Shemot capítulo 12

La orden de pintar los dinteles de las casas con sangre es como una solicitud para decidir el lugar de pertenencia de la persona. No se puede redimir a una persona contra su voluntad. La decisión de salir a la libertad debe tomarla por sí misma.

La estructura de relaciones entre Israel y los pueblos, se basa, por un lado, en la creencia de que todos los seres humanos fueron creados a imagen de Dios, y por el otro lado, en la singularidad del pueblo de Israel.

 “Esta es la ley del sacrificio de Pesaj; ningún extraño  habrá de comer de él” (Versículo 43)

Los versículos que cierran el capítulo 12 del libro Shemot están bien pintados con los colores de la particularidad judía:

1   "Y Pasaré por la tierra de Egipto en esta noche y daré muerte a todo primogénito...    Y habrá de ser la sangre para ustedes como signo en las casas en donde ustedes estén, y miraré la sangre y Pasaré sobre ustedes y no habrá muerte... "

(Éxodo 12, 12-13)

Pregunta:   ¿Acaso D-s Todopoderoso necesita una señal para acordarse de salvar a los primogénitos judíos? ¿Necesitaba el pueblo de Israel un distintivo para que D-s los reconozca? ¿No fueron salvos en las plagas previas también, sin tener que poner algún signo? 

Después de la plaga de la oscuridad Paró le advirtió a Moshé que no verá su rostro y Moshé se comprometió a ello. A la luz de la orden de Dios, ellos volvieron a encontrarse. ¿Cómo se entiende? ¿Cuál es el mensaje que podemos asimilar de ello en relación al proceso de la redención?

Nuestro capítulo está íntegramente dedicado a la plaga más poderosa de todas, la plaga de los primogénitos:

A Moshé se le ordena pedir prestados los utensilios: “Habla ahora a oídos del pueblo y que pidan cada hombre de su prójimo y cada mujer de su compañera objetos de plata y objetos de oro” (Versículo 2) a fin de que se cumpla la promesa transmitida a Abraham “Después de lo cual saldrán con grandes pertenencias” (Bereshit, capítulo 15, versículo 14).

 

Según el comentarista Rashi y el Midrash, Moshé fue preciso en su lenguaje al definir que los hijos de Israel saldrán “como a la medianoche” y no “en la mitad de la noche”. Debemos reconocer que no tenemos la capacidad de poder comprender e internalizar todo. Pero no podemos permitirnos que dicho reconocimiento nos conduzca al desaliento de  intentar entender lo máximo posible.

Moshé le exige a Paró la liberación de todos. Incluso se lleva con él al vulgo. Moshé no puede abandonar en Egipto a ninguna familia mixta, en la que había algún miembro de Israel, porque la salida de Egipto, como la concentración de las diásporas de nuestros tiempos, debe incluir a T-O-D-O-S.

Encontramos en esta parashá un elemento común entre varias plagas que asolaron a Mitzraim, algunas de ellas a los hijos de Israel y todas a los súbditos de Faraón. Aprendemos ello de la plaga de los tábanos, ante la cual la Torá nos enseña que “haré distinta en aquel día la tierra de Goshén sobre la cual está situado mi pueblo, para que no exista allí tábano alguno; a fin de que sepas que yo soy .A. en medio de la tierra.  Y   fijaré una demarcación entre mi pueblo y tu pueblo” y es la oscuridad.

En la plaga de la langosta:

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"Ve a Paroh", es el mandato divino, "porque yo he agravado su corazón y el corazón de sus   siervos" (X,1). Moshé y Aarón son los enviados divinos, cuya misión es sacar a los judíos de   Egipto. Paroh sin embargo no dejará salir a los judíos de Egipto, y aquí vemos nuevamente a la   Hashgajá, la Providencia. La salida de Egipto se convertiría en la unión de Israel con el Señor,   el pacto divino entre Ds' y su pueblo, y por lo tanto debía ser un magno acontecimiento, donde   hasta los elementos naturales fuesen trastornados.

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