Ver el rostro del rey

En las tres festividades de peregrinación la Torá ordena peregrinar a Jerusalén y ver el rostro de Dios. La expresión “aquellos que ven el rostro del rey”, que figura en el Tana”j varias veces en referencia a palacios reales, nos enseña que los hijos de Israel, en ocasión de las tres festividades de peregrinación tienen el privilegio de estar “ubicados en la primera fila del reino”.

 

El mandato de peregrinar a Jerusalén en las tres festividades figura tres veces en la Torá (Shemot, capítulo 23, Shemot, capítulo 34, Devarim, capítulo 16) y en las tres menciones figura la expresión (con mínimas diferencias): “habrán de aparecer todos tus varones ante la presencia de Adonai, tu Dios”. ¿A qué se refiere la Torá cuando alude al ascenso al lugar que elegirá Dios a fin de ver el rostro de Dios? ¿Si ni siquiera Moshé podía ver el rostro de Dios: “y podrás ver en pos de Mí, mas por delante de Mí, no se podrá ver” (Shemot, capítulo 33, versículo 23)?

".

La expresión “aquellos que ven el rostro del rey” figura en el Tana”j en otros contextos adicionales. En el libro Melajim II, capítulo 25, versículo 19, en la descripción de la destrucción de Jerusalén y el Gran Templo se señala que  un oficial  babilonio tomó, entre otras cosas, “cinco varones de los consejeros del rey”. Esta expresión figura también en el relato de Ester, capítulo 1, versículo 14, en referencia a los siete príncipes “que veían el rostro del rey,
y se sentaban preeminentes en el reino”.

El sentido de esta expresión en estos contextos monárquicos es: las personas más allegadas al rey que están permanentemente junto a él y ven su rostro. Entonces, aparentemente el significado de esta expresión en el contexto de las tres festividades de peregrinación no tiene que ver con la visión concreta del rostro de Dios, sino el estar parados ante Él, como las personas más allegadas. En tres oportunidades en el transcurso del año debe ubicarse el judío residente en Israel ante Dios “el Amo” que lo controla, y autoanularse delante de él. No obstante, a la par de esta autoanulación este judío residente en Israel goza del privilegio de ser uno de los más allegados al rey.

No sólo los Cohanim (Sacerdotes) que están siempre ubicados delante de Él sino todo el pueblo de Israel tienen el privilegio de estar entre los allegados al reino y de los que ven el rostro del rey, en el marco de las tres festividades de peregrinación.

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Enviaré Mi ángel delante de ustedes


He aquí que enviaré un ángel delante de ti, para cuidarte en el camino y traerte al lugar que he designado para ti. A él acatarás y su vos escucharás, no te reveles contra él porque no lo perdonará, ya que Mi nombre está en él. Pero si escuchares Su vos y cumplieres sus mandatos, Yo seré enemigo de tus enemigos y oprimiré a tus opresores… No te inclinarás ante sus dioses, ni les servirás ni harás como hacen ellos, sino que los destruirás totalmente y sus estatuas destruirás…
… Y enviaré a la Tzirá delante de vosotros y expulsará a los pueblos Jiví, al cnaaní y al Jití… No pactarás con ellos ni con sus dioses no habitarán en tu tierra no sea que te hagan pecar contra Mi, tentándote a que sirvas a sus dioses.
Preguntas
• ¿Por qué justo luego de los Mishpatim menciona el tema del ángel que irá delante de ellos?
• ¿Para qué tiene que enviar un ángel? ¿Por qué no sigue Moshé guiándolos? 
• Cuando fue lo del becerro de oro, vemos que Dios le dice que no va a ir más con ellos que irá un ángel, ¿debemos deducir que el hecho que los conduzca un ángel es algo negativo?
• ¿Cuál será la función del ángel?
• ¿Qué es la “Tzirá” que Dios enviará a los cnaanitas? ¿Por qué la guerra será mediante la “Tzirá”?
• ¿Qué es lo que Dios quiere recalcar antes de entrar a la tierra de Israel? 
• ¿Por qué fue dicho todo esto justo ahora?

Respuestas
La función del ángel es guiarlos por el camino y conducirlos a la tierra de Israel. En principio, este ángel, solo los iba a guiar por el camino, pero al haber hecho el becerro de oro, ahora el ángel no sólo les indicará el camino, sino también que será el que los ajusticie, es decir estarán en manos de él. Sin embargo, por el mérito de Moshé, Dios siguió con el pueblo, es por eso que cuando muere Moshé, entonces viene un ángel que es el que ve Yehoshua. 
La idea es dejarles claro que es Dios (por medio de un ángel) el que los conduce. Para que no se crean que son ellos los que harán las cosas y lucharán y sembrarán el miedo entre los enemigos, sino que será Dios. 
El hombre precisa de grandes ejércitos para vencer, Dios no precisa de eso, sino que lo hace con la Tzirá, que son abejorros, que son pequeños, insectos. (Como antes mencionamos, tal vez de trata del Avispón asesino de abejas asiático (Vespa simillima xanthoptera) Este avispón en la actualidad es causante de un promedio de 108 muertes al año, debido al choque anafiláctico que causa su veneno a los humanos)
Tal como a Egipto les envió a las langostas, ahora a los pueblos de Cnaan les enviará abejorros. 
Por otro lado, el motivo por el cual será Dios el que luche por ellos, es porque no quiere que el pueblo se haga demasiado agresivo y belicista, hundido en guerras, o tal vez, porque no quiere que se cansen de las guerras y hagan la paz y convivan con los otros pueblos idólatras y malvados a ojos de Dios. Estos son los motivos por los cuales, es Dios el que se encargará de los enemigos y ellos solo tendrán una participación pequeña, pero las guerras son ganadas gracias a la ayuda de Dios, a veces será gracias a un milagro manifiesto, y otras será mediante una influencia de Dios menos exteriorizada. 
Existe otro peligro latente, y es la asimilación de los hijos de Israel con los pueblos Cnaanitas, es por eso que Dios quiere evitar que se relacionen con ellos o que aprendan de ellos, ese es el motivo  por el cual les prescribe ahora todas estas leyes: 
1- para apartarse y diferenciarse de los idólatras, y 
2- Para servir a Dios.
 

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El motivo del Shabat

“Zejer Lemaase Bereshit”-En recuerdo de la creación

Si decimos que todo el motivo del shabbat es para difundir la idea de “Jidush Haolam”, es decir la creación ex nihilo, no se entiende bien, pues aquel que ya cumple el Shabbat porque así está ordenado en la Torá, él ya va a creer en la creación del mundo porque así lo relata la Torá en Génesis y aquel que no cumple el Shabbat porque no cree en la Torá, tampoco va creer en la creación del mundo, pues el motivo del shabbat, -que Dios creó el mundo en 6 días- eso lo dice la Torá que él no cree.

Por lo tanto no podemos decir que todo el motivo del Shabbat  es para trasmitir la idea de que el mundo fue creado ex nihilo por más que quisiéramos decir que el hecho que todo un pueblo no trabaja y hace el shabbat, eso va a despertar la curiosidad de los demás o de otros pueblos que van a interesarse más y entonces llegarán también a Génesis y saber que el mundo fue creado de la nada. Es decir, hay gente que no cree en la creación del mundo porque no sabe que existe tal posibilidad, es por eso que la actitud de todo un grupo grande de personas lo hará reflexionar. 

Pero si este fuera el motivo por el cual todo el pueblo judío tiene que respetar el shabbat, entonces no se entiende por qué el shabbat tiene que ser de esta manera tantas cosas y tan estricto. Hubiera bastado con un acto simbólico.

Por lo tanto debemos concluir que el motivo del Shabbat es también y principalmente para aquel que cree en la Torá y que cumple el Shabbat. El Gran mensaje del Shabbat es “Zejer (Lekavanat) Lemaase Bereshit”-En recuerdo de (la intención de) la creación- es decir recordarnos la intención, sentido y objetivo de la vida, de la creación. Es decir, que este mundo no es lo importante o el objetivo final, por lo tanto, no deberíamos pasar todo nuestro tiempo en cosas materiales, sino tener al menos un día en la semana (un séptimo de nuestras vidas) para hacer un alto, desenchufarnos de todo y poder dedicarnos al objetivo y sentido de la vida.

Tal como dice en el sidur: “Ubayom Hashevii italam vayesheb al kise kebodo” –Y en el séptimo día, Dios, se elevó y se asentó en Su trono celestial. Durante seis días Dios “estaba ocupado en cosas materiales”, en cosas de este mundo. 

Cualquiera estaría de acuerdo que las cosas de este mundo no son precisamente lo más eleva¬do. Pero es en el momento en que Dios dejó de crear, cuando “volvió” a Su nivel superior, es decir, el nivel superior es cuando reconozco a Dios por Su esencia, no por lo que hace en este mundo, no por el reflejo de lo material, sino cuando podemos trascender el egocentrismo de este mundo y poder enfocarnos en otro centro, en otro eje, más real, más verdadero y enton¬ces observar a Dios no desde los anteojos de la creación, sino desde la realidad verdadera.

A esto es a lo que Maimónides se refiere al comienzo del Mishné Torá, en donde define a Dios como la Existencia primera verdadera que todo depende de Él..., nótese que no utiliza ningún aspecto de este mundo para referirse a Dios (ver allí nues¬tra nota al respecto). 

A esto se refiere el texto bíblico cuando dice: “Porque en seis días creó los cielos y la tierra y el séptimo cesó, por eso bendijo al séptimo día” y los sabios lo explicaron en el sidur: “Esa es la grandeza del día séptimo, pues en él cesó su obra y se sentó en el “Kisé hakavod-trono de la gloria”. El mensaje del Shabat es que recorde¬mos que este mundo no es lo principal, sino que es un medio, para llegar a lo más importante y significativo.

Para algunos este mundo es lo primordial por eso se festeja cuando comenzó (el domin¬go); para otros el hombre es lo más destacado, por eso festejan la creación del hombre (el vier¬nes), pero para nosotros, es festejar lo que real¬mente es sobresaliente, reconociendo que este mundo es un medio y lo importante es lo que viene después. 

Conclusión 
La idea principal que transmite el Shabat es que el mundo fue creado por Dios y esto implica tres conceptos: 

1. Existe un creador, por lo tanto existe un objetivo en la vida. 

2. Dios es el dueño del mundo y el hombre es solo su inquilino. 

3. Este mundo no es el objetivo, es solo un medio para alcanzar algo su¬perior. 

Si somos conscientes de la profundidad de estas tres ideas, toda nuestra vida tomará un rumbo distinto y se llenará de sentido.

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La santificación de la naturaleza

Las festividades anuales están basadas en los ciclos de la naturaleza. El Shabat, a diferencia de las mismas, está desconectado del sistema natural. De ese modo, la Torá enfatiza que a pesar que el judaísmo no se opone a la naturaleza, cree en la necesidad de repararla y perfeccionarla.

El judaísmo hace referencia a las diversas festividades y a los diferentes tiempos: día, semana, mes, año. La mayoría de estos tiempos están basados en ciclos naturales. Sólo la semana marca la excepción: la semana no refleja a ningún ciclo natural. Los hombres de la revolución francesa quisieron elaborar un calendario más “racional”. E intentaron establecer “semanas” de diez días. Pero el intento fracasó, y en todo el mundo se realiza el conteo de los días según los siete días de la creación del libro Bereshit (Génesis).

En el capítulo 23 aparece una breve referencia a las festividades sagradas. En ese marco, se destaca la dimensión natural de las festividades anuales: “La festividad de los Panes Azimos habrás de observar… en el tiempo del mes de Abib…Y la festividad de la Siega: las primicias de tus labores, lo que sembrares en el campo y la festividad de la Recolección, al concluir el año, cuando tú recojas el fruto de tus labores del campo” (Versículos 15-16). Las festividades judías tienen un sentido histórico-destacan eventos singulares en la historia del pueblo. También poseen un sentido natural, y es el que se destaca en estos versículos: las tres festividades de peregrinación evocan tiempos significativos en el ciclo agrícola anual.

En este contexto sobresale la singularidad del Shabat, que también aparece en nuestro capítulo: “Seis días habrás de hacer tus trabajos, pero en el séptimo habrás de cesar; para que descanse tu buey y tu asno y repose el hijo de tu esclava y el extranjero” (Versículo 12). La festividad del Shabat queda totalmente desconectada del sistema natural. El Shabat expresa la necesidad de santificar la naturaleza. La pausa tras seis días y el cese en el séptimo  son creaciones artificiales destacadas, si nos hubiéramos rendido ante la naturaleza, pues trabajaríamos siete días por semana, sin destacar en absoluto el séptimo día. Tal vez en Rosh Jodesh (Inicio de un nuevo mes hebreo), con la renovación de la luna, hubiéramos recibido un día libre. El mensaje del Shabat es que  no debemos conformarnos solamente con la naturaleza.

En el judaísmo, la naturaleza no es la última en dictaminar. El hombre debe santificarla. No todo instinto natural es también bueno y apto . No obstante el judaísmo no abandona la naturaleza, pero la mejora.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Perashot" publicado por "Maaliot"

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Jódesh haavív

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¿Por qué acentúa la Torá que Pesaj ocurre en el “mes
primaveral”? (v. 15)
RASHI: El término hebreo para “mes primaveral” es jódesh
haavív/חודש האביב , lo que sugiere el mes en el que el grano se llena
de su humedad (beibéha/באביה ). Además, avív/אביב es una expresión
relacionada con la palabra usada para padre, av/אב, el mes más
temprano, “primogénito”, para madurar las frutas.
Torat Menajem
PRIMAVERA (V. 15)
También en Parshat Bo (13:4) Rashi explica el significado del término
jódesh haavív/חודש האביב. Sin embargo, allí escribe lo siguiente:
“¿No sabemos en qué mes salieron? Más bien, esto es lo que Moshé
les dijo: ‘Observen la benevolencia que Dios les confirió, que El los sacó
en un mes conveniente para salir, cuando no hay calor ni frío ni lluvias’,
como declara el versículo: ‘El saca a los prisioneros en el momento más
oportuno (bakosharót/בכושרות) (Salmos 68:7), en el mes más apropiado
(kashér/כשר) para salir”.
Estas dos diferentes interpretaciones de Rashi del término jódesh
haavív/חודש האביב —aquí (véase Preguntas Clásicas) y en Parshat Bo—
fueron escritas según el preciso contexto de los versículos en cada Parshá:
En Parshat Bo el tema en cuestión es recordar el Exodo de Egipto:
“Recuerda este día, cuando salieron de Egipto, de la casa de esclavos...
Hoy salen ustedes, en el mes primaveral”. Por lo tanto, Rashi explicó por
qué es central el detalle de la época primaveral a la idea del Exodo, pues
subraya la bondad de Dios, cómo El hizo que ocurriera en un mes de
condiciones climáticas benignas.
Aquí, sin embargo, en Parshat Mishpatím, el tema es otro, a saber, cómo
las festividades siguen un ciclo agrícola. Después de introducirnos al 
concepto del Año de Shemitá para la agricultura, la Torá continúa describiendo
cómo las festividades también están agriculturalmente sincronizadas:
Shavuot ocurre en la época de la cosecha (v. 15), y Sucot cuando éstas se
introducen a los graneros para protegerlas de la lluvia. Surge entonces la
pregunta: ¿por qué no menciona la Torá la importancia agrícola de Pesaj?
Rashi explica: “El término hebreo para “mes primaveral” es jódesh
haavív/חודש האביב, lo que sugiere el mes en el que el grano se llena de su
humedad (beibéha/באביה)”. O sea, la Torá de hecho sí alude a la
importancia agrícola de Pesaj registrando que ocurre en el jódesh
haavív/חודש האביב.
Perdura sin embargo una pregunta:
En los casos de Shavuot y Sucot la Torá declara explícitamente cómo
están vinculados al ciclo agrícola anual, mientras que en el de Pesaj, la
conexión se insinúa meramente con el término jódesh haavív/חודש האביב.
¿Por qué, entonces, menciona la Torá la festividad de Pesaj primero (v.
15), antes que las de Shavuot y Sucot?
Para responder a esta pregunta, Rashi cita un punto adicional:
Además, avív/אביב es una expresión relacionada con la palabra usada
para padre, av/אב, el mes más temprano, “primogénito”, para madurar las
frutas.
Esto aclara por qué Pesaj se menciona primero: pues ocurre al
comienzo del ciclo agrícola.
(Basado en Likutéi Sijot, Vol. 36, pág. 109 y ss.)

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El soborno no es redituable

 “y soborno no habrás de aceptar, ya que el soborno enceguece a los que tienen visión y deteriora las causas justas” (Shemot, capítulo 23, versículo 8)

Aunque sea un erudito de la Torá, si acepta soborno,

Finalmente enloquecerá,

Y olvidará todo lo estudiado,

Y se oscurecerá la luminosidad de sus ojos.

Rashi- Rabí Shlomo Itzjaki. El más grande de los comentaristas de la Torá y el Talmud. Vivió en Francia entre los años 1040-1105. Fundó la Academia Rabínica en Troyes, en la que además del estudio del Talmud se abordaba el estudio de la Torá. Entre sus descendientes se encuentran: Rahba”m; Rabeinu Tam; Rabí Itzjak el Anciano, miembro de Baalei HaTosafot.

 

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Usura y capitalismo

La gravedad de la prohibición de cobrar interés radica no sólo en una cuestión de justicia y rectitud, sino incluso previo a ello-en la cosmovisión que subyace en la base del interés.

El Midrash describe la gravedad de la prohibición de cobrar interés con una parábola:

…”Pobre de aquel que cobre interés. ¿Qué se ha dicho en referencia a esa persona? –“Con interés ha entregado y con interés ha cobrado, y vivir no habrá de vivir”.

Es similar a la parábola del rey que abrió su tesoro a otra persona. Con ese tesoro comenzó a contabilizar a los pobres, a matar a las viudas, a avergonzar a los carenciados,  a quitarles la ropa a las personas y dejarlas al desnudo, y cometió actos de violencia y hurto y lo colma de mentira, y pierde el tesoro del rey. Del mismo modo Dios-abre sus tesoros y le concede a las criaturas de su dinero y su oro…comenzó el pobre solicitando un préstamo del rico-y éste le cobró interés…Dios le entregó un dinero verdadero y éste lo transforma en mentira tal como está citado: “Ustedes sembraron maldad, cosecharon crímenes”, por ello habrán de morir, como fuera dicho “Cuando pase el torbellino, ya no existirá el inicuo”. Por eso Dios advierte en la Torá: “Si plata prestares a Mi pueblo”, y no te paga…es suficiente que yo lo denomine a él malvado…” (Shemot Rabá 31, 15).

Según la concepción instalada a nivel mundial, el patrimonio de una persona es de su propiedad, y ella lo maneja  de acuerdo a su criterio, ya sea buena o mala manera, y nadie puede protestarle, ya que es de él y entonces ¿quién puede indicarle lo que debe hacer”

Muchas personas, con su patrimonio, realizan buenas acciones. Ayudan y donan, desarrollan y crean. Pero a diferencia de ellos, están aquellos que utilizan su patrimonio de mala manera, a veces incluso desde el principio y conscientes de ello. Visto y considerando que el patrimonio está en su poder-no hay ningún impedimento para ello. Así se comporta una persona con su patrimonio material, y así también lo hace con su patrimonio espiritual. Sus aptitudes, capacidades y demás componentes de su personalidad- son suyos, y él los hace como propios.

El Midrash destaca que la verdad es diferente. De hecho, todos nos nutrimos del tesoro del rey. A veces no lo percibimos, y a veces no lo queremos ver- pero así son las cosas. Aquel que presta dinero con interés, da un paso más hacia abajo: no sólo que toma su patrimonio como perteneciente exclusivamente a él, sino que concluye de ello que le está permitido perjudicar al otro y oprimirlo en su pesar. No contempla que hay un ojo que lo observa desde arriba, y considera como si no tuviera un tesoro del rey.

Al respecto, el versículo señala: “el que prestar a interés y tomara usura-vivir no habrá de vivir” (Iejezkel capítulo 18, versículo 13) (la vida de esta persona, aunque aparentemente se refleje como el momento cumbre de su vida, ya que crece y progresa-no tiene existencia, no tiene continuidad ni tampoco frutos. “Vivir no habrá de vivir”

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Gentileza del sitio VBM de la Academia Rabínica "Har Etzion"

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Pobre de aquel que se abusa del indefenso

La Torá aborda extensamente la prohibición de maltratar  al huérfano y la viuda y advierte sobre un severo castigo, para el individuo y la sociedad, en un caso como éste. La responsabilidad por el bienestar y el ánimo de los indefensos no recae sólo en el individuo sino también en toda la sociedad.

La sección de “Mishpatim” incluye un amplio tratado de leyes religiosas concernientes a las relaciones humanas. Por lo general dichas leyes están redactadas en forma jurídica formal, pero ocasionalmente asoma más allá del dictamen halájico propiamente dicho, un punzante clamor moral, que nos enseña que no nos encontramos en la “Facultad de Derecho” sino en el mercado de la vida, y debemos prestar atención a la raíz moral que se ubica en la base de todas las leyes y ordenanzas.

Un destacado ejemplo de ello lo hallamos en los versículos que refieren a las leyes del huérfano y la viuda: “A ninguna viuda ni huérfano habrán de maltratar. Si maltratar lo mal tratares a él, pues si clamar clamare a Mí, escuchar habré de escuchar su clamor”(Versículos 21-22).

En este contexto el Ramba”m escribe en su libro “Mishné Torá” (Hiljot Deot, 6, 10): “la persona debe ser cuidadosa con huérfanos y viudas, ya que están muy afectados emocionalmente y su ánimo se encuentra deteriorado, a pesar de que sean adinerados…¿y cómo debemos actuar  con ellos? Sólo dirigirnos hacia ellos con suavidad y tratarlos con sumo respeto y dignidad…”

Los conceptos punzantes del Ramba”m enfatizan el deber del individuo  de comportarse con suma cautela con los huérfanos y las viudas. No obstante la orden no está dirigida sólo al individuo. El comentario “Torá Temimá” señala que a partir del vocablo en plural “no habrán de maltratar” aprendemos  que también el tribunal debe proteger a las viudas y a los huérfanos, y es así que nuestros Sabios manifestaron: “el tribunal-es el padre de los huérfanos”.

A la luz de ello debe leerse el castigo que menciona la Torá “y serán vuestras mujeres viudas Y vuestros hijos, huérfanos” (Versículo 23) de modo que no está relacionado sólo con la persona que maltrata sino que es un castigo que amenaza a toda la sociedad. Una nación que cierra sus oídos al clamor de los indefensos, y en particular al quejido del huérfano y la viuda, no podrá seguir desarrollándose en calma, y su final será que Dios le aplicará el castigo por su pecado-ojo por ojo, y por ello el texto hace referencia al plural.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj de la serie "Meat min Haor", publicada por la Biblioteca Beit El con la colaboración de la organización "Orot"

 

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“Los pobres de tu ciudad tienen preferencia”

   Si prestares a (el pobre de entre) Mi pueblo que habita contigo,

            no serás con él como usurero, no le impondréis usura.                          22, 24

 

    Este versículo, aparentemente, está constituído por una oración condicional que enuncia el caso y por una oración principal que enuncia la ley. Malbim explicó in-extenso las oraciones condicionales bíblicas en su comentario a Sifrá (Vayikrá 1, 12):

 

                Las oraciones condicionales en el hebreo se construyen del siguiente modo:

 

1)                               Con la palabra “Ki” (= cuando),  por  ejemplo: “Cuando  comprares  un siervo  hebreo,   seis

años te servirá” (Shemot 21, 2). “Cuando alguno destapare un pozo o si alguno cavare un pozo y no lo tapare, y cayere allí buey o asno – el dueño del pozo hará restitución” (ibid. 33-34).

1)                               Con la palabra “Im” (= si):

“Si un ladrón fuere hallado forzando una casa” (ibid. 22, 1).

“Y si presentares al Señor ofrenda vegetal de primicias, presentarás espigas tempranas tostadas a fuego …” (Vayikrá 2, 14).

2)                               Con la palabra “Asher” (= cuando):

“Cuando un príncipe pecare por yerro, obrando contra cualquiera de los mandamientos del Señor, su Dios, relativos a cosas que no deben hacerse y así se hiciere culpable … traerá como ofrenda suya un macho cabrío” (Vayikrá 4, 22-23).

3)                               Con  el  verbo  precedido   por  el  artículo  determinante  que  adquiere   entonces  el mismo

significado que la palabra “asher”:

“El que presentare al Señor su sacrificio de paces – traerá al Señor su oblación tomada de su sacrificio de paces” (ibid. 2, 29).

4)                               El infinitivo del verbo precedido por la letra “Bet” o por la letra “Kaf”:

“ … Cuando hubieres entrado en la tierra adonde os llevó. Y será cuando hubieres comido del pan del país, ofreceréis una ofrenda alzada al Señor” (Bamidbar 15, 18-19).

“Y cuando segareis las mieses de vuestra tierra – no acabarás de segar el rincón de tu campo …” (Vayikrá 29, 9).

Es sabido que cada palabra tiene una función especial en el idioma y que las diferencias entre ellas pueden ser sumamente sútiles. Los primeros cuatro modos indican opción. El uso de estos modos es el siguiente:

 

Un mandamiento condicional cuya forma es: “Si ocurriera ésto procederás así” o, “si hicieras aquello – harás esto otro”, comenzará siempre con la palabra “Ki” = cuando. Si el mandamiento condicional estuviere dividido en varias cláusulas, será encabezada la primera condición por la palabra “Ki” = cuando y las condiciones subsiguientes serán encabezadas por la palabra “im” = si.

Por ejemplo, en nuestra sección, cap. 21,

Versículo 2: “Cuando comprares un siervo hebreo …”

Versículo 3: “Si entrare sólo …”

Versículo 4: “Si su amo le hubiere dado mujer …”

Versículo 5: “Mas si el siervo persistiese en decir …”

En nuestra propia sección encontramos otros ejemplos:

21, 18-19: “Cuando riñeren hombres, y el uno hiriere al otro con piedra, o con el puño…

Si se levantare y anduciere”

22, 6-7: “Cuando un hombre diere a su prójimo dinero u objetos a guardar, y fueren hurtados de la casa de tal hombre, si se hallare al ladrón, restituirá el doble.

Si el ladrón no fuese hallado …”

El término “im” indica incertidumbre, alternativa o un caso particular de la ley, por ejemplo:

 

Bereshit 4, 7: “…si obrases bien … y si no obrases bien …”

Ibid. 13, 9: “ …si tú te diriges a la izquierda, yo iré a la derecha, y si tú tomares por la derecha …”

A veces el versículo trae sólo una alternativa, dejando la otra sobreentendida, por ejemplo: “Si es en vuestra voluntad enterrar mi muerto …” (Bereshit 23, 8). En Bereshit 24, 42, el significado es de incertidumbre: “…si quieres hacer próspero mi camino …”, pues el siervo de Abraham dudaba del éxito de su misión.

Los vocablos “ki” y “asher” indican certidumbre: “Cuando esto sucediere, ocurrirá tal otra”. Su uso está relacionado siempre con los casos en que hay opción, no con los casos en que hay obligación.

La obligación está indicada por la quinta forma, la del infinitivo del verbo, precedido por las letras “B” o “K” en calidad de prefijos, por ejemplo: (Vayikrá 19, 9) “Y cuando segareis las mieses de vuestra tierra …”, (Bamidbar 28, 26): “Cuando ofrecieres ofrenda vegetal nueva al Señor …”, o (ibid. 17, 34): Cuando hubieres ofrecido lo mejor de ello…” indican una condición circunstancial que acarrea un deber.

 

    Según este análisis, citado sólo en parte, el versículo en estudio indica una condición opcional: Si quieres, prestas; si no quieres – no prestas, pues no está escrito “Behalvotjá” – “Cuando prestares”, sino “im kesef talvé” “Si prestares”, que de acuerdo a Malbim indica opción. Esto es difícil de comprender, pues el prestar al necesitado es un mandamiento explícito y terminante. Leemos:

 

Cuando hubiere en medio de ti un pobre de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades; en la tierra que el Señor, tu Dios, te da, no endurecerás tu corazón.

                                                                                                                     Devarim, 15, 7

Ni cerrarás tu mano a tu hermano necesitado sino que indispensablemente le abrirás tu mano, y sin falta le prestarás lo suficiente para la necesidad que padeciere.                                                                                                        15, 8

 

    Más aún el mandamiento de prestar es más importante que el mandamiento de tzedaká (= beneficiencia). Nos parece acertado el comentario de Rashí, que sigue las ideas expuestas en el Sifrá en este punto.

 

“Y le apoyarás” (Vayikrá 25, 35). No dejes que descienda y que caiga y sea luego difícil ponerlo de pie, sino apóyalo desde el momento mismo en que decayere. ¿A qué se parece esto? A la carga que está por caerse del lomo del mulo – si la atajas a tiempo, tú sólo puedes devolverla a su lugar, pero si cae, no podrán levantarla ni cinco personas.

 

    Por tal motivo es extraño este versículo condicional (“Si prestares dinero …”), ¿acaso hay aquí opción? Ibn-Ezra trató de hallar una fórmula de compromiso entre las exigencias del idioma y las exigencias de la ley; entre la fórmula condicional optativa y entre la obligación terminante de prestar que exige la Torá.

Dice así:

 

                Si te hubiera dado el Señor riquezas de las que pudieras prestar al pobre.

 

    Con arreglo a esta explicación, las condiciones a la que el versículo alude son las posibilidades del que presta, no su buena voluntad. Pero si éste es el significado liso y llano del texto, es entonces incomprensible la necesidad de la oración condicional, pues todos los preceptos fueron promulgados para ser cumplidos con la condición obvia de que fuera ello posible. Siendo así, es superflua entonces la condicionalidad de este versículo, pues está sobreentendida.

    Lo mismo puede argüírse contra la explicación de Sforno, que relacionó la condición con las circustancias, no con la voluntad del hombre, pues sino, Sforno habría contradecido la orden explícita de Devarim 15, 8. Dice en su comentario:

 

Si no se cumpliera lo escrito (Devarim 15, 4): “bien que no debe haber en medio de ti menesteroso alguno”, sino que se cumpliría el otro verso (ibid. 11): “Porque no dejará de haber menesterosos en la tierra”, entonces, prestarás.

 

    También con respecto a este comentario podemos decir que no es necesaria la frase condicional, pues todos los preceptos fueron promulgados en la suposición que estaríamos en condición de cumplirlos.

    Nuestros Sabios, en cambio, explicaron el versículo bajo estudio como un deber, no como una opción. Leemos en Mejilta en el comentario al versículo bajo estudio:

 

“Si prestares dinero …”: Rabí Ishmael dice: El término: “im” en la Torá significa opción salvo en tres casos: el de este versículo y los de otros dos, a saber:

“Y si presentares al Señor ofrenda vegetal de primicias” (Vayikrá 2, 14). Aquí se habla de una obligación. Podrías argüír que tal vez se hable de una opción. ¡No! Pues la Torá nos enseñó: “Presentarás la ofrenda vegetal de tus primicias …” (ibid.). Vemos entonces que se trata de un deber, no de una opción. Del mismo modo interpretaremos como obligación (Shemot 20, 22): “Y si quisieres hacerme altar de piedra …” Podrías argüír que tal vez se trate de una opción. ¡No! Pues está escrito: “De piedras enteras edificarás …”, de lo cual vemos que se trata de una obligación, no de una opción. Del mismo modo interpretaremos como obligación: “Si prestares dinero …”, no como una opción. Podrías argüír: ¿Quien dice que es una obligación? ¿Tal vez se trate de una opción? ¡No! pues está escrito: (Devarim 15, 8) “Sin falta le prestarás”. Obligación, no opción.

 

    La dificultad en la comprensión del versículo subsiste a pesar de esta última explicación. ¿Porqué fue encabezado el versículo con la voz “im”, que indica una condición opcional? ¿Porqué no fué usado el infinitivo precedido por las letras “Bet” o “Kaf”, lo cual indicaría una condición obligatoria? El autor del “Or Ha-jayim” plantea la misma pregunta:

                ¿Porqué se empleó la palabra “im” siendo que se trata de algo cierto?

 

    De este modo responde Maharal de Praga esta pregunta en su comentario “Gur Arie”:

 

El motivo por el cual está escrito “im”, a pesar que se trata de una obligación, se debe a que si este mandamiento fuese cumplido como si tratara de un ukase, no sería del agrado del Señor, tal manera de cumplirlo; por el contrario, la observación de este precepto debe hacerse con buena voluntad.

Los tres preceptos siguientes: Constuir un altar, que es como se puede servir al Señor, para ofrendarle sacrificios; prestar dinero u ofrendar el Omer, si son cumplidos como si se trataran de ukases, no se los ha cumplido debidamente.

En el primer caso, porque el servir a Dios debe realizarse con buena voluntad, sólo entonces puede ser denominado “servidor”; en el segundo, porque el acto de prestar debe brotar también de su buena voluntad, según leemos: “Ciertamente le darás, y no debe dolerte el corazón …” (Devarim 15, 10), y en el caso del Omer porque fue instituído por el Señor para que le agradezcamos por hacer crecer los frutos, agradecimiento que debe brotar de la más íntima convicción. Por esto, el precepto del Omer, no obstante ser un deber, encierra también un aspecto optativo.

 

    Hemos visto entonces que el versículo bajo estudio no enuncia una condición optativa, dependiente de la buena voluntad del que presta, sino que es un precepto positivo, un deber a cumplir, que fué redactado bajo la forma optativa a fin de poder cumplirlo de todo corazón como cuando se obra voluntariamente. Rambam cita este precepto entre los positivos, en su obra Sefer Hamitzvot (precepto 197):

 

Nos ha sido ordenado prestar al pobre a fin de aliviar su situación. Esta mitzvá es más importante que la tzedaká. Pues quien está necesitado y lo revela, para pedir ayuda, no son su aprieto y su dolor tan grandes como el de quien no reveló aún su penuria, estando éste más necesitado de ayuda, a fin de que no se revele su estado. Este precepto El lo enunció así: “Si prestares dinero al pobre de entre Mi pueblo”, con respecto a lo cual leemos en Mejilta: El término “im” = si en la Torá indica siempre opción, salvo en tres casos, siendo “Si prestares …” uno de ellos.

 

    Examinemos nuevamente el versículo en cuestión, esta vez desde un nuevo ángulo.

 

            Si prestares dinero al pobre de entre Mi pueblo que habita contigo.                  22, 24

 

    Dijeron los Sabios en Mejilta (184):

 

De entre Mi pueblo: Si tienes ante tí un judío o a un gentil a quienes prestar: “Mi pueblo” tiene prioridad.

                Un rico y un pobre – el pobre antes.

                Tus parientes pobres y los pobres de tu ciudad – tus parientes antes.

Los pobres de tu ciudad y los pobres de otra ciudad – los de tu ciudad antes, pues está escrito: “el pobre que habita contigo”.

 

    Las leyes de prioridad que nuestros maestros consideraron en relación con este precepto son de gran  y grave importancia, pues tienen que ver con dilemas morales con los que el hombre puede encontrarse. No constituye un dilema la elección entre el bien y el mal, pero sí, cuando son dos los deberes a realizar al mismo tiempo, pero sólo puede realizarse uno de ellos y no sabe cuál tiene precedencia y cuál es postergable; esto sí es un problema moral.

    La observancia de los preceptos y la práctica del bien no son un hobby que el hombre puede realizar sólo por su propia voluntad, para satisfacer sus inclinaciones. La Torá fijó leyes, límites y un orden en el cumplimiento de los deberes. Nuestros Sabios nos establecieron qué debemos anteponer y qué debemos posponer, cuál es el orden de prioridad en nuestros deberes.

    Quien huye del círculo natural en el que nació – su familia, su ciudad o su pueblo – y parte hacia las lejanías, para curar el dolor de la “humanidad”, de los pobres y de los necesitados, de los miserables y de los olvidados, mientras que su propia familia, su propio vecindario, su siudad, o su país claman por su ayuda, pero él no escucha, pues le es indigno ocuparse de “pequeñeces” y se dedica a salvar a la humanidad – a él se refiere la halajá cuando fija prioridades: Un judío y un gentil – el judío antes. Tus pobre y los pobres de tu ciudad, tus pobres antes, etc.

    Las leyes de prioridad de nuestros Sabios obligan a ayudar tembien al no-judío, al extranjero, al extraño, pero, hay cierto orden que debe guardarse. ¿Porqué? Porque la Torá no promueve el amor a la humanidad, que pasa por alto los deberes para con los cercanos. El amor a la humanidad no puede echar raíces en el corazón si se rompen los vínculos naturales. Por el contrario, la senda del amor al prójimo, del amor a la humanidad prescripta por la Torá es la del ensanchamiento permanente del círculo en el que se encuentra el hombre. Del amor paterno a los hijos al amor a los hijos del prójimo; un amor que se extiende y abarca no sólo a los parientes sino que también a los vecinos en cuyo medio le ha tocado vivir y con quienes debe convivir. De aquí se extenderá su amor a todo el pueblo, a la humanidad toda.

    En la versión antigua del Midrash Tanjuma, en el comentario a Mishpatim VIII, leemos:

 

El pobre de la calle y el pobre de tu vecindario, el de tu vecindario tiene prioridad. Un pobre que te es cercano y uno de otra ciudad, el que te es cercano antes. “El pobre que habita contigo”, el que está contigo, que está relacionado contigo.

 

    Esta idea la encontramos expresada con mayor fuerza aún en el Midrash Tanjuma a Mishpatim XV:

 

“El pobre que habita contigo” – considera al pobre a quien tú debes ayudar como si fuera tú mismo.

 

Tomado de:  “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la  Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986  págs.  101-107.

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La responsabilidad del hombre por sus bienes y acciones

La fe en la providencia Divina y en el acompañamiento permanente por parte de Dios al mundo, no representa una excusa para que el hombre se desentienda de su responsabilidad. El hombre debe asumir la responsabilidad por su vida, sus acciones y sus bienes.

Los casos de daños y perjuicios que figuran en la seccion de “Mishpatim” señalan un fundamento halajico simple y sutil-el hombre es responsable. Es responsable de que su toro y su burro no provoquen dato alguno, él es responsable del fuego originado en su campo, es responsable de que sus animales no corneen; y principalmente- es responsable de sus propios actos: el hombre es reincidente por siempre. Este es el principio fundamental de la Halaja.

Cuando dicho principio basico es trasladado al detalle pormenorizado de los hechos (actos) encontramos diversas controversias en las leyes. Bien sabemos que a pesar de su responsabilidad por el dano provocado por sus animales él no es responsable si es que ellos pastan en la vía pública ni tampoco por las consecuencias de su paso por la via publica. Esta exención es explicada de diferentes formas, no obstante no hay discusion sobre la ley propiamente dicha; sabemos que en el momento en que paga por los daños ocasionados por el fuego está exento de abonar por lo “oculto”; también hay excepciones para el principio conocido de que el hombre es reincidente por siempre-ya sea se trate de utensilios que fueron colocados a su lado cuando ya se encontraba durmiendo, y los daña sin su conocimiento previo, o se trate de aquello que sostienen los Rishonim  (Sabios del pueblo de Israel entre el siglo XI-XV EC) señalando que en “una situación forzada similar a un robo” la persona no es responsable, y otros. No obstante, todos los detalles de estas leyes no desdibujan el hecho básico que según la Halajá el hombre es responsable. El círculo de su responsabilidad comienza a partir de sus propios actos, y se extiende también a la responsabilidad como consecuencia de sus desaciertos, la negligencia en el cuidado de su patrimonio y efectos secundarios de actos realizados por él en el pasado.

El idioma de la responsabilidad en nuestro mundo se torna extraño.  El hecho se pone de manifiesto, primero y principal en el liderazgo. Se debe recordar que asumir la responsabilidad no solo significa presentar la renuncia cuando el objetivo no fue plenamente logrado. Responsabilidad quiere decir asumir una actitud responsable desde el principio-la voluntad de renunciar a los egos personales en beneficio de un objetivo significativo; dedicar la mayor parte de los esfuerzos emocionales y practicos para cumplir con la tarea encomendada, la construcción de sistemas diseñados para evitar el deslizamiento por la pendiente resbaladiza del libertinaje y de la cultura del “confía”, y la disposicion de una critica constante.

La eliminación de la carga de responsabilidad penetra también en el lenguaje religioso. Expresiones como “todo proviene del cielo” o “todo inconveniente es para bien” se concretan de un modo inadecuado. Estas expresiones son percibidas por aquellos que las utilizan como profundas expresiones de fe-no es el hombre el responsable de sus actos y consecuencias sino el Cielo. Por consiguiente, erróneamente las personas consideran que si llegan tarde al autobús “es del Cielo” mientras que la conclusión adecuada y la correcta reparación sería la de levantarse mañana cinco minutos más temprano y no llegar con demora; y si hay algo sumamente deseado que no es alcanzado, la reacción acertada no comienza con las palabras “ todo inconveniente es para bien”, sino en cuestionarse qué es lo que hubiéramos podido hacer para alcanzar dicho objetivo.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj
Gentileza del sitio de la Academia Rabínica "Orot Shaul"

 

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