¿Un profeta para Dios o para Israel?

¿Acaso el profeta es un representante de Dios o de Israel? ¿Y cómo se refleja dicho interrogante en las profecías de Amós?

En  los capítulos 7-8, somos testigos de cuatro visiones que Amós ve y que dan cuenta del inminente castigo. Las cuatro visiones se dividen de un modo clara en dos partes. En las dos primeras partes, Amós ruega y solicita a Israel: “Señor Dios, perdona, Te lo ruego, ¿cómo podrá restablecerse Iaacov?, ¡porque es débil!” (Capítulo 7, versículo 2); "Señor Dios, cesa ya, Te lo ruego, ¿cómo podrá restablecerse Iaacov?, porque es pequeño" (Capítulo 7, versículo 5). En las otras dos visiones, Amós  no pide clemencia alguna, sino que acepta el castigo que Dios le impone a Israel.

Aparentemente, en las dos primeras visiones, Amós representa a Israel ante Dios, y por consiguiente, solicita misericordia por Israel. En las otras dos visiones, Amós “se pasa de bando” y se convierte en el representante de Dios, y no del pueblo. Esto también explica por qué tras la tercera visión Amós es expulsado del reino de Israel. El pueblo y Amatziá, que lo lidera, no están interesados en un profeta que no sea su representante.

La tensión reinante entre un representante del pueblo o un representante de Dios, recuerda en cierto modo, a nuestro Maestro Moshé. Son muchos los que relacionaron entre Amós y Moshé. Ambos son profetas que eran pastores y según Jazal, nuestros Sabios de Bendita Memoria, a Amós lo llaman Amós, ya que tartamudea. Resulta claro que este Midrash contempla a Moshé en el contexto. Ambos son expulsados del rey y de sus representantes. Ambos discuten y logran calmar  a Dios.

Y de hecho, resulta adecuado comparar a Moshé y a Amós, justamente en este punto. Moshe, se encuentra siempre en una continua ambivalencia interna. ¿Acaso reza por Israel ante Dios o que en realidad, es el representante de Dios que le ordena al pueblo las leyes y les enseña la palabra de Dios. ¿Acaso el profeta es el representante del pueblo ante Dios o es el representante de Dios ante el pueblo? Esta tensión interna continúa desde Moshé y hasta Amós. ¿Acaso el profeta es el representante del pueblo o el de Dios?

Sintetizado y editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído de una clase dictada durante las Jornadas de Estudio de Tanaj.

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Dar lugar a las críticas

 

El gobierno debe flexibilizar al máximo los límites de la libertad de expresión y permitirle al ciudadano, al hombre espiritual, manifestar su postura. Aún cuando la misma es crítica y no del todo agradable a los oídos del gobierno.

Amatziá el Cohen, el Sacerdote del Baal en Bet El, se dirige a Amós con la famosa frase “Oh vidente, anda” (Versículo 12). Amatziá, en nombre del gobernante de turno, Yarovam, no quiere escuchar la profecía de Amós quien profetiza el castigo para el pueblo de Israel por su condición de paganos.

Esta tensión entre el gobierno y los hombres de espíritu existe en todos los tiempos y en todo gobierno.

El gobierno está empeñado en dirigir a su manera, sin que nadie de afuera interfiera. A veces, desea vender ilusiones, comamos y bebamos ya que mañana falleceremos. El hombre de espíritu se eleva por encima del momento actual, por sobre lo transitorio y la realidad cotidiana, sabe que el presente no es todo. Sabe que la  ética Divina es la brújula que nos orienta, y por consiguiente reprende en el acceso a la ciudad por el comportamiento del gobierno y por su forma de liderar al pueblo.

¿Cómo el gobernante o el gobierno deben conducirse en función de la crítica que se eleva contra ellos?

El gobierno debe flexibilizar al máximo los límites de la libertad de expresión. Tiene en sus manos el poder, la fuerza, la conducción y la capacidad económica y el control de los ciudadanos. Mientras que los ciudadanos o los hombres de espíritu, todo lo que tienen en sus manos es la posibilidad de votar una vez en años y elegir la conducción que les parece la indicada. Visto y considerando que no hay equilibrio entre el gobierno y los ciudadanos, se le debe permitir al ciudadano, al hombre de espíritu, manifestar su postura. Incluso, cuando la misma es crítica y no del todo agradable a los oídos del gobierno.

El gobierno debe alegrarse por el hecho de que hay quienes critican sus acciones, ya que de ese modo demuestran involucramiento e interés en lo que se hace en nuestro país. Y más aún, la crítica da cuenta de la fe acerca de que las cosas pueden cambiar por medio del gobierno. La indiferencia y el desaliento que se apoderan del ciudadano pueden llegar a afectar al gobierno y el mismo debe evitar por todos los medios, que se llegue a esa situación.

En síntesis: planteen vuestra crítica constructiva.


Cortesía sitio 929

 

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Ese pueblo

 

Mientras que las miradas en el Shomrón se centran en el presente de abundancia, los profetas contemplan el futuro y lloran. ¿Y por qué ninguno de ellos no llama por su nombre explícitamente al futuro enemigo destructor?

 “¡Ay de aquellos que están tranquilos en Tzión, y de los que viven sin recelo en el monte de Shomrón!”-otro elemento decisivo en la sensación de orgullo que rodeaba a toda una generación. Tras la guerra civil librada entre Amatziahu y Ioash, Uziahu tuvo la capacidad de cambiar el rumbo y unirse a Yarovam en la senda de Iehoshafat y Ajab; de esa forma, Damesek y Jamat fueron consideradas “como Iehudá para Israel” (Melajim II, capítulo 14, versículo 28), y el vínculo renovado entre Tzión y Shomrón, fue expresado a través del cantico de David con su arpa.

Los que, como David, inventan para sí instrumentos de música (Capítulo 6, versículo 5).

En el marco de las fiestas de abundancia, resonó la melodía del arpa y el violín, y se escucharon los cánticos de David alusivos a la salida de la oscuridad a la luz, del dominio arameo de la tierra al dominio de “Iehudá e Israel” en Dameesek y Jamat. Todas las miradas estaban centradas en el presente frente al pasado. Sólo los profetas Hoshea, Amós y Yeshaiahu, contemplaron el futuro que se prevé-y lloraron.

Por consiguiente, el poeta (“Maskil LeDavid”, David compuso este poema) “Por tanto aquel que es prudente guardará silencio en ese tiempo, porque esa hora es mala” (Capítulo 5, versículo 13).

La eliminación de la fuerza aramea en la victoria de Israel y Iehudá, preparó el terreno para el ataque de los ejércitos asirios al sur, porque desde ese momento, Israel y Iehudá quedaron solos frente a los asirios. Y al debilitarse, caerá toda esa zona. Pues entonces, ¿por qué Amós no mencionó la apalabra “Ashur” (Asiria)? ¿Por qué tampoco Hoshea (hasta el capítulo 4), y Yeshaiahu (hasta el capítulo 6) no dijeron “Ashur” (Asiria)?

Tres profetas describieron con palabras claras la derrota prevista, el ataque del ejército asirio (Yeshaiahu capítulo 5, versículos 26-30), al pueblo que será exiliado “más allá de Damesek”, también a Damesek (Amós capítulo 1, versículo 5) y a Shomrón (Capítulo 5, versículo 27), y solo su nombre no aparece ya que la mirada profética nunca estaba centrada en el aspecto del poderío militar, y “Ashur” es un elemento de cólera en manos de Dios-el cálculo profético es religioso-moral, y se focalizó en el avasallamiento del juicio y la ajusticia, el análisis militar desde el aspecto geográfico está dado por insinuación.

Pasen a Kalné, y vean;

y de allí pasen adelante a Jamat la grande;

 (luego) desciendan a Gat de los pelishtim;

¿Acaso son (ustedes) mejores que estos reinos (que cayeron en vuestras manos)? (Capítulo 6, versículo 2)

 
Cortesía sitio 929

 

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La reprimenda que incluye un consuelo

 

La profecía oscura y dura descrita en nuestro capítulo acerca de la búsqueda desesperada de la palabra de Dios, los Sabios optaron por  iluminarla con una luz de buena esperanza.

Entre los duros conceptos alusivos a la destrucción que encontramos en el capítulo, estalla de boca de Amós una profecía que describe el tremendo desaliento que se apoderó de los hijos e hijas de Shomrón.

 “He aquí que vienen días, dice el Señor Dios, en que enviaré hambre sobre la tierra; no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír las palabras del Señor. Y andarán vagando de mar a mar, y desde el norte hasta el oriente correrán de acá para allá, en busca de la palabra del Señor; mas no la hallarán. En aquel día, las hermosas vírgenes y los jóvenes desfallecerán de sed. Los que juran por el pecado de Shomrón, y dicen: "¡Por vida de tu dios, oh Dan!", y "¡por vida de tu camino, oh Beersheva!", ellos caerán, y no se volverán a levantar más” (Capítulo 8, versículos 11-14)

La profecía describe a la persona que se halla a punto de deshidratarse y mientras tiene un hálito de vida busca un poco de agua para su alma agotada antes de morir. Esta descripción refleja la búsqueda desesperada de los habitantes de la Tierra “para escuchar las palabras de Dios”. Su búsqueda desesperada de respuesta termina en un desmayo y una caída de la que no se puede recuperar. Tal vez sea ésta la más dura de todas las  profecías. La persona busca una respuesta de Dios y no hay quien responda.

La palabra de Dios abandonó la tierra. Aquellos que se consideraban que eran la “gloria de Iaacov” y estaban seguros de su legado ancestral, ahora se encuentran abandonados, sin dirección ni rumbo. De ese modo llegan al desmayo y hasta la muerte.

Este tipo de situaciones fueron contempladas a lo largo de las generaciones, con el adicional de un sonido de consuelo. Los oídos posteriores de Jazal, nuestros Sabios de Bendita Memoria y de los comentaristas, percibieron en las palabras del profeta que habrá de llegar un día y la tierra se colmará de hambre y de sed de oír la palabra de Dios. El final de la frase “y no la hallarán” (versículo 12) prefirieron atenuar. La idea de una sociedad que anhela el espíritu, que busca el contacto con la palabra de Dios y lo busca en toda la tierra, iluminó esta oscura profecía con una luz de buena esperanza.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído del libro “Shmoná Neviim Beavotot Ahavá”, ediciones literarias Yediot.

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La Sucá caída de David

Durante la   festividad de Sucot, en Bircat Hamazón, la bendición posterior a la comida, agregamos la frase:

" Que el Misericordioso restablezca la caída Sucá de David”.

Dichas palabras fueron extraídas del versículo 11 de Amós “En ese día restableceré la caída Sucá de David”, cuya intención es que en el momento de la redención, retornará la dinastía de David.

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¿Acaso Amós tenía alguna posibilidad?

¿Acaso Amós tenía alguna posibilidad de modificar la postura del pueblo? ¿Y cuál es el objetivo de la misión de los profetas, si realmente no tienen la posibilidad de cambiar algo?

El profeta Amós, como todos los otros profetas, intentó movilizar al pueblo y modificar sus formas de pensamiento. Pero ¿acaso los profetas tenían chances de modificar la postura del pueblo? En la Guemará, Tratado de Sanhedrín, página a 102b es citado el episodio de Rav Ashi a quien en su sueño se le apareció Menashe y le dijo: “Si estuvieras allí, te quitarías la túnica y correrías tras de mí”. A partir de ello, ¿acaso realmente se puede realizar algún cambio en el pueblo?

Resulta que un cambio real no podía darse. La situación de Amos llega a su nivel mas bajo cuando Amatziá le aconseja: “¡Oh vidente, anda, huye a la tierra de Iehudá, y come allí (tu) pan, y profetiza allí!: pero no vuelvas a profetizar en BethEl, porque es el santuario del rey, y residencia real” (Amós, capítulo 7, versículos 12-13). Se le solicita a Amós que abandone el reino de Israel, ya que no tiene sentido que continúe profetizando.

De aquí se infiere que uno de los objetivos importantes de la misión del profeta es la profecía a través de las generaciones y no solamente un cambio esencial en la época en la cual profetizó. Los profetas, que incluyeron conceptos a los que no se les dieron un lugar suficientemente amplio en su época, y en nuestro tiempo debemos estar atentos a las palabras de los profetas, y aprender de ellas para nuestra vida y nuestra senda.  

Resumido por el equipo del sitio de Tanaj, extraído de una clase dictada en las Jornadas de Estudio de Tanaj.

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¿En qué se equivocó Ben Gurión?

Debido a los versículos de nuestro capitulo que refieren a la ética social, y otros similares, Ben Gurión admiraba mucho al profeta Amós. Pero Ben Gurión, el gran líder, se equivocó en tres elementos.

Cierta vez, un amigo mío viajó del trabajo a su casa, y otro automovilista lo superó con su automóvil de muy mala manera, y se dio cuenta que era el auto de un vecino conocido. Llegó agitado al Beit Hakneset, a la sinagoga, se dio cuenta que llegó tarde, y encontró al conductor salvaje saliendo del Beit Hakneset. Mi amigo le reprochó: ¡Viajaste como un loco! El vecino, señalando el reloj y con gesto adusto le dijo: casi perdía Minjá, la plegaria de la tarde.

Hay algo en nuestra naturaleza, que tiende a adjudicar un valor mucho más elevado a los preceptos entre el hombre y Dios. Estamos más atentos a las leyes de los tiempos de los rezos que a la prohibición de un manejo peligroso. Rabí Akiva dijo que la regla principal de la Torá es “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”; Hilel el Sabio dijo que la síntesis de toda la Torá es “lo que detestas que te hagan a ti, no se lo hagas al otro”. Y a pesar de ello, tendemos a priorizar los preceptos  entre la persona y Dios, por sobre los preceptos entre el hombre y su prójimo. Sencillamente, nos parecen más “preceptos, ordenamientos”, mas religiosas.

Una y otra vez, los profetas nos marcan este error, y entre ellos, Amós: “¡Oigan esto, los que anhelan tragar al menesteroso, y destruir a los pobres de la tierra!, diciendo: "¿Cuándo pasará el novilunio, para que vendamos granos, y el sábado, para que expongamos el trigo (achicando la efá, y engrandeciendo el siclo, y defraudando con balanzas engañosas); para que compremos al pobre con dinero, y al menesteroso con un par de zapatos, y vendamos los desperdicios del trigo?" (Versículos 4-6). No basta con la observancia de las leyes del Shabat, dijo Amós; debemos proteger a los pobres y a  los menesterosos, antes y después de ella. Como consecuencia de estos versículos, y de  otros similares, Ben Gurión admiraba tanto al profeta Amós. Así también eligió llamar a su hijo, Amós Ben Gurión. Gracias a él, la expresión “la moral de los profetas” se halla permanentemente en nuestra boca. Y en efecto, su moral es santa y su reprimenda apropiada. Pero Ben Gurión, el gran líder,  se equivocó aquí en tres cosas.

En principio, el salto del Tanaj al Palmaj no fue exitoso, ni tampoco podía serlo. Ben Gurión intentó borrar la Mishná y el Talmud, los Rishonim y Ajaronim, y dejar en nuestras manos sólo el Tanaj-principalmente los profetas. Pero Amós no puede mantenerse  sin el libro Vaikrá y sin el libro Daniel, sin Baba Kama y sin el Rambam (Maimónides).

En segunda instancia, los profetas no solo clamaron contra las injusticias sociales. Irmiahu (17) protestó contra la profanación del Shabat, y el propio Amós (2), protestó contra la promiscuidad sexual. De un modo recurrente, los profetas también clamaron enérgicamente contra el paganismo.

En tercer lugar, Ben Gurión, tanto él como muchos socialistas, interpretó la ética personal de los profetas como una institución de beneficencia estatal. Pero los profetas convocaban a la piedad personal, y no a la creación de un ministerio de la piedad. Los profetas de dirigían a las personas y no a los establecimientos. En sus conceptos, no hay alusión alguna a la trituración y reconstrucción de la economía y la sociedad, a la nacionalización de la ética personal. En todo eso, se equivocó Ben Gurión, y a pesar de ello, entre sus méritos, se le adjudicará también este mérito: que restituyó al centro de nuestro escenario público a Amós y sus amigos profetas, y el clamor de ellos.


Cortesía sitio 929.

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איוב י"ז

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¿Quién es la compañera de Abraham?

La provocación de Hagar hacia Sarai lleva a esta última a declarar explícitamente que ella es la señora de la casa y la compañera de Abram en el gran destino que Dios designó para ambos.

La elección divina recayó desde el principio sobre Abraham y Sara como familia. Por lo tanto, desde el momento en que se hicieron las promesas a Abram "te haré una gran nación" y "a tu descendencia daré esta tierra", significaba que la descendencia común de Abraham y Sara sería la que se convertiría en una gran nación y heredaría esta tierra.

Desde el momento de su elección, la pareja patriarcal es sometida a una serie de pruebas: ¿Creerán Abram y Sarai en el cumplimiento de la promesa de Dios sobre su descendencia, en su sentido literal, o acaso, frente a la amarga realidad, buscarán escapar de esta fe mediante diferentes sustitutos e interpretaciones que anulan el significado simple de la promesa divina?

Así fue durante su descenso a Egipto, y así fue en la separación de Lot, quien podría haber sido considerado, siendo sobrino de Abram, como su hijo adoptivo y heredero, sobre quien recaerían todas las promesas de descendencia y tierra.

Con el paso de los años, y después de la separación de Lot, solo quedaba  Damesek-Elihezer. para heredar a Abram, y Dios le promete "No habrá de heredarte éste, sino el que saldrá de tus entrañas, él te heredará". Y Abram creyó en Dios y se lo consideró a él como mérito.

Diez años pasaron sobre la pareja patriarcal en la tierra de Quenahan, y aún no habían sido bendecidos con descendencia. Y ahora viene la iniciativa de Sarai de dar a Abram a Hagar su sierva. ¿Es este acto una expresión de desesperación por parte de Sarai de ser la compañera de Abram en el cumplimiento de la promesa divina y la gran visión?

Según la interpretación de Rambán, el acto de dar Hagar a Abram no fue por desesperación sino con la esperanza de que esto llevaría a que Sarai también tuviera hijos de Abram por este mérito. Si es así, la aflicción de Hagar no es por su honor personal sino por la continuación de su fe en que ella será la compañera de Abram en el gran destino que Dios designó para ambos, y no la sierva egipcia.

La provocación de Hagar hacia Sarai provoca que esta última reclame por su ofensa, declarando así que no renuncia a ser la única señora en esta casa, la única compañera de Abram para establecer la familia y el pueblo futuro. Si hubiera perdonado su ofensa, por humildad y resignación a su destino, el significado de la historia habría sido que Sarai había dejado de creer que la promesa de Dios también le concernía a ella.

El significado de la historia es, por lo tanto, que Sarai es firme en su fe en la promesa de Dios, y también Abram está de acuerdo con ella, que no será el hijo de la sierva el portador del pacto con Dios, sino el hijo común de Abram y Sarai. Después de que superaron la prueba y permanecieron fieles, viene la siguiente historia (en el capítulo 17) para confirmar esto mismo en palabras explícitas.

 

**Editado por el equipo del sitio del Tanaj**

**Cortesía del sitio VBM de la Yeshivá Har Etzion**

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העיר האבודה

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