Síntesis del capítulo, Najum 2

La redención de Ieudá y la caída del enemigo (Versículos 1-3)

El pasaje se abre con una descripción de la redención de Iehudá: "He aquí sobre las montañas los pies del portador de albricias (buenas noticias), que proclama la paz: Celebra, oh Iehudá, tus fiestas, cumple tus votos, porque no volverá más a pasar por ti aquel perverso, él ha sido completamente destruido" (1). El profeta establece un contraste entre Iehudá y los enemigos. Los enemigos sufrirán su castigo: "El devastador, (oh Ninvé), ha subido delante de tu rostro; guarda la fortaleza, vigila el camino, refuerza los lomos, acrecienta mucho tu poder" (2), mientras que Israel será redimido: "Porque el Señor restaurará la gloria de Iaacov, así como la gloria de Israel; pues que los saqueadores los han saqueado, y han destruido sus mugrones (ramas jóvenes de un árbol)" (3).

La guerra contra Ninvé (Nínive) Versículos 4-11

 En este pasaje el profeta describe a los enemigos que ascienden contra Nínive: "El escudo de sus héroes es rojo; los valientes guerreros (están vestidos) de escarlata: los carros de guerra centellean como fuego de antorchas en el día de su preparación (a la campaña); vibran las lanzas. Los carros corren locamente por las calles; discurren veloces por las plazas; su parecer es como de antorchas; corren como relámpagos" (4-5). Uno de los medios para combatir a Nínive es su inundación mediante la apertura de los diques: "Las compuertas de los ríos están abiertas, y el palacio se deshace" (7). El profeta invita a los enemigos a saquear Nínive: "¡Saqueen la plata, saqueen el oro!, pues no hay fin de los tesoros, que están llenos de toda suerte de objetos preciosos" (10).

La caída de Nínive (Versículos 12-14)

Este pasaje comienza con preguntas retóricas, características del género de la elegía: "¿Dónde está ahora la guarida de los leones, y la madriguera de los leoncillos; donde se paseaban el león y la leona, y el cachorro del león, sin que nadie les infundiese espanto? El león destrozaba lo suficiente para sus cachorros, y ahogaba para sus leonas; llenando sus cuevas de rapiña, y sus guaridas de presa" (12-13). En apariencia el profeta entona una elegía por la caída del "león", el rey de Ashur, Asiria, que en el pasado era poderoso y gozaba de gran prestigio. Pero en realidad su propósito es describir la magnitud de su derrota. En el versículo final el profeta pasa a explicar el sentido de la parábola: "¡He aquí contra ti, dice el Señor de los ejércitos; y quemaré reduciendo a humo sus carros de guerra, y a tus leoncillos los devorará la espada; y cortaré de la tierra tu rapiña; y no será oída más la voz de tus mensajeros!" (14).

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Síntesis del capítulo, Najum 1

Del encabezado del libro es difícil aprender mucho sobre la época de Najum. El único detalle histórico mencionado en el encabezado es la referencia a la ciudad de Nínive, a partir de la cual cabe fechar a Najum en la época del Imperio Neoasirio, aunque es difícil precisar la datación. En las propias profecías hay una alusión al marco cronológico de la actividad del profeta. El profeta menciona la destrucción de No-Amón (capítulo 3, versículos 8-10), que ocurrió en el año 663 a.e.c. Así, aunque no sabemos cuánto tiempo profetizó Najum, podemos fechar su actividad en un intervalo de 50 años, entre el 663 a.e.c. y el 612 a.e.c., año en que cayó Nínive (es decir, desde los días de Menashé hasta el final de los días de Yoshiahu).

La venganza de Dios contra sus enemigos (Versículos 2-8)

El pasaje se inicia con la mención de algunos de los trece atributos: "Dios celoso y vengador es el Señor, vengador es el Señor, e iracundo. El Señor ejecuta venganzas en Sus adversarios, y guarda la ira para Sus enemigos. El Señor es lento en iras y grande en poder, y de ningún modo deja impune. ¡El Señor tiene Su camino en el torbellino y en la tempestad, y las nubes son el polvo de Sus pies!" (versículos  2-3). El profeta describe la fortaleza del Señor para presentar la magnitud de Su venganza contra los enemigos: "Delante de Su indignación ¿quién podrá estar de pie? Y ¿quién aguantará el ardor de Su ira? ¡Se derrama como fuego Su enojo, y los peñascos se despedazan ante Él!" (versículo 6). La revelación poderosa del Señor destruye, quiebra y toma venganza de Sus enemigos, pero al mismo tiempo protege a quienes se refugian en Él: "El Señor es bueno, fortaleza es en el día de aflicción, y conoce a los que confían en Él" (versículo 7).

Iehudá y el enemigo (Versículos 9-14)

Este pasaje es complejo y algo difícil de comprender, principalmente porque no siempre queda claro a quién se dirige el profeta. Así, por ejemplo, al inicio del pasaje el profeta dice: "¿Qué es lo que imaginan contra el Señor? Él hará destrucción completa; no se levantará la aflicción segunda vez" (versículo 9). No queda claro si el profeta se dirige al enemigo o a Iehudá. Además, es preciso entender si "no se levantará la aflicción segunda vez" se refiere al enemigo — en cuyo caso el significado sería que el Señor golpeará al enemigo una sola vez y se vengará de él —, o si la intención es referida a Iehudá — en cuyo caso el significado sería que el Señor no volverá a golpear a Iehudá, y por eso el enemigo no logrará su propósito.

En cualquier caso, el significado del pasaje en su conjunto es anunciar el fracaso del enemigo: "sino que ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus coyundas (correas fuertes de cuero o soga)" (versículo 13), y además el Señor destruirá los ídolos del enemigo: "Pero el Señor ha dado mandamiento respecto de ti, que no quede más memoria de tu nombre; de la casa de tus dioses destruiré las esculturas y las imágenes fundidas; Yo prepararé tu sepultura, porque eres vil" (versículo 14).

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Síntesis del capítulo, Javakuk 3

Nuestro capítulo está definido como una "oración de Javakuk" — es decir, un salmo. El salmo se divide en tres partes. Se abre con una descripción de la grandeza del Señor que enhebra todo el salmo en torno a un único tema: "¡Señor, he oído la fama de Ti, (y) estoy atemorizado! ¡Oh Señor, aviva Tu obra en medio de los años, en medio de los años date a conocer, en la ira acuérdate de la misericordia." (2)

La revelación del Señor en el Sinaí (3-7)

En este párrafo se describe la revelación del Señor de manera similar a la revelación en el monte Sinaí: "¡Viene Dios desde Temán, y el Santo desde el monte Parán: Su gloria cubre los cielos, y la tierra se llena de Su alabanza!" La revelación del Señor se describe como un acontecimiento grande y poderoso: "Se paró e hizo vacilar la tierra; echó una mirada, e hizo estremecer a las naciones; Se hendieron las montañas sempiternas, se hundieron los collados eternos; ¡Suyos son los senderos de la eternidad!" (6), e incluso provoca que los pueblos de la región sufran sus efectos: "¡Veo las tiendas de Kushán en aflicción; se estremecen las tiendas de la tierra de Midyán!" (7)

El dominio del Señor sobre las aguas (8-15)

Este párrafo trata sobre el dominio del Señor sobre el mar. La guerra del Señor contra el mar aparece en varios textos bíblicos, principalmente en la literatura profética y sálmica. Esta batalla del Dios de Israel contra el mar aparece en la Biblia como parte de una polémica contra los mitos paganos de la región. Muchos pueblos del entorno poseían un mito en el que un dios combate contra el mar. Dicho mito describe por lo general una batalla difícil y compleja, al cabo de la cual el dios vence y es coronado como dios supremo. A diferencia de lo que ocurre con los ídolos, la batalla del Señor contra el mar no es ardua, pues Él domina el mar sin dificultad: "¿Está enojado el Señor con los ríos? ¿O (se enciende) contra los ríos Tu indignación, o contra el mar el desborde de Tu ira, para que cabalgues sobre Tus caballos, sobre Tus carros de salvación?" (8), y asimismo: "¡Te ven las montañas y se estremecen; los ríos, y se desvían; el abismo da su voz y levanta en alto sus manos." (10)

La angustia y la confianza en el Señor (16-19)

Tras haberse evocado dos grandes acontecimientos que refuerzan la grandeza del Señor en el mundo, el salmo pasa a ocuparse de la tribulación presente. La angustia se describe como una severa sequía: "Pues la higuera no rebrotará, y no habrá fruto en la vid; faltará el producto del olivo, y los campos no producirán alimentos, el ganado menor será destruido del aprisco, y no habrá ganado vacuno en los establos." (17) Pero a pesar de la dificultad, el hablante da testimonio de sí mismo como alguien que permanece firme y confiado en el Señor: "Pero yo me regocijaré en el Señor, y me alegraré en el Dios de mi salvación. ¡El Dios, mi Señor es mi fuerza, y pone mis pies como los de las ciervas, y Él me hará andar sobre mis alturas! Al director de canto; sobre mis instrumentos de cuerdas." (18-19)

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Síntesis del capítulo, Javakuk 2

La respuesta de Dios a la queja del Profeta (Versículos 1-5)

Javakuk da testimonio de sí mismo diciendo que está firme en su puesto y aguarda la palabra del Señor: "estaré alerta para ver qué me dirá Él, y qué responderá tocante a mi queja" (versículo 1). El Señor le responde: "Escribe la visión, y grábala sobre tablas" (versículo  2). El Señor aclara al profeta que existe justicia en el mundo, pero hay que aguardar con paciencia su manifestación: "aunque tardare, aguárdala, porque de seguro vendrá, no tardará" (versículo 3).

Cánticos de duelo y reprimenda sobre los caldeos (Versículos 6-20)

Este pasaje contiene cinco estrofas poéticas breves. Cada una de ellas se abre con la palabra "¡Ay!", y se burla de los caldeos o reprende su conducta inmoral. Cabe señalar que en todo el pasaje no hay mención explícita de los caldeos.

La primera estrofa (versículos 6-8) subraya la violencia de los caldeos: "Por cuanto tú has saqueado a muchas naciones, todo el residuo de los pueblos te saquearán a ti, a causa de (tu derramada) sangre humana, y de la violencia (hecha) a la tierra, a la ciudad, y a cuantos habitan en ella" (versículo 8).

La segunda estrofa (versículos 9-11) trata de la "mala ganancia", es decir, el dinero ilegítimo que los caldeos ocultaron en su casa creyendo que todo quedaría en orden. Pero al final este acto recaerá sobre ellos: "Tú has tramado la afrenta para tu casa, destruyendo a muchos pueblos, y pecando así contra tu misma vida, porque la piedra clama (a Dios) desde el muro, y la viga desde el maderaje le responde en coro" (versículos 10-11).

La tercera estrofa (versículos 12-14) menciona el pecado de construir a costa del daño ajeno: "¡Ay de aquel que edifica una ciudad con sangre, y funda una villa con iniquidad!" Los versículos 13-14 no forman parte del núcleo de la estrofa, sino que constituyen un pasaje profético sobre la grandeza del Señor y la insignificancia de las naciones: "que los pueblos se fatiguen sólo para el fuego, y las naciones se cansen en balde... ¡Porque la tierra estará llena de conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren el mar!" (versículos 13-14).

La cuarta estrofa (versículos 15-17) presenta la parábola de la embriaguez: el malvado que hace beber a su prójimo para poder gloriarse de su vergüenza cuando está ebrio. Del final de la estrofa se desprende que la referencia es a los caldeos y al mal que les sobrevendrá: "Porque la violencia (hecha) al Líbano te cubrirá, y la destrucción de las bestias que las ha roto, a causa de la (derramada) sangre humana, y de la violencia (hecha) a la tierra, a la ciudad y a cuantos en ella habitan" (versículo 17).

La quinta estrofa (versículos 18-20) difiere de las anteriores, pues es una profecía de reprensión que no incluye elegía ni los pecados de los caldeos. En ella el profeta se burla de los adoradores de ídolos: "¿De qué aprovecha la escultura que su artífice la ha esculpido; también la imagen fundida que enseña mentiras, para que haciendo ídolos mudos, el hacedor confíe en su propia hechura?" (versículo 18), y subraya la grandeza del Señor frente a los ídolos: "El Señor, empero, está en Su santo templo: ¡guarde silencio delante de Él toda la tierra!" (versículo 20).

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Síntesis del capítulo, Javakuk 1

Javakuk capítulo 1

En el encabezado del libro (1) no se presentan datos históricos que nos ayuden a fechar la época de actividad de Javakuk. La pista significativa es la mención de los "kasditas" en el capítulo 1, que son los babilonios: "Pues he aquí que voy a levantar a los kasditas, nación furiosa e impetuosa, la cual anda por la anchura de la tierra, para posesionarse de moradas que no son suyas" (6). Así parece que Javakuk debe fecharse en la bisagra entre la caída de Ashur, Asiria y el ascenso de Bavel, Babilonia.

La queja del profeta (Versículos 2-4)

El profeta se queja ante Dios: "¿Hasta cuándo, oh Señor, he de clamar, sin que oigas, daré voces a Ti, a causa de la violencia, sin que salves?" (2). El profeta se queja de la injusticia que ve en el mundo, por causa de la cual "sale el derecho pervertido" (4).

El ascenso de los kasditas, caldeos (Versículos 5-11)

El profeta describe el ascenso de los kasditas, sus numerosas conquistas y su crueldad: "Formidable y terrible es; y de ella misma procede su derecho y su dignidad... Vienen todos ellos para hacer violencia; sus rostros están fijados hacia adelante; recogen cautivos como arena. Y se mofa de los reyes, y príncipes le son objeto de irrisión; se ríe de toda fortaleza; pues amontona tierra y la toma" (7-10). Es razonable suponer que esta es la injusticia de la que se queja el profeta.

Otras quejas del profeta (Versículos 12-17)

Al inicio el profeta responde a las palabras de Dios: "¿No eres Tú desde la eternidad, oh Señor, mi Dios, el Santo mío?" — es decir, Tú eres Dios, y no los kasditas, y por ello el profeta pide "No nos dejes perecer" a manos de los kasditas. A continuación el profeta añade argumentos adicionales. En el versículo 13 retoma el primer argumento: "Tú eres de ojos demasiado puros para mirar el mal, ni puedes contemplar la iniquidad; ¿por qué, pues, contemplas a los pérfidos, y guardas silencio mientras el inicuo se traga al que es más justo que él" — ¿cómo puede Dios, de ojos puros, contemplar el mal? ¿Por qué observa los actos de los kasditas-malvados y guarda silencio? En los versículos 14-17 el profeta compara a los kasditas con pescadores que atrapan peces sin piedad, y los peces no tienen manera de defenderse de ellos: "A todos ellos los saca con anzuelo, los arrastra con su esparavel (una red redonda para pescar), y los junta en su red barredera (red de pesca con malla estrecha), por lo cual se regocija y está alegre" (15).

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La menorá, el espíritu y el simbolo del Estado de Israel

En Janucá, el Shabat, leemos la haftará del libro de Zejariá, capítulo 4, la visión de la menorá, en la que el profeta Zejariá describe lo que ve:

"He aquí, que he visto un candelabro todo de oro con la vasija en la parte superior, y sus siete lámparas encima, con siete tubos para las lámparas que tiene arriba; y junto a él dos olivos, uno a la derecha de la vasija y el otro a la izquierda." (Zejariá 4:2-3)

El profeta no comprende el significado de la visión y pregunta al ángel. Entonces recibe la respuesta:

"Esta es la palabra del Señor a Zerubabel: 'No por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu', dice el Señor de los ejércitos." (Zejariá 4:6)

¿Qué tiene de especial la visión de la menorá que contempla el profeta Zejariá? ¿Y cuál es la conexión entre esa visión y el concepto tan significativo de "no por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos"?

En primer lugar, digamos que la menorá en sí misma simboliza el espíritu, la luz, el aceite, la sabiduría. Pero aquí hay algo que va más allá de eso. En la visión que contempla el profeta Zejariá, los olivos son prensados y el aceite que de ellos fluye llena la menorá y la mantiene encendida de manera continua, de modo que la menorá opera milagrosamente, encendida todo el tiempo. Así lo explica el propio profeta cuando el ángel le aclara el significado de los dos olivos:

"Entonces hablé, y le dije: ¿Qué son estos dos olivos a la derecha y a la izquierda del candelabro? Hablé por segunda vez, y le dije: ¿Qué son las dos ramas de olivo que están junto a los dos tubos de oro, que vierten de sí el aceite dorado? Y me respondió, diciendo: ¿Acaso no sabes qué son éstos? Y dije: No, señor mío. Entonces él dijo: Estos son los dos ungidos que están de pie delante del Señor de toda la tierra." (Zejariá 4:11-14)

Lo que en realidad subyace en estas palabras es el siguiente mensaje a los dos líderes, Zerubabel e Ieshúa, simbolizados por los dos olivos: deben saber que Dios, está detrás de ellos. "No por la bravura ni por la fuerza" — no deben preocuparse por no tener suficiente ejército ni suficiente fuerza — "sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos": el Eterno les dará la fortaleza a través del espíritu, y así podrán avanzar.

Cuando se fundó el Estado de Israel, se reunió una comisión para elegir su símbolo. Era evidente que debía tener una dimensión espiritual y un significado histórico. Al mismo tiempo, una parte de los miembros de la comisión exigía que hubiera también una expresión liberal y secular. Se presentaron distintas propuestas.

Muchos propusieron que en el centro figurara una menorá — lo que tenía también un valor simbólico, pues aquella menorá del Arco de Tito que simboliza la destrucción ahora se convertiría en una menorá que simboliza el retorno. Pero debían decidir qué iría a sus lados. Una de las propuestas fue siete estrellas, en alusión a las palabras de Herzl, quien decía que las estrellas simbolizan las horas de trabajo — una expresión del mundo de la acción y del trabajo.

Otros propusieron — y esa fue la propuesta que prevaleció — colocar dos olivos, uno a la derecha de la menorá y otro a su izquierda, para expresar la aspiración a la paz del pueblo de Israel. Y así quedó establecido: una menorá y dos olivos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Pero en realidad, hay aquí una voluntad divina que opera detrás de los hechos. Porque la imagen del símbolo del Estado de Israel — menorá y dos olivos, uno a la derecha y otro a la izquierda — es exactamente la profecía descripta por el profeta Zejariá. Los miembros de aquella comisión tenían la intención de expresar la síntesis entre lo sagrado y lo secular, entre el mundo religioso y el mundo liberal y universal. Y a través de ellos tomó forma un símbolo que refleja la voluntad divina: el Estado de Israel será un Estado fundado en el espíritu:

"No por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos." (Zejariá 4:6)

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El despertar del espíritu: Jagai y la construcción del 2do Templo

En el año 539 antes de la era común, Koresh, rey de Persia, demostró su magnanimidad, su disposición y su voluntad de permitir que los judíos regresaran a la Tierra de Israel y reconstruyeran el Templo. Fue en ese mismo año en que conquistó y venció a Babilonia — aquella Babilonia que había destruido el Templo 52 años antes — y ahora Koresh abría las puertas del retorno y de la reconstrucción. Sin embargo, el Templo no se edificó de inmediato.

Pasarían cerca de 20 años hasta que el Templo fuera construido, y no bajo el reinado de Koresh, sino bajo el de Darío. ¿Qué demoró la construcción durante esas casi dos décadas? Hubo razones políticas y diplomáticas: los adversarios de Yehudá y Biniamín obstaculizaron la obra, y se sumaron diversas dificultades prácticas para edificar. Existía también una moral baja entre los olim, los que habían regresado a la tierra de Israel; no regresaron en grandes multitudes, y sus capacidades eran limitadas.

Al parecer, en algún momento se instaló cierta negligencia, una falta de voluntad y de motivación. Sobre ello nos instruye el profeta Jagai. Dice el profeta Jagai en el capítulo 1, versículo 4:

"¿Acaso es tiempo para que vosotros habitéis en vuestras casas revestidas mientras esta casa está destruida?" (Jagai 1:4)

Ya comprendemos que la gente había comenzado a construir sus propias viviendas — casas que ya empezaban a ser lo suficientemente cómodas, en las que uno se sentía a resguardo — mientras el Templo permanecía en ruinas.

Ante esta realidad, el profeta Jagai convoca, alienta y fortalece a los líderes del retorno, Zerubabel y Ieshúa ben Iotzadac, para que se levanten y edifiquen el Templo. Los ilumina — esa es la expresión — los ilumina y les otorga fuerzas para actuar, como está escrito en Jagai 1:13-14:

"Entonces Jagai, ángel del Señor, por mandato del Señor, habló al pueblo, diciendo: 'Yo estoy con vosotros dice el Eterno'. Y despertó el Señor el espíritu de Zerubabel hijo de Shealtiel, gobernador de Yehudá, y el espíritu de Ieshúa hijo de Iotzadac el sumo sacerdote, y el espíritu de todo el remanente del pueblo. Y vinieron y comenzaron la obra en la casa del Señor de los Ejércitos, su Dios." (Jagai 1:13-14)

Y más adelante, el profeta Jagai les promete:

"La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, dice el Señor de los Ejércitos; y en este lugar daré paz, declara el Señor de los Ejércitos." (Jagai 2:9)

Los fortalece, ilumina su espíritu. El concepto que se repite aquí es el del despertar del espíritu. Conocemos este concepto también desde el comienzo del libro de Ezrá:

"En el año primero de Koresh rey de Persia, para que se cumpliese la palabra del Eterno por boca de Irmiahú, despertó el Eterno el espíritu de Koresh rey de Persia, el cual hizo pasar pregón por todo su reino." (Ezrá 1:1)

Y sobre el papel de los profetas Jagai y Zejariá en el impulso hacia la edificación del Templo, aprendemos también del libro de Ezrá:

"Y profetizaron Jagai el profeta y Zejariá hijo de Idó, profetas, a los judíos que estaban en Yehudá y en Yerushaláim, en el nombre del Dios de Israel que estaba sobre ellos." (Ezrá 5:1)

Esos profetas profetizaron y despertaron a Israel para retomar la construcción del Templo. La misión del profeta Jagai — la misión de los profetas en general — era despertar el espíritu, sacar al pueblo de la comodidad y de la complacencia, para edificar el Templo. Y así ocurrió en verdad en la época del Segundo Templo.

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Dependencia únicamente en Dios

Mijá describe la destrucción de los recursos militares de Israel, pero no como castigo sino como bendición. ¿En qué consiste esa bendición?

El versículo 6 promete consuelo al remanente de Israel, pero su núcleo no es el lugar al que habrán de regresar, ni la descripción de la realidad que reinará en Ierushalaim en el tiempo de la redención, ni el alivio del yugo de la sujeción a las naciones en sí mismo, sino que el consuelo consiste en que Israel ya no dependerá de carne y sangre. Aunque estén en medio de los pueblos, su conducta estará liberada de la dependencia de las naciones y estará signada por "que no aguardan al hombre, ni esperan a los hijos de Adam" (versículo 6).

El versículo siguiente continúa esta línea. Su tema no es únicamente que Israel se vengará de sus enemigos, sino también el énfasis en la independencia, pues el león no está sujeto a las limitaciones a las que están sujetas las demás bestias. El versículo 6 describe a Israel viviendo en medio de las naciones, donde la cultura anfitriona es la dominante y la poderosa, mientras que el versículo 7 profetiza una realidad inversa. Sin embargo, el denominador común es que ambos desvinculan a Israel de consideraciones políticas y hacen depender su seguridad de elevar los ojos y el corazón a lo alto.

Los versículos siguientes continúan esta línea. El versículo 9 comienza con una promesa de consuelo sumamente paradójica: la destrucción de los recursos militares de Israel. ¡Se acabaron los caballos y los carros de guerra, y se acabaron las fortalezas y las ciudades! "cortaré también de tu tierra las ciudades amuralladas, y derribaré todas tus fortalezas" (versículo 10).

¿Ésa es la bendición prometida a Israel?

Naturalmente, lo esencial del asunto no es la destrucción de los recursos sino la creación de una situación de dependencia de Dios, y el llevar a Israel al reconocimiento de que su salvación vendrá por la confianza en el Santo, bendito sea, y el apoyo en Él, y no por el factor militar. El Radak (Rabí David Kimhi) subraya que las fortalezas serán destruidas porque ya no habrá necesidad de ellas: "y no necesitarán muralla porque habrá paz entre ellos y no habrá contienda entre los hombres", y el beneficio de esta realidad es que "el asentamiento en aldeas abiertas es mejor para la salud del cuerpo que en ciudades amuralladas y urbes". Naturalmente, lo esencial del profeta al hablar de la destrucción de las fortalezas y el desarme del país no es el bienestar material sino la creación de un clima espiritual de dependencia de Dios. En efecto, la continuación de los versículos no enfatiza la redención misma sino el proceso de remoción de los obstáculos espirituales en los que Israel se halla inmerso.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Gentileza sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

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Una armadura ilusoria

Los líderes del pueblo creyeron que la voluntad del Señor de preservar Su Templo para el pueblo y la tierra les otorgaba legitimidad para actuar en la casa de Dios como si fuera la suya propia. Pero se equivocaron.

La concepción idólatra prevaleciente de que la grandeza de un dios se manifiesta en el estatus del pueblo y el territorio sobre el que gobierna, llevó a todos los líderes del pueblo a la conclusión de que, aunque hicieran todo lo que se les antojara, el Señor protegería Su santuario, Su ciudad y Su pueblo, sin pedirles cuentas.

Por ello, los líderes de la casa de Iaacov y los dirigentes de la casa de Israel no tuvieron reparo en oprimir y explotar al pueblo que debían guiar con sensibilidad y honestidad. Creyeron equivocadamente que la voluntad del Señor de preservar Su lugar en el mundo era una armadura suficiente. Una que protege incluso frente a las injusticias y los crímenes. Una armadura que los protegería de la necesidad de pagar un precio personal por la explotación y el desprecio. Una armadura ilusoria.

Por ello también los profetas hicieron errar al pueblo, dieron profecías que no recibieron, y describieron un futuro para el pueblo en lugar de transmitir la palabra del Señor. Creyeron equivocadamente que el hecho de hablar en nombre del Señor en un entorno que en su totalidad adoraba ídolos era una armadura suficiente. Una que otorga inmunidad incluso frente a la rendición de cuentas divina con quienes llevan Sus palabras a los seres humanos. Una armadura ilusoria que en realidad no resiste ante profetas que dicen en nombre del Señor cosas que nunca ocurrieron ni fueron dichas.

Por ello también los Cohanim, sacerdotes, enseñaban la distinción entre lo impuro y lo puro a cambio de pago, creyendo que el Templo del Señor era inviolable. Creyeron equivocadamente que la voluntad del Señor de guardar Su Templo para el pueblo y la tierra les daba legitimidad para actuar en la casa del Señor como si fuera la suya propia. Pensaron que eran inviolables junto con el Santuario, protegidos frente a la destrucción.

Mijá vino a proclamar:

"¡A causa de vosotros,

 Tzión será arada como un campo,

y Ierushalaim vendrá a ser montón de ruinas,

 y el monte del templo, como altos cubiertos de bosque!" (versículo 12)

El estatus del Dios de Israel está garantizado incluso sin Su ciudad o Su Santuario, e incluso cuando Su pueblo es desterrado de su tierra. Pero el vuestro, líderes del pueblo, ya no lo está.


Gentileza sitio 929.

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Un zorro en el Kodesh HaKodashim (Santa Sanctorum)

"Por tanto a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo y Ierushalaim vendrá a ser un montón de ruinas y el monte del Templo como altos cubiertos de bosque” (Mijá, capítulo 3, versículo 12)   

Talmud Bavlí (Babilónico), Tratado de Makot, folio 24a

Una vez subían a Ierushalaim, y cuando llegaron al monte de los Olivos rasgaron sus vestiduras. Cuando llegaron al monte del Templo, vieron un zorro que salía del lugar del Santa Sanctorum, el Kodesh HaKodashim; ellos comenzaron a llorar y Rabí Akiva se reía. Le dijeron: ¿Por qué te ríes? Les dijo: ¿Por qué ustedes lloran? Le dijeron: ¡Un lugar del que está escrito "el profano que se acerque habrá de ser muerto" (Bamidbar, capítulo 18, versículo 7), y ahora zorros caminan por él, ¿y no lloraremos?!

Les dijo: Por eso mismo me río, pues está escrito: "y yo me tomé por testigos fidedignos, a Uriá, sacerdote, y a Zejariahu, hijo de Yeverejiahu" (Yeshaiahu, capítulo 8, versículo 2). ¿Y qué tiene que ver Uriá con Zejariá? ¡Uriá es del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo y Zejariá del Segundo! Sino que el texto bíblico vinculó la profecía de Zejariá a la profecía de Uriá: de Uriá está escrito "Por tanto, a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo" (Mijá, capítulo 3, versículo 12); de Zejariá está escrito: "Aún se sentarán ancianos y ancianas en las calles de Ierushalaim" (Zejariá, capítulo 8, versículo 4). Mientras no se hubiera cumplido la profecía de Uriá, yo temía que no se cumpliera la profecía de Zejariá; ahora que se cumplió la profecía de Uriá, es seguro que se cumplirá la profecía de Zejariá.

Con estas palabras le dijeron: ¡Akiva, nos has consolado! ¡Akiva, nos has consolado!

[Los autores de los Tosafot comentan: "De Uriá está escrito: Por tanto, a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo" — y es difícil, pues en todo el texto bíblico no encontramos este versículo entre las profecías de Uriá, sino entre las profecías de Mijá el Morashtita... esto implica que Uriá habló igual que Mijá, y lo que de calamidad habló Mijás — ese es este versículo, y es como lo que habló Uriá.]

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