“Y vosotras ovejas mías, las ovejas de mi dehesa, hombres son, y yo soy el Dios vuestro, dice el Señor Dios” (Capítulo 34, versículo 31).
Cuando sean ovejas de mi prado, que apaciento con conocimiento, entendimiento y sabiduría, entonces serán llamados hombre (adam), no oveja ni bestia.
Porque cuando el hombre se deja seducir por los deseos del mundo, he aquí que es bestia, no hombre, pues en lo corporal el hombre es igual a la bestia, él y su asno comen del mismo pesebre.