Cronología versus importancia

¿Qué hizo Yoshiahu primero, erradicó la idolatría de la Tierra de Israel o realizó el mantenimiento y las reparaciones en el Templo?¿Por qué el libro Melajim, en su descripción, antepone el mantenimiento y la profecía de Juldá, mientras que el libro Divrei Haiamim, Crónicas, prioriza la eliminación de la idolatría?

Del libro Melajim (II, 22-23) se infiere que Yoshiahu trabajó en pos de la erradicación de la idolatría sólo después de realizar el mantenimiento del Templo, encontró el Sefer Torá, el Rollo de la Torá y formalizó un pacto con el pueblo, mientras que según el libro Divrei Haiamim (II, 34), la eliminación de la idolatría precedió al mantenimiento del Templo y a los desarrollos posteriores.

Parece que la descripción de Divrei Haiamim es más lógica desde el aspecto cronológico. Es de suponer que el proceso de eliminación de la idolatría precedió al mantenimiento del Templo y al establecimiento del pacto, como es relatado en Divrei Haiamim, y no al contrario. He aquí que resulta difícil pensar que Yoshiahu habrá de refaccionar el Beit Hamikdash, el Gran Templo, e incluso acordará un pacto entre el pueblo y Dios, mientras en el Beit Hamikdash hay aún estatuas y altares relacionados con el paganismo.

Pero, si en efecto, este es el orden de la sucesión de hechos, ¿por qué el mismo figura solamente en Divrei Haiamim, mientras que en el libro Melajim, el orden es diferente?

El libro Melajim y el libro Divrei Haiamim difieren en sus tendencias. Mientras que el libro Divrei Haiamim relata acerca de la vida de los reyes de la Casa de David desde su aspecto personal, el libro Melajim se interesa en enfatizar el significado histórico y nacional de sus actos. Como consecuencia de ello, el libro Divrei Haiamim, es preciso al describir la vida de Yoshiahu según su orden, mientras que el libro Melajim aborda el accionar de los reyes, no en su orden cronológico, sino en función de su importancia histórica. Desde el aspecto histórico, el mensaje importante del período de Yoshiahu es que a pesar de sus esfuerzos y emprendimientos, el decreto de destrucción del reino de Iehudá no fue eliminado.  A fin de hacer hincapié en este mensaje, el libro Melajim modifica el orden natural de los hechos y nos cuenta con la profecía de Juldá sobre el fracaso del intento de anular el decreto de destrucción, incluso antes de haber escuchado que Yoshiahu haya hecho tal intento.

Sintetizado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído de una clase por gentileza de la Academia Rabínica Bircat Moshé, de Maalé Adumim

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Yoshiahu-la última oportunidad

El reino de Iehudá pasó por muchas turbulencias y he aquí que hacia su final surge un rey en la Casa de Iehudá que restituye la gloria al reino, al igual que una vela cuya llama se Eleva, antes de apagarse.

Menashé y Amón hicieron el mal y provocaron que Israel pecara, y el pueblo quedó sumido en la pendiente hacia el abismo del exilio. Por ellos fue proclamado el decreto de la destrucción de Ierushalaim. Pero así como la llama de la vela arde y se eleva antes de consumirse y apagarse, del mismo modo, asomó a último momento el hijo y el nieto, Yoshiahu, como una figura singular, pura y ejemplar: “E hizo lo recto a los ojos del Señor, y anduvo en todo el camino de David, su antepasado, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda” (Melajim II, capítulo 22, versículo 2, y también en Divrei Haiamim II, capítulo 34, versículo 2).

También desde el punto de vista politico, en la época de Yoshiahu se generó un desarrollo fundamental que abrió nuevos horizontes para Israel. Cuando llegó al poder, Ashur (Asiria) era una potencia fuerte y estaba encabezada por Ashurbanipal. Al inicio de su trayectoria Ashurbanipal fue muy enérgico y un gran conquistador, pero en el final de sus días se revelaron algunas grietas en su reinado, y tras su muerte se desmoronó el reino de sus herederos. Dicha debilidad fue aprovechada por los pueblos de la región, y Yoshiahu tampoco se involucró. Aprovechó la debilidad de Ashur y Egipto para ampliar las fronteras de Iehudá, y logró restituir a Israel las ciudades del reino del norte que se convirtieron en provincias asirias. Por un momento pareció que se generó una oportunidad de restituir la gloria de Israel y volver a los días gloriosos de los reinados de David y Shlomó.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído del libro “Mikdash Melej-Iyunim beSefer Melajim”, de ediciones Midreshet HaGolán.

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Reacción a lo sagrado

El profeta describe la corrupción moral y religiosa que existía en el Templo. Es difícil entender cómo han llegado a esta situación. ¿A dónde desapareció todo el servicio espiritual promovido por el rey Jizkiahu?

Menashé, el hijo de Jizkiahu, y también su nieto Amón, hicieron más mal que todos los que los precedieron. El profeta describe que ya no se conformaban con las “Bamot”, los sitios altos de Shlomó, con los becerros de Yarovam, con el servicio al Baal de Ajav y con pasar a los hijos por el fuego en honor a Molej, como Ajaz, sino que además promovieron el avance de los adivinos, los agoreros y los hechiceros. Y además dieron un paso más y colocaron una estatua de la Asherá en la Casa de Dios. Su particular maldad se reflejó también, entre otras cosas, en sus nombres, que no contenían el nombre de Dios, en contraste con los reyes de Iehudá que los precedieron, a excepción del rey Ajaz, el abuelo de ellos, que hizo el mal tanto como ellos.

Cuando el rey Yoshiahu ordena a los Cohanim, Sacerdotes realizar el mantenimiento y la inspección de la Casa de Dios (22) se revela que no sólo que han practicado todas las clases de la idolatría sino que además erradicaron los libros de la Torá de Israel y se halló un solo Rollo de la Torá que sobrevivió la destrucción (capítulo 22, versículo 8). No solamente compartieron el paganismo con el servicio a Dios sino que además renegaron del libro del cual surge la enseñanza para Israel. Por ello, era importante para Yoshiahu acordar un pacto del pueblo con Dios, a fin de implementar todo lo escrito en el Sefer Torá (capítulo 23, versículo 3).

Quien contempla el proceso de purificación del Templo llevado a cabo por Yoshiahu (capítulo 23, versículos 4-20) se ve completamente asombrado. La situación era terrible y trágica. Yoshiahu saca del interior del Beit Hamikdash, el Gran Templo, los utensilios para el Baal y la Asherá y todo el ejército celestial. Destruye prostíbulos que también fueron hallados dentro del Beit Hamikdash. Impurifica el servicio al Molej que estaba activo al pie del Monte del Templo, elimina a todos los Cohanim, Sacerdotes de las “Bamot”, de los sitios altos con sus altares que eran utilizados para todos los tipos de idolatría y se encontraron en los alrededores de Ierushalaim. ¿Cómo llegaron a esta situación tras el período de Jizkiahu, sobre el que se dice que hizo todo lo escrito en la Torá?

Parece ser que hay aquí una expresión referida a la naturaleza de la realidad, que en cada ocasión que se aviva un estado de pureza y santidad, de inmediato asoman detractores que desean exterminarlo. El rey Jizkiau hizo una revolución que no tenía antecedentes desde el aspecto del nivel de su apego al mandato Divino (Divrei Haiamim II 29-31). Una revolución de ese tipo, arrastra indefectiblemente a una resistencia a lo sagrado que a veces puede aparecer, en poco tiempo, en el punto culminante de una impureza que no tenía precedentes. Es posible que se deba evaluar el costo que puede llegar a cobrar una revolución religiosa que tiene lugar en un breve lapso de tiempo.

 

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El partido de la rendición

Cincuenta y siete años de calma y estabilidad brindaron un amplio apoyo a la política de rendición y a la apertura hacia la cultura pagana dominante. Los opositores a la rendición, y entre ellos, el profeta Yeshaiahu se convirtieron en perseguidos y torturados.

El partido de la rendición (del período de Ajaz) se fortaleció en Ierushalaim tras la campaña de Sanjerib por la conmoción como consecuencia de la pérdida de Lajish y las ciudades de la Shfelá. Después de la muerte de Jizkiahu, sus hombres tomaron el control y llevaron a la aceptación de Ashur como superpotencia líder, lo que derivó en la apertura de los portones de Ierushalaim a los ídolos de Ashur y Bavel. Como una evidencia de la lealtad, los temerosos de Dios fueron perseguidos como “partidarios de Jizkiahu y las revueltas”, y como factores de peligro para la propia existencia de Iehudá.

A pesar de la oposición del profeta Yeshaiahu a las revueltas, también sus discípulos fueron sospechados de ser “opositores a la rendición”, y muchos de ellos fueron ejecutados con duras torturas. “Además de esto, Menashé derramó la sangre inocente en grande abundancia, hasta llenar a Ierushalaim de cabo a cabo; fuera de su pecado con que hizo pecar a Iehudá, haciendo lo malo (idolatría) a los ojos del Señor” (versículo 16).

Mi única defensa de Menashé, es que no es él el que promueve todo esto, ya que al reinar, era un niño de 12 años (versículo 1). Según la descripción en Divrei Haiamim II, capítulo 33, versículos 10-13, el mismo Menashé se liberó de sus líderes precisamente cuando tomado prisionero, y retornó a Dios. Pero tampoco esto cambió el dominio “del Partido” de la rendición en Ierushalaim, 55+2 años de calma y estabilidad brindaron un amplio apoyo a la política de rendición y a la apertura hacia la cultura pagana dominante.  

La resistencia de profetas anónimos y de los discípulos de Yeshaiahu, los convirtió en perseguidos y torturados-“ como cordero era conducido al matadero... así él no abría su boca fue apartado del poder y del derecho ... ¿quién pensaba que fue cortado de la tierra de los vivientes, y que la desgracia lo alcanzó por la transgresión de los pueblos?... aunque no hizo violencia, ni hubo engaño en su boca... por cuanto derramó su alma hasta la muerte, y con los transgresores fue contado...” (Yeshaiahu capítulo 53, versículos 7-12)

“El siervo de Dios” perseguido es el profeta Yeshaiahu y sus discípulos en la época de Menashé, y no tiene relación alguna con el episodio del cristiano (ocurrido unos 680 años después).

Jazal, nuestros Sabios de Bendita Memoria, conocían este tema y nos entregaron un “libro genealógico” hallado en Ierushalaim, en el cual figura-“Menashé mató a Yeshaiá” (Yebamot 49b).


Cortesía sitio 929

 

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Influencia externa

Menashé continuó en la senda de su abuelo Ajaz e incluso actuó peor que él. La dependencia política de Ashur por parte de los dos reyes, por accidente o con intención, derivó también en la influencia espiritual y religiosa asiria, y de ese modo, en el comienzo del deterioro hacia la profundidad del pecado.

Menashé hizo lo malo a los ojos de Dios. Menashé no tenía que abrir una nueva página histórica para hacer el mal, sino borrar la época intermedia de Jizkiahu. Con sus pecados impurificó al pueblo y el Beit Hamikdash, el Gran Templo, y retrotrajo la situación a los tiempos de Ajaz. Ahora surgió una dinastía mala, y los pecados de los dos reyes, Ajaz y Menashé, se unieron. Menashé que tanto se dedicó a hacer el mal prolongó su reinado más que cualquier otro rey, y su influencia negativa se extendió durante dos generaciones, y por ende, le ocasionó mucho daño a Israel. La continuidad del pecado derivó en un atrincheramiento en él, en su escalada y profundización. Ajaz sólo cometió pecados “religiosos”, pecados del hombre hacia Dios, mientras que Menashé le agregó al pecado, además, pecados morales y sociales. Irmiahu menciona el asesinato al comienzo de su profecía y aparentemente, en referencia a esta época. Resulta que el terrorismo de Menashé fue principalmente dirigido en contra de los opositores a su comportamiento religioso de entre los profetas y aplastó con mano de hierro a los leales de Jizkiahu, quienes adhirieron a su senda religiosa.

Ambos, Ajaz y Menashé, cometieron el pecado de la idolatría, pero Menashé fue más osado. No se conformó con el cierre de las puertas del Templo y con el permiso para la idolatría en las afueras de Ierushalaim, sino que colocó una estatua en el mismo Templo.

La comparación entre Menashé y Ajaz acerca la versión de que su maldad no fue solo por el hecho de hacer el mal, como fueron acusados por los Sabios, sino que se puede contemplar el pecado como una reacción a las presiones externas. La dependencia política de Ashur, de un modo accidental o intencional, llevó a una influencia espiritual y religiosa de Ashur. En relación a Ajaz, el pecado se vincula a la alianza con Ashur, y tal vez lo mismo sucedió con Menashé. Su padre Jizkiahu se rebeló contra Ashur y rompió su yugo de ella, y la libertad del pueblo también fue una manifestación de independencia espiritual. Pero Menashé no actuó de modo similar al de Jizkiá. El reinado de Ashur se fortaleció y continuó dominando toda la reginó y no osó rebelarse contra ellos, sino que optó por integrarse en sus procesos politicos y pagar por ello también un costo espiritual. Si bien no encontramos coercinó religiosa asiria explícita, pero Ajaz y Menashé hicieron todo lo posible para complacerlos. Las tendencias del retorno a las raíces de la fe de Israel, que fortalecieron la singularidad nacional, el aislacionismo y la alienación de los pueblos, siempre han avivado sospechas de rebelión política, mientras que la aproximación ritual ha sido considerada como garantía de lealtad política.

No obstante, debemos ser cuidadosos de exagerar en el énfasis del punto politico externo,dicha explicación no es exhaustiva y no excusa la gravedad de las acciones de Menashé, sino que suaviza un tanto la intensidad de sus pecados y hay en ella una veta para comprender el proceso, de cómo empezó su deterioro hacia la profundidad del pecado.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído del libro “Mikdash Melej-Iyunim beSefer Melajim”, de ediciones Midreshet HaGolán.

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¿Acaso la maldad de Menashé provocó la destrucción?

¿Acaso Menashé era muy malvado o realizó un proceso de arrepentimiento y retorno? La pregunta que se halla detrás de este interrogante es: ¿Por qué fue decretada la destrucción? ¿Acaso por los pecados acumulados a lo largo de las generaciones como los pecados de Menashé   transmitidos a sus hijos o por los pecados de la generación de la destrucción, la generación de Tzidkiahu, responsable de su destino?

En el libro Melajim, Menashé es presentado como el más malvado de los reyes de la Casa de David, por su paganismo y también por el hecho de que “Menashé derramó la sangre inocente en grande abundancia, hasta llenar a Ierushalaim de cabo a cabo” (Melajim II, capítulo 21, versículo 16). A partir de los pecados de Menashé fue definida la sentencia de la destrucción para Ierushalaim. Esto figura tres veces en el libro Melajim e incluso el gran proceso de arrepentimiento y retorno realizado por el rey Yoshiahu de Iehudá, no ayudó a anular el decreto de la destrucción.

No obstante, no es esta la imagen de Menashé reflejada en el libro Divrei Haiamim. La principal innovación es que en Divrei Haiamim se relata que los jefes del ejército del rey de Ashur (Asiria) detuvieron a Menashé y lo arrestaron con cadenas y lo trasladaron a Bavel, y allí, en su dolor y pesar, se arrepintió y le elevó una plegaria a Dios, la cual fue escuchada y él retornó a Ierushalaim a su reinado “Entonces conoció Menashé que el Señor solo era Dios” (Divrei Haiamim II, capítulo 33, versículo 13). Después de ello, fortificó la ciudad de David y quitó a los ídolos de la Casa de Dios.

El hecho que el autor del libro Melajim omitió los hechos, da cuenta de un cambio de actitud hacia la evaluación de esas acciones de Menashé. Según el enfoque del libro Melajim, el proceso de Teshuvá (arrepentimiento y retorno) de Menashé no era concreto, por lo cual no merece ser recordado. Mientras que según el libro Divrei Haiamim, su proceso de Teshuvá fue decente y auténtico.

Parece que el principal problema aquí no es la personalidad de Menashé per se, sino la búsqueda de una razón suficiente a fin de justificar la destrucción del primer Beit Hamikdash, el Gran Templo y el exilio a Bavel.

El libro Melajim supedita la destrucción a los pecados de Menashé, mientras que el libro Divrei Haiamim supedita la destrucción a los pecados de la generación de Tzidkiahu, la generación de la destrucción, no obstante, tampoco aquí esta divergencia no manifiesta posturas contradictorias y opuestas, sino dos puntos de vista desde dos perspectivas diferentes, cada una de las cuales refleja la auténtica realidad.Una gran regla es que si el texto da cuenta de una tragedia determinada que viene como un pago por un pecado determinado, no tiene la intención de descartar otras posiblidades para la explicación de esta tragedia.

El libro Melajim enfatiza la continuidad de las generaciones que provoca que el pecado de los padres sea considerado en la generación de los hijos, y el libro Divrei Haiamim, hace hincapié en la responsabilidad de cada generación por su destino.

Y los dos hechos son ciertos, y de ambos se extraen importantes lecciones morales.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Extraído de las clases de Amós Jajam emitidas por la radio

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Revolución incruenta

Yehoiadá y Yehosheva lograron salvar a Yoash y a la fe judía en una rebellion muy bien planificada, sin derramamiento de sangre.

El paganismo cruel y la maldad del regimen de Izével en Shomrón, llegaron a Ierushalaim con Ataliá, la hija e Ajav, esposa de Yehoram, hijo de Yehoshafat. El rey Yehoshafat es temeroso de Dios, que acordó una alianza military con Ajav, y la misma incluía una boda política (capítulo 8, versículos 18, 26-27, como era la costumbre de la época), no pensó en absolute en el elevado costo.

En reacción a la revuelta de Yehú, que eliminó a Izével y a la Casa de Ajav (9-10), junto con la muerte de Ajaziahu, rey de Iehudá y sus Hermanos (capítulo 9, versículo 27; capítulo 10, versículos 13-14), surgió Ataliá, y asesinó “a toda la estirpe real” (versículo1), y tomó el control de Ierushalaim y de Iehudá durante 6 años con “la casa de Baal” celebrando en Ierushalaim” (versículo 18).

El sueño de David y su senda e ahogaron en sangre*. Las relaciones con Tzor (Tiro) y Tzidón (Sidón), los factores de la abundancia y el crecimiento tanto en el período como en el de Ajav, cobraron su precio complete y convirtieron a Ierushalaim en un reino pagano, cientos de años antes de los griegos en la época del Segundo Gran Templo. Yehoiadá, el Cohen, precedió a Matitiahu el Jashmonaí en la salvación de la fe judía en Ierushalaim por la fuerza de la Casa de Dios, que Ataliá no alcanzó, o tal vez, no se atrevió a profanar. Pero la verdadera protagonista fue su esposa (Divrei Haiamim II, capítulo 22, versículo 11) “Yehosheva, hija del rey Yoram** y hermana de Ajaziahu” , que salvo al bebé con la nodriza, y los escondió en la Casa de Dios.

Yehoiadá y Yehosheva lograron salvar (más que Eliahu y Elishá), con una revuelta precisa, en la cual fueron abatidos por una sorpresa bien planificada, Ataliá y el Sacerdote del Baal solamente, sin una revolución sangrienta (como la revolución de Yehú). Todo se desarrolló en el día Shabat, jornada en la cual se cambiaban las guardias en el Templo “los que entraban de guardia el sábado, como los que salían el sábado” (versículo 9) y todos se convirtieron en combatientes (¡en Shabat!) para salvar la Casa de David y el servicio a Dios.

* Según Divrei Haiamim (II, capítulo 21, versículos 4-7), Yehoram, el hijo de Yehoshafat comenzó con el asesinato de sus hermanos, al mismo estilo de Izével y Ataliá

**Aparentemente, la hija de otra mujer, no de Ataliá, como lo escribiera Iosef Ben Matitiahu, en el libro Kadmoniot 9, 141

Cortesía sitio 929.

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La renovación de la alianza con Dios

 

A lo largo de las generaciones, fue violada la alianza entre Dios e Israel en numerosas oportunidades. A partir de ello, algunos de los dirigentes del pueblo, percibieron la necesidad de una renovación del pacto entre el pueblo y su Dios.

Dios acordó con el pueblo de Israel un pacto, según el cual el pueblo de Israel se compromete a servir a Dios y observar sus preceptos.

A lo largo de las generaciones, fue violada la alianza en numerosas ocasiones por el pueblo de Israel, que pecó y abandonó a Dios. La primera vez en la que fue violado el pacto y se volvió a formalizar, fue inmediatamente después del pacto acordado en el evento del Monte Sinai, con el becerro de oro. Como consecuencia de la violación del pacto, Dios señala explícitamente que está a punto de exterminar al pueblo de Israel, o sea-violar el pacto, también de su parte:” Dijo Dios a Moshé: Veo Yo a este pueblo y he aquí que pueblo duro de cerviz es. Y ahora. déjame, y que se encienda Mi furor contra ellos y los exterminaré. Mas haré de ti un pueblo grande” (Shemot, capítulo 32, versículos 9-10).

No obstante, Moshé no acepta la malicia del decreto. A fin de renovar la alianza entre Dios e Israel eleva una plegaria y ruega muchas veces, y además realiza una depuración del pueblo, en el marco de la cual resultaron muertas 3.000 personas. Finalmente, Dios accede y el pacto es renovado, y el pueblo de Israel recibe las segundas Tablas de la Ley (Shemot, capítulo 34, versículo 27-28). Tras este episodio, no hay otros casos en los cuales Dios desea violar completamente el pacto con Israel y destruir a todo el pueblo. Incluso cuando el pueblo de Israel comete muchos pecados, e inclusive es castigado duramente, aún permanece junto a Dios. A pesar de ello, algunos de los dirigentes de Israel, perciben la necesidad de realizar un evento de renovación del pacto entre Dios e Israel, a fin de fortalecer al pueblo en su servicio a Dios. El primero que formalizó un pacto de este tipo fue Asa, el rey de Iehudá:

“Se juntaron, pues, en Ierushalaim en el mes tercero del año décimoquinto del reinado de Asá... De este juramento todos los de Yehudá se alegraron, porque de todo su corazón lo juraron, y con toda su voluntad Le buscaban” (Divrei Haiamim II, capítulo 15, versículos 10-15).

También Yehoiadá  el Cohen, acuerda un pacto como éste, tras los años del reinado de Yehoram y Ajaziá, quienes llevaron a Iehudá al camino del paganismo por influencia de la Casa de Ajav:

“Entonces Yehoiadá hizo un pacto entre él y el pueblo entero, y el rey, de que ellos serían el pueblo de Dios” (Divrei Haiamim II, capítulo 23, versículo 16 y también Melajim II, capítulo 11, versículo 17).

También el rey Yoshiahu, que asumió el poder tras muchos años en los cuales el pueblo de Israel practicó el paganismo bajo el liderazgo de Menashé y Amón, renovó el pacto entre Dios e Israel:

“y él leyó a oídos de ellos todas las palabras del Libro del pacto, que fue hallado en la casa del Señor. Y puesto en pie en su lugar, el rey hizo pacto delante del Señor, de que andarían en pos del Señor, y que guardarían Sus mandamientos y Sus testimonios y Sus estatutos con todo su corazón y con toda su alma, cumpliendo las palabras del pacto escritas en aquel libro” (Divrei Haiamim II, capítulo 34, versículos 29-30).

En todos esos casos, la renovación de la alianza implicó una auténtica revolución, en cuyo transcurso eliminaron la idolatría de la Tierra de Israel. Ezrá y Nejemiá también sienten la necesidad de renovar el pacto entre el pueblo y Dios, pero en su época, el problema no era el paganismo sino los casamientos mixtos (Ezrá capítulo 10, Nejemiá capítulo 10).

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Renueva nuestros días como en los tiempos antiguos

A través de la utilización de los recursos defensivos, los escudos de la época de Shlomó durante la rebelión, Yehoiadá intenta revivir el recuerdo de la prosperidad del reino de la Casa de David y desearle al vástago que asume el trono que lleve al reinado a su buena época, como en aquellos buenos tiempos.

“Entonces el sacerdote dio a los capitanes de cientos, las lanzas y de los escudos que habían sido del rey David, que se guardaban en la casa del Señor” (versículo 10). Las lanzas y los escudos que Yehoiadá el Cohen le entrega a los capitanes de cientos son un tanto desconcertantes.

“Shelatim” significa escudos en el lenguaje bíblico. ¿Acaso se trata de escudos guardados por David en la Casa de Dios, que obtuvo del botín de sus guerras, a pesar de que esto no nos es relatado? O tal vez se trata de escudos posteriores-sabemos que Shlomó preparó escudos del oro que tenía en su casa (Melajim I, Capítulo 10, versículo 17). Después de que Shishak, el rey de Egipto, tomó los escudos de oro, en su lugar, Rejavam preparó escudos de cobre que portaron los capitanes de la guardia real que iban delante suyo cada vez que se dirigía a la Casa de Dios (Melajim I, capítulo 14, versículos 26-28). Este uso es adecuado para el propósito de Yehoiadá, el Cohen.

El comentarista Malbim expresa que los escudos utilizados por el Cohen, son en efecto, los escudos elaborados por Shlomó y la atribución de los escudos al mismo David se debe a que fueron hechos con el botín de sus guerras.

Cuando leemos los relatos alusivos a David y a Shlomó, surge la impresión de que el reino de Shlomó era más amplio, más rico y más significativo que el de David. La interpretación del comentarista Malbim propone que a pesar de que así parece, se debería recordar relacionar la prosperidad del reino de Shlomó al reino de David que no fue menos importante y fue el que diseñó y posibilitó el modo en que habría de progresar el reino de Shlomó.

La elección del Cohen de relacionar los escudos precisamente a la época de David refleja el reconocimiento a la importancia del reino de David y de ser la base del progreso del reino de Shlomó.

El nexo con el rey de Shlomó se conecta también con el último versículo del capítulo  que representa una alusión al período de Shlomó-“ Así estuvo gozoso todo el pueblo del país; y la ciudad quedó tranquila” (versículo 20).

En esta época, tras un deterioro prolongado de los reyes de la Casa de David al nivel de los pecados de Ajaziá y Ataliá, el Cohen intenta volver a calificarlos como precursores y enfatiza deliberadamente el buen inicio de esta dinastía como esperanza para volver a esos día en la época de Yoash.

Los referentes que escriben en esta sección son miembros de la organización Najat-jóvenes amantes del Tanaj, un centro de estudios del Tanaj para la juventud.

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Infografía y síntesis del capítulo, 2 Reyes 11

Nuestro capítulo relata lo acontecido en el reino de Iehudá a raíz de la revolución de Yehú. Al igual que en Israel, también en Iehudá se inició una revuelta contra Ataliá, quien reinaba en Iehudá.

El asesinato de Ataliá y el ocultamiento de Yoash (versículos 1-3)

Ataliá escucha quesu hijo, Ajaziá el rey de Iehudá, fue asesinado, y ella solicita eliminar a toda la descendencia del reino como consecuencia del asesinato de su hijo Ajaziá. El texto da cuenta de que después de la campaña de asesinatos de Ataliá , ella “reinó sobre el país” (versículo 3).

Un dato importante es que uno de los hijos de la familia real logró escapar de la masacre de Ataliá. Yehosheva, la hija de Yehoram, escondió a Yoash, el hijo de Ajaziá.

La coronación de Yoash (versículos 4-12)

En el séptimo año, Yehoiadá el Cohen, el Sacerdote, organiza una rebelión y la ceremonia de coronación de Yoash. La fuerza rebelde son los hombres de las guardias del sacerdocio, y es el momento previsto para el cambio de las guardias-en Shabat. Así, se registró en el Templo una presencia masiva del pueblo. El momento culminante de la rebelión se da con la coronación de Yoash, el hijo de Ajaziá y nieto de Ataliá.

La detención de Ataliá y su muerte (versículos 13-16)

Ataliá escucha la proclamación del nuevo rey, rasga sus vestiduras y proclama una rebelión. Ataliá se esconde en la Casa de Dios (precisamente, como se escondió Yoash en la Casa de Dios, cuando era un niño), a fin de que no le hicieran daño, pero resulta que eso no la ayudó demasiado y fue ejecutada.

La alianza acordada y la colocación de Yoash en el trono (versículos 17-20)

Tras la gran revuelta y la muerte de Ataliá, Yehoiadá el Cohen, conforma una alianza entre Dios, el rey y el pueblo. La casa del Baal que fue constituida también en Iehudá, aparentemente durante el reinado de Ataliá, es totalmente destruida. A Yoash lo ubican en el trono y finalmente-un buen final y todo está bien: “Así estuvo gozoso todo el pueblo del país; y la ciudad quedó tranquila” (versículo 20).

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