Mano de obra hebrea-¿es ese el objetivo?

Yeshaiahu profetiza que los pueblos no judíos serán los agricultores y pastores de las ovejas del pueblo de Israel. ¿Cómo se concilia esto con el hecho de que hay un interés en trabajar específicamente con mano de obra hebrea, como se explica también en la Torá?

Recientemente ha habido un gran despertar en cuanto al tema de la mano de obra hebrea. Muchos creen que se debe fomentar que los judíos trabajen en todas las labores agrícolas, ganaderas y de construcción. Además, hay un fuerte deseo de asegurar que los empleadores contraten a judíos en todos los oficios de servicio y que se les dé preferencia sobre los trabajadores no judíos.

La fuente de estas ideas proviene de la Torá: "y cuando enajenen -en venta para tu prójimo o al comprar de mano de tu prójimo..." (Vaikrá, capítulo 25, versículo 14). Los Sabios lo explican en el Midrash de los Tanaím en el Sifrá, que cuando se lleva a cabo una transacción comercial, se debe preferir hacerla con judíos antes que con otros. Así también, en cuanto a la contratación de obreros, se debe priorizar a los trabajadores judíos.

Hay en esto un aspecto importante y es el cumplimiento del mandato de poblar la tierra, ya que la Tierra de Israel se adquiere con esfuerzo físico, y muchos han dicho que la construcción de la tierra y el trabajo en su campo, son un precepto importante con un enorme valor.

No obstante, a partir de las palabras del profeta, se infiere una imagen contraria. El profeta predice que la redención será acompañada por la reconstrucción de las ruinas y la restauración del esplendor, y que en lugar de que el pueblo de Israel trabaje en arduas tareas físicas, serán los extranjeros quienes pastoreen sus ovejas, y los pueblos no judíos serán los agricultores y viñadores.

Parece que el principal punto es que Dios tiene un futuro distinto y más elevado reservado para el pueblo de Israel, como una nación de sacerdotes y pueblo santo. Ellos deberán dedicarse al estudio de la Torá y enseñar a la humanidad los caminos de la moralidad. Para ello, deberán actuar con gran energía. Aunque también en el ámbito del desarrollo físico del mundo, será posible que ellos lideren y guíen, pero no necesariamente realizando el trabajo físico más arduo.

 

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Una puerta a la corrupción

El mayor peligro se encuentra en "Mi santo monte" (versículo 25), allí, en las alturas de la montaña, en el Sancta Sanctorum, en el lugar hacia donde todos los ojos están dirigidos. Una montaña que debería ser un centro espiritual, un faro de moralidad, una fuente de inspiración, puede fácilmente convertirse en fuente de injusticias.

El comienzo parece prometedor.

Un paraíso en la tierra: júbilo y alegría. Ya no se oye voz de llanto ni de clamor. Todos tienen una larga vida. El lobo y el cordero pacen juntos. El león come paja como el buey. Verdaderamente una visión del final de los tiempos. Una idílica perfección. Construyen casas, plantan viñedos, comen de los frutos por los que la tierra es alabada. Pero como siempre, aparece de algún lugar el aguafiestas habitual: "no dañarán ni destruirán en todo Mi santo monte” (versículo 25).

De la Sexta Sinfonía, la Pastoral, de repente el profeta pasa a los tambores de batalla y las trompetas de guerra de la Quinta Sinfonía. Una alarma real. ¿Para qué sirve esta advertencia? Maldad, corrupción, ¿qué tienen que ver con esto? ¿Qué lugar hay para mencionarlos en este momento de tranquilidad? ¿De dónde vinieron estos? ¿Y más aún en "Mi santo monte ", en el Sancta Sanctorum?

Con experiencia, el profeta sabe que incluso el gozo y la alegría, la tranquilidad y la belleza, la prosperidad económica y la euforia, pueden ser una puerta a manifestaciones de maldad y corrupción. El rico, es bendecido por todos, respetado por la gente, pero su riqueza puede reservarse para su propio mal, para explotar a quienes están bajo él y maltratarlos. Con el poder de la autoridad es apropiado y posible beneficiar al público, pero también hay una peligrosa apertura a la corrupción, un terreno fértil para el fraude y la traición de confianza.

El mayor peligro se encuentra en "Mi santo monte". Allí, en las alturas de la montaña, en el Sancta Sanctorum, en el lugar hacia donde todos los ojos están dirigidos. Una montaña que debería ser un centro espiritual, un faro de moralidad, una fuente de inspiración, puede fácilmente convertirse en fuente de injusticias.

Los hijos de Elí y los Cohanim, los Sacerdotes del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo son solo un ejemplo, entre muchos, de servidores de Dios que convirtieron su posición espiritual y su alto cargo en lo sagrado en una herramienta para cavar actos de maldad. Malversación de fondos, aceptación de sobornos, explotación sexual, abuso de poder del cargo. Todos estos siempre han estado —y están hoy— a las puertas de quienes sirven en lo sagrado. Y de ahí el grito del profeta: "no dañarán ni destruirán en todo Mi santo monte” (versículo 25).

En el monte santo no hay rincones oscuros. No hay un área "sagrada" destinada a actos de purificación, y un área "profana" gris, que permite al Cohen cometer actos de injusticia. Toda la montaña —"todo Mi santo monte "— es sagrada, y quien desee subir a ella, debe tener manos limpias y corazón puro, que no ha elevado su alma a la vanidad ni ha jurado con engaño.


Cortesía sitio 929

 

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Sólo pidan

Dios se lamenta de que Israel no lo buscó antes de la destrucción ni después. Ahora el pueblo de Israel se dirige a Dios pidiendo que los recuerde para bien, y en verdad, a pesar de toda la historia negativa, Dios, bendito sea Él, promete que la salvación no tardará en llegar.

Dios reprende a Israel por adorar ídolos y provocar su enojo con sus acciones (versículos 2-7), y por no dirigirse a Él ni invocar Su nombre en tiempos de angustia y aflicción (versículo 1). Su comportamiento demuestra claramente que no ven a Dios, como el referente para lo que sucede en el mundo, a pesar de que Él es el Creador y Supervisor aquí, en nuestro mundo.

Y he aquí que poco antes de que aparezca este reproche en las palabras del profeta, aparece una súplica directa del pueblo de Israel a Dios, pidiendo que no se enoje con nosotros sino que recuerde que somos su pueblo y mire la desolación de las ciudades santas y Ierushalaim, y el Beit HaMikdash, el Gran Templo destruido y quemado (capítulo 64, versículos 8-10).

Esta solicitud no regresa vacía. Dios recoge el guante que se le ha tendido y promete que no destruirá al pueblo de Israel, sino que salvará de ellos una simiente para su continuidad (versículos 8-9), y solo aquellos que verdaderamente abandonaron a Dios, no encontrarán descanso. Dios está dispuesto a abrir una nueva página con el pueblo de Israel a pesar de todos los enojos que le causaron, a crear nuevos cielos y nueva tierra sin ninguna huella negativa del pasado (versículo 17).

Todo esto se hará con alegría y regocijo con la renovación de la ciudad de Ierushalaim, su nuevo florecimiento y su reconstrucción como al principio. Incluso la situación en general será mejor que antes, no habrá dolor en absoluto ni muerte, y los días se alargarán en el reino. Dios desea mucho nuestro bien, pero todo lo que necesitamos hacer es sólo dirigirnos a Él y pedir.

 

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El premio y recompensa de los preceptos

" He aquí que el Señor hizo oír hasta los fines de la tierra:Digan a la hija de Tzión: He aquí que viene tu salvación, he aquí que Su premio está con Él y su recompensa delante de Él” (Yeshaiahu, capítulo 62, versículo 11)

" He aquí que el Señor hizo oír hasta los fines de la tierra: "Digan a la hija de Tzión: He aquí que, viene tu salvación! ¡He aquí que Su premio está con Él, y Su recompensa delante de Él!"

Y esto significa que la recompensa de una Mitzvá (precepto) es la Mitzvá misma, porque cada Mitzvá que una persona realiza, crea un ángel que es la Mitzvá misma, y es este quien lo deleita y lo corona, y ésta es su recompensa, como decimos sobre "sus coronas en sus cabezas" (Berajot 17a), y esto es "he aquí que su premio está con Él", porque el ángel de cada Mitzvá viene con él.

Y también "su recompensa delante de él" significa que además de la recompensa que le corresponde, tiene una felicidad espiritual adicional de parte de Dios, como está dicho: "Cuán grande es Tu bondad que has guardado para los que Te temen" (Tehilim, capítulo 31, versículo 20), sobre lo cual nuestros Sabios de Bendita Memoria dijeron que Dios renueva y produce un flujo de luz desde Él, más allá de la medida establecida de su recompensa, y sobre esto dice "y su recompensa delante de él", porque esa luz también viene ante Él, Dios Bendito Sea.

Alshej - Rabí Moshé Alshej (1507-1600), nació en Adrianópolis, estudió con Rabí Yosef Caro. Emigró a la Tierra de Israel y se estableció en Tzfat (Safed), donde fue juez, autoridad halájica y dirigió dos Ieshivot. Fue ordenado por Rabí Yosef Caro. Su comentario sobre la Torá se llama "Torat Moshé" y está basado en sus discursos y enseñanzas.

 

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Una súplica por el resplandor del rostro de Dios

En el capítulo 64 aparece una súplica por la redención. ¿Por qué debería Dios cambiar su política de ocultar Su rostro y castigar los pecados del pueblo, y redimirlos?

Entre los capítulos de profecías de consuelo y sobre los días postreros, también se incluye un capítulo de súplica y petición. El capítulo 64 se centra en la plegaria por la redención. Como es propio de una plegaria, comienza con alabanzas a Dios: " así darías a conocer a Tus enemigos Tu nombre... Cuando hiciste cosas temerosas... entonces se derritieron las montañas a Tu presencia" (versículo 1-2). Después de las palabras de alabanza viene la súplica, que consta de dos partes principales: la descripción del pecado y la miseria del pueblo de Israel, y la expectativa de que Dios no continúe tolerando la humillación. "mas he aquí que Tú estás enojado, por cuanto hemos pecado... Pues nosotros todos somos como cosa inmunda... Y no hay quien invoque Tu Nombre, ni quien se despierte para echar mano de Ti; porque has ocultado Tu rostro de nosotros, y nos has dejado desfallecer por nuestras iniquidades" (versículos 4-6) - esta es la descripción del pecado. "Tus santas ciudades han venido a ser un desierto; Tzión se ha convertido en un desierto; Ierushalaim es una desolación. Nuestra casa santa y hermosa, en la cual nuestros padres Te alabaron, fue quemada a fuego, y todos nuestros sitios deliciosos han sido desolados" (versículos 9-10) - esta es la descripción del castigo, la destrucción y la miseria. "¿A vista de estas cosas podrás contenerTe, oh Señor? ¿Guardarás silencio, y nos afligirás hasta el extremo?” (versículo 11) - este es el llamado a Dios para que no continúe tolerando la situación actual, aunque no hay descripción alguna de una futura redención.

A partir de esta sombría descripción surge la pregunta: ¿cuál es la justificación para la esperanza y la súplica, por qué debería Dios cambiar su política de ocultar Su rostro y castigar los pecados del pueblo (versículo 6), si aquí no se menciona en absoluto el arrepentimiento, algún cambio por parte del pueblo, ni la llegada del tiempo de la redención?

La expectativa de salvación se basa en dos fundamentos. Uno es la renuncia basada en el reconocimiento de la incapacidad del pueblo para iniciar un proceso significativo de arrepentimiento, "y todos nosotros nos secamos como una hoja... Y no hay quien invoque Tu Nombre, ni quien se despierte para echar mano de Ti (versículos 5-6).

El otro fundamento es el reconocimiento de que el pueblo es el pueblo de Dios, puesto en Sus manos como el barro en manos del alfarero, y por lo tanto solo está en manos de Dios cambiar el enfoque, y pasar de la medida de la justicia a la medida de la misericordia: "Mas ahora, oh Señor, Tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y Tú alfarero nuestro; y nosotros todos obra de Tu mano... ¡No te enojes, oh Señor, hasta el extremo, ni Te acuerdes para siempre de la iniquidad! ¡He aquí, mira, Te rogamos, que todos nosotros somos pueblo Tuyo!” (versículos 7-8).

Con una sutil insinuación, que no contiene ningún compromiso, el profeta añade: "Y no hay quien invoque Tu Nombre, ni quien se despierte para echar mano de Ti; porque has ocultado Tu rostro de nosotros" (versículo 6). Es decir, si hay alguna expectativa de que el pueblo de Israel vuelva a "asirse" de Dios, a fortalecerse en la fe, en los mandamientos y en el servicio a Dios, es precisamente en el orden inverso de las cosas: que cese el ocultamiento del rostro, y que el resplandor del rostro nos anime a liberarnos de la depresión y la miseria, y a integrarnos en el proceso de la salvación.

 

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Síntesis del capítulo, Yeshaiahu 61

El anuncio de la redención (versículos 1-9)

Este párrafo comienza con la descripción del profeta en primera persona, sobre cómo Dios lo designó para anunciar la redención. Inmediatamente después, el profeta describe lo que sucederá en la redención: la construcción de las ciudades desoladas: "Y edificarán las ruinas antiguas; y volverán a levantar las desolaciones anteriores" (versículo 4), y los no judíos servirán a Israel: "Mas en cuanto a ustedes, serán llamados "sacerdotes del Señor"; se los apellidará "ministros de nuestro Dios" (versículo 6). El profeta concluye este pasaje mencionando el pacto eterno entre Dios e Israel: "haré con ellos un pacto eterno... cuantos los vieren, los reconocerán, que son ellos la simiente que ha bendecido el Señor" (versículos 8-9).

La redención como la alegría del novio y la novia (versículos 10-11).

El profeta describe la alegría de la redención como la alegría de un novio y una novia: "Con sumo gozo me regocijaré en el Señor, mi alma se alegrará en mi Dios, porque me ha hecho vestir ropas de salvación, me ha cubierto con manto de justicia; como el novio, a la manera de sacerdote, que se viste espléndidamente, y como la novia que se engalana con sus joyas. Porque de la manera que la tierra brota sus productos, y como el jardín hace crecer sus plantas, así el Señor Dios hará crecer justicia y alabanza en presencia de todas las naciones” (10-11).

 

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Síntesis del capítulo, Yeshaiahu 65

Los dos últimos capítulos del libro de Yeshaiahu (65-66) concluyen el libro de Yeshaiahu e incluyen temas centrales que surgieron en el libro.

Reprimenda a los malvados (versículos 1-7)

Dios habla en este pasaje en primera persona y afirma que el pueblo no lo buscó, e incluso cuando Él declaró su presencia, el pueblo no le respondió: "dije: "¡Heme aquí, heme aquí!" a nación que no quiere ser llamada de Mi nombre” (versículo 1). Inmediatamente después, Dios pasa a acusar al pueblo de sus pecados, especialmente del pecado de la idolatría, por los cuales el pueblo de Israel fue castigado: "por vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres juntamente, dice el Señor, los cuales quemaron incienso sobre las montañas, y sobre los collados Me blasfemaron; por tanto derramaré la plena recompensa de sus obras antiguas en su mismo seno" (versículo 7).

El justo y el malvado (versículos 8-16)

Este fragmento distingue entre la recompensa de los justos y los pecadores. Al principio (versículos 8-10), el profeta describe la bendición que tendrán los justos: "mas sacaré de Iaacov linaje, y de Iehudá quien herede Mi montañas; y Mis escogidos heredarán la tierra, y Mis siervos morarán allí. Y el Sharón vendrá a ser Dehesa (tierra para pastar) para ganado menor, y el valle de Ajor, lugar donde se recueste el ganado mayor, a beneficio de Mi pueblo que Me ha buscado" (versículos 9-10). A diferencia de los siervos del Señor, los pecadores no recibirán bendición sino castigo: "He aquí que Mis siervos comerán, mas ustedes tendrán hambre; he aquí que Mis siervos beberán, mas ustedes tendrán sed; he aquí que Mis siervos se alegrarán, mas ustedes serán avergonzados" (versículo 13).

La bondad por venir (versículos 17-25)

En la tercera sección, el profeta describe un nuevo orden mundial: "Porque he aquí que voy a crear nuevos cielos y una tierra nueva, y las cosas anteriores no serán recordadas, ni vendrán al pensamiento" (versículo 17). No habrá en Ierushalaim voz de llanto ni de clamor. Quien muera a los cien años será considerado joven, y quien muera antes de los cien años será considerado maldito. El pueblo construirá casas, plantará viñas, y estas permanecerán como suyas: "No edificarán más, para que otro habite, ni plantarán para que otro coma" (versículo 22). El profeta concluye el pasaje con una descripción similar al mundo descrito en la profecía al principio del libro: "El lobo y el corderito pastarán en compañía, y el león, cual buey, comerá paja, y polvo será el alimento de la serpiente: no dañarán ni destruirán en todo Mi santo monte, dice el Señor" (versículo 25. Comparar con: Yeshaiahu, capítulo 11, versículos 6-9).

 

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Síntesis del capítulo, Yeshaiahu 66

El Templo no es deseable cuando hay pecadores (versículos 1-4)

En este párrafo se presentan palabras de reproche a los constructores del Templo: "El cielo es Mi trono, y la tierra el escabel de Mis pies. ¿Qué manera de casa edificarán para Mí, y cuál será el lugar de Mi descanso? (versículo 1). Cuando el pueblo peca, los sacrificios y la construcción del Templo no son deseables "porque llamé, y no hubo quien respondiese, hablé, y no escucharon; sino que hicieron lo malo a Mis ojos, y escogieron aquello en que no Me complacía" (versículo 4).

La alegría de Ierushalaim y la venganza contra los malvados (versículos 5-17)

Este fragmento incluye una introducción (versículo 5), palabras de consuelo y alegría para Ierushalaim (versículos 6-14) y una descripción de la venganza contra los malvados (versículos 15-17). En la introducción, el profeta invita a "los que tiemblan ante su palabra". Luego, el profeta pasa a describir el regocijo de Ierushalaim. El profeta compara el proceso de redención con un proceso de parto "¡Voz de alboroto (que procede) de la ciudad! ¡Voz del templo! ¡Voz del Señor, que da su merecido a Sus enemigos!. Antes que estuviese de parto, dio a luz (Tzión); antes que le vinieran los dolores, produjo un hijo varón" (versículos 6-7), y después el profeta invita a Israel a mamar de Ierushalaim "Para que mamen y se sacien del pecho de sus consolaciones" (versículo 11) como metáfora de la alegría y el bien que habrá en Ierushalaim. En la tercera parte de este fragmento, el profeta describe cómo Dios se vengará de los malvados "Los que se santifican, y practican lustraciones, para entrar a los jardines, caminando tras de uno al interior de ellos; los que comen carne de cerdo, y bichos abominables, y el ratón, serán destruidos juntamente, dice el Señor" (versículo 17).

Los pueblos reconocerán a Dios y se ocuparán de la congregación de los exiliados, los dispersos (versículos 18-24)

En este pasaje, el profeta describe cómo al final de los días, todas las naciones reconocerán la gloria de Dios. Como parte del cambio dramático, los pueblos se ocuparán de traer a Israel de vuelta a su tierra: "Y traerán a todos vuestros hermanos, de entre todas las naciones, como ofrenda al Señor, en caballos, y en carros, y en vehículos cubiertos, y en mulos, y en dromedarios, a Mi santo monte de Ierushalaim" (versículo 20). El profeta concluye el libro con una descripción de la peregrinación regular: "Y sucederá que de novilunio en novilunio, y de sábado en sábado, vendrá toda carne para adorar delante de Mí, dice el Seño" (versículo 23). Los peregrinos a Ierushalaim verán con sus propios ojos el castigo de los malvados "Y saldrán, y mirarán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra Mí” (versículo 24).

 

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Síntesis del capítulo, Yeshaiahu 64

Pedido a Dios para salir a la guerra como en el pasado (versículos 1-3)

Este párrafo está conectado al último versículo del capítulo anterior: "¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras, para que las montañas se derritieran a Tu presencia!”- el pueblo espera que Dios descienda para ayudarlos, tal como lo hizo en el pasado. En los versículos 1-3 hay una descripción de cómo la revelación de Dios durante la guerra es dramática y amenazante: " Como el fuego prende el ramaje seco, y el fuego hace hervir el agua, así darías a conocer a Tus enemigos Tu nombre, para que temblaran las naciones a Tu presencia" (versículo 1).

El pecado está relacionado con el ocultamiento de Dios (versículos 4-6)

Los referentes acusan a Dios de haber matado a los justos: "Sales al encuentro del que se regocija en obrar justicia, de los que en Tus caminos se acuerdan de Ti" (versículo 4), y explican que sus pecados provienen del enojo de Dios hacia ellos: "mas he aquí que Tú estás enojado, por cuanto hemos pecado; en los pecados hemos perseverado de largo tiempo, ¿y podremos acaso ser salvos?” (versículo 4) - debido a que Dios se enojó con ellos, continuaron pecando. El pueblo continúa argumentando que el ocultamiento de Dios les permite seguir pecando: "No hay quien invoque tu nombre, que se despierte para asirse de ti; porque has escondido de nosotros tu rostro y nos has entregado en poder de nuestras iniquidades". (Así lo interpreta Shadal, acrónimo de Shmuel David Luzzatto, 1800-1865. Muchos de los comentaristas lo explican de otra manera. Según ellos, la intención de las palabras del pueblo es que Dios se enojó con ellos porque pecaron. El segundo argumento es que el ocultamiento de Dios hace que se vayan desvaneciendo. La diferencia entre ambas interpretaciones es abismal. Según Shadal, hay aquí una queja y enojo hacia Dios, mientras que según los demás comentaristas, estamos ante una confesión del pueblo por sus pecados).

Súplica y queja por la destrucción (versículos 7-11)

El pueblo pide a Dios que no continúe castigándolos: " ¡No te enojes, oh Señor, hasta el extremo, ni Te acuerdes para siempre de la iniquidad! ¡He aquí, mira, Te rogamos, que todos nosotros somos pueblo Tuyo!" (versículo 8), ya que han sufrido lo suficiente: " Nuestra casa santa y hermosa, en la cual nuestros padres Te alabaron, fue quemada a fuego, y todos nuestros sitios deliciosos han sido desolados. ¿A vista de estas cosas podrás contenerTe, oh Señor? ¿Guardarás silencio, y nos afligirás hasta el extremo?” (versículos 10-11).

 

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Síntesis del capítulo, Yeshaiahu 62

Nuestro capítulo trata sobre la salvación del pueblo de Israel. En el primer párrafo se describe cómo Dios salvará a Israel, y en el segundo párrafo hay una instrucción para que el pueblo salga del exilio y llegue a Ierushalaim.

Descripción de la salvación (versículos 1-9)

La profecía comienza con la declaración de Dios "A causa de Tzión no guardaré silencio, y a causa de Ierushalaim no descansaré; hasta que surja, como resplandor, su salvación, y su prosperidad como antorcha ardiente" (versículo 1), y desde aquí, el profeta describe la salvación que habrá en Ierushalaim. Como en el capítulo anterior, aquí también la salvación es descrita como la alegría de un novio y una novia: "y de la manera que el novio se regocija en la novia, así tu Dios se regocijará en ti” (versículo 5). El profeta describe cómo Dios colocará guardianes sobre las murallas de Ierushalaim: "Sobre tus muros, oh Ierushalaim, he puesto centinelas, los cuales, todo el día y toda la noche, nunca reposarán" (versículo 6), la agricultura será buena y los enemigos no comerán de la cosecha de Israel.

Aliento y salida del exilio (versículos 10-12)

El profeta llama a los israelitas que viven en el exilio a salir de él y ascender a Ierushalaim: "¡Pasen, pasen por las puertas! ¡Despejen el camino para el pueblo! ¡Allanen, allanen la calzada! ¡Recojan las piedras! ¡Levanten bandera para los pueblos! (de donde llegan los hebreos)" (versículo 10). Al mismo tiempo, el profeta alienta a Ierushalaim, diciéndole que su pueblo regresa a ella y no quedará abandonada: "y serás tú llamada "Buscada", "Ciudad no desamparada” (versículo 12).

 

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