El capítulo 28 destaca como un poema impersonal que contrasta el ingenio técnico del hombre —capaz de excavar la tierra y conquistar metales preciosos— con su absoluta incapacidad para hallar la verdadera sabiduría (Jojmá), un misterio oculto para la creación y solo accesible a Dios. Sin embargo, el versículo final ofrece la máxima respuesta existencial al revelar que el temor reverencial (Irat Hashem) es la sabiduría, y apartarse del mal, el entendimiento.

Ante el silencio de Zofar, el capítulo 27 inicia con la fórmula vayósef ióv se'et meshaló (y volvió Job a elevar su parábola), evocando las profecías de Bilam en Números. Al igual que aquel profeta, Job frustra las expectativas de sus oyentes al negarse a confesar pecados falsos; en su lugar, jura mantener su rectitud y lanza un categórico Jalilá (lejos de mí) —el término con el que Abraham cuestionó el destino de Sodoma—, asegurando que jamás dará la razón a sus amigos a costa de mentir.

En el capítulo 26, Job inicia un largo monólogo burlándose de la inutilidad de los consejos de Bildad y desplegando una imponente alabanza a la grandeza de Dios. Describe maravillas como la tierra suspendida sobre la nada (tole eretz al belimá) y el control divino sobre los monstruos mitológicos del caos (Rahab), concluyendo que todo lo conocido es apenas un leve susurro de la inmensidad del Creador. Sin embargo, este despliegue es puramente irónico: Job demuestra a sus amigos que comprende perfectamente el poder absoluto de Dios, pero deja claro que su verdadera discrepancia es teológica.

Preguntas de comprensión:

Según el midrash, ¿de qué sienten envidia las personas y de qué no hay envidia en absoluto?

 

Preguntas para debate relevante y conexión con la vida (2-3 preguntas):

¿Les resulta fácil entregar un rol o una "corona" que era de ustedes (en un grupo, en la familia, en el salón de clases, en el movimiento juvenil) a otra persona? ¿Qué se siente en un momento así?

El capítulo 25 presenta el breve y último discurso de Bildad, famoso por originar la frase litúrgica Ose Shalom Bim Bromav ("El que establece la paz en sus alturas"). Tras ensalzar el infinito poder de Dios, Bildad argumenta que el ser humano, frágil como un gusano, jamás podrá ser justo ante el Creador. Sin embargo, existe un sutil matiz frente a la postura de Job: mientras Bildad sostiene que Dios siempre tiene la razón legal, Job afirma que el abrumador poder divino simplemente silencia los argumentos del hombre, haciéndolo titubear aunque sea inocente.

Aún conmocionado por las falsas acusaciones de Elifaz, Job rompe su silencio en el capítulo 23 para refutar la idea de que los justos pueden "decretar" y ser recompensados por Dios. Desesperado por un juicio transparente, anhela hallar al Creador para exponer su causa, utilizando el verbo laaroj (presentar un caso, raíz del término moderno en hebreo para abogado: orejdín). Pese a ratificar la absoluta rectitud de su vida, Job rebate con angustia la teología de sus amigos y afirma que Dios actúa con un deseo arbitrario (taavá) que nadie puede cuestionar.

Aún conmocionado y mudo ante las crueles calumnias de Elifaz, Job rompe su silencio en el capítulo 23 para responder únicamente a la idea de que los justos pueden "decretar" y ser escuchados por Dios. Desesperado por un juicio transparente, Job anhela hallar la morada del Creador para exponer su causa, utilizando el verbo laaroj (presentar un caso, raíz de la palabra moderna en hebreo para abogado: orejdín).

Al inaugurar la tercera ronda de discursos en el capítulo 22, Elifaz radicaliza su postura y tilda a Job de completo malvado, imputándole iniquidades infinitas (en ketz). Lo acusa falsamente de oprimir a los más vulnerables: despojar a los pobres de sus ropas en prenda, negar agua al sediento y desamparar a viudas y huérfanos. Paradójicamente, afirma que Job actúa jinam (gratuitamente), la misma palabra que Dios usó al inicio del libro para reprocharle al Satán el sufrimiento injusto de Job.

En el capítulo 21, Job abre y cierra su intervención con la raíz Nahem (consuelo), reprochando a sus amigos que le ofrezcan "palabras vanas" e insensibles en lugar del único consuelo real que necesita: la escucha empática y el silencio. Job refuta con dureza la tesis previa de Zofar sobre la supuesta ruina efímera del impío, demostrando que en el mundo real los malvados prosperan a largo plazo, envejecen con riquezas y reniegan de Dios de forma utilitaria ("¿Qué es el Todopoderoso para que le sirvamos?").

En el capítulo 20, Zofar utiliza una notable riqueza poética e imágenes elocuentes —que más tarde inspirarían pasajes sobre la fugacidad humana en el célebre rezo de Rosh Hashaná y Yom Kipur, Unetaneh Tokef— para sostener que la prosperidad del malvado es tan efímera "como un sueño que se esfuma". Zofar introduce la novedosa idea de que el opresor terminará vomitando y devolviendo las riquezas mal habidas sin poder disfrutarlas.

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