La pregunta sobre el ayuno no es únicamente una pregunta halájica, sino que es una pregunta profética: ¿tendrá éxito la construcción? ¿Terminará la destrucción y comenzará la redención?
"¿Debemos llorar en el mes quinto, absteniéndonos como lo hemos hecho durante tantos años?" (versículo 3)
Una delegación de personas le pregunta a Zejariá el profeta en nuestro capítulo si se debe continuar lamentando en el nueve de Av, como era la costumbre desde la destrucción del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo, o si en la época del Retorno a Tzión había llegado el momento de cesar el duelo por la destrucción, y alegrarse por el renovado Retorno a Tzión y por la construcción.
Dos interrogantes pueden surgir acerca de la pregunta misma:
a. ¿Qué sentido tiene continuar lamentando por la destrucción en la época del Retorno a Tzión? ¿Acaso no es evidente que el duelo es temporal, hasta la nueva construcción?
b. Parecería que esta pregunta debería dirigirse a los sabios de la generación y a los decisores halájicos, y no a los profetas. Rabí Iehudá HaLeví, en su libro El Kuzarí, ve ciertamente a los profetas como continuadores de la entrega de la Torá que Moshé inició, pero Maimónides estableció categóricamente que el profeta no está destinado a clarificar cuestiones de Torá y halajá, sino únicamente para la profecía: "Sabe que la profecía no sirve para la reflexión sobre las interpretaciones de la Torá y el aprendizaje de las leyes mediante las trece reglas hermenéuticas" (Introducción de Maimónides a la Mishná).
Un estudio en el libro de Ezrá (capítulo 5) puede arrojar luz sobre la pregunta de la continuación del ayuno. Ese capítulo comienza con la profecía de Jagai y Zejariá sobre la necesidad de continuar construyendo el Templo (Segundo) a pesar de que no había permiso para hacerlo, después de que Koresh, Ciro hubiera cancelado su construcción como consecuencia de la carta de denuncia de los adversarios de Iehudá. Zerubabel y Yehoshua efectivamente se levantaron y construyeron el Templo sin permiso del rey. En ese capítulo se relata que Tatnai, el sátrapa gobernante de toda la región del otro lado del río por parte del emperador persa, vino con su ayudante y observó la construcción del Templo. Les preguntó a los constructores quién les había dado permiso para continuar construyendo el Templo, y tomó los nombres de los líderes de la construcción para poder llevarlos a juicio cuando llegara el momento. Los ancianos judíos le propusieron que consultara al rey si podían continuar construyendo basándose en la declaración de Koresh antes de que fuera cancelada. Aún no habían recibido respuesta, pero la sombra de un nuevo decreto planeaba en el aire.
Los retornados a Tzión ya habían sido defraudados una vez en sus esperanzas de la renovada construcción del Templo, luego de que la carta de denuncia de los adversarios de Iehudá surtiera su efecto. ¿Continuarían lamentando por la primera destrucción siendo que el nuevo proceso de construcción no era más que una ilusión, o bien Dios aceptaría su construcción y la época de la construcción reemplazaría a la época de la destrucción? ¡Esta es una pregunta para el profeta!
El final de la larga respuesta del profeta es:
"Así ha dicho el Señor de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto mes, el ayuno del séptimo mes y el ayuno del décimo mes se convertirán para la casa de Iehudá en gozo y alegría y fiestas alegres; Amen, pues, la verdad y la paz" (capítulo 8, versículo 19).