La vestimenta hace a la persona

¿Por qué el Cohen necesita una indumentaria tan espléndida? ¿Acaso no es más apropiado desenvolverse con simpleza? Resulta que existe una influencia tangencial de las vestimentas sobre la percepción de aquel que las viste y así le conceden un estatus de elevación a sus actos.

Las vestimentas del Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) son muy pomposos. ¿Cuál es el sentido de dicha presentación tan lujosa? ¿Acaso no era atinado solicitarle a los Cohanim y en especial al Cohen Gadol, que se presentarán con una vestimenta más simple, sin oro ni piedras preciosas, tal como el Cohen Gadol solía hacer en el día de Iom Kipur (Día del perdón), al ingresar al Sancto Santorum? Así explica la Torá  la finalidad de las vestimentas: “Habrás de hacer ropajes sacros para Aharon, tu hermano, para gloria y esplendor” (Versículo 2). O sea, la vestimenta puede crear una apariencia presentable y esplendorosa. El Rambán, en su comentario sobre este versículo, agrega y refina la tendencia de pompa y esplendor en estas palabras: “que sea distinguido y esplendoroso con vestimentas distinguidas y esplendorosas…ya que éstas son prendas de realeza, tales como las que vestirán los reyes en tiempos bíblicos…y el gorro  es conocido por el uso que le dan actualmente los reyes y grandes ministros”.

Pero esta es justamente la pregunta, ¿por qué los Cohanim deben vestirse a la usanza de los reyes? Si ellos no son reyes. Son servidores del Templo, ¿y por qué habrán de usar vestimentas que no les corresponden ?

Algunos de nuestros Sabios argumentaron que la vestimenta que la persona viste crea en ella la percepción de la importancia de su cargo y la conciencia de su misión. Está claro que un aro en la nariz de un chancho no lo convertirá en persona, pero la persona que desea tomar conciencia de la importancia de sus actos, una de los recursos para ello es la prenda que ha de vestir. Es por ello que los asesores en materia laboral le recomendarán a la persona que desea ser aceptada en un trabajo  que vista una vestimenta adecuada para dicha instancia. La apariencia externa de la persona y la primera impresión que habrá de crear pueden definir el destino del encuentro. La vestimenta también influye en aquel que la viste. La Torá le exige a los Cohanim una seriedad absoluta en su tarea, y es así como ello se refleja también en su presentación. En muchos lugares del mundo existe una exigencia similar para los empleados públicos: deben presentarse con una vestimenta que los dignifique a ellos y a sus clientes.

Junto a ello existe también el peligro de centrarse en forma exagerada en la apariencia externa. A veces, de tanta preocupación por la vestimenta se olvida cuál es nuestro auténtico deseo interno. ¿Acaso puede ocurrir que a veces queremos impresionar al prójimo  o a nosotros mismos con un determinado acto, pero esto no refleja quiénes realmente somos? Puede que logremos impresionar a todos, pero olvidaremos a nuestro verdadero yo.

Si sabemos aprovechar con inteligencia  “la gloria y el esplendor” para nuestro ser interior, lograremos utilizar ambos adecuadamente y lograr que la Divinidad more en nosotros.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Parashá baktaná" publicado por "Maguid"

 

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Preguntas de Abarbanel, Éxodo 28

1   "Y llevará Aharón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral, o sea sobre su corazón, cuando entre al santuario como recordatorio perpetuo ante el Eterno.  Y pondrás  en el pectoral los Urim y los Tumim, que llevará Aharón sobre su corazón al entrar en el santuario del Eterno"

(Éxodo 28, 29-30)

Pregunta:  De todas las vestimentas de Aharón y los Cohanim, se describe la forma y el modo de hacerse; sin embargo los Urim y Tumim no explica realmente lo que son, ni cómo deben de hacerse.   Más aún, estos términos no se utilizan con anterioridad en ninguna otra parte de la Torá, ¿Cómo entonces el texto los menciona como si ya fueran conocidos? Y ¿Qué función desempeñaban?

Respuesta: 

Muchos de los comentaristas opinan que los Urim y Tumim son realmente las 12 piedras preciosas que llevaba el Cohen en el pectoral y que representaban las 12 tribus (ver versículos 15-21).  Estas piedras se iluminaban cada vez que se hacía una consulta a D-s ya sea por un Rey o una personalidad pública.  De aquí se deriva el nombre Urim, del término Or (luz o alumbramiento) y Tumim del vocablo TAM (en el sentido de completar o confirmar).

Abarbanel sin embargo, no se conforta con esta explicación ya que habría una duplicación innecesaria del texto; se estaría repitiendo la descripción del pectoral sin aportar información adicional.  Es por ésto que explica que este elemento extra es un escrito del nombre de D-s que se insertaba dentro del pectoral y es el que provocaba el alumbramiento de las piedras.  (como si fuera una pila interna)

Una comprobación de ello es la falta de descripción técnica del Urim y Tumim, a diferencia de muchos otros objetos en los cuales se mencionan los materiales y la forma de hacerse, este elemento era simplemente un escrito a mano, del nombre sagrado de D-s en un pergamino.

Ahora bien, ¿Para qué servía este recurso y quién podía utilizarlo?, ¿Qué diferencia hay con la profecía y cómo se llevaba a cabo?  Nuestros sabios establecen tres condiciones para esta consulta:  

La primera tiene que ver con el que pregunta, sólo puede ser un Rey o una corte suprema o alguien que el público lo necesita;
La segunda se relaciona con el tipo de pregunta, debe necesariamente ser algo que involucre al pueblo de Israel en general.
La tercera restricción se refiere a la persona que lo lleva, el cual debe ser un Cohen supremo y que cuente con inspiración Divina.

La técnica entonces era hacer una pregunta y la respuesta aparecía al iluminarse las diferentes piedras del pectoral; ahora era tarea del Cohen interpretar  mediante el posicionamiento correcto de las letras y su justa combinación.

De acuerdo al RAMBAM (Maimónides) este nivel era inferior al de la profecía, sin embargo presentaba ciertas ventajas: Mientras que la profecía no era inmediata y accesible en cualquier momento, este sistema permitía una respuesta rápida y concreta.  Además para obtener la profecía se requería de una preparación especial de la persona y tomaba a veces bastante tiempo.

A lo largo de la Biblia encontramos ejemplos de gente que utilizó este recurso como el Rey David (Samuel A-23) con el fin de saber si salir a la guerra o no; por otro lado el Rey Saúl que llegó un punto donde perdió todo contacto con D-s y ni siquiera pudo consultarlo con este medio (Samuel A –28).

En tiempos donde la hechicería y la magia eran los medios más utilizados para todo tipo de asuntos cotidianos, los Urim y Tumim reforzaron la convicción de que Israel cuenta con medios directos para llegar a D-s y poder recurrir a El en todo momento de necesidad y bajo cualquier circunstancia.

 

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El altar

Parashá Itró Éxodo 20:24: Me haréis un altar de tierra para Mí, y sobre él sacrificareis vuestras ofrendas y holocaustos pacíficos… En todo lugar en donde recuerde Mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. Y si hiciereis para Mí un altar de piedras, no lo construirás con piedras labrada, pues tu cincel ha golpeado sobre ella y de esta manera se profanaría. Y no subirás a Mi altar por escaleras, para que no sea descubierta tu desnudez.
Parashá Terumá Éxodo 27:1 Y harás el altar de madera de acacia de cinco codos de largo, cinco codos de ancho y tres codos de alto. En cada uno de sus cuatro ángulos los finalizarás con la forma de un cuerno y lo revestirás (íntegramente) de cobre.
  
Preguntas
• ¿Para qué vuelve a repetir lo del Mizveaj (Altar), si en la parashá Itró ya lo citó?
• ¿Qué diferencia hay entre lo que dice aquí con lo que dijo al final de Itró?
• ¿Por qué cuando nos habla del altar nos dice que: En todo lugar en donde recuerde Mi nombre, vendré a ti y te bendeciré? ¿Qué tiene esto que ver con el altar?
• ¿Por qué dice “Vehasita et Hamizveaj” (Harán el Altar)?
• Si el altar era de madera ¿Cómo no se quemaba?
• ¿Por qué no dice cuál es la función de este altar?
• ¿Por qué en los demás utensilios nos dice dónde tienen que estar cada uno, pero con el Altar no nos dice dónde debe estar ubicado?
• ¿Por qué permite el Mizveaj y  prohíbe la “Matzeva” (Altar de una sola piedra)?
Respuestas
El servicio a Dios  no se realizará de manera similar al servicio que se hacía con la  idolatría, por eso dice que no tenían que ser piedras labradas con hierro. El hierro se usa para la fuerza y la violencia, y el servicio a Dios es con misericordia y no con fuerza. Además, todo tipo de “Araiot”- obscenidades, a la manera que hacían los idolatras, estará completamente prohibido, es por eso que no se podía ascender al altar por escaleras, sino que debía ser mediante una rampa, por esta misma razón el sacerdote debía poseer ropas que cubran todo su cuerpo, y además debía caminar dando pasos cortos, para que no deba abrir demasiado sus piernas. El altar debía ser de tierra, sencillo y sin ostentación.
Todos los altares que figuran hasta este momento en la Torá, (tanto con Abraham, Itzjak y Yaacob) se refiere meramente al altar, sin realizar sobre él sacrificios, pues la idea principal era reconocer y proclamar a Dios. Es por eso que luego de la revelación del monte Sinai, nos habla del altar, nos viene a enseñar que solo a Él es digno y apropiado servir. Lo importante, no es el acto en sí (realizar un Sacrificio), sino la intención que debe acompañar a este acto, la Kavaná,- su pensamiento.
En nuestra perasha no nos habla de los detalles de cómo debe ser construido ni cómo hacer para que la madera no se queme cuando se hagan las ofrendas, eso ya lo hizo en Éxodo 20. Es por eso que nos dice el altar, es decir, se está refiriendo al altar que ya nos explicó antes, justo después de los diez mandamientos. Aquí viene a ampliar lo que nos dijo allí.
Tenía una altura de un metro y medio, esto es para que no sea algo demasiado grandioso, sino algo sencillo, para que el sacerdote pueda servir sobre él en forma cómoda, no está demasiado alto que lo obligaría a subir por grandes escalones o pasos grandes en una rampa.
Estaba recubierto de cobre, no de oro, para enseñarnos la simpleza del servicio a Dios, y porque no se quema con el calor, el oro se derrite más rápido que el cobre.
Si bien todo el tabernáculo fue comparado al monte Sinaí, el altar es dentro de los utensilios del tabernáculo el que más hace alusión a esta simetría. 
• Es construido elevado, como el monte que sobresale de la superficie de la tierra. 
• Se sube por medio de una rampa, como la ladera de un monte. 
• Está construido con tierra y piedras, que son los mismos materiales que se encuentran en el monte Sinaí. 
• No cualquiera puede subir a él, tal como estaba vedado el ascenso al monte Sinaí para el pueblo. 
• Y lo más categórico: sobre el altar, debía estar el fuego siempre encendido, es decir, no solo en el momento en que se ofrecían los sacrificios, sino que en todo momento debía estar el fuego encendido. Tal como en el monte Sinaí que estaba ardiendo en fuego todo tiempo que Dios estaba sobre él. Es por eso  que cuando se inaugura el santuario, el fuego del altar desciende desde el cielo, y desde ahí, ese fuego no se apagó nunca y fue mantenido encendido durante todos los años. 
• Uno de  los diez milagros que ocurrían a diario en el templo de Jerusalem, es que la columna de humo que subía desde el altar, jamás se doblegaba con el viento y nunca la lluvia o la nieve apagó el fuego del altar. Esta columna, nos recuerda a Dios que por medio de la columna de humo y fuego guiaba al pueblo en el desierto
En todo el Tanaj hay varias veces que se construyen altares pero no necesariamente para hacer ofrendas sobre ellos, por ejemplo, encontramos que tanto Abraham, Yitzhak y Yaacob, construyeron altares pero no ofrecieron sobre ellos nada, era meramente para proclamar el nombre de Dios y así hacer que todos Lo conozcan. Moshé también construye un altar luego de vencer a Amalek y lo llama Hashem Nisí –Dios es mi estandarte- y no sacrifica nada sobre él. Por último, en el libro de Yehoshua, encontramos a dos tribus: Rubén y Gad  que construyen un altar enorme, pero no ofrenden sacrificios en él, sino que es para que sirva de testimonio que ellos creen en Dios y son parte del pueblo de Israel que pregona esa idea.
En resumen, el altar no solo es un utensilio que se utiliza para hacer sobre él ofrendas, sino que representa algo más, en la época de los patriarcas, era para proclamar a Dios, y en el tabernáculo era para representar la presencia divina, tal como ocurrió en el monte Sinaí. 
El altar es el testimonio de fe del hombre que proclama, que el Eterno es el único Dios y que sólo a Él se debe servir.
Es por eso que los profetas a menudo se quejan ante el pueblo y lo instaban a que dejen de traer ofrendas al altar. Pues el altar no es algo meramente técnico, no se trata de traer un sacrificio y así "satisfacer la sed de los dioses" sino que si este acto esta divorciado de la intención y el sentimiento profundo que antes mencionamos, entonces el acto de quemar una ofrenda sobre el altar, es algo pagano que debe ser evitado. 
 

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La construcción del Mishkan. Terumá.

Terumá es la condensación de las instrucciones para la construcción del Mishkan. El verdadero significado del Mishkan sólo es comprensible si tomamos en cuenta su sentido y su posición. La Parashá Terumá es una continuación de las ideas de Matán Torá, y la Hitzalut (Revelación) en el Monte del Sinaí.

La Divinidad se reveló al pueblo de Israel, es la Shejiná, que simboliza la revelación de Ds' al hombre. Shejiná es el Espíritu Divino descendiendo sobre el hombre.

 El "Mishkan" está  etimológicamente unido con “Shejiná", pues ambos provienen de la misma raíz: “Shajon”, "morar”, que en forma alegórica utiliza la Torá con respecto a la Divinidad. El pueblo judío se había elevado por medio del Maamad Har Sinai, a las alturas espirituales. El abandono del Sinaí podía significar, el abandono y la degradación moral, y el Mishkán era el destinado a mantener la presencia de la Divinidad constante en el pueblo. Como ya lo hemos hecho notar este es el sentido del mandamiento divino.

"ועשו לי משכן ושכנתי בתוכם" (כ"ה ח´)

“Y harán para mí el Mishkan y moraré entre ellos”.

Ya nos hemos detenido sobre la absoluta negación del antropomorfismo en el sentido del  Mishkan. Este sentido sin embargo recorre esencialmente los principios todos del judaísmo.

Veamos por ejemplo el Maamad Har Sinai. Según la Mesorá él Maamad Har Sinai ocurrió el   seis de Sivan, es decir a los 50 días (después de 7 semanas) de la salida de Egipto, del primer día de Pesaj.

Las fiestas de Pesaj y Shavuot se hallan por los días de la Sefirá, sin embargo el sentido preciso de Shavuot no se encuentra explícitamente en la Torá. Sí nosotros sin embargo analizamos el relato de Matán Torá, coincidiremos con la Mesorá, e indudablemente Shavuot se halla unido al Maamad Har Sinai.

Diversos comentadores se han detenido sobre esta singularidad, De la misma manera ha sido imposible identificar al monte Sinaí, ya que en particular la Torá no nos refiere nada en absoluto.

 Por otra parte el Midrash agrega que la Torá. Fue dada no en Eretz Israel, sino en el Desierto, pues como el desierto, tampoco la Torá se halla unida a determinada individualidad, nacionalidad o estado. Según la expresión talmúdica, el Midbar (desierto) es Hefker, sin dueño y cada persona puede poseerla, y de la misma manera cada persona puede lograr el Keter Torá, el cetro de la Torá.

Vemos pues dos detalles íntimamente unidos .

El Maamad Har Sinai no se haya individualizado ni en el tiempo, ni en el espacio. Shavuot es el Iom Matán Toratenu. Los jajamim aclaran que Shavuot es  Matan (entrega), pero no Kabalat (recepción) de la Torá. La Torá fue ciertamente entregada en determinado día, pero la Kabalat-Hatorá no está unida a ningún día en particular, pues cada día puede y debe “recibirse” la Torá.

La idea central es pues notoria. La principal intención de la Torá es despojarse de todo particularismo o individualismo y hacer recalcar su carácter general y universal. Y este carácter esencial nace de las concepciones del judaísmo. El judaísmo es el espíritu de la unidad por excelencia, que ve en la pluralidad y diversidad de los acaeceres materiales al único principio espiritual.

El Sefer Bereshit comienza con la creación del Universo y la genealogía de la humanidad entera. La Torá nos muestra la Unidad de la Naturaleza y la de la humanidad entera. Esta idea se basa en la idea de Universalidad Divina. El politeísmo creía en muchos dioses “nacionales”,  el monoteísmo nos inculca la creencia en único Ser Universal. Ds' se halla por encima de las fronteras, razas o colores, Ds' no se halla ligado al tiempo y al espacio.

El segundo principio es la completa oposición al antropomorfismo. Ds' no es en el judaísmo la imagen del hombre, y por ello nuestras ideas sobre la Divinidad deben sobreponerse sobre las imágenes naturales, aún los ya citados conceptos del "tiempo' y del "espacio".

Con estos principios podemos detenernos someramente sobre la idea del Ohel Moed o Mishkan. El principal móvil del Mishkan es el "y moraré entre ellos”. No “en él”, sino “entre ellos”. Y Con esto se llega a la absoluta negación del antropomorfismo. Las excavaciones arqueológicas nos muestran los Templos de la antigüedad y en ellos encontramos dos objetos que nos muestran su principal carácter y sentido; una cama y un armario para guardar objetos personales. Estos objetos se hallan radicalmente desterrados del templo hebreo.

El Templo no era morada de Ds', sino de los hombres, y el principal sentido es la de magnificar la conducción divina del pueblo. El Aron-Hakodesh (arca sagrada) y el Mishkan eran los destinados a simbolizar e inculcar en el pueblo la idea de la Hashgaja y de la presencia de la Divinidad. Es decir alejarse del Monte Sinaí y del día de Matán-Torá no significa alejarse de Ds'. La Shejiná acompaña al hombre dondequiera este se encuentre, y esa unión se halla simbolizada por el Mishkan, por el Santuario. La Divinidad no se halla pues unida a “santidad”, en el lugar, sino “santidad” en el hombre.

Esto es lo que respecta al primer principio, a la “Universalidad”. La Superación del antropomorfismo, el segundo principio, se revela en todos los detalles del Mishkan, y la influencia psicológica de esta particularidad es notoria. La Historia nos puede relatar la impresión que el Templo de Jerusalén causa a los altos dignatarios y jefes grecorromanos. Al penetrar en el Templo la primera acción de Tito “el malvado”, es la de irrumpir en el Sanctun-Sanctorium, en el "Kodesh-Hakodashim”, buscando al Ds' que los judíos adoran, más nada pudo encontrar. Este fue uno de los principales motivos de la universal incomprensión hacia el pueblo judío, pues la fantasía pagana no podía comprender cómo era posible adorar a aquel “invisible Dios”.

 El objeto del Mishkán era desterrar radicalmente este error. La adoración, el culto, son perfectamente lógicos y comprensibles, son necesidades y deberes psicológicos, pero ello no significa en absoluto la creencia en un Ds' humano, en un ídolo o fetiche. Por ello es que podríamos definir al Mishkan, como un Templo para el hombre, más que un templo para Ds'. Y así es como la Avodá se eleva y espiritualiza, y así también podamos oír las palabras de Shlomo, el Rey Sabio, al construir el Gran Templo de Jerusalén.

“Empero, es verdad que el Señor haya de morar sobre la tierra?. He aquí que los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener. Cuánto menos aún esta casa que yo he edificado?...

Que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho. “Mi nombre estará allí”, y que oigas la oración que tu siervo hará en éste lugar (Reyes I, VIII 27,29).

Ni los cielos, ni los cielos de los cielos encierran o contienen al Señor. El Mishkan, el Mikdash no hacen “bajar” a la Divinidad, no la encierran ni enclaustran, más engrandecen al hombre y lo elevan hasta que él y su corazón lleguen a la Divinidad.

"וזאת התרומה אשר תקחו" (כ"ה ג´)

Y ésta será la Trumá, la ofrenda que llevareis” (XXV, 3). La ofrenda comprende los trece materiales que se utilizaron para la construcción del Mishkán y sus partes, oro, plata, cobre, púrpura, etc. El Sforno, al igual que el Maguid Midubna, se detiene sobre éste carácter de la ofrenda.

“צוה שלא יקבלו כל שוה כסף" (ספורנו)

Ordena que no se recibieran valores en general sino únicamente lo que se podía utilizar en la construcción del Mishkan.

El Mishkan debía ser edificado por el mismo pueblo, y cada uno de sus elementos debía llevar en sí el amor del judío. El Mishkán era construido materialmente, pero a la par se construía un Mishkan superior, espiritual con las instrucciones, con el amor de aquellos que entregaron lo suyo para construirlo. Por ello no fueron las ofrendas obligatorias, el precepto divino, por el contrario proclama:

“De todo varón que la diere de su voluntad, de corazón tomareis mi ofrenda". El Señor pide su ofrenda: “Que tomen para mí ofrenda”. La tierra toda es del Señor, y Él pide para mí" la ofrenda. Pero la verdadera ofrenda era la del espíritu.

Y el verdadero Mikdash es el que se construya con los corazones unidos del pueblo judío.

No un Mikdash de piedras, sino de almas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Oro, plata y cobre

¿Qué simbolizan los diferentes metales de los utensilios del Tabernáculo? ¿Y por qué no hay oro en el atrio del Tabernáculo?

En nuestro capítulo, se puede ver que los únicos metales que se hallan en el atrio del Tabernáculo son cobre- el revestimiento del Altar y sus utensilios, y los zócalos del atrio, y plata-los ganchos de los postes y sus filetes. A diferencia de ello, como podía verse en el capítulo 25, dentro del Tabernáculo, todos los utensilios son de oro o están revestidos de oro.

Parece ser que precisamente el uso de estos metales y su ubicación en el Tabernáculo tienen un significado.

Según la Cábala, el oro simboliza el atributo de la Guevurá (Poderío, fortaleza, en el sentido de “Din”, juicio), la plata simboliza el atributo de Jesed (Bondad, en el sentido de una benevolencia absoluta), y el cobre el de Tiferet (Belleza, en el sentido de su rol como mediador entre Guevurá y Jesed).

Estas 3 cualidades, son parte de los siete atributos con los cuales Dios dirige el mundo. La cualidad de Guevurá (oro) simboliza la estrictez y la crítica, la cualidad de Jesed (plata) simboliza el amor y la entrega, mientras que la cualidad de Tiferet (cobre) simboliza la cualidad de la piedad.

Ahora puede comprenderse por qué justamente los metales de cobre y plata fueron los utilizados para la construcción del atrio del Tabernáculo con todos sus componentes. El atrio es el sitio al que llega el pueblo de Israel, sin diferenciación alguna entre todos los que llegan: Tzadikim y malvados, pecadores y aquellos que se arrepintieron y retornaron a las fuentes-

Así, el revestimiento de los postes del atrio será de plata, para simbolizar que Dios recibe con su máxima benevolencia a todo el pueblo de Israel.

El Altar que expía al pueblo de Israel, está cubierto de cobre que da cuenta de la cualidad de la piedad-Dios perdona al pueblo de Israel, y en su misericordia les permite volver a empezar.

Aún así, el atrio es tan sólo el prólogo-tras habernos aproximado a Dios por mérito, por su benevolencia y misericordia, se nos exige estar capacitados para acercarnos a Él aún más, y hallar también su atributo de juicio que queda reflejado en el interior del Tabernáculo.

Los referentes que escriben en esta sección son miembros de la organización "Najat"-"Noar Jovev Tanaj" ("Jóvenes  amantes del Tanaj"), sede del estudio del Tanaj para los jóvenes.

 

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La construcción del tabernáculo

VOLVEMOS a ocuparnos de la construcción del Tabernáculo. Esta vez, los detalles los conocemos por medio de las instrucciones que Moshé imparte a los hijos de Israel, idénticos con los descriptos en las porciones semanales de lectura de la Torá anteriores: Terumá y Tetzavé. Esta repetición es notable. Al respecto formula Abravanel la siguiente pregunta:

Verás que la Torá menciona cinco veces, tanto en particular como en general, la obra de construcción del Tabernáculo. La repetición más difícil de comprender es aquella en la que Moshé dice a Israel: “Y todos los Sabios de corazón de entre vosotros vendrán, y fabricarán todo cuanto ha mandado el Señor” enumerando a continuación en forma detallada todo lo que el Señor le había ordenado hacer. ¿Acaso no habría sido suficiente que el texto dijera: “E hicieron todo lo que Dios les había ordenado hacer”? ¿Que necesidad había de enumerar nuevamente todos los utensilios?  Rabí Jaim Ibn-Atar, en su comentario “Or Ha-jayim”, da la siguiente breve respuesta:

El motivo de la repetición del relato de la construcción del Tabernáculo es similar al dado por los Sabios con relación a la repetición del capítulo del sirviente de Abraham (Bereshit 23, 39). Puesto que el relato le era predilecto al Altísimo, por ello lo narró dos veces.

Puede ser que esta respuesta no satisfaga a todos. ¿Porqué ha de ser esta narración más apreciada que cualquier otra de las Escrituras? Sabemos cuán conciso es el lenguaje de la Torá. ¿Cuál es entonces el motivo del tratamiento preferencial que mereció el Tabernáculo? ¿Hay acaso algún significado simbólico en los detalles – utensilios, materiales y medidas? El midrash considera al Tabernáculo como un microcosmo, a la construcción del cual los israelitas contribuyeron con labor, bienes y sabiduría:

Yalkut Shimoni, Pekudei, párrafo 419:

Rabí Nejemia dice: La tienda de la Reunión se asemeja a la Creación: Las cortinas – a los cielos; el altar de los sacrificios – al ganado; el altar del incienso – a las especies; el candelabro – a la luna y al sol …

Rabí Shimshón Rafael Hirsch desarrolló en el siglo XIX un sistema de interpretación alegórica de cada uno de los utensilios del Tabernáculo. Con arreglo a su interpretación aporta una respuesta al interrogante de las repeticiones:

Recordemos que el Tabernáculo y sus utensilios no son sino símbolos, y que ningún objeto puede ser símbolo sino se lo hace intencionadamente tal. Tengamos también en cuenta que incluso lo escrito en el pergamino del Rollo de la Ley, que es puro símbolo, pues la palabra escrita es solo símbolo de una idea, a pesar de ello puede ser usado como artículo del culto sólo si el escriba que escribió el Rollo de la Torá, lo hizo con la pureza de pensamiento e intención debida, es decir, al escribir los nombres del Señor, el escriba debe tener en mente no sólo la santidad del nombre, también es su deber expresar oralmente que escribe el nombre del Señor para la glorificación y la santificación del nombre del Señor. Dado que los utensilios del Tabernáculo – el arca, la mesa, el candelabro, las cortinas, las vestimentas – son de uso cotidiano rutinario, depende entonces su valor como símbolos de la intención que se tuvo al costruírlos. De un modo diferente explica en el “Biur” Moshé Mendelsohn, al final del libro del Exodo, el significado y el motivo del Tabernáculo, de todos sus utensilios y de todo lo relacionado con él.

Cuando el Todopoderoso eligió a Su pueblo, previó con Su sabiduría, que requerirían toda clase de artes y oficios cuando se establecerían en la Tierra Prometida, y se hubieran organizado políticamente.

Estos oficios pueden ser clasificados en las siguientes categorías:

1- esenciales – sin los que el hombre no puede ser feliz; por ejemplo, los necesarios para la alimentación, la vestimenta, la vivienda.

2- útiles – requeridos para la mantención de puentes y caminos y para la producción de necesidades diarias, trabajados en metales y en otros materiales;

3- habilidades artísticas que dan lustre y placer a la vida humana, tales como el bordado, las artes, la escultura, la joyería y el dibujo.

Todas estas ocupaciones son útiles y ventajosas para la nación, siempre que no excedan los límites de la discreción y no desemboquen en el lujo. En todos estos artes y oficios, el exceso es perjudicial, en particular en el caso de las artes, pues conducen a la búsqueda del placer, a la laxitud, a la envidia, a la lucha entre el hombre y su prójimo, y por último a la anarquía. Nuestros Sabios dijeron: Nada existe cuyas primicias no sean dedicadas al Señor. Del mismo modo en que Dios ordenó a Su pueblo que Le consagre las primicias de los frutos de los vientres y de las tierras, asimismo fue Su voluntad que Le fuesen dedicadas las primicias de sus pensamientos y de sus habilidades, mediante la construcción del Tabernáculo, de sus utensilios y de las vestiduras sacerdotales. De tal modo santificarían las ocupaciones en todos los campos de la actividad humana, pues recordarían al Señor en todos sus asuntos, y no errarían en la búsqueda de lujos y vanidades. Oficio o arte que no fue empleado en la construcción del Tabernáculo no merece ser contado entre las artes y los oficios; y no es correcto que un judío temeroso de Dios se ocupe en tal arte u oficio. La explicaión de Mendelsohn no se basa entonces en la interpretación alegórica de cada uno de los utensilios ni trata de encontrar una semejanza para cada uno de ellos en el mundo del espíritu. Compara en cambio las instrucciones para la construcción del Tabernáculo, para el trabajado del metel, de la madera, del oro y de la plata con los preceptos que reglamentan las primicias y los primogénitos, preceptos por medio de los que dedicamos nuestros bienes al Señor en reconocimiento a Su bondad. En el caso del Tabernáculo, no sólo fueron dedicados los productos de la labor del hombre, sino que también lo más precioso de sus bienes: su inteligencia creadora.

 Antes que los israelitas se establecieron en su tierra, antes que construyeran su propia casa y su propio viñedo, fueron llamados a dedicar sus artes y sus oficios al Señor, en calidad de primicias de sus trabajos.

Tomado de:  “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la  Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986  págs.  121-123.

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La participación del pueblo en el Tabernáculo

El singular imperativo de traer aceite para iluminar tiene el propósito de enfatizar la participación del pueblo de Israel en el encendido del candelabro, que representa también la participación del pueblo en la tarea del Tabernáculo y el Templo, en todas las generaciones.

La sección de “Trumá” comienza con el imperativo de traer la materia prima para el Tabernáculo, y entre ella la Torá menciona explícitamente “aceite para el alumbrado” (Capítulo 25, versículo 6). Pues entonces, ¿por qué es necesario un imperativo adicional, separado y particular, acerca del aceite a traer, en el capítulo 27? El interrogante se acentúa aún más a la luz del hecho de que sólo en relación al aceite, entre todos los materiales mencionados en el comienzo de la sección de “Trumá”, existe esta orden adicional?

Además de ello, todas las órdenes en el Tabernáculo fueron pronunciadas con el vocablo “Y harás”, con excepción del aceite a traer, que fue dicha con el vocablo “Y tú habrás de ordenar” (Versículo 20); y además-esta es la única vez que una orden es transmitida con este vocablo en toda la Torá. ¿Cuál es el sentido de dicha excepción?

La orden de llevar aceite para el alumbrado es la única orden dirigida al pueblo de Israel. Este punto es enfatizado nuevamente al final de la sección:

“lo ordenará Aharón… es una ley perpetua para todas las generaciones de los hijos de Israel” (Versículo 21).

El Tabernáculo fue construido por Moshé, y a partir de este hecho puede concluirse que el pueblo de Israel no tiene participación en dicha construcción; en oposición a este enfoque justamente aparece la sección del aceite para el alumbrado: la participación del pueblo de Israel pasa por traer el aceite para el alumbrado de manera permanente, cada año. No obstante, Moshé construye el Tabernáculo-pero ésta es una construcción por única vez, mientras que el pueblo de Israel participa en el Tabernáculo de modo permanente, trayendo el aceite anualmente.

El capítulo del aceite para el alumbrado describe sin embargo a Aharón y a sus hijos que encienden las luminarias, pero el énfasis está puesto precisamente en el hecho de que el encendido se hace del aceite traído por el pueblo de Israel: los Cohanim (Sacerdotes) son los enviados del pueblo para el encendido del candelabro por medio del aceite donado por el pueblo.

Este punto es inferido también a partir de la observación del orden de las secciones: la orden para el encendido del candelabro por los Cohanim (Capítulo 27, versículos 20-21) es previa  a la orden de la consagración de los mismos (Capítulo 27, versículos 28-29). Es decir, los Cohanim recibieron la orden de encender el candelabro aún antes de haber sido consagrados para el Sacerdocio. Este hecho puede enseñarnos que el encendido del candelabro es realizado por los Cohanim como representantes del pueblo. Ellos encienden el candelabro en nombre de todo el pueblo de Israel, que trabajaron arduamente en el preparado del aceite para el candelabro.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Gentileza del sitio VBM de la Academia Rabínica "Har Etzion"

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La generosidad de hombres y mujeres construye...

"y dijeron a Moshé: "El pueblo trae más de lo que se necesita para la obra de construcción que H' nos ha ordenado que se haga."  Entonces Moshé dio una orden, y se pasó una proclama por todo el campamento y dijo: "Ningún hombre ni mujer haga más trabajo para las contribuciones del santuario”. Así el pueblo dejó de traer más. Porque el material que tenían era abundante, y más que suficiente para hacer toda la obra. (Shemot 36:5-7)

"Y todo aquel a quien le impulsó su corazón y todo aquel a quien su espíritu le movió a la generosidad trajeron la ofrenda de H', para la obra del tabernáculo de reunión, para todo su servicio y para las vestiduras sagradas. (35:21)

“El principio de la sabiduría es el temor de H’. Buen entendimiento tienen todos los que ponen esto por obra. Su encomio permanece para siempre” (Tehilim 111:10).

Fue la generosidad la que hice posible la construcción del mishcán y no ninguna imposición superior. Así pudo ser compensación por el error del Becerro de Oro. Y, ello no es casualidad. La relación de las personas con D-os no es mágica ni se puede conseguir por órdenes superiores. Es personal. Íntima. Por lo tanto, la construcción del santuario no puede ser llevada a cabo con los dineros obtenidos de gravámenes impuestos arbitrariamente. Sólo se puede hacer con lo que el corazón decide.

Así siguiendo este precedente, a través de las generaciones, nuestro pueblo supo asociarse generosamente y brindar lo mejor de sus bienes, para levantar otros santuarios que sirvieron para suplantar al Templo destruido, hasta la construcción del nuevo y definitivo en Jerusalén reconstruida.

En este caso, el de nuestra parashá, aprendemos que el pueblo "traía más de lo que se necesitaba". Pero, no fue todo el pueblo, sino quien lo podía hacer desde su propia decisión y esplendidez.  Tal era el espíritu. Casi todos tomaron parte de la construcción pero, entre todo el pueblo se pudo notar el empeño y la generosidad de las mujeres. La Torá lo destaca especialmente, creando celos en los hombres que siempre pensaron que tenían derechos exclusivos en el Servicio Divino. "Todas las mujeres hábiles hilaron con sus manos, y trajeron lo que habían hilado, de tela azul, púrpura, escarlata y lino fino. Y todas las mujeres cuyo corazón las llenó de habilidad, hilaron pelo de cabra" (35:25). El texto hebreo original del versículo ha dado lugar a distintos comentarios de nuestros sabios que no desarrollaremos aquí, pero de ellos se desprende también que fueron las mujeres las que tomaron la iniciativa ofreciendo sus joyas y luego los hombres siguieron ese gesto o que los hombres llevaron las ofrendas a pedido de sus mujeres. Fue una demostración del infinito amor que tenían las mujeres por la santidad. Amor que se expresa particularmente en el versículo que nos relata que: "Hizo también la fuente de bronce con su base de bronce, de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión" (38:8).

Esas mujeres que donaron sus espejos, eran personas, "sabias de corazón" que ya no necesitaban de la vanidad de mirarse en los espejos para arreglarse, aburridas porque no tenían actividades en las que invertir sus tiempos. Ahora, podían prescindir de ese adminículo tan valioso, porque iban al tabernáculo de reunión para orar y estudiar. Habían encontrado la razón de sus vidas. Su objetivo. Su destino trascendente. Ya no más coquetería vana, ahora, hay sentido.

Esa participación femenina con toda su capacidad y su sabiduría, formó parte de un proyecto nacional que moldeó a todo el pueblo de Israel en su ruta desde el Éxodo hasta su ingreso a la Tierra Prometida. Los principales actores del mishcán fueron los descendientes de Miriam, y no los de Aharón, que había fracasado en la empresa de liderar al pueblo durante el becerro de oro ni de Moshé que inexplicablemente quedó apartado.  

Así, es el midrash quien nos trae a Hur, el abuelo de Betzalel ben Orí. Fue el hijo de Hur quien se lanzó a luchar contra los pecadores del becerro de oro. Así nos volvemos a encontrar con Miriam, la que entonaba el cántico frente al mar, la que se encontraba entremezclada con el pueblo, la que cantaba y bailaba con las mujeres, la que insinúa un nuevo modelo de liderazgo, no visto hasta esos instantes. El mismo Moshé, según el midrashTanjumá, sólo se integra al trabajo de levantar el mishcán cuando es llamado expresamente. Hasta ese momento, como que había quedado marginado. La creación y construcción del mishcán, como habíamos visto ya en comentarios anteriores, logra la reparación de los errores del liderazgo que fallara permitiendo o quizás contribuyendo al Becerro de Oro, cuando por su medio, se canaliza el entusiasmo de la masa para un ideal correcto y positivo. Para ello fue necesario el aporte de la sabiduría de Miriam y el acompañamiento que tuvo de las mujeres.  “El principio de la sabiduría es el temor de H’…, su encomio permanece para siempre” (Tehilim 111:10), parece que es el secreto.

La gran obra no fue producto de los sacerdotes ni de los políticos sino de una parte del pueblo, que es la que guarda en sí la sabiduría capaz de conducirlo sana y creativamente.

Pero, quienes contribuyeron con sus medios según la generosidad de sus corazones, también fueron quienes luego se integraron al Servicio. Fueron los elegidos. No la turba de “col haam” que se fue al culto pagano. Según Pirkei derabi Eliezer, esas mujeres se habían negado ser parte de la ola de contribuyentes al culto pagano, y por ello fueron compensadas con las normas de descanso especial de los novilunios – el roshjodesh-, después de todo el día de la gran alegría fue el primero de nisán. Eran aquellas a las que les cantamos en la mesa del kabalatshabat que “Extienden sus manos a la rueca, y sus manos toman el huso”, sin importarles lastimarlas. Incluso las más ricas, aquellas que tienen más de un sirviente en su casa fueron personalmente a hacer el trabajo.  Contribuir con el trabajo manual y personal tiene más mérito que firmar el cheque.

Quizás este acento de la parashá sobre la sabiduría y entrega de las mujeres, se proponga darnos una lección: “El principio de la sabiduría es el temor de H’”, también sirve para la construcción del mishcán que es nuestro hogar. Y, no menos importante, que debemos aprovechar su fuerza, su energía y su dedicación y permitirles tomar parte en la reconstrucción del mishcán más grande, el del templo de nuestros días para que nos conduzcan en la restauración del Gran Templo que ojalá y se produzca también frente a nuestros ojos.

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La luz del candelabro-¿Para quién?

 

 “Y pondrás la mesa del lado de afuera del velo y el candelabro frente a la mesa, en el costado del Tabernáculo del sur. Pero la mesa la pondrás en el costado norte” (Capítulo 26, versículo 35)

Midrash Tanjuma (Varsovia) sección “Tetzave” artículo 7

…el candelabro debía ser colocado del lado interno del velo, al lado del Arca,

Y está colocado del lado externo del velo,

Para indicar que no requiere de la luz humana.

Es costumbre general, que el rey de carne y hueso hace una cama y una mesa-

Coloca la luz a su izquierda

 Pero en el Beit Hamikdash el candelabro está colocado a la derecha de la mesa

Como está mencionado:”y colocarás la mesa por fuera del velo y el candelabro frente a la mesa,

Para indicarte que no requiere de tu luz

Sino para concederte el mérito de iluminarte en el mundo venidero cuando asome la oscuridad sobre las naciones del mundo

Como fuera dicho: “Pues he aquí que la oscuridad va a recubrir la tierra, y las tinieblas a las naciones; pero sobre ti irrumpirá Adonai, y Su Gloria sobre ti se hará ver” (Ieshaiahu, capítulo 60, versículo 2).

Midrash Tanjuma (escrito por el Rabino Tanjuma  bar Aba, un sabio talmúdico)- es un Midrash Agadá sobre el Pentateuco. Comenzó a tomar forma en el siglo V, no obstante su edición se prolongó hasta fines del siglo VII. Está compuesto por unidades de composiciones que aluden a los primeros versículos de cada orden bíblico.

 

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El Tabernáculo-una contracción en favor de la revelación

Los lugares reducidos, los tiempos limitados y la minoría de personas santas, todo ello redunda en nuestro beneficio para ayudarnos a internalizar los grados de santidad y experimentar la Divinidad aquí en el mundo-“y Yo residiré entre ellos".

El propósito de la presencia de la Divinidad en el Tabernáculo, “Harán ellos, en Mi Nombre, un santuario y Yo residiré entre ellos” (Capítulo 25, versículo 8), aparentemente contradice un propósito anterior que figura en la sección de Itró-“Un altar de tierra harás para Mí…En todo lugar donde Yo haga mencionar Mi nombre, Yo habré de venir hacia ti y te bendeciré” (Shemot, capítulo 20, versículo 21). De acuerdo al mandamiento original, no había en absoluto necesidad de un sitio específico para la santidad y la Divinidad, sino tan sólo la disposición de la persona en todo sitio y en todo lugar. ¿Por qué Dios decidió “retractarse” del primer propósito y reducir los marcos de santidad única y exclusivamente al Tabernáculo?

Según el comentario de Sforno, la misma necesidad de reducir la santidad al Tabernáculo es consecuencia directa del pecado del becerro de oro. Si no hubiera sido por el pecado del becerro de oro, no había necesidad alguna de acotar la santidad a un sitio. Más aún, tampoco hubiera habido necesidad de reducir la santidad a una sola tribu, la tribu de Leví, teniendo en consideración que la santidad moraba en todo hogar y en toda familia. El pecado del becerro de oro demostró que el pueblo de Israel aún no estaba en condiciones de afrontar una situación de santidad sin límites y sin reducciones, y por ello surge la nueva necesidad de limitar la santidad acorde a las dimensiones del espacio (el Tabernáculo/el Templo), a las dimensiones del tiempo ("para que no entre en todo momento al Santuario”) y a las del hombre (la tribu de Leví).

Según Jaza”l (nuestros Sabios de Bendita Memoria), el factor que impulsa e incita para cometer el pecado del becerro de oro fue el vulgo, los extranjeros que se incorporaron al pueblo de Israel, por recomendación de Moshé Rabeinu. De hecho, Jaza”l (nuestros Sabios de Bendita Memoria) acusan a Moshé por haber incorporado a este vulgo al pueblo de Israel y fueron ellos los que incitaron al pecado del becerro de oro. Por ello le dice Dios a Moshé: “Ve, desciende, ya que ha dañado tu pueblo” (Capítulo 32, versículo 7)-Dios se refiere a ellos como el pueblo de Moshé Rabeinu. Moshé intentó acercar al vulgo a la Divinidad, pero como fuera mencionado, el pecado del becerro de oro dejó en evidencia que el pueblo de Israel aún no está preparado (listo) para ocuparse de acercar a las fuentes a los alejados. Primero y principal el pueblo debe consolidar las bases de su santidad interior, antes de perfeccionar el mundo bajo la soberanía del Todopoderoso.

Este es el motivo por el cual Dios contrae su Divinidad. Dios no requiere de un lugar para residir en él  ya que su Gloria colma los mundos. Nosotros, las personas, necesitamos la contracción del espacio. Eso es lo que nos permitirá absorber y asimilar la santidad acorde a nuestro nivel. El objetivo del Tabernáculo es el de “Y residiré en ellos” (Capítulo 25, versículo 8). Es decir: debemos internalizar la santidad en nuestro interior. Los espacios reducidos, los tiempos limitados y la minoría de personas santas, todo ello viene a fin de ayudarnos a internalizar los niveles de santidad y experimentar la Divinidad aquí en el mundo- “Y residiré en ellos”.

En efecto, habrán de llegar los días en los cuales la Divinidad ya no estará limitada. En el futuro próximo la santidad se expandirá hacia todo lugar y así tendremos la capacidad de contener y asimilar la intensidad del descubrimiento. “Y será Dios Rey sobre toda la tierra-ese día Dios será uno y su nombre uno” (Zejaria, capítulo 14, versículo 9). Entonces, y sólo entonces, lograremos acercar a los pueblos al servicio Divino, desde el seno internior y la santidad del Beit Hamikdash (Gran Templo) y a partir de la fortaleza de la tierra de Israel-“ya que mi Templo será llamado casa de oración para todos los pueblos” (Ieshaiahu, capítulo 56, versículo 7).
Editado por el equipo del sitio del Tanaj
Gentileza del sitio de la Academia Rabínica "Orot Shaul"

 

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