La disposición a reconocer la propia interioridad con todas sus faltas y virtudes, admitir los errores, decirlo en voz alta, decírselo a los demás, tiene mucho de valentía y de liderazgo.
En el perdón hay una expresión de modestia y humildad que provienen de un lugar de profunda conciencia de uno mismo. Una persona que reconoce que se equivocó, y más aún, que hirió a otros, es una persona humilde, capaz de reconocer sus propias carencias.