Anojí Hashem Elokeja


Analicemos el primero de los diez mandamientos:
Yo soy Hashem Elokeja que te saqué de la tierra de Egipto, de la servidumbre.
Preguntas
• ¿Qué quiere decir Hashem Elokeja?
• ¿Este versículo es una introducción o un precepto? Aparentemente no está prescribiendo nada.
• ¿Cómo es posible que Dios nos obligue a creer en Él? Si no cree en Dios, entonces  tampoco creerá que este precepto fue dicho por Dios y si ya cree en Él  ¿para qué lo obliga a creer, si ya cree en Él?
• Si se trata de un precepto, ¿De qué se trata?, ¿Qué es lo que debo hacer, creer o sentir?      
• ¿Para qué agrega: "Asher otzetija-que te saqué de la tierra de Egipto", esto es  una descripción del nombre Hashem o de Elokeja, o se refiere a otra cosa? ¿Para qué lo trae? ¿Por qué no dice: “Que cree los cielos y la tierra”?
• ¿Qué agrega con las palabras: "bet avadim –de la esclavitud", eso ya lo sabían, por que no dice: “te liberé de la muerte o de la perdición”? 
Respuestas
Iben Ezra explica que el motivo por el que dice: “Te saqué de la tierra de Egipto” y no dice: “Que creé los cielos y la tierra”, es porque al ver todos los milagros que ocurrieron en Egipto les demuestra que Dios está por sobre la naturaleza, y por ende Él es el que la creó. Al decir, que te saqué de Egipto esto incluye la creación del mundo.
Con respecto al Shem Hashem, para Iben Ezra significa: El Dios único, eterno e incambiable, como vimos en el Midrash Shemot Rabba 5 (2:5) Dios maneja a los demás pueblos por medio de las leyes de la naturaleza, en cambio a Israel no los conduce mediante las leyes naturales.
Existen distintos niveles de percepción: 
1. El más bajo, es aquel que precisa ver lo milagros para creer. Para  este nivel es que dijo Que te saqué de la tierra de Egipto  
2. El grupo más elevado, es aquel que llega a percibir a Dios  por medio del sejel-raciocinio y para ellos dice Anojí Hashem Yo soy el Señor. Sin necesidad de milagros, sino captando la veracidad de la existencia de Dios.
El Kusari, en vez de analizar lo que dice el versículo,  hace más hincapié en lo que no dice, por ejemplo: no dice “El que creó el mundo” Él sostiene que es así porque el camino del judaísmo no es como el análisis que hace la filosofía, que observa el mundo y saca conclusiones. El camino para él,  es el de la observación de la historia del pueblo judío, desde los patriarcas y es por eso que dice: “Que te saque de la tierra de Egipto” que es donde había bajado el último de los patriarcas. Él ve a Dios a través de Su accionar con el pueblo de Israel.
Acorde a Iben Ezra, Elokeja se refiere a la obligación de servirLo (lo entiende como el precepto de servir a Dios y no como Conocer a Dios)
Como dice el Midrash: Velakajtí li laam… Ani Hashem Elokeja esto es una ordenanza y lo que dice al final: Mibet avadim es para decirles por qué están obligados, dejaron de ser siervos del Faraón para ser siervos de Dios. Y esta es la verdadera libertad, no hacer lo que se le dé la gana, anarquismo, sino que por medio de los preceptos nos liberamos de nuestros impulsos ietzer y hago lo que realmente es apropiado hacer sin ser influenciado por mis impulsos.
También agrega que Elokeja incluye la relación de Dios con nosotros como Manhig-Shomer Protector, ¿de dónde lo aprende?, de lo que dice en Shemot 6:7 y sabréis que Yo soy el Eterno, (Elokeja) vuestro Dios, al redimiros de los trabajos forzados en Egipto.
En resumen dice: Anojí Hashem, ya dijo lo que es Hashem y por eso lo obliga  a recibir Su reinado maljut, a  esto se refiere cuando dice: Elokeja y Asher Hotzetija, para eso es que nos sacó. El mensaje es: Ustedes tienen que servir a Dios (Nótese que no dice: “conocer”)
Najmánides dice en forma tajante que esto es un precepto mitzvat ase y se trata de ladaat uleamin baHashem Conocer y creer en Dios. (Como Rambam) (Debemos profundizar cuál es la diferencia para Najmánides entre Conocer y creer)
También dice que Hashem es eterno y que creó el mundo con Su voluntad, esto contradice a lo que sostiene Aristóteles, que el mundo no fue creado, sino que siempre existió y si bien Aristóteles sostiene que Dios es anterior a todo lo existente, él lo explica dando como ejemplo: el mundo es como la sombra que es un accidente de la luz y por ende no puede anteceder a la luz, siempre que hay luz, entonces inmediatamente hay sombra. Lo mismo ocurre con el universo; de momento que existe Dios entonces el universo existe. Dios es como la luz y el universo es como la sombra, existe automáticamente. Es verdad que hay un Ser superior que antecede a todo, pero eso no quiere decir que este Ser supremo haya creado o se relacione con el universo o que le transmita al mundo Su voluntad.
En cambio para Najmánides, el precepto es saber que Dios existe y que de Él (de Su voluntad) todo depende.
Con respecto a Asher Hotzetija esto implica Su existencia. Al ver Sus actos, desprendo que existe. (Iben Ezra dijo que esto era para demostrar que está por  sobre todas las fuerzas de la naturaleza, para él no hace falta explicar Su existencia, eso ya es obvio, lo que hay que enfatizar es que Él está por sobre todo). Sin embargo para Najmánides, estas palabras vienen a hablar sobre Su existencia, con Anojí ya dijo que tienes que conocerlo Ladaat oto y ahora viene a enseñarnos  cómo lograrlo. Es decir, a través de los milagros, el que tiene el poder, etc.
Najmánides agrega además, que de itziat mitzraim aprendemos también  que hay ratzon Voluntad, es decir no se trata de un mundo eterno y estático, tal como plantea Aristóteles,  porque esto implicaría que en el mundo y la naturaleza no puede haber cambios. En  Egipto vimos cómo la naturaleza cambió, y esto implica que Dios sabe lo que pasa, que interviene y podemos ver Su poder. Todo esto me habla de ijud Unicidad, pues no hay nada ni nadie pueda impedir a Dios hacer lo que Él quiere hacer. 
Si el objetivo para Najmánides es demostrar que existe Voluntad y que Dios es el que creó todo entonces ¿Por qué no dice directamente Hasher barati et  shamaim… que creó los cielos y la tierra? Él responderá que el concepto de la salida de Egipto incluye todo esto, tal como dijimos anteriormente, además, es lo que vieron con sus propios ojos y todavía esta fresco en su mente.
Para Najmánides, el tema de los milagros y maravillas es central, y quien no cree en esto es kofer renegado, porque niega todo lo que dijo acerca de kadmon y ratzon Eterno, Voluntad y poderoso. (Pero él no explica cuál es la esencia de ese poder que tiene ratzon y es kadmon)
En base a todo esto, es un mérito para el pueblo de Israel ser siervos de Dios, no es que dejaron de ser siervos de los egipcios para ser siervos de otro amo más, sino que es un honor para ellos, pues ahora sirven al Dios supremo. 
En resumen: Hay dos ordenanzas en este versículo, una de emuná –saber que Dios existe (Anojí) y otra de laavod -servir (Elokeja).
 

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Los diez Mandamientos

Los "Diez mandamientos" los principios fundamentales de las doctrinas hebreas se nos aparecen con todo su esplendor, el pueblo reunido ante el monte de Sinaí, oye las palabras divinas y las transforma en la base de su existencia toda.

Y compenetrémonos en los sacros versículos.

Una primera peculiaridad que debemos remarcar, es la primera división de los "Diez mandamientos" en dos grupos. Los primeros cinco corresponden a las Mitzvot Shebein Adam Lamakom, "los preceptos entre el hombre y la divinidad", y los últimos son Mitzvot Shebein Adam Lejabero, preceptos entre el hombre y su prójimo.

Este es el primer sentido de las dos tablas de la ley, la idea judía de la correspondencia y unión entre los así llamados "preceptos religiosos" y sociales.

En la Torá no existe realmente diferenciación entre dos principios, pues ambos emergen de su misma concepción integral, y toda trasgresión sobre los preceptos sociales, es realmente un pecado religioso.

Las dos tablas de la ley, nos muestran el dualismo de la legislación, dualismo simplemente metodológico, ya que ambos son expresión de la verdad interior, de la "senda de la Torá".

Más aún si nos compenetramos en el sentido de los diez mandamientos veremos ellos se hallan unidos de acuerdo a nuestros principios morales. Comparémoslos pues, respectivamente.

1) Yo soy el Señor tu Ds que te saqué de la tierra de Egipto de casa de siervos.

2) No tendrás dioses ajenos ante mi, no te harás imagen ni semejanza alguna. 

3) No tomarás en vano el nombre del Señor tu Ds’.

4) Acordarte has del día Sábado para santificarlo.

5) Honra a tu padre y a tu madre       

6) No matarás    

7) No cometerás adulterio

8) No robarás

9) No elevarás contra tu prójimo falso testimonio

10) No codiciarás los que es de tu prójimo.

Es sumamente sencillo notar la simple relación entre los preceptos entre sí. Los primeros dos preceptos son la "creencia en Ds" y la prohibición del crimen. En uno de sus lugares nos dice el Talmud:    

"כל הרוצח את הנפש כאילו ממעט את הדמות"

"Aquel que asesina a un hombre, es como si reduciría la figura-divina". La expresión figura divina, es completamente alegórica, más aquí se halla la idea central del judaísmo sobre el valor y el sentido de la vida humana.

El "no matarás", no es solamente un precepto social, pues aún el suicidio está prohibido. En este precepto se esconde la conciencia de la fundamental importancia humana. Cada persona es sagrada, y tiene su misión en este mundo y nadie tiene derecho a argüir: "mi sangre es más roja...". La Torá nos muestra un destino, un plan divino en la Naturaleza y la historia, en el Universo todo. Es la presencia de Ds' en él, y todo asesinato, es el pecado contra este plan universal, es la negación de la divinidad. No somos los dueños de nuestras vidas, existe un plan, en fin, un ideal, Existe el Señor.

La creencia en dioses extraños, la idolatría, el paganismo, y la adoración de imágenes, es la adulteración de la verdadera creencia y existencia. Y alegóricamente la Torá nos une los dos universos, el material con el Espiritual. Psicológicamente corresponde la falas creencia, al adulterio moral. Las dos series de mandamientos nos muestran como las dos esferas de la acción y del pensamiento humano se hallan unidas por medio de su alma y psicología.

Las dos acciones al parecer distintas, pero nos muestran el mismo pecado, la misma corrupción del alma, y es esa corrupción más que su exteriorización lo que se debe extirpar, pues todo es solo su reflejo. Así el "asesinato" y la "no creencia", la negación del alma, la falsa creencia con el adulterio, su adulteración y falsía. "Como si" el hombre mataría o adulteraría lo divino que existe en la naturaleza.

El tercer principio es el de la "ocultación". "No llevarás en vano el nombre del Señor": y "No robarás”

El Talmud nos indica que psicológicamente el "robo" o "hurto", es muy peculiar. El ladrón trata de ocultarse, comprende, conoce la ley, más trata de evadirla. El Gazlan, el asaltante a mano armada y al descubierto, no la acepta, se burla de ella, la niega, el Ganav el ladrón la ve, la siente, y la teme y se oculta de ella. Es la persona que huye de Ds', y busca su refugio allende los mares o la cordillera. El Gazlan es una posición, una teoría, Ganav es una depravación, una enfermedad moral, y aquello es también con el que jura en falso. Oculta su falsedad en la verdad, y huye de la verdad. Cree que puede ponerse a salvo de la Justicia Divina y Eterna. Es la “ocultación”.

La “ocultación” trae consigo su contrario el “reconocimiento”. El hombre debe reconocerse a sí mismo y reconocer al Universo todo. El Shabat es el testimonio de la Creación, y su correspondiente precepto es "No dirás falso testimonio”. El Shabat representa en general las Mitzvot, los preceptos hacia la Divinidad, mientras que la prohibición del falso testimonio nos muestra los preceptos hacia nuestro prójimo. Si hasta aquí hemos visto la "parte teórica”', ahora nos hallamos frente a la práctica, la corporización y materialización de los “conceptos” en “preceptos”.

Los últimos dos mandamientos son la "honra a los padres” y la prohibición de codiciar lo que pertenece a nuestro prójimo. La honra que los hijos deben a sus padres es un precepto de la categoría "Sheben Adam Lamacom”, y en el judaísmo no existe el concepto romano de  patria potestad, por el cual el padre podía disponer a su arbitrio de la vida y destino de  sus hijos.

La “honra a los padres”, nos dice el Talmud, es en cierto modo parte de la "honra a Ds’”, el creador.

El Talmud compara repetidas veces estas “honras”, pues son expresión del reconocimiento, y del sentimiento que en nosotros el conocimiento de Ds' y de los “padres”, hace nacer. En cierto modo Kibud Ab Vaem, significa la compenetración interna en las Mitzvot y su Kavana  (intención), precepto que corresponde al "No codiciarás”, la compenetración en los "preceptos sociales”. No deben las Mitzvot poseer únicamente un sentido material que degenera en lo mecánico. No deben observarse el "no robarás” o el “no matarás”, porque la ley lo impone, sino pues nacen del “No codiciarás", es decir de la elevación y compenetración interna.

Un sabio Judío observó en una oportunidad, que las prohibiciones de los “Diez mandamientos", no se hallan en “imperativo”, sino en simple futuro. Prescribe la Torá “no robes”, sino "no robarás”

אל תגנב

לא תגנב

Esta peculiaridad, comentó, nos muestra que el verdadero sentido de los Mitzvot es la transformación del hombre. No es una ley, una disposición, un “imperativo", que el hombre debe cumplir, sino por el contrario una educación integral en la que el precepto se convierte en parte natural de su personalidad, y que el hombre observa naturalmente, es un "futuro”. Quiere la Torá que lleguemos a la altura espiritual en la que no se puede hacer el mal. No “imperativo”, sino "futuro".

El Kli lakar ve la unión entre las "dos tablas" en forma un poco distinta. Más bástanos  con esto, para mostrar que el Judaísmo niega totalmente esa división que existe en otras religiones o confesiones entre las creencias y los actos. Para el judaísmo que un hombre religioso haga mal al prójimo es un absurdo. No porque sea imposible este dualismo jesuita, sino porque una persona tal, para la Torá, no es religiosa.

Seiscientos trece preceptos conoce la Torá, la ley escrita, y en ellos no hay distinciones, e igual prohibición es el llevar usura, engañar, robar u oprimir al pobre o al obrero, que cumplir con el Shabat,Tefilin o cualquier otro precepto religioso. La moral social, según la Torá, no es producto de un convenio, pacto o contrato, sino que nace de sus convicciones religiosas, y separación dualista es imposible. Todo se une en su raíz principal, su convicción religiosa.

El primero de los "Diez mandamientos", merece especial detenimiento, pues en él se encierran los principios del Judaísmo: "Yo soy el Señor tu Ds' te ha sacado de la tierra de Egipto, de casa de esclavitud". "Yo soy el Señor”, he aquí la afirmación de la unidad de Ds' de lo que habría de nacer el futuro precepto. "No tendrás dioses extraños, ante mi". El "Yo soy el Señor” nos indica por otra parte también el segundo principio:"Tora-Min Hashamaim”. La revelación divina de la Torá. No es ésta una legislación profana, hecha a la medida humana, sino la revelación de las divinas y eternas verdades. El Tercer principio es el de "Sajar Vaonesh”, "recompensa y castigo”, representado por el "que te ha sacado de la tierra de Egipto". Nuevamente no nos enseña la Torá afirmaciones deícticas sino la convicción que la historia y la Naturaleza se hallan regidas por un principio divino que los domina. Los oprimidos son liberados, los opresores castigados, es la Providencia. Se condensan así, en esta primera afirmación los tres máximos principios hebreos.

אחדות הבורא, תורה מין השמים, שכר ועונש

Antología I) "No hagas Dioses de oro y plata" (Shemot XX,20). No conviertas al oro y la plata en dioses para ti. II) “No lleves (Lo Tisá) el nombre del Señor tu Ds' en vano” (Shemot XX, 7)

El pueblo judío lleva en sí el Nombre divino es el estandarte entre los pueblos, y sobre él está dicho: “No lleves el nombre de tu Ds' en vano”. Si tu vida es material, igual a los demás pueblos, sin aspiraciones divinas, el nombre del Señor está sobre ti en vano. No como todos los pueblos, es el de Israel.

III) “Y acampó allí Israel ante el monte" (XIX, 2) No dice "acamparon", sino "acampó", señal de la unión del pueblo de Israel. Cuando el pueblo se halla unido, entonces pudo Moshé “subir al monte”, y salvar al pueblo. Cuando impera por el contrario la discordia de los corazones. “Las manos de Moshé estaban pesadas" (Shemot XVII,12) y el dirigente no puede ayudar a su pueblo.

Beer Itzjak.

 

 

 

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“El día Sabado!”

 

 Acuérdate del día Sábado para santificarlo. 20, 8

Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra; el mar y todo cuanto en ellos hay, y descansó en el séptimo día; por tanto, el Señor bendijo el día del Sábado y lo santificó. 20, 11 El vocablo “acuérdate”, empleado en el cuarto mandamiento se presta a diversas interpretaciones.

    Rashí:

“Acuérdate …” Ten siempre presente el día del Sábado, que si encuentras un objeto hermoso, guárdalo para gozarlo en el día del Sábado.

    Rashbam:

“Acuérdate del día Sábado”: el verbo recordar se refiere siempre a tiempos pasados, por ejemplo (Devarim 32, 7): “Recuerda los días de la antigüedad”, (Shemot 13, 3): “Acordaos de este día, en el cual salisteis de Egipto”, (Devarim 9, 7): “Acuérdate, no te olvides, de cómo provocásteis la ira del Señor tu Dios, en el desierto” – lo mismo aquí “Acuérdate del día Sábado” de la Creación, tal cual explica más adelante: “Porqué en seis días hizo el Señor …”: por tal razón está escrito aquí “acuérdate”, a fin de santificarlo interrumpiendo las labores.

    R. Ovadia Sforno:

“Acuérdate”. Recuerda constantemente el día Sábado en tus ocupaciones durante los días de la semana; del mismo modo como: “Acuérdate de lo que hizo Amalek contigo”. Así será el procedimiento para santificarlo: previno ordenar las ocupaciones mundanales de tal manera que pueda desentenderse por completo de ellas durante el día Sábado. Según Rashí y Sforno, la recordación está dirigida al porvenir, al Shabat por venir. Debemos ver en el día de Sábado la culminación y la meta de la semana. Lo que se adquiere de valioso durante la semana debe ser guardado, según Rashí, para gozarlo en el día Sábado. Según Sforno, los asuntos de la semana deben ser organizados de modo que no interfieran con el descanso sabático. El acto de recordar, según Rashí, es activo; debe consistir en preparativos para honrar el Sábado. La recordación de Sforno, en cambio, es pasiva; consiste en disponer todo de modo que no sea turbada la santidad del Sábado.

Rashbam concibe el acto de recordar como orientado hacia el pasado; hacia el primer sábado, el que siguió a la creación. Este parece ser el significado directo del texto, pues la obligación de guardar el Shabat está motivada explícitamente con referencia al Sábado de la creación. La mayor parte de nuestros comentaristas se inclinan por la opinión de Rashbam, aunque sin su argumentación linguística. Rambam agrega un motivo adicional, tal como lo expresa en la Guía de los Descarriados (IIIa. Cap. 43):

En cuanto a la institución del Shabat, su motivo es demasiado conocido para que haya necesidad de explicarlo. Se sabe que por un lado, es el reposo. Se ha querido que la séptima parte de la vida del hombre transcurra placenteramente y que repose de la fatiga y de las cargas, a las cuales nadie, ni pequeño ni grande, puede escapar. Por otro lado, ayuda a perpetuar, a traves de las generaciones, la conciencia de una doctrina muy importante: la de la novedad del mundo.

Parece que Maimónides quiso proveer aquí de una explicación simple, accesible al como n de la gente, en adición a la razón profunda, de la creación del mundo ex-nihilo.  Rambán acentúa precisamente este último motivo:

“Acuérdate del día Sábado para santificarlo”: …y cuando explicaron este versículo en su sentido llano, dijeron, que su intención es que tengamos presente el día del Sábado cada día, para que no lo confundamos con algún otro día de la semana. Pues al tenerlo siempre presente recordaremos también la Creación del mundo en todo momento, y expresaremos también nuestro agradecimiento por el hecho que el mundo tiene un Creador que nos ha ordenado guardar este signo, tal como está escrito: “Entre Mí y los hijos de Israel ésta será la señal perpetua”. Es éste un fundamento importante de la fe en el Señor. La intención de “santificarlo” es, que lo recordemos siempre en su calidad de santo, tal como está escrito: “Y llamarás al Sábado delicia, al día santo del Señor honorable” (Yeshaya 58, 13) para que sepamos que la interrupción del trabajo se debe a la santidad del día, en el que debemos desocuparnos de todas la meditaciones en las vanidades del mundo, y complacer a nuestras almas en la senda del Señor, yendo a visitar a los maestros y a los oradores que transmiten la palabra de Dios, tal como leemos en Melajim II, 4, 23: “¿Porqué va a verle hoy? No es novilunio, ni es Sábado”, lo cual explicaron los Sabios: porque es usual ir en Rosh Jodesh o en Shabat a visitar a los Maestros. Esta es también la razón del mandamiento de dar descanzo a la bestia, de modo que nuestras mentes no se ocupen con ella. Por tal motivo dijeron nuestros Sabios: El Shabat es equivalente a la totalidad de las mitzvot, pues por intermedio de la observancia del día del Sábado damos testimonio de todos los principios de la fe: La creación del mundo ex-nihilo, la providencia y la profecía.

 Rambán aborda aquí un motivo que no fué enunciado en el Decálogo sino más adelante, en Ki Tisá, donde el día del Sábado es denominado “señal”. Al final de  explicó Rambán que la finalidad de las festividades es la recordación periódica de los principios de nuestra fe:

Desde el advenimiento de la idolatría en la generación de Enosh, desvirtuáronse las ideas acerca de los principios de la fe. Algunos niegan que existe la Divinidad y afirman que el Universo es eterno (Yirmeyá 5, 12): “Han renegado al Señor, y han dicho: No es El”.

Otros niegan Su omnisapiensia, como leemos en Tehilim 73, 11: “¿Como es posible que lo sepa Dios? y, ¿podrá haber conocimiento (de ésto) para con el Altísimo?” Otros en cambio admiten que el Señor es omnisapiente, pero niegan Su providencia porque dicen que el Señor hizo “al género humano como los peces del mar …” pues no presta atención a Su existencia, ni hay recompensa ni castigo a los actos del hombre, porque dicen que “El Señor ha abandonado la tierra” (Yejezquel 18, 12).

Lo infundado de estas opiniones se manifiesta cuando el Todopoderoso lleva a cabo un milagro cambiando el orden de la naturaleza en beneficio de un individuo o de una comunidad, lo que demuestra que el mundo tiene una Divinidad que lo ha creado de la nada, providente y omnisapiente. Y cuando tal milagro es anunciado previamente por un profeta, ello es también testimonio de la autenticidad de la profecía: Que el Señor habla al hombre y revela Sus designios a los profetas, y a través de ésto es confirmada toda la Torá. Por tal razón, cada vez que se habla en la Torá de un milagro leemos declaraciones como la siguiente: “A fin de que sepas que Yo soy el Eterno en medio de la tierra” (Shemot 8, 18), para enseñarnos la existencia de la providencia divina, que El no los ha olvidado ni dejado abandonados a la suerte ciega según se imaginan. También leemos: “Para que sepas que del Eterno es la tierra” (ibid. 9, 29), lo que nos enseña que el mundo es nuevo, que es Suyo y que lo creó de la nada. También está escrito “Para que sepas que no hay como Yo en toda la tierra”, lo que nos enseña Su Omnipotencia con la que rige sobre todo y que nadie puede impedirLe realizar sus designios. Hasta aquí explicó Rambán la importancia de los milagros desde el punto de vista del fortalecimiento de la fe en las dos doctrinas de nuestra creencia. Concluye diciendo:

Los grandes signos y milagros son testimonio fehaciente en pro de la fe, en el Creador y en toda la Torá.

A continuación explica la intención de muchos de los preceptos y la razón de la santificación de determinados tiempos en general y de las festividades en particular – Sábados y fiestas – destinados también, a fortalecer nuestra fe en los fundamentos de la Torá:

Dado que el Santo, alabado sea, no llevará a cabo milagros en cada generación, para convencer a todo malvado o ateo, nos ordenó que reconstruyamos continuamente lo que vieron nuestros ojos y lo repitamos a nuestros hijos y ellos a los suyos, hasta la última generación..

Exigió que inscribamos todos los milagros sobre nuestras manos y entre nuestros ojos – los tefilín – y que recordemos ésto con nuestra boca por la mañana y por la noche … y que construyamos una Suká (cabaña) cada año. Del mismo modo hay muchos preceptos que recuerdan el Exodo, para testimoniar en todas las generaciones los principios de la fe, para que no sean olvidados y no puedan argüir los ateos y negar la fe en Dios.

Según esto, las festividades y las fechas no son sólo un recuerdo que atestigüan la existencia del Creador y de Su Providencia, sino que ellos mismos son la renovación continuada de la vivencia de los que estuvieron presentes en el milagro. El observar las festividades y el santificar determinados momentos de la vida, hace revivir en nosotros la fe en los principios de la Torá. El día Sábado, con todos sus preceptos y preparativos nos recuerda la Creación Divina. ¿Cuál es la importancia cardinal de la fe en la Creación divina del mundo? ¿Porqué debemos considerarla como fundamento de toda nuestra fe? Veamos la breve respuesta de Yitzjak Gutman, en su libro Religión y Ciencia, pág. 263:

¿Cuál es en realidad el contenido religioso de la fe en la creación divina del mundo? ¿Acaso el relato de la creación pretende enseñarnos la historia del advenimiento del mundo? No, pues la religión no está interesada en enseñarnos lo que ocurrió, sino que pretende mostrar al hombre el significado de su propia existencia, aquí y ahora. El significado religioso del relato de la creación es mostrarnos que ahora y aquí el mundo está en manos de Dios: Que el mundo es Su creación y que yo soy un ser creado por Dios.  La obligación de obedecer a Dios, de sujetar mi voluntad a la Suya, de usar este mundo y todo lo que en el mismo existe de acuerdo con Su voluntad, se deriva del hecho que el mundo, que yo mismo en él, que todo mi poder y fortaleza tienen un Creador. El día Sábado, que vuelve al cabo de cada samana, da testimonio de todas las doctrinas de la fe, tal como la formulara Rambán: En la novedad del mundo, en la Providencia y en la fe.

Tomado de:  “Reflexiones sobre la Parasha”Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la  Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986  págs. 96 – 100.

 

 

 

 

 

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El amor no contradice a la autoridad

 

En un mundo en el cual la brecha entre los niños y los adultos se va reduciendo, es particularmente importante aguzar el mensaje oculto en el versículo “Honra a tu padre y a tu madre” (Versículo 12).

Vivimos en una época post-moderna, en la cual se desdibuja la jerarquía entre padres e hijos. En el mundo tradicionalista todos creían que hay una verdad clara e inequívoca, que es transmitida por tradición de padre a hijo. En el mundo moderno la tradición fue rechazada, pero por lo general las personas sostenían  que hay una verdad absoluta, que puede ser alcanzada a través de la lógica humana. Tanto la tradición como la lógica le otorgan a los padres una prioridad por sobre sus hijos: son más sabios, más experimentados, más vinculados al pasado y comprenden mejor el futuro. Pero también la era moderna, hoy ya es historia. En la época post-moderna, ha desaparecido la creencia en una verdad absoluta. Hay una frase impactante y muy difundida que señala “Cada uno tiene su verdad”. Pues entonces, ¿cuál es la ventaja de los padres sobre los hijos? ¿Qué rol le corresponde a la tradición, la experiencia y el conocimiento? El niño elegirá solo su camino, y nadie tiene el derecho de indicarle qué habrá de hacer y cómo se vestirá y cuál será su estilo de vida.

En este contexto, es importante aguzar el mensaje oculto en el versículo “Honra a tu padre y a tu madre”. Este versículo no es simplemente uno más de los principios en materia de modales, que figura en la Torá con el deseo de establecer una sociedad amable y recta. Esta es una regla básica, que señala un camino determinado para el establecimiento de las relaciones entre padres e hijos. Una familia con padres dominantes será más sana. La definición de la jerarquía en el marco familiar es imprescindible principalmente para los mismos hijos. Actualmente los psicólogos dictan talleres sobre “la recuperación de la autoridad paterna”- la renovación del estatus jerárquico de los padres en el seno familiar. Los hijos necesitan que alguien les ponga límites y los guíe en un mundo confuso y amenazante.

El vínculo entre los padres y sus hijos debe estar basado ante todo en el amor. Los padres que hacen uso de la autoridad para maltratar a sus hijos o aprovecharse de ellos, son sub-humanos. Pero el amor no contradice a la autoridad. No hay simetría en el ámbito familiar. Los padres son los jefes del hogar, y ellos deben conducir y guiar a sus hijos por los caminos de la vida.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Perashot" publicado por "Maaliot"

 

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Infografía y síntesis del capítulo, Éxodo 20

La revelación (Versículos 1-13)

En estos versículos son citadas las palabras de Dios que fueron pronunciadas al pueblo en forma directa-un compendio de preceptos y leyes básicas, conocidas por todos, que son denominadas en el libro Devarim como “los diez mandamientos”. Los mandamientos se dividen en dos partes. En la primera parte se encuentran los “preceptos de la fe” y principalmente, de qué hay que tomar distancia: otros dioses y el juramento en vano en nombre de Dios. En la segunda parte se hallan los preceptos relacionados con las buenas relaciones en la sociedad: el respeto a los padres, la prohibición del asesinato, adulterio, robo, testimonio falso y codicia. Entre estas dos partes se encuentra el precepto del Shabat, que tal vez es como un puente entre los preceptos para con Dios y los preceptos para con el prójimo.

Descripción del evento  (Versículos 14-22)

El pueblo “percibían los truenos” y temen. Le piden a Moshé “Habla tú con nosotros y obedeceremos; pero que no hable con nosotros Elohim, no sea que vayamos a morir” (Versículo 15) pero Moshé les explica “No teman, ya que para elevarlos Se ha manifestado Elohím y para que esté el temor a Él en vuestra presencia, para que no vayan a errar” (Versículo 16). Al final del capítulo Dios le transmite a Moshé preceptos adicionales relacionados con el servicio a Dios: 1. No adorar otros dioses 2. Un altar puede ser preparado en base a tierra. Si se trata de un altar de piedras, que éstas no sean esculpidas 3. No ascender “por gradas sobre Mi altar” para preservar el recato en el sitio del altar.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

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Un pueblo preciado

¿Cuál es el significado de la definición del pueblo de Israel como “Am Segulá”, “Pueblo preciado”? según el comentarista Rashi esta definición lo desconecta de las naciones del mundo. No obstante de acuerdo al comentarista Sforno, dicha definición enfatiza su responsabilidad sobre el mundo y su rol como “Luz para las naciones”.

En la víspera de la entrega de la Torá el pueblo de Israel tiene el mérito de esta maravillosa definición: “serán para Mí propiedad peculiar de entre todos los pueblos” (Versículo 5). Pero ¿cuál es la naturaleza de dicha virtud? ¿Y cuál es su propósito? Rashi en su comentario sobre la Torá escribe: “Segulá-un tesoro preciado…un recipiente valioso y piedras preciosas que los reyes ocultan. Así es como ustedes serán preciados para mí de entre el resto de las naciones”. El fundamento de Dios para esta elección del pueblo preciado es-“ya que Mía es toda la tierra” (Versículo 5). Explica Rashi: “Y no vayan a decir: que sólo ustedes son míos y no tengo otros fuera de ustedes, sí tengo otros pueblos-“ya que Mía es toda la tierra”-“y ellos para mí no significan nada”.

Por cierto estos conceptos de Rashi no halagan a las naciones del mundo. Según la opinión de Rashi, es como si el pueblo de Israel le dice al Soberano del mundo: ¿Por qué te vanaglorias por habernos elegido entre todos los pueblos para ser tu pueblo preciado? ¿Acaso tenías otra alternativa? Y al respecto Dios responde: están equivocados, tenía la opción de elegir a cualquier otra nación “ya que Mía es toda la tierra” (Versículo 5), y a pesar de ello, por mi amor hacia ustedes los he elegido y todos los otros “no me significan nada”.

Pero he aquí que, a diferencia de Rashi, Sforno propone una explicación diferente en su propósito: “serán para Mí propiedad peculiar de entre todos los pueblos”-a pesar de que toda la especia humana me es preciada…como dicen nuestros Sabios de Bendita Memoria, querida es la persona creada a imagen de Dios, de todos modos ustedes me serán los más preciados…porque serán “un reino de Sacerdotes” para comprender y enseñar a la especie humana, a proclamar todos el nombre de Dios y servirlo a Él en forma conjunta”

De acuerdo a los conceptos de Sforno, tal vez el pueblo de Israel, a partir de su elección como “Pueblo preciado”, tiene justamente la misión honorable de ser “Luz para las naciones” (Ieshaiahu, capítulo 49, versículo 6), y el fundamento “ya que Mía es toda la tierra” no viene a destacar el contraste entre el pueblo de Israel y los otros pueblos, sino por el contrario, viene a enfatizar que por la responsabilidad de Dios para con todos los habitantes de la tierra, le fue encomendada a este “personal selecto” la misión de ser “una nación de Sacerdotes” para todo el mundo.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj de la serie "Meat min Haor", publicada por la Biblioteca Beit El con la colaboración de la organización "Orot"

 

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Infografía y síntesis del capítulo, Éxodo 19

Introducción al evento en el Monte Sinaí (Versículos 1-8)

“Al tercer mes de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto ... en este día, llegaron al desierto de Sinai” (Versículo 1). Después de tres meses de travesía para nada fáciles, el pueblo de Israel llega al Monte Sinaí. En esta instancia Dios está interesado en definir un acuerdo con Israel: “Y ahora, si escuchar habrán de escuchar Mi Voz y guardarán Mi pacto, serán para Mí propiedad peculiar de entre todos los pueblos, ya que Mía es toda la tierra” (Versículo 8). Moshé le transmite los conceptos a los Ancianos del pueblo y el pueblo al unísono responde: “Todo lo que ha hablado Adonai haremos” (Versículo 8). La expresión “Haremos y escucharemos” la encontraremos recién en el capítulo 24.

De cara al evento en el Monte Sinaí (Versículos 9-15)

Tras el acuerdo del pueblo ahora hay que prepararse. Dios le ordena a Moshé dirigirse al pueblo y aprestarse para el tercer día “pues en el día tercero descenderá Adonai a ojos de todo el pueblo sobre el Monte Sinai” (Versículo 11). Las reglas que deben ser preservadas son: el lavado de prendas, no aproximarse al monte, no tocarlo, y no “intimar” con sus mujeres.

El día del evento (Versículos 16-25)

Llegó el día del evento “Ocurrió en el tercer día, que al entrar la mañana hubo truenos y relámpagos y nubes espesas sobre la montaña y un sonido de shofar muy fuerte” (Versículo 16). Moshé saca al pueblo “al encuentro de Elohim… y ellos se mantuvieron erguidos en lo bajo de la montaña” (Versículo 17). Dios desciende al Monte Sinaí y convoca a Moshé pero en lugar del contenido del evento (los diez mandamientos) Dios le ordena nuevamente a Moshé que prevenga al pueblo. Moshé no comprende por qué es necesaria una advertencia adicional considerando que “pues Tú nos has advertido a nosotros diciendo: Delimita la montaña y declárala sagrada” (Versículo 23) pero Dios le pide nuevamente “Ve, desciende … y el pueblo no derriben (los límites) para ascender hacia Adonai, no sea que cause estragos en ellos” (Versículos 24-25). Acerca de la revelación en el Monte Sinaí estudiaremos en el próximo capítulo.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

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Maamad Har Sinai


Y Moshé subió a Dios y el Eterno le habló desde el monte diciendo: Así le dirás a Beth (la casa de) Yaacob y expresarás a Bene (los hijos de) Israel…
Versículo 19:8 Y Moshé le refirió al Eterno las palabras del pueblo…
Versículo 19:9… Y le dijo Moshé las palabras del pueblo a Dios
Versículo 19:14  Y descendió Moshé de la montaña al pueblo y santificó al pueblo y ellos lavaron sus vestimentas.
Versículo 19:16 Y fue a la mañana del tercer día que hubo truenos y relámpagos y una nube espesa cubrió la cima del monte y se oyó una potente vos del shofar
Preguntas
• ¿Por qué Dios le dice a Moshé que hable con Bet Yaacob y luego le dice que hable con Bene Israel? ¿Qué diferencia hay entre Bet Yaacob y Bene Israel?
• ¿Por qué Moshé tiene que decirle a Dios lo que el pueblo respondió, acaso Dios no lo sabe?
• ¿Por qué en el versículo 9 le repite Moshé a Dios lo que el pueblo respondió? Ya se lo había dicho en el versículo anterior.
• ¿De que manera Moshé prepara al pueblo y cómo lo santifica?
• ¿Por qué Dios se revela de esta manera, con una nube, fuego, ruido, etc.?
• En los 10 mandamientos ¿Moshé está arriba en el monte o abajo? ¿Para qué sube y baja tantas veces?
• ¿Por qué Dios le dice que haga un cerco al rededor del monte?
• ¿Por qué Dios le vuelve a repetir que delimite al monte?
• ¿Qué es lo que se pretende lograr con todo esto?
Respuestas
Bet Yaacob – Bene Israel
Cuando Dios le dice a Moshé que hable con Bet Yaacob, se está refiriendo al pueblo en general, a las masas (Amon Haam), cuando dice: Bene, Israel se refiere a los sabios del pueblo, a la gente más elevada. (Ya que el nombre: Yaacob, es el que le dieron al nacer, tal como él era, independientemente de un trabajo o elevación  interior, en cambio  el nombre de Israel, lo recibe luego de que ya está en un  nivel superior)
El objetivo entonces es que al pueblo – las masas-  les diga que van a hacer “Am Segulá” –pueblo especial- y esto se consigue con el simple cumplimiento de los preceptos, aunque no lleguen a ser grandes sabios, el mero cumplimiento de los preceptos ya va a ser suficiente para que se conviertan en un pueblo especial. ¿Cómo funciona esto? 1) Porque siguiendo las leyes de la Torá se va a establecer una sociedad justa 2) Este tipo de sociedad proveerá los medios para elevarse a aquellos que así lo quieran y a los que no, les impedirá que desciendan demasiado bajo. En medio de una sociedad así, es más factible que florezcan muchos sabios, que serán los que dirijan sabiamente a esa sociedad, marchando siempre por el buen camino, haciendo que se cumpla de este modo, lo dicho por Dios acerca de ser una sociedad muy especial.
Con respecto a Bene Israel, los sabios, a ellos les dice que van a ser: “Mamlejet Cohanim begoy kadosh” –un pueblo de sacerdotes (sabios) y una nación santa (elevados)- Como podemos percibir, a diferencia de lo que se le dijo al pueblo, este tema es algo que depende  más de su estado interior, pues la Kedushá –elevación, santidad- depende mucho más de la “kabbana” –intención-  que de la acción en sí.
Pero el pueblo no entendió esta diferenciación de niveles, es decir, las masas y los sabios, ellos quieren estar todos a un mismo y único nivel. Es por eso que luego que Moshé habla con los ancianos, teóricamente deberían haber dos respuestas: por un lado del pueblo y por el otro los sabios. Pero en vez de eso responde todo el pueblo junto: “Vayaanu kol haam yajdav”. Es decir, pretenden que todo sea un mismo nivel, no que haya diferencias, todavía no entienden que eso es imposible, que lo natural es que en un árbol haya frutos (en este caso los sabios) pero también un árbol está constituido por ramas, hojas, tronco, etc. A pesar que cada uno, acorde a su esfuerzo, puede elegir qué parte del árbol ser, si fruto o tronco.
Entonces, Moshé, fue enviado para ofrecerle un pacto al pueblo, que contiene dos niveles. El pueblo acepta el pacto, pero no quiere que haya diferencia de niveles. Ante esta situación, Moshé lo primero que hace es responderle a Dios que el pueblo quiere concertar el pacto, utiliza las palabras: “Vayeshev Moshé et dibre haam el Hashem”- Trajo Moshé la respuesta del pueblo a Dios, aparentemente esto está de más, ¿para qué Moshé le tiene que decir a Dios, acaso Dios no sabe que el pueblo aceptó?
La respuesta es que en realidad, la diferencia entre las palabras de “Vayeshev”-traer- y “Vayagued”-decir-  es que “Vayeshev” se refiere más a traerle la respuesta a una pregunta para la cual fue enviado. 
Dios le dice que va a hablar con él (solo con él y no con todos) delante de todo el pueblo y es por eso que ahora Moshé aparentemente vuelve a repetir: “Vayagued Moshé et dibre haam el Hashem”. –Le dijo Moshé las palabras del pueblo a Dios. En realidad no se trata de una repetición, sino que ahora, tal como diferenciamos antes,  no utiliza el término: Vayeshev, sino que dice Vayagued, pues ahora no es que está trayendo la respuesta a algo que se preguntó, sino que ahora dice algo nuevo, y es  la idea del pueblo de estar todos al mismo nivel. Entonces, Moshé no está repitiendo sino que al exponerle este tema a Dios, le está preguntando cómo responder al pueblo ante ese pedido.
Dios está dispuesto a demostrarles que es imposible lo que piden y se los va a comprobar permitiendo que todos escuchen lo que habla con Moshé, es por eso que le responde que santifique al pueblo para poder escuchar la palabra Divina, y como sabemos, serán ellos los que se acercarán a Moshé, van a reconocer que ellos no pueden estar en ese nivel y le van a pedir que no hable Dios con ellos, sino solo con Moshé y que él les transmita al pueblo. Así se darán cuenta que es imposible que sea como ellos quieren, pues una de las diferencias de  la profecía de Moshé y el resto de los profetas es que Moshé estaba “desconectado” completamente del materialismo mundano, hasta el punto que para llegar él a la profecía, ni siquiera precisa de la facultad imaginativa,  mientras que los demás profetas, se basan en la facultad imaginativa para profetizar (Dios les hace ver visiones, por intermedio de la imaginación les dibuja una imagen, como cuando soñamos y nos vemos en determinada situación o cuando recurrimos a un ejemplo para explicar una idea, no estamos haciendo más que recurrir a la facultad imaginativa para poder explicar algo racional y real) Más aun, los demás profetas, luego de profetizar, continúan sus vidas normales, es decir a las cosas mundanas y materiales (por supuesto que siguen manteniendo un grado y nivel espiritual elevado, pero me refiero a que tienen necesidades físicas, comida, bebida, esposa, etc.) en cambio, Moshé, no es así. Entonces, si esto es así entre Moshé y los demás profetas, los cuales, se preparan y tratan de elevarse, cuanto mayor será la diferencia entre los profetas y el pueblo y más aun, entre  Moshé y el pueblo.
No obstante, y por cuando que Dios quiere que el pueblo tenga claro que Dios habla con Moshé y se los va a demostrar, entonces de paso, les demostrará también que es imposible estar todos al mismo nivel, si es que ellos (las masas) no tratan de elevarse al nivel de “Mamlejet Cohanim begoy kadosh”  Es por eso que Dios acepta darles esta prueba con los 10 mandamientos.
Entonces el pueblo, en medio de los 10 mandamientos, entiende que es imposible estar todos al mismo nivel, y por eso, no aguantan más y le dicen que Dios hable con Moshé y que él les hable al pueblo.
Pero para lograr esto, es decir que el pueblo capte algo, hay que lograr bajar la profecía al nivel  más bajo posible, es por eso que dice; “Hine anoji va eleja veav veanan” –He aquí que Yo vendré a ti en la espesura de la nube- Es decir, no es Moshé el que “sube a Dios” como en las demás veces,  sino que es “Dios el que baja”, generalmente es Moshé el que se aparta de todo este mundo, aun de su facultad imaginativa (es muy difícil pensar sin palabras por Ej.) para recibir la profecía, pero ahora será Dios el que va a bajar, es decir, va a ser una profecía en un nivel bajo, para que el pueblo pueda captar algo, además dice que será “en la espesura de la nube”, es decir, una nube lo que hace es nublar un poco las cosas, como ver en tinieblas, oculta la luz del sol, además la nube es algo material (tal como la facultad imaginativa, que solo funciona con cosas materiales que ya conocemos), todo esto es acorde a la imposibilidad del pueblo de desatarse de las ligaduras del mundo material, y para  que quede claro y fijo que la Torá que recibió Moshé de Dios es verdadera y que no podía ser dada por otro profeta fuera de él (Esto es lo que sostiene Maimónides en los trece principios, el principio que dice que la Torá es Min Hashamaim, y que no va a cambiar)
No obstante, Dios le dice a Moshé que para lograr esto tiene que “Lekadesh et haam” –santificar al pueblo- y que se preparen durante tres días para llegar al nivel elevado al que todos pretenden estar igualados (y por eso también incluye apartarse de la mujer, tanto de lo que ella implica como lo que representa, algo muy difícil para la mayoría)
A pesar de todo esto, la visión que contemplarán será mezclada con bastantes cosas materiales, rayos, fuego, ruidos, temblor, etc. Es obvio que es un nivel bajo de  profecía en donde todavía se mezcla lo material con lo elevado. Es por eso que Dios le deja claro a Moshé que debe advertir – cuidar- al pueblo para que no suban a la montaña, es decir, que no se crean demasiado y arriben a conclusiones incorrectas, por ejemplo, creer erróneamente que es posible captar a Dios, aun desde el nivel en que ellos están, sin darse cuenta que todo esto es un nivel muy inferior y con mucha “ayuda” por parte de Dios. Por lo tanto es importante que no piensen que entendieron  y saquen conclusiones incorrectas como los “kofrim”-apóstata (que creen en todo tipo de antropomorfismos intelectuales) como en el caso que relata el Talmud acerca de los cuatro que accedieron al Pardés, en donde dice que uno subió al monte y se tiró (tal vez se pensó que ahora, debido a su nivel alcanzado, podía volar, es decir elevarse por otros medios, pero en realidad lo que sucede es que se está hundiendo y cayendo muy bajo) como aquel que esfuerza sus ojos para ver al sol, pensando que él si puede, cuando en realidad se estará dañando la vista.
Entonces, para resumir, en los hechos, lo que ocurrió, fue que Dios “accedió” a lo que el pueblo pidió y es por eso que la primera parte fue todos al mismo nivel, todo el monte estaba en fuego y el pueblo como Moshé estaban todos abajo (es decir al mismo nivel y fue Dios el que “bajó” a ellos), luego dice que entre el sonido del Shofar, los truenos, relámpagos y todo el monte estremeciéndose, el pueblo no pudo aguantar, entonces ahora la presencia Divina, se eleva (queda en la cima del monte) y es Moshé, él solo, el que asciende (es decir se dieron cuenta que es imposible estar todos al mismo nivel y esperar que Dios les hable)
Ahora Dios le repite a Moshé que advierta al pueblo de que no suba, pues al irse la presencia Divina para la cima del monte, podría suceder que quieran subir (físicamente) y estar más cerca de donde está la presencia Divina, también en un sentido intelectual, es decir que no se extralimiten en la percepción que acaban de alcanzar, por cuanto que fue por intermedio de la facultad imaginativa y vieron allí varias cosas físicas (fuego, rayos, truenos, etc.) no vayan a concluir que Dios es algo de eso o mezcla de algunas de esas cosas. 
Ahora que comprendieron esto, ya les puede dar los 10 mandamientos
Los primeros 5 mandamientos son entre el hombre y Dios, incluyendo el de respetar a los padres, pues este mandamiento viene a reforzar la idea de que el mundo fue creado es decir que el hombre no es eterno, sino que nace, y todo lo que nace fenece.
En los primeros 5 vemos cómo debe ser la relación entre el hombre y Dios, Con el pensamiento (primer y segundo mandamiento) con la palabra, (tercer y parte del cuarto mandamiento) y con los hechos (parte del segundo, del cuarto y del quinto mandamiento)
Luego los últimos 5 mandamientos, son entre el hombre y su prójimo. También vemos que la relación entre el hombre y su prójimo debe ser con los hechos (no robar, no matar, no cometer adulterio) con las palabras (no ser testigo falso, no mentir) y con el pensamiento (no codiciar). 
 

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Am Segulá


Y ahora, si escuchar, escuchareis mi voz, y cuidares Mi pacto, he aquí que serás para Mi, Segulá entre todos los pueblos, porque Mía es toda la tierra.
Preguntas
• ¿Qué significa el término: Am Segulá?
• ¿El pueblo de Israel, es de por sí Am Segulá, o será Am Segulá si cumple determinadas condiciones?
• ¿Acaso, decir que somos Am Segulá, no puede ser considerado como altanero, engreído o racista?
• ¿Por qué Dios eligió al pueblo de Israel para ser Am Segulá?
• ¿Por qué es tan importante ser Am Segulá?
Respuestas 
El término Am Segulá, en la Torá, se utiliza, para denominar algo que es muy preciado, muy querido, muy cercano a él. En nuestro versículo dice: "Segulá mi kol haamim, ki li kol haaretz" De entre todos los pueblos, son los más preciados para Dios, porque Mía es toda la tierra.
Toda la tierra junto a todos los seres humanos, pertenecen a Dios. Por lo tanto, la designación de Israel como preciados, no quiere decir que a Dios no le importa los demás pueblos, al contrario, le interesan, pues todos son Su creación y se preocupa de todos y les otorga sustento a todos, tal como dice en los Salmos: Su misericordia se expando sobre toda Su creación. Otorga pan a toda carne. 
Sin embargo, entre todos los pueblos de la tierra, Dios selecciona al pueblo de Israel, para ser Su pueblo más cercano, más preciado. ¿Por qué? A diferencia de los demás pueblos, el pueblo de Israel, no se formó solo, sino que fue Dios el que los constituyó como pueblo.    
Todos los demás pueblos se formaron solos, ¿Cómo lo hacen? Un grupo de gente con un lenguaje y valores similares, que habitaban un cierto territorio en común y antepasados en común, deciden llamarse con un nombre y ser todos un mismo pueblo. En cambio con el pueblo de Israel, fue Dios el que nos instituyó: Primero, nos sacó de Egipto, luego nos entregó la Torá en el monte Sinaí y nos entregó Su tierra, la tierra de Israel.
Está escrito: Si van a escuchar Mi voz y respetar el pacto, entonces serán un pueblo selecto.
Vemos que el texto está en forma condicional, esto sucederá solo si el pueblo va a escuchar la voz de Dios y respetar su pacto. Tal como un contrato. En el momento en que se cumplen las condiciones, entonces se obtiene el titulo de pueblo de Dios.
¿Qué implica respetar el pacto y escuchar Su voz? 
El pacto, es aceptar a Hashem como nuestro Dios, lo más elevado y nuestro Rey supremo. Por lo tanto, si él está en esa categoría, por ende debemos escuchar y respetar todo lo que nos dice.
Al actuar de esta manera, entonces simétricamente, Dios nos toma a nosotros como Su pueblo preciado.
El hecho que el pueblo haya aceptado el pacto, aunque sea en la teoría, y aunque sea que no siempre haya cumplido su parte del pacto, entonces ya le otorga el estatus de pueblo de Dios. Tal como alguien que haya aceptado dar una ayuda, a pesar que aun no otorgó su ayuda en forma práctica, de todas maneras ya lo consideramos como una persona bondadosa, de igual manera, el pueblo de Israel, al aceptar el pacto, ya adquiere el titulo de pueblo de Dios, para siempre.
¿Por qué Dios nos eligió?, porque somos los hijos de Abraham, Itzjak y Yaacob. No obstante, eso solo no alcanza de por sí, pues si así fuera, ya seriamos el pueblo preciado sin tener que aceptar un pacto. Sino que si nosotros actuamos tal como Abraham, Itzjak y Yaacob, (es decir cumplimos el pacto y escuchamos Su voz) entonces somos su pueblo preciado.
¿Qué tiene de importante ser el pueblo predilecto?
La importancia de esto es que Dios nos eligió, para que seamos un pueblo que pueda ser el ejemplo e inspiración para los demás pueblos. Un pueblo que va detrás de los caminos verdaderos de Dios. Un pueblo que vive la vida con un sentido, una nación que tiene a Dios por sobre todos sus valores y actúa coherentemente con esta idea. Es un estatus especial, somos el pueblo de Dios, como si fuéramos hijos del rey, por lo tanto no podemos actuar de cualquier manera, a pesar que los demás pueblos sí lo hagan, de nosotros se espera un actuar distinto y más decoroso, una actitud ejemplar.
Con respecto a si el título de pueblo preciado, no podría ser considerado como un signo de altanería y engreídos; lo primero que tenemos que aclarar, es que no es el pueblo de Israel el que se otorga este título, sino que fue Dios el que se lo otorgó.
Tampoco es algo racista, pues no se trata de algo genético. El pueblo de Israel no es una raza. Cualquiera que quiera ser parte de este pueblo puede hacerlo, por lo tanto no es una raza, y por ende no es algo racista.
Por otro lado, racista, es considerado, aquel que se ve a sí mismo como una raza superior, y considera a los demás como algo inferior, a quien puede pisotear o despreciar, tal como hicieron los nazis, pero con respecto al pueblo de Israel eso no existe. 

Tal como vimos, el hecho de ser el pueblo predilecto, no es solo un privilegio, sino que también implica una serie de obligaciones y compromiso que nos impiden actuar de una manera cualquiera. De nosotros se exige otro comportamiento
Por cuanto, que somos el  pueblo preciado de Dios, es que debemos comportarnos como tal. Debemos estar a la altura de este título.
Es por eso, que si nos quejamos por cómo está la humanidad hoy en día, en vez de apuntar el índice en forma acusadora a las demás civilizaciones; debemos antes echar un vistazo hacia nosotros mismos. Si el mundo está así, es tal vez porque nosotros mismos no estamos siendo un buen ejemplo ni estamos logrando inspirar al resto de la humanidad para que adquiera y se maneje por valores más altruistas. Es lo que dijeron los sabios: cuando señales a alguien con el dedo, no debes olvidar que hay otros tres dedos que apuntan hacia ti.
Por lo tanto lejos de ser un privilegio, es una gran responsabilidad ser el pueblo que Dios eligió para darle su Tora. 
 

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¿Por qué la Torá fue entregada en el desierto?

Uno de los misterios que ha ocupado a nuestros Sabios a lo largo de las generaciones, ha sido la cuestión del sitio de la entrega de la Torá. ¿Acaso no correspondía realizar un evento histórico inédito como éste en una zona un poco más respetable y bella que en el desierto?.

Los Midrashim responden de diversas maneras al interrogante de por qué la Torá fue entregada en el desierto. Están los que señalan que el motivo de la decisión Divina de entregar la Torá en el desierto  era “para que las naciones del mundo no tengan motivos para decir: siendo que la Torá les fue entregada en su tierra, por ello no la recibimos nosotros” (Mejilta deRabí Ishmael Itró-Masjta DebeJodesh sección 5). En nuestro idioma hebreo diríamos que Dios no quiso darle la posibilidad a los pueblos del mundo de justificar su falta de voluntad para recibir la Torá a través de diversas excusas e historias; si la Torá hubiera sido dada en la tierra de Israel los pueblos se podrían desentender con el pretexto de que la Torá fue entregada en el territorio soberano de otro pueblo. Otros Sabios sostienen que la causa de la elección del desierto como el sitio de la entrega de la Torá es “para no instalar una discusión entre las tribus, no sea que una de las tribus manifieste “en mi tierra fue entregada la Torá” y otra manifestara “en mi tierra fue dada la Torá”. Dios conoce a sus hijos en función de sus conflictos y discusiones; si la Torá fuera entregada en un lugar determinado sería el comienzo de una guerra mundial entre los diferentes grupos, y cada uno de ellos argumentará que es el dueño absoluto de la Torá. 

Parece que los conceptos del Midrash no requieren de explicación. La Torá es entregada en un sitio en el cual ningún cuerpo y ningún grupo pueden reclamar su propiedad. Este comentario tiene una continuidad que se impone: el principio guía de las leyes del desierto es que efectivamente no existe allí la propiedad formal para ningún grupo, pero de todos modos, está aquel que disfruta de cierta ventaja e influencia mayor. Quien recorre el desierto, ara los valles, escala los acantilados y desciende por los ríos, se convierte de hecho en el rey del desierto. Tal vez el desierto sea tierra de nadie, pero puede ser adquirido a través de sangre, sudor y lágrimas.

Y así, tal como el desierto es la Torá. También ella es adquirida únicamente por aquellos que entregan su vida por ella. En las palabras de los Sabios: “si una persona no se siente como un desierto no tiene el mérito de asimilar los conceptos de la Torá” (Ialkut Shimoni Itró). Si deseamos unirnos al maravilloso mundo de la Torá y su sabiduría, deberemos invertir esfuerzo en ello. Sólo así lograremos convertir a la Torá en nuestra heredad.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Parashá baktaná" publicado por "Maguid"

 

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