La Gran Nínive y el Poder de la Acción: Una Teshuvá que Descoloca al Profeta

El capítulo 3 narra el segundo intento de Jonás, quien finalmente acude a Nínive —confirmada históricamente como la ciudad más grande de su época— para proclamar su destrucción. El texto resalta que, ante su advertencia, la población entera reacciona con un arrepentimiento genuino y colectivo. Tomando como base la Mishná, se enfatiza que la verdadera transformación (teshuvá) no radica en el ayuno o el ritual externo, sino en el cambio radical de las acciones y la corrección de los malos caminos. Sorprendentemente, este éxito pastoral deja a Jonás profundamente frustrado y disgustado.

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La Oración en el Vientre del Pez: Agradecimiento, Terquedad y Resistencia

Analizamos el segundo capítulo de Jonás, donde tras ser arrojado al mar —lo que provoca el temor y la conversión de los marineros—, el profeta es tragado por un gran pez. En lugar de suplicar o pedir perdón por su desobediencia, un Jonás obstinado eleva una oración de agradecimiento orientada hacia Jerusalén. El texto destaca la paradoja de su postura: aunque asume la responsabilidad de rezar y agradece su salvación, se mantiene firme en su postura terca de negarse rotundamente a cumplir la misión divina en Nínive.

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La Huida de Jonás: El Dilema del Profeta ante el Enemigo

Introducción al Libro de Jonás, explicando la misión encomendada al profeta de advertir a la gran ciudad asiria de Nínive sobre su inminente destrucción debido a su extrema corrupción moral. A diferencia de otros profetas, Jonás huye en dirección opuesta hacia Tarsis para evadir su responsabilidad. El texto detalla los motivos de su huida: el temor por su propia vida, el riesgo de quedar como un falso profeta y, fundamentalmente, el dilema patriótico de no querer salvar a un imperio pagano que en el futuro exiliaría a las diez tribus de Israel, dejando además en evidencia la falta de arrepentimiento del propio pueblo judío.

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El Legado de Rut: Redención, Amor y el Origen de una Dinastía

Abordamos el final feliz del Libro de Rut, donde Boaz la desposa públicamente bajo una triple bendición comunitaria que la equipara con Raquel y Leá, madres de Israel. Al ser redimida, Rut deja atrás el estigma de ser "la moabita" para recuperar su verdadera identidad y dignidad. El análisis concluye que este acto de justicia y amor humano trasciende su época, convirtiéndose en el origen del linaje del rey David y abriendo el camino hacia la redención mesiánica.

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La Osadía del Granero: Fe, Libertad y la Búsqueda de la Redención

Analizamos la emblemática escena nocturna entre Rut y Boaz en el granero, destacando el acto de valentía y esperanza de Rut al pedirle protección y redención de forma abierta y digna. El texto resalta que, a diferencia de otras historias bíblicas complejas (como Tamar o las hijas de Lot), el encuentro se define por una delicadeza absoluta, madurez y contención mutua. La redención se presenta no solo como un asunto legal, sino como un acto de libertad, responsabilidad y profundo cuidado por el otro.

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Rut y Boaz: Vulnerabilidad, Protección y Dignidad en la Cosecha

Analizamos el segundo capítulo del Libro de Rut, contrastando la dura y peligrosa realidad de la recolección de espigas con la extraordinaria compasión de Boaz. Destaca la triple vulnerabilidad de Rut —por ser mujer, pobre y extranjera— en un entorno hostil y competitivo. Ante esto, Boaz no solo cumple la ley al permitirle espigar, sino que va más allá: le garantiza protección física, previene su humillación y le devuelve la dignidad a través de palabras y acciones empáticas que la hacen sentir parte de la sociedad.

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El canal de la escucha

La escucha es como un conducto a través del cual recibimos, por un lado, la Torá que está por encima de nosotros y, por otro, a la persona que está por debajo de nosotros y que recurre a nuestra ayuda. Cuando se tapa el conducto no hay flujo, y entonces tampoco nuestras plegarias y peticiones son respondidas.

En Mishlei hay dos versículos que se complementan el uno al otro. El primer versículo: "El que aparta su oído para no escuchar la ley, su plegaria misma es cosa abominable" (Capítulo 28 Versículo 9). Este versículo lo interpretaron los Sabios en el tratado Shabat a propósito de Rabí Irmiá, que se levantó en medio del estudio para elevar su plegaria. Y el segundo versículo: "El que cerrare su oído al clamor del desamparado, clamará también, y no será escuchado" (Capítulo 21 Versículo 13).

"El que aparta su oído para no escuchar la ley" (Capítulo 28 Versículo 9) se refiere a la persona que no escucha aquello que está por encima de ella, la Torá, de la cual se nutren el temor (a Dios), el camino de la vida, la ética, etcétera. La expresión "aparta su oído" es, en realidad, lo opuesto a prestar oído. Y quien aparta su oído, también su palabra es abominable. La boca del ser humano está destinada a hablar con el prójimo, y el oído está destinado a escuchar del prójimo. Aquí surge la pregunta: ¿precede la escucha al habla, o acaso es al revés? Del versículo vemos que primero hay que escuchar; solo entonces el habla tiene valor.

Cuando se escuchan las palabras de la Torá, entonces también la plegaria tiene valor. De manera similar, el Rabino escribe en la introducción a Musar Avija que es necesario esclarecer los valores por los cuales rezamos. Y siendo así, la persona debe esclarecer cuál es el orden de los valores en el mundo, para saber qué pedir y por qué orar. Este esclarecimiento se logra a través de la escucha.

El segundo versículo, "El que cerrare su oído al clamor del desamparado, clamará también, y no será escuchado" (Capítulo 21 Versículo 13), habla de la falta de escucha de la persona hacia quien está por debajo de ella. La persona descrita en el versículo tiene la capacidad de ayudar al prójimo que clama, pero cierra su oído. También aquí falta la escucha. También aquí la persona no comprende la función del oído en la escucha del prójimo. El oído no viene solo en beneficio de la persona misma, para recibir cosas de lo Alto para sí, sino también para escuchar al prójimo. La escucha del desamparado es la que da sentido a las cosas que hacemos y creamos.

Hay otro versículo en Mishlei: "Si hay congoja en el corazón del hombre, se la debe combatir" (Capítulo 12 Versículo 25). Pero no solo las preocupaciones, sino también las vivencias y las ideas que la persona desea que sean escuchadas: también respecto de ellas hay que desarrollar la cualidad de la escucha. A veces, cuando la persona cuenta sus cosas, ese mismo hecho la alivia y le quita un peso de encima. El solo hecho de ver cómo el otro recibe sus palabras alivia mucho.

Con el oído se puede hacer mucha bondad, incluso solo mediante la escucha. La escucha, en estos versículos, se representa como un conducto a través del cual recibimos, por un lado, la Torá que viene de lo Alto y, por otro, a la persona que está por debajo de nosotros y recurre a nuestra ayuda. Si este conducto está abierto, entonces nuestras plegarias y peticiones tienen sentido y somos respondidos. Cuando se tapa el conducto, no existe ese flujo, y entonces "también su plegaria es cosa abominable" (Capítulo 28 Versículo 9), "también él clamará, y no será escuchado" (Capítulo 21 Versículo 13).

Redactado por el Equipo del sitio del Tanaj

Gentileza Yeshivá Maalot Iaacov

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¿Cuándo no hay libre albedrío?

El libre albedrío existe en el plano individual, pero la vida del pueblo la conduce el Santo Bendito Sea; y para ello Él puede inclinar las decisiones del rey y actuar en contra de los planes humanos.

En tres versículos del capítulo 21 se habla de la medida de la capacidad del ser humano para gobernar su destino:

"(Como) las regueras de las aguas es el corazón del rey en la mano de Hashem; adondequiera que a Él Le plazca, lo inclina" (Capítulo 21 Versículo 1).

"No hay sabiduría, ni hay prudencia, ni hay consejo (que valgan) frente a Hashem" (Capítulo 21 Versículo 30).

"El caballo está listo para el día de la batalla, pero de Hashem es la victoria" (Capítulo 21 Versículo 31).

El versículo 1 habla del rey. El corazón del rey es comparado con una reguera de agua, con la corriente de un pequeño manantial. Así como se puede desviar con facilidad una reguera de agua de su cauce, así también Dios puede desviar con facilidad el corazón del rey hacia una decisión u otra.

El versículo 30 habla de una persona común, que decidió hacer algo en contra de la voluntad de Dios. El versículo sostiene que no hay posibilidad de cambiar lo que Dios ha determinado.

El versículo 31 ilustra lo determinado en el versículo 30: todo estaba listo —los planes, el equipamiento, la orden de combate, la hora cero fijada según evaluaciones de inteligencia fiables. Y he aquí que los planes no funcionaron; el equipamiento se averió, la orden de combate resultó ser palabrería vacía, las evaluaciones de inteligencia eran erróneas. Solo el plan de Dios se concretó y trajo la salvación (o la derrota).

Pareciera que los versículos que leímos socavan el principio del libre albedrío. Según ellos, ¡el corazón del rey no está en su propia mano, y el destino de la guerra no está en manos de los combatientes!

Sin embargo, notemos que estos tres versículos tratan de situaciones nacionales (decisiones de Estado; guerra), y no de situaciones individuales.

Y así escribe Ralbag (Rabí Leví Ben Guershon, Rabino y filósofo francés, 1288-1344) —que escribió un libro de filosofía en el que el tema del libre albedrío se trata extensamente— en su comentario al versículo 1:

"Señaló con esto que las acciones del rey y sus pensamientos están limitados por Dios, bendito sea, y él es como un enviado de Dios, bendito sea, en lo que hace... Y todo esto es la rectitud de la sabiduría divina, pues si la acción del rey en estos asuntos estuviera entregada por completo a su elección... ese asunto sería un peligro para el pueblo que está bajo aquel rey. Por eso Dios no dejó toda esta conducción en manos del rey, ya que por sobre todos se halla Dios que vela por todos".

Así pues, el libre albedrío está en el ámbito individual de la persona. La vida del pueblo la conduce Dios.

Redactado por el Equipo del sitio del Tanaj

Gentileza sitio Daat

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¿Cuál es el camino correcto?

Se requiere muchísima humildad, introspección y trabajo interior para alcanzar un camino recto que esté verdaderamente orientado a la voluntad de Dios.

"Todo camino del hombre es recto en su propio concepto, pero Hashem pesa los corazones" (Capítulo 21 Versículo 2).

Explicación del versículo: todo camino (hábito y costumbre) de cada persona le parece, a una mirada superficial, recto y bueno; sin embargo, Dios pondera (sopesa y mide con minuciosidad) también los corazones, los pensamientos y las intenciones que están detrás de los actos.

En Mishlei Capítulo 16 aparece un versículo de significado muy similar: "Todos los caminos del hombre son puros en sus mismos ojos; mas Hashem pesa los espíritus" (Capítulo 16 Versículo 2).

¿Cuál es el significado práctico del versículo? ¿Qué debe hacer una persona que quiere ser pura y recta a los ojos de Dios, si todo camino que recorra le parecerá a sus ojos puro y recto, aun cuando a los ojos de Dios sea malo?

En primer lugar, debe haber humildad respecto a la comprensión de la voluntad de Dios. Nuestros versículos enseñan que, a veces, el camino de la persona le parece recto, y está segura de que es la voluntad de Dios, pero se equivoca: su camino no está orientado a la voluntad de Dios.

Por eso, una persona que quiere ser pura y recta a los ojos de Dios debe profundizar y examinar las intenciones que están detrás de cada uno de sus actos, y no conformarse con que sus actos parezcan buenos de cara al exterior.

Además, la persona debe ser consciente de la providencia de Dios y adoptar el "punto de vista" de Dios, de modo que sus actos estén orientados a la voluntad de Dios. En efecto, la visión subjetiva de la persona puede ser errónea, y por eso el libro de Mishlei aconseja que intente adoptar otro punto de vista: el punto de vista de Dios. Dios sopesa y examina bien incluso los pensamientos del corazón de la persona, y con mayor razón también sus actos. La persona que es consciente de la providencia constante de Dios se acostumbrará también ella a sopesar bien sus actos, y a no hacer lo que a primera vista le parece bueno.

Redactado por el Equipo del sitio del Tanaj

Extraído del sitio de Navegación en el Tanaj

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Un momento antes de los sacrificios

¿El servicio de los sacrificios y la pureza, o la justicia y la ética? ¿Cuál es el centro del mundo de la Torá? ¿Y qué piensa al respecto el libro de Mishlei?

Las secciones del Mishkán (el Tabernáculo), los sacrificios y la pureza ocupan un lugar central en la Torá: en la segunda mitad del libro de Shemot, en la primera mitad del libro de Vaikrá, y al comienzo del libro de Bamidbar. La impresión es que el servicio de los sacrificios y la pureza es el centro del mundo de la Torá, y que sin él no tenemos en absoluto una Torá completa.

Sin embargo, en las palabras de los profetas —desde Shmuel (Shmuel I Capítulo 15 Versículo 22), pasando por Yeshaiahu (Capítulo 1 Versículos 11-17; 21-27), Hoshea (Capítulo 6 Versículos 6-9), Amós (Capítulo 5 Versículos 21-22), Mijá (Capítulo 3 Versículos 9-12; Capítulo 6 Versículos 6-8), hasta Irmiahu (Capítulo 7 Versículos 9-11, 21-23), y en los salmos de Tehilim (Capítulos 15; 24; 50)— se obtiene una impresión completamente distinta. Según ella, Dios solo desea a aquel que es digno desde el punto de vista moral de subir al monte de Dios y morar en Su monte santo.

Dios no desea holocaustos ni sacrificios, y no tiene necesidad de ofrendas; más grave aún, las ofrendas de personas que no son dignas desde el punto de vista moral son una profanación de lo sagrado, y provocan el alejamiento de la Presencia Divina (Shejiná) y la destrucción.

A primera vista, hay un abismo en la relación con lo sagrado y el Templo entre los mandamientos de la Torá y la ética de los profetas y los salmos. A partir de esta brecha, parece como si la Torá se vistiera de cilicio por el terrible vacío de la ausencia del Templo desde la destrucción, mientras que la ética de los profetas y los salmos determina que es preferible un Templo destruido a un Templo profanado por la corrupción moral.

Pero un estudio profundo de la Parashat (sección) Mishpatim revela un significado distinto. Las prohibiciones de oprimir al extranjero (guer), al huérfano y a la viuda (Shemot Capítulo 22 Versículos 20-23), las prohibiciones del juramento en falso en el juicio y de prestar la mano al malvado, las prohibiciones del soborno y de torcer el juicio (Shemot Capítulo 23 Versículos 1-8), son condiciones previas: solo una comunidad que supera las pruebas morales de la Parashat Mishpatim es digna de subir a lo sagrado, y se cumplirá en ella: "Harán en Mi Nombre un santuario y Yo residiré entre ellos" (Shemot Capítulo 25 Versículo 8).

El pacto de la salida de Egipto y la revelación en el monte Sinai son la condición previa para la entrada a la tierra, pero los mandamientos de la justicia y el derecho son la condición previa para el ascenso a lo sagrado y al Templo.

En esta lectura, no hay ninguna brecha entre la Torá y la ética de los profetas y los salmos. Por lo tanto, debe quedar claro para todo creyente que así leyeron los profetas la Torá, y así interpretaron la ética de la Torá y sus principios. El estar de pie ante Dios en el santuario sagrado (heijal) es un privilegio maravilloso para quien es digno de él, mientras que la justicia, el derecho y la ética son las columnas sobre las que el santuario se sostiene, y sin ellas no tiene existencia.

Y he aquí ante nosotros también la palabra de la sabiduría junto con el temor de Dios, que en Mishlei (está) exactamente en la misma posición:

"Hacer justicia y derecho es más acepto (=mejor) para Hashem que el sacrificio" (Capítulo 21 Versículo 3);

"El sacrificio de los inicuos es una abominación; ¡cuánto más si lo presentan con perversidad (=con maldad)!" (Capítulo 21 Versículo 27);

"El sacrificio de los inicuos es abominación para Hashem; mas la plegaria de los rectos es Su deleite" (Capítulo 15 Versículo 8).

Gentileza sitio 929

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