Y Moshé apacentaba el ganado de su suegro Itró, sacerdote de Midián, guiándolos por el desierto, cuando llegó a Jorev, el monte de Dios.
Y se le apareció el ángel del Eterno en una llama de fuego entre la zarza, y vio que a pesar del fuego, la zarza no se consumía. Entonces dijo Moshé: -Me apartaré para ver mejor esa gran visión: ¿Por qué no se quema la zarza? Y vio Dios que se apartó (Moshé) para mirar y lo llamó: Moshé, Moshé. Y le contestó: -Heme aquí. Y le dijo: -No te acerques, quítate el calzado pues el lugar en donde estás parado, tierra santa es.
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