Síntesis del capítulo, Irmiahu 9

El pueblo no solo traiciona a Dios sino también a sus hermanos (Versículos 1-8)

Al comienzo, el profeta expresa: "Ojalá tuviera en el desierto un albergue de viandantes, para que dejase a mi pueblo y me fuese de ellos”y explica por qué: " pues que todos son adúlteros, una banda de pérfidos" (versículo 1). Así, el profeta aconseja a sus oyentes que se cuiden de sus hermanos: "Cuídese cada uno de su prójimo, y ninguno confíe en su hermano; porque todo hermano seguramente engañará, y todo prójimo andará chismeando" (versículo 3). Como consecuencia de estos pecados, Dios declara que el castigo es inevitable: "¿No tengo Yo que castigarlos por estas cosas?, dice el Señor; y de una nación como ésta, ¿no ha de vengarse Mi alma? (versículo 8).

Lamentación (Versículos 9-13)

El profeta describe cómo vagará por los montes para llorar por Ierushalaim: "A causa de las montañas alzaré lloro y llanto, y por los pastos de la estepa, lamentación; porque están desolados, de modo que ninguno pasa por ellos, ni se oye el balido del ganado: desde las aves del cielo hasta las bestias, todo ha huido, se ha ido" (versículo 9).

La descripción de la destrucción y sus causas (Versículos 11-16)

El profeta comienza con una pregunta: "¿Quién es el hombre sabio que entienda esto, y quién es aquel, a quien ha hablado la boca del Señor, para que lo declare? ¿Por qué ha perecido el país? ¿Por qué ha quedado asolado como el desierto, sin pasajero?”(versículo 11), y la respuesta es: "Por cuanto han dejado Mi ley, que Yo puse delante de ellos, y no han escuchado Mi voz, ni han caminado según ella" (versículo 12). Como consecuencia, sigue una descripción del castigo y la destrucción.

Un llamamiento a las lamentatrices y a las mujeres (Versículos 16-21)

Ante el castigo que Dios anuncia, el profeta llama a las lamentatrices para que lloren por la destrucción de Ierushalaim: " Y apresúrense a levantar el llanto sobre nosotros; para que nuestros ojos se deshagan en lágrimas, y nuestros párpados manen aguas!" (versículo 17). Debido al castigo inminente, el profeta describe cómo las mujeres deberán enseñarse mutuamente lamentos y llanto: "¡Oigan, pues, oh mujeres, la palabra del Señor, y reciba vuestro oído la palabra de Su boca!, enseñen a vuestros hijos el llanto, y cada cual a su compañera, la lamentación" (versículo 19).

No se gloríe el sabio en su sabiduría (Versículos 22-25)

El profeta exhorta a los sabios, a los valientes y a los ricos a no jactarse de su sabiduría, valentía o riqueza, sino que "Mas el que se gloría, gloríese en esto: en que Me entiende y Me conoce a Mí, que Yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque en estas cosas Me complazco", dice el Señor" (versículo 23). A continuación, el profeta pronuncia una dura sentencia sobre el pueblo de Israel que no conoce el camino del Señor: "He aquí que vienen días, dice el Señor, en que castigaré a todo circuncidado e incircunciso... porque todas estas naciones son incircuncisas, y la casa de Israel es incircuncisa de corazón" (versículos 24,25), lo que significa que Israel no es mejor que las naciones paganas.

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 8

 

También después del castigo-el pueblo continuará pecando (Versículos 1-3)

En este pasaje se describe cómo, incluso después del castigo, el remanente del pueblo continuará pecando y adorando ídolos:
"En aquel tiempo, dice el Señor, sacarán de sus sepulturas los huesos de los reyes de Iehudá... y los huesos de los habitantes de Ierushalaim. Y los esparcirán al sol, y a la luna, y a todo el ejército del cielo, (objetos) que ellos amaron, y a los que sirvieron, y en pos de los cuales anduvieron, y a quienes consultaron, y ante los cuales se postraron" (versículos 1-2).
Así, el remanente del pueblo "elige" la muerte en lugar de la vida:
" Y la muerte será preferible a la vida para todo el resto que quedare de esta familia perversa" (versículo 3).

El pueblo no está dispuesto a retornar a la senda correcta (Versículos 4-12)

El profeta se pregunta:
“¿Por qué, pues, es rebelde este pueblo de Ierushalaim con una rebelión perpetua? Abrazaron el engaño; rehúsan volverse” (versículo 5).

El profeta describe cómo:
“No hubo quien se arrepintiese de su maldad/diciendo: "¿Qué he hecho yo?’” (versículo 6).

A diferencia de los animales, que conocen sus reglas, el pueblo de Israel no conoce el camino de Dios.

El profeta se dirige directamente a los Sabios del pueblo y se pregunta cómo pueden llamarse a sí mismos sabios, si “la pluma mentirosa de los escribas la ha cambiado en mentira” (versículo 8), y también ellos serán golpeados por la calamidad:
“Avergonzados serán los sabios; se aterrarán y serán presos” (versículo 9).

Descripción del castigo (Versículos 13-17)

"Como consecuencia de los pecados del pueblo, Dios traerá sobre ellos la calamidad, tras la cual casi no quedará remanente en Ierushalaim:
“Los acabaré del todo, dice el Señor: no habrá uvas en la vid, ni higos en la Higuera” (versículo 13).
Aunque el pueblo espera lo bueno, de repente vendrá la calamidad y los golpeará:
“Esperábamos la paz, pero no vino ningún bien; tiempo de sanidad, mas he aquí el terror” (versículo 15).

Lamentación (Versículos 18-23)

En este párrafo se presentan las lamentaciones del pueblo y del profeta. El profeta dice: “He aquí la voz del grito de la hija de mi pueblo (suena) desde una tierra remota: ¿Acaso no está el Señor en Tzión? ¿No está en ella su Rey? (versículo 19). Y también el pueblo se lamenta: “¡Pasó ya la siega, y se acabó el verano, y nosotros no estamos a salvo!” (versículo 20). El profeta continúa preguntándose por qué no son respondidas las plegarias del pueblo, y finalmente clama: “¡Oh, si fuera aguas mi cabeza, y mis ojos fuente de lágrimas, para que día y noche yo llorara por los muertos de la hija de mi pueblo! (versículo 23).

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 7

 

La profecía en el patio de la Casa de Dios (Versículos 1-15)

Irmiahu se presenta en la puerta del Beit HaMikdash, el Gran Templo y llama al pueblo a mejorar sus acciones para que Dios no destruya el Templo. El profeta aclara al pueblo que no deben hacer caso a los falsos profetas que dicen " "¡El templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor son éstos (edificios)!" (versículo 4), es decir, aquellos que están seguros de que la casa de Dios no será destruida. Irmiahu recuerda al pueblo la destrucción de Shiló y establece un paralelo entre la destrucción de Shiló y la destrucción de Ierushalaim y del Templo que ocurrirá si el pueblo no escucha las palabras de Dios.

El profeta no tiene que rezar por el pueblo (Versículos 16-20)

Dios ordena al profeta que no rece por el pueblo "porque no te oiré" (versículo 16). La razón por la que Dios no escucha la plegaria del profeta es que el pueblo está pecando y volcándose hacia la idolatría. La conclusión inevitable es que la calamidad que vendrá no se detendrá, y habrá una destrucción total: "Por tanto, así dice el Señor Dios: "He aquí, se derramará Mi ira y Mí ardiente indignación en este lugar...y arderá como fuego y no se apagará" (versículo 20).

Debe escucharse la voz de Dios (Versículos 21-28)

Para aclarar que lo más importante es escuchar la voz de Dios, Dios aclara que no ordenó al pueblo de Israel cuando salieron de Egipto acerca de sacrificios, sino que escucharan Su voz: "Porque Yo no dije a vuestros padres, ni les mandé en el día que los saqué de la tierra de Egipto, relativo a holocaustos y sacrificios; sino más bien esto les mandé, diciendo: Escuchen Mi voz, y Yo seré vuestro Dios, y ustedes serán Mi pueblo; y anden en todo el camino que les ordeno, para que les vaya bien" (versículos 22-23). Contrario a este importante mandamiento, el pueblo de Israel no escucha la voz de Dios: "Mas no Me escucharon, ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz; se portaron peor que sus padres" (versículo 26).

El castigo llegará y habrá de golpear duramente (Versículos 29-34)

"Debido a los pecados del pueblo, que incluyen la idolatría en el Beit HaMikdash, el Gran Templo ("han colocado sus abominaciones en la casa que es llamada de Mi Nombre, para contaminarla "), la calamidad golpeará y destruirá completamente Ierushalaim: " Y haré cesar en las ciudades de Iehudá, y en las calles de Ierushalaim, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia: porque la tierra vendrá a ser una desolación" (versículo 34)."

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 6

 

Llamamientos al enemigo y a Ierushalaim (Versículos 1-8)

El profeta llama a los habitantes de los lugares cercanos a Ierushalaim a buscar refugio "porque la calamidad se deja ver de la parte del norte, y gran destrucción" (versículo 1), y al mismo tiempo ordena al enemigo que suba a la guerra contra Ierushalaim "Proclamen guerra contra ella!" (versículo 4). Después se relata que el enemigo está tan ansioso por atacar a Ierushalaim, que los soldados deciden subir y destruirla en la noche. El párrafo termina con un llamamiento a Ierushalaim: "¡Enmiéndate, oh Ierushalaim, no sea que Mi alma se aleje completamente de ti, no sea que te haga una desolación, una tierra no habitada!" (versículo 8).

Descripción del castigo y sus causas (Versículos 9-15)

El profeta describe cómo después de la calamidad quedará de Israel solo un pequeño remanente - y esto porque el pueblo de Israel no escuchó a Dios: "He aquí que está tapado el oído de ellos, de manera que no pueden escuchar” (versículo 10). Debido a que el pueblo no escucha la voz de Dios, la calamidad vendrá sobre todos: "la he de derramar aun sobre el niño en la calle, y asimismo sobre la reunión de los mancebos; pues hasta el marido y la mujer serán presos, el anciano y aquel que está lleno de día" (versículo 11).

El pueblo no escucha a Dios (Versículos 16-21)

Dios describe cómo propuso al pueblo seguir por el buen camino, pero el pueblo se negó: "Mas ellos dijeron: "¡No andaremos!" (versículo 16). Debido a la negativa del pueblo de escuchar a Dios y seguir el buen camino, Dios se dirige a la tierra y le anuncia la calamidad que vendrá: “Escucha, ¡oh tierra! He aquí que voy a traer el mal sobre este pueblo, el fruto de sus mismos pensamientos” (versículo 19). Además, Dios declara que no está interesado en los sacrificios del pueblo de Israel: “¿A qué viene para Mi incienso de Shva; y caña aromática de país lejano? Vuestros holocaustos no (Me) son bien aceptados, y vuestros sacrificios no Me agradan” (versículo 20).

Descripción de la llegada del enemigo (Versículos 22-26)

En este párrafo se describe nuevamente la llegada del enemigo a Israel: "Empuñan arco y venablo (lanza); crueles son y no usan de misericordia; su voz resuena como la mar; y sobre caballos vienen montados, puestos en orden, como un solo hombre, para la guerra contra ti, oh hija de Tzión" (versículo 23). El pueblo oye al enemigo y se defiende, y el profeta propone al pueblo que se lamente: "¡Oh hija de Mi pueblo, cíñete de saco, y revuélcate en la ceniza!, haz por ti misma llanto, como por un hijo único, amarguísima lamentación!, porque vendrá súbitamente el devastador sobre nosotros" (versículo 26). El párrafo concluye diciendo que el pueblo de Israel es aborrecido a los ojos de Dios debido a su maldad: "Todos ellos (dice el profeta) son rebeldes porfiadísimos, que andan chismeando; cobre y hierro, todos ellos son corruptores... Se les llamará plata reprobada; por lo mismo que el Señor los ha rreprobado” (versículos 28-30).

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 5

 

En Ierushalaim no hay nadie que haga justicia y por eso llega el castigo (Versículos 1-9)

Dios llama a recorrer Ierushalaim y verificar si hay alguien que haga justicia. Si hay uno, Dios habrá de perdonar. El profeta responde que Dios es severo con el pueblo, y debe examinarse al pueblo no entre los "pobres", sino entre los "grandes" – la dirección del pueblo. Así el profeta espera encontrar que ellos sí " ellos conocen el camino del Señor, la ley de su Dios" (versículo 5). Pero inmediatamente el profeta revela que también la dirección peca: " Mas ellos todos (o sea, los pobres y los grandes) a una han quebrantado el yugo, han roto las coyundas" (versículo 5). El pasaje continúa con una lista de los pecados del pueblo, al final de la cual Dios declara: "¿No tengo Yo de castigar por estas cosas?, dice el Señor; ¿y de una nación como ésta no ha de vengarse Mi alma?” (versículo 9).

La esperanza del pueblo de que no llegará el castigo y su quiebre (Versículos 10-19)

Este pasaje comienza con un llamado al enemigo para que suba a Ierushalaim y la destruya, porque el pueblo ha pecado: "Porque muy traidoramente se han portado conMigo la casa de Israel, y la casa de Iehudá" (versículo 11). El pueblo estaba seguro de que no les llegaría ningún mal, pero cuando llegue el momento, entenderán que se equivocaron: el enemigo destruirá la ciudad y arrasará todo lo que vea delante de él. Dios prepara una respuesta de antemano a la pregunta del pueblo: "Y sucederá cuando pregunten: ¿Por qué causa ha hecho el Señor, nuestro Dios, todas estas cosas con nosotros?, les responderás: De la manera que Me han dejado a Mí, y han servido a dioses extraños en vuestra tierra, así servirán a los extraños en una tierra que no es vuestra" (versículo 19).

Un pueblo rebelde y obstinado (Versículos 20-31)

El pasaje comienza con un llamado al pueblo de Israel para que escuche a Dios y tema ante Su grandeza: "El cual he puesto límites de arena al mar, como ley eterna, y no los traspasará" (versículo 22). El pueblo no escucha las palabras de Dios, y por eso Él los declara como un pueblo rebelde y obstinado: "Mas este pueblo tiene un corazón indómito y rebelde; se han apartado y se han ido”(versículo 23). A partir de aquí, hay una descripción de los pecados del pueblo, principalmente pecados morales y una dirección que peca. El pasaje termina con la pregunta de Diosa los oyentes: "¿Y qué harán en el final de ello?" (versículo 31).

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 4

 

Desde aquí hasta el final del capítulo 6 se describe la llegada del enemigo a Ierushalaim. El nombre del enemigo no es mencionado, solo que proviene del norte. Las descripciones no están organizadas en una secuencia cronológica clara, y se acepta generalmente ver las descripciones como una serie de párrafos cuya conexión es su tema central: la llegada de la nación del norte y la severa calamidad que caerá sobre el pueblo de Israel. Como parte de las descripciones también se incluyen breves pasajes de lamentación del profeta, Ierushalaim y el pueblo, así como palabras de reprensión y exhortación al pueblo.

El arrepentimiento y retorno será aceptado sólo en el caso que sea  auténtico (Versículos 1-4)

El profeta declara que el arrepentimiento podría ser aceptado, pero solo si el pueblo de Israel se arrepiente verdaderamente: "Y si jurares por la vida del Señor con verdad, y con rectitud, y con justicia" (versٌículo 2). El profeta amenaza diciendo que si el pueblo no se arrepiente, Dios los castigará: "Circuncídense para el Señor, y quiten los prepucios de vuestros corazones, oh hombres de Iehudá y moradores de Ierushalaim, no sea que salga, como fuego, Mi ira, y arda de modo que no haya quien la apague, a causa de la maldad de vuestras obras" (versículo 4).

La llegada del enemigo (Versículos 5-9)

El profeta llama a proclamar en Iehudá que se escondan del enemigo que se acerca. El enemigo es descrito como una bestia feroz y amenazante que convertirá a Ierushalaim en ruinas: "Subió el león de su espesura, y el asolador de las naciones se ha puesto en marcha, partió de su lugar, para convertir tu tierra en una desolación: tus ciudades serán asoladas, hasta quedar sin habitante" (versículo 7).

La lamentación del profeta por la destrucción y la respuesta de Dios (Versículos 10-18)

Después de la dura descripción de la llegada del enemigo, el profeta lamenta la situación: "¡Ah Señor Dios! Ciertamente has del todo engañado a este pueblo y a Ierushalaim, diciendo: "¡Tendrán paz!, en tanto que la espada alcanza hasta el alma (versículo 10) – La promesa era que Ierushalaim estaría en paz, pero resulta que la espada ha llegado hasta el alma – es decir, casi mata al pueblo. La respuesta de Dios agrava aún más la situación, pero al mismo tiempo hay una propuesta para el pueblo, de mejorar sus acciones a fin de escapar de la calamidad: "Lava de maldad tu corazón, Oh Ierushalaim, para que seas salva" (versículo 14).

La lamentación de Ierushalaim por el castigo (Versículos 19-22)

En este pasaje se presenta la lamentación de la ciudad de Ierushalaim por la calamidad: "¡Mis entrañas!, ¡mis entrañas!, me tiemblan las paredes de mi corazón; se me conmueve mi corazón, no callaré, porque has oído sonido de trompeta, oh alma mía, alarma de guerra. Destrucción sobre destrucción se suceden; porque toda la tierra es dada a saco; súbitamente han sido saqueadas mis tiendas, en un momento mis cortinas. ¿Hasta cuándo tengo de ver la bandera, y tengo de oír el sonido de la trompeta?” (versículos 19-21). El párrafo termina con el reconocimiento (de Ierushalaim o de Dios) de que el pueblo peca: "sabios son para hacer el mal, pero nada saben de hacer el bien" (versículo 22).

La tierra destruida (Versículos 23-31)

El profeta describe en una visión cómo ve la tierra completamente desolada, como antes de la creación del mundo: "Miro hacia la tierra, y he aquí que está desolada y vacía; también hacia los cielos (miro), mas no hay luz en ellos... y todas sus ciudades derribadas por el Señor, a causa del ardor dé Su ira" (versículos 23-26). Aunque Dios promete que "Toda la tierra será hecha una desolación, mas no haré un exterminio completo" (versículo 27), Ierushalaim es descrita como una enferma que no puede soportar más muertos: "Porque he oído una voz como de mujer que está de parto; congojas como de primeriza: es la voz de la hija de Tzión, que está gimiendo; que extiende sus manos: "¡Ay de mí; porque desmaya mi alma a causa de los asesinos!”(versículo 31).

 

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 3

 

Como en el capítulo 2, nuestro capítulo también continúa tratando la traición de Israel a Dios, pero aquí se presentan asuntos adicionales: la relación con el reino de Israel, una profecía de consuelo y una confesión de Israel sobre sus pecados.

La traición de Israel a Dios como una mujer que traicionó a su esposo (Versículos 1-5)

El párrafo comienza con una pregunta retórica: " Si un hombre despidiere a su mujer, y apartándose (ésta) de él, viene a ser de otro marido, ¿podrá él volver más a ella? (versículo 1) La respuesta a esta pregunta es, por supuesto, negativa: tal cosa no es posible. Y la continuación es: "Pero tú has fornicado con muchos amantes; sin embargo, vuélvete a Mí, dice el Señor". El pueblo de Israel hace lo imposible: traicionar a Dios y volver a Él. En este contexto, cabe preguntarse si "vuelve" es un mandato - es decir: Dios exige que Israel vuelva a Él, a pesar de que lo traicionaron (Rashi) - o una expresión de asombro - es decir, Dios se pregunta cómo Israel pide volver a Dios después de haberlo traicionado (Shadal).

La traición de Israel y Iehudá (Versículos 6-11)

Este párrafo comienza con una descripción temporal: "Además el Señor me dijo en los días del rey Yoshiahu" (versículo 6), y trata sobre la traición de Israel y Iehudá. El reino de Israel y el reino de Iehudá se describen como dos hermanas. La hermana mayor, el reino de Israel, pecó y recibió su castigo: " Y vi, que a causa de todos sus adulterios que había cometido la apóstata Israel, la había Yo despedido, dándole carta de repudio" (versículo 8). A pesar de esto, la hermana Iehudá no aprendió y también pecó: " sino que ella también se fue y cometió fornicación”. El párrafo concluye con la dura afirmación de que el reino de Israel es menos culpable que su hermana Iehudá.

Un llamado al arrepentimiento y retorno y una profecía de consuelo (Versículos 12-18)

Dios ordena al profeta que transmita la profecía "hacia el norte", a los exiliados, y les diga que Dios " misericordioso soy, dice el Señor; no guardaré la ira para siempre" (versículo 12). La profecía convoca  a los oyentes a arrepentirse, y como resultado, Dios devolverá a los exiliados a Ierushalaim. Dios establecerá un nuevo liderazgo, y Ierushalaim será un centro espiritual no solo para Israel, sino también para las naciones. La profecía de consuelo concluye con la unidad de Israel y Iehudá: " En aquellos días la casa de Iehudá andará con la casa de Israel, y juntas vendrán desde la tierra del norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres" (versículo 18).

La decepción de Israel y la confesión de Israel sobre sus pecados (Versículos 19-25)

Inmediatamente después de la profecía de consuelo, el profeta vuelve a la realidad y a la frustración de Dios con Iehhudá: " Pero como una mujer que es desleal a su marido, así ustedes han sido desleales para conmigo, oh casa de Israel, dice el Señor" (versículo 20). Después de describir la desilusión de Dios con el pueblo, se describe la confesión del pueblo sobre sus pecados: " Acostémonos, pues, en nuestra ignominia, y nos cubra nuestra confusión, porque hemos pecado contra el Señor, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra mocedad y hasta el día de hoy, y no hemos obedecido la voz del Señor, nuestro Dios" (versículo 25).

 

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Síntesis del capítulo, Irmiahu 2

 

En el pasado-el período de la juventud (Versículos 1-3)

El capítulo comienza con una descripción de la relación entre Dios e Israel como si fueran una pareja de amantes. Dios declara que recuerda la fe del pueblo de Israel en los días del desierto, cuando el pueblo lo siguió: "Me acuerdo del cariño tuyo (a Mí) en tu juventud, del amor de tus desposorios, cuando Me seguiste por el desierto, en una tierra no sembrada" (versículo 2).

En el presente-El abandono de Dios y la ingratitud (Versículos 4-37)

Es difícil dividir en párrafos esta profecía larga y compleja, pero se puede resumir que la profecía trata de un proceso central: el abandono de Dios por parte del pueblo de Israel como símbolo de la ingratitud del pueblo de Israel, y la invitación al castigo como consecuencia. La profecía incluye ocho preguntas retóricas cuyo propósito es hacer resonar la ingratitud del pueblo de Israel y su abandono de Dios:

" ¿Qué injusticia hallaron en Mí vuestros padres, que se alejaron de Mí, y anduvieron tras la vanidad y se hicieron vanos?” (versículo 5).

" ¿Acaso nación alguna ha trocado los dioses?" (versículo 11).

" ¿Acaso Israel es un siervo, o es por ventura siervo nacido en casa? ¿Por qué, pues, ha venido a ser presa??" (versículo 14).

" ¿Cómo puedes decir: No he sido mancillada; tras los Báales no he andado?" Mira tus caminos en el valle! ¡Sabe lo que has hecho!" (versículo 23).

"¿Por qué contienden conmigo? Todos ustedes se han rebelado contra mí, dice el Señor" (versículo 29).

"¿Por ventura he sido Yo un yermo para Israel, o una tierra de densas tinieblas? ¿Por qué, pues, ha dicho Mi pueblo: Queremos alejarnos; no volveremos más a Ti? (versículo 31).

"¿Por qué hermoseas tu camino para buscar amor? Por esto hasta a las (naciones) malvadas has enseñado tus caminos " (versículo 33).

"¿Por qué andas tan afanada (de uno a otro), cambiando tu camino? De Egipto también te avergonzarás, así como te has avergonzado de Ashur, Asiria" (versículo 36).

Se puede esbozar de manera general el curso de la profecía según las preguntas retóricas integradas en ella. Dios acusa a los antepasados de los oyentes de haberse alejado de Él y haber elegido servir a otros dioses Luego se pregunta cómo es posible que un pueblo cambie a su verdadero Dios por dioses falsos. La tercera pregunta se refiere a la calamidad que llegará al pueblo de Israel - fue entregado al saqueo, es decir, recibió calamidad, y nadie se preocupó por él - no porque fuera un esclavo, sino por sus pecados. Este asunto conduce a la siguiente pregunta retórica en la que Israel niega sus pecados, y Dios les reprende: "Mira tu proceder en el valle, reconoce lo que has hecho". A continuación aparece la siguiente pregunta en la que Dios se pregunta por qué Israel "contiende" (=se dirige a Dios en forma de juicio) en el momento de la calamidad, ya que "todos ustedes se han rebelado contra mí" (versículo 29).

Las tres últimas preguntas vuelven al proceso central presentado en la profecía: Dios se pregunta por qué el pueblo de Israel lo ha abandonado: " ¿Por qué, pues, ha dicho Mi pueblo: Queremos alejarnos; no volveremos más a Ti? y aclara que Israel no tiene interés en agradar a otros pueblos, ya que pronto él les enseñará las "maldades", refiriéndose a la calamidad. La última pregunta vuelve al mismo punto según el cual no hay razón para buscar ayuda de Egipto, ya que "también de Egipto te avergonzarás, así como te has avergonzado de Ashur, Asiria".

 

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Síntesis Irmiahu Capítulo 1

La cuestión de la datación de las profecías en el libro de Irmiahu es generalmente compleja, debido al hecho de que muchas de las profecías no tienen un encabezado que aclare el contexto histórico de la profecía. En el marco de los resúmenes no podremos abordar las cuestiones relacionadas con el tiempo de las profecías, por lo que generalmente se presentará una posición central. Debates más amplios que tratan este tema se pueden encontrar en otros resúmenes o en artículos y lecciones sobre el mismo capítulo.

Apertura del libro (Versículos 1-3)

El libro comienza con una descripción del marco temporal y el lugar donde actuó el profeta. Irmiahu, hijo de Jilkiahú, era un Cohen, sacerdote, que vivía en Anatot, al sur de Ierushalaim. Como se menciona en la introducción, profetizó durante los días de Yoshiahu, Yehoiakim y Tzidkiahu, en cuyo undécimo año de reinado, Ierushalaim fue destruida. Yehoajaz y Yehoiajín no son mencionados en el encabezado del libro, quizás porque solo reinaron durante tres meses.

La consagración del profeta (Versículos 4-9)

La primera profecía del libro es la profecía de consagración de Irmiahu como profeta. Dios le anunció al profeta que fue consagrado para la profecía incluso antes de nacer: " y antes que salieras del seno materno, te santifiqué, y te puse profeta para las naciones" (versículo 5). Irmiahu se negó a aceptar la tarea, alegando que todavía era un joven y "he aquí, que no sé hablar" (versículo 6). Dios anima y fortalece al profeta para que no tenga miedo, y también le revela la naturaleza de su tarea: " Mira que Yo te pongo hoy sobre las naciones y sobre los reinos, para desarraigar, y para derribar, y para arruinar, y para destruir, para edificar y plantar" (versículo 10).

Dos visiones y su interpretación (Versículos 11-19)

Tras la consagración del profeta, Dios le presenta al profeta dos visiones y le pregunta: "¿Qué ves?" La primera visión que se le muestra al profeta es una vara de almendro, y la explicación de ver la vara de almendro es: " porque Yo Me apresuro para poner Mi palabra por obra" (versículo 12). Luego, Dios pregunta nuevamente al profeta qué ve, e Irmiahu responde: " Veo una olla que hierve, y su faz está de la parte del norte" (versículo 13), y nuevamente aquí Dios explica el significado de la visión: " Del norte estallará el mal sobre todos los habitantes de la tierra.... Pues he aquí que voy a convocar a todas las tribus de los reinos del norte, dice el Señor, los cuales vendrán, y pondrán cada cual su trono a la entrada de las puertas de Ierushalaim, así contra todos sus muros a la redonda, como contra todas las ciudades de Iehudá" (versículos 14-15). Paralelamente a la proclamación de la calamidad que ocurrirá en Ierushalaim, Dios le promete al profeta que lo protegerá: " Y ellos pelearán contra ti, mas no te vencerán, porque contigo estoy Yo, dice el Señor, para librarte" (versículo 19).

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