La ingratitud es una cualidad muy mala y, en definitiva, tampoco le conviene a la persona, porque el mal volverá hacia ella.
"Aquel que devuelve el mal por el bien, de su casa no se apartará el mal" (Capítulo 17 Versículo 13).
Shlomó se refiere aquí a un problema que ocupó mucho a su padre David: la ingratitud.
David hizo favores a muchas personas, pero ellas le devolvieron mal por bien, como por ejemplo en el episodio con Naval HaCarmelí: