Síntesis del capítulo, Javakuk 1

Javakuk capítulo 1

En el encabezado del libro (1) no se presentan datos históricos que nos ayuden a fechar la época de actividad de Javakuk. La pista significativa es la mención de los "kasditas" en el capítulo 1, que son los babilonios: "Pues he aquí que voy a levantar a los kasditas, nación furiosa e impetuosa, la cual anda por la anchura de la tierra, para posesionarse de moradas que no son suyas" (6). Así parece que Javakuk debe fecharse en la bisagra entre la caída de Ashur, Asiria y el ascenso de Bavel, Babilonia.

La queja del profeta (Versículos 2-4)

El profeta se queja ante Dios: "¿Hasta cuándo, oh Señor, he de clamar, sin que oigas, daré voces a Ti, a causa de la violencia, sin que salves?" (2). El profeta se queja de la injusticia que ve en el mundo, por causa de la cual "sale el derecho pervertido" (4).

El ascenso de los kasditas, caldeos (Versículos 5-11)

El profeta describe el ascenso de los kasditas, sus numerosas conquistas y su crueldad: "Formidable y terrible es; y de ella misma procede su derecho y su dignidad... Vienen todos ellos para hacer violencia; sus rostros están fijados hacia adelante; recogen cautivos como arena. Y se mofa de los reyes, y príncipes le son objeto de irrisión; se ríe de toda fortaleza; pues amontona tierra y la toma" (7-10). Es razonable suponer que esta es la injusticia de la que se queja el profeta.

Otras quejas del profeta (Versículos 12-17)

Al inicio el profeta responde a las palabras de Dios: "¿No eres Tú desde la eternidad, oh Señor, mi Dios, el Santo mío?" — es decir, Tú eres Dios, y no los kasditas, y por ello el profeta pide "No nos dejes perecer" a manos de los kasditas. A continuación el profeta añade argumentos adicionales. En el versículo 13 retoma el primer argumento: "Tú eres de ojos demasiado puros para mirar el mal, ni puedes contemplar la iniquidad; ¿por qué, pues, contemplas a los pérfidos, y guardas silencio mientras el inicuo se traga al que es más justo que él" — ¿cómo puede Dios, de ojos puros, contemplar el mal? ¿Por qué observa los actos de los kasditas-malvados y guarda silencio? En los versículos 14-17 el profeta compara a los kasditas con pescadores que atrapan peces sin piedad, y los peces no tienen manera de defenderse de ellos: "A todos ellos los saca con anzuelo, los arrastra con su esparavel (una red redonda para pescar), y los junta en su red barredera (red de pesca con malla estrecha), por lo cual se regocija y está alegre" (15).

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La menorá, el espíritu y el simbolo del Estado de Israel

En Janucá, el Shabat, leemos la haftará del libro de Zejariá, capítulo 4, la visión de la menorá, en la que el profeta Zejariá describe lo que ve:

"He aquí, que he visto un candelabro todo de oro con la vasija en la parte superior, y sus siete lámparas encima, con siete tubos para las lámparas que tiene arriba; y junto a él dos olivos, uno a la derecha de la vasija y el otro a la izquierda." (Zejariá 4:2-3)

El profeta no comprende el significado de la visión y pregunta al ángel. Entonces recibe la respuesta:

"Esta es la palabra del Señor a Zerubabel: 'No por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu', dice el Señor de los ejércitos." (Zejariá 4:6)

¿Qué tiene de especial la visión de la menorá que contempla el profeta Zejariá? ¿Y cuál es la conexión entre esa visión y el concepto tan significativo de "no por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos"?

En primer lugar, digamos que la menorá en sí misma simboliza el espíritu, la luz, el aceite, la sabiduría. Pero aquí hay algo que va más allá de eso. En la visión que contempla el profeta Zejariá, los olivos son prensados y el aceite que de ellos fluye llena la menorá y la mantiene encendida de manera continua, de modo que la menorá opera milagrosamente, encendida todo el tiempo. Así lo explica el propio profeta cuando el ángel le aclara el significado de los dos olivos:

"Entonces hablé, y le dije: ¿Qué son estos dos olivos a la derecha y a la izquierda del candelabro? Hablé por segunda vez, y le dije: ¿Qué son las dos ramas de olivo que están junto a los dos tubos de oro, que vierten de sí el aceite dorado? Y me respondió, diciendo: ¿Acaso no sabes qué son éstos? Y dije: No, señor mío. Entonces él dijo: Estos son los dos ungidos que están de pie delante del Señor de toda la tierra." (Zejariá 4:11-14)

Lo que en realidad subyace en estas palabras es el siguiente mensaje a los dos líderes, Zerubabel e Ieshúa, simbolizados por los dos olivos: deben saber que Dios, está detrás de ellos. "No por la bravura ni por la fuerza" — no deben preocuparse por no tener suficiente ejército ni suficiente fuerza — "sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos": el Eterno les dará la fortaleza a través del espíritu, y así podrán avanzar.

Cuando se fundó el Estado de Israel, se reunió una comisión para elegir su símbolo. Era evidente que debía tener una dimensión espiritual y un significado histórico. Al mismo tiempo, una parte de los miembros de la comisión exigía que hubiera también una expresión liberal y secular. Se presentaron distintas propuestas.

Muchos propusieron que en el centro figurara una menorá — lo que tenía también un valor simbólico, pues aquella menorá del Arco de Tito que simboliza la destrucción ahora se convertiría en una menorá que simboliza el retorno. Pero debían decidir qué iría a sus lados. Una de las propuestas fue siete estrellas, en alusión a las palabras de Herzl, quien decía que las estrellas simbolizan las horas de trabajo — una expresión del mundo de la acción y del trabajo.

Otros propusieron — y esa fue la propuesta que prevaleció — colocar dos olivos, uno a la derecha de la menorá y otro a su izquierda, para expresar la aspiración a la paz del pueblo de Israel. Y así quedó establecido: una menorá y dos olivos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Pero en realidad, hay aquí una voluntad divina que opera detrás de los hechos. Porque la imagen del símbolo del Estado de Israel — menorá y dos olivos, uno a la derecha y otro a la izquierda — es exactamente la profecía descripta por el profeta Zejariá. Los miembros de aquella comisión tenían la intención de expresar la síntesis entre lo sagrado y lo secular, entre el mundo religioso y el mundo liberal y universal. Y a través de ellos tomó forma un símbolo que refleja la voluntad divina: el Estado de Israel será un Estado fundado en el espíritu:

"No por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos." (Zejariá 4:6)

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El despertar del espíritu: Jagai y la construcción del 2do Templo

En el año 539 antes de la era común, Koresh, rey de Persia, demostró su magnanimidad, su disposición y su voluntad de permitir que los judíos regresaran a la Tierra de Israel y reconstruyeran el Templo. Fue en ese mismo año en que conquistó y venció a Babilonia — aquella Babilonia que había destruido el Templo 52 años antes — y ahora Koresh abría las puertas del retorno y de la reconstrucción. Sin embargo, el Templo no se edificó de inmediato.

Pasarían cerca de 20 años hasta que el Templo fuera construido, y no bajo el reinado de Koresh, sino bajo el de Darío. ¿Qué demoró la construcción durante esas casi dos décadas? Hubo razones políticas y diplomáticas: los adversarios de Yehudá y Biniamín obstaculizaron la obra, y se sumaron diversas dificultades prácticas para edificar. Existía también una moral baja entre los olim, los que habían regresado a la tierra de Israel; no regresaron en grandes multitudes, y sus capacidades eran limitadas.

Al parecer, en algún momento se instaló cierta negligencia, una falta de voluntad y de motivación. Sobre ello nos instruye el profeta Jagai. Dice el profeta Jagai en el capítulo 1, versículo 4:

"¿Acaso es tiempo para que vosotros habitéis en vuestras casas revestidas mientras esta casa está destruida?" (Jagai 1:4)

Ya comprendemos que la gente había comenzado a construir sus propias viviendas — casas que ya empezaban a ser lo suficientemente cómodas, en las que uno se sentía a resguardo — mientras el Templo permanecía en ruinas.

Ante esta realidad, el profeta Jagai convoca, alienta y fortalece a los líderes del retorno, Zerubabel y Ieshúa ben Iotzadac, para que se levanten y edifiquen el Templo. Los ilumina — esa es la expresión — los ilumina y les otorga fuerzas para actuar, como está escrito en Jagai 1:13-14:

"Entonces Jagai, ángel del Señor, por mandato del Señor, habló al pueblo, diciendo: 'Yo estoy con vosotros dice el Eterno'. Y despertó el Señor el espíritu de Zerubabel hijo de Shealtiel, gobernador de Yehudá, y el espíritu de Ieshúa hijo de Iotzadac el sumo sacerdote, y el espíritu de todo el remanente del pueblo. Y vinieron y comenzaron la obra en la casa del Señor de los Ejércitos, su Dios." (Jagai 1:13-14)

Y más adelante, el profeta Jagai les promete:

"La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, dice el Señor de los Ejércitos; y en este lugar daré paz, declara el Señor de los Ejércitos." (Jagai 2:9)

Los fortalece, ilumina su espíritu. El concepto que se repite aquí es el del despertar del espíritu. Conocemos este concepto también desde el comienzo del libro de Ezrá:

"En el año primero de Koresh rey de Persia, para que se cumpliese la palabra del Eterno por boca de Irmiahú, despertó el Eterno el espíritu de Koresh rey de Persia, el cual hizo pasar pregón por todo su reino." (Ezrá 1:1)

Y sobre el papel de los profetas Jagai y Zejariá en el impulso hacia la edificación del Templo, aprendemos también del libro de Ezrá:

"Y profetizaron Jagai el profeta y Zejariá hijo de Idó, profetas, a los judíos que estaban en Yehudá y en Yerushaláim, en el nombre del Dios de Israel que estaba sobre ellos." (Ezrá 5:1)

Esos profetas profetizaron y despertaron a Israel para retomar la construcción del Templo. La misión del profeta Jagai — la misión de los profetas en general — era despertar el espíritu, sacar al pueblo de la comodidad y de la complacencia, para edificar el Templo. Y así ocurrió en verdad en la época del Segundo Templo.

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Dependencia únicamente en Dios

Mijá describe la destrucción de los recursos militares de Israel, pero no como castigo sino como bendición. ¿En qué consiste esa bendición?

El versículo 6 promete consuelo al remanente de Israel, pero su núcleo no es el lugar al que habrán de regresar, ni la descripción de la realidad que reinará en Ierushalaim en el tiempo de la redención, ni el alivio del yugo de la sujeción a las naciones en sí mismo, sino que el consuelo consiste en que Israel ya no dependerá de carne y sangre. Aunque estén en medio de los pueblos, su conducta estará liberada de la dependencia de las naciones y estará signada por "que no aguardan al hombre, ni esperan a los hijos de Adam" (versículo 6).

El versículo siguiente continúa esta línea. Su tema no es únicamente que Israel se vengará de sus enemigos, sino también el énfasis en la independencia, pues el león no está sujeto a las limitaciones a las que están sujetas las demás bestias. El versículo 6 describe a Israel viviendo en medio de las naciones, donde la cultura anfitriona es la dominante y la poderosa, mientras que el versículo 7 profetiza una realidad inversa. Sin embargo, el denominador común es que ambos desvinculan a Israel de consideraciones políticas y hacen depender su seguridad de elevar los ojos y el corazón a lo alto.

Los versículos siguientes continúan esta línea. El versículo 9 comienza con una promesa de consuelo sumamente paradójica: la destrucción de los recursos militares de Israel. ¡Se acabaron los caballos y los carros de guerra, y se acabaron las fortalezas y las ciudades! "cortaré también de tu tierra las ciudades amuralladas, y derribaré todas tus fortalezas" (versículo 10).

¿Ésa es la bendición prometida a Israel?

Naturalmente, lo esencial del asunto no es la destrucción de los recursos sino la creación de una situación de dependencia de Dios, y el llevar a Israel al reconocimiento de que su salvación vendrá por la confianza en el Santo, bendito sea, y el apoyo en Él, y no por el factor militar. El Radak (Rabí David Kimhi) subraya que las fortalezas serán destruidas porque ya no habrá necesidad de ellas: "y no necesitarán muralla porque habrá paz entre ellos y no habrá contienda entre los hombres", y el beneficio de esta realidad es que "el asentamiento en aldeas abiertas es mejor para la salud del cuerpo que en ciudades amuralladas y urbes". Naturalmente, lo esencial del profeta al hablar de la destrucción de las fortalezas y el desarme del país no es el bienestar material sino la creación de un clima espiritual de dependencia de Dios. En efecto, la continuación de los versículos no enfatiza la redención misma sino el proceso de remoción de los obstáculos espirituales en los que Israel se halla inmerso.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Gentileza sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

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Una armadura ilusoria

Los líderes del pueblo creyeron que la voluntad del Señor de preservar Su Templo para el pueblo y la tierra les otorgaba legitimidad para actuar en la casa de Dios como si fuera la suya propia. Pero se equivocaron.

La concepción idólatra prevaleciente de que la grandeza de un dios se manifiesta en el estatus del pueblo y el territorio sobre el que gobierna, llevó a todos los líderes del pueblo a la conclusión de que, aunque hicieran todo lo que se les antojara, el Señor protegería Su santuario, Su ciudad y Su pueblo, sin pedirles cuentas.

Por ello, los líderes de la casa de Iaacov y los dirigentes de la casa de Israel no tuvieron reparo en oprimir y explotar al pueblo que debían guiar con sensibilidad y honestidad. Creyeron equivocadamente que la voluntad del Señor de preservar Su lugar en el mundo era una armadura suficiente. Una que protege incluso frente a las injusticias y los crímenes. Una armadura que los protegería de la necesidad de pagar un precio personal por la explotación y el desprecio. Una armadura ilusoria.

Por ello también los profetas hicieron errar al pueblo, dieron profecías que no recibieron, y describieron un futuro para el pueblo en lugar de transmitir la palabra del Señor. Creyeron equivocadamente que el hecho de hablar en nombre del Señor en un entorno que en su totalidad adoraba ídolos era una armadura suficiente. Una que otorga inmunidad incluso frente a la rendición de cuentas divina con quienes llevan Sus palabras a los seres humanos. Una armadura ilusoria que en realidad no resiste ante profetas que dicen en nombre del Señor cosas que nunca ocurrieron ni fueron dichas.

Por ello también los Cohanim, sacerdotes, enseñaban la distinción entre lo impuro y lo puro a cambio de pago, creyendo que el Templo del Señor era inviolable. Creyeron equivocadamente que la voluntad del Señor de guardar Su Templo para el pueblo y la tierra les daba legitimidad para actuar en la casa del Señor como si fuera la suya propia. Pensaron que eran inviolables junto con el Santuario, protegidos frente a la destrucción.

Mijá vino a proclamar:

"¡A causa de vosotros,

 Tzión será arada como un campo,

y Ierushalaim vendrá a ser montón de ruinas,

 y el monte del templo, como altos cubiertos de bosque!" (versículo 12)

El estatus del Dios de Israel está garantizado incluso sin Su ciudad o Su Santuario, e incluso cuando Su pueblo es desterrado de su tierra. Pero el vuestro, líderes del pueblo, ya no lo está.


Gentileza sitio 929.

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Un zorro en el Kodesh HaKodashim (Santa Sanctorum)

"Por tanto a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo y Ierushalaim vendrá a ser un montón de ruinas y el monte del Templo como altos cubiertos de bosque” (Mijá, capítulo 3, versículo 12)   

Talmud Bavlí (Babilónico), Tratado de Makot, folio 24a

Una vez subían a Ierushalaim, y cuando llegaron al monte de los Olivos rasgaron sus vestiduras. Cuando llegaron al monte del Templo, vieron un zorro que salía del lugar del Santa Sanctorum, el Kodesh HaKodashim; ellos comenzaron a llorar y Rabí Akiva se reía. Le dijeron: ¿Por qué te ríes? Les dijo: ¿Por qué ustedes lloran? Le dijeron: ¡Un lugar del que está escrito "el profano que se acerque habrá de ser muerto" (Bamidbar, capítulo 18, versículo 7), y ahora zorros caminan por él, ¿y no lloraremos?!

Les dijo: Por eso mismo me río, pues está escrito: "y yo me tomé por testigos fidedignos, a Uriá, sacerdote, y a Zejariahu, hijo de Yeverejiahu" (Yeshaiahu, capítulo 8, versículo 2). ¿Y qué tiene que ver Uriá con Zejariá? ¡Uriá es del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo y Zejariá del Segundo! Sino que el texto bíblico vinculó la profecía de Zejariá a la profecía de Uriá: de Uriá está escrito "Por tanto, a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo" (Mijá, capítulo 3, versículo 12); de Zejariá está escrito: "Aún se sentarán ancianos y ancianas en las calles de Ierushalaim" (Zejariá, capítulo 8, versículo 4). Mientras no se hubiera cumplido la profecía de Uriá, yo temía que no se cumpliera la profecía de Zejariá; ahora que se cumplió la profecía de Uriá, es seguro que se cumplirá la profecía de Zejariá.

Con estas palabras le dijeron: ¡Akiva, nos has consolado! ¡Akiva, nos has consolado!

[Los autores de los Tosafot comentan: "De Uriá está escrito: Por tanto, a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo" — y es difícil, pues en todo el texto bíblico no encontramos este versículo entre las profecías de Uriá, sino entre las profecías de Mijá el Morashtita... esto implica que Uriá habló igual que Mijá, y lo que de calamidad habló Mijás — ese es este versículo, y es como lo que habló Uriá.]

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Ofrenda humana

Dios no quiere lo que está fuera del hombre. No sus posesiones, ni siquiera lo más querido para él: sus hijos. Dios quiere algo aún más sublime que todo eso — quiere al hombre mismo: "sólo hacer justicia, y amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios" (versículo 8).

En tres versículos describe Mijá la exigencia que recae sobre el hombre. Dos versículos plantean una pregunta — qué quiere Dios del hombre — y el tercero da una respuesta breve:

(6) ¿Con qué me presentaré delante del Señor, y me encorvaré delante del Dios del cielo? ¿Me presentaré delante de Él con holocaustos, con becerros añales? (7) ¿Acaso el Señor se complacerá en millares de carneros, o en diez millares de arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi transgresión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? (8) Él te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno, y qué es lo que el Señor pide de ti; sólo hacer justicia, y amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios.

Los versículos aluden a las formas de servicio a Dios, las aceptables y las rechazadas: holocaustos, becerros, millares de carneros, miríadas de arroyos de aceite. Observamos cómo los números van creciendo y cómo el hombre entrega todo lo que tiene al servicio de Dios. Y de repente, un versículo que se aparta de la serie:

"¿Daré mi primogénito por mi transgresión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?"

E intentamos comprender a qué alude el profeta: ¿quién es el hijo que no debe ser ofrecido en holocausto? ¿Quién es el primogénito, y quién es el fruto de las entrañas que se entrega a Dios? Y así dice el Midrash (Bereshit Rabá, Vilna, parashá 50, 5):

"¿Con qué me presentaré delante del Señor, y me encorvaré delante del Dios del cielo?" (Mijá, capítulo 6, versículo 6) — Rabí Yehoshúa de Sijnín dijo en nombre de Rabí Leví: Aunque las cosas están dichas con referencia a Meishá, rey de Moav, que actuó y ofreció a su hijo en holocausto, en realidad no habla sino de Itzjak. Como está dicho: "¿Con qué me presentaré delante del Señor... ¿Acaso el Señor se complacerá en millares de carneros, o en diez millares de arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi transgresión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?" (capítulo 6, versículos 6-7) — en el caso de Itzjak, aunque el acto no se llevó a cabo, fue recibido como si se hubiera completado. Pero en el caso de Meishá, no fue aceptado ante Él.

Así pues, dos hijos son mencionados en el versículo: "¿Daré mi primogénito por mi transgresión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?" Uno es Itzjak, que subió al altar y no fue sacrificado, y por la voluntad de Abraham fue considerado como si hubiera sido ofrecido. El otro: el hijo de Meishá, rey de Moav, quien efectivamente subió al altar y fue ofrecido en holocausto (Melajim II, capítulo 3, versículo 27). Y aunque hubo gran ira contra Israel, esa no es la forma de ofrenda ni ese es el sacrificio aceptable ante Dios.

Mijá describe, pues, el camino del sacrificio humano y las formas en que los hombres sirven a Dios: comenzando por los holocaustos, por los becerros añales. De allí pasa el profeta a describir millares de carneros, miríadas de arroyos de aceite. Y finalmente: el sacrificio más profundo, el más difícil — el sacrificio del primogénito, el sacrificio del fruto de las entrañas. Y todo esto no es la voluntad de Dios. Él no quiere lo que está fuera del hombre, ni sus posesiones, ni siquiera lo más querido para él: sus hijos. Dios quiere algo aún más sublime que todo eso: quiere al hombre mismo.

No le des a Dios las cosas que te pertenecen. Ni siquiera las cosas que más amas. Date a ti mismo.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio Daat.

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¿Les resulta difícil el cumplimiento de las Mitzvot, los preceptos?

De las palabras del profeta en nuestro capítulo se escucha que el pueblo está cansado del cumplimiento de los preceptos. El Midrash viene a refutar esta afirmación del pueblo y presenta los preceptos como algo fácil de cumplir.

El profeta viene con una exigencia al pueblo de comenzar a hacer lo que él pide. Al escuchar las palabras del profeta, se pueden oír las palabras del pueblo en su voz: "¡Oh pueblo Mío!, ¿qué te he hecho?, ¿y en qué te he cansado?, ¡testifica contra Mí!" (versículo 3). El pueblo aparentemente reniega de los actos de Dios en la historia, y más aún, le dice a Dios que lo cansa — "te he cansado".

El Midrash (Vaikrá Rabá, parashá 27, 6) agudiza el argumento del cansancio derivado de mandamientos difíciles:

Dijo Rabí Itzjak: Es como un rey que envió su proclama (prostagma, vocablo griego que significa orden) a su provincia. ¿Qué hicieron los habitantes de la provincia? Se pusieron de pie, se descubrieron la cabeza y la leyeron con temor y reverencia, con estremecimiento y sudor. Así dijo Dios a Israel: Este es el Shemá, y es Mi proclama. No los he cargado ni les he dicho que deben leerla de pie ni con la cabeza descubierta, sino: "בְּשִׁבְתְּךָ בְּבֵיתֶךָ וּבְלֶכְתְּךָ בַדֶּרֶךְ" — "al estar en tu casa, y en tu andar por el camino” (Devarim, capítulo 6, versículo 7).

El Midrash compara la relación entre el pueblo y su Dios con la de un rey y su pueblo. Cuando un rey envía una proclama a su pueblo, este se prepara para escucharla y la lee con una ceremonia impresionante y solemne. Pero el Santo Bendito Sea no es así: Él nos envía cada día Su proclama (el Shemá) y no nos obliga a prepararnos ni a ponernos de pie ante Él, sino que puede recitarse de cualquier forma y en cualquier lugar.

El argumento del cansancio y la dificultad en el cumplimiento de los preceptos no es nuevo. En cada generación surge esta afirmación y adquiere sus formas particulares. El Midrash, mediante la comparación, convierte la lectura del Shemá — que es la proclama del Rey — en algo fácil de cumplir. Y así también refuta las palabras del pueblo sobre la dificultad del cumplimiento de los preceptos y la transformación de estos en una carga, en lugar de algo sencillo.


Gentileza sitio 929.

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Palabras contundentes

Las palabras que utiliza Mijá son escogidas con cuidado, de modo que quienes las escuchan recuerdan que sus actos de opresión constituyen una transgresión de las prohibiciones de la Torá, y comprenden que el castigo es medida por medida, en respuesta a sus acciones.

En el capítulo 2 hay tres profecías. Dos de ellas son profecías de reprensión dirigidas a los ricos que oprimen y despojan el hogar y la herencia de los débiles y pobres. La tercera es una profecía de consuelo que habla del retorno de los exiliados.

La primera profecía comienza con la palabra Ay: "¡Ay de aquellos que traman la iniquidad y obran la maldad" (versículo 1).

La palabra Ay es una expresión de dolor y lamento. Generalmente se utiliza en el duelo por un muerto. Los profetas la emplean con frecuencia en profecías de reprimenda y castigo, y constituye una especie de amenaza.

Al comienzo de la profecía el profeta habla del pecado de manera general: "que traman la iniquidad y obran la maldad sobre sus lechos..." (versículo 1), y luego especifica: "Asimismo codician campos y se apoderan de ellos; casas también, y las toman; así oprimen a uno y a sus familiares, a otro, y su herencia" (versículo 2).

El profeta describe la codicia de los ricos por la opresión y el despojo. De noche, sobre sus lechos, maquinan actos de iniquidad y maldad, y al amanecer ejecutan lo que han tramado: "Al aclararse la mañana, la ponen por obra" (versículo 1).

Transgreden el "no codiciarás"; el deseo arrastra tras de sí los actos: el robo, la apropiación por la fuerza. El profeta emplea las mismas palabras que aparecen en las prohibiciones de la Torá, evocando así en sus oyentes, de manera asociativa, la prohibición contenida en ella. La Torá dice: "No codicies la casa de tu prójimo" (Shemot, capítulo 20, versículo 14); "no codicies la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo ni su sierva, ni su buey ni su asno, ni nada de lo que es de tu prójimo" (Devarim, capítulo 5, versículo 18). Y el profeta dice: "Asimismo codician campos y se apoderan de ellos" (versículo 2); "así oprimen a uno y a sus familiares" (versículo 2).

La Torá dice: "No oprimas a tu prójimo, ni le robes" (Vaikrá, capítulo 19, versículo 13), y el profeta emplea los mismos verbos: "se apoderan", "oprimen".

Tras la descripción del pecado, el profeta describe el castigo que vendrá sobre ellos. En la descripción del castigo opera el principio de medida por medida:

Frente a "traman la iniquidad y obran la maldad" (versículo 1), se dice en el castigo: "He aquí que Yo tengo tramado contra esta familia un mal... porque el tiempo será malo" (versículo 3).

Frente a "codician campos y se apoderan de ellos" (versículo 2), dice el que entona la elegía: "a los cautivadores ha repartido nuestros campos" (versículo 4).

Y frente a "así oprimen a uno y a sus familiares, a otro, y su herencia" (versículo 2), dice el que entona el poema de lamentación: "¡Él ha permutado la porción de mi pueblo!" (versículo 4).

Frente a "casas también, y las toman" (versículo 2) — "lamentarán con tristísima lamentación" (versículo 4).

En la segunda profecía, el profeta denomina a los oprimidos y sufrientes "mi pueblo": "El que ayer era Mi pueblo se levanta (contra Mí) como enemigo" (versículo 8); "A las mujeres de Mi pueblo las arrojan" (versículo 9), con lo cual excluye, por así decirlo, a los opresores de la categoría del pueblo de Dios. Ambas profecías se dirigen a los ricos que oprimen y despojan el hogar y la herencia de los débiles y pobres.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio DAAT.

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Semejanzas y diferencias entre Bilam y Mijá

Balak y Bilam comprendieron con precisión cuál era el verdadero campo de batalla entre ellos e Israel, y por ello ofrecieron sacrificios con una intención interna genuina. Pero, ¿qué es lo que igualmente no lograron captar?

En el capítulo 6, Mijá menciona la salvación de Israel del consejo de Balak y Bilam, y a continuación pasa al tema de los sacrificios y a la forma adecuada de ofrecerlos. ¿Cuál es la relación entre sus palabras sobre los sacrificios y sus palabras sobre Bilam y Balak?

Balak y Bilam comprendieron con precisión cuál era el verdadero campo de batalla entre ellos e Israel, y por ello ofrecieron sacrificios con una intención interna genuina. Los intentos de Bilam de unirse a las fuerzas de la impureza mediante los sacrificios eran bastante sinceros, y con ello demostró la forma adecuada de ofrecer sacrificios, resultando así una acusación implícita contra Israel en las generaciones venideras, que ofrecería sacrificios sin correspondencia entre el corazón y el acto.

Sin embargo, existe una diferencia central entre los sacrificios de Balak y Bilam y la concepción de los profetas, que convierte los sacrificios de Bilam en la antítesis del mensaje de Mijá. Bilam era un hechicero y sus acciones para Balak se realizaban desde una perspectiva de magia y brujería. Dentro de esta concepción, el sacrificio no expresa una experiencia religiosa interna, sino un intento de complacer a Dios de manera mágica mediante la realización de actos y acciones que lo satisfagan. Así como al inicio del camino Bilam no indaga la voluntad verdadera de Dios sino que intenta aplacarlo para que no se enoje con él, así también es su relación con los sacrificios. No es la adecuación de la voluntad interna del hombre a la voluntad de Dios, sino la realización de acciones externas lo que está en la base de sus actos. Todo esto se opone diametralmente a la postura que Mijá presenta: que los sacrificios no tienen valor si no van acompañados de una profunda experiencia religiosa interna. Bilam coloca al hombre en el centro — y por ello se jacta constantemente de sus grandes poderes y logros espirituales — mientras que Mijá ve al hombre como subordinado a Dios y comprometido con el prójimo. Su mensaje es "hacer justicia, y amar la misericordia" con el prójimo, "y andar humildemente con tu Dios".

Por lo tanto, a pesar de la premisa compartida entre Balak y Mijá de que la situación de Israel frente a las naciones depende de su estado espiritual y no de cálculos políticos de ningún tipo, existe un abismo profundo entre ellos. El mensaje de Mijá en cuanto a los sacrificios se centra en el mundo interno que los acompaña. La verdad interna, la dependencia y la confianza en Dios, "hacer justicia, y amar la misericordia", el reconocimiento del bien y "andar humildemente con tu Dios" son los mensajes de Mijá, y estas son las lecciones que el profeta quiere que extraigamos de la historia de Bilam.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Gentileza sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

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