El reinado de Shlomó
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El reinado de Shlomó
De la división del reino a Ajav
De la división del reino a Ajav
De la división del reino a Ajav
Los capítulos de Eliahu
Los capítulos de Eliahu
Los capítulos de Eliahu
El reinado de Ajav
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El reinado de Ajav
1 Reyes 18 Versículo 1
Don Isaac Abarbanel dice que en el tercer año de la sequía, Dios dijo a Eliahu:Ve, preséntate a Ajab, y enviaré lluvia sobre la faz de la tierra. Es decir, tú, Eliahu, habías jurado detener la lluvia, y ya han transcurrido tres años. Debiste haberme suplicado misericordia para la tierra, pues no es justo que se destruya a causa de la necedad de sus habitantes.
Como no has tomado la iniciativa para hacerlo, Yo ahora te despierto para que vayas y te muestres ante Ajab, para que él implore tu favor y tú intercedas, permitiendo así que la lluvia descienda por medio de tu palabra.
Mi deseo es enviar lluvia sobre la tierra, y en respeto a tu honor, no quiero hacerlo de otra manera sino a través de ti y conforme a tu petición.
Dios, en su sabiduría, decretó que la sequía duraría exactamente tres años, ni más ni menos, como señal de los tres linajes reales que fueron perversos y pecadores ante el Señor en Israel:
La casa de Yerovam y su hijo Nadav
La casa de Baashá y su hijo Elá
La casa de Omrí y su hijo Ajab
Así, esta sequía de tres años alude a estos tres linajes impíos que reinaban en Israel hasta ese momento. No hubo un cuarto año porque no correspondía a un rey adicional, sino a esos tres linajes corruptos que cargaban con la culpa.
Otro motivo por el cual Dios decide dar por concluido el castigo de la sequía es lo que mencionaremos más adelante en el comentario al versículo 5.
Metzudat David agrega que, Dios no necesitaba que Eliahu pronunciara palabra alguna para que la lluvia regresara; podía haberla traído de inmediato por Su propia voluntad. Sin embargo, para no menoscabar la autoridad del profeta ni invalidar su juramento ante el pueblo, el Creador dispuso que fuera Eliahu mismo quien declarara el fin de la sequía.
Este acto no solo preservaba el honor del profeta, sino que también consolidaba su papel como intermediario entre Dios e Israel. La sequía, decretada por su palabra, solo podía revertirse cuando él, como portavoz de la voluntad divina, anunciara el retorno de las lluvias. Así, el pueblo no percibiría la lluvia como un fenómeno natural fortuito, sino como un acto divino condicionado al arrepentimiento y al reconocimiento del verdadero poder de Dios.
El mandato de presentarse ante Ajab aseguraba que la restauración de la lluvia fuera entendida como un proceso guiado y deliberado, en el cual el liderazgo profético de Eliahu tenía un papel central. De esta manera, Dios no solo devolvía la bendición material, sino que también fortalecía el vínculo espiritual entre el profeta y el pueblo de Israel, enseñándoles que todo en la naturaleza responde al orden de lo Alto.
1 Reyes 18 Versículo 2
Don Isaac Abarbanel dice que Eliahu fue a presentarse ante Ajab, y que ese mismo día, Ajab salió de Shomrón acompañado por Ovadiahu, quien estaba a cargo de la casa real. Nuestros sabios (Sanedrín 39b) explican que este Ovadiahu era el profeta del mismo nombre.
Ambos se dirigieron a los valles del país en busca de pasto y hierba para mantener con vida a los caballos y mulas, procurando que no murieran y que la tierra no quedara desprovista de estos animales esenciales. Este esfuerzo tenía el propósito de preservar la vida y la continuidad de estas especies, para que no desaparecieran debido a la severa sequía que azotaba la región.
Así, a pesar de la dificultad extrema, se garantizaba la conservación mínima de los animales de trabajo indispensables para la supervivencia y economía del pueblo, preservando la estabilidad básica de la sociedad en medio de la crisis.
Daat Mikrá enfatiza que esta es la tercera ocasión en que Dios envía a Eliahu desde que decretó la sequía. La primera fue cuando le ordenó ocultarse junto al arroyo de Querit (17:3), la segunda cuando le indicó dirigirse a la casa de la viuda en Tzarefata (17:9), y esta constituye la tercera.
1 Reyes 18 Versículo 3
El nombre Ovadiahu, en hebreo, significa “siervo de Dios”.
La expresión “Ovadiahu temía al Señor en gran manera” indica que él era sumamente observante de los preceptos y mandamientos divinos, mostrando meticulosidad en su cumplimiento. Prestaba especial atención a cada detalle de la ley, esforzándose al máximo para no transgredirla ni pasar por alto la palabra de Dios.
Daat Mikrá señala que esta es la única ocasión en las Escrituras en que se añade el adjetivo “en gran manera” al referirse a alguien que teme al Señor, subrayando la intensidad de su temor y fidelidad.
Algunos comentaristas concuerdan en que se refiere al profeta Ovadiá.
1 Reyes 18 Versículo 4
Radak explica que cuán profundo era el temor de Ovadiahu hacia Dios, pues arriesgó su vida para salvar y sostener a los profetas.
Nuestros sabios enseñan que Ovadiáhu los ocultó en grupos de cincuenta, resguardándolos en dos cuevas separadas, como se menciona más adelante: "Cincuenta y cincuenta hombres en una cueva.
Ralbag explica que, por temor a que Izevel descubriera a los profetas, Ovadiáhu decidió dividirlos en dos grupos. Así, ocultó a cincuenta en una cueva y a otros cincuenta en otra, aumentando las posibilidades de que al menos uno de los grupos pudiera sobrevivir si el otro era hallado. Esta estrategia recuerda a la que empleó Yaacob cuando se preparó para el encuentro con su hermano Esav: Si Esav atacara a un campamento, por lo menos el otro podrá huir y sobrevivir.
Daat Mikrá subraya que el versículo deja en claro que fue Izével quien destruyó a los profetas del Señor. Ajab, el rey, no fue quien ejecutó directamente esa persecución, aunque la consintió o bien prefirió mantenerse al margen, dejando que la reina manejara estos asuntos.
Izével, ferviente devota de Baal —como era de esperarse dado su origen fenicio—, veía a los profetas del Señor como una amenaza directa a su culto y a su influencia religiosa sobre el pueblo. Por eso, no solo se oponía a ellos, sino que los consideraba enemigos que debían ser eliminados. Su objetivo era despejar el camino para que el pueblo abandonara por completo el servicio del Señor y se entregara al culto de Baal, sin voces disidentes que les recordaran su pacto con Dios.
Otro punto que destaca Daat Mikrá es que, a pesar del estado espiritual tan bajo en el que se hallaba el reino de Israel, todavía existían muchos profetas, o más precisamente bene nevi’im —discípulos o aprendices en el camino profético—. Eliahu habría sido uno de los maestros más reconocidos entre ellos, lo que explica el profundo respeto que le manifiesta Ovadiáhu al encontrarlo, llamándolo: Ovadiahu lo reconoció y cayó sobre su rostro, y dijo: ¿Eres tú Eliahu, mi señor?” (versículo 7).
1 Reyes 18 Versículo 5
Luego del paréntesis de los últimos dos versículos, el relato retoma el hilo del versículo 3 para contarnos cómo se produjo finalmente el encuentro con Eliahu.
La sequía, que ya se prolongaba por más de tres años, había alcanzado tal grado de gravedad que apenas quedaba hierba para alimentar a los animales. Por eso, incluso el propio rey, en persona, se ve obligado a recorrer la región, con la esperanza de divisar —aunque sea a lo lejos— alguna zona donde aún quedara algo de vegetación para el sustento del ganado.
Este versículo también arroja luz sobre el motivo por el cual Dios decide poner fin a la sequía que Él mismo había decretado. El castigo había alcanzado tal intensidad que el Creador consideró que ya era suficiente. El pueblo había recibido una dosis de amargura adecuada para ablandar sus corazones y prepararlos para reflexionar, reconocer su extravío y abrirse nuevamente al camino del retorno y al pacto con Dios. La sequía había cumplido su función: quebrantar el orgullo, despertar la conciencia y allanar el terreno para el arrepentimiento.
1 Reyes 18 Versículo 6
El autor del Keli Yakar destaca un detalle significativo: no era común que un rey se desplazara sin acompañamiento, sin su séquito o guardia real. Este hecho subraya la gravedad extrema de la sequía. La situación era tan crítica que ya no se disponía ni siquiera de suficientes caballos o recursos como para permitir una comitiva real. La escasez afectaba incluso a los estratos más altos de la sociedad, lo que revela la magnitud del sufrimiento colectivo.
Este comportamiento insólito del rey también puede interpretarse como una expresión de humildad y quebrantamiento. La desesperación lo empuja a recorrer personalmente el país, sin honor ni protección, en búsqueda de algún resquicio de pasto para salvar a los pocos animales que quedaban.
Algunos comentaristas proponen, en cambio, que la razón por la cual Ajab evitó llevar compañía fue para mantener su expedición en secreto. No quería que el pueblo percibiera cuán desesperada era la situación en el palacio mismo. El rey, reducido a buscar hierba en persona, era una imagen demasiado poderosa como para ser expuesta públicamente, pues dejaba al descubierto la impotencia del liderazgo y el fracaso del culto a Baal para traer bendición.
Malbim observa que, aunque Ajab y Ovadiahu se dividieron para buscar pasto, lo hicieron desde motivaciones completamente distintas. A pesar de la situación crítica, Ajab no abandonó su camino de idolatría ni mostró señal de arrepentimiento. Cada uno siguió por su rumbo: Ovadiahu, temeroso de Dios, actuaba con fe y responsabilidad; Ajab, en cambio, persistía en su terquedad y ceguera espiritual.
Por eso el texto enfatiza de manera separada: “Ajab fue por un camino…” y “Ovadiahu fue por otro camino…”, indicando no solo rutas geográficas distintas, sino también caminos espirituales opuestos: Ajab, a pesar de la crisis, seguía aferrado a su idolatría y a su búsqueda de poder, mientras que Ovadiahu, temeroso de Dios, intentaba salvar a los profetas y preservar la fe.
1 Reyes 18 Versículo 7
Ralbag entiende que Eliahu actuaba siempre con prudencia y estrategia. Sabe que Ajab lo busca para matarlo o apresarlo, y acercarse directamente a él sería un riesgo innecesario. En cambio, al presentarse primero ante Ovadiahu, quien es temeroso de Dios y leal, aunque sirva en la corte del rey, Eliahu puede controlar la situación y asegurarse de que el mensaje llegue de forma segura y sin exponerse a que Ajab actúe impulsivamente y mate a Eliahu.
Por otro lado, hay quienes sostienen que el motivo por el cual Eliahu se presenta ante Ovadiahu y no directamente ante Ajab, es para demostrar que lo hace exclusivamente por el mérito de Ovadiahu, un hombre temeroso de Dios. Si fuera por Ajab, quien ha servido a Baal y ha provocado la idolatría en Israel, Eliahu no le habría prestado la más mínima atención, ni habría considerado concederle audiencia alguna. La mediación de Ovadiahu es, así, un reconocimiento tácito de su valor espiritual y del rol que él desempeña, aunque opere desde dentro de la corte del rey.
Daat Mikrá explica que la expresión “He aquí” denota un acto sorpresivo, algo inesperado e imprevisto. El encuentro entre Ovadiahu y Eliahu no fue planeado ni anticipado, lo que acentúa aún más el carácter providencial de la escena. A pesar de esta sorpresa, Ovadiahu lo reconoce de inmediato, sin dudar de su identidad, y se postra ante él con profundo respeto, y consideranlo su maestro, tal como lo demuestra al dirigirse a él diciendo: ¿Eres tú, mi señor Eliahu?
Este gesto, como ya analizamos en el versículo 4, refleja no solo reverencia personal hacia Eliahu, sino también un reconocimiento espiritual y público de su autoridad profética. A pesar de su posición elevada en la corte de Ajab, Ovadiahu muestra aquí una total humildad y una clara conciencia de la jerarquía espiritual, ubicando al profeta por encima de cualquier rango político o social.
1 Reyes 18 Versículo 8
Daat Mikrá señala que Eliahu no menciona a Ajab como "rey", ni siquiera lo nombra directamente al dar su mensaje. Esta omisión no es casual, sino una expresión clara de desaprobación. Para Eliahu, Ajab, al haberse desviado tras los dioses paganos y haber corrompido su rol como líder del pueblo de Israel, ha perdido el derecho a ser reconocido como rey. Por ello, Eliahu no le concede el tratamiento de honor que normalmente se usaría al dirigirse a un monarca.
No obstante, más adelante, cuando Ajab permite que Eliahu confronte y elimine a los profetas de Baal, se produce un cambio en la actitud del profeta. Al mostrarse receptivo a la autoridad divina, Ajab recobra cierta legitimidad. En ese contexto, Eliahu le rinde honores, corriendo delante de su carro, un gesto que en el lenguaje bíblico simboliza respeto hacia la figura real.
Este detalle ilustra que el honor y el reconocimiento, según la perspectiva de los profetas, no derivan del cargo en sí mismo, sino del grado de fidelidad al pacto con Dios y al cumplimiento de Su voluntad.
Por otro lado, contrasta notablemente que en el versículo anterior Ovadiahu se dirige al profeta llamándolo: “mi señor Eliahu”, mientras que ahora el profeta le responde señalando que, si bien lo llama “mi señor”, en la práctica, al estar al servicio del palacio y bajo la autoridad directa de Ajab, su verdadero señor es Ajab. Es una forma sutil, pero firme, en la que Eliahu le hace notar su situación de subordinación política, aunque él —Ovadiahu— tema verdaderamente a Dios.
1 Reyes 18 Versículo 9
Ovadiahu fue sensible a la velada reprimenda que Eliahu le hizo, tal como explicamos al final del comentario del versículo anterior. Por eso, en su respuesta, rectifica con delicadeza la impresión anterior: no llama a Ajab “mi señor”, ni siquiera lo menciona como rey; simplemente dice “Ajab”, evitando otorgarle por su parte cualquier título honorífico. Al mismo tiempo, reafirma con claridad quién es verdaderamente su señor: Eliahu, el profeta del Señor. Así, se refiere a sí mismo como “tu siervo”, manifestando no solo respeto personal, sino también una clara identificación espiritual y moral con Eliahu, por encima de su posición política como servidor en la corte del rey.
En los próximos versículos explicará el motivo por el cual si hace lo que Eliahu le pide, su propia vida estaría en riesgo de muerte.
1 Reyes 18 Versículo 10
Don Isaac Abarbanel dice que Ovadiahu recuerda todo esto para explicar la gravedad del peligro que corría Eliahu, y por eso le ruega que no ponga en riesgo su vida delante del rey.
Aquí Ovadiáhu se refiere a Ajab como su señor porque fue él quien le ordenó ir a todos los pueblos circundantes para juramentarlos. Sin embargo, tal como explicamos en los versículos anteriores, Ovadiáhu no se ve a sí mismo como siervo de Ajab en sentido espiritual, sino que su verdadera lealtad y servidumbre están dirigidas hacia Eliahu y, por extensión, hacia el Señor. Esta distinción muestra la tensión interna de Ovadiáhu: cumple obedientemente con la autoridad del rey en lo práctico, pero su fidelidad profunda y su respeto genuino están reservados para el profeta y para Dios. Así, “señor” aquí denota una relación funcional y política, no una aprobación ni aceptación espiritual.
1 Reyes 18 Versículo 11
Malbim dice que Ovadiahu está confuso: durante años Eliahu se ha ocultado meticulosamente de todos los emisarios del rey, y ahora, repentinamente, no solo que deja de esconderse, sino que le pide a Ovadiahu que él mismo se adelante para anunciar su presencia ante Ajab. El contraste es tan drástico a los ojos de Ovadiahu que está completamente perplejo.
1 Reyes 18 Versículo 12
De este versículo, podemos inferir que Eliahu tenía una naturaleza reservada, evitando exponerse o ser visto y seguido, prefiriendo pasar desapercibido, ocultarse y mantenerse en soledad.
Según Rambam, la expresión "El Espíritu del Señor te llevará adonde yo no sepa" no hace referencia a una fuerza mágica que transporta a Eliahu a lugares remotos y ocultos. Más bien, se trata del espíritu de la profecía que le ordena trasladarse a otro sitio, tal como ocurrió en ocasiones anteriores.
La primera vez, Dios le ordenó ocultarse junto al arroyo de Kerit (17:3); la segunda, le indicó dirigirse a la casa de la viuda en Tzarfat (17:9), y así sucesivamente. De este modo, el versículo refleja un patrón en el que la profecía guía a Eliahu de un lugar a otro según la voluntad divina, sin que esto implique un traslado sobrenatural.
Abarbanel explica que Ovadiahu temía que, al ir a informar a Ajab sobre la presencia de Eliahu, el espíritu del Señor pudiera manifestarse repentinamente sobre el profeta, como había ocurrido en otras ocasiones, llevándolo a otro lugar antes de que el rey llegara.
Si esto sucedía, Ajab no lo encontraría y pensaría que Ovadiahu le había mentido, lo que pondría en peligro su vida. Por ello, Ovadiahu le detalla a Eliahu todos los esfuerzos que Ajab ha hecho para localizarlo, mencionándole que incluso envió mensajeros a las naciones vecinas en su búsqueda y cómo la vida de los demás profetas estaba en extremo peligro, mucho más la de Eliahu.
Este énfasis en la desesperación del rey por hallar a Eliahu subraya la tensión del momento y la gravedad de la situación para Ovadiahu.
Malbim analiza aquí la profunda angustia y temor de Ovadiahu. Interpreta que Ovadiahu sospecha, o teme, que Eliahu, al pedirle que anuncie su presencia, no tiene verdadera intención de presentarse ante Ajab. Quizá, piensa Ovadiahu, Eliahu busca demostrar que todo el esfuerzo del rey por encontrarlo fue inútil, ya que él estaba “cerca” todo el tiempo, pero inaccesible.
Ese acto, aunque tendría un valor moral o profético para desenmascarar a Ajab, pondría en riesgo directo a Ovadiahu, pues si Ajab no encuentra a Eliahu como le fue prometido, lo acusaría de mentiroso o traidor y lo mataría.
La frase final es clave: “y yo tu siervo soy temeroso del Señor desde mi juventud” una súplica emocional con la que Ovadiahu no solo reivindica su propia fe, sino que apela al sentido de justicia de Eliahu para que no lo exponga a una situación injusta que podría costarle la vida.
1 Reyes 18 Versículo 13
Malbim plantea una posible objeción que podría hacerle Eliahu a Ovadiahu: “¿Por qué temes? Aunque yo desaparezca repentinamente, Ajab no te matará, porque no podrá culparte por algo que está fuera de tu control, como el hecho de que yo pueda ocultarme milagrosamente.”
Ante esta objeción hipotética, Ovadiahu responde con un argumento contundente: “¿Acaso no le han contado a mi señor lo que hice cuando Izebel mató a los profetas del Señor, que escondí a cien de los profetas del Señor, cincuenta y cincuenta hombres en cada cueva, y los sustenté con pan y agua?”
Este hecho, según el Malbim, llegó luego a oídos de Ajab, y por eso Ovadiahu sospecha que el rey ya lo mira con recelo, como alguien que colabora en secreto con los profetas del Señor y se opone a la política religiosa oficial de la corte.
Ovadiahu teme que, si ahora va a informarle a Ajab sobre el paradero de Eliahu y luego este desaparece nuevamente, el rey aprovechará la ocasión para deshacerse de él, acusándolo de encubrimiento o de haber mentido deliberadamente.
En ese contexto, su anterior acto de salvar a los profetas no lo protegería, sino que se convertiría en motivo de sospecha y condena.
Otros opinan que este acto valiente de Ovadiahu —haber salvado y mantenido en secreto a los profetas del Señor durante la persecución de Izevel— viene a reforzar lo que él mismo había declarado anteriormente: “Yo, tu siervo, temo al Señor desde mi juventud”. Con esta mención, Ovadiahu no solo reivindica su integridad y fidelidad constante, sino que también intenta apelar a la conciencia del profeta para que no lo exponga al peligro.
Su súplica no es simplemente por temor, sino porque considera que no sería justo que alguien que ha arriesgado tanto en favor del pueblo de Dios y de Sus profetas sea ahora tratado como un simple instrumento descartable, como un títere en manos de un plan que puede conducirlo a la muerte.
Ovadiahu busca enfatizar que su vida ha estado consagrada al servicio divino, por lo tanto, no debería ser expuesto a ese peligro.
1 Reyes 18 Versículo 14
Metzudat David dice que Ovadiahu expresa su temor de ser ejecutado, no solo por preocupación por su propia vida, sino por el impacto que ello tendría sobre los profetas que él ha estado protegiendo en secreto.
Si él muere, ¿quién continuará sustentando a los cien profetas ocultos en las cuevas? Su súplica implícita hacia Eliahu es clara: considera las consecuencias de mi muerte y ten compasión de ellos.
Ovadiáhu no solo expresa su temor, sino que su discurso está impregnado de una profunda angustia y desesperación. Sus palabras no son meramente una advertencia, sino una súplica intensa, casi un ruego desesperado a Eliahu, apelando tanto a su conciencia como a su juicio profético.
"¿Acaso no ves el peligro en el que me encuentro? Si me matan, ¿quién quedará para sostener a los profetas ocultos? ¿Quién velará por su supervivencia? No solo es mi vida la que está en juego, sino la de ellos también. ¡Ten compasión de ellos!"
El Daat Mikrá enfatiza que este pasaje no es simplemente un diálogo informativo, sino un momento cargado de emoción cruda y temor real. Ovadiáhu no le habla a Eliahu como a un profeta distante, sino casi como un juez, como un hermano en la fe, como alguien que puede decidir su destino con una sola acción.
Este momento nos muestra el choque entre el enfoque de Eliahu y la racionalidad que se espera del ser humano en Ovadiáhu. Por un lado la confianza absoluta en la providencia divina, por otro lado, el deber de hacer lo máximo para no exponerse al peligro innecesariamente.
Es en esta tensión donde radica la fuerza del discurso de Ovadiáhu: un hombre que ha arriesgado todo por proteger a los profetas y ser fiel a Dios, pero que también entiende que la fe no implica una exposición irreflexiva al peligro, sino un equilibrio entre confianza divina y prudencia humana.
1 Reyes 18 Versículo 15
Eliahu comprende la angustia y el temor que embarga a Ovadiahu, y no responde con indiferencia ni reproches. Su respuesta es firme, llena de serenidad y confianza: “No temas. No desapareceré.” Esta frase es mucho más que una simple afirmación; es un llamado a la confianza en la providencia divina.
Eliahu le asegura que permanecerá en el lugar donde está porque no actúa por voluntad propia, sino siguiendo una orden directa de Dios. La razón por la que hasta ese momento se había ocultado no fue fruto del miedo o de la simple precaución humana, sino que formaba parte del plan divino. Ahora, en un instante decisivo, esa orden ha cambiado: ha llegado el tiempo de presentarse ante Ajab. Y cuando la voluntad divina llama, no hay lugar para el temor ni la duda.
Lo que Eliahu quiere transmitir es que su decisión no es algo personal, un acto imprudente, ni una provocación que obligaría a Dios a realizar un milagro para salvarlo. No hay desafío ni arrogancia en su actitud, sino una obediencia absoluta y confiada en la voluntad de Dios.
El verdadero valor no radica en desafiar el peligro, cegado por un fervor religioso desmedido, ni en actuar negligentemente sin medir las consecuencias. Aquí se trata de cumplir con la misión que Dios le ha encomendado, y cuando tiene la certeza de que Dios ha ordenado eso, entonces debe hacerlo con fe plena y entrega total.
1 Reyes 18 Versículo 16
Daat Mikrá destaca la rapidez con que se desarrolla el encuentro: Ovadiahu va a buscar a Ajab, y enseguida se dice que Ajab fue al encuentro de Eliahu, sin mencionar preparación ni demora. Esta celeridad no es solo narrativa, sino que refleja la tensión del momento. Tras años de ausencia, Eliahu reaparece, y el enfrentamiento con el rey se vuelve inevitable.
El ritmo ágil del versículo transmite que el tiempo del ocultamiento terminó; ha llegado la hora del juicio. Incluso Ajab, a pesar de su hostilidad hacia el profeta, no duda ni retrasa el encuentro. Su movimiento directo sugiere que también él entiende que ha llegado un momento decisivo.
El versículo, marca que el tiempo de la sequía, del silencio y del ocultamiento está llegando a su fin.
1 Reyes 18 Versículo 17
Daat Mikrá explica que este versículo condensa en pocas palabras el enfrentamiento ideológico entre el poder político de Ajab y la autoridad profética de Eliahu. El rey, al ver por fin al profeta, no lo saluda, no lo llama por su nombre, ni siquiera le reprocha con un tono oficial o diplomático. Su primera y única frase es una acusación directa: “¿Eres tú el que arruina a Israel?”
La palabra clave עֹכֵר proviene de la raíz ע-כ-ר, que significa perturbar, trastornar o, más precisamente en este contexto, arruinar desde adentro, sembrar el caos. No es simplemente causar molestias, sino alterar gravemente el orden, desestabilizar lo que debería permanecer firme. Ajab acusa a Eliahu de ser el causante del desastre nacional, la sequía, y por lo tanto, de ser un enemigo del pueblo.
Esta expresión tiene profundas resonancias bíblicas. La encontramos en:
Bereshit 34:30, donde Yaacob reprocha a Shimón y Leví tras el episodio de Shejem: “Me habéis traído ruina, haciéndome odioso entre los habitantes de la tierra.”
Yehoshua 7:25, cuando se condena a Ajan por haber tomado del anatema: “¿Por qué nos has arruinado? Hoy el Señor te arruina a ti.”
En ambos casos, este verbo implica no solo un daño material o físico, sino una transgresión espiritual y moral con consecuencias colectivas. Ajab, al usar este término, se coloca a sí mismo en el rol del justo que sufre por culpa del profeta, invirtiendo completamente la realidad, en la que él es el responsable del pecado nacional y Eliahu el mensajero de corrección divina.
Hay que notar también el paralelismo retórico: así como Eliahu no se refirió a Ajab por su nombre en el versículo 8 (cuando Ovadiahu lo encuentra y Eliahu le dice simplemente: “Ve, di a tu señor: Aquí está Eliahu”), Ajab tampoco llama por su nombre al profeta, sino que lo define por lo que, según él, representa: un destructor de Israel. Esta omisión del nombre propio refleja la ruptura entre ambos, su total antagonismo espiritual y moral.
Este versículo no es solo una introducción a un debate profético, sino el eco de una lucha mayor: ¿quién es el que verdaderamente está causando la destrucción del pueblo? ¿El profeta que denuncia el pecado, o el rey que lo perpetúa? La contundente respuesta vendrá en el versículo siguiente, cuando Eliahu invierta la acusación y revele que es Ajab quien, con su idolatría, ha traído ruina sobre Israel.
1 Reyes 18 Versículo 18
Ajab lo había llamado "el que arruina a Israel", pero Eliahu no se intimida ni desvía el foco; responde de manera directa y valientemente, devolviendo la acusación al verdadero responsable: “No soy yo quien ha arruinado a Israel, sino tú y la casa de tu padre.”
EDI dice que en primer lugar, Eliahu rechaza de plano la acusación. No se defiende con explicaciones o excusas; simplemente niega la culpa y señala que lo que él ha hecho —anunciar el castigo divino y ocultarse— fue por mandato de Dios. La sequía no fue una decisión personal, sino una consecuencia del pecado nacional.
Luego intensifica la acusación, no responsabiliza solo a Ajab, sino también a su linaje, la “casa de tu padre”, es decir, a la dinastía de Omrí, conocida por haber introducido y promovido oficialmente la idolatría en el reino del norte. Ajab no es una figura aislada, sino el heredero y continuador de una corrupción espiritual que se ha institucionalizado.
La referencia a “tu padre” también puede aludir directamente a Omrí, quien como vimos antes en 16:25–26, él hizo “lo malo ante los ojos del Señor, más que todos los que fueron antes de él” y condujo a Israel al pecado.
Por último, Eliahu da la verdadera razón del desastre: el abandono de la Torá y la sustitución del culto a Dios por el servicio a los ídolos, particularmente los Baales, deidades cananeas asociadas a la fertilidad, la lluvia y la agricultura.
Este contraste entre “los mandamientos del Señor y los dioses paganos, muestra que no se trata de un problema político, sino espiritual. El problema no fue simplemente haber introducido costumbres extranjeras, sino haber roto el pacto con Dios, dejando de lado Su voluntad por el culto idolátrico.
Eliahu, no busca complacer ni negociar, sino declarar con claridad que la fidelidad a Dios es el único fundamento de la vida nacional, y que el alejamiento de Él trae inevitablemente la ruina.
1 Reyes 18 Versículo 19
Daat Mikrá señala que Eliahu pide que sea el propio rey quien convoque al pueblo, de modo que el llamado tenga carácter oficial, como un edicto real que nadie pueda desobedecer. Si la convocatoria proviniera únicamente de Eliahu, es probable que muchos, especialmente los profetas paganos, optaran por no presentarse. Sin embargo, al ser Ajav quien emite la orden, estos se verían obligados a asistir.
No obstante, Eliahu deja en claro que esta reunión no debe ser percibida como una iniciativa del rey, sino como una petición suya, en calidad de profeta del Señor. De esta manera, aunque el instrumento formal sea la autoridad del rey, el propósito y la dirección del evento quedan claramente asociados Eliahu, el profeta que cerró las puertas de los cielos para que no caiga agua.
Don Isaac Abarbanel concuerda con esta opinión y agrega que, Eliahu no revela de inmediato el verdadero propósito de esta convocatoria, ni su objetivo final. Esto da lugar a que Ajav, por su parte, interprete de que esta reunión tiene un propósito religioso convencional: tal vez, piensa él, que se trata de unirse todos y hacer una plegaria interreligiosa para que caiga lluvia. No sospecha que Eliahu está preparando una confrontación directa entre la idolatría y la fe verdadera, ni que se trata de una puesta a prueba definitiva frente a toda la nación.
El silencio de Eliahu respecto al propósito del encuentro es deliberado. Le permite asegurar la participación del rey y de los profetas paganos sin levantar sospechas ni generar oposición anticipada.
Eliahu deja claro quién es la verdadera fuerza detrás de esta corrupción: Izebel, la reina fenicia, esposa de Ajav, devota de los dioses cananeos.
Comer en la mesa de alguien en la antigüedad no era solo un acto de hospitalidad, sino de dependencia, lealtad y patrocinio. Significa que estos profetas viven del sostén económico y político de Izebel, que ha institucionalizado la idolatría en Israel.
1 Reyes 18 Versículo 20
Don Isaac Abarbanel y Metzudat David resaltan la diferencia en el lenguaje del versículo: “envió Ajab a todos los hijos de Israel”, es decir, envió por medio de mensajeros a todo el pueblo. En cambio, respecto de los profetas dice: “y reunió a los profetas”, porque tanto el pueblo como los profetas llegaron todos al monte Carmel. No hay duda de que el pueblo se reunió por su propia voluntad, porque deseaban ver lo que haría Eliahu y esperaban que, a partir de ello, viniera la lluvia. Pero los profetas de Baal no vinieron por propia voluntad, sino que fueron reunidos por la orden directa del rey, en contra de su deseo pues temían por su vida ante la confrontación que iba a realizarse.
Si bien con respecto de los profetas dice: “y reunió a los profetas”, no obstante, más adelante veremos que no asistieron los profetas de Asherá, ya que estos comían en la mesa de Izebel, y ella no les permitió asistir, por lo tanto salvaron sus vidas amparados en la inmunidad que Izebel les brindaba, aun en contra del edicto del rey. Por eso, en lo que sigue, solo se menciona a los profetas de Baal, tanto en la prueba como en la matanza, y no a los de Asherá.
1 Reyes 18 Versículo 21
Don Isaac Abarbanel dice que, Eliahu reprochó al pueblo al decir: “¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos?”. Esto significa que eran como alguien que cojea alternando entre un pie y otro, sin sostenerse por completo en ninguno. Así era Israel, inclinándose entre dos pensamientos: por momentos creían que el Señor era el verdadero Dios, con poder y providencia, especialmente al ver que la sequía había sido consecuencia del juramento de Eliahu; pero otras veces creían que Baal era el que tenía el poder y que era quien influía espiritualmente sobre los profetas, según lo decían los falsos profetas con sus mentiras.
Daat Mikrá dice que el ejemplo de saltar entre dos opiniones, se refiere a como un pájaro que salta entre dos ramas sin saber cuál es mejor para instalar su nido.
Radak agrega que, si bien el pueblo ya estaba inclinado hacia el Baal, y no hacia Dios, debemos decir que cuando vieron que se detuvo la lluvia por palabra de Eliahu, que era profeta del Señor, su corazón comenzó a inclinarse hacia el Señor. Pero los profetas del Baal los extraviaban, diciéndoles que debían esforzarse más en el servicio a Baal, es por eso que no caían lluvias. A eso se refiere cuando dice que cojeaban entre dos pensamientos: estaban divididos.
Malbim explica que Elihau les dijo: ustedes sirven al Baal, pero en tiempos de dificultad claman al Señor, esto indica que están oscilando entre dos pensamientos, y no saben a quién deben servir.
Y eso no es posible, porque entre dos opuestos no hay punto medio. Si el Señor es Dios, entonces el Baal no tiene ninguna realidad, ya que Él ordenó destruirlo y abominarlo. Y si en cambio el Baal tiene alguna realidad, entonces ustedes no tienen parte en el Señor.
Algo parecido había dicho Yehoshua en 24:15 Y si no os place servir al Eterno, escogeos hoy a quién serviréis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron del otro lado del río (Éufrates), o a los dioses del Emorí en cuya tierra habitáis; mas yo y mi casa serviremos al Eterno.
Ralbag explica que, el concepto idolatra de “Baal” era realizar una figura o cualquier sujeto, mediante el cual, de acuerdo con su pensamiento, se canalizaba la fuerza del poder celestial que gobierna sobre aquella nación y aquel clima. esta figura o cosa, según su pensamiento, era una especie de fuerza u "ondas" de un intermediario celestial que dominaba aquella nación y su clima. Los profetas del Baal realizaban ciertos tipos de acciones que producían para ellos algún tipo de adivinación, mediante la cual, según su creencia, recibían mensajes de ese “regente” superior, cuya energía fuerza u "ondas", descendían a través de aquella figura de Baal, que habían fabricado, tal como ellos imaginaban.
De manera similar, los profetas de Asherá pensaban que aquellas fuerzas influían en el árbol de Asherá que ellos habían plantado en un momento determinado, y que a través de ciertos actos llegaba a ellos algún tipo de poder mágico derivado de esas fuerzas despreciables.
Tanto Ralbag como Rambam ya ha explicado las falencias inherentes a ese tipo de conocimientos y artes mágicas y cómo están estrictamente prohibidas creer en ellas acorde a la Torá.
El pueblo no respondió nada a estas palabras, porque no sabían hasta cuándo esta oscilación en su fe les sería un tropiezo. Estaban aún indecisos.
1 Reyes 18 Versículo 22
Radak comenta que anteriormente, en el versículo 19 había dicho “que comen a la mesa de Izebel” puede referirse tanto a los profetas de Baal como a los profetas de la Asherá, pero considera más correcto interpretarlo exclusivamente respecto de los profetas de la Asherá. Según esta lectura, Izebel sostenía y protegía personalmente a estos profetas, lo cual explica por qué ellos no acudieron al monte Carmel para el enfrentamiento con Eliahu. Ella les permitió no asistir a la cita con Eliahu, por lo tanto salvaron sus vidas amparados en la inmunidad que Izebel les brindaba, aun en contra del edicto del rey, que los obligaba a presentarse allí.
Esto se confirma, según Radak, por el hecho de que aquí, Eliahu menciona solamente a los profetas de Baal, cuatrocientos cincuenta hombres, y no menciona en absoluto a los de la Asherá. La omisión sugiere que los profetas de la Asherá no estuvieron presentes en el desafío público, probablemente porque Izebel no permitió que se expusieran, protegiéndolos de la confrontación con Eliahu y del posible descrédito ante el pueblo.
Daat Mikrá explica que, si bien anteriormente se había dicho que Ovadiahu había escondido a cien profetas del Señor, esto era algo secreto, oculto tanto para el rey como para el pueblo, pues de lo contrario sus vidas correrían peligro. Por eso Eliahu les dice que, tanto para el pueblo como para el rey, el único profeta de Dios que quedaba era él. Otros opinan que se refiere a que, en ese lugar, frente a los 450 profetas de Baal, estaba él solo como profeta de Dios.
1 Reyes 18 Versículo 23
Malbim opina que, para que no piensen que él había elegido un animal que tuviera alguna ventaja (sobre el otro), es por eso que propone que sea el pueblo el que provee a los animales para la ofrenda, aunque no sean idénticos entre sí, y que ellos, los profetas de Baal, elijan para sí el mejor de los dos.
En cuanto a Eliahu, habrá dos desventajas:
Que él usaré el toro que quede, el de calidad inferior.
Que él estará solo.
Este comentario subraya cómo Eliahu se asegura de eliminar toda sospecha de ventaja o manipulación: les cede la iniciativa a los profetas de Baal tanto en la elección del toro como en el número de participantes, mientras que él mismo acepta actuar solo y con el toro sobrante, reforzando así el carácter milagroso de lo que está por ocurrir.
Don Isaac Abarbanel sostiene que a su mi entender, los profetas de Baal adoraban al sol, y por ser el mayor de los astros y regente del mundo sublunar, lo llamaban “Baal”, que en hebreo quiere dicir: "señor o dueño".
Y como el sol influye especialmente sobre el elemento fuego, siendo su acción el calentar y quemar, el desafío se centró en la capacidad de hacer descender fuego.
Los profetas de Baal aceptaron este desafío porque pensaban que el sol, que según ellos era el dios, podría hacer descender el fuego fácilmente. Aun si tenían dudas, se vieron forzados a aceptar por tres razones:
Por la presión del pueblo: Al ver que todo el pueblo aceptaba la propuesta diciendo “¡Buena idea!”, no pudieron retirarse sin riesgo de ser apedreados por la multitud.
Porque pensaron que Eliahu estaba actuando contra la ley: Al presentar una ofrenda fuera del Templo, contrario a lo prescripto por la Torá, creyeron que Dios no respondería a Eliahu con fuego. Así, pensaban que ambos bandos quedarían igualados, sin que su iniciativa tuviera éxito.
Porque pensaron que ambos presentarían los sacrificios al mismo tiempo: De ese modo, si descendía fuego, podrían atribuirlo al Baal. Eliahu diría que fue Dios, ellos dirían que fue el Baal, y el asunto quedaría sin resolución concluyente.
1 Reyes 18 Versículo 24
Don Isaac Abarbanel explica que, dado que el pueblo no había respondido nada a la pregunta que Eliahu les planteó en el versículo 21, el profeta tuvo que dirigirse nuevamente a ellos, esta vez proponiéndoles una prueba mediante ofrendas. Ante esta propuesta, el pueblo sí respondió con entusiasmo y con disposición a que se realizara el desafío, lo que dejó sin margen de escape a los profetas de Baal para retractarse.
El texto no menciona que los profetas de Baal hayan respondido, y esto se debe a que, en efecto, no lo hicieron. Para ellos, no era agradable aceptar esta prueba, pero al ver que el pueblo la recibía con aprobación, por su deseo genuino de conocer la verdad, se vieron forzados a participar.
No obstante, albergaban una esperanza: como Eliahu había propuesto que ambos bandos presentaran sus respectivos sacrificios y elevaran su plegaria al mismo tiempo, pensaban que, si descendía fuego, podrían atribuirlo a Baal. Eliahu afirmaría que fue Dios; ellos, que fue Baal, y así el asunto quedaría sin una resolución definitiva.
1 Reyes 18 Versículo 25
Cuando Eliahu vio que los profetas de Baal ya no podían echarse atrás, y para evitar toda confusión que impidiera que el resultado de la prueba fuera claro y concluyente, se cuidó de que ambas partes no ofrecieran sus sacrificios al mismo tiempo. Por eso les dijo: “Escogeos un novillo y preparadlo vosotros primero”, indicando que cada grupo ofrecería su sacrificio por separado, para que pudiera distinguirse inequívocamente entre la verdad y la mentira.
Según Don Isaac Abarbanel, Eliahu actuó de este modo porque sabía que, si ambos sacrificios se ofrecían simultáneamente, y descendía fuego del cielo, cada grupo podría atribuirlo a su propio dios, lo cual dejaría el asunto sin una resolución definitiva ante el pueblo. Al ordenar que los profetas de Baal actuasen primero, Eliahu les quitó toda posibilidad de alegar ambigüedad en el resultado.
De manera similar, Malbim señala que Eliahu les concedió a los profetas de Baal varias ventajas: permitirles elegir el novillo que prefirieran, ser los primeros en realizar el sacrificio, y contar con un gran número de oficiantes (450), en contraste con Eliahu, que estaba solo. Esto con el objetivo de que no tuvieran excusas si su intento fallaba y que el pueblo reconociera la verdad de manera evidente.
1 Reyes 18 Versículo 26
Ralbag explica que Baal era considerado por sus seguidores como la deidad solar, y creían que su poder alcanzaba su punto máximo entre la mañana y el mediodía, cuando el sol está en lo más alto. La frase "no hubo voz" indica que no se manifestó ninguna señal de aceptación de la ofrenda, ya sea mediante una voz profética o mediante fuego del cielo, tal como Eliahu había propuesto: “el Dios que responda con fuego, Él es el verdadero Dios”. Dado que esa era la señal esperada, y no hubo respuesta ni fuego, quedó en evidencia que Baal no existía.
Daat Mikrá opina que se habían entregado a todo tipo de danzas y saltos alrededor del altar, para así atraer la atención de su deidad.
Eliahu también había construido su propio altar desde el principio. Cuando los profetas de Baal vieron que no recibían respuesta, imaginaron que la sola presencia del altar de Eliahu interfería con su servicio, por lo que comenzaron a saltar sobre el altar de Eliahu con la intención de derribarlo o anular su efecto. Esto explicaría por qué más adelante en el versículo 30 Eliahu dice: “Y reparó el altar del Señor que había sido derribado, en su desesperación, los profetas de Baal lo habían destruido.
El Midrash relata que los profetas de Baal solían recurrir a todo tipo de artimañas y engaños para impresionar al pueblo y hacerles creer que Baal poseía algún poder. En esta ocasión también habían urdido un truco: ocultaron a un hombre de pequeña estatura dentro del altar, debajo de la leña, con el propósito de que, al recibir una señal convenida, encendiera el fuego desde el interior y así aparentar que había descendido milagrosamente del cielo.
Pero Dios frustró su plan de manera sobrenatural: una serpiente venenosa mordió al individuo oculto y lo mató al instante. Los profetas de Baal, ignorando lo sucedido, continuaban danzando frenéticamente y golpeando el altar, esperando que el fuego se encendiera conforme a su engaño. Sin embargo, nada ocurría.
Este Midrash, independientemente de si describe un hecho literal o presenta una parábola pedagógica, transmite un mensaje claro: los idólatras se apoyan en la manipulación, el ilusionismo y la demagogia para sostener sus falsas creencias. Pero en este caso, Dios desbarató todos sus recursos, revelando ante los ojos del pueblo la absoluta impotencia de su culto.
1 Reyes 18 Versículo 27
Si el Baal fuera verdaderamente un dios que supervisa el mundo, tendría poder sobre este elemento y podría hacerlo descender para consumir una ofrenda. Más aún, si él tuviera dominio sobre el fuego, debería ser capaz de hacerlo descender más fácilmente que otros elementos o sustancias. Por eso, Eliahu escogió el horario del mediodía, cuando el sol está en su punto más alto. Si incluso entonces no descendía el fuego, sería evidente que el Baal no tiene poder alguno, y mucho menos lo tendrá cuando su influencia disminuya al pasar el mediodía.
Don Isaac Abarbanel dice que Eliahu se burla de ellos sugiriendo que, si Baal fuera realmente un dios con capacidad de responder con fuego, entonces el motivo por el cual no ha respondido podría deberse a una de cuatro causas que lo estarían obstaculizando:
“Quizá está conversando”: es decir, tal vez está en medio de una conversación o diálogo con otros, y por estar ocupado con eso, no responde.
“O está ocupado”: y no puede hacer dos cosas al mismo tiempo.
“O de viaje”: tal vez ha salido de viaje y no se encuentra presente.
“Quizá duerme y despertará”: es decir, según la costumbre humana, tal vez está durmiendo la siesta después de comer, como es habitual a esa hora del día. Por eso Eliahu les dice: “Clamad en voz alta”, no porque pueda responder realmente, sino con la esperanza de que tal vez se despierte.
Malbim dice algo similar, precisamente cuando los profetas de Baal albergaban su mayor esperanza, ya que el mediodía representa el punto de mayor intensidad del sol, al cual asociaban con el poder de su dios. Fue en ese momento que Eliahu comenzó a burlarse de ellos abiertamente, empleando palabras cargadas de sarcasmo y desprecio.
Les dijo: “Clamad en voz alta” – aquí radica el inicio de su ironía. En los atributos verdaderos de la divinidad, no se concibe que Dios esté en un lugar específico, ni que requiera gritos para oír. Dios no está limitado por el espacio, no se fatiga, no duerme, ni carece de conocimiento. No necesita ser despertado ni llamado en voz alta, porque no está ausente ni distraído.
Sin embargo, Eliahu, al querer exponer lo absurdo de su idolatría, se burla de ellos imputándole a su “dios” atributos humanos o incluso subhumanos:
"Quizás está conversando": Eliahu insinúa que si su dios tiene cualidades físicas, tal vez también posee facultades mentales como la capacidad de habla o diálogo. Y como los humanos, quizás está ocupado hablando con alguien más y por eso no responde.
"Quizás está ocupado": es posible que esté contemplando otros asuntos, y por eso no escucha. Esto también apunta a un tipo de limitación de la intelectualidad humana, que al concentrarse en una idea puede perder contacto con lo que ocurre alrededor.
"Quizás está de viaje": como un ser viviente con alma vital, tal vez se ha trasladado y no está en el lugar del sacrificio. Este tipo de limitación corresponde a los seres animados que ocupan espacio y están sujetos al movimiento físico.
"Quizás está dormido y despertará": Eliahu lleva su burla al extremo, sugiriendo que su dios necesita dormir. El sueño, es propio de los seres que crecen y se desarrollan, como las plantas. Si ese dios necesita dormir, no es ni siquiera comparable a un ser humano: ha descendido al nivel más bajo de la existencia.
La ironía más aguda de Eliahu está en el orden inverso en que presenta estos defectos. Si hubiera hablado con seriedad, hubiera comenzado por lo más bajo – el sueño (vegetativo) – y subido hasta la reflexión (racional). Pero al decirlo en el orden descendente, comienza desde lo más elevado y va degradando progresivamente a su dios, hasta rebajarlo por debajo del ser humano.
Así concluye con mordacidad: “Clamad con más fuerza, quizá duerme y se despertará”, mostrando que no sólo se trata de una burla teatral, sino de un argumento teológico profundo: el dios al que sirven carece de toda cualidad divina, al punto de que, si necesita ser despertado, no merece ser llamado dios en absoluto.
De este versículo, los sabios deducen que toda forma de burla o ridiculización hacia una persona está absolutamente prohibida, salvo cuando se dirige contra la idolatría o el paganismo, casos en los que dicha actitud es permitida
1 Reyes 18 Versículo 28
Radak dice que este versículo es muy revelador: muestra cómo las prácticas de los profetas de Baal estaban institucionalizadas, no como un acto de desesperación espontánea, sino como un ritual sistemático que incluía elementos extremos como el grito, el movimiento frenético, y hasta el daño físico.
Aun en nuestros días la autoflagelación es una práctica presente en varias tradiciones religiosas, donde los fieles se infligen dolor físico como forma de penitencia o devoción. Algunas de las más conocidas incluyen:
Cristianismo medieval: En la Edad Media, grupos de flagelantes recorrían ciudades golpeándose con látigos como acto de arrepentimiento.
Durante ciertas festividades en Filipinas: Algunos creyentes se flagelan y hasta se crucifican.
Islam chiíta: Durante la festividad de Ashura, algunos fieles se golpean con cadenas o látigos para conmemorar el martirio.
Hinduismo tamíl: En ciertas celebraciones, los devotos se perforan la piel con anzuelos y barras de hierro como muestra de sacrificio
1 Reyes 18 Versículo 29
El comentario de Malbim explica la desesperación de los profetas de Baal cuando el mediodía pasó y el sol comenzó a declinar. En ese momento, comprendieron que su esperanza de recibir una respuesta se desvanecía, ya que el sol, al que atribuían poder divino, estaba retrocediendo en su curso.
Ante esta situación, comenzaron a profetizar falsamente, tratando de justificar por qué Baal no había respondido. Inventaron explicaciones como que su dios estaba enojado con sus seguidores o que había alguna razón oculta por la cual no aceptaba su sacrificio.
Sin embargo, el texto enfatiza que no hubo voz ni respuesta, lo que significa que Baal no mostró ninguna señal de existencia o poder. Además, el pueblo tampoco prestó atención a sus falsas profecías, lo que indica que su engaño no logró convencer a los espectadores.
Este momento marca el punto en el que la falsedad del culto a Baal queda completamente expuesta, preparando el escenario para la intervención de Eliyahu.
El Daat Mikrá señala que, al decir “pero no hubo voz, ni quien respondiera, ni quien escuchara”, el versículo subraya la total vanidad de sus esfuerzos: no había nada ni nadie que pudiera responder. Era un clamor dirigido al vacío, sin destinatario real que pudiera oír o actuar.
1 Reyes 18 Versículo 30
Rashí explica que cuando dice: Y reparó el altar del Señor que había sido derribado no se refiere a una reconstrucción física del altar, sino a que Eliyahu reconstruyó el altar de Dios que había sido destruido, restaurando su significado y presencia entre el pueblo de Israel. Antes de esto, el altar de Jerusalem había sido, olvidado y borrado de la memoria de las diez tribus, dejando un vacío espiritual en su conexión con Dios. Su reparación no se refiere a una cuestión física, sino más bien a un llamado a recuperar su fe y reconocer nuevamente la soberanía divina.
Don Isaac Abarbanel dice que, Eliyahu convocó a todo el pueblo para que se acercara y observara directamente cada paso de su acción, asegurándose de que no hubiera lugar para dudas ni sospechas de fraude. Quería que fueran testigos presenciales de lo que estaba a punto de hacer, garantizando la legitimidad del milagro que demostraría la soberanía de Dios.
Luego, reconstruyó el altar de Dios, que había sido derribado y abandonado debido a la influencia de la idolatría. Su restauración no fue solo un acto físico, sino también un símbolo de la renovación espiritual de Israel. Al devolverle su función original, Eliyahu estaba reafirmando el verdadero culto a Dios, marcando un punto de retorno para el pueblo hacia su fe genuina.
1 Reyes 18 Versículo 31
Abarbanel explica que Eliahu tomó doce piedras correspondientes a las doce tribus de Israel, a pesar de que en ese momento el pueblo estaba dividido entre el Reino del Norte (Israel) y el Reino del Sur (Yehudá). La intención de Eliahu era unificar a todo el pueblo, tanto desde el punto de vista nacional como espiritual, y enseñarles que debían volver al servicio del Señor con un solo corazón, un solo altar, una sola Torá y una sola ley.
Además de este mensaje de unidad, Eliahu buscó invocar el mérito de las tribus —es decir, el mérito colectivo del pueblo de Israel— junto con el mérito de los patriarcas, en especial el de Yaacob.
Por eso se menciona: “a quien fue dicho por palabra de Dios: Israel será tu nombre”. Esto alude al episodio en que Yaacob luchó con el ángel y prevaleció, y por eso se le otorgó el nombre Israel, como dice el versículo: “Porque luchaste con Dios y con los hombres y venciste” (Bereshit 32:29).
El Abarbanel señala que Eliahu quiso destacar que mientras el pueblo se había desviado tras otras deidades sirviendo a astros celestiales, a diferencia de Yaacob que se mantuvo fiel al servicio del Dios supremo, creador y soberano de todos. Al mencionar “Israel será tu nombre”, Eliahu reafirmaba que el pueblo debía retornar al camino de Yaacob, que luchó por aferrarse al verdadero Dios, y no seguir a las naciones en sus idolatrías.
1 Reyes 18 Versículo 32
Debemos saber que, hacer un altar fuera de Jerusalem constituía una transgresión, ya que una vez que el Templo de Jerusalén fue edificado, todos esos altares quedaron prohibidos, tal como está escrito en Debarim 12:13: "Cuídate de no brindar tus ofrendas en cualquier lugar que veas, sino solamente en el lugar que el Señor elija".
De esta manera, pase lo que pase, independientemente de la corona, la ciudad de Jerusalem no será sustituida, y el Templo será eternamente, el único lugar central para servir a Dios. Cabe destacar que, en la Torá no se menciona explícitamente nada sobre Jerusalén como el lugar del Templo, sino solo sobre "el lugar que el Señor escogerá" (Debarim 12:5). Allí, la expresión "el lugar que el Señor escogerá" aparece dieciséis veces en total. Este lugar, será Jerusalén como dijo antes en 9:3 Y el Señor le dijo: He oído tu oración y tu súplica que has suplicado delante de Mí; he consagrado esta casa que has edificado, poniendo allí Mi Nombre para siempre; en ella estarán Mis ojos y Mi corazón todos los días.
Y así quedó instituido en la ley judía, tal como dice Rambam en Hilajot Bet HaBejirá 1:3 Desde que se construyó el Templo en Jerusalén, todos los demás lugares quedaron prohibidos para edificar otra casa para el Señor o para ofrecer sacrificios. No hay otro sitio destinado como Templo para las generaciones futuras, excepto Jerusalén, específicamente en el monte Moriáh, sobre el cual está escrito: "Y dijo David: Este es el lugar de la casa del Dios Eterno, y este es el altar de los sacrificios para Israel." Además, como se menciona: "Esta es mi morada para siempre jamás."
Con respecto al dilema de cómo es factible que Elihau haga un altar fuera de Jerusalem si eso transgredía el precepto bíblico, la respuesta la podemos encontrar en lo que dice Rambam Hiljot Isodé Hatorá 9:3si un profeta que ya fue confirmado como tal, nos encomendara transgredir uno o varios de los preceptos de la Tora, en forma momentánea, ya sean de los más leves (Por ejemplo rezar, colocarse las filacterias, etc) o de los más graves (Por ejemplo, Shabbat), es nuestro deber obedecerlo, pues así estudiamos de los antiguos sabios quienes lo recibieron inequívocamente: “cualquier precepto que te ordenara el profeta transgredir, tal como Eliahu en el Monte Carmel, escúchalo, a Excepción de la idolatría (que a pesar de que el profeta nos encomiende hacer idolatría por única vez, no lo escuchamos), y lo obedecemos siempre y cuando se trate de un incumplimiento temporal, como el caso de Eliahu en el Monte Carmel, en el que ofreció una ofrenda fuera del Templo de Jerusalem; y en Jerusalem se encontraba el lugar designado para elevar las ofrendas y holocaustos y todo aquel que ofrenda fuera de aquel lugar es pasible de pena (muerte espiritual de su alma), no obstante por tratarse de un profeta, es un deber obedecerlo (ya que fue en calidad de temporal, por única vez, luego se continuaría ofrendando en Jerusalem), sobre esto fue dicho: “a él deberás escuchar” (Debarim 18:15) y si hipotéticamente le hubiésemos preguntado a Eliahu: “¿transgrediremos lo escrito en la Tora: `Cuídate, no sea que ofrezcas tus holocaustos en cualquier lugar`” (Debarim 12:13) nos hubiese contestado: “ese versículo se refiere al que sacrifica en forma permanente fuera del lugar designado para ello es pasible de pena, tal como encomendó Moisés, mas yo ofrendaré fuera de aquel lugar por orden de Dios para humillar a los falsos profetas”. De esta manera si nos encomendara cualquier profeta, transgredir momentáneamente, es nuestro deber acatarlo. Empero, si nos especifica que dicha violación es de ahora en más para siempre, dicho profeta tiene la pena capital, pues la Tora nos advirtió: “para nosotros y nuestros hijos para siempre” (Debarim 29:28).
Asimismo, si un profeta nos incita a transgredir algo que nos transmitieron en forma incuestionable (es decir que jamás surgió duda al respecto que así debía ser) o que al respecto de una controversia entre los sabios en lo que hace al detalle de algún precepto asegura que Dios le encomendó que así es la elucidación de dicho controversia, y el veredicto es conforme a la opinión de tal sabio, he aquí que se trata de un profeta falso y es penalizado con la pena máxima, a pesar de que haya obrado prodigios, pues para desmentir la Tora se yergue; y la misma Tora nos afirma: “No está en el cielo” (Debarim 30:12) no obstante, si todo esto es con carácter momentáneo, debemos escucharlo.
Todo lo que dijimos se aplica en todos los preceptos, a Excepción de la idolatría, en cuyo caso, no lo obedecemos (a aquel profeta) ni siquiera en forma temporal, a pesar que realice grandes señales y maravillas; si afirmase que Dios le encomendó se haga idolatría solo por ese día, o solo en ese momento, he aquí que habla apostasía contra Dios y sobre esto nos advierten las escrituras: “y viniera a suceder el signo o el prodigio que te había hablado, diciendo: -vayamos en pos de otros dioses... no habrás de escuchar las palabras del profeta aquel... pues ha hablado palabra desviadora sobre Dios” (Debarim 13: 3-4-6) puesto que viene a contradecir la profecía de Moisés. Por lo tanto nos será claro que se trata de un falso profeta (ya que la Tora nos previene, que Dios jamás encomendará jamás tal cosa (Debarim 13:3-4-6) por lo tanto se trata de un farsante), y todo lo que hizo (las grandes señales y prodigios), lo hizo por medio de engaños y trucos, y es pasible de la pena capital.
Algunos comentaristas modernos proponen que la ofrenda de Eliahu no fue un acto de culto con valor halájico, sino una señal milagrosa, una especie de "ofrenda demostrativa" sin intención de cumplir con el precepto de ofrendar a Dios, sino como una prueba para mostrar el poder del verdadero Dios. Según esta visión, no sería una transgresión, ya que no tiene estatuto de ofrenda formal sino de una señal, como la que pidió Guidón con el rocío o la vara de Aharón que floreció.
Abarbanel explica que Eliahu hizo una zanja alrededor del altar, con el propósito de que el agua vertida empapara completamente el entorno de la ofrenda y rodeara el altar. La medida que el texto da indica la extensión de esa zanja: equivalía al área en la que normalmente se puede sembrar la medida bíblica de dos se'á de grano, lo cual corresponde, según la tradición rabínica, a un espacio de aproximadamente cincuenta codos por cincuenta codos (unos 25 metros por 25 metros). Esta preparación no solo acentuaba la grandeza del milagro esperado, sino que también aseguraba que no quedara duda alguna sobre la imposibilidad de que el fuego encendido proviniera de una fuente humana o natural.
1 Reyes 18 Versículo 33
Daat Mikrá dice que entre los profetas, solamente tres profetas en toda la historia de Israel han hecho altares y brindado ofrendas: Moshé, Shmuel y Eliahu.
La descripción subraya la meticulosidad con la que Eliahu ejecuta el ritual, siguiendo el orden correcto y conocido del korbán olá (ofrenda que se quema completamente), tal como se hacía en el Templo: primero se colocaba la leña en el altar, luego se trozaba el animal en partes según la ley de la Torá, y finalmente se colocaban esas partes sobre la leña para ser quemadas.
Este detalle es relevante por varios motivos:
Demuestra la legitimidad del acto: Aunque Eliahu está ofrendando fuera de Jerusalem, lo hace en forma idéntica al rito prescrito por la Torá. Con esto refuerza que su acto no es una desviación caprichosa sino una hora'at sha'á (orden profética excepcional y temporal), como explicó el Rambam (Hiljot Yesodé haTorá 9:3).
Refuerza la intención espiritual: El orden y precisión con que actúa Eliahu contrasta con el frenesí caótico de los profetas de Baal. Donde ellos gritan, saltan y se hieren con desesperación, Eliahu actúa con serenidad, confianza y fidelidad a la tradición mosaica.
Prepara el escenario del milagro: Eliahu está creando las condiciones más naturales posibles, leña seca, carne expuesta al fuego, y aun así el milagro no ocurrirá hasta que Dios intervenga. Esto acentúa que el fuego que descenderá será totalmente sobrenatural, sin ningún engaño humano posible.
Este versículo no es solo una descripción técnica. Es una escena cargada de significado espiritual y pedagógico. Eliahu, actuando solo frente a cientos de falsos profetas y un pueblo confundido, no improvisa ni crea su propio rito. Por el contrario, vuelve a las raíces, a la halajá, al modelo de ofrendas enseñado en el desierto. Y en ese acto, se convierte en un puente entre el pasado (la entrega de la Torá), el presente (la apostasía del reino del norte) y el futuro (la posibilidad del arrepentimiento y retorno). Es un acto litúrgico, pero también profético: no se limita a brindar una ofrenda, sino que restaura una visión de Israel sirviendo a Dios con fidelidad y pureza.
1 Reyes 18 Versículo 34
Lejos de ser un mero detalle logístico, la abundancia de agua sobre la leña y el sacrificio acentuaba la magnitud del milagro que estaba por venir.
Radak explica que Eliahu ordenó llenar cuatro cántaros con agua y derramarlos tres veces —totalizando doce cántaros— con la intención de aumentar la maravilla del milagro: que el fuego divino consumiera el sacrificio a pesar de la cantidad de agua, lo cual contradecía las leyes naturales. Los doce cántaros corresponden simbólicamente a las doce tribus de Israel, así como las doce piedras del altar. Además, la división en tres vertidas representa a los tres patriarcas: Avraham, Yitzjak y Yaakov (Israel), a quienes Eliahu invocará más adelante en su plegaria. Esto señala que la súplica por el retorno de Israel a Dios está anclada en la fidelidad de las generaciones fundacionales.
Ralbag observa que Eliahu hizo excavar una zanja alrededor del altar —del tamaño de "un campo donde se siembra una medida de se'á" (aproximadamente 50 codos por 50)— para que allí se acumularan las aguas. Esto reforzaba aún más la imposibilidad de un encendido humano. Según Ralbag, esta acción fue realizada por iniciativa de Eliahu, confiado en que Dios actuaría como lo hizo previamente con el hijo de la viuda de Tzarfat. Alternativamente, pudo haber sido una orden directa de Dios con el fin de despertar a Israel del grave pecado en el que estaban sumidos.
Abarbanel, por su parte, recalca que el propósito principal era magnificar el milagro: no solo debía el fuego encenderse espontáneamente, sino además superar la dificultad física del altar empapado y rodeado de agua. Eliahu eligió este camino en contraposición a los profetas de Baal, quienes hicieron todo lo posible para forzar un resultado por medios humanos: aprovechando el calor del mediodía, con saltos, heridas y manipulación. Eliahu, en cambio, se aseguró de eliminar cualquier sospecha de truco o preparación, haciendo lo contrario de lo que haría un farsante.
Este episodio no fue una simple demostración de poder, sino un acto profundamente estructurado para devolver la fe al pueblo, elevar su conciencia espiritual y marcar la superioridad de la verdadera revelación sobre la manipulación idolátrica. El agua no impidió el milagro; fue el telón sobre el cual este se proyectó con mayor fuerza.
Daat Mikrá señala que no debe sorprendernos que se haya conseguido agua incluso durante una época de sequía, ya que en la zona del monte Carmel suelen existir numerosos manantiales, y es posible que no todos se hayan secado. Además, es muy probable que las personas que acudieron al lugar hayan traído consigo agua para beber.
1 Reyes 18 Versículo 35
Radak explica que el agua había sido vertida sobre la ofrenda dispuesta sobre el altar y sobre la leña, y que era tal la cantidad que terminó escurriéndose hacia abajo hasta llenar la zanja que Eliahu había cavado alrededor del altar.
Con ello, Eliahu procuró eliminar toda sospecha de engaño o truco, como si se tratara de un fuego oculto. El agua, que naturalmente apaga el fuego, hace que una leña empapada resulte prácticamente imposible de encender, como si repeliera el fuego. Justamente por eso, Eliahu quiso reforzar aún más el carácter milagroso del evento
1 Reyes 18 Versículo 36
Lo primero que observamos es que, a diferencia de los profetas de Baal, Eliahu no recurre a actos frenéticos ni irracionales. En lugar de gritos y movimientos desesperados, eleva una plegaria serena y fundamentada, con argumentos precisos y un propósito claro.
Al evocar la memoria de los patriarcas, Eliahu busca transmitir al pueblo que no poseen méritos propios que justifiquen la intervención divina, sino que, si Dios hará descender fuego del cielo y luego enviará la lluvia, será únicamente por el mérito de los patriarcas. Tal como está expresado en Devarim 9:5: “No por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer su tierra, sino por la maldad de estas naciones el Señor tu Dios las expulsa de delante de ti, y para confirmar la palabra que el Señor juró a tus padres, a Abraham, a Yitzjak y a Yaacob”.
La plegaria de Eliahu recuerda en gran medida la de Moshé cuando intercede por el pueblo ante Dios. También él apela a los méritos de los patriarcas como fundamento para la misericordia divina.
Malbim explica que Eliahu en su plegaria invoca a Dios como Dios de Abraham, de Yitzjak y de Israel es decir, a los patriarcas, por varias razones clave:
Fundamento de la alianza: Los patriarcas son los primeros con quienes Dios hizo pactos eternos. Al llamar a Dios “Dios de Abraham, Yitzjak y Israel”, Eliahu apela a esa alianza primordial para pedir misericordia y recordarle a Dios su compromiso con el pueblo.
Reivindicación de la identidad nacional: Al mencionar a los patriarcas, Eliahu hace recordar al pueblo, que desde tiempos remotos Dios ha estado con ellos desde que se fundaron como nación.
Recordar la fidelidad a Dios: Los patriarcas fueron modelos de fe y obediencia de esa manoera inspirara al pueblo a que imiten a sus patriarcas
Contraste con los profetas falsos: Mientras los profetas de Baal invocan a un dios extranjero, Eliahu recurre al Dios de los patriarcas, reafirmando la verdadera fuente divina.
En suma, esta invocación no es solo una apelación teológica, sino un recordatorio de la continuidad histórica y espiritual. Incluso cuando el pueblo se alejó de Dios y transgredió el pacto que había realizado con Él, Dios sigue cercano a ellos.
Con respecto a su súplica, encierra tres aspectos:
Que Dios sigue presente en Israel – Aunque el pueblo había caído en la idolatría, Eliahu quería mostrar que Dios aún los supervisa y permanece con ellos, incluso cuando el pueblo se volcó a dioses paganos.
Que él es un verdadero siervo de Dios – Con su invocación, reafirmaba que a diferencia de los falsos profetas de Baal, Eliahu es un verdadero profeta de Dios, y que actúa únicamente por voluntad divina.
Que todo lo que hizo fue por mandato divino – La construcción de ese altar fuera de Jerusalem, la preparación de la ofrenda y la súplica por fuego celestial no fueron decisiones personales, sino actos realizados siguiendo la palabra de Dios.
Radak explica que Eliahu enfatiza en su plegaria que todo lo que ha hecho no proviene de una iniciativa personal, sino que es conforme a la voluntad divina. Él teme que el pueblo, al presenciar un milagro, pueda atribuirlo a hechicería o manipulaciones mágicas. Por eso suplica que el fuego venga directamente del cielo, como señal inequívoca de que sus acciones son expresión de la voluntad de Dios, y que todo lo que ha hecho lo ha hecho confiando en Él.
Además, los Sabios explican que cuando Eliahu dice: por Tu palabra he hecho todas estas cosas, está respondiendo a una posible objeción: ¿cómo es posible que haya ofrecido una ofrenda fuera del Templo de Jerusalem, cuando ya estaba prohibido brindar ofrendas en otros lugares? A esto Eliahu responde que todo lo hizo "por Tu palabra", es decir, por mandato divino directo. Esta es una clara alusión al principio de 'Horahat shahá', como fue expuesto por el Rambam: cuando un profeta auténtico ordena transgredir momentáneamente un precepto, es un deber escucharle, siempre que no se trate de idolatría.
1 Reyes 18 Versículo 37
Daat Mikrá hace un resumen de los comentarios de los sabios y dice que, al repetir dos veces la palabra: respóndeme, se debe a dos cosas:
Respóndeme enviando fuego desde el cielo para que consuma la ofrenda y así todos puedan ver que Tu eres el Dios verdadero y desechen la deidad pagana de Baal
Respóndeme y envía lluvia a la tierra.
Con respecto a lo controvertido de la frase Tú has desviado sus corazones hacia atrás y su significado, los comentaristas han dado varias explicaciones y no necesariamente se contradicen unas con las otras, de manera que todas pueden ser verdaderas.
Citaremos primero y principal la opinión del indiscutido Rambam en la introducción al Pirke Avot dice categóricamente: "No cabe duda de que los actos de los seres humanos dependen únicamente de él, si quiere lo hace, si quiere no lo hace, sin nada que lo destine ni obligue al respecto, por lo tanto es apropiado encomendar al ser humano: Observa! he puesto hoy ante ti la vida y lo bueno, la muerte y lo malo... y escogerás la vida. (Debarim 30:15-19) De tal modo, el libre albedrío fue entregado a nosotros, y se impone entonces el castigo para el transgresor y la retribución para el disciplinado: si escuchan (habrá bendición), si no escuchan (habrá maldición (Debarim 11:27-28).
El Rambam afirma con claridad que el ser humano nace con libre albedrío. Es decir, tiene la capacidad de elegir entre el bien y el mal, de conducirse por la senda de la justicia o la de la perversión. Esta libertad es esencial para que exista la responsabilidad moral y, por ende, el mérito o el castigo. Sin libertad, no habría justicia divina en retribuir o sancionar.
Sin embargo, el Rambam también enseña que, aunque Dios no obliga a nadie a pecar, puede —como castigo— intervenir y quitarle a una persona la posibilidad de arrepentirse. Es decir, puede cerrarle la puerta del retorno. No como un acto arbitrario, sino como consecuencia directa de su propia maldad, de una vida entera elegida en el camino del pecado. Dios no lo empuja a errar, pero sí puede decidir, llegado cierto punto, que esa persona ya no merece otra oportunidad. Y entonces le impide volver atrás.
Así explica el Rambam lo ocurrido con el faraón. Durante las primeras plagas, él endureció su propio corazón. Pero luego, Dios lo hizo aún más rígido, impidiéndole arrepentirse. No fue un castigo gratuito, sino el resultado de sus propias elecciones malvadas. Como dice el Rambam: “Este comportamiento provenía de ellos por su libre albedrío y por su malvado pensamiento, sin que nada los obligue a ello. El castigo de Dios por lo tanto, consistió en impedirles el arrepentimiento, recayendo sobre ellos los castigos apropiados a su comportamiento.”
Más aún, explica que si Dios hubiera querido simplemente liberar al pueblo de Israel, podría haber destruido al faraón y a sus ministros de inmediato, sin pasar por todo el proceso de las plagas. Pero su voluntad incluía no solo liberar a los oprimidos, sino también castigar públicamente a los opresores, tal como había prometido a Abraham: “También al pueblo que los va a esclavizar, Yo juzgaré...” (Bereshit 15:14). Si el faraón se hubiera arrepentido, ese castigo habría sido moralmente inaceptable. Por eso Dios le quitó la posibilidad de arrepentirse: “Mas, si se hubieran arrepentido, hubiese sido imposible castigarlos, por lo tanto se les impidió el arrepentimiento”.
Esto no implica una contradicción con el principio del libre albedrío, aclara el Rambam. En general, cada ser humano elige su camino. Pero la justicia divina incluye también esta posibilidad extrema: que quien ha abusado gravemente de su libertad reciba como castigo la pérdida de esa misma libertad, al menos en una dimensión específica de su conducta. “Es posible que Dios castigue a un individuo eliminándole su libre albedrío en una conducta específica, comunicándole que no podrá volverse atrás (y arrepentirse) de forma tal, que no podrá recuperar el libre albedrío que poseía en esa conducta.”
Tampoco debe asombrar que este tipo de castigo tenga lugar en este mundo. A veces, dice el Rambam, el castigo se aplica sólo en el mundo venidero; otras veces, en este mundo; y en algunos casos, en ambos. Dentro del castigo en este mundo, puede manifestarse en el cuerpo, en los bienes materiales, o —como aquí— en la estructura interior de la persona misma: en su capacidad de elegir. El castigo más severo, según esta concepción, no es la pérdida de riqueza ni de salud, sino la pérdida del alma: el cierre de la puerta del retorno.
Este enfoque, que también se ve reflejado en las palabras del Rambam en Hiljot Teshuvá (cap. 6), redefine lo que entendemos por justicia divina. Dios no quita el libre albedrío arbitrariamente; lo hace cuando el ser humano ha degradado de tal modo su dignidad moral que ya no es merecedor de la capacidad de cambiar. Es una advertencia solemne: el don más precioso que poseemos —la libertad de elegir— no está garantizado eternamente si la usamos persistentemente para el mal.
Todo esto —dice el Rambam— está claro y no requiere mayor explicación. Es, de hecho, “la llave para muchas puertas”: un principio que ilumina pasajes oscuros de la Torá y las palabras de los profetas. A la luz de esta enseñanza, se entiende lo que proclamó el profeta Eliahu, de bendita memoria, frente al pueblo reunido en el monte Carmel: Respóndeme, oh Señor, respóndeme, para que este pueblo sepa que Tú, Señor, eres Dios, y que Tú has desviado sus corazones hacia atrás.
A primera vista, la afirmación parece problemática: ¿acaso Eliahu culpa a Dios por el extravío del pueblo? Pero si se tiene presente lo dicho por el Rambam, la frase cobra un sentido profundo: no se trata de negar el libre albedrío, sino de mostrar que, cuando una generación se hunde voluntariamente en la idolatría y el pecado, puede llegar a tal punto de corrupción que Dios, como castigo, les cierra el camino del retorno, desviando sus corazones hacia atrás.
Luego de dicho esto, ofreceremos otras opiniones. Según el Targum de Yonatan ben Uziel, las palabras de Eliahu deben entenderse como parte de su súplica a Dios: Para que este pueblo sepa que Tú, Señor, eres Dios, y que Tú has desviado sus corazones hacia atrás, es decir, “haz que sus pensamientos se desvíen ahora de la idolatría y vuelvan a Ti”. En este sentido, Eliahu pide no que Dios cierre la puerta del arrepentimiento, sino que la abra.
Una línea similar sostiene Rabí Saadiá Gaón, quien también interpreta el pasaje como una plegaria para que Dios incline sus corazones nuevamente hacia la verdad y no como una acusación.
Por otro lado, algunos comentaristas contemporáneos entienden que la frase final del versículo no está dirigida a Dios, sino que forma parte de un cambio en el interlocutor. Según esta lectura, Eliahu comienza su oración: “Respóndeme, oh Señor, respóndeme”, luego se dirige al pueblo con las palabras: “para que este pueblo sepa que Tú, Señor, eres Dios”, y finalmente, girando hacia el rey Ajab, lo acusa directamente: “y tú has desviado sus corazones hacia atrás”. Esta interpretación se apoya en el contexto inmediato: un poco antes, en el versículo 17, Ajab había acusado a Eliahu de ser el causante de la calamidad nacional. Pero Eliahu respondió con firmeza: “Yo no he arruinado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, porque habéis abandonado los mandamientos del Señor y habéis seguido a los Baales”.
Así, el versículo puede leerse en continuidad con ese mismo reproche, señalando que el verdadero responsable del extravío del pueblo no es el profeta, sino el rey que los condujo tras la idolatría.
Estas tres interpretaciones, aunque diferentes en forma, apuntan a una misma verdad profunda: el corazón humano es libre, pero también vulnerable. Puede elevarse hacia Dios o alejarse hasta perder el camino de retorno. Y cuando esto ocurre, no siempre queda abierta la posibilidad de volver. Es precisamente esta enseñanza —que el libre albedrío es un don, pero no un derecho incondicional— la que el Rambam considera clave para entender muchos caminos de la Providencia divina.
1 Reyes 18 Versículo 38
Este versículo muestra cuán extraordinario y milagroso fue el fuego que descendió. No fue un fuego natural, sino un fuego celeste, que consumió no solo la carne del sacrificio y la leña, como sería esperable, sino incluso las piedras del altar y el polvo de la tierra.
Es de recalcar el gran contraste entre Eliahu y los profetas de Baal, quienes estuvieron toda la mañana invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía … Y saltaban sobre el altar que hizo … Y gritaban a grandes voces y se sajaban, según su costumbre, con espadas y lanzas hasta que la sangre chorreaba sobre ellos ... Pero no hubo voz ni nadie quien responda. En cambio con Eliahu, no hizo falta que gritase, que hiciera todo tipo de actos frenéticos ni irracionales. No hizo falta tampoco que pase mucho tiempo, sino que, apenas Eliahu terminó su breve plegaria, Dios le respondió inmediatamente.
Tal como dice el versículo, el fuego primero consumió la ofrenda, luego quemó la leña, y por ser que no se trataba de un fuego común y corriente, también consumió las piedras y el polvo, algo que normalmente un fuego común no puede destruir. Y aun el agua, que es un elemento que aplaca y apaga el fuego, no pudo contenerlo, sino que el fuego también acabó con el agua de la zanja.
Es digno de resaltar el profundo contraste entre Eliahu y los profetas de Baal. Estos últimos invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, saltaban alrededor del altar que habían preparado, gritaban con todas sus fuerzas y se sajaban con espadas y lanzas, según su costumbre, hasta que la sangre les corría por el cuerpo. A pesar de todo ese despliegue frenético, el texto es claro: “no hubo voz, ni respuesta, ni quien escuchara”.
Eliahu, en cambio, no necesitó gritar, ni recurrir a actos desesperados o irracionales. Tampoco fue necesario prolongar el momento: apenas concluyó su breve y serena plegaria, Dios le respondió de inmediato. El fuego descendió del cielo sin demora, como una respuesta clara y categórica.
Tal como describe el versículo: el fuego consumió primero la ofrenda, luego la leña, y por tratarse de un fuego que no era natural, sino enviado desde lo alto como señal divina, también devoró las piedras y el polvo, elementos que un fuego común no podría destruir. Incluso el agua —que por naturaleza apaga el fuego— no logró detenerlo: el fuego celestial también secó el agua que llenaba la zanja.
1 Reyes 18 Versículo 39
Malbim observa que la repetición de la frase ¡El Señor, Él es Dios!;no es redundante, sino que cada mención transmite una afirmación distinta, complementaria y significativa.
La primera vez que el pueblo declara ¡El Señor, Él es Dios!;están formulando una afirmación positiva: que el Señor sí es el verdadero Dios. Esta convicción surgió en ellos al ver descender el fuego del cielo sobre la ofrenda de Eliahu. Fue una señal clara, directa y sobrenatural que les confirmó que el Señor es el que tiene dominio en la realidad y responde con poder.
La segunda declaración, repetida de inmediato, tiene un matiz diferente: no es sólo una afirmación positiva, sino también una negación implícita. Es decir: el Señor es Dios y sólo el Señor es Dios —no hay otro fuera de Él. Esta convicción no surge sólo de ver el fuego divino, sino también de lo que ocurrió en paralelo: el fracaso absoluto de los profetas de Baal. Ellos clamaron, gritaron, danzaron, se hirieron, e hicieron todo cuanto estaba a su alcance, y no recibieron ninguna respuesta. Ese silencio del supuesto "dios" fue una prueba irrefutable de que Baal no existe, es una mera ilusión.
Por lo tanto, el pueblo reconoció no sólo que el Señor es el Dios (afirmación positiva), sino también que ningún otro —incluido Baal— posee divinidad (afirmación negativa o exclusoria). Ambas ideas son necesarias para llegar a una verdadera fe: no basta con afirmar que Dios existe y actúa, pues hay muchos que creen en Dios, pero también aceptan otras creencias en paralelo, como que Él es Dios y también existen otros dioses junto con Él, ya sean hijos, cónyuges o semidioses. Es por eso que es indispensable también rechazar toda forma de idolatría fuera de Dios. La idea de Dios es excluyente y no tolera otras fuerzas o poderes fuera de Él.
Daat Mikrá dice que este suceso en donde desciende fuego desde el cielo y el pueblo al verlo se postra en tierra, también había sucedido cuando se inauguró el santuario en el desierto y fue relatado en Vaikrá 9:24. También cuando Shlomó inaguro el Templo en Dibre Haiamim II capítulo 7, allí agrega un detalle que aquí lo pasó por alto: Y cuando Shlomó terminó de orar, descendió fuego desde el cielo y consumió las ofrendas y los sacrificios, y la gloria del Señor llenó la casa. Los sacerdotes no podían entrar en la casa del Señor, porque la gloria del Señor llenaba la casa del Señor. Y todos los hijos de Israel, viendo descender el fuego y la gloria del Señor sobre la casa, se postraron rostro en tierra sobre el suelo y se arrodillaron alabando al Señor
Daat Mikrá señala que el descenso de fuego desde el cielo, que provocó que el pueblo se postrara en tierra al presenciarlo, no es un suceso único en la historia de Israel. Algo similar ocurrió en la inauguración del santuario en el desierto, tal como se relata en Vaikrá 9:24: “Y salió fuego de delante del Señor y consumió la ofrenda y los trozos sobre el altar; y al verlo todo el pueblo, gritaron y cayeron sobre sus rostros”.
Asimismo, un evento paralelo tuvo lugar en la inauguración del Templo por parte de Shlomó, según se narra en Divré Hayamim II, capítulo 7: “Y cuando Shlomó terminó de orar, descendió fuego del cielo y consumió los holocaustos y los sacrificios, y la gloria del Señor llenó la Casa. Y los sacerdotes no podían entrar en la Casa del Señor, porque la gloria del Señor llenaba la Casa del Señor. Y todos los hijos de Israel, al ver descender el fuego y la gloria del Señor sobre la Casa, se postraron rostro en tierra sobre el pavimento, y se prosternaron y alabaron al Señor”.
Este patrón, la manifestación divina mediante fuego que consume la ofrenda, seguida por la reacción de postración del pueblo, aparece como un signo claro de manifestación de Dios al pueblo como así también la aceptación por parte del pueblo de la grandeza y sumisión a Dios, tanto en el santuario del desierto, como en el Templo de Jerusalén, y también en el monte Carmel con Eliahu.
Es importante resaltar, que aun hasta hoy, muchas comunidades en el día más sagrado de Kipur, finalizan la plegarias expresando siete veces este misma frase: ¡El Señor, Él es Dios!; ¡el Señor, Él es Dios!
1 Reyes 18 Versículo 40
El Ralbag comenta que Eliahu, tras la victoria sobre los profetas de Baal, los condujo al río Kishón y los mató allí. Es posible que Eliahu haya ordenado a la gente matar a los profetas de Baal, aunque también cabe la posibilidad de que él mismo los hubiera matado, actuando de manera similar a como lo hizo Shmuel al asesinar a Agag, rey de Amalek con sus propias mano (Shmuel I 15) o como lo hizo Pinjás al matar a Zimri y Cosbí (Bemidbar 25), en ambos casos el celo por el Nombre de Dios los llevó a actuar así.
Este acto, aunque pueda parecer violento y extremo, fue un acto de justicia y celo por Dios, acorde con lo prescripto por la Torá respecto a los falsos profetas y a quienes incitan a la idolatría. Eliahu no los mató por venganza personal, sino en cumplimiento del precepto de eliminar a quienes inducen a Israel a adorar a otros dioses.
Además, es probable que, cuando Izebel ordenó matar a todos los profetas de Dios, como relata Ovadiahu al principio del capítulo, hayan sido precisamente los profetas de Baal quienes ejecutaron esa orden. Por lo tanto, al haber matado a los profetas de Dios, ahora Eliahu, el único profeta de Dios que quedaba, hizo justicia y vengó la muerte de todos los profetas asesinados por ellos.
Los llevó al arroyo de Kishón para que allí se ejecutara el juicio, quizás para que el agua lavara la sangre derramada, o para que no se profanara el lugar del sacrificio con la sangre de los culpables. Además, el Kishón estaba cerca, como indican los geógrafos.
Ralbag explica que Eliahu llevó a los profetas de Baal al arroyo Kishón para ejecutarlos allí, como si quisiera evitar que su sangre contaminara la tierra de Israel. Al derramarse en el arroyo, las aguas se encargaban de arrastrarla lejos, asegurando que no quedara como impureza en la tierra sagrada.
El Abarbanel ofrece una perspectiva diferente, diciendo que Eliahu le ordenó al pueblo apresar a los profetas de Baal y matarlos en el río Kishón, pero señala que Eliahu, en su celo por Dios, quería matarlos él mismo, como hizo Samuel con Agag y Pinjás con Zimri. De este modo, Eliahu actuó movido por su fervor por el nombre de Dios, buscando que el pueblo de Israel viera el castigo justo para quienes promovían la idolatría.
Además, Abarbanel agrega que, como la sequía había sido consecuencia del pecado del pueblo, Eliahu, al ver que el pueblo se arrepentía, se esforzó para que el Señor enviara la lluvia de forma milagrosa e inmediata, como una señal de que todo lo relacionado con la lluvia, tanto su retención como su descenso, están en manos de Dios. No se trataba de que la sequía se levantaría de forma natural, meramente por el retorno de las condiciones climáticas normales, sino que Eliahu quería que la lluvia llegara de forma sobrenatural, para que el pueblo comprendiera que todo estaba bajo el control divino. Por esta razón, oró para que el Señor enviara la lluvia, igual que lo hizo con la oración para que descendiera el fuego.
Finalmente, Eliahu, confiando plenamente en Dios y reconociendo que el Señor ya le había prometido enviar la lluvia, se preparó para que el pueblo pudiera ver y entender claramente que todo venía de Dios.
Daat Mikrá sostiene que la actitud de Eliahu frente a los profetas de Baal guarda similitud con la de Moshé tras el pecado del becerro de oro. En aquella ocasión, Moshé también ordenó ejecutar a los culpables, como acto de purificación y reafirmación del pacto con Dios. Del mismo modo, Eliahu actúa en defensa del honor divino, en un momento de máxima definición espiritual para el pueblo.
Cabe suponer que quienes obedecieron la orden de Eliahu y participaron en la ejecución de los profetas de Baal asumieron un riesgo considerable. No sólo tomaron parte en un acto drástico, sino que sabían que después deberían enfrentarse con la ira de la reina Izebel, ferviente defensora del culto a Baal. A pesar de ello, actuaron con decisión y valentía, convencidos de que aquellos hombres eran impostores y embaucadores que habían desviado al pueblo.
Resulta también notable la actitud de Ajab, quien presenció los hechos y no se interpuso en lo más mínimo. Permitió que se llevara a cabo el juicio contra los profetas sin manifestar oposición alguna. Esta pasividad, en ese contexto, es interpretada por algunos comentaristas como una forma tácita de aprobación o, al menos, de reconocimiento del poder de Dios demostrado ese día. Quizá por ello, más adelante, Eliahu lo honra corriendo delante de su carroza, un gesto que denota cierto respeto hacia la figura real, como se verá en los versículos siguientes.
1 Reyes 18 Versículo 41
Radak interpreta que Ajab estaba ayunando a causa de la sequía, como era costumbre cuando se suplicaba por lluvias. Por ello, Eliahu le dice que ya puede comer y beber, pues la lluvia está por llegar. Respecto a la expresión “sube”, explica que no se refiere a una subida geográfica, ya que el trayecto del Carmel al valle de Izreel es una bajada. Es por eso que cuando dice: "sube" debe entenderse como “sube al carruaje” o también podría indicar que debía ascender desde el arroyo, donde se habían degollado los profetas del Baal, y dirigirse hacia el valle de Izreel, donde tenía su campamento.
Ralbag también señala que la ciudad junto al monte Carmel estaba a una altura mayor que el lugar donde se encontraban Eliahu y el pueblo, lo que justificaría la orden de "subir". La expresión "porque se oye el estruendo de mucha lluvia" la entiende como una predicción profética: antes de que termine de comer y beber, ya se escuchará el sonido de la lluvia, lo cual Eliahu afirma con plena confianza en que Dios cumplirá su promesa cuando Dios le dijo en el versículo 1: Ve, preséntate a Ajab, y enviaré lluvia sobre la faz de la tierra.
Malbim, por su parte, señala que Eliahu ya había logrado sus dos grandes objetivos: que Israel reconociera al verdadero Dios y que los profetas de Baal, quienes inducían al pueblo al pecado, fueran ajusticiados. Aparentemente, incluso Ajab se inclinó en ese momento hacia Eliahu, impresionado por el fuego que descendió del cielo. De no haber sido así, no habría permitido que se matara a sus profetas. Por eso Eliahu le dice ahora que coma y beba. Malbim agrega que ese día, sin duda, el pueblo había decretado ayuno, como solían hacer cuando oraban por lluvia.
Otros opinan que cuando Eliahu le dice al rey que coma y beba, no se trata solo de un gesto inmediato, sino de un cambio en la situación general. Durante los tres años de sequía y hambruna, es razonable suponer que tanto el agua como los alimentos eran racionados cuidadosamente: se bebía y se comía apenas lo indispensable. Pero ahora, ante la inminente llegada de la lluvia, Eliahu le indica que ya no es necesario seguir restringiéndose ni preocuparse por ahorrar para más adelante. La época de escasez está por terminar, y pronto habrá provisiones en abundancia
1 Reyes 18 Versículo 42
El Ralbag explica que cuando se dice que Eliahu subió a la cima del Carmel, puede entenderse que lo hizo para tener una mejor visión del horizonte, y así poder observar si se acercaban nubes desde el oeste, lugar desde donde suelen venir las lluvias.
Respecto al gesto de " se agachó en tierra y puso su rostro entre las rodillas, el Ralbag interpreta que Eliahu se postró profundamente, inclinando su cabeza entre sus rodillas, en una actitud de humildad y concentración. Esta postura corporal reflejaba una sumisión completa ante Dios, y tenía como propósito elevar su plegaria a Dios desde lo profundo de su ser y así que el pueblo vea que la lluvia desciendo por voluntad de Dios que responde al pedido de Eliahu y no como un fenómeno fortuito.
1 Reyes 18 Versículo 43
Probablemente, Eliahu se encontraba en un lugar apartado que le permitía rezar con tranquilidad y profunda concentración. Es posible que desde ese punto no tuviera una vista despejada hacia el mar Mediterráneo, desde donde habitualmente llegan las nubes portadoras de lluvia a la tierra de Israel.
Sin embargo, en ese momento no había señal alguna de lluvia; el horizonte permanecía completamente despejado, sin una sola nube a la vista. Esta ausencia de indicios llevó a Eliahu a perseverar en su plegaria e intensificar su súplica a Dios. Es muy probable que muchos miembros del pueblo hayan presenciado esta escena, la cual se repitió siete veces, evidenciando el esfuerzo incansable de Eliahu para lograr que Dios enviara la tan ansiada lluvia a una tierra castigada por una sequía extrema durante tres años.
En contraste con las palabras de Ajab quien había acusado a Eliahu ¿Eres tú, el que arruina a Israel?, de este modo, queda de manifiesto que es Eliahu quien se entrega con total dedicación y sacrificio por el bienestar del pueblo, rogando insistentemente por el fin de la sequía y la restauración de la fertilidad en Israel.
1 Reyes 18 Versículo 44
Radak explica que, al percibir Eliahu esa pequeña señal —la nube del tamaño de la palma de una mano—, comprendió que la lluvia estaba próxima a llegar. Por ello, instruyó a su criado para que fuera hasta donde Ajab se encontraba comiendo y le advirtiera que preparara su carruaje y partiera de inmediato hacia Izreel, a fin de que la inminente lluvia no lo sorprendiera en el camino. La precipitación sería tan intensa que podría imposibilitar el avance, ya que el valle de Izreel recoge las aguas de las montañas circundantes y, cuando llueve copiosamente, suelen producirse inundaciones y el terreno se vuelve pantanoso.
1 Reyes 18 Versículo 45
Radak explica que, mientras el criado de Eliahu iba a buscar a Ajab y este preparaba su carro y descendía del lugar donde estaba comiendo, el cielo comenzó a oscurecerse con nubes y viento. La aparición del viento, según Radak, es una señal inequívoca de la inminente llegada de la lluvia. Este detalle nos muestra que, en el tiempo en que Ajab descendía del monte Carmel hacia el valle de Izreel, donde había instalado su campamento, la tormenta ya se estaba desatando, aunque aún no había alcanzado la intensidad suficiente como para anegar los caminos y volverlos intransitables.
1 Reyes 18 Versículo 46
Todos los comentaristas coinciden en que “la mano del Señor” sobre Eliahu se refiere a una fuerza y agilidad extraordinarias otorgadas por Dios, que le permitieron correr delante del carro de Ajab hasta Jezreel. Algunos ven en este acto una lección de respeto a la autoridad, tal como nuestros Sabios aprendieron de aquí: “Siempre debes tener temor reverencial al reino”, pues Eliahu se ciñó los lomos y corrió delante de Ajab.
“Ceñirse los lomos” explica Metzudat David, significa ajustarse el cinturón para estar especialmente ágil y correr a pie delante del carro de Ajab hasta el lugar donde llegaran a Jezreel. Hizo esto para rendir honor al rey.
La actitud de Ajab, quien permitió que se ejecutara a todos los profetas de Baal sin intervenir, es interpretada por algunos comentaristas como una forma tácita de aprobación, o al menos como un reconocimiento del poder de Dios revelado ese día. Precisamente por ello, Eliahu le rinde honor corriendo delante de su carroza, un gesto que denota gran respeto hacia la figura real y subraya la importancia de la autoridad del rey.