En el Mishkán (Tabernáculo) y en el primer Beit Hamikdash (Gran Templo) la Menorá no tenía un significado saliente. Tan sólo, tiempo después, en el período de los Hasmoneos, la Menorá empezó a tener un estatus especial hasta convertirse en un destacado símbolo judío. Desde que el pueblo de Israel salió al exilio, la Menorá fue sustituida por el símbolo del Maguen David (Estrella de David), y desde que retornamos a nuestra tierra, ambos símbolos se han combinado. 

¿Cómo lidiamos con los reclamos y las quejas? El encendido de la llama interior de cada uno de nosotros, de modo que “surja de ella”, representa una solución para ello. Cuanto más intenso sea nuestro interior, la queja no habrá de aflorar.

Apertura para la inauguración del Mishkán (Tabernáculo) (Versículos 1-11)

El libro Bamidbar hace hincapié en el hecho de que todo el pueblo es partícipe del Mishkán: los dignatarios de cada tribu traen ofrendas para la inauguración del altar; la Menorá (Candelabro) es encendida por medio del aceite traído por el pueblo; y los Leviim prestan servicio en el Santuario como representantes del pueblo.

Los dignatarios traen presentes para la inauguración del Mishkán (Tabernáculo) por propia voluntad, sin la orden de Dios. ¿Acaso es esto legítimo? ¿Acaso hay lugar para este tipo de voluntariado, o es que todo debe ser acorde al mandamiento Divino? Dios le enseña a Moshé que la generosidad del pueblo de Israel es apropiada, aceptada y significativa.

La Torá se extiende mucho en la descripción de las ofrendas de los dignatarios a fin de manifestar los deseos personales de cada dignatario. No obstante, en el final de la lista resume todas las ofrendas a fin de enfatizar la actividad pública compartida.

La Torá se extiende en la descripción de las ofrendas de los dignatarios, y reitera en doce ocasiones el detalle de todos los sacrificios. Este detalle repetido y recurrente está hecho con simpleza, y como lo explicó el Rambán, a fin de no ofender a ninguno de los dignatarios ni de las tribus en su dignidad.

Estos versículos son conocidos no sólo por los estudiosos, sino también, por todos aquellos que concurren a las Sinagogas, ya que se ven agraciados por estas bendiciones, de boca de los ko­hanim, hasta el día de hoy. De ahí, que debido al gran conoci­miento de estos versículos, lleguemos a olvidar su verdadero con­tenido, o a obviar sus dificultades. La senda por la cual la per­sona transita, hollada por sus pies día tras día, aún cuando estu­viese empedrada con mármol y piedras preciosas, dejará de despertar en él admiración.

Los dos fragmentos del capítulo comienzan con el título “Habló el Señor a Moshé diciendo” (Versículos 1,22) y tratan diversos temas.

Nazir (Nazareno)  (Versículos 1-21)

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En la lectura de la semana encontramos la orden dada a los cohanim de bendecir al pueblo de Israel: “Entonces el Eterno habló a Moshé, diciendo: “Habla a Aarón y sus hijos, diciendo: ‘De esta manera deben bendecir a los hijos de Israel, diciéndoles: “El Eterno te bendiga y te guarde. El Eterno haga brillar su rostro hacia ti, y te favorezca. El Eterno alce su rostro hacia ti y te asigne paz”’. Y ellos tienen que colocar mi nombre sobre los hijos de Israel, para que yo mismo los bendiga”.

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