En el capítulo 21, Job abre y cierra su intervención con la raíz Nahem (consuelo), reprochando a sus amigos que le ofrezcan "palabras vanas" e insensibles en lugar del único consuelo real que necesita: la escucha empática y el silencio. Job refuta con dureza la tesis previa de Zofar sobre la supuesta ruina efímera del impío, demostrando que en el mundo real los malvados prosperan a largo plazo, envejecen con riquezas y reniegan de Dios de forma utilitaria ("¿Qué es el Todopoderoso para que le sirvamos?").
