El palacio de Yehoiakim

Parece que el palacio de Yehoiakim, ese mismo palacio cuya construcción el profeta tanto condena, es el que se descubrió sorpresivamente en las excavaciones de Ramat Rajel. Como se puede ver por los escasos restos que se han conservado, fue sin duda uno de los palacios más espléndidos construido según la mejor arquitectura y arte de aquella época.

No esperábamos esto cuando fuimos a la excavación, que fuera de la Ierushalaim de entonces, a medio camino entre Ierushalaim y Beit Lejem (Belén), uno de los reyes de Iehudá construyera para sí una fortaleza y un palacio real.

En el lugar se descubrió una muralla de casamatas construida con compartimentos - uno de los mejores ejemplos de este tipo de muralla, característica de la época del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo. A lo largo de ella se descubrió un pasaje secreto dentro de la muralla, cubierto por grandes losas de piedra. La puerta misma fue descubierta en el lado este; la mayor parte está destruida por estructuras posteriores, pero una columna de la puerta del palacio se ha conservado bien y da cuenta de la construcción sólida y magnífica. Por encima del nivel del suelo se colocaron piedras talladas, lisas y grandes, de un tipo que no era común en este período excepto en palacios reales y edificios suntuosos. La conservación de los restos en general no es buena, y tuvimos que excavar mucho hasta que llegamos a algunas secciones que nos dieron una impresión completa del palacio que se construyó en el lugar.

Ante nosotros tenemos un fenómeno inusual en sí mismo: que uno de los reyes de Iehudá construyera para sí un palacio fuera de la ciudad. Como se puede ver por los escasos restos que se han conservado, fue sin duda uno de los palacios más espléndidos construido según la mejor arquitectura y arte de la época, cuyos ejemplos en la investigación arqueológica solo se encuentran en los palacios de los reyes de Israel construidos en Shomrón (Samaria), Meguido o Jatzor. De aquí surge la pregunta: ¿Qué rey de los reyes de Iehudá decidió de repente construir para sí un palacio tan espléndido y grande fuera de Ierushalaim y para qué lo hizo?

... ¿Qué dice Irmiahu? "¡Ay del que edifica su casa sin justicia y sus salones sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde y no dándole el salario de su trabajo! Que dice: Edificaré para mí un palacio y salones airosos", etc. (versículo 14). El profeta acusa al rey de que en una época tan grave y difícil para el país, no vacila en reclutar trabajadores forzados y emprender una gran obra de construcción real, para erigir un palacio, salones airosos, un palacio suntuoso. "Y le abre ventanas, y le pone artesonados de cedro y lo pinta de bermellón" (versículo 14). ¿Es demasiado atrevido suponer que los antepechos de ventanas que se encontraron en las excavaciones son las mismas ventanas que describe el profeta? Sobre las piedras blancas de caliza se conservaron restos de pintura roja – bermellón – y en su parte superior, como se ha dicho, agujeros para la conexión de paredes de madera – revestimiento de cedro.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído del libro “Iyunim beSefer Irmiahu”.

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צרעת הבית – מה עניינה?

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בין יולדת זכר ליולדת נקבה

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Tras el ocaso llega el amanecer

Irmiahu ve la caída de la nación y está seguro de que ha llegado el fin. La perspectiva Midráshica sabe: esta es solo una puesta de sol en una secuencia de ocasos y amaneceres.

Irmiahu en nuestro capítulo profetiza una profecía después de la cual no hay recuperación: "Languidece la que ha dado a luz siete: a punto está de expirar; se puso su sol cuando era aún de día; ha sido avergonzada y confundida: y los que quedaren (de sus hijos), los entregaré a la espada, delante de sus enemigos" (versículo 9).

Aquella “madre de siete” sea quien sea, ha exhalado su alma, su sol se ha puesto prematuramente. Inmediatamente después de esta dura imagen, el profeta golpea con el martillo - el remanente que quede de la calamidad será entregado a la espada ante los enemigos.

¿Acaso ha llegado el fin?

La visión Midráshica contempla el versículo dentro de un contexto mucho más amplio que nuestro capítulo. El espacio en el que se encuentra el versículo es todo el texto bíblico y la perspectiva histórica. Desde este punto de vista, contemplamos la puesta del sol, pero sabemos que también vendrá un amanecer después.

El punto de partida del Midrash que tenemos ante nosotros son los versículos que aparecen en el viaje de Iaacov a la casa de Labán y su regreso. En su camino a la casa de Labán se dice: "Se encontró con el lugar y pernoctó allí, pues el sol se había puesto" (Bereshit, capítulo 28, versículo 11), y en su regreso se dice: "le salió el sol" (Bereshit, capítulo 32, versículo 32). Así dice el Midrash (Bereshit Rabá, Parashá 68):

"Pues el sol se había puesto" (Bereshit, capítulo 28, versículo 11)... Aquellas dos horas en las que Dios hizo que el sol se pusiera cuando salió de la casa de su padre, ¿cuándo se las devolvió? En su regreso a la casa de su padre, como está escrito: "Le salió el sol, etc." (Bereshit, capítulo 32, versículo 32). Le dijo Dios: Tú eres una señal para tus hijos; así como a ti, en tu salida, te hice poner el sol, y en tu regreso te lo devolví, así también tus hijos, en su salida " Languidece la que ha dado a luz siete: a punto está de expirar; se puso su sol." (Irmiahu, capítulo 15, versículo 9), y en su regreso "Y brillará para ustedes que temen Mi Nombre, un sol de justicia, rayos de curación" (Malají, capítulo 3, versículo 20).

La expresión "su sol se puso" que aparece en nuestro capítulo hace eco de la expresión "el sol se había puesto" que aparece en la descripción del viaje de Iaacov. En ambos casos, interpreta el Midrash, se trata de un sol que se puso antes de tiempo. La conexión creada entre los versículos permite redimir el versículo en Irmiahu. Así como la prematura puesta del sol de Iaacov fue respondida más tarde con un amanecer temprano - "le salió el sol", también la profecía de destrucción de Irmiahu no es una puesta de sol permanente, es solo una puesta de sol en una secuencia de ocasos y amaneceres.

Quizás Irmiahu sentía que después de la oscuridad que se le reveló no había recuperación, pero la mirada Midráshica conoce nuestra historia - incluso después de la mayor oscuridad, llega el amanecer iluminador.

Cortesía sitio 929

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¡No hay agua!

Anatot se encuentra en la frontera del desierto y bajo "la sombra" de las lluvias. Por lo tanto, cualquier fluctuación en la cantidad de lluvias es notablemente visible en la cosecha de sus campos. La cosecha entonces es muy escasa y la angustia es grande. No es de extrañar, por tanto, que esta escasez, que volvía una y otra vez, penetrara en las profundidades del alma del profeta hasta reflejarse claramente en sus profecías.

En muchas excursiones recorrí los desiertos de Efraim, Biniamín y Iehudá, a lo largo de la costa del Mar Muerto y los arroyos que descienden hacia él, en los arroyos del Néguev, en sus llanuras y montañas. Más de una vez la sed nos atormentó enormemente a mí y a mis compañeros, y muchas veces disfrutamos y reanimamos nuestras almas sedientas en maravillosas cisternas llenas de agua pura durante la temporada de invierno. E incluso si permanecían allí durante muchos días, no dudábamos en beberlas con ansia cuando estábamos envueltos en sed (siempre que no estuvieran demasiado saladas debido a su evaporación). Sin embargo, en el invierno de 1947, cuando caminamos a lo largo del desierto de Iehudá desde Ierushalaim hasta Sedom, Sodoma, y desde allí hacia el sur, la sed nos venció enormemente. Fue un año de pocas lluvias, y todas las cisternas estaban secas. Muchas veces arrastramos nuestros pies a lo lejos con la esperanza de encontrar agua en las cisternas para saciar nuestras almas y las de nuestros compañeros, solo para volver al campamento como habíamos salido. Nuestros recipientes vacíos, y en nuestras bocas la terrible noticia: ¡No hay! Y nos vimos obligados a conformarnos solo con el agua de las escasas fuentes que encontramos en nuestro camino, pero solo una vez cada dos días o más.

Entonces entendí claramente la imagen que refleja Irmiahu - y no es de la vida urbana de Ierushalaim, sino de la vida de los pastores en los desiertos que anhelan una gota de agua, ellos y sus rebaños, y las cisternas que normalmente les sirven tan bien, esta vez se secaron por completo, porque no había llovido en la tierra. E intentan buscar en todos los lugares por si acaso ha caído algo de lluvia en alguna parte y ha llenado las cisternas con sus aguas, pero en vano.

Así pues, Irmiahu da aquí una descripción vívida del sufrimiento de los pastores en el desierto durante una sequía; los poderosos del rebaño, que son los jefes de los pastores, enviaron a sus jóvenes, a los muchachos pastores a su servicio, a caminar lejos y buscar si podían encontrar agua en cisternas distantes, y les dieron recipientes para traerles agua. Estos fueron con cierta esperanza, pero regresaron quebrantados y cansados, avergonzados y humillados, regresaron con sus recipientes vacíos, y no hay fin para su decepción.

Estas son las palabras de un profeta que conoce las condiciones del desierto en la lluvia y en el calor, y en un año de sequía, porque vivía en su frontera y se adentraba en él muchas veces. Y aunque sus palabras se refieren a Ierusalaim, las tomó prestadas de la vida de los pastores en el desierto, y esta imagen es la que estaba ante los ojos de su espíritu.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Extraído del sitio DAAT.

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