El discípulo de Mijá

Unos cien años después de que Mijá clamara contra la creencia de que "el Señor está en medio de nosotros, no vendrá, pues, sobre nosotros ningún mal" (versículo 11), se levanta el profeta Irmiahu y clama también que una fe de ese tipo es mentira. ¿Es posible suponer que el profeta Mijá fue maestro y guía de Irmiahu?

El lector de los libros proféticos se pregunta: ¿cuál era el rango de los profetas, y a quiénes influían? ¿Eran figuras hacia las que alguien volvía la mirada? Y para nuestro tema: ¿hubo quienes escucharon la profecía de Mijá? La respuesta viene en el libro de Irmiahu.

En nuestro capítulo profetiza Mijá: "Sus cabezas juzgan por soborno, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y con todo se apoyan en el Señor, diciendo: ¿Acaso no está el Señor en medio de nosotros?, ¡no vendrá, pues, sobre nosotros ningún mal! Por tanto, a causa de vosotros, Tsión será arada como un campo, y Ierushalaim vendrá a ser montón de ruinas, y el monte del templo, como altos cubiertos de bosque" (versículos 11-12). Dice Mijá: ¡la propia creencia de que el Señor está en medio de nosotros y no vendrá sobre nosotros ningún mal es la fuente del mal!

Irmiahu vivió unos cien años después, y un versículo de nuestro capítulo es citado en el libro de Irmiahu: "Y ciertos hombres de los ancianos de la tierra se pusieron en pie y hablaron a toda la asamblea del pueblo, diciendo: Mijá, el morashtita, profetizaba en días de Jizkiahu, rey de Iehudá, y habló a todo el pueblo de Iehudá, diciendo:  Tzión será arada como un campo, y Ierushalaim vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de esta casa, como altos cubiertos de bosque ¿Acaso Jizkiahu, rey de Iehudá y todo Iehudá trataron siquiera de darle muerte? Al contrario, ¿no temió (el rey) al Señor, y suplicó el favor del Señor, de modo que el Señor se arrepintió del mal que había pronunciado contra ellos? ¿Y nos otros, por ventura, hemos de hacer tan grande mal contra nosotros mismos? " (Irmiahu, capítulo 26, versículos 17-19).

Irmiahu había profetizado en el Templo sobre su destrucción, y los sacerdotes, los profetas y la multitud agitada querían matarlo. Frente a todos ellos, los ancianos dijeron que ya había habido profetas que habían profetizado profecías semejantes, y que el rey Jizkiahu escuchó y se arrepintió, y no mató al profeta. El relato que aparece en el libro de Irmiahu describe un gran acontecimiento histórico en el que Mijá profetizó y movió a todo el reino al arrepentimiento, evitando así la destrucción. ¿Cuándo ocurrió ese acontecimiento?

Mijá fue testigo de la campaña de Sanjerib, del exilio de las diez tribus y del sitio de Ierushalaim. Como es sabido, todos los reinos de la región cayeron y solo el reino de Ierushalaim resistió. Durante los días del sitio profetizó el profeta Yeshaiahu: "Te ha despreciado y se ha burlado de ti la virgen hija de Tzión " (Melajim II, capítulo 19, versículo 21). El profeta Yeshaiahu proclamó: ¡Ierushalaim y el Templo no caerán!

El eco del espíritu de aquellos días resuena en el salmo 46 del libro de Tehilim, Salmos:

" Dios es nuestro refugio y fortaleza; (Su) socorro en las angustias lo hallamos en todo tiempo. Por tanto no tememos, aunque la tierra sea conmovida, y aunque las montañas se derrumban al seno de los mares; aunque bramen y se turben sus aguas (del mar), aunque tiemblen las montañas a causa de su bravura. Dios está en medio de ella, por eso no será conmovida; Dios la ayudará al rayar (clarear) la mañana " (Tehilim, capítulo 46, versículos 2-6).

La asombrosa salvación elevó hasta su punto culminante y con gran fuerza la creencia de que Ierushalaim es la ciudad de Dios y que Él salvaría Su ciudad — "Dios está en medio de ella, no será conmovida". Los días de la victoria trajeron consigo un gran orgullo nacional y una complacencia que llevó al derrumbe y la caída moral. Cabe suponer que fue entonces cuando se levantó el profeta Mijá y clamó en voz alta que la creencia de que Dios salvaría Su ciudad traería ella misma la destrucción y la ruina. Y frente a Yeshaiahu, que profetizó la eternidad de Ierushalaim, se levantó Mijá después de él y entonó una melodía diferente: Ierushalaim será destruida.

Unos cien años después actuó el profeta Irmiahu. Pareciera que el versículo que puede resumir la trayectoria vital del profeta Irmiahu y sus luchas es el que fue pronunciado en el atrio del Templo, para quienes entraban en él: "No confíen en las palabras mentirosas, que dicen: "¡El templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor son éstos (edificios!"(Irmiahu, capítulo 7, versículo 4). Los Cohanim, sacerdotes de Ierushalaim creían que el Templo era la casa de Dios y que el Templo era una especie de póliza de seguro para la ciudad y el reino, e Irmiahu clamó que esa creencia era mentira.

Irmiahu estuvo en pie en uno de los grandes momentos históricos del pueblo de Israel, y su nombre y su magisterio profético son conocidos y célebres; mientras que el profeta Mijá es un profeta "menor" y poco conocido. ¿Es posible suponer que el profeta Mijá fue maestro y guía de Irmiahu, y que fue el primero en clamar que la fe en el Templo como casa de Dios traería ella misma la destrucción? De ser así, la mención de Mijá en el libro de Irmiahu como quien precedió a Irmiahu es un dato de gran significado sobre la fuente del sustento espiritual del profeta Irmiahu. ¡Mijáfue maestro y guía espiritual del profeta Irmiahu!


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Esperanza para el rocío

”Y el resto de Iaacov será entre muchas naciones, como el rocío del Señor, como la lluvia abundante sobre la hierba, cosas que no aguardan al hombre, ni esperan a los hijos de Adam” (Mijá, capítulo 5, versículo 6) 

"...y serán Israel entre ellos como el rocío del Señor,

pues el rocío viene del Señor desde los cielos,

y quien lo aguarda no espera a ningún hombre que se lo traiga, sino que espera al Señor,

pues Él es quien hace llover y quien trae a la tierra el rocío y la lluvia.

Así Israel, en aquella salvación,

no esperará sino al Dios bendito,

pues Él es su salvador y no hay otro salvador fuera de Él,

ya que ellos serán un pueblo escaso y las naciones que se congreguen contra ellos serán numerosas, ¿y quién podrá salvarlos sin Él?

Y descenderá su salvación sobre ellos como desciende el rocío sobre la tierra.

Y dijo después "como la lluvia abundante sobre la hierba",

pues las lluvias abundantes son la lluvia copiosa,

 y la hierba es más grande que el césped;

así ellos irán creciendo y su bienestar irá en aumento."

Radak — Rabí David ben Iosef Kimji, vivió en el sur de Francia entre los años 1160-1235. Se hizo famoso como gramático gracias a su obra Mijlol, y se dedicó ampliamente al estudio de la filosofía y las ciencias. Escribió un comentario del Tanaj sobre los libros de Bereshit, Neviim Rishonim, Neviim Ajaronim, Tehilim, Salmos y Divrei Haiamim,Crónicas. Su comentario trata extensamente cuestiones de lengua, vocalización, Masorá e interpretación de las palabras. También aborda la cuestión de la composición de los libros y la época de los profetas, preguntas históricas y geográficas, y debates con la interpretación cristiana del texto.

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Este es el pequeño que será grande

Así como en el pasado, también en el futuro-precisamente del joven y el débil llegará la gran noticia.

El capítulo 5 es la continuación de la profecía de consuelo del capítulo 4. El profeta se dirige a Bet Lejem de Iehudá, también llamada Efráta. En el Libro de Rut, todo el pueblo y los ancianos le dicen a Boaz:

"Haga el Señor a la mujer que entra en tu casa como a Rajel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y que tengas éxito en Efrata y que tu nombre sea célebre en Bet Lejem” (Rut capítulo 4, versículo 11)

Efráta y Belén aparecen aquí en paralelismo. De Boaz nació Oved, padre de Ishai, padre de David. Mijá profetiza sobre la renovación de la monarquía davídica, cuyo origen es BetLehem:

"Mas tú, (de) BethLéhem Efráta, quien habría de ser el pequeño entre los príncipes, de ti saldrá para Mí quien será caudillo en Israel" (versículo 1).

Después de que Shaúl fue destituido de su reino, Dios le dice a Shmuel:

"Llena tu cuerno de aceite y ve; te enviaré a Ishai, de Beth Lejem, porque de entre sus hijos he visto un rey para Mí." (Shmuel I, capítulo 16, versículo 1)

Isaí hace desfilar ante él a sus siete hijos, " Pero Shmuel dijo a Ishai: El Señor no ha escogido a éstos” (Shmuel I, capítulo 16, versículo 10).

Entonces: " Y Shmuel dijo a Ishai: ¿Son estos todos tus hijos? Y respondió: Aún queda el menor, he aquí que está apacentando las ovejas.... Y envió por él y lo trajeron y él era pelirrojo, de lindos ojos y bien parecido. Y el Señor dijo: Levántate, úngele; porque éste es”(Shmuel I, capítulo 16, versículos 11-12).

El profeta Mijá alude en sus palabras a que la dinastía davídica destinada a renovarse comenzó con el menor de los hijos. El motivo recurrente es que de lo más joven y débil viene la gran buena nueva. El futuro depende del pasado. En el pasado, la dinastía de la casa de David comenzó en un lugar pequeño e insignificante, de una familia cuyo árbol genealógico no inspira particular respeto. Pues David desciende de Péretz, nacido a raíz del episodio de Iehudá y Tamar, y desciende de Rut la moavita, hija de Moav, nacido del episodio de las hijas de Lot. Y aun así, de aquí comenzó la realeza de la cual saldrá también el Rey Mashiaj.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio Daat.

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En nombre del interés en materia de seguridad

En el reino de Iehudá el entusiasmo era grande y la sensación de poder, arrolladora y adictiva, y frente a toda esa alegría nacional, los profetas contraponen los actos de injusticia cometidos contra los ciudadanos comunes, en nombre del interés de seguridad. Profetizan calamidad, pero al final se produce un giro en la trama.

Yeshaiahu se extiende y Mijá abrevia. Ambos hablan en la misma época y sobre los mismos acontecimientos históricos que tuvieron lugar en los pocos años anteriores a la campaña de Sanjerib. El reino de Iehudá se prepara para una posible invasión asiria, y Jizkiahu aprovecha el estado de emergencia para fortificar Ierushalaim y construirle una nueva muralla. En esa ocasión también excava el famoso túnel e introduce las aguas de Guijón dentro de la ciudad. El entusiasmo era grande y la sensación de poder, arrolladora y adictiva, y frente a toda esa alegría y júbilo nacional, los profetas contraponen los actos de injusticia cometidos contra los ciudadanos comunes, en nombre del interés de seguridad.

Yeshaiahu, como se ha dicho, se extiende: "... y contaron las casas de Ierushalaim; y derribaron las casas para fortalecer el muro; e hicieron un depósito de aguas entre los dos muros, para (recibir) las aguas del estanque viejo; pero no miraron al que hace esto, ni dirigieron la vista al que lo tiene preparado ya ha mucho.. Y el Señor, Dios de los ejércitos, llamó en aquel día a llanto y a lamentación, y a calvez y a ceñimiento de saco; mas, al contrario, he aquí alegría y regocijo, matanza de ganado mayor y degüello de ganado menor, el comer carne y beber vino; (dicen): "Comamos y bebamos, porque mañana moriremos! (Yeshaiahu, capítulo 22, versículo 10-13).

Y Mijá, en cambio, abrevia: "los que construyen a Tzión con sangre, y a Ierushalaim con iniquidad" (Mijá, capítulo 3, versículo 10).

Y ambos profetizan destrucción y exilio a causa de estas injusticias: "...Por tanto el Señor de los ejércitos ha revelado a mis oídos esto: "De cierto que esta iniquidad no os será nunca perdonada, hasta que mueran," dice el Señor, Dios de los ejércitos" (Yeshaiahu, capítulo 22, versículo 14). "Por tanto, a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo, y Ierushalaim vendrá a ser montón de ruinas, y el monte del templo, como altos cubiertos de bosque" (Mijá, capítulo 3, versículo 12).

Al final Ashur, Asiria vendrá y destruirá muchas ciudades de Iehudá, pero Ierushalaim se salvará y la profecía de Mijá no se cumplirá. Yeshaiahu dará marcha atrás en medio de los días del sitio y profetizará una salvación milagrosa para Ierushhalaim (Yeshaiahu, capítulo 38, versículos 4-8; Melajim II, capítulo 19, versículos 20-33). Y unos ciento veinte años más tarde, en los días de la profecía de Irmiahu, los ancianos del pueblo explicarán que Jizkiahu y los hombres de su generación se arrepintieron, y por eso la profecía de Mijá no se cumplió (Irmiahu, capítulo 26, versículos17-19).


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Entre la profecía verdadera y la falsa

Hubo varios tipos distintos de falsos profetas: algunos eran simplemente mentirosos que vivían de la profecía, otros fueron engañados, y otros simplemente erraron. Pero desde el punto de vista del profeta verdadero, todos pertenecen al grupo de los "falsos profetas".

La revelación profética es un fenómeno que trasciende los límites de la experiencia humana. Solo podemos deliberar sobre ella a partir de escasos fragmentos de indicios dispersos en el texto bíblico, y aún menos son los datos disponibles sobre el problema de los falsos profetas.

Del relato sobre el enfrentamiento entre Mijaiahu hijo de Imla y los profetas de Ajav (Melajim I, capítulo 22) es posible quizás deducir que existía un estrato de profetas patrióticos cuya función era profetizar la victoria y salvación en toda circunstancia, y el texto bíblico los ve en cierta medida como emisarios encargados de transmitir una profecía falsa, cuyo propósito era llevar a Ajav a la ruina.

Un segundo estrato era sin duda el de los profetas profesionales, que se sustentaban de la profecía. A ellos alude probablemente Yejezkel en su profecía: "Ya mí  me quieren profanar entre mi pueblo por puñados de cebada y por pedazos de pan" (Yejezkel, capítulo 13, versículo 19). Y así como Yejezkel habla de estas profetisas profesionales, Mijá profetiza sobre la reacción de tales profetas ante quienes no les pagan: "los profetas que hacen errar a Mi pueblo, los que mientras tienen (algo) que comer con sus dientes, profetizan paz, mas a aquel que no les mete (algo) en la boca, le declaran la guerra" (versículo 5). Su pathos moral se alimentaba de la copa o de la bolsa.

Sin embargo, más adelante (versículos 6-7) Mijá alude a un tercer estrato: aquellos que transitan por los caminos de la profecía verdadera, que buscan la respuesta divina, y cuya imaginación profética los engaña haciéndoles creer que han captado la palabra de Dios y que su misión es profética, cuando no lo es. El uso de los términos "visión" y "respuesta" se refiere probablemente a ese estrato que estaba lejos de la ganancia económica y no hacía de la profecía un instrumento de lucro.

Este tipo nos explica la afluencia del pueblo a escuchar las palabras de quienes son llamados falsos profetas. Aquí la distinción era particularmente difícil.

La profecía verdadera no atiende a los motivos de la profecía falsa, ya sea el afán de lucro, ya sea lo que se denomina "la profecía popular", ya sea que su fundamento resida en la profecía "profesional". La verdad es una sola, y toda desviación de ella queda incluida en el amplio grupo de los falsos profetas. Y frente a ellos se yergue el profeta, emisario de Dios, con su verdad profunda, "lleno de poder del espíritu del Señor, y de juicio y de fortaleza" (versículo 8), para declarar la verdad sin concesiones.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Extraído de las clases del Rabino Hadari “Los capítulos del día en el Tanaj”, que fueron emitidos por Kol Israel.

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El final de los días

¿Qué es la visión de los últimos tiempos? ¿Se trata de un día de juicio, guerras terribles y calamidades? ¿O de un retorno a los "días del Jardín del Edén", a la felicidad y la paz universales?

La expresión "últimos tiempos, la postrimería de los días" aparece por primera vez en la apertura de la bendición de Iaacov (Bereshit, capítulo 49, versículo 1), en la que Iaacov profetiza el futuro de las tribus de Israel como pueblo que habita en su tierra, aunque en esta visión también existen alusiones a guerras terribles en su tierra hasta llegar a una vida de paz y abundancia.

Según las palabras del Rambán (en Vaikrá, capítulo 26, versículo 6), puede entenderse que los "últimos tiempos" en el texto bíblico aluden a un retorno a la felicidad y la paz del hombre en el Jardín del Edén, tal como era antes de que pecara y fuera expulsado de él. Y esos son los días del Mashiaj.

También en el libro Devarim encontramos el concepto de los últimos tiempos. Cuando el padre de los profetas, emisario de la redención y dador de la Torá, se despide de su pueblo, está profundamente preocupado por el posible futuro de Israel en su tierra, si no se mantiene firme en el sentido espiritual. Sin duda penetró hasta lo más hondo de su pueblo y comprendió que no estaba suficientemente inmunizado contra los vientos adversos capaces de traer una catástrofe sobre él, y lo advierte expresando una dura visión de exilio y sufrimiento que alcanzará su punto culminante en los últimos tiempos. Aquí los últimos tiempos se caracterizan por tribulaciones terribles. La Torá no habla aquí de la gran salvación posterior a las tribulaciones de los últimos tiempos, y se conforma solo con una alusión. En cambio, tras los últimos tiempos en la bendición de Iaacov se habla de la herencia de las tribus de Israel en su tierra, y tras los últimos tiempos en el canto de Bilam se habla de una estrella que surgirá de Iaacov y ejecutará juicios sobre sus enemigos.

Amplios cuadros sobre los últimos tiempos y la grandeza de Israel y sus repercusiones sobre el mundo entero se encuentran en las grandes visiones de los profetas que vivieron en tiempos difíciles para la nación — en los días del conflicto asirio y babilónico. En todos ellos la meta y el propósito son los días del reino de David hijo de Ishai. En estos profetas existe el concepto del Día del Señor como día del juicio de Dios sobre los malvados. Y según esto hay que entender los últimos tiempos — el fin de esos días de juicio, tras los cuales llegará la redención. El redentor será el propio Señor, pero en su tierra estará al frente de ellos un vástago del tronco de Ishai que se distinguirá por las cualidades más elevadas que un ser humano puede alcanzar sobre la tierra.

El profeta Yeshaiahu y el profeta Mijá, que ambos profetizaron en la época de Jizkiahu y la campaña de Sanjerib, se detienen en la influencia de Ierushalaim sobre el mundo, y en la influencia de su rey como juez entre las naciones hasta el punto de suprimir el espíritu de guerra:

"Y juzgará entre muchos pueblos, y reprenderá a fuertes naciones, hasta en tierras lejanas; y romperán sus espadas para (forjar) rejas de arado, y sus lanzas para (hacer) podaderas; no levantará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra" (Mijá, capítulo 4, versículo 3).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio Daat.

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Los enemigos del hombre son los de su misma casa

Cuando la sociedad está corrompida y no se puede confiar en los seres humanos, no queda más que esperar en el Señor.

La primera profecía del capítulo 7 habla de la corrupción de la sociedad israelita. El profeta se lamenta por el estado de la sociedad, como si el asunto le afectara personalmente:

"¡Ay de mí, porque soy como cuando se han recogido las frutas de verano, como rebuscos, después de la vendimia; no hay racimo que comer, ni fruto precoz que tanto desea mi alma" (versículo 1).

El profeta se compara a un hombre que va al final del verano, deseando comer un higo, buscando si acaso quedaron higos en el árbol —higos que generalmente no son recogidos— pero no encuentra ninguno. Compara la ausencia de justicia e integridad en su sociedad con el hambre del hombre que busca frutos en el viñedo después de la vendimia y no encuentra. Intenta encontrar aunque sea un solo justo, pero no hay ningún justo en la tierra. "El hombre piadoso ha perecido de la tierra, y no hay ya recto entre los hombres" (versículo  2).

En cambio, describe lo que sí encontró en la sociedad: "todos acechan la sangre, caza cada cual a su hermano con una red" (versículo 2). El profeta describe la corrupción de los hombres del poder: "el príncipe pide, y el juez decide por cohecho" (versículo 3) — los ministros y los jueces piden soborno. Pero esta reprimenda de Mijá no está dirigida únicamente a los ricos del pueblo y a los gobernantes, sino a todo el pueblo. El cuadro que pinta el profeta es sumamente sombrío. Describe la degeneración social. No se puede confiar ni en los amigos ni en los familiares. El profeta se dirige a sus oyentes con un llamado:

"No confíen en compañero, ni se fíen del amigo; de la que duerme en tu seno, guarda las confidencias de tu boca. Porque el hijo desprecia al padre, la hija se levanta contra su madre, la nuera contra la suegra; y los enemigos del hombre son los de su misma casa" (versículos  5-6).

Toda la sociedad está ocupada en acechar sangre inocente y en cazar a los que no tienen culpa: "caza cada cual a su hermano con una red" (versículo 2). La palabra "red" aquí se refiere a una red de pesca, y es paralela a la caza.

También el profeta Irmiahu se dirigió a sus contemporáneos con un llamado similar: "Cuídese cada uno de su prójimo, y ninguno confíe en su hermano; porque todo hermano seguramente engañará, y todo prójimo andará chismeando. Engañan cada cual a su prójimo, y no dicen la verdad; han avezado su lengua a hablar mentiras; han agotado sus fuerzas con sus iniquidades.... Su lengua es flecha mortífera, habla engaño: con su boca habla paz a su prójimo, mas en su interior le pone acechanza" (Irmiahu, capítulo 9, versículos 3-7).

En tal estado de cosas, cuando la sociedad está corrompida y no se puede confiar en los seres humanos, no queda más que esperar en el Señor. El profeta concluye su lamento expresando su confianza en el Señor:

"Yo, no obstante, miraré hacia el Señor, esperaré en el Dios de mi salvación: me oirá el Dios mío" (versículo 7).

La plegaria al Señor es fuente de aliento y alegría para quien ora.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio Daat.

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Síntesis del capítulo, Mijá 7

La sociedad corrompida (Versículos 1-7)

En este párrafo el profeta habla en primera persona y se contrapone al pueblo. El profeta presenta el mal estado del pueblo: "El hombre piadoso ha perecido de la tierra, y no hay ya recto entre los hombres; todos acechan la sangre, caza cada cual a su hermano con una red" (versículo 2). En contraste con ellos, él espera y ora al Señor: "Yo, sin embargo, miraré hacia el Señor, esperaré en el Dios de mi salvación: me oirá el Dios mío" (versículo 7).

La derrota del enemigo y la redención de Israel (Versículos 8-13)

Al comienzo del párrafo el profeta se dirige al enemigo y le dice que no se alegre de su desgracia, porque el Señor está de su lado, aunque se encuentre en tribulación: "pues si caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, el Señor será mi luz" (versículo 8). Ciertamente el Señor se enojó con el pueblo y lo castigó a causa de sus pecados, pero el Señor "defenderá mi causa y mantendrá mi derecho; Él me sacará a la luz, y yo veré Su justicia" (versículo 9). Como parte de la ejecución de la justicia, el Señor tomará venganza del enemigo: "Y la tierra será desolada con sus habitantes, con motivo del fruto de sus malas obras" (versículo 13).

Una plegaria por la redención y un ruego por la misericordia de Dios (Versículos 14-20)

El profeta Eleva una plegaria a Dios para que reine sobre Su pueblo, es decir, que lo redima y gobierne sobre ellos, tal como fue en los días de la salida de Egipto: "Pastorea a Tu pueblo con Tu cayado, el rebaño de Tu herencia, que habita solitario en la selva, en medio del Carmel; pazcan ellos en Bashán y en Guilad, como en los días de la antigüedad. Como en los días que saliste de la tierra de Egipto, le haré Yo ver maravillas" (versículos 14-15). El profeta continúa con una súplica que nos es conocida también de diversos órdenes de oración: "¿Quién es un Dios semejante a Ti, que perdona la iniquidad, y pasa por alto la transgresión del resto de Su herencia? No retiene para siempre Su ira, porque se deleita en la misericordia. Volverá a compadecerse de nosotros; sujetará nuestras iniquidades; y Tú arrojarás todos sus pecados a las profundidades del mar. Cumplirás la verdad prometida a Iaacov, la misericordia a Abraham, la cual juraste a nuestros padres desde los días de la antigüedad" (versículos 18-20).

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Síntesis del capítulo, Mijá 6

La disputa de Dios con Israel (Versículos 1-5)

El profeta llama a los montes a escuchar la disputa de Dios con Su pueblo: "¡Oigan, oh montañas, el pleito del Señor, vosotros también, oh duraderos cimientos de la tierra! Porque el Señor tiene pleito con Su pueblo, y con Israel argüirá (Su causa)" (versículo 2). Dios se pregunta y le dice al pueblo: "¡Oh pueblo Mío!, ¿qué te he hecho?, ¿y en qué te he cansado?, ¡testifica contra Mí!" (versículo 3), e inmediatamente después se recuerdan eventos del pasado en los que Dios cuidó de Israel: la salida de Egipto, Moshé, Aharón y Miriam, y la historia de Bilam y Balak. Del pasaje se desprende que Dios acusa a Israel de ingratitud.

¿Qué es lo que Dios te pide? (Versículos 6-8)

Al comienzo del pasaje, el profeta cita las palabras de un hombre de Israel: "¿Con qué me presentaré delante del Señor, y me encorvaré delante del Dios del cielo? ¿Me presentaré delante de Él con holocaustos, con becerros añales?" (versículo 6), pero el profeta declara que Dios no desea sacrificios que vayan acompañados de pecados. ¿Qué es lo que Dios sí desea? "Él te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno, y qué es lo que el Señor pide de ti; sólo hacer justicia, y amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios" (versículo 8).

Una reprimenda por la corrupción moral y social (Versículos 9-16)

En este pasaje el profeta acusa a Israel de corrupción: "¿Habrá todavía tesoros de maldad en la casa del inicuo, y la medida corta que es maldita? ¿Acaso podré yo ser puro andando con balanzas inicuas, y con el saquillo de pesas fraudulentas?" (versículos 10-11). Los pecadores serán castigados, y el profeta presenta aquí una lista de maldiciones: "Tú comerás, mas no te saciarás; y tu excremento permanecerá en medio de ti; también alcanzarás (al enemigo) mas nada librarás; y lo que librares, Yo lo entregaré a la espada. Tú sembrarás, mas no segarás; tú pisarás las aceitunas, mas no te ungirás de aceite; (pisarás) el mosto, mas no beberás el vino" (versículos 14-15). Al final del pasaje, el profeta compara el comportamiento del pueblo con los actos de Omrí y Ajav: "Porque son guardados los estatutos de Omrí, y todas las obras de la casa de Ajav, y anden en los consejos de ellos, a fin de que Yo Te haga una desolación, y a los habitantes de ella un silbido; y llevarán ustedes el oprobio de Mi pueblo" (versículo 16).

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Síntesis del capítulo, Mijá 5

La restitución de la dinastía de la Casa de David y el retorno de Israel a su tierra (Versículos 1-3)

El profeta describe cómo se levantará en Iehudá un rey de "Bet Lejem Efráta" (versículo 1). A raíz de la ascensión del rey de Iehudá, también regresarán a la tierra sus hermanos que se encuentran en el exilio: "entonces el residuo de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel" (versículo 2). El rey reinará y servirá al Señor: "él permanecerá firme, y pastoreará en la potencia del Señor, en la majestad del nombre del Señor, su Dios; y ellos habitarán seguros, porque entonces será Él engrandecido hasta los fines de la tierra" (versículo 3).

La derrota de Ashur, Asiria (Versículos 4-5)

Este párrafo se refiere al tiempo presente del profeta. El profeta describe que aunque los asirios vengan sobre Iehudá, "entonces suscitaremos contra él siete pastores, y ocho príncipes del pueblo; los cuales asolarán a espada la tierra de Ashur, y la tierra de Nimrod dentro de sus mismas puertas" (versículos 4-5), y así Iehudá se salvará de las manos de Ashur. Esta breve profecía se suma a las profecías de otros profetas que tratan sobre la salvación de Iehudá frente a la amenaza asiria.

El remanente de Iaacov (Versículos 6-8)

En este párrafo el profeta presenta dos imágenes del remanente de Iaacov en medio de los pueblos. La primera imagen es "como el rocío del Señor, como la lluvia abundante sobre la hierba, que no aguardan al hombre, ni esperan a los hijos de Adam" (versículo 6; comparer con Devarim, capítulo 32, versículo 2). La segunda imagen es "como león entre las bestias de la selva, como leoncillo entre los rebaños del ganado menor; el cual si pasa y huella, y despedaza, no hay quien lo libre" (versículo 7). El profeta cierra el párrafo con la descripción de la destrucción de los enemigos: "Tu mano se ensalzará sobre tus adversarios, y todos tus enemigos serán destruidos" (versículo 8).

La eliminación de la idolatría y la confianza en el poder (Versículos 9-14)

En el último fragmento de las profecías de salvación, el profeta describe cómo "en aquel día" el Señor eliminará y suprimirá los instrumentos de la idolatría y los símbolos de la confianza en la fortaleza y en las fuerzas externas: "Yo cortaré tus caballos de en medio de ti, y destruiré tus carros de guerra; cortaré también de tu tierra las ciudades amuralladas, y derribaré todas tus fortalezas... y en ira e indignación ejecutaré venganza contra las naciones que no han escuchado" (versículos 9-14; ccomparar con Yeshaiahu, capítulo 2, versículos 6-22).

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