Al inaugurar la tercera ronda de discursos en el capítulo 22, Elifaz radicaliza su postura y tilda a Job de completo malvado, imputándole iniquidades infinitas (en ketz). Lo acusa falsamente de oprimir a los más vulnerables: despojar a los pobres de sus ropas en prenda, negar agua al sediento y desamparar a viudas y huérfanos. Paradójicamente, afirma que Job actúa jinam (gratuitamente), la misma palabra que Dios usó al inicio del libro para reprocharle al Satán el sufrimiento injusto de Job. Tras dejar a su amigo en un estado de shock que lo mantendrá mudo por varios capítulos, Elifaz cierra su última intervención con un llamado al arrepentimiento, prometiéndole que, si aleja la injusticia, la luz divina volverá a resplandecer en sus caminos.