La redención de Ieudá y la caída del enemigo (Versículos 1-3)

Del encabezado del libro es difícil aprender mucho sobre la época de Najum. El único detalle histórico mencionado en el encabezado es la referencia a la ciudad de Nínive, a partir de la cual cabe fechar a Najum en la época del Imperio Neoasirio, aunque es difícil precisar la datación. En las propias profecías hay una alusión al marco cronológico de la actividad del profeta. El profeta menciona la destrucción de No-Amón (capítulo 3, versículos 8-10), que ocurrió en el año 663 a.e.c.

Nuestro capítulo está definido como una "oración de Javakuk" — es decir, un salmo. El salmo se divide en tres partes. Se abre con una descripción de la grandeza del Señor que enhebra todo el salmo en torno a un único tema: "¡Señor, he oído la fama de Ti, (y) estoy atemorizado! ¡Oh Señor, aviva Tu obra en medio de los años, en medio de los años date a conocer, en la ira acuérdate de la misericordia." (2)

La revelación del Señor en el Sinaí (3-7)

La respuesta de Dios a la queja del Profeta (Versículos 1-5)

Javakuk da testimonio de sí mismo diciendo que está firme en su puesto y aguarda la palabra del Señor: "estaré alerta para ver qué me dirá Él, y qué responderá tocante a mi queja" (versículo 1). El Señor le responde: "Escribe la visión, y grábala sobre tablas" (versículo  2). El Señor aclara al profeta que existe justicia en el mundo, pero hay que aguardar con paciencia su manifestación: "aunque tardare, aguárdala, porque de seguro vendrá, no tardará" (versículo 3).

Javakuk capítulo 1

En el encabezado del libro (1) no se presentan datos históricos que nos ayuden a fechar la época de actividad de Javakuk. La pista significativa es la mención de los "kasditas" en el capítulo 1, que son los babilonios: "Pues he aquí que voy a levantar a los kasditas, nación furiosa e impetuosa, la cual anda por la anchura de la tierra, para posesionarse de moradas que no son suyas" (6). Así parece que Javakuk debe fecharse en la bisagra entre la caída de Ashur, Asiria y el ascenso de Bavel, Babilonia.

La queja del profeta (Versículos 2-4)

En Janucá, el Shabat, leemos la haftará del libro de Zejariá, capítulo 4, la visión de la menorá, en la que el profeta Zejariá describe lo que ve:

"He aquí, que he visto un candelabro todo de oro con la vasija en la parte superior, y sus siete lámparas encima, con siete tubos para las lámparas que tiene arriba; y junto a él dos olivos, uno a la derecha de la vasija y el otro a la izquierda." (Zejariá 4:2-3)

El profeta no comprende el significado de la visión y pregunta al ángel. Entonces recibe la respuesta:

En el año 539 antes de la era común, Koresh, rey de Persia, demostró su magnanimidad, su disposición y su voluntad de permitir que los judíos regresaran a la Tierra de Israel y reconstruyeran el Templo. Fue en ese mismo año en que conquistó y venció a Babilonia — aquella Babilonia que había destruido el Templo 52 años antes — y ahora Koresh abría las puertas del retorno y de la reconstrucción. Sin embargo, el Templo no se edificó de inmediato.

Mijá describe la destrucción de los recursos militares de Israel, pero no como castigo sino como bendición. ¿En qué consiste esa bendición?

Los líderes del pueblo creyeron que la voluntad del Señor de preservar Su Templo para el pueblo y la tierra les otorgaba legitimidad para actuar en la casa de Dios como si fuera la suya propia. Pero se equivocaron.

La concepción idólatra prevaleciente de que la grandeza de un dios se manifiesta en el estatus del pueblo y el territorio sobre el que gobierna, llevó a todos los líderes del pueblo a la conclusión de que, aunque hicieran todo lo que se les antojara, el Señor protegería Su santuario, Su ciudad y Su pueblo, sin pedirles cuentas.

"Por tanto a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo y Ierushalaim vendrá a ser un montón de ruinas y el monte del Templo como altos cubiertos de bosque” (Mijá, capítulo 3, versículo 12)   

Talmud Bavlí (Babilónico), Tratado de Makot, folio 24a

Pages

x