No hay esperanza

Las profecías de reprensión, por muy duras que sean, contienen también optimismo y esperanza - quizás aún regrese el pueblo en arrepentimiento. Pero en Yejezkel la situación es diferente - Yejezkel profetiza una profecía de destrucción total, sin ninguna posibilidad de salvación y sin esperanza para los habitantes de Ierushalaim. En tal situación no queda más que guardar silencio.

Los capítulos 1-3 describen la profecía de consagración de Yejezkel - apareció el carro celestial y sobre él el Dios de Israel que profetizó a Yejezkel la profecía de consagración. Una vez que terminó la profecía y el carro se retiró, el texto describe la gran tristeza en la que se sumió Yejezkel: "El Espíritu, pues, me alzó y me llevó; y yo iba con amargura, en el encono de mi espíritu; pero la mano del Señor era fuerte sobre mí. Así vine a los de la cautividad en Tel Aviv, donde habitaban junto al río Kvar; y en donde ellos habitaban, permanecí, y por siete días me quedé atónito en medio de ellos" (versículos 14- 15).

La palabra "fuerte" describe una experiencia traumática que no se calma, sino que se intensifica y resuena con fuerza creciente momento a momento, y siete días después Yejezkel se sienta y guarda silencio. ¿Qué fue tan difícil en la profecía de consagración? ¿Acaso la profecía sobre la destrucción fue lo que entristeció a Yejezkel? Sin duda que sí, pero parece que hay en la profecía otros elementos que se sumaron a esto. Las profecías de reprensión, por muy duras que sean, contienen también optimismo y esperanza - quizás aún regrese el pueblo en arrepentimiento. Pero en la profecía de Yejezkel no hay llamado al arrepentimiento ni intención de diálogo con el pueblo - "Ya escuchen o ya dejen de hacerlo" (11), "Y ellos, ya escuchen, ya dejen (de hacerlo) (porque son una casa rebelde), sin embargo han de conocer que un profeta ha habido en medio de ellos" (capítulo 2, versículo 5). Yejezkel debe decir su palabra, ya sea que escuchen o no, y el propósito de la profecía es uno - con el paso del tiempo sabrán que hubo un profeta que advirtió.

En todo el libro de Irmiahu hay esperanza. Al principio Irmiahu esperaba detener la destrucción, y desde que se decretó el decreto, Irmiahu trató de minimizar los daños. Por ejemplo - propuso rendirse a Bavel, Babilonia y permanecer en la tierra bajo el dominio babilónico. Yejezkel es diferente. Él profetiza una profecía de destrucción total, sin ninguna posibilidad de salvación y sin esperanza para los habitantes de Ierushalaim.

La profecía es difícil también en su lenguaje. El apelativo que se repite para el pueblo de Israel en la profecía de consagración es "casa rebelde" (2:5, 7, 8; 3:9, 27) y significa que Israel no solo se rebeló, sino que esta es su esencia.

Después de siete días viene una profecía que le ordena guardar silencio - "y Él habló conmigo, y me dijo: "¡Vete, enciérrate dentro de tu casa!" Pues en cuanto a ti, oh hijo del hombre, he aquí que no podrás salir entre ellos, como si te sobrepusieran ataduras, ligándote con ellas. También Yo haré que se te pegue tu lengua a tu paladar, para que seas mudo, y no les seas hombre que reprenda, porque casa rebelde son.Pero cuando Yo hablare contigo, abriré tu boca, y les dirás: Así dice el Señor Dios: "¡El que oye, oiga!, ¡y el que desatiende, desatienda!, porque casa rebelde son” (versículos 24-27).

La esencia del profeta es reprender, advertir, hablar. Las palabras 'profecía' y 'silencio' son casi palabras contradictorias. Parece que Yejezkel no podía pronunciar su profecía dura y deprimente, y no le quedó más que guardar silencio.

La profecía de consagración, a pesar de ser amarga, tiene también dulzura. Dos veces se le ordena a Yejezkel comer un rollo. La primera vez no come "y lo escrito en él eran endechas, y lamentaciones, y ayes" (capítulo 2, versículo 10). La segunda vez Yejezkel come, y he aquí que hay un cambio - "y era en mi boca como miel, por lo dulce que era" (capítulo 3, versículo 3). Parece que Yejezkel entendió que la destrucción es el secreto de la renovada construcción del pueblo de Israel, y esta comprensión le ayuda a aceptar su profecía.

Observación: Dijimos que no hay en la profecía de Yejezkel llamado al arrepentimiento, y he aquí que la profecía del 'centinela' (16-21) es un llamado al profeta para advertir y hacer que el pueblo regrese en arrepentimiento. Resulta que la profecía del 'centinela' no tiene su lugar en el capítulo 3 sino en el capítulo 33. Fue trasladada a la profecía de consagración por diversas razones, y una pista de que 'este pasaje no es su lugar' es la 'división' (=pausa) en medio del versículo 16, que constituye evidencia de la inserción de una unidad fuera de su lugar.

Gentileza sitio 929.

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 3

Comiendo la Meguilá (Versículos 1-3)

Al final del capítulo anterior, Dios ordenó a Yejezkel comer lo que Él le presentaba, y así Yejezkel abrió su boca y Dios le dio de comer el rollo: "Abrí, pues, mi boca, y me hizo comer aquel rollo” (versículo 2). El profeta testifica que el rollo se volvió dulce como la miel en su boca: "Y yo me lo comí, y era en mi boca como miel, por lo dulce que era" (versículo 3).

El pueblo de Israel no escuchará (versículos 4-15)

Dios ordena a Yejekel ir y hablar a Israel aunque ellos no le escuchen: "La casa de Israel, sin embargo, no querrá escucharte, porque no quieren escucharme a Mí; porque toda la casa de Israel son de frente dura y obstinado corazón" (versículo 7). Dios alienta al profeta y lo fortalece para la misión: "He aquí que he hecho tu rostro duro contra los rostros de ellos, y tu frente dura contra sus frentes" (versículo 8). Dios le dice a Yejezkel que vaya al exilio (aparentemente el lugar de la revelación no era el mismo lugar donde estaban los exiliados) y entonces un espíritu levantó al profeta: "(En seguida) el Espíritu me alzó; y oí detrás de mí el sonido de un estruendo tumultuoso, que decía: "¡Bendita sea la gloria del Señor desde Su lugar!", y lo trasladó al exilio - Tel Aviv junto al río Kvar (la interpretación de Tel Aviv es Til Abûbi y significa "montículo del diluvio", es decir, un lugar que ya fue destruido en los días del diluvio). El profeta se sentó allí siete días.

Yejezkel como Atalaya (versículos 16-21)

Después de siete días, Dios se revela nuevamente al profeta y le dice: "Hijo del hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel; por tanto oirás de Mi boca la palabra, y los prevendrás de Mi parte” (versículo 17). Dios explica a Yejezkel que debe advertir al malvado para que se aparte de su mal camino, y si no se aparta - morirá, y su culpa recaerá sobre él, pero si el profeta no lo advirtió "pero su sangre Yo la demandaré de tu mano" (versículo 18). Así como debe advertir al malvado, también el profeta debe advertir al justo para que no peque.

El encierro de Yejezkel y su mudez (versículos 22-27)

Dios ordena al profeta salir de su lugar y venir "al valle". Dios le dice: "¡Vete, enciérrate dentro de tu casa!... También Yo haré que se te pegue tu lengua a tu paladar, para que seas mudo” (versículos 24-26). El profeta no debe salir de su casa ni abrir su boca, sino solo cuando Dios abra su boca: "Pero cuando Yo hablare contigo, abriré tu boca, y les dirás: Así dice el Señor Dios: "¡El que oye, oiga!, ¡y el que desatiende, desatienda!, porque casa rebelde son" (versículos 27).

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Síntesis del capítulo, Yejezkel 4

 

Primera acción simbólica-el sitio a Ierushalaim (Versículos 1-3)

Dios ordena al profeta tomar un ladrillo y grabar en él "Ierushalaim". Luego debe tomarlo y ponerlo en 'asedio': "Luego le pondrás sitio, y edificarás contra ella atalayas, y levantarás terraplenes contra ella; y pondrás contra ella campamentos, y colocarás arietes alrededor contra ella" (versículo 2). Este acto del profeta simboliza el sitio que habrá sobre Ierushalaim "señal será esto para la casa de Israel" (versículo 3).

Segunda acción simbólica-acostarse del lado derecho e izquierdo (Versículos 4-8)

Dios pide al profeta que se acueste sobre el lado izquierdo durante "trescientos noventa días" para cargar con la iniquidad de los hijos de Israel. Después debe dares vuelta y acostarse sobre el lado derecho durante cuarenta días "cuarenta días, un día por cada año te he señalado" (versículo 6). Dios prohíbe al profeta moverse: "Y he aquí que Yo he puesto sobre ti ataduras para que no te vuelvas de un lado a otro, hasta que hayas acabado los días de tu sitio" (versículo 8).

Tercera acción simbólica-alimento y agua (Versículos 9-17)

El profeta debe tomar "trigo y cebada y habas y lentejas y mijo y espelta" (versículo 9), ponerlos en un recipiente y preparar con ellos pan. El pan simboliza la escasez de trigo y por eso hay que mezclar varios granos para hornear pan. El profeta debe comer este pan durante los 390 días mencionados anteriormente y debe pesar el pan y comer un poco de él. El profeta también está limitado en la cantidad de agua que beba, y debe comer tortas de cebada "y con excrementos humanos sea cocida delante de sus ojos” (versículo 12). Por primera vez en el libro, el profeta se dirige a Dios y dice "¡Ah Señor Dios!, ¡he aquí que mi alma nunca ha sido contaminada, ni he comido cosa mortecina, ni destrozada por fieras desde mi mocedad hasta ahora; ni carne abominable jamás ha entrado en mi boca!" (versículo 14). Dios permite al profeta cambiar el excremento humano por estiércol de ganado (excremento de vaca). Al final del capítulo, Dios explica la simbología: "he aquí que Yo quebraré el sustento del pan en Ierushalaim, de modo que comerán el pan por peso y con ansiedad, y beberán el agua por medida y con espanto. A fin de que, faltándoles el pan y el agua, se miren con asombro el uno al otro, y sean consumidos por su iniquidad" (versículos 16-17).

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Los utensilios del Templo y la visión del carro que viaja

 

La profecía de Yejezkel describe los utensilios del Beit HaMikdash, el Gran Templo como una carroza viviente conducida por ángeles celestiales, una especie de 'corte' real alrededor de la gloria de la Shejiná (la Presencia Divina) de Dios en el Templo. En su visión, la carroza viaja desde el Beit HaMIkdash hacia Bavel, Babilonia, y así parece que la profecía de Irmiahu pronunciada un año antes - "a Bavel serán llevados y allí estarán" - está a punto de cumplirse en la práctica.

La profecía en Yejezkel capítulo 1 es considerada un capítulo cerrado, del cual no se debe tratar mucho debido a los temas elevados de los que trata. "No se debe exponer... la carroza a una sola persona" (Mishná Jaguigá 2). Nos ocuparemos aquí no de sus secretos, sino un poco de su contexto histórico.

Los versículos sobre la obra de la carroza en Yejezkel son paralelos a los versículos que tratan de los utensilios del Beit HaMikdash en muchos aspectos, y especialmente a la descripción de los utensilios de bronce del patio del Beit HaMikdash (los utensilios dentro del Beit HaMikdash eran de oro o recubiertos de oro), es decir, el mar de bronce y las diez pilas de bronce y las bases sobre las cuales estaban colocadas:

"... y sobre los entrepaños (marcos) que habla por en medio de las junturas, había leones, y bueyes, y querubines... Y cada basa tenía cuatro ruedas de cobre con sus ejes de cobre... Y las cuatro ruedas estaban por debajo de los entrepaños, y los ejes de las ruedas estaban en la basa misma... Y la hechura de las ruedas era conforme a la obra de la rueda de un carro... (Melajim I, capítulo 7, versículos 29-33)

A primera vista, los utensilios en el Beit HaMikdash de Shlomó parecen objetos inanimados como cualquier utensilio. La profecía de Yejezkel describe estos utensilios como una carroza viviente conducida por ángeles celestiales, una especie de 'corte' real alrededor de la gloria de la Shejiná de Dios en el Templo.

En el cuarto año de Tzidkiahu, rey de Iehudá, Irmiahu profetizó en Ierushalaim la profecía de las coyundas y yugos (Irmiahu 27), que vino a advertir a Tzidkiahu y a los reyes sus aliados contra el intento de romper, con el apoyo de los falsos profetas, el decreto de Dios de sometimiento al rey de Bavel, Babilonia, mediante una rebelión bajo la protección de Egipto contra Nevujadnetzar. Los utensilios de oro del Beit HaMikdash ya habían sido exiliados cuatro años antes en el exilio de Yehoiajín. Aún quedaban los grandes utensilios de bronce en el patio del Beit HaMikdash. Y así dijo Irmiahu:

"¡No los escuchen! ¡Sirvan al rey de Bavel, y vivan! ¿Por qué ha de ser hecha esta ciudad una desolación? Mas si ellos son profetas, y si con ellos hay palabra del Señor, oren ahora al Señor de los ejércitos, a fin de que los utensilios que quedan aún en la casa del Señor, y en la casa dey rey de Iehudá y en Ierushalaim, no vayan a Bavel. Porque así dice el Señor de los ejércitos, respecto de las columnas, y respecto del mar (de cobre) y respecto de las basas, y respecto del resto de los utensilios que aun quedan en esta ciudad, Los cuales no tomó Nevujadnetzar, rey de Bavel, cuando deportó de Ierushaláim a Bavel a Yejoniá, hijo de Yehoiakim, rey de Iehudá, con todos los nobles de Iehudá y de Ierushalaim... A Bavel serán llevados, y allí se quedarán hasta el día que Yo los visitare, dice el Señor; entonces los haré volver y los restituiré a este lugar" (Irmiahu, capítulo 27, versículos 17-22)

Yejezkel comienza a profetizar en el quinto año de Tzidkiahu y del exilio de Yehoiajín, como un año después de la profecía de Irmiahu. Ve en su visión la carroza viajando desde el Beit HaMikdash, y en las profecías siguientes se aclarará que viaja a Bavel, Babilonia. Yejezkel determina aquí que la profecía de Irmiahu, que en su momento era solo advertencia y amenaza, ahora está a punto de cumplirse en la práctica.

 

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¿Trono o carro?

La forma en que el profeta ve la gloria de Dios refiere a la situación espiritual de la gente de su generación. En la época de Yejezkel, la Shejiná (presencia divina) no está revelada y puede partir en cualquier momento.

Los profetas Yeshaiahu y Yejezkel merecen la revelación de la visión de la gloria de Dios, cada uno a su manera. Las dos visiones tienen mucho en común. En ambos casos el profeta ve a Dios (Yeshaiahu, capítulo 6, versículo 1; Yejezkel, capítulo 1, versículo 28), en ambas visiones aparecen figuras con alas (los serafines en Yeshaiahu - 6:2; y en Yejezkel las figuras de los seres vivientes - 1:6). Asimismo, en ambos casos esta profecía sirve como profecía de consagración, durante la cual el profeta escucha su misión.

La similitud entre las dos visiones trae consigo también grandes diferencias. Yeshaiahu ve a Dios "sentado sobre un trono alto y excelso" (Yeshaiahu, capítulo 6, versículo 1), mientras que Yejezkel ve las figuras que conducen la forma de la gloria de Dios, moviéndose y caminando (Yejezkel, capítulo 1, versículo 19). Yeshaiahu ve realmente a Dios: "y vi al Señor" (Yeshaiahu, capítulo 6, versículo 1), mientras que Yejezkel ve solo "la apariencia de la gloria de Dios" (Yejezkel, capítulo 1, versículo 28). Más aún respecto a la visión de Dios, Yeshaiahu ve a Dios sin ocultamiento, y no solo eso, sino que "sus faldas llenaban el templo" (Yeshaiahu, capítulo 6, versículo 1). En contraste con él, Yejezkel tiene dificultad para ver la figura de la gloria de Dios, ya que está oculta por diversos medios, y así Dios no llena el Gran Templo abiertamente, sino que está oculto y escondido.

Los cambios entre la visión que ve Yeshaiahu y la visión que ve Yejezkel expresan el rostro de la generación en la que viven los profetas. Yejezkel no ve la Shejiná de forma clara, porque ya está en proceso de alejamiento del pueblo. Así también el asunto del trono y el carro: Yeshaiahu ve a Dios sentado en un trono - una posición estable. Mientras que el carro en Yejezkel es dinámico.

Cuando se compara la revelación de Dios en ambos profetas, el mensaje es claro: en la generación de Yejezkel la Shejiná no está revelada, y puede partir en cualquier momento.

Resumido y editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído de una clase dictada en las Jornadas de Estudio de Tanaj.

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Arrogancia

Dios envía a Yejezkel al pueblo de Israel y los describe con una caracterización dura como "duros de rostro". Examinemos el tema de la cualidad de la insolencia tal como se describe en el libro 'Baal Orjot Tzadikim, Senderos de los Justos'.

Libro Baal Orjot Tzadikim- Senderos de los Justos - Capítulo sobre la Insolencia

La insolencia es una cualidad mala en la mayoría de sus acciones, y es lo opuesto a la cualidad de la vergüenza, porque el vergonzoso perdona sus agravios y tiene compasión y perdona y disculpa - pero quien es duro de rostro no se avergonzará ante ningún hombre, sino que se mantiene con insolencia ante toda persona, y hace toda mala acción sin avergonzarse, sino que se aferra a su maldad y se endurece en el pecado, y sobre esto se dice (Irmiahu, capítulo 5, versículo 3): "han hecho sus rostros más duros que la roca; rehúsan volverse (a Ti)” y se dice (Yejezkel, capítulo 2, versículo 4): " Y los hijos son de rostro duro y obstinado corazón”.Y todas las virtudes buenas que se mencionan de la vergüenza son lo contrario en la insolencia. Cuando una persona se fortalece en esta cualidad, se vuelve muy despreciable a los ojos de los hombres**, incluso si es Sabio. Y muchos males se derivan de la insolencia: El que es insolente con los hombres no escapará de la controversia, el odio y los celos. Y quien es de rostro insolente niega Su unicidad, y no respetará el rostro del grande ni tendrá consideración por el rostro del anciano, y todos los pecados de la Torá son ligeros a sus ojos para transgredirlos - todo por la abundante insolencia que hay en él. Y sobre él se dice (Pirkei Avot capítulo 5 mishná 20): "El arrogante se encamina al infierno".

Orjot Tzadikim - Un libro de ética que recopila y elabora palabras de moral y reproche de los Sabios talmúdicos y los primeros comentaristas con muchas adiciones del autor. Fue compuesto aparentemente en la segunda mitad del siglo XV. Su autor es desconocido.

 

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¿Qué afronta Yejezkel?

¿Cómo se preserva la identidad del pueblo sin tierra, sin estado y sin templo? ¿Cómo se enfrenta la división del pueblo? ¿Y cómo se mantiene el vínculo con Dios en tales circunstancias? Con todos estos desafíos y más se enfrenta el profeta Yejezkel.

El libro de Yejezkel abarca un período de aproximadamente 22 años, descritos como años decisivos para el pueblo de Israel: desde el quinto año del exilio del rey Yehoiajín (año 593 a.e.c.), hasta aproximadamente quince años después de la destrucción del Primer Beit HaMikdash, el Gran Templo, y veintisiete años después del exilio de Yehoiajín (año 571 a.e.c.). En estos años fue necesario enfrentar por primera vez circunstancias sin precedentes en toda la historia del pueblo de Israel:

En primer lugar, el enfrentamiento con la existencia del pueblo en esa época en dos centros – uno en Iehudá y el otro en Bavel, Babilonia – donde en cada uno de ellos existe un grupo que preserva una identidad diferenciada.

En segundo lugar, la destrucción del Beit HaMikdash y el exilio del pueblo en estos años de su tierra crearon una situación donde fue necesario por primera vez enfrentar el desafío de preservar la identidad del pueblo también en ausencia del Gran Templo, en el exilio, desconectado de su tierra y sin independencia política.

Parece que la profecía de Yejezkel fue dada a los exiliados que fueron con él en el exilio de Yehoiajín a Bavel.

El propósito de las profecías de Yejezkel en los años que precedieron a la destrucción es informar al pueblo que Dios abandonó su templo en Ierushalaim; por ello describe detalladamente el acto del carro divino y los viajes de la gloria de Dios hacia fuera del Gran Templo (principalmente en el capítulo 1 y en los capítulos 10-11). Más aún, enfatiza que la destrucción del Beit HaMikdash es solo cuestión de tiempo, y que en realidad ya en los años anteriores a la destrucción, Ierushalaim está impura y la gloria de Dios no está en ella (1:28-3:15; 24:15-27) y la función del profeta es ser 'centinela' de lo que sucede (3:17-21; 33:1-9). También los actos simbólicos del profeta (principalmente en los capítulos 4-5) refuerzan este mensaje, cuyo clímax está en la descripción de los pecados del pueblo y la corrupción de la ciudad (principalmente en los capítulos 8-11, 16, 23).

La destrucción del Gran Templo y el exilio del pueblo de su tierra plantean al pueblo dificultades adicionales a las que se refiere el profeta en sus profecías:

¿Cuál es la concepción del castigo para el individuo? (capítulos 14, 18 y 33),

¿Cuál es la actitud deseada hacia Bavel? (capítulo 17),

¿Cuál es el estatus del pacto entre el pueblo de Israel y Dios, ahora después de que fue violado por el pueblo y el Beit HaMikdash fue destruido? (principalmente en los capítulos 20 y 36).

La respuesta profética a estas preguntas también establece la base para entender el carácter de la redención de Israel en el futuro (en los capítulos 34-48), así como sus profecías a las naciones (en los capítulos 25-32) – los capítulos en los que está contenido el propósito de los mensajes proféticos del libro.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

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