¿Es la carga de las generaciones o se trata de responsabilidad personal?

¿Sobre quién recae la responsabilidad de la situación? ¿Sobre la generación de Menashé o sobre la generación de Tzidkiahu? ¿Es la carga de las generaciones anteriores lo que influye o hay lugar para la responsabilidad personal de cada generación? Depende de a quién se le pregunte.

Lo que se ve desde allí, no se ve desde aquí. Paralelos en el tiempo, se encuentran dos de los grandes intérpretes de la realidad que hemos tenido, uno en Tel Aviv y otro en Ierushalaim, y lo que ve uno no lo ve el otro. El de Ierushalaim dice: somos un pueblo histórico. Los procesos llevan tiempo. Hoy comes lo que cocinaron tus padres, y lo que tú arruinas hoy, a tus nietos les llevará tiempo repararlo; y el de Tel Aviv dice, vivimos aquí y ahora. Lo que hicieron nuestros padres no es una excusa ni un peso sobre nuestros hombros. Una generación no es responsable de los fracasos de sus predecesores. Y cada uno de estos dos tuvo oyentes que escucharon y asimilaron, y luego también vinieron y resumieron, ampliaron, interpretaron y enseñaron toda la historia de su pueblo a la luz de lo que habían escuchado.

Irmiahu, por supuesto, es el ierushalmi, el jerosolimitano. "¡El que a muerte, a muerte; y el que a espada, a espada; y el que a hambre, a hambre; y el que a cautiverio, a cautiverio!... a causa de Menashé, hijo de Yejizkiahu, rey de Iehudá, con motivo de lo que él ha hecho en Ierushalaim" (versículos 2-4). Irmiahu lee la historia de Israel a largo plazo. Un largo proceso de corrupción que maduró, y que no se puede corregir en una sola generación. Los pecados de Menashé llevaron la corrupción a su punto culminante, y de ahí en adelante el camino hacia abajo está pavimentado. Lo que incluso el propio Menashé haga para reparar sus acciones ya no será relevante.

El significado de las acciones humanas es mucho más profundo y amplio de lo que uno puede ver y de lo que puede corregir. Los hombros de Irmiahu, como lo dibujó Miguel Ángel, están encorvados bajo el peso de los años, de los que no hay escapatoria. Y en su espíritu, el editor del libro Melajim escribe el triste resumen del reino de Iehudá: "Entonces habló el Señor por Sus siervos, los profetas, diciendo: Por cuanto Menashé, rey de Iehudá, ha cometido estas abominaciones, haciendo peor que todo lo que hicieron los emoritas que fueron antes de él; y ha hecho pecar a Iehudá también con sus ídolos; por tanto, así dice el Señor, Dios de Israel: He aquí que voy a traer el mal sobre Ierushalaim y Iehudá, tal que a cualquiera que lo oyere le retiñirán ambos oídos" (Melajim II, capítulo 21, versículos 10-12). No en vano los Sabios identificaron al autor del libro Melajim con Irmiahu; si no fue él, ciertamente fueron personas de su mismo círculo.

Y a miles de kilómetros de distancia, en Tel Aviv junto al río Quebar, se encuentra en aquellos mismos años Yejezkel, y truena: cada uno por su propio pecado. "El hijo no cargará con la iniquidad del padre, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo; la justicia del justo estará sobre él, y la maldad del malo sobre él estará" (Yejezkel, capítulo 18, versículo 20), y una persona puede arrepentirse en sus propios días, y el pecado será anulado. Por lo tanto, no es Menashé el culpable de la destrucción, sino los propios judíos de aquella generación. Nadie podrá esconderse detrás de otro y alegar que no es responsable; "Pues despreció el juramento, quebrantando el pacto, cuando he aquí que había dado la mano, y ha hecho todas estas cosas; no escapará. Por tanto, así dice el Señor Dios: ¡Vivo Yo!, que ciertamente Mi juramento que despreció y Mi pacto que quebrantó, los traeré sobre su misma cabeza" (Yejezkel, capítulo 17, versículos 18-19).

No te escondas detrás de Menashé, Tzidkiahu. Tu ceguera política, y más aún, el incumplimiento de tus compromisos como rey de Iehudá, son una profanación del nombre de Dios, y por ellos será destruida la tierra. Y contra él responde como un eco el autor de Divrei Haiamim, Crónicas, que era de los exiliados de Tzión y de los oyentes de Yejezkel, y que no renunció a contar la historia del arrepentimiento de Menashé que el autor de Melajim ignoró: "De edad de veintiún años era Tzidkiahu, cuando empezó ‎a reinar, y once años reinó en Ierushalaim;‎. e hizo lo malo a los ojos del Señor, su Dios; no se ‎humilló ante Irmiahu, el profeta, (que le hablaba), por orden ‎del Señor.‎. Y también contra el rey Nevujadnetzar se rebeló, el cual le ‎había hecho jurar por Dios; pero él endureció su cerviz, y ‎obstinó su corazón para no volverse al Señor, Dios de Israe" (Divrei Haiamim II, capítulo 36, versículos 11-13). Cada uno por su propio pecado, pero más aún: no te victimices, no te compadezcas. Tienes el poder de levantarte y cambiar.

La Ierushalaim  construida sobre la roca tiene razón, y no se debe tomar a la ligera el significado de la profundidad de la historia y la carga de las generaciones. Y Tel Aviv construida sobre la arena también tiene razón, porque así no se puede construir nada nuevo. Y el Tanaj construido sobre el papel tiene más razón que todos, porque éstas y aquéllas son palabras del Dios viviente.

Cortesía sitio 929

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La encrucijada de la fe

 

Los judíos que vivían en la época de Irmiahu no sabían si estaban ante un profeta verdadero o un falso profeta. Todos decían hablar en nombre de Dios y la confusión era grande. Pero resulta que esta es la encrucijada de la fe. Toda fe debe presentar ante el creyente dos pares de opuestos: el bien y el mal, la verdad y la mentira, y la capacidad de elegir entre ellos.

Cuando leemos el Tanaj, somos sabios después del hecho, y sabemos quién es un profeta verdadero y quién miente. Quién engaña y quién guía hacia la verdad. Los judíos que vivían en la época de Irmiahu no lo sabían. Ante ellos predicaban varios profetas y no estaba escrito en la frente de ninguno de ellos que fuera un profeta verdadero. Todos afirmaban hablar la palabra de Dios. Y la confusión era grande.

En las palabras de Irmiahu, y en las palabras de otros profetas, encontramos el eco de los reclamos del pueblo: ¡Estamos haciendo lo correcto, ¿qué quieres de nosotros?!

En nuestro capítulo, Irmiahu cita las palabras del pueblo: Irmiahu en el versículo 11 dice: "Vuelvan, pues, cada cual de su mal camino, y enmienden vuestros caminos y vuestras obras". Y la respuesta del pueblo: "Pero ellos dicen: "¡No hay remedio: pues que andaremos tras nuestras propias ideas, y obraremos cada cual según la dureza de su mal corazón!"" (versículo 12).

¿Por qué quiere el pueblo seguir la obstinación de su malvado corazón? Puede ser que desee el mal, que se haya desesperado y quiera aprovechar al máximo los placeres de la vida antes de que llegue la destrucción. Pero también podría ser diferente. Es posible que el pueblo quiera seguir su propio camino porque cree en él.

Este problema que enfrenta el pueblo al escuchar las palabras del profeta es la encrucijada de la fe. Toda fe debe presentar ante el creyente dos pares de opuestos. El primer par: el bien y el mal, y la capacidad de elegir entre ellos. El segundo par: la verdad y la mentira, y la posibilidad de confundirse entre ellas.

Si la fe no presenta ante el creyente la posibilidad de error, deja de ser fe y se convierte en una ley natural. Si una persona que come alimentos no kosher recibe inmediatamente una intoxicación estomacal al tragar la comida, no está eligiendo entre el bien y el mal. Está obligada a hacer el bien. Por lo tanto, la fe presenta ante la persona la verdad y la mentira, y puede elegir la mentira. El mandamiento y la transgresión, y puede elegir la transgresión. No le sucederá nada —en el plano inmediato— si elige la transgresión.

El bien y el mal están ante la persona. Puede elegir entre ellos y también puede confundirse entre ellos. Y aquí está la paradoja de la fe: el creyente debe decidir cuál de los dos es bueno y cuál es malo, y luego elegir el bien y rechazar el mal. Y en medio de esta confusión se desarrolla la vida del creyente.

Incluso la aparición de un profeta no ayuda mucho. Frente a él hay un falso profeta, y nuevamente hay que decidir quién es el profeta verdadero y quién es el falso profeta, y después de que el pueblo ha decidido quién es el falso profeta, debe decidir si realmente quiere obedecer al profeta verdadero, o si se niega a hacerlo.

Las discusiones de Irmiahu con el pueblo son testimonio de las difíciles dudas que el pueblo enfrentaba. De las dudas que perturban sin fin a los creyentes. Como entonces, así también hoy.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Extraído del sitio DAAT

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Una sepultura en la Tierra de Israel

“ Y tú Pashjur, y todos los que habitan en tu casa irán en cautiverio y llegarán a Bavel y allí morirás y allí serás enterrado, tú y todos tus amigos, a quienes has profetizado mentira " (Irmiahu, capítulo 20, versículo 6) 

Bereshit Rabá (Vilna) Parashat (sección) Vaiejí Parashá Tzav punto 5 

 Dijeron nuestros sabios dos cosas en nombre de Rabí Jelbo: "¿Por qué los patriarcas apreciaban tanto ser enterrados en la Tierra de Israel? Porque los muertos en la Tierra de Israel serán los primeros en revivir en los días del Mashiaj y disfrutarán de los años del Mashiaj." Rabí Janina dijo: "Quien muere fuera de la Tierra de Israel y es enterrado allí, sufre dos muertes," como está escrito: " Y tú, Pashjur, y todos los que habitan en tu casa, irán en cautiverio...y allí morirás y allí serás enterrado" (Irmiahu, capítulo 20, versículo 6), he aquí que tiene dos muertes. Por eso Iaacov le dice a Iosef: "No me sepultes por favor en Egipto" (Bereshit, capítulo 47, versículo 29).

Dijo Rabí Shimón: "Si es así, ¿entonces han perdido los justos que están enterrados fuera de la Tierra de Israel? No, sino que Dios, hace para ellos túneles en la tierra y los hace como estas cuevas, y ellos se desplazan y vienen hasta que llegan a la Tierra de Israel, y Dios les da un espíritu de vida y se levantan." ¿De dónde sabemos esto? Está escrito: " He aquí que voy a abrir vuestras sepulturas, y los haré subir de vuestras sepulturas, oh pueblo Mío, y los traeré a la tierra de Israel" (Yejezkel, capítulo 37, versículo 12) y después "Y pondré mi espíritu en vosotros, y revivirán" (Yejezkel, capítulo 37, versículo 14).

Dijo Resh Lakish: Es un versículo explícito que "cuando llegan a la Tierra de Israel,Dios, les da un alma," como está dicho: " el que dio aliento a la gente que sobre ella (vive)" (Yeshaiahu, capítulo 42, versículo 5).

Ocurrió que Rabí y Rabí Eleazar iban caminando por los alrededores de Tveria, Tiberíades, vieron un ataúd de un muerto que venía de fuera de la Tierra de Israel para ser enterrado en la Tierra de Israel. Dijo Rabí a Rabí Eleazar: "¿De qué le sirve a éste que su alma haya salido fuera de la Tierra de Israel y venga a ser enterrado en la Tierra de Israel? Yo leo sobre él: “y convirtieron Mi herencia en una abominación” (Irmiahu, capítulo 2, versículo 7) - en vuestra vida, “mas cuando entraron, contaminaron Mi tierra” (Irmiahu, capítulo 2, versículo 7- en vuestra muerte."Le respondió: "Una vez que es enterrado en la Tierra de Israel, el Santo, bendito sea, le perdona," como está escrito: "Y conciliará a su  tierra, su pueblo" (Devarim, capítulo 32, versículo 43)...

Bereshit Rabá - El Midrash Bereshit Rabá es un Midrash Agadá interpretativo sobre el libro de Bereshit. El Midrash fue editado en la Tierra de Israel a principios del siglo V de la era común. Debido a la amplitud y antigüedad de este Midrash, es considerado el Midrash Agadá más importante del período de los Amoraim (estudiosos y sabios de la Guemará). (De: E. Reizel, Introducción a los Midrashim, Instituto Herzog, 2011)

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El propósito del mal

" Ahora pues, habla a los hombres de Iehudá y a los habitantes de Ierushalaim, diciendo: Así dice el Señor, he aquí que Yo dispongo el mal contra vosotros y tramo un designio contra vosotros. Vuelvan cada cual de su mal camino y enmiendan vuestros caminos y vuestras obras (Irmiahu, capítulo 18, versículo 11)  

"(Heme aquí) [he aquí que yo] formo contra vosotros un mal" - Dios prepara contra ustedes un decreto de mal, pero Su pensamiento no es para hacer el mal hasta que incluso el pensamiento consienta en hacer el mal, porque en Mi pensamiento mientras formo el mal, "pienso en vosotros un pensamiento: vuelvan cada uno de su mal camino", ya que la finalidad del mal es que retornen en arrepentimiento y se anule el decreto, y quiere decir "vuelvan" respecto al pasado y "mejoren vuestros caminos" en el futuro, como el ejemplo de una vasija que se rompe para hacer otra vasija como se ha dicho anteriormente.

Malbim – Rabí Meir Leibush ben Yehiel Michel (1809-1879), nació en Polonia y falleció en Rusia. La mayor parte de su vida anduvo errante por Europa Oriental y se desempeñó como rabino en varias ciudades. En su comentario a la Torá, "La Torá y el Mandamiento", presenta los Midrashim halájicos y los analiza comparándolos con el sentido literal de los versículos mediante precisiones en la gramática bíblica.

 

 

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Plegaria por la sequía

En un tiempo de severa sequía, que constituye una grave amenaza para el pueblo, Irmiahu se dirige a Dios elevando una plegaria, confiesa los pecados del pueblo y suplica por misericordia.

El capítulo 14 del libro Irmiahu trata sobre la sequía que afectó a Iehudá. La sequía era un fenómeno muy común en la tierra de Israel, y el miedo a ella estaba profundamente arraigado en el corazón del pueblo. La Torá utiliza la sequía como una amenaza para educar a Israel en el servicio a Dios y el cumplimiento de sus mandamientos, así como, por el contrario, promete buena recompensa por el cumplimiento de sus mandamientos con lluvias de bendición en su tiempo.

Sobre la sequía en la tierra escuchamos mucho, desde la época de los patriarcas hasta los días del retorno a Tzión. En el libro Irmiahu encontramos una descripción de una sequía severa: "van éstos a los aljibes, mas no hallan aguas, se vuelven con sus vasijas vacías" (versículo 3), y durante la descripción somos testigos de dos fervorosas oraciones que rezó el profeta debido a la plaga de sequía que cayó sobre la tierra (versículos 2-9; 19-22).

La plegaria de Irmiahu se centra en tres temas: descripción de la calamidad, confesión en nombre del pueblo y súplica por misericordia.

El profeta describe con colores ardientes la magnitud de la calamidad, que rodeó tanto al hombre: "¿Por qué, pues, nos has herido de modo que no hay para nosotros cura? (versículo 19) como a las bestias: "Pues hasta la cierva en el campo pare, y abandona (su cría), porque no hay hierba" (versículo 5).

Como parte de la plegaria, Irmiahu confiesa en nombre del pueblo de Israel los pecados y transgresiones que son los que causaron toda esta calamidad: "pues que se han multiplicado nuestras rebeldías; hemos pecado contra Ti” (versículo 7); "Reconocemos, oh Señor, nuestra maldad, la iniquidad de nuestros padres, porque hemos pecado contra Ti" (versículo 20).

Termina la plegaria con una súplica ante Dios para que recuerde el pacto: "No (nos) desprecies, en gracia de Tu Nombre, no dejes caer en la ignominia el trono de Tu gloria. ¡AcuérdaTe, no anules Tu pacto con nosotros!" (versículo 21), y la conclusión obvia de que: "¿Habrá acaso entre las vanidades de los paganos quien haga llover?, o ¿pueden los cielos mismos dar aguaceros? ¿No eres Tú solo, oh Señor Dios nuestro? Esperaremos, pues, en Ti, porque Tú haces todas estas cosas" (versículo 22).

Otras plegarias sobre la sequía las encontramos en otros profetas; Ioel, por ejemplo, menciona costumbres en tiempos de sequía, y profecías sobre sequía se encuentran en los capítulos de Yeshaiahu (3-4, así como 32, 9-22).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio DAAT.

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La plegaria de Moshé y Shmuel

"Entonces el Señor me dijo, aún cuando se Me pusieran delante Moshé y Shmuel, Mi alma no estaría para con este pueblo; échalos de mi vista, y salganּ" (Irmiahu, capítulo 15, versículo 1)

Rambán Baidbar capítulo 12 versículo 6

El sentido del texto es que menciona a Moshé por haberse interpuesto ante Él en la brecha para desviar Su ira de la destrucción, tanto en el episodio del becerro de oro como con los espías, cuando merecían ser aniquilados.

Y menciona a Shmuel porque este versículo trata sobre la sequía cuando necesitaban lluvia, como dice: "¿Habrá acaso entre las vanidades de los paganos quien haga llover?” (Irmiahu, capítulo 14, versículo 22). Y dijo el Señor que aunque se presentara Shmuel ante Él, quien hizo descender lluvia fuera de temporada en los días de la cosecha de trigo (Shmuel I, capítulo 12, versículo 17), no lo escucharía para hacer descender lluvia para estos en el tiempo de su angustia.

He aquí que menciona a los grandes de la tribu que el Señor eligió para servirle y bendecir en Su nombre a quienes rezan por Israel, y este es el sentido de lo que está escrito: "Moshé y Aharón entre Sus sacerdotes, y Shmuel entre los que invocan Su nombre" (Tehilim, Salmos, capítulo 99, versículo 6).

Rambán - Rabí Moshé ben Najmán (conocido también como Najmánides), nació en Gerona, España en 1194 y falleció en la Tierra de Israel en 1270. Dominaba todas las áreas de la Torá, y sus obras incluyen comentarios sobre el Talmud y el Tanaj, decisiones halájicas y responsa, así como composiciones sobre la Cábala y el pensamiento judío. Escribió críticas al Libro de los Preceptos de Maimónides. A los 73 años, Rambán emigró a la Tierra de Israel, visitó Ierushalaim y Jevrón. Vivió y falleció en Ako.

 

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 15

La respuesta de Dios (Versículos 1-9)

Al final del capítulo anterior, el pueblo pidió que Dios tuviera misericordia de ellos y detuviera la sequía. Dios responde al pueblo diciendo que incluso "Aun cuando se Me pusieran delante Moshé y Shmuel, Mi alma no estaría para con este pueblo" (versículo 1). La calamidad ya está sellada y no hay forma de remediar la situación: "Y los convertiré en objeto de horror entre todos los reinos de la tierra, a causa de Menashé, hijo de Yejizkiahu, rey de Iehudá, con motivo de lo que él ha hecho en Ierushalaim" (versículo 4). A continuación, se presentan nuevamente descripciones de severos castigos: "Los aventé como con aventador, en las puertas del país; los privé de hijos, destruí a Mi pueblo, que no se ha vuelto de sus caminos" (versículo 7).

La lamentación del Profeta (Versículos 10-14)

El profeta se lamenta de haber nacido, pues es un hombre de contienda y discordia desde su nacimiento: "¡Ay de mí, madre mía! Pues me pariste, hombre de contención y discordia para toda la tierra. No he dado ni tomado en préstamo; y sin embargo cada uno de ellos me maldice" (versículo 10). Dios anima al profeta y le dice: "¿Podrá, acaso, el cobre (el inicuo) romper el hierro, hierro del norte (a Irmiahu)? (versículo 12) – es decir, así como no se puede romper el hierro o el bronce, así el profeta es fuerte y sus enemigos no podrán dañarlo. Pero el profeta sigue insistiendo y pregunta: "¿Por qué es perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada, rehúsa ser curada? ¿Serás del todo para conmigo como un torrente falaz, como aguas que engañan la esperanza?” (versículo 18). Dios le responde: "Si te volvieres, Yo te restauraré, para que puedas estar en pie delante de Mí; y si separares lo precioso de lo vil, serás entonces como boca Mía: ellos se volverán hacia ti, mas tú no te volverás a ellos" (versículo 19). Las palabras de Dios son un poco difíciles, y parece que la interpretación de Radak aclara las cosas: si te vuelves – después de haber pecado al llamarme "engañoso", te restauraré – te arrepentirás, y entonces serás como eras antes: los enemigos vendrán a ti y aprenderán cómo guardar el camino del Señor, y no que tú te vuelvas a ellos y peques con tu lengua nuevamente. Solo entonces – "y ellos pelearán contra ti; mas contra ti no prevalecerán; porque contigo estoy Yo, para salvarte y librarte, dice el Señor" (versículo 20).

 

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 16

 

Los hijos y sus padres morirán en Ierushalaim (Versículos 1-13)

Al inicio de esta profecía, Dios llama al profeta y le ordena: “No tomes para ti mujer, ni tengas hijos ni hijas en este lugar” (versículo 2), y la razón es que los niños y sus padres están destinados a morir como parte de la destrucción de Ierushalaim. Al profeta también se le prohíbe ir a consolar a los que están de luto por la muerte de sus parientes, porque Yo he quitado Mi paz de este pueblo, dice el Señor, la misericordia y la compassion” (versículo 5). Aunque Dios dice: 'No les mostraré misericordia' (versículo 13)."

Consuelo-La redención de Bavel  será más grande que la de Egipto (Versículos 14-15)

Entre dos profecías de calamidad se presenta un breve párrafo de consuelo, que describe la redención de Bavel, Babilonia, como aún más significativa que el éxodo de Egipto: " Por tanto, he aquí que vienen días, dice el Señor, en que ya no dirán: "¡Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto!" Sino: "¡Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las demás tierras, adonde los había arrojado!" Pues que los volveré a traer a su propia tierra, que di a sus padres" (versículos 14-15).

La profecía del castigo (Versículos 16-18)

Dios llamará a "pescadores" y "cazadores", un término para el enemigo, que vendrá y "pescará" o "cazará" al pueblo de Israel: " He aquí que enviaré a traer muchos pescadores, dice el Señor, que los pesquen; y después enviaré a traer muchos cazadores que los cacen por todas las montañas y por todos los collados y por las hendiduras de las peñas" (versículo 16). Este castigo es resultado de los pecados de Israel en la tierra: " Así, pues, recompensaré primero al doble su iniquidad y su pecado: porque han contaminado Mi tierra" (versículo 18).

Los pueblos reconocerán a Dios (Versículos 19-21)

El profeta describe cómo en el futuro vendrán las naciones y reconocerán la grandeza de Dios: "Ciertamente nuestros padres poseyeron sólo mentiras, vanidad y cosas en que no hay provecho. ¿Acaso el hombre debe hacer para sí dioses, los cuales, sin embargo, no son dioses? (versículos 19-20). Al final del pasaje se presenta un llamado a la calamidad que conducirá al reconocimiento de Dios: " Por tanto, he aquí que Yo los haré saber esta vez, les haré conocer Mi mano y Mi poder, y conocerán que Mi nombre es el Señor" (versículo 21). No está claro a quién está dirigida esta calamidad. Radak (Rabí David Kimhi) explicó que se refiere a los gentiles que no reconocen la grandeza de Dios. Malbim explicó que mediante el castigo que Dios traerá sobre todo el mundo, todos comprenderán el poder de Dios. Rabí Iosef Kara y Shadal (Shmuel David Luzzatto) explicaron que el castigo está dirigido al pueblo de Israel, y de hecho el pasaje anterior sirve como una argumentación a fortiori – los no judíos saben y reconocen a Dios, mientras que el pueblo de Israel no, y por eso deben ser castigados.

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 13

 

El acto del cinto (Versículos 1-11)

Dios ordena a Irmiahu que compre un cinto de lino (una prenda interior o cinturón) y que no lo meta en agua. El profeta cumple con el pedido de Dios. Después de un tiempo, Dios se dirige nuevamente a Irmiahu y le ordena tomar el cinto e ir al Éufrates (probablemente el arroyo Perat en Iehudá y no el río Éufrates en la Mesopotamia), y esconder allí el cinto. Después de muchos días, Dios se dirige de nuevo al profeta y le pide que saque el cinto de aquel lugar. El profeta descubre que el cinto "estaba podrido y no servía para nada" (versículo 7). Dios le explica al profeta la parábola y le dice: " De esta manera reduciré a podredumbre la soberbia de Iehudá, y la grande soberbia de Ierushalaim... Porque del modo que se adhiere el cinto a los lomos un hombre, así hice juntar a Mí a toda la casa de Israel, y la casa de Iehudá, dice el Señor, a fin de que fuese Mi pueblo, para renombre, y para alabanza, y para gloria; mas ellos no escucharon" (versículos 8-11).

La parábola de los odres (cántaros) de vino (Versículos 12-14)

Después del acto del cinto, se presenta otra parábola, la del vino. Dios ordena al profeta decir al pueblo que "todo cántaro se llenará de vino" (versículo 12). Un cántaro, un odre es un recipiente para vino, y el propósito por el cual el profeta habla de que todo cántaro se llenará de vino es: "He aquí que voy a llenar de embriaguez a todos los habitantes de esta tierra... y a todos los moradores de Ierushalaim... no tendré piedad, ni perdonaré, ni usaré de compasión para no destruirlos" (versículos 13-14). La embriaguez representa la calamidad que vendrá sobre la tierra.

La falta de voluntad del pueblo para corregir y mejorar deriva en la destrucción (Versículos 5-27)

El profeta llama al pueblo a arrepentirse antes de que sea demasiado tarde, pero el orgullo les impide corregirse (versículos 15-17). Luego llama al rey y a la reina (=la esposa del rey o su madre) a lamentarse: "Humíllense, siéntense (en tierra), porque ha caído de vuestras cabezas, la corona de vuestra gloria" (versículo 18). La razón del luto es que Iehudá será exiliada de la tierra: "Iehudá ha sido llevada en cautiverio toda ella; ha sido llevada en cautiverio completamente” (versículo 19). Ierushalaim, que parecerá sorprendida ante el castigo, preguntará: "¿Por qué me han sucedido estas cosas?" y la respuesta es: "por la grandeza de tu iniquidad han sido descubiertas tus faldas, y violentadas las plantas de tus pies" (versículo 22). El destino de Ierushalaim está sellado: "Ésta será tu suerte, la porción señalada por Mí mismo, dice el Señor" (versículo 25) ya que Ierushalaim no es capaz de mejorar, exactamente como " ¿Puede acaso el etíope mudar su piel, o el tigre sus manchas?” (versículo 23). El pasaje termina con un grito de desesperación: "Ay de ti, oh Ierushalaim, ¿no te purificas? ¿Hasta cuándo, pues?” (versículo 27).

 

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 14

La sequía en Ierushalaim, la súplica del pueblo y la respuesta de Dios (Versículos 1-10)

En este párrafo se describe cómo una severa sequía afectó a Ierushalaim: "Iehudá está cubierta de luto, y sus puertas languidecen, se ennegrecieron en tierra; el grito de Ierushalaim sube (al cielo... Porque el suelo se resquebrajó, por no haber lluvias en la tierra, los labradores están avergonzados; se cubren sus cabezas" (versículo 2). A consecuencia de la sequía, el pueblo se dirige a Dios: "Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, obra, oh Señor, por causa de Tu mismo Nombre; pues que se han multiplicado nuestras rebeldías; hemos pecado contra Ti... ¿Por qué has de ser como hombre atónito, como un valiente que no puede salvar? (versículos 7-9). Dios responde al pueblo diciendo: "De esta manera les gusta andar vagando; no han refrenado sus pies; por tanto el Señor no se complace en ellos: ahora traerá a memoria sus iniquidades, y castigará sus pecados" (versículo 10).

Diálogo entre Dios y el profeta (Versículos 11-16)

Dios se dirige al profeta y le pide nuevamente que no ore por el pueblo: "Aunque ayunen, no oiré su clamor; y aunque ofrezcan holocaustos y ofrendas vegetales, no los aceptaré; sino que con espada, hambre y peste, haré exterminio en ellos" (versículo 12). El profeta se alarma al escuchar las palabras de Dios y dice que los profetas le están diciendo al pueblo que habrá paz en Ierushalaim. Dios le aclara a Irmiahu que se trata de falsos profetas: "visión mentirosa y adivinación, y una nada, y el engaño de su mismo corazón, es lo que les profetizan" (versículo 14), y que también ellos estarán entre los castigados: "porque derramaré sobre ellos su maldad" (versículo 16).

Lamentación (Versículos 17-18)

En esta lamentación se puede identificar claramente que es Dios quien se lamenta debido a la introducción: "y les dirás esta palabra". Dios se lamenta por la difícil situación de la ciudad: " Desháganse Mis ojos en lágrimas, día y noche, sin cesar, porque la virgen, hija de Mi pueblo, está quebrantada con quebranto grande, y con una herida muy maligna... Si salgo al campo, he aquí los muertos a espada, y si entro en la ciudad, he aquí los enfermos a causa del hambre, pues tanto el profeta como el sacerdote andan en torno de la tierra, sin saber adónde van" (versículos 17-18).

Súplica (Versículos 19-22)

Como resultado de las palabras de Dios, el pueblo se pregunta por qué Dios no los salva: "¿Has rechazado del todo a Iehudá? ¿O tiene Tu alma aborrecida a Tzión? ¿Por qué, pues, nos has herido de modo que no hay para nosotros cura? (versículo 19). El pueblo reconoce su pecado: "Reconocemos, oh Señor, nuestra maldad, la iniquidad de nuestros padres, porque hemos pecado contra Ti" (versículo 20) y también reconoce la grandeza de Dios: " ¿Habrá acaso entre las vanidades de los paganos quien haga llover?, o ¿pueden los cielos mismos dar aguaceros? ¿No eres Tú solo, oh Señor Dios nuestro? Esperaremos, pues, en Ti, porque Tú haces todas estas cosas" (versículo 22). En el siguiente capítulo se dará la respuesta de Dios.

 

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