¿Enviado o líder?

¿Enviado o líder?

"Me pondré sobre mi puesto de guardia" (versículo 1), dijo Javakuk, acuñando así un concepto en la teoría de los representantes públicos. Pero la pregunta es: ¿puede el representante público mantenerse en su propio puesto de guardia, o debe mantenerse en el puesto de guardia de quienes lo enviaron?

Javakuk, el profeta oscuro sobre quien poco se sabe, acuñó un concepto en la teoría de los representantes públicos: "¿Hasta cuándo, oh Señor, he de clamar, sin que oigas, daré voces a Ti, a causa de la violencia, sin que salves… Me pondré sobre mi puesto de guardia, me colocaré sobre la atalaya" (capítulo 1, versículo 2; capítulo 2, versículo 1).

¿Puede el representante público mantenerse en su propio puesto de guardia, tal como nos enseña Javakuk — quien, aunque pensaba en el conjunto del pueblo, lo refirió a sí mismo —, siendo que él es el enviado del pueblo? ¿Debe acaso mantenerse en el puesto de guardia (en plural) de quienes lo enviaron? Y en general, el concepto de "guardia" suena conservador y no innovador, lo contrario de lo que debe ser un líder que abre caminos.

Existe una confusión frecuente entre los cargos electos acerca de quiénes son y cuál es su función. ¿Son representantes del público o líderes del público? ¿Es la función del electo ser un representante público en calidad de brazo extendido de sus votantes, o es su función trazar un camino innovador y pionero, aunque sus votantes no siempre aprueben su actuación?

Este es el dilema cotidiano del cargo electo.

En efecto, no es seguro que la función del profeta sea la de ser representante público; a veces incluso actúa contra la voluntad del pueblo. En cambio, en la función del cargo electo se combinan tanto la representación como el liderazgo, y de hecho muchos de los reyes de Israel se reunían y consultaban con los profetas.

Ojalá Dios nos conceda ser a la vez enviados y líderes. Y que también sin profetas en nuestra generación, sepamos mantenernos en nuestro puesto de guardia presente y futuro, colocarnos sobre la atalaya de nuestra ciudad, y santificar el Nombre del Cielo con amor y temor.


Gentileza sitio 929

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