En su profecía de nuestro capítulo, Javakuk dice: "Porque la visión todavía tardará hasta el plazo señalado, y habla del fin (de los tiempos) y no mentirá; aunque tardare, aguárdala, porque de seguro vendrá, no tardará" (versículo 3). Sobre la actitud ante los cálculos del fin de los tiempos podemos aprender de las palabras del Talmud y de las palabras de Maimónides en su obra Mishné Torá.

Talmud Bavlí, Tratado Sanhedrín, folio 97b

El Rollo del Pésher de Najum encontrado en las cuevas de Qumrán interpreta la profecía bíblica como el cumplimiento de los eventos históricos que ocurren en el tiempo del autor.

Cuando contemplamos el cuadro completo, vemos a un profeta que escucha a su Dios y Le teme, aun cuando se dirige a Él de manera dura e incisiva. Y ese mismo profeta despliega ante nosotros en su plegaria una imagen de los caminos del Señor que es más grande que la realidad que se revela ante nuestros ojos.

Y al final, una plegaria. Javakuk se atreve a hacer lo que nosotros deseamos y no siempre nos atrevemos.

Javakuk inicia su libro con la sensación de que Dios no está presente y de que el ser humano está abandonado a su suerte, pero al final, y a pesar de todo, Javakuk elige —al igual que Abraham y Sará— creer.

Hacia el cierre de su libro, Javakuk pronuncia dos frases que aparentemente se contradicen entre sí:

Javakuk se permitió lanzar palabras hacia lo Alto, hacia Dios, luego se detuvo, bajó a lo profundo de sí mismo y prestó oído a lo que su corazón le susurraba por dentro. ¿Y qué escuchó?

En el capítulo 1, Javakuk clamó violencia al Señor y elevó palabras de reprensión penetrantes: "¿por qué, pues, contemplas a los pérfidos, y guardas silencio mientras el inicuo se traga al que es más justo que él? (capítulo 1, versículo 13).

Los rectos de camino que esperaban la salvación de Dios y la justicia de su juicio soñaban y esperaban que la caída del Imperio Asirio daría lugar a un mundo más tranquilo y más rectificado; sin embargo, la visión de "la carga" que Dios mostró a Javakuk reveló la profundidad de la fractura.

La moneda de la destrucción de Nínive tiene dos caras: Najum y Javakuk — un gran alivio con el cierre de cuentas, y una gran angustia ante los nuevos opresores (como Europa del Este en 1945).

La muerte de Yoshiyahu en la batalla de Meguido fue un trauma muy severo, un vuelco desde la gran esperanza hacia la decadencia política y espiritual hasta la derrota. Sobre esto clama Javakuk.

¿Cuándo profetizó Javakuk? En el libro mismo no se dice.

En el Seder Olam Zuta se fija el tiempo de Javakuk en los días de Menashé (698-643 a.e.c.), y así lo interpretó el Radak (Rabí David Kimhi).

Al igual que Joní HaMeaguel (Sabio judío del siglo I a.e.c.), también Javakuk se mantiene firme y aguarda la respuesta de Dios. Y la respuesta es clara: el éxito del tirano no perdurará; también él beberá de la copa del veneno, la misma copa con la que hizo beber a otros pueblos.

Tras quejarse por el ascenso del reino malvado de los caldeos y su éxito, Javakuk se mantiene firme aguardando la respuesta del Señor. El profeta está como un centinela en tiempo de sitio que espera ver qué ocurrirá, permanece en su puesto de guardia y aguarda la respuesta del Señor a sus argumentos:

Dios es descrito en Najum como "dueño de la cólera" (versículo 2), y el intérprete elige explicar: "dueño de la cólera" significa quien domina la cólera. Y así como la ira, también los celos — solo Dios puede dominarlos.

"Dios celoso y vengador es el Señor, vengador es el Señor, e iracundo" (versículo 2). Así, con la descripción del rostro severo de Dios, comienza Najum su profecía.

El Midrash recurre a este versículo en el marco de una discusión midráshica sobre el enfrentamiento que tuvo lugar entre Abraham y Dios a propósito de Sdom, Sodoma.

Muchos en Ierushalaim y también en la casa del rey temblaban de miedo, no fuera que Yoshiahu les trajera de nuevo un golpe similar a la 'campaña de Sanjerib'

Pages

x