el estilo de Dios- Él le abre posibilidades y amplios portones a sus criaturas, pero no es Él quien las concreta  sino acorde al nivel de la preparación humana para esos portones. Múltiples oportunidades se abren delante de nosotros en las últimas generaciones. Parece como si estuviéramos llamados a escuchar los conceptos dicho en el final de los días, y conocer en el sentido profundo de la esperanza de la salvación, que nuestro amado está golpeando a la puerta. Sobre el interrogante si acaso el final de los días se convertirá en la última, y los dos sentidos del “final de los días” se fusionarán uno con el otro depende de la pregunta si es que nosotros no nos comportaremos como la esposa evasiva, o si abriremos la puerta de par en par, posibilitando que las opciones se hagan realidad. Si llegáramos a tener el mérito de actuar de ese modo, pues nos encontraremos en los portones del final. Si Dios libre y guarde nos volvemos perezosos, pues no podemos conocer el movimiento futuro.

 

Editado por el equipo del sitio del Tanaj
Gentileza del sitio de la Academia Rabínica "Orot Shaul"

 

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¡¡Se puede educar en cualquier situación!!

¿Por qué acostumbraron los judíos a bendecir a los hijos como “Efraim y Menashe”? ¿Por qué no bendecirlos en el nombre de los padres de la nación? El Rabino Neria Z”l, de Bendita Memoria, nos enseñó que en esta costumbre reside un mensaje educativo profundo: así como Iosef logró educar exitosamente a sus hijos en una tierra extranjera, así también nosotros podemos educar a nuestros hijos en cualquier situación.

La costumbre judía es la de bendecir a los niños cada Shabat. A los varones se les dice: “ Que te haga Elohim como Efraim y como Menashé”, y a las niñas: “Que Elohim te haga como Sará, Rivká, Rajel y Leá”. El texto de la bendición para los niños tiene su origen en nuestro capítulo: “Le bendijo en aquel día diciendo: Contigo bendecirá Israel, diciendo: Que te hagaElohim como Efraim y como Menashé” (Versículo 20)

¿Por qué fueron tomados justamente los  nietos de Iaacov como “modelo de identificación”, y no los hijos de Iaacov-como Iosef y Iehudá? O más aún, ¿porque no son bendecidos los hijos en el nombre de los padres de la nación, tal como son bendecidas las niñas en el nombre de las matriarcas?

Nuestro Maestro y Rabino, el Rabino Moshé Tzví Neria Z’l, de Bendita Memoria formula esta pregunta en su libro sobre la porción semanal de la Torá “ NerLamaor”, y así se expresa: toda persona judía que se ocupa de la educación de sus hijos, tiene la esperanza de que ellos continúen en la senda de los patriarcas, pero cada generación con sus problemáticas. Cada generación requiere de una particular bendición. Y he aquí que las tribus de Dios, los hijos de Iaacov, crecieron todos en el núcleo familiar guiados por el padre. No ocurrió lo mismo con los hijos de Iosef: ellos son los primeros de la familia de los patriarcas, que crecieron en tierra extranjera. No era menor la preocupación de Iosef, en cuanto a cómo transmitirles la Torá de la casa paterna. Y no fue para nada fácil la tarea educativa que dedicó cada día para Efraim y Menashé.

Este logro de Iosef se convirtió en el legado transmitido por boca de Iaacov para las generaciones venideras: ¿por qué van a considerar los hijos, que no es posible coronar exitosamente los objetivos de la educación? Cuando se quiere-es posible!! Iosef es la mejor evidencia. Tal como está escrito: “Efraim y Menashé como Reuvén y Shimón serán para mí” (Versículo 5)

Editado por el equipo del sitio del Tanaj de la serie "Meat min Haor", publicada por la Biblioteca Beit El con la colaboración de la organización "Orot".

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Preguntas de Abarbanel, Génesis 48

1   “...y dijo (Jacob) a José: ...  Y ahora tus dos hijos Efraín y Manases, que te nacieron en la tierra de Egipto...  míos son; como Rubén y Simeón, serán míos...  Porque cuando yo venía de Padán Aram, se me murió Raquel en la tierra de Canaan, en el camino, como media legua de tierra viniendo a Efrata; y la sepulté ahí en el camino de Efrata, que es Belén.”

(Génesis 48, 3-7)

Nota: Con estas palabras de Jacob, se adicionan los dos hijos de José como parte íntegra de las 12 tribus, o sea que en vez de haber tribu de José, serán las tribus de Efraín y Manases.  Esto significa, entre otras cosas, mayor heredad en la tierra de Israel.

Pregunta: ¿Qué significa este privilegio especial que recibió José de integrar a sus dos hijos como parte de las 12 tribus del pueblo de Israel?

¿Por qué en estas palabras de Jacob recuerda el suceso de la muerte súbita de Raquel a mitad del camino?

Respuesta:

Según Abarbanel, este privilegio de tener un hijo doble heredad, estaba reservado para el primogénito, en este caso Rubén.  Sin embargo por distintas razones, derivadas de faltas cometidas por él (ver Gen 49-4), perdió varias de sus facultades.  Es por ésto, que toca la primogenitura al hijo mayor de su esposa Raquel, que es precisamente José.

Con respecto al extraño versículo intercalado donde Jacob recuerda el suceso de la muerte de Raquel, el autor explica que al patriarca le remuerde la conciencia por no haber podido enterrar a su esposa en la cueva de Majpelá (donde todos los patriarcas y matriarcas fueron enterrados), ya que su muerte fue muy repentina y tuvo que enterrarla en el camino.

Una de las insinuaciones de esta hipótesis se encuentra en la palabra Efrata, la cual se refiere al nombre del lugar donde fue enterrada Raquel, y que se relaciona con el nombre Efraín.  De esta forma, Manasés recibe su parte por el mismo José, mientras que Efraín recibe esta parte especial como compensación de que su abuela no haya sido enterrada en el lugar indicado.

Otra señal de que a Efraín le tocaba esta parte especial, se deriva de su propio nombre y se relaciona con la palabra “Mafrejá”  (multiplicaré), la cual es parte de la bendición que se le dio a Jacob al prometerle D-s que su descendencia sería numerosa y cubriría la tierra.

Como comprobamos más tarde, efectivamente las tribus de Efraín y Manasés se multiplicaron tanto gracias a esta bendición especial de Jacob, al grado de cubrir casi la mitad del territorio de Israel.   Es por esto que esta heredad especial fue justificada y en ningún momento otra tribu reclamó este hecho como podía haberse esperado.

 

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La bendición de Iaacov a los hijos de Iosef

En el cuadro de Rembrandt, al igual que en el Midrash, surge una diferencia entre Efraim, el hombre espiritual y Menashé, el hombre realista. Efraim extiende su cuerpo hacia adelante, sus manos están ubicadas sobre el pecho, sus ojos cerrados con una expresión de elevación. A diferencia de él, Menashé se halla en el mundo de la realidad, y sus ojos abiertos.

 

Cuadro de Rembrandt, Iaacov bendiciendo a los hijos de Iosef, Holanda, 1606-1669

Rembrandt Harmensz. van Rijn - Jacob Blessing Ephraim and Manasseh - Schloss Wilhelmshöhe Kassel.jpg
By Rembrandt - The Yorck Project (2002) 10.000 Meisterwerke der Malerei (DVD-ROM), distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH. ISBN: 3936122202., Public Domain, Link

La bendición de Iaacov a los hijos de Iosef en el cuadro de Rembrandt produce un encuentro familiar entre tres generaciones. Una manta roja en el frente de la obra acerca la escena al espectador   y simultáneamente también aísla el evento.

La escena propiamente dicha está iluminada con una iluminación típica de las obras de Rembrandt; parece como surgida de la oscuridad circundante. La luz simboliza el espíritu profético de Iaacov, cuando él prioriza al joven por sobre el primogénito en la bendición.

Iaacov está envejecido, con barba con una bufanda que se inclina desde la cabeza hasta su espalda. Iaacov se sienta en la cama y extiende su mano derecha a la izquierda. De su mano izquierda se divisan  solamente dos dedos, ubicados sobre la oreja de Menashé

Iosef  tiene en su cabeza un “tarbush” o “fez” (sombrero masculino típico de Turquía y África del Norte), apoya su mano sobre el hombro de Iaacov, y toca su mano con suma delicadeza, como queriendo desviarla hacia el recorrido esperable. Asenat, la esposa de Iosef, está parada al costado, tranquila y noble, y vestida elegantemente.

Los hijos se inclinan al lado de la cama de Iaacov.

“Le dijo¹ a Iosef: ¡He aquí que tu padre está enfermo” (Capítulo 48, versículo 1)-nuestros Maestros de Bendita Memoria dijeron: Efraim le dijo, ya que estaba estudiando Torá con él (Midrash Tanjumá, Vaiejí, 6) 

“Sobre la cabeza de Efraim — que era el menor” (Capítulo 48, versículo 14)- él se empequeñecía, pero Menashé salía y era requerido por su padre para sus asuntos (ocupaciones…quehaceres…)” (Psikta Rabati,3).

En el Midrash, Menashé, el primogénito,  es retratado como el hombre de acción, quien ayuda a su padre en todas las cuestiones del gobierno. Efraim, el menor, es presentado como el hombre espiritual, que estudia Torá con su abuelo. Entre Iaacov y Efraim hay una cooperación espiritual, y por ello Iaacov prefiere a Efraim el menor por sobre Menashé.

 

Extracto del libro de Iardena Lubotzky y Ruthi Marek "Bein Kodesh LeJol" ("Entre lo sacro y el pincel") publicado por "Maguid"

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La bendición de los hijos

¿Cuál es el mérito de Efraim y Menashé que no tuvieron Iehudá y Biniamín y los otros hermanos? ¿Por qué justamente fueron sus nombres los que quedaron grabados en el corazón de la nación como hijos benditos a los que todos quieren parecerse?

Uno de los elementos de valor permanente que nos quedan de las bendiciones deIaacov es su bendición a sus dos nietos Efraim y Menashé. Esta misma bendición es la que los padres le dan a sus hijos en la noche del viernes, en el inicio del Shabat: “Que te haga Dios como Efraim y como Menashé”. La costumbre de bendecir con este mismo contenido no es causal. El mismo Iaacov le dijo a Iosef: “Contigo bendecirá Israel, diciendo: que te haga Elohim como Efraim y como Menashé” (Versículo 20). Es decir, Iaacov tuvo la visión de que el pueblo judío bendecirá a sus hijos con esta bendición, que le desea a cada uno que tenga buenos hijos como Efraim y como Menashé. ¿Cuál es el mérito de Efraim y Menashé que no tuvieron Iehudá y Biniamín y los otros hermanos? ¿Por qué justamente fueron sus nombres los que quedaron grabados en el corazón de la nación como hijos benditos a los que todos quieren parecerse?

Recordemos el contexto. Iosef descendió a Egipto contra su voluntad, por haber sido vendido por sus hermanos. Él se casó con

Osnat hija de Potifera, de los miembros destacados del gobierno egipcio, y tuvo dos hijos, Efraim y Menashé. Esos niños crecieron en Egipto, alejados del apoyo de una familia judía. El abuelo vive en la tierra de Israel, y así también la mayoría de los miembros de la familia. ¿Cómo serán educados estos niños? ¿Acaso podrán preservar su identidad judía, dentro de un mundo pagano con una cultura extraordinaria? ¿Acaso podrán ser parte de la tradición del pueblo judío?

Iaacov encuentra a sus nietos y descubre para su sorpresa que a pesar de haber crecido en el extranjero los niños desean vincularse con él y ser parte de su legado. Según la tradición rabínica, incluso ellos hablaron con él en su idioma y le manifestaron que a pesar de haber crecido en Egipto y a pesar de su conciencia de todo el entorno cultural que los rodea, ellos desean ser parte del pueblo judío e incluso usan el idioma hebreo que es símbolo de la tradición de los patriarcas.

Iaacov, quien entiende que el futuro del pueblo judío es el de estar disperso entre los pueblos y expuesto en cada país a la cultura imperante, solicita bendecirnos para que tengamos el mérito de ser como Efraim y como Menashé, que incluso estando rodeados de religiones y culturas marcadamente alejadas de nuestra Torá, sepamos preservar nuestra particularidad y nuestra identidad. Por ello nos pone a Efraim y a Menashé como modelo a imitar, como ejemplo y maravilla, para que siempre recordemos la importancia de nuestro vínculo con los valores del pueblo judío a lo largo de las generaciones.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Parashá baktaná" publicado por "Maguid".

 

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Parashá Stuma- Sección cerrada

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En un Rollo de la Torá, ¿por qué no hay espacio libre
entre Parshat Vaigash y Parshat Vaiejí?
RASHI: ¿Por qué está cerrado el espacio entre esta Parshá y la anterior?
Porque cuando nuestro padre Iaacov murió, los ojos y corazones
del pueblo judío “se cerraron” a causa del sufrimiento de la esclavitud,
pues fue en ese momento que los egipcios comenzaron a
esclavizarlos.
Una explicación alternativa: porque Iaacov quiso revelar el Final
de los Días, cuándo vendría el Mashíaj, y dicha información le fue
“cerrada” (ocultada).
MIDRASH: [Tras citar las dos explicaciones anteriores, el Midrash
continúa:] Otra explicación – porque ahora “se cerraron” todos los
problemas del mundo para Iaacov (Bereshit Rabá 96:1).
SIFTÉI JAJAMÍM: ¿Por qué es la ausencia de un espacio aquí indicación
de acontecimientos a suceder más adelante en la Parshá? Iaacov
fallece recién más adelante, en el capítulo 49, versículo 33, y el
“Final de los Días” sólo se le ocultó a Iaacov en el capítulo 49, versículo
1 (véase Rashi allí). ¿Por qué no insinuó la Torá estos sucesos “cerrando”
el texto allí, en el momento en que ocurren?
La razón por la cual la Torá insinúa estos acontecimientos aquí
con una Parshá “cerrada” es porque sería imposible hacerlo en cualquier
otro lugar. Pues solo resulta notoria la falta de un espacio en
el texto al comienzo de una Parshá, donde lo encontramos habitualmente.
La ausencia de un espacio no es reconocible en medio del
texto, pues uno no esperaría un corte allí de todos modos.
MIZRAJÍ: La afirmación de Rashi, que los egipcios comenzaron a esclavizar
al pueblo judío tras la muerte de Iaacov, parece contradecir
su comentario posterior, que el pueblo judío sólo se vio esclavizado
tras la muerte de Iosef y todos sus hermanos (véase Rashi sobre Vaerá 6:16).
¿Y cómo podía ser esclavizado el pueblo judío mientras Iosef aún
gobernaba Egipto unos 54 años más tras la desaparición de Iaacov?
El Talmud explica que la esclavización comenzó gradualmente
con los egipcios tentando al pueblo judío a trabajar para ellos con
palabras de aliento y buen salario, lo que progresivamente aclimató
al pueblo judío a una mentalidad de trabajo (véase Sotá 11b y Rashi allí).
Si bien esto aún no era esclavitud en el sentido literal de la palabra,
fue no obstante una aflicción para el pueblo judío pues este percibió
que era precursor de la esclavitud que sabían que estaba por llegar.

Torat Menajem
LA PARSHÁ “CERRADA” (V. 28)
El comentario de Rashi sobre el versículo 28 genera las siguientes
preguntas:
a) Rashi cita dos razones de por qué el comienzo de nuestra Parshá está
“cerrado”. Sin embargo, en el Midrash, la fuente de la cual Rashi citó sus
explicaciones, se ofrece una tercera explicación. ¿Por qué llegó Rashi a la
conclusión que, en el plano de interpretación literal de la Torá, solo las
dos primeras explicaciones son adecuadas?
b) Además, ambas explicaciones citadas por Rashi son negativas (la muerte
de Iaacov y el ocultamiento de la redención), mientras que la explicación
que omite es positiva (el final del sufrimiento). ¿Por qué omitió Rashi
la razón positiva y aceptó las dos negativas? De hecho, la interpretación
positiva parecería ser especialmente adecuada cuando uno considera que
el tema del versículo anterior es uno positivo: “El pueblo judío se estableció
en Egipto, en el distrito de Góshen, y adquirieron propiedades allí.
Fueron fértiles y su población creció muy rápidamente”.
LA EXPLICACIÓN
Podría argumentarse una solución para el problema planteado anteriormente
en base a la explicación de Siftéi Jajamím, que el texto es
“cerrado” al comienzo de la Parshá porque éste es el único lugar donde
sería reconocible la ausencia de un corte. En otras palabras, el hecho de
que la Parshá esté “cerrada” no se vincula con el versículo 28 en particular,
sino que alude a un acontecimiento posterior.
Rashi concluyó que el concepto que se insinúa mediante la “Parshá
cerrada” debe estar conectado con el tema principal de la Parshá en su
conjunto – es decir, la muerte de Iaacov. Por lo tanto, escribió que la
Parshá “cerrada” alude ya sea a la muerte de Iaacov o al ocultamiento
espiritual que experimentó poco antes de su muerte. Pero resulta poco
probable en el plano literal que dicho “cierre” de la Parshá aluda a que los
problemas del mundo estuvieran “cerrados” para Iaacov –la tercera explicación
que sugiere el Midrash– pues ello no está directamente vinculado
con la muerte de Iaacov, que es el tema principal de Parshat Vaiejí.
LAS DOS INTERPRETACIONES DE RASHI
Rashi consideró necesario traer dos interpretaciones porque cada una
de ellas tiene una pequeña deficiencia:
Con la primera interpretación, que el “cierre” de la Parshá alude a la
muerte de Iaacov, nos queda una pregunta: ¿por qué se insinúa la muerte
de Iaacov con un versículo que habla de todo lo contrario: “Iaacov vivió
en la tierra de Egipto...”?
El problema se resuelve con la segunda interpretación de Rashi, que explica
que el “cierre” de la Parshá alude efectivamente a un acontecimiento
ocurrido durante la vida de Iaacov, el ocultamiento del Final de los Días.
Sin embargo, tampoco esta interpretación resulta del todo satisfactoria,
porque si uno echa un vistazo al relato del “ocultamiento” más adelante
en nuestra Parshá, vemos que este no está de ninguna manera “cerrado”
en el Séfer Torá, sino, en cambio, está dispuesto como un párrafo totalmente
nuevo (!). Por lo tanto, resulta difícil aceptar que el “cierre” al comienzo
de nuestra Parshá haga alusión a un acontecimiento que, precisamente,
está escrito en una Parshá “abierta”. Y puesto que esta es una
deficiencia más grave que el problema con su primera interpretación,
Rashi lo citó solo como su interpretación secundaria.
(Basado en Likutéi Sijot, vol. 15, pág. 422 y ss.)
LA PREGUNTA DE MIZRAJÍ (V. 28)
Mizrají observa la aparente contradicción entre el comentario de Rashi
sobre el versículo 28, que la esclavitud comenzó inmediatamente tras la
muerte de Iaacov, y su afirmación posterior en Parshat Vaerá, que el pueblo
judío fue esclavizado sólo tras la muerte de Iosef y todos sus hermanos.
En el plano literal, podría argumentarse la siguiente explicación:
Sobre el versículo: “Los hermanos de Iosef vieron que su padre había
muerto” (50:15), Rashi comenta: “¿Qué significan que ‘vieron’? Que reconocieron
su muerte mediante la conducta de Iosef. Pues ellos solían cenar
en la mesa de Iosef y él los recibía cálidamente por respeto a su padre,
pero una vez que Iaacov murió, él ya no los recibió de manera cálida”. En
otras palabras, la muerte de Iaacov provocó, en un cierto grado, una división
entre Iosef y sus hermanos.
Ahora bien, si la ausencia de Iaacov provocó que Iosef perdiera el respeto
por sus hermanos, con más razón entonces habría provocado que
los egipcios perdieran el respeto por el pueblo judío. Pues los egipcios
honraban a Iaacov y a su familia “porque gracias a él les había llegado a
ellos una bendición, que la hambruna terminó y las aguas del Nilo se
volvieron abundantes” (Rashi sobre 50:3). Por lo que, cuando Iaacov murió,
la causa que motivaba su respeto había desaparecido.
Sin embargo, la Torá recalca que los hermanos sólo “vieron” que su padre
había muerto, es decir que el cambio de su relación con Iosef era
notorio, pero dicha relación no era de manera alguna áspera. Similarmente,
uno imaginaría que los egipcios habrían tenido inicialmente una
sutil falta de respeto por el pueblo judío que era perceptible, pero sin
ninguna ramificación práctica real.
No obstante, incluso esta etapa inicial podría describirse como “el
sufrimiento de la esclavitud”, a pesar de que el pueblo judío no estuviera
haciendo concretamente ninguna labor, pues el deseo subyacente de los
egipcios de esclavizarlos ya era evidente. Con el paso del tiempo, esto
habría llevado a temer la implementación de una inminente esclavización,
especialmente en vista de que Iosef no los visitaba en Góshen para
ver si estaban viviendo de una manera segura y libre de persecución
egipcia. Así, ya durante el gobierno de Iosef, el pueblo habría comenzado
a sentir “el sufrimiento de la esclavitud”.
En base a esto podemos explicar un detalle más en el comentario de
Rashi. ¿Por qué enfatiza Rashi que “los ojos y corazones del pueblo judío
se cerraron” tras la muerte de Iaacov? Su corazón desalentado es comprensible,
pero ¿por qué se cerraron sus ojos?
Sin embargo, en función de lo anterior podemos entender que el comienzo
del exilio empezó con la mera observación de que su relación con
Iosef se había debilitado y, similarmente, el percibir que los egipcios ya no
los respetaban. Con el paso de los años, esto habría provocado finalmente
que su corazón se desalentara, sabiendo que la esclavitud era inevitable.
Por eso enfatiza Rashi: “los ojos y corazones del pueblo judío se cerraron”,
pues el comienzo del exilio era un “cierre de ojos”, es decir, un observable
cambio para peor en la relación entre judíos y no-judíos.
(Basado en Sijat Shabat Parshat Vaiejí 5749)

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Una vida plena de sentido

“ Dijo Iaacov a Paró: Los días de los años de mi peregrinaje  son ciento treinta años; pocos y aciagos han sido los días de los años de mi vida y no han alcanzado a los días de los años de la vida de mis padres, en los días del peregrinaje de ellos” (Capítulo 47, versículo 9)

 


 

 

En su respuesta Iaacov diferencia entre la vida y el peregrinaje: ¿me has preguntado por los días de mis dos vidas? No he vivido mucho, pero he peregrinado por la tierra ciento treinta años. Los días de los años a los que podré denominar como mi vida (en los cuales he desempeñado mi cargo plenamente)- fueron tan solo pocos, y precisamente ellos han sido malos, colmados de amargura y preocupación…

 

No se puede comparar el contenido de mi vida con el de mis ancestros; ellos “vivieron” más, en todos sus peregrinajes han vivido, y tuvieron el mérito de desempeñar el papel  de sus vidas en condiciones de felicidad.

 

No es esta una queja por sus pocos años, sino la humildad al mirar retrospectivamente el valor moral de la vida que tuvo.
 

 


 

Rabí Shimshon Rafael Hirsch- vivió en Alemania entre los años 1808-1888. Encabezó la lucha contra los reformistas, y junto a ello enarboló la bandera de la modernización, desde su concepción “Torá imDerejEretz”, “Torá con cultura universal”. Escribió muchos libros y entre ellos un comentario sobre la Torá.

 

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Solidaridad familiar

En nuestro capítulo vemos cómo Iosef se ocupa de sus hermanos en Egipto para conseguirles un lugar de residencia, comida y una ocupación adecuada. La historia de la venta culmina con el reflejo de un valor significativo en la Torá, y es la base de la fraternidad y la solidaridad en la familia.

Una cuestión central en el libro Bereshit es la tensión en las relaciones entre hermanos. La historia de los dos primeros hermanos, Caín y Hevel, finaliza con un crimen. En la continuidad se relata acerca de Ishmael e Itzjak, Iaacov y Esav, Iosef y sus hermanos. Todos los relatos finalizan con un cierre de círculo-tras la separación impuesta a Ishmael e Itzjak se describe cómo ellos entierran juntos a su padre (Capítulo 25, versículo 9). También entre Iaacov y Esav se da una escena parecida en la que los dos sepultan a su padre en la Cueva de los Patriarcas (Capítulo 35, versículo 29).

 

En el episodio de Iosef y sus hermanos no sólo es descripta la reconciliación, sino que cada uno de los bandos atraviesa un cambio esencial. Este movimiento positivo en la vivencia de la relación entre hermanos, tiene su punto culminante en el libro Shemot que se inicia con otro dos hermanos, Moshé y Aharón, que representa un vínculo ideal de fraternidad y cooperación, una pareja que según la opinión del Midrash (TanjumáShemot 27) está citado el versículo: “Qué bueno y qué agradable es que los hermanos habiten juntos” (Tehilim, Salmos capítulo 133, versículo 1).

 

¿Por qué el libro Bereshit se ocupa tan intensamente de la relación entre hermanos? El libro Bereshit, el antecedente de la formación del pueblo de Israel, no se ocupa, sorpresivamente (llamativamente) del establecimiento de la nacionalidad o de hechos políticos, sino de las interacciones en el seno de la familia-las relaciones entre hermanos, la relación entre padres e hijos y el vínculo entre el hombre y la mujer.

 


 

 

 

La razón es, en mi opinión, una de las características especiales del pueblo de Israel-el hecho de que no somos solamente un pueblo sino una familia, un pueblo que es familia.

 

 

 

La relación entre la familia y el pueblo surge ya desde la elección de Abraham para ser “un pueblo grande y poderoso y serán bendecidos por su causa todos los pueblos de la tierra” (Capítulo 18, versículo 18). Esta elección no está basada en la capacidad de liderazgo de Abraham sino en la confianza de su fortaleza en el ámbito familiar, en sus capacidades de  transmitir valores a sus hijos e integrantes de la familia, como está citado en el versículo subsiguiente: “Pues yo le he escogido - para que prescriba a sus hijos y a su descendencia en pos de él para que observen la senda del Señor: Al practicar justedad y derecho” (Capítulo 18, versículo 19)

 

El judaísmo concibe a la familia como el centro para la transmisión del legado. De diversas maneras es reiterado el imperativo “y habrás de narrar a tu hijo” (Shemot, capítulo 13, versículo 8), “Las habrás de inculcar a tus hijos” (Devarim, capítulo 6, versículo 7), “Las enseñarán a vuestros hijos” (Devarim, capítulo 11, versículo 19). Pero más aún: en efecto, la Torá desarrolla la importancia de la célula familiar, pero también desarrolla la conciencia de que todo el pueblo de Israel es una familia. Entre los hermanos se requiere de solidaridad y ayuda mutua. De aquí se desprende la demanda de no desentenderse  de la angustia del prójimo: “No habrás de ver, al buey que es de tu hermano o a su cordero, extraviados y te ocultes de ellos; devolver los habrás de devolver a tu hermano…No habrás de ver el asno que es de tu hermano, o su buey, caídos en el camino y te ocultes de ellos; levantar habrás de levantar con él” (Devarim, capítulo 22, versículos 1-4).

 

Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Lehitorer leiom jadash: kriá mitjadeshet shel haTorá veshel jaJaim" ("Despertar a un nuevo día: una lectura renovada de la Torá y de la vida"), publicado por Maguid

 

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