El casamientode Itzjak y la toma de la tierra

Abraham le solicita al sirviente que preserve dos elementos: no sacar a Itzjak de la tierra, y que no le presente una mujer canaanea. ¿Cuál de estos dos valores es más importante? ¿Acaso es posible renunciar a uno de ellos en beneficio del otro, en la medida que surja una contradicción entre ambos valores?

 

Abraham recibió la promesa de Dios de que la tierra será de él. Sin embargo, en esta etapa, la tierra le pertenece a los canaaneos. ¿Cómo pasará la tierra a manos de Abraham?

Abraham puede casar a su hijo con una de las mujeres de la tierra, y así convertirse en un residente de esa tierra, recibir una parcela de tierra, y en la continuidad de las generaciones sus hijos se multiplicarán en la tierra y en forma natural, la heredarán.

 

No obstante, en el capítulo 24 Abraham deja en claro que no es esa la vía. Abraham no está dispuesto a tomar una mujer canaanea para su hijo Itzjak. Los canaaneos son conocidos como defectuosos precisamente en la esfera sexual (a raíz del episodio de Jam descripto en el capítulo 9, y como es recordado en la continuidad del texto bíblico, en el libro Vaikra, capítulo 18), y cuando Abraham busca una mujer para su hijo Itzjak, es más que claro que no querrá que se case con una mujer de Canaan, cuya esencia es defectuosa justamente en esa esfera, vinculada con la continuidad de la simiente. Abraham querrá casar a su hijo únicamente con una mujer de Shem, que tienen una tendencia de acercamiento a Dios.

 

Abraham no recibió fácilmente la tierra que le fuera prometida y comprende que fue traído a la tierra no para entreverarse entre los canaaneos y ser como ellos, sino por el contrario-Abraham fue traído a la tierra para plantear una alternativa a la cultura canaanea. Abraham llegó a la tierra para desalojar a los canaaneos y heredar la tierra en su lugar, y la lucha por la adquisición de la tierra es paralela a la confrontación cultural. Abraham debe confrontar con la cultura canaanea e imponerse sobre ella, y mientras tanto irá adquiriendo la tierra. La tierra no le fue entregada a Abraham  sino que fue adquirida por Abraham a través del pago con dinero y el desarrollo espiritual. Se trata de un proceso largo y difícil, pero muy significativo.

 

Cuando el sirviente lo coloca a Abraham frente a la incógnita acerca de la prioridad, ¿asentarse en la tierra o el casamiento con una de las mujeres de Shem? Abraham deja en claro que no hay ninguna duda en este caso, sino que estos son dos lados de la misma moneda: el hecho de asentarse en la tierra y el distanciamiento de los canaaneos, no son dos valores contrapuestos(que puedan chocar entre sí), sino que el alejamiento de los cananeos y la creación de una cultura diferente de su cultura defectuosa (justamente en el ámbito matrimonial) es la que permite heredar la tierra. Renunciar a uno de los valores habrá de tirar todo por la borda. Por eso, Abraham le exige a su sirviente estos dos elementos: no tomar una mujer canaanea para su hijo, sino a una de las hijas de Shem, pero además no renunciar al asentamiento en la tierra ni sacarlo a Itzjak de la misma.

 

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Gentileza del sitio VBM de la Academia Rabínica "Har Etzion"

 

 

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¿Qué significa Majpeilá?

*Estos materiales fueron publicados en el Jumash producido por la Editorial Ner, www.kehot.com.ar 
Reproducido con autorización de Editorial Ner, [email protected]  
Copyright, Derechos Reservados y Reproducción Prohibida de los mismos

RASHI: Una casa con altillo.
Otra interpretación: fue duplicada para parejas (Rashi sobre el v. 9).
Cuatro parejas fueron enterradas allí, hombre y mujer: Adam y Javá,
Avraham y Sará, Itzjak y Rivká, Iaacov y Leá (Rashi sobre el v. 2, arriba).
RAMBÁN: El versículo 17 dice “El campo de Efrón que estaba en
Majpeilá”, lo que sugiere que era el área, y no la cueva, lo que se
llamaba Majpeilá. Rashi no acierta en intentar explicar por qué la
cueva se llamaba Majpeilá.
El Midrash dice que la cueva era llamada Majpeilá (lit. “doble”)
porque Dios duplicó la altura de Adam y lo enterró allí. Por esta razón
el área se había hecho conocida como Majpeilá, pero la población
local no sabía esto. Efrón vendió el lugar al valor normal de
mercado, pues no sabía que Adam estaba enterrado allí.

Torat Menajem

LA CUEVA DE MAJPEILÁ (V. 9)
Los comentaristas no discuten que la palabra Majpeilá signifique “doble”,
pero sí vemos una diferencia de opinión respecto a qué se refiere este
“doble”. El comentario de Rashi nos presenta los siguientes problemas:
a) ¿Por qué usa Rashi la palabra “casa” cuando seguro que pretendía
decir que era una cueva doble?
b) ¿Cómo podemos defender a Rashi del ataque de Rambán?
c) ¿Por qué cita Rashi dos interpretaciones y no le basta con una?
d) Del bajo precio que pagó Avraham podemos suponer que Efrón no
sabía que Adam y Javá estaban enterrados en la cueva (como escribe
Rambán). ¿Por qué entonces (según la segunda interpretación de Rashi)
se refirió Avraham a ella como una cueva “duplicada para parejas”?
LA EXPLICACIÓN
En este relato, el término Majpeilá se menciona tres veces, cada una
con una connotación diferente:
1) “Su Cueva de Majpeilá, que está al final de su campo” (v. 9). Esto
sugiere que la cueva era llamaba Majpeilá.
2) “El campo de Efrón que estaba en Majpeilá” (v. 17). Esto sugiere que
el área era llamada Majpeilá.
3) “La cueva en el campo de Majpeilá” (v. 19). Esto sugiere que alguna otra
cualidad en el campo, además de la cueva, le dio el nombre de Majpeilá.
Los últimos dos versículos sugieren fuertemente que no era la cueva lo
que se llamaba Majpeilá, sino alguna otra característica local. Por eso,
Rashi explicó que había una “casa con un piso encima”. Es decir, Rashi
no está sugiriendo, como uno podría suponer, que la cueva consistía en
una cámara inferior y una superior, pues entonces resultaría que el campo
recibió el nombre por la cueva, y esta idea es refutada por el versículo 19.
Más bien, para resolver la contradicción entre estos tres versículos, Rashi
escribe que en el campo había una característica adicional que le dio su
nombre, a saber, una casa de dos pisos, lo que, es de suponer, consistía una
característica bastante notoria en aquella época, suficiente como para
darle nombre al área. Esto explica por qué la Torá usa la expresión “la
cueva en el campo de Majpeilá”, pues el campo obtuvo su nombre debido
a la casa de dos pisos (“el campo de Majpeilá”) y no por la cueva misma.
LA SEGUNDA INTERPRETACIÓN DE RASHI
Sin embargo, Rashi percibió un problema con esta interpretación: Ciertamente,
¡el término “Cueva de Majpeilá” proveía suficiente información
para identificar la cueva! ¿Por qué precisó Avraham agregar “pidan a Efrón,
el hijo de Tzójar, que me dé su Cueva de Majpeilá, que está al final de su
campo”? (v. 9).
Debido a este problema, Rashi consideró necesario traer una explicación
alternativa: “fue duplicada para parejas”, es decir, la cueva tenía espacio
suficiente para sepultar parejas juntas. Según esta interpretación, la “Cueva
de Majpeilá” no era una ubicación sino una descripción que indicaba
su capacidad. Por eso Avraham tuvo que agregar también la ubicación,
pidiendo la “Cueva de Majpeilá, que está al final de su campo”.
No obstante, esta segunda interpretación también resulta problemática,
pues torna las palabras de Avraham un tanto inconsistentes: primero, Avraham
pidió solamente “enterrar a mi muerto”, en singular, y luego pidió
una cueva lo suficientemente grande para ocho personas.
Como Rashi consideró este problema más serio que la dificultad con su
primera interpretación, citó esta solución en segundo lugar.
(Basado en Likutéi Sijot, vol. 5, pág. 105 y ss.)

 

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La Cueva de los Patriarcas

La Cueva de los patriarcas, adquirida por Abraham para darle sepultura a Sará, refleja hasta la actualidad un centro de atracción para judíos y musulmanes por igual. El interrogante de qué es lo que se oculta en la cueva de los patriarcas siempre ha sido un misterio.

El inicio de la sección refiere al fallecimiento de nuestra matriarca Saráy a la adquisición de la Cueva de los Patriarcas como parcela de tierra para la sepultura de la familia de Abraham (con excepción de Rajel, que fue sepultada en Beit Lejem).

Durante generaciones, los judíos han tenido la costumbre de visitar Hebrón para postrarse en las tumbas de los patriarcas y rezar en la zona aledaña a la cueva de los patriarcas. Generalmente, no era posible el ingreso al interior de la cueva de los patriarcas, por lo cual los judíos se vieron forzados a rezar en las escalinatas ubicadas en el acceso a la misma, hasta el lugar que les era señalado por los gobernantes musulmanes (hasta la actualidad, pueden verse los restos del hollín de las velas que fueron encendidas en el recinto de la plegaria). La liberación de los sitios sagrados en todo Israel, tras la guerra de los seis días, posibilitó la reanudación del libre acceso a la cueva de los patriarcas. Este hecho, que los judíos puedan rezar en los sitios que durante años  tenían prohibido, fue desconcertante a los ojos de los otros pueblos. Ellos continuaron siendo hostiles con el Estado de Israel en todo escenario posible, y en particular en las sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas.
En relación al interrogante acerca de aquello que se oculta en la Cueva de los Patriarcas, ha sido siempre un misterio. Ello se debe a que incluso en la actualidad, está vedado el ingreso al interior de la cueva a fin de investigar sus secretos, debido a la prohibición de los musulmanes residentes en Hebrón. Lo único que nos queda es impresionarnos con la impactante estructura construida en la parte superior de la cueva.

Esta estructura, que fue construida en la época de Herodes, es muy similar en sus características a las murallas del Monte del Templo, y entre ellas, el Muro Occidental. Piedras de sillería grandes con márgenes estrechos y bien alineados.

Aquel que observa el plano del complejo (34,59 metros) encontrará que la ubicación de las seis lápidas, que ocupan un lugar de honor dentro del complejo, estaba en la mente de los planificadores. En la época de Herodes, era un espacio abierto al cielo, y sólo en la época bizantina (la época del Talmud) fue allí construida una iglesia que después de la conquista se convirtió en una mezquita. En la época de las Cruzadas volvió a ser una iglesia y una vez más, desde el siglo XIII el complejo volvió a ser utilizado como mezquita.

El Rab Benjamín de Tudela, que visitó el complejo en el siglo XII describió tres cuevas, una detrás de la otra.

Moshe Dayan, en su libro “Vivir con el Tanaj” describe el ingreso al interior de  la cueva en el año 1967 (5727 según el calendario hebreo) con la ayuda de una joven de nombre Mijal, la cual se arrastró a través de una ventana estrecha en el piso de la mezquita. Mijal le informó a Moshé Dayan sobre todo lo que vio y ese informe escrito él lo conservó como recuerdo. Los hallazgos de Mijal demostraron que efectivamente se trata de una cueva de sepultura y con lápidas en su interior.

Extracto del libro "Mapat Shabat-Mapat Haaretz al Shulján Hashabat" publicado por la Biblioteca Eliner

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La atadura de Itzjak

¿Por qué Dios no le reveló a Abraham cuál era la montaña sobre la cual habría de sacrificar a su hijo Itzjak? ¿Y cómo se explica el hecho de que Abraham haya elevado como ofrenda a Itzjak aún antes de que se le haya informado de que efectivamente ése era el sitio?

Dios le ordena a Abraham encaminarse hacia la tierra de Moriá, y elevar a su amado hijo Itzjak como ofrenda “sobre uno de los montes que Yo habré de indicarte” (Versículo 2). Pero a lo largo de todo el relato, no aparece en forma explícita, ¿a qué monte se refiere?

Abraham se levanta temprano por la mañana, y sale junto a Itzjak y sus muchachos hacia “el lugar que le había dicho Elohim”. (Versículo 3)- en dirección a la tierra de Moriá. Al tercer día, Abraham alzó sus ojos-“y divisó el lugar desde la lejanía” (Versículo 4). ¿Cómo supo Abraham que ése es el lugar, si Dios no le manifestó a qué monte se refería? ¿Dónde le dijo Dios a Abraham hacia dónde ir?  ¿Y por qué le ocultó la información acerca de la montaña desde el principio?

Aparentemente, para la concepción divina era suficiente con la prueba de que se dirigiera a la tierra de Moriá, e intencionalmente Dios postergó el anuncio del lugar preciso, para que Abraham no realizara nada antes de una nueva revelación, en la cual Dios le anunciaría a Abraham que estuvo a la altura de la gran prueba. Todo estaba previsto para que esa revelación marcara el final de la prueba, y no había necesidad de sacrificar a Itzjak sobre el altar. No obstante, el amor hace daño y Abraham se apresuró en cumplir la orden de Dios ni bien llegó a la tierra de Moriá.

Se infiere que Abraham consideró que ya era suficiente con el primer mandato, el cual lo comprometía a elevar a su hijo como ofrenda, y si postergaba la acción a partir del desconocimiento de la ubicación precisa, la misma sería interpretada como una evasiva a su compromiso. Por ello, Abraham elevó a su hijo Itzjak como ofrenda sobre uno de los montes, y de ese modo demostró que su enorme fe estaba por sobre lo esperable. Es así que esta comprensión le otorga un mayor significado al nombre dado al sitio en el final del relato-“Hashem Iré” (Dios verá) (Versículo 14)

El motivo de la akedá –la atadura o amarradura- de Itzjak es uno de los más apasionantes de las Escrituras y aparece en nuestras oraciones, en nuestra tradición, en el arte, y en nuestras fantasías y sueños. 

Es considerado el máximo ejemplo de la fe. Después de todo, una anciana mujer estéril consigue al fin lograr su sueño de maternidad y el padre que ama a su hijo, al único de su vejez, debe atarlo y llevarlo a un altar, porque se lo piden su fidelidad y su amor a D-os.

Nuestros sabios, que vieron en el relato la muestra suprema de la lealtad, se permitieron preguntar y responder aquellos interrogantes que la mayoría de las personas no asienten plantear.

¿Cómo es posible que el primer monoteísta no dudara en conducir a su hijo hasta el altar y atarlo, tal como solían hacerlo los paganos de su época y aquellos que les siguieron en la mayoría de las culturas idólatras?

En las respuestas, muchos encontraron, nuevos elementos para certificar la fe absoluta de Abraham no sólo en el Creador sino en Su promesa de un futuro que surgiría de sus entrañas.

¿Cómo es posible que Abraham no percibiera lo que la Torá prescribe? Tanto en Vaikrá 18:21: "Y no des hijo tuyo para ofrecerlo por fuego a Molej; no contamines así el nombre de tu D-os…" como en Devarim 18:9-10: "Cuando entres en la tierra que te da H' tu D-os, no imites las costumbres abominables de esas naciones. Nadie entre los tuyos deberá sacrificar a su hijo o hija en el fuego; ni practicar adivinación, brujería o hechicería". Es obvio que sabía que ésa no era la línea del judaísmo.

El Talmud en Taanit 4 a, intenta quitar el parecido entre la Akedá de Itzjak y los sacrificios relatados en las Escrituras cometidos por otros padres, evidentemente preocupado por el enfrentamiento entre la moral humana tal como es captada por la inteligencia y la concepción de la fe, que pueda entrar en conflicto con ella.
La guemará distingue claramente entre la predisposición de Iftaj de sacrificar a su hija, cuando salió a recibirlo después de la batalla y la del hijo del rey de Moav, con Abraham.
El rey de Moav, "al ver que perdía la batalla, se llevó consigo a setecientos guerreros con el propósito de abrirse paso hasta donde estaba el rey de Edom, pero no logró pasar. Tomó entonces a su hijo primogénito, que había de sucederlo en el trono, y lo ofreció en holocausto sobre la muralla". (Ver II Melajim 3: 27).
A Abraham, no se le ordenó degollar a su hijo sino "elevarlo allí", y a él, le ordenaron expresamente "No pongas la mano en el niño, no le hagas nada" – ni un rasguño, ni una rasgadura. El suspenso del texto se disuelve con el final feliz. Se acabó la prueba. Empieza la vida. Recordemos que Itzjak le dijo a Abraham: "— ¡Padre! —Dime, hijo mío. —Aquí tenemos el fuego y la leña —continuo Itzjak —; pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto? —El cordero, hijo mío, lo proveerá D-os —le respondió Abraham", (22:7), como que presintiendo lo que sucedería y proyectando su deseo.
El Rav Abraham Itzjak Kuk, de bendita memoria, expresaba que si el temor a lo celestial desplaza a la moral natural, no es puro. Pese a que, la moral humana es relativa y puede interpretarse controversialmente. Analicemos, por ejemplo, la afirmación de Reish Lakish, que "aquel que se compadece de los crueles, se vuelve desalmado con los piadosos" para percibir la relatividad de la expresión y las dificultades espirituales que podría provocar a quien intente aplicarla textualmente.
Pero, la ética, tal como es percibida por las personas, debe prevalecer frente a lo que es descubierto como temor celestial, excepto, haya, como en este caso, un mandato preciso, inequívoco, personal, y categórico. Hay que poner orden en la cabeza cuando alguien desea violar una norma alegando principios de fe, no prescritos.
Abraham tuvo que enfrentarse al dilema de cómo actuar frente a su otro hijo, Ismael, su primogénito, al que termina desheredando y expulsando, porque su conducta no condecía con los preceptos de conducta elevada que él mismo predicaba, entre ellos, el de no ser un salvaje asesino, un " pere adam". Y, también allí, debe recibir una instrucción precisa para actuar contra su concepción y percepción de lo correcto, después de haber aceptado la revelación de D-os.

Lo revolucionario del mensaje de nuestra parashá, es que Abraham decidido a aceptar la voz de D-os que pide el sacrificio de su hijo, tal como lo había visto en la casa de su padre, en el país de su nacimiento y formación, del que había salido en su lej lejá, tiene la grandeza de oír y aceptar la voz que le dice: ¡Alto! Quizás en ese momento haya podido comprender totalmente el mandato de abandonar lo que podría ligarle a su cultura anterior. —"Aquí estoy, —respondió. —No pongas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas ningún daño —le dijo el ángel—. Ahora sé que temes a D-os, porque ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo" (Bereshit 22:12).Ahora está claro. La prueba fue exitosa. Abraham, entiende la contraorden, pese a que también el Midrash intenta decirnos que hizo algunos intentos de modificar la ordenanza que había recibido y para la que se había preparado. Comprende en un instante que H' no puede exigirle ningún sacrificio humano. Que H' no quiere la muerte de una persona, ni siquiera para darle vida a otro. Que rechaza también que un ser humano muera para salvar a la humanidad, tal como lo proclaman otros pueblos, con fe y con orgullo. No es ese nuestro pensamiento. Esa tradición nos es totalmente ajena y que bueno que sea así. Aprobar la muerte de una persona, por cualquier causa, no forma parte de nuestra cultura.

En una sociedad filicida como la que nos encontramos, es difícil aceptar, que después de la gran prueba por la que pasó Abraham exitosamente, el hombre de la fe por antonomasia, acepta detener su mano a tiempo y ofrece gustosamente un sucedáneo. 
Así nos brinda el mensaje de la Akedá, según el cual no queremos ni aceptamos la muerte y que así lo quiso expresar D-os a través del sumiso acto de la atadura de Itzjak, al que también se sometió el joven, desconociendo el principio de "a quien intenta asesinarte, levántate y mátalo".

Para entender mejor el concepto podemos mencionar lo que dice Abraham Ibn Ezra, que de las palabras "D-os puso a prueba", deduce que lo que H' deseaba era sólo la prueba y no el resultado de la misma. Comprobar la reacción de Abraham pero no llevarlo a la consumación del acto.

En nuestra época, muchos oyen a los dioses que les dicen que sus hijos deben ser mártires – shahidim- en las guerras santas y padres y madres se enorgullecen cuando lo logran.

El amor de padres y madres en la cultura judía destaca y acentúa, la continuidad a partir de la vida. D-os no quería la muerte de Itzjak, no la necesitaba, lo que quería es que nosotros como Abraham podamos escuchar la contraorden y hacerla norma.
Para que de Abraham surja "una grande y poderosa nación, y serán benditas por medio de él todas las naciones de la tierra. Porque le conocí y sé que ordenará a sus hijos y a su casa después de él, a fin de que guarden el camino H' para hacer caridad y justicia; (Bereshit 18: 18-19), se necesitaba de vida. Esa vida que Itzjak ganó como derecho en su nacimiento.

 

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“Que yo habré de indicarte”- ¿cuándo?

¿Por qué Dios no le reveló a Abraham cuál era la montaña sobre la cual habría de sacrificar a su hijo Itzjak? ¿Y cómo se explica el hecho de que Abraham haya elevado como ofrenda a Itzjak aún antes de que se le haya informado de que efectivamente ése era el sitio?

Dios le ordena a Abraham encaminarse hacia la tierra de Moriá, y elevar a su amado hijo Itzjak como ofrenda “sobre uno de los montes que Yo habré de indicarte” (Versículo 2). Pero a lo largo de todo el relato, no aparece en forma explícita, a qué monte se refiere!!

Abraham se levanta temprano por la mañana, y sale junto a Itzjak y sus muchachos hacia “el lugar que le había dicho Elohim”. (Versículo 3)- en dirección a la tierra de Moriá. Al tercer día, Abraham alzó sus ojos-“y divisó el lugar desde la lejanía” (Versículo 4). ¿Cómo supo Abraham que ése es el lugar, si Dios no le manifestó a qué monte se refería? ¿Dónde le dijo Dios a Abraham hacia dónde ir?  ¿Y por qué le ocultó la información acerca de la montaña desde el principio?

Aparentemente, para la concepción divina era suficiente con la prueba de que se dirigiera a la tierra de Moriá, e intencionalmente Dios postergó el anuncio del lugar preciso, para que Abraham no realizara nada antes de una nueva revelación, en la cual Dios le anunciaría a Abraham que estuvo a la altura de la gran prueba. Todo estaba previsto para que esa revelación marcara el final de la prueba, y no había necesidad de sacrificar a Itzjak sobre el altar. No obstante, el amor hace daño y Abraham se apresuró en cumplir la orden de Dios ni bien llegó a la tierra de Moriá.

Se infiere que Abraham consideró que ya era suficiente con el primer mandato, el cual lo comprometía a elevar a su hijo como ofrenda, y si postergaba la acción a partir del desconocimiento de la ubicación precisa, la misma sería interpretada como una evasiva a su compromiso. Por ello, Abraham elevó a su hijo Itzjak como ofrenda sobre uno de los montes, y de ese modo demostró que su enorme fe estaba por sobre lo esperable. Es así que esta comprensión le otorga un mayor significado al nombre dado al sitio en el final del relato-“Hashem Iré” (Dios verá) (Versículo 14)

Editado por el equipo del sitio del Tanaj, del libro "Nekudat Ptijá" ("Punto de apertura") publicado por el Instituto "Tzomet"

 

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Preguntas de Abarbanel, Génesis 22

 “Y aconteció después de estos sucesos que D-s puso a prueba a Abraham... Y le dijo: Toma a tu hijo Isaac, tu único, a quien amas y vete a la tierra de Moriá y ofrécelo allí en holocausto sobre una de las montañas que te indicaré.  Y madrugó Abraham, aparejó su asno y tomó a dos mozos consigo y a su hijo Isaac, y partió leña para el holocausto, y levantóse y fue al lugar que D-s le indicó.”

 (Génesis 22)

 

Pregunta: ¿Para qué D-s probó a Abraham?, ¿Acaso el Todopoderoso no conoce el corazón de cada criatura y sabe de antemano cuál será el resultado de cualquier acto?

Respuesta:

Para resolver este difícil cuestionamiento filosófico, los comentaristas trataron de abordar el tema desde diferentes aspectos:

La opinión del RAMBAN (Najmánides) y algunos otros se basa en que esta prueba no tiene como fin el que D-s compruebe si la superará o no; más bien, es para el propio beneficio de Abraham, quien deberá desarrollar su potencial de fe al máximo nivel y llevarlo a la práctica.   Cierto es que el Todopoderoso ya sabe de antemano que el examinado logrará pasarla; sin embargo la recompensa es mucho mayor cuando se lleva a la acción y se demuestra que efectivamente se hizo.

Otra tesis dice que esta prueba fue más para Isaac, ya que al ser el niño esperado y ansiado por tanto tiempo había crecido como un príncipe mimado y echado a perder desde chico al disfrutar todas las comodidades de una familia acomodada.

Una tercera escuela encabezada por el RAMBAM (Maimónides) se inclina más a decir que la finalidad de este capítulo es enseñar al mundo el verdadero temor a D-s y poner a nuestro patriarca como un ejemplo y modelo a seguir.

Abarbanel, sin embargo, no se satisface con estas exposiciones y encuentra debilidades en cada una:

La primera, que habla del potencial llevado a la práctica, en este caso nunca se llega a concretar, ya que antes de sacrificar a su hijo, el ángel detiene a Abraham y le impide realizar la acción final; y quién sabe si justo en el momento de comenzar a degollarlo y ver la sangre se hubiera arrepentido...  Por tanto, esta teoría no tiene suficiente sustento.

La segunda es aún más débil ya que ¿Cómo podríamos pensar que un Abraham que se enfrentó ideológicamente a toda su generación e introdujo la espiritualidad en el mundo pagano, no habría educado a su propio hijo en el camino del bien, y no lo hubiera del materialismo? Y aún así, ¿no existen acaso otros métodos más didácticos y efectivos para educar a un hijo que amenazarlo de muerte de tal forma?

Con respecto a la tercera opinión, no fue un acto que se ideó para publicarse o exhibirse: el lugar era apartado y fuera de cualquier área poblada, y ni a su propia gente reveló Abraham el monte señalado por D-s.  Más aún: ¿cómo se hubiera podido comprobar que a final de cuentas a Abraham le fue comandado tomar al carnero en vez de su hijo? Se podría haber interpretado justo al revés, como que se echó para atrás, con lo que hubiera resultado al cabo avergonzado a ojos del público.

Abarbanel pues, expone un punto de vista diferente a todos los anteriores: Las verdaderas pruebas a Abraham fueron todas las anteriores: El emigrar de su tierra natal, el no tener hijos, la circuncisión a los 99 años, el cambio de su nombre, el correr a su otro hijo Ishmae, etc, como queda claro en el versículo: "Y aconteció después de estos sucesos..."  Al parecer este capítulo se relaciona íntimamente con lo anterior.

Ahora bien, la palabra "NISA", además de significar "probó", también se deriva del vocablo "NES" entendiéndose como estandarte o símbolo.  Esto implica que este acto ya no era parte de la prueba sino simplemente una condecoración y corolario a todos los eventos anteriores; era claro que después de todos ellos Abraham no tendría la menor duda en realizarlo y con ésto, nuestro patriarca se habría de consolidar como el pilar inicial del pueblo judío.

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Y Dios probó a Abraham

COMENZAREMOS el estudio de esta sidrá con las cinco palabras del encabezamiento. Es sabida la pregunta que plantearon nuestros Sabios, desde la antigüedad hasta nuestra época, entre los que Rabenu Nisim logró exponer con la mayor sencillez:

La prueba demanda una explicación, pues es evidente que el Eterno no busca saber si el examinado resistirá la prueba, siendo que sabe todo con antelación y en El no cabe la duda (Discursos 6).

    Citaremos algunos de los intentos que fueron hechos por nuestros Sabios y exegetas. Comenzaremos con Rambám, en su Guía de los Descarriados III, 24:

Has de saber que todas las veces que en la Torá se trata de una prueba, ella tiene como único fin y significado hacer conocer a los hombres lo que deben hacer … La prueba consiste, por así decirlo, en la realización de cierto acto, no siendo la intención del acto en si mismo, sino el que sirva de ejemplo, que se aprenda y se actúe de acuerdo a él. Cuando está dicho: “Para saber si amáis …” (Devarim 13, 4) esto no dignifica: para que Dios lo sepa, pues El lo sabía ya, sino que se parece a este otro pasaje: “Para que sepáis que Yo soy el Señor que os santificó” (Shemot 32, 13), cuya interpretación es: para que sepan las naciones … el relato referente a Abraham en relación con el sacrificio de Yitzjak encierra dos grandes ideas, fundamentos de la Torá. La primera es hacernos saber hasta qué límite deben extenderse el amor y el temor de Dios. A Abraham se le ordenó que hiciera una cosa que no podría compararse ni con un sacrificio de dinero, ni aun con el sacrificio de la vida; era la cosa más extraordinaria que pueda ocurrir en la realidad … Figuraos un hombre estéril, animado de un deseo extraordinario de tener hijos, que posee gran fortuna y consideración, y que fue elegido para que su simiente se convierta en una nación. Le nació un hijo después de haber desesperado de tenerlo; ¡cómo será su amor y pasión por él! Sin embargo, por su temor a Dios y por su deseo de obedecer Su orden referente a su hijo amado, renunció a todo lo que había esperado de él y consistió en inmolarlo después de tres días de caminata. Que si hubiera querido cumplir la orden en el momento de recibirla, había sido su cumplimiento un acto precipitado e irreflexivo; pero, el hecho de haberla realizado varios días después de recibida la orden, fue el acto fruto de la reflexión y del pensamiento maduro; y a fin que la humanidad sepa qué debe hacerse por amor a Dios y por temor a El, abstracción hecha de toda esperanza de recompensa y de todo temor de castigo … Y lo que el ángel le dijo (Bereshit 22, 12): “Pues ahora conozco que tu eres temeroso de Dios”, ello significa: este acto, por el cual mereciste ser llamado: “el que teme a Dios con perfección” hará que la humanidad sepa hasta donde debe llegar el temor de Dios. Has de saber que esta idea fue confirmada y expuesta en la Torá, definiéndose su misión, y todo lo que comprende, órdenes y prohibiciones, promesas y valoraciones, en una sola: el temor de Dios. Ello es lo que está dicho: (Devarim 28, 58): “Si no guardares para cumplir todas las palabras de esta Torá, las que están escritas, en este libro, para que temas este Nombre glorioso y pavoroso …” Este es uno de los dos asuntos que enseña el holocausto de Yitzjak.

    El Gaón Saádia propuso, antes que Rambám, la misma explicación, tal como es citada por Rabí Abraham Ibn-Ezra:

                … Que la palabra “probó” nos enseña que quiso mostrar su virtud ante la humanidad.

    La crítica que hace Ibn-Ezra de esta concepción nos parece ingenua en su pretendido realismo:  “¿No sabía el Gaón que en el momento en que Abraham ligó a su hijo no están allí presentes ni sus servidores?” De esta manera quiso refutar la opinión de quienes vieron en la finalidad del “sacrificio” de Yitzjak una enseñanza, una lección, un ejemplo para todo el mundo. R. Yitzjak Arama replicó a esta opinión, en su obra “Akedat Yitzjak”:

En verdad, considerando que esta prueba fue relatada por la Ley Divina en testimonio fiel de Dios … es como si habría tenido lugar en presencia de todo Israel – pasado, presente y futuro – persona alguna dejó de ver, es una verdadera visión profética, la grandiosidad de esta prueba y la autoridad y la fe poderosa que comporta, hasta el punto que su verdad ha quedado arraigada en el corazón de todos los seres humanos.

    Abravanel sigue la misma línea – la prueba está destinada a ser un acto edificante para toda la humanidad:

Esta prueba que tiene por objeto un exámen que permita a Dios conocer algo que ignora. El término “probó” se deriva de la raíz “nes” (estandarte, bandera, milagro). Este acto maravilloso que Abraham ejecutó obedeciendo la orden de Dios se yergue como una bandera para las naciones, tremola alta y orgullosa; ¡Para que los pueblos se tornen y la miren!

    Mas la debilidad de esta explicación reside en el hecho que reemplaza el sentido de “Examen” que tiene aquí el término Nisá por el de “enarbolar”, exponer a la vista de todos, significado que tiene el término en el salmo 60, versículo 6: “A los que temen, darás una bandera para que sea alzada”, pero, tal explicación no armoniza con la totalidad del relato y tampoco con la expresión “pues ahora conozco” (versículo 12). Los comentaristas siguientes adoptaron un método diferente para resolver esta dificultad. R. Yosef Albo, en su obra “Sefer Ha-ikarim” (El Libro de los principios) 5, 13, dice:

Si preguntas: Siendo que el Eterno sabe con anticipación si resistirá la prueba o no … ¿para qué son necesarios todos estos sufrimientos? La respuesta es, que seria injusto que aquel que sufre, pena y se esfuerza realmente, obtenga la misma recompensa que aquel que no sufrió efectivamente. A propósito de esto fue dicho: “No se alabe al que se ciñe (las armas = como el que se las desciñe” (Melajim I, 20, 11). No conviene el vanagloriarse a quien no ha demostrado efectivamente su bravura, aún cuando está preparado a demostrarla y está equipado, pero sí conviene a aquel que ya ha demostrado efectivamente su bravura y se ha desceñido el cinturón. Es así que numerosas veces el Eterno impone sufrimientos a los justos para acostumbrarlos; para que armonicen la buena acción con la buena intención; porque es en base a la acción que su corazón se fortalecerá en el amor de Dios, pues la virtud correspondiente se inculca más fuertemente con la práctica que sin ella … denominándose el hábito en el obrar: “prueba”.

    También Albo se aparta un poco de la acepción corriente de la palabra, al no interpretar la prueba como un examen, según lo hicieron diversos traductores:

                Traducción del Rey Jaime I: God did tempt Abraham

                Traducción revisada: God did prove Abraham

                Traducción sinodal: Dieu éprouva Abraham

                Buber-Rosenzweig: Gott prüfte Abraham

sino que la interpreta como una adquisición de experiencia (Erfahrung) en el obrar. Mas tampoco éste parece ser el sentido del texto.

    Rambán, de quien se derivan todos los exegetas de este grupo, explica no obstante este pasaje, sin modificar el sentido de los términos “prueba” y “probó”, en Bereshit 22, 1:

Opino que la prueba – concebido el hombre como gozando de libre albedrío, que si quiere obra y si no quiere no obra – es tal para el probado,  mas la parte de Dios en la prueba consiste en hacer real lo potencial, a fin de que la recompensa no sea otorgada sólo en mérito a la buena intención,  sino también en mérito a la buena acción.

Has de saber que Dios prueba al justo sabiendo que hará Su voluntad; por tal motivo, a fin de hacerlo meritorio lo probará, mas no someterá a prueba a los malvados, que no Le obedecerán. Y he aquí, que todas las pruebas mencionadas en la Torá, lo fueron para bien del sometido a la prueba.

Hemos visto que el segundo grupo concuerda con el primero en que la prueba no es una necesidad de Dios, pues El “sondea las entrañas y el corazón”. Pero, se diferencia de Rambám y de los que le siguen, en que ve el propósito de la prueba como una causa  de beneficio para el examinado, a quien se le ofrece una oportunidad para superarse espiritualmente, de adquirir dominio de si mismo, de azuzar el instinto del bien con el instinto del mal y de exteriorizar la luz oculta en él.

    Rambán agrega de paso quien es la persona apta para ser probada: hay en esto una tentativa de solucionar el problema de la teodicea – un justo que sufre. Esto se refiere, sin duda a pruebas especiales, incomparables en su gravedad con las pruebas corrientes. Pero en cuanto a las pruebas habituales, dice Rambán en Shemot 20, 17:

El amo prueba a veces a su siervo con una labor pesada para saber si la sobrellevará por su amor, y a veces lo beneficiará para saber si le devolverá bien por bien, tal como dijeron nuestros sabios: (Shemot Rabá 31, 2) “Feliz el hombre que sale exitoso de la prueba, pues no hay en el mundo criatura que no sea puesta a prueba por Dios: El rico, para saber si es generoso con el pobre, y el pobre, para saber si es capaz de recibir su sufrimiento sin rebelarse.

    Después de haber tratado de aclarar la finalidad de la prueba, en suma, de toda prueba a la que Dios somete al hombre, reflexionemos ahora sobre esta prueba, motivo de la lección. Tratemos de comprender el holocausto de Yitzjak. ¿En qué consistió la prueba que Abraham tuvo que sobrellevar y en mérito a qué salió exitoso de la prueba? Comenzaremos viendo el comentario de nuestros Sabios en el versículo siguiente:

            Y aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham.                       22

    En el Talmud, tratado Sanhedrin 89b, leemos:

¿Qué significa “después”? Dijo Rabí Yojanán: en nombre de R. Yosi ben Zimra: Después de las palabras del Satán; tal cual está escrito (Bereshit 21, 8): “Y creció el niño y fue destetado, e hizo Abraham un gran banquete”, El Satán dirigióse al Santo, alabado sea: “¡Señor del Universo! ¿Este anciano a quien has agraciado con un hijo a la edad de cien años, de todo el banquete no podía haberte ofrendado en sacrificio una tórtola o una paloma?” Respondióle: “¿Acaso lo hizo sólo por su hijo? Si Yo le pidiera: Sacrifica a tu hijo, el lo hará de inmediato”. Y a continuación: “Probó Dios a Abraham”.

    La clave para la comprensión de este pasaje está en el dicho de Resh Lakish, Bava Batrá 16a: “El Satán es el instinto del mal”. La inclinación al mal que hay en los hombres, tanto los de nuestro pueblo, como de otros pueblos es la que exige saber porque Abraham mereció ser elegido de Dios. ¿Cuales fueron su méritos? ¿En que consistió su abnegación y su fervor? R. Yosí ben Zimra ve en el episodio del holocausto de Yitzjak una respuesta a estas preguntas.

    Veamos otras opiniones acerca de este acto. Dijo R. Yosef Albo en su obra filosófica Sefer Haikarim 3, 36:

El hombre no será alabado ni reprobado por una acción que ejecutó obligadamente, pero sí lo será, por la acción que realizó por su libre y exclusiva decisión. Por tal motivo fue alabado Abraham, debido a su amor a Dios hasta el punto de ser denominado en las Escrituras (Yeshaya 41, 8): “Mi amigo Abraham”, pues no tenía en su corazón otro propósito que el hacer Su voluntad y no hubo ninguna necesidad que lo obligara a sacrificar a su hijo – ni siquiera hubo una orden expresa de Dios que lo obligara a ello. Nuestros Sabios expresan esta idea en su comentario al versículo: “y denominó Abraham aquel lugar “Hashem yireh” – (=Dios verá). Abraham dijo: “Señor del Universo, Te es claro y evidente que cuando me dijiste: ‘Toma a tu hijo Yitzjak, a tu único, a quien amas y ofrécemelo en holocausto’, pude haber dicho: Pero ya me has dicho: ‘Porque en Itzjak será llamada tu simiente’, pero yo no dije así sino que dominé mi piedad y no inquirí el porqué de tus procederes”.

Resulta explícito de este comentario de nuestros Sabios que Abraham no estaba obligado ni siquiera por un mandato de Dios, pues habría podido excusarse con un argumento valedero, si así lo habría querido, pero no lo hizo, sino que dominó, por su amor a Dios, su piedad paterna. Esta es la razón por la que el mérito del holocausto no es atribuido a Yitzjak sino a Abraham, pues éste podría haberse excusado a fin de no sacrificar a su hijo, mientras que éste, que tenía 37 años, no habría podido excusarse si le habría sido ordenado sacrificarse.

Este es también el motivo por el que el sacrificio de Abraham es mencionado mucho más que el sacrificio de mártires tales como Rabí Akiva y sus compañeros y de otros mártires de nuestra historia; porque ellos lo hicieron para cumplir con el precepto que ordena santificar el nombre de Dios (Vayikra 22, 32) pero Abraham no estaba obligado por ningún mandamiento divino, y estaba plenamente consciente de lo que hacía, pues transcurrieron más de tres días desde que le fue dicho: “Toma a tu hijo” hasta el momento del holocausto.

El acto plenamente libre es realizado sin que nada le pese ni le obstaculice y, sin embargo, decide obrar tal como lo hizo.

    R. Albo ve la grandeza de Abraham en el libre albedrío absoluto del que gozó cuando ejecutó su acto. Nada lo coercía cuando ejecutó su acto. Nada lo coercía cuando obró. Ningún factor externo ni amenazas ni exaltación.

    Tampoco había una obligación íntima, la de quien sabe que recibió una orden que debe cumplir. Abraham no se vio obligado por un mandato supremo; no se dirigió al holocausto como quien dice: “Me ha sido impuesta una orden y la cumpliré. Este es mi deber y lo haré”, por lo que Albo insiste: “Pues ni siquiera una orden divina lo obligaba”. En cada momento de estos tres días podía haberse excusado y vuelto: “Pero Tu me has dicho: ‘En Yitzjak te será llamada simiente”. Mas él no lo hizo. Esto es lo que lo distingue de todos los mártires de la historia judía, pues ellos actuaron en cumplimiento del precepto de ofrendar la vida antes de transgredir la voluntad de Dios. Abraham realizó el sacrificio, porque, como Albo lo señala: “ninguna otra finalidad existía en su corazón sino hacer la voluntad de Dios”.

            Pero, aún hay motivo suficiente para que Satán, que lo acusó con anterioridad al holocausto vuelva a acusarlo nuevamente: “Es verdad, Abraham demostró que no le falta abnegación ni devoción para cumplir con la voluntad de su Creador, pero, también los adoradores de Moloj demostraron la misma abnegación al ofrendar a sus hijos. ¿En qué era más meritorio el acto de Abraham? La respuesta puede ser: Abraham obró impulsado por el amor – los idólatras por el temor, pues querían apaciguar y sobornar a su ídolo para evitar un peligro – mas Abraham obró sin estar acuciado por ninguna posible recompensa, pues para quien nada tenía valor cuando aun no tenía descendencia – (¡Señor! = Qué me darás cuando ando sin hijo?) - ¿Qué valor podía tener una recompensa después de haberlo sacrificado? Una respuesta diferente dio el Rabino Kuk, de bendita memoria, que vio signos de la búsqueda de la verdad incluso en la tenebrosidad de la idolatría, en la que vio almas perplejas que bregan por la comunión con su Creador. En una de sus cartas abordó este tema (Epistolario del Rabino Kuk tomo II, 43):

 La dedicación absoluta – típica de la idolatría, en la que el hombre primitivo vio la manifestación de su concepción del mundo, ahogó también su piedad paternal e hizo de la crueldad hacia sus hijos el signo de su adoración del Moloj – tuvo como fuente una convicción interna y oculta, que lo Divino es superior a cualquier otro valor y que todo lo que admirable y amable es como si nada ante El.

Cuando la luz divina debió hacer su aparición en toda su pureza, lo hizo con toda intensidad en la prueba del holocausto de Abraham, que demostró convincentemente que la dedicación a lo divino no debe revestirse con formas abominables como los de la idolatría, en la que se pierde por completo la chispa de la bondad divina, sino que también puede asumir formas puras (aunque la imaginación primitiva no puede ser elevada a la altura por falta de un estímulo material en un plano más humano). Está demás decir cuánto iluminó los caminos del hombre, cuánto reformó la vida de la sociedad y hasta que punto otorgó al espíritu humano una base firme en relación con sus aspiraciones eternas … Todos estos asuntos son evidentes. Lo que distinguió, por sobre todo, al acto del holocausto fue que la dedicación absoluta que implica la comunión con Dios, en un plano espiritual más elevado, no es menos extática. La posibilidad de tal superación quedó demostrada con la decisión de Abraham de sacrificar a su hijo. Esta prueba instituyó una ley natural para todas las generaciones de la humanidad. Aún la más refinada comunión, realizada en un plano que trasciende toda percepción grosera, puede penetrar en los rincones más ocultos del corazón. Sino hubiera sido por esto, la humanidad habría quedado estancada en los sentimientos salvajes y tenebrosos, aún cuando laten con vigor en relación con la divinidad o, en una espiritualidad fría, algo purificada, desprovista de la calidad de la vida vivida con toda profundidad.

             En un mundo en el que rige una concepción antropomorfa sensible y grosera de la divinidad; en un mundo en el que el sentimiento de añoranza por Dios no fue purificado aún por una conciencia clara y lúcida – ardió sin frenos el entusiasmo religioso llegando a la entrega de todo lo caro y deseado, teniendo “como fuente una convicción interna y oculta, que lo Divino es superior a cualquier valor y que todo lo que es admirable y amable es como si nada ante El”.

    La gran pregunta que el paganismo hubiera podido plantear a Abraham habría sido: ¿Podría existir el deseo de la proximidad de Dios en un mundo en el que no impere el sentimiento oscuro, indefinido? ¿En un mundo en el que el deseo de aproximarse a Dios sea acrisolado y purificado mediante la conciencia clara, por la pureza del pensamiento claro? ¿Podría existir la devoción ardiente, en todo su vigor, en un mundo limpio y “frío”?, en otros términos: ¿Necesita la humanidad representaciones materiales, concepciones oscuras – a fin de fortalecer en el corazón el deseo de la proximidad de Dios? ¿Podrá también un acto plenamente consciente llevar al hombre a un amor íntegro por Dios”

    El Rabino Kuk continúa refiriéndose a la contribución que hicieron las grandes personalidades de las Escrituras para la elevación del espíritu humano, el abrir el camino hacia la identificación con Dios. En su comentario al sacrificio de Yitzjak dice:

 Cuán maravillosa es nuestra oración que recuerda el mérito del primer patriarca, que luchó contra la barbarie emocional en la esfera de lo divino. El único y poco mérito de la idolatría residía en su popularidad, en su penetrar hasta lo más recóndito del corazón, cualidades de la que los paganos decían que la cultura humana no podría si ellas, porque afirmaban que una concepción pura de la divinidad es demasiado elevada para ser alimento espiritual para la multitud de naciones. Apareció el padre de la “multitud de naciones” y mostró el camino. No importa cuán hondo descendió la humanidad – siempre hay lugar para que la alcance la luz pura. El sacrificio de Yitzjak es recordado con piedad por sus descendientes, en todas las generaciones.

 Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la  Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986  Págs. 24 - 32.

 

 

 

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El sacrificio-una revelación de amor y apego al Creador

¿Cuál fue el sentido de esta prueba a través del sacrificio? ¿Por qué motivo, el soberano del mundo, pone a prueba al hombre?

Abraham se reconoció a sí mismo sólo en el Monte Moriá y se contempló a sí mismo bajo una nueva luz. Allí sobre la montaña, repentinamente descubrió la dimensión de su entrega y fidelidad al creador del mundo. Sólo al estar parado sobre el Monte Moriá, Abraham comprendió que el universo es posible aún sin Itzjak, mientras que él no puede vivir siquiera un instante sin el creador del mundo. “Ya que fuerte como la muerte es el amor. Duro cual el sepulcro es el celo. Sus brasas son brasas de fuego, llamarada“(ShirHashirim, Cantar de los Cantares, capítulo 8, versículo 6)

¿Por qué motivo quería Dios que Abraham supiera fehacientemente quién es Él, qué es lo que se oculta en la profundidad de su “Mundo Oculto”?

¿Por qué Dios lo pone a prueba al hombre? Para que el hombre se conozca y se comprenda más a sí mismo…

Toda la prueba del sacrificio de Itzjak, que finalmente no aconteció, no era sino para que “como suele decirse hoy en día” (Versículo 14), para manifestarles y mostrarles a Abraham y a Itzjak, cuán profundo es el amor de ellos por Dios.

Artículo editado por el equipo del sitio de Tanaj, extraído del libro del Rabino  Yosef DovHaLevíSoloveichik, “Días recordatorios” (IemeiZikarón”), página 225

Rab Yosef DovHaLevíSoloveichik: Fue uno de los líderes espirituales del judaísmo ortodoxo en Estados Unidos en el transcurso del siglo XX. Nieto del Rabí Jaim de Brisk. Una eminencia en la Ley Judía (Halajá), Director de una Academia Rabínica e intelectual. Fue miembro de la dirigencia del movimiento Mizraji.

 

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Akedat Itzjak - Emuná

La Parashá Vaiera nos enfrenta con Abraham el profeta, el padre del judaísmo y de la Torá. La personalidad de Abraham ha sido poco escrutada y analizada, y a pesar de los distintos comentarios y exégesis que se han tejido a su alrededor, siempre encontraremos en su personalidad matices insospechados que pasaron inadvertidos por los estudiosos. La causa esencial de esto es que Abraham se ha convertido en un símbolo, en el símbolo del pueblo judío entero.

Lo más trascendental que podemos notar en la vida de Abraham es que, toda su existencia es un continuo superarse. Podríamos creer que Abraham por efectos de una revelación divina llega instantáneamente a la altura espiritual que poseyó, y que al ver en el mundo un Ser Supremo, reconoció inmediatamente la verdad Universal. Sin embargo nos equivocaríamos. La senda de Abraham ha sido la de una continua elevación, elevación que culmina con la Akedat Itzjak, el sacrificio de Itzjak. El Talmud nos relata que Abraham comienza su epopeya destrozando los ídolos de su padre Teraj. Más aún nos muestra como Abraham llegó a la concepción del Monoteísmo. Observa los astros celestes, observa sus movimientos y sus acaeceres, estudia la naturaleza toda y de ella llega a la creencia en Ds'. Es imposible concebir al mero azar como creador del Universo y aún así convertiríamos este mismo azar en la Divinidad.

Abraham se eleva pues de los “sentidos" a la "razón”, de la "materia" al "espíritu". Existen seres sobre cuya existencia superior los sentidos no pueden decirnos nada, por la sencilla razón que su esencia es superior a ellos. Solo el alma se puede elevar hacia ellos.

Para el ciego los colores carecen absolutamente de sentido, y en cierta manera son inexistentes, al igual como con nuestros sentidos no podemos tener percepción alguna de la electricidad. Esta elevación fue la primera Revolución de Abraham, y ella fue el motivo y el móvil de su lucha en Ur Casdim y de las persecuciones de que fue objeto. Los distintos sucesos de su vida en Eretz Israel son los que lo condujeron a su segunda elevación, su elevación por encima de la "razón" y del “entendimiento humano". Existen en el Universo factores sobre los cuales nuestra experiencia y nuestro entendimiento son estériles, existen acaeceres que muestran un Supremo Hacedor, una ley eterna de Bondad, pero de Inflexible Justicia. Y estas dos superaciones, por encima de los sentidos y aún de lo que parece “lógico" y "razonable”, la intención de la existencia de un mundo superior es la base de los principios de la Torá y la Visión Judía del Universo.

Abraham es pues el símbolo de la Elevación y la Superación, y nos muestra no solo el camino del pueblo Judío, sino de todo el Universo entero.

En Akedat Itzjak, el sacrificio de Itzjak, nos muestra en cierta manera los principios enunciados, y por sobre todo la Emuná, la fe suprema en el Señor. El Judaísmo lucha incansablemente contra la ceremonia pagana de los “sacrificios humanos”. La promesa a Abraham se basaba en la continuidad histórica, “En Itzjak continuará tu simiente” le ha sido prometido y el hijo de su ancianidad es la milagrosa realización de la promesa divina. Y he aquí que la Divinidad ordena a Abraham sacrificar a su propio hijo!

Vemos aquí personificada la lucha entre la naturaleza del hombre que se rebela contra lo incomprensible y la que le muestra el camino de la fé en lo incognoscible, en aquello superior a nosotros mismos.

 Y triunfó la Emuná, la Fe.

Es interesante detenerse sobre estos pensamientos. Cuando Iaakov debe elegir mujer vemos como Rivka se dirige a Itzjak pidiéndole que mande a Iaakov a Aram-Naaraim, pues las hijas de Canaán no la satisfacían de ningún modo. De la misma manera Abraham manda a Eliezer a su antiguo hogar en Jarán para que busque allí una mujer para Itzjak. La causa es muy sencilla. Una temible costumbre existía en Canaán que los individualizaba aún de los paganos de Aram-Naaraim. Laban padre de Raquel y hermano de Rivka podía ser pagano, pero una costumbre les era totalmente desconocida: la de los sacrificios humanos, mientras que en Canaán una de las bases del culto idólatra era la de los sacrificios de los hijos, entre ellos el tristemente famoso Moloch.

Los sacrificios humanos estaban en la antigüedad mundialmente extendidos. En Méjico era costumbre azteca, y en Grecia la practicaban los antiguos helenos. Unos inmolaban a los primogénitos, otros a los enemigos. La Torá luchó con toda su fuerza contra éstas prácticas. Los antiguos acostumbraban a sacrificar a sus primogénitos. Los romanos tenían un total arbitrio sobre sus hijos, hasta el punto de disponer a su antojo de sus vidas. La Torá niega totalmente el derecho de una persona de disponer de la vida del otro. Solo el Bet-Din, el juzgado, tiene el poder de disponer de la vida y hacienda de los hombres y todo según la ley.

En principio pues el “sacrificio humano” carecía de sentido según la Torá, pues nadie puede disponer de la persona humana, ni siquiera de la propia. Pero la Torá nos dice aún más, lo que ella exige de nosotros no es el sacrificio material, sino el espiritual y la pureza de nuestros corazones deben sobreponerse a la de nuestros presentes.

Y el sacrificio de Itzjak paradójicamente nos muestra estos principios.

“Y aconteció después de estas cosas, y probó el Señor a Abraham...... y dijo:

“Toma ahora tu hijo, tu único, a quien amas, a Itzjak, y vete a la tierra de Moriá y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré”. (XXII, 1-2).

 

Esta es la orden del Señor que Abraham ejecuta. Pero cuando Abraham se dispone a ultimar a Itzjak aparece ante él la visión divina que le dice:

“No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada, que ya conozco que temes al Señor puesto que no me rehusaste tu hijo, tu único” (12).

La Torá se opone a la idea de los sacrificios humanos y la misma Akedat Itzjak nos muestra esta oposición: “No extiendas tu mano sobre el muchacho" es una indicación a las generaciones futuras contra toda especie de sacrificio humano. La Agada y la Kábala nos representan en el mundo espiritual a Gabriel sacrificando en un altar celestial almas de los justos. Con esto está expresada la idea de que el verdadero sacrificio, es el del espíritu.

En el relato de la Akeda, en la orden divina y en cumplimiento por Abraham, vemos detalles  interesantes y sintomáticos. La orden divina se nos aparece despaciosamente: Toma tu hijo, tu único, a quien amas, a Itzjak. Vemos aquí una minuciosidad especial. Más aún el lugar no le es aún especificado, y un camino de tres días lo separa de la meta, la tierra de Moriá.

Rashi deteniéndose sobre esto expresa:

"למה איחר מלהראותו מיד? כדי שלא יאמרו: הממו וערבבו פתאום וטרף דעתו, ואלו היה לו שהות להמלך אל לבו, לא היה עושה" (כ"ב ד)

"Para que no se diga-le confundió”, prontamente y se perdió la razón. Si hubiese tenido posibilidad de discernir y analizarlo no lo hubiese hecho".

En efecto he aquí el primer principio de la Akeda, la plena y total responsabilidad. Las palabras del Señor no aparecen ante él súbitamente, no le confunden ni le abruman y a pesar de las preguntas que ante él se aparecen se encamina a la meta, al lugar del sacrificio.

Y nosotros no podemos imaginar los problemas y las preguntas que atormentarían el alma del anciano patriarca en aquellos instantes. Diez pruebas (Asara Nisionot) pasó Abraham, y el sacrificio de su hijo fue la Superior y la final, pero nunca lo comprenderemos, si no tomamos en cuenta la promesa divina de que Itzjak iba a ser el padre del pueblo elegido; pero Abraham sobrepasó esta última prueba también y llegó a la máxima perfección, a la máxima altura moral y espiritual. Podemos notar en la descripción de la Torá:

“Y Abraham se levantó muy de mañana y ensilló su asno y tomó consigo dos mozos suyos y a Isaac su hijo y cortó leña para el holocausto y levantóse y fue al lugar que Ds' le dijo".

Abraham mismo realiza todos los trabajos necesarios, y estos trabajos están minuciosamente descriptos por la Torá. Rashi nos dice:

“באהבה מקלקלת השורה"

“El amor anula los honores”. Abraham el potentado no utiliza sin embargo a sus siervos para estos actos, sino les realiza el mismo". La conciencia del mandamiento divino lo lleva a realizarlos a pesar de ser para él el preludio de la más dolorosa de las exigencias. Según el Midrash el "asno de Abraham" es también el asno de Moshé y del Mesías. El autor del Sefer Akedat Itzjak, explica este Midrash diciendo que al acto de ensillar el asno, realizado por el propio Abraham, simboliza el dominio sobre la materia, y este es también el sentido de la vida de Moshé y de la llegada del Mesías. Todo aquí nos muestra pues la victoria interna de Abraham.

 

Y realmente el problema de Abraham representa una cuestión universal. Como ya lo hemos hecho notar en el problema de lo incomprensible. La orden dada a Abraham nos recuerda a la primera “vete de tu tierra, tu patria y la casa de tus padres….”. Abraham que allí debió abandonar a sus padres, debe aquí despedirse de su hijo. Cómo es esto posible?.

 

Este problema es también el que encierra el libro de Job el justo, sobre el cual caen repentinas desventuras. Ni Abraham, ni Job saben que se hallan ante una prueba que la Providencia Divina les depara. El hombre sólo puede observar con sus humanos ojos de carne el devenir de los sucesos, los acaeceres y los acontecimientos, pero él no puede ver aquello Superior que se esconde y oculta bajo los materiales mantos. Podríamos nosotros verbigracia ver, como alguien lo ha hecho notar, a un antiguo guerrero lavando su carro de las manchas de sangre, y en esa misma agua observar a las rameras bañándose y a los perros bebiendo. No vemos quizá en ello nada trascendental, pero ello ocurrió al cumplirse la profecía sobre Ajab el tiránico rey de Israel cuya perversa sangre por designio divino iba a simbolizar el destino de todo mal.

En la unión de los pequeños actos de por sí incoherentes y faltos de sentido, en la Unidad de la Creación y de la Providencia, existe una fuerza Superior que dirige la historia humana por sus sendas. Quizás queden cosas incomprensibles, más como pretenderá el raciocinio humano, cual gota de mar, abarcar la infinitud y la inmensidad de los insondables e inescrutables misterios. 

Solo al fin, con la apreciación divina le fue dado a entender a Abraham lo que realmente le ha sucedido, la magnitud de su sacrificio y la Ley Suprema. “Los actos de los padres son señal para  los hijos, la historia del pueblo judío todo quizás también contenga secretos y misterios que la mente humana no alcance a descifrar, pero que tienen como última finalidad el bien:

“Y yo me acordaré de mi pacto con Iaakov y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré"

Levítico (XXVI 42)

“Y volverán los hijos a su heredad y los redimiré".

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¿Qué era el Eshel que plantó Avraham?

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Reproducido con autorización de Editorial Ner [email protected]   ‎
​Copyright, derechos reservados y reproducción prohibida de los mismos

¿Qué era el אשל que plantó Avraham? (v. 33)
RASHI: Esto lo discuten Rav y Shmuel. Uno dijo que era una huerta
de la que traían frutos a los invitados durante su comida. El otro dijo
que era una posada para albergarse, en la que había toda clase de
frutos. [La razón de que el versículo diga que “plantó” una posada es
como] encontramos la expresión “plantar” en conjunción con la
construcción de carpas, como dice el versículo: “Y plantará (ויטע)
sus carpas palaciegas” (Daniel 11:45).
RADAK: El éshel era un tipo de árbol. Según el Midrash, Iaacov llevó
este árbol consigo a Egipto y luego fue utilizado para hacer la
barra soporte central del Tabernáculo.
BEJÁIE: Como tenía un pozo, Avraham quiso plantar una huerta que
pudiera nutrirse con sus aguas. Su intención principal era beneficiar
a los invitados con frutos, como continúa el versículo: “allí [incentivaba
a todos los huéspedes] a proclamar el Nombre de Dios, el
Dios del mundo”.

Torat Menajem
EL ÉSHEL (V.33)
La traducción literal de la palabra éshel es “árbol” [comp. con Radak],
como vemos en los siguientes versículos:
“Shaúl se sentó en Guivá debajo del árbol (האשל) en Ramá” (I Samuel 22:6).
“Lo enterraron debajo del árbol (האשל)” (fin de I Samuel).
En ambos versículos resultaría imposible aplicar las traducciones de Rashi
(“huerta” o “posada”), pues uno no puede sentarse bajo una huerta ¡y
ciertamente no bajo una posada! Tampoco es probable un entierro bajo
una huerta o una posada.
Entonces, ¿por qué rechaza Rashi aquí el significado simple de éshel y
sugiere dos traducciones no literales?

LA EXPLICACIÓN
A Rashi le inquietaba la siguiente pregunta:
El hogar de Avraham, Beér Sheva, no era un desierto estéril sino una
zona normal, poblada. Siendo así, ¿por qué se nos dice que “plantó un
árbol”? Ciertamente, ¡este es un hecho para nada destacable, que no
amerita su inclusión en la Torá!
Además, el mismísimo versículo continúa diciendo que él hizo que la
gente “proclamara el Nombre de Dios, el Dios del mundo”. Esto genera la
pregunta: ¿qué conexión hay entre plantar un árbol y hacer que la gente
proclame el Nombre de Dios como para que ambos eventos fueran incluidos
en el mismo versículo?
Debido a estos problemas, Rashi escribió que aquí estamos hablando
de una huerta, lo que explica: a) por qué el suceso era lo suficiente significativo
como para estar escrito en la Torá, y b) su conexión con la obra
de Avraham de recibir invitados e incentivarlos a creer en Dios – esto es,
sirviéndoles comida.
Un problema con esta explicación es que la conexión entre el comienzo
y el final del versículo es débil. Una huerta habría sido una mejora relativamente
menor en la obra de Avraham de recibir, alimentar y alojar invitados.
Le habría proporcionado meramente algunos frutos para su postre.
Por lo tanto, Rashi ofreció la segunda interpretación (de Shmuel) que
explica de manera más satisfactoria el versículo como un todo. Si entendemos
éshel como “posada”, tiene más sentido por qué la Torá continúa
diciéndonos inmediatamente que, como resultado directo del éshel, la
gente llegaba a creer en Dios. Pues el servicio completo de alojamiento
que ofrece una posada ciertamente habría tenido un mayor impacto en
los visitantes.
Sin embargo, un problema con esta última interpretación es que se desvía
más de la traducción literal de la palabra éshel que literalmente
significa “árbol”, por lo que Rashi la colocó en último lugar.
Y como cada interpretación es levemente problemática, Rashi eligió
citar tanto la solución de Rav, más precisa en el plano de las Escrituras,
así como la respuesta de Shmuel, más contextualmente apropiada.
(Basado en Sijat Shabat Parshat Vaierá 5747)

*Estos materiales fueron publicados en el Jumash producido por la Editorial Ner, www.kehot.com.ar 
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