“Solamente a la tribu de Leví no le otorgó herencia, pues las ofrendas al Eterno, Dios de Israel, son su heredad, tal como Él dijo” (Yehoshua capítulo 13, versículo 14)

“Y a la tribu de Leví no otorgó Moshé heredad, el Eterno, Dios de Israel es su heredad, tal como Él les dijo” (Yehoshua capítulo 13, versículo 33)

Y a la tribu de Leví (Versículo 33)-esto ya fue mencionado (Versículo 14) y allí dijo “pues las ofrendas al Eterno…son su heredad “(Versículo 14) y acá señaló “Dios…es su heredad” (Versículo 33)

El colapso militar de los reyes del sur derivó en el reconocimiento por parte de Yavín rey de Jatzor, de que el ejército de Israel se transformó también para él en una amenaza existencial. Y aquí se esperaba una situación muy peligrosa para el ejército de Israel.  

Yehoshua completa la misión de la conquista, y de todos modos, quedaban más lugares para conquistar, ¿Acaso se trata de una contradicción?

Aquel que lee en forma consecutiva los capítulos 11-13, puede llegar a percibir los testimonios contradictorios de los versículos:

El discurso de Caleb ante Yehoshua oculta en su interior un recordatorio: nuestro éxito en la conquista de la tierra no está supeditado solamente a la ayuda divina, sino también a la predisposición de hacer lo máximo posible en el plano de la acción.

¿Por qué Caleb le solicita tan extensamente a Yehoshua el monte Hebrón, que recuerda su pasado compartido como exploradores de la tierra y destaca el hecho de que su fuerza aún está sobre sus hombros?

Intentaremos explicar esto a la luz de lo que nos fuera relatado en el capítulo anterior.

El texto describe cómo endureció Dios el corazón de los reyes de Kenaan, de modo que no acuerden la paz con Israel a fin de que el pueblo de Israel pueda eliminarlos. Algo parecido tuvo lugar con Egipto. ¿Por qué justamente en estos dos casos Dios les negó a los pueblos la posibilidad de elegir?

 “Como las prácticas de la tierra de Egipto, donde han habitado, no habrán de hacer, y como las prácticas de la tierra de Kenaan, donde yo los voy a traer allí, no habrán de hacer, ni por sus costumbres habrán de encaminarse” (Vaikrá capítulo 18, versículo 3).

 Iehudá y Iosef recibieron sus tierras en herencia aún en el Guilgal, mientras que el resto del pueblo se relajó y las tomaron tras la llegada a Shiló. Parece que estas dos tribus tienen un vínculo singular con su heredad, un vínculo que se pone de manifiesto en el hecho de que lograron sus tierras aún antes del descenso a Egipto.

Nuestro capítulo sintetiza la lista de los reyes de la tierra que fueron vencidos por el pueblo de Israel. En este listado figuran tanto los reyes de la ribera oriental del Iardén como los de la ribera occidental, a fin de indicar que ambas forman parte de la tierra de Israel y conforman una continuidad que fue conquistada por los líderes de Israel.

El cántico de la victoria en nuestro capítulo se centra en la caída del enemigo. Jazal, nuestros Sabios de Bendita Memoria, nos han enseñado que la persona puede alegrarse a raíz de la caída del enemigo debido a que ahora, como consecuencia de dicha caída, el mundo es mejor, pero los ángeles no pueden manifestarse cantando ya que desde una óptica más elevada es mejor que no haya maldad en absoluto.

¿Cómo es posible conciliar la brecha entre la alegría por la victoria en los capítulos anteriores y el panorama sombrío de las conquistas de Yehoshua en el capítulo 13?

El capítulo 13 expresa una transición brusca y una brecha profunda entre la visión y la difícil realidad, entre el cántico de alegría de las grandes victorias sobre los 31 reyes de Kenaan (Capítulo 12), y “aún queda mucha tierra por conquistar” (Capítulo 13, versículo1).

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